el caminante de la paz
Un señor de Nariño viene caminando hacia Bogotá hace varios días, la prensa lo registra y la gente a su paso sale a felicitarlo y a solicitar a su lado lo del acuerdo humanitario…
Tantas personas por allá en el monte, privadas de la libertad, y este señor echando pata, con ampollas adoloridas y toda la cosa… se ofrece en intercambio y me hace acordar de las historias de mi infancia.
En que una señora tenía un hijo enfermo y dice en voz alta: señor, que el vuelva a la vida, llevame a mi en cambio; una vaca que ha metido la cabeza en un tarro se entra por la ventana mugiendo y la mujer creyendo que es la muerte le dice: no, si no soy yo la enferma, el enfermo es mi hijo… porque viendo a la parca, cualquiera se acobarda.
Pero bueno, el señor caminante lo dice de buena fe, no se cambia por su hijo, se cambia por cualquier secuestrado, y en sus pasos es acompañado por un pueblo cansado de tanta indiferencia estatal, al menos ya salimos a la calle a decirlo.
Pero claro, en Colombia vivimos tantas violencias y de tan diversos modos que nada importa, nada duele y si duele lo ocultamos con alcohol y parranda.






