Adopción
Primero que todo, comento, van 18 mujeres en 19 días...
luego, posteo un ensayo que escribió hace algún tiempo en torno a ese mismo tema el Presidente del Colectivo LGBT de la Universidad de los Andes, Sergio Leon, para el debate sobre Adopcion por parejas del mismo Sexo, llevado a cabo en esta misma institución hace una semana.
Debatir sobre la adopción por parejas homosexuales representa un reto a los prejuicios más profundos de la sociedad. La mayoría de argumentos, tanto a favor como en contra, parten de un prejuicio imperceptible, del cual es preciso apartarse para considerar un debate justo.
Actualmente, desde la perspectiva médica y sicológica, hay consenso en cuanto a que la homosexualidad no es una enfermedad ni un trastorno, y desde concepciones sociales, como el derecho, se exige la igualdad de derechos, así como el reconocimiento de que cualquier orientación sexual es igual de legítima, valida y digna. A pesar de esto, la homosexualidad aún es considerada como perversión, pecado y desviación, y los prejuicios y estereotipos negativos sobre los homosexuales continúan vigentes.
Estos prejuicios se pueden evidenciar en este caso en particular (cuando debatimos sobre adopción por parejas homosexuales) pues los argumentos contrarios se fundamentan en la idea de evitar que la orientación sexual de los adoptantes pueda afectar "negativamente" el desarrollo de los adoptados, en otras palabras, lo que quieren garantizar es que los adoptados no vayan a resultar siendo homosexuales por influencia de sus adoptantes.
Esta premisa afecta a todos los argumentos que puedan derivarse de ella de dos formas, así:
En primer lugar, sobre la definición de la orientación sexual de los menores, la comunidad científica, incluyendo médicos, sicólogos y siquiatras, no han podido determinar realmente la forma en que se define la orientación sexual de una persona; el debate sobre si los homosexuales "nacen o se hacen" no ha podido ser resuelto, pues las razones que determinan la orientación sexual de una persona no han sido descubiertas aún. Por lo tanto, no se puede asegurar que la homosexualidad de los adoptantes pueda determinar la de los adoptados. Una demostración sencilla de este argumento es que si siguiéramos esa lógica, simplemente no existirían homosexuales en el mundo, ya que gran parte de los homosexuales nacen y crecen en familias con padres heterosexuales. Pero como eso no es cierto, tenemos una prueba concreta de que la orientación sexual de los padres no determina la orientación de los hijos.
En segundo lugar, en el caso extremo de aceptar la tesis falsa de que la orientación de los hijos sí se encuentra determinada por la de los padres, tenemos que acusar públicamente los prejuicios que subyacen en este argumento, ¿Es mala la homosexualidad?, si ya se ha demostrado que la homosexualidad no es una enfermedad, ni una perversión ¿por qué vamos a considerar que la posibilidad de que un niño sea homosexual es atentar contra sus derechos?, el verdadero atentado contra sus derechos es condenarlo a priori por la mera posibilidad de ser homosexual.
Estos argumentos, que se fundan en el deseo de evitar la homosexualidad a toda costa, deben ser rechazados de plano. Que un sector de la sociedad considere la homosexualidad como algo "no deseable" no es obite para que el Estado imponga esa "preferencia" hacia la heterosexualidad a toda la sociedad. El Estado debe ser neutral en cuanto a las orientaciones sexuales de sus ciudadanos.
Otro argumento en contra de la adopción por homosexuales se funda en los efectos negativos que podría tener el niño en su desarrollo social, argumentándose, en términos coloquiales, que los niños van a sufrir por tener dos padres del mismo sexo, ya que la sociedad no esta preparada para esta condición, y por ende, serán objeto de burlas, rechazo y discriminación.
Frente al anterior argumento, debemos ser consientes que el Estado y toda la sociedad son responsables solidariamente del desarrollo sano de los menores, no es una responsabilidad exclusiva de los padres. El Estado debe impedir todas las condiciones que afecten el desarrollo sano de los niños, pero lo debe hacer de formas idóneas y efectivas. Impedir la adopción a los homosexuales para evitar esos efectos negativos provenientes de la sociedad, es una forma equivocada de hacerlo, pues se debe buscar la forma de evitar esos efectos negativos justo de donde provienen.
Un ejemplo claro de cómo el Estado debe actuar, es la situación que se presentó en Estados Unidos cuando la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la premisa de "iguales pero separados". La Corte determinó que era inaceptable que existieran escuelas únicamente para blancos y otras para negros. Cuando los niños negros empezaron a ir a las escuelas que anteriormente eran únicamente para niños blancos, el Estado tuvo que tomar medidas necesarias para evitar su discriminación y atentados contra su integridad física, y por lo tanto se diseñaron programas de protección a las personas negras. El Estado no podía mantener la política de separación racial argumentando que de esa forma evitarían el rechazo y los ataques de los niños negros, pues esa forma de garantizar los derechos de los niños negros es evidentemente equivocada. Igualmente ocurre con los niños adoptados por parejas homosexuales., no los podemos privar de su derecho a tener una familia únicamente por la posibilidad de que vayan a ser discriminados o atacados por el hecho de tener padres homosexuales, sino que el Estado debe diseñar programas de protección y otros mecanismos realmente idóneos para garantizar todos los derechos de los menores.
En conclusión, debemos decir que estamos totalmente de acuerdo con que los derechos de los niños deben primar sobre cualquier otro derecho que le resulte contrario, e igualmente consideramos que la adopción es un derecho a favor de los niños y no de los padres, es decir, se debe defender un derecho a "ser adoptado" y no tanto un derecho "a adoptar", pero no entendemos de qué forma reconocer a los homosexuales la posibilidad de adoptar resulte contraria a los derechos de los niños. La cantidad de niños abandonados en nuestro país es alarmante, niños que no pueden ejercer su derecho fundamental a tener una familia, a ser amados y protegidos, y deben vivir hacinados y precariamente cuidados en los albergues y hogares de paso. Impedir que homosexuales con condiciones morales, sicológicas, económicas e intelectuales adecuadas puedan adoptar, es impedir que todos esos niños puedan tener una familia y amor, tal establece la Constitución.
Permitir que las parejas homosexuales puedan adoptar no quiere decir que automáticamente todos los homosexuales puedan adoptar, evidentemente las parejas homosexuales que quieran adoptar deben ser sometidas a los mismos rigurosos y estrictos procedimientos que adelanta el ICBF actualmente a las parejas heterosexuales y personas solteras que desean adoptar. Los posibles padres adoptantes deben demostrar idoneidad para obtener la calidad de padres, pero definitivamente su condición de homosexuales no puede ser considerada como falta de idoneidad.
luego, posteo un ensayo que escribió hace algún tiempo en torno a ese mismo tema el Presidente del Colectivo LGBT de la Universidad de los Andes, Sergio Leon, para el debate sobre Adopcion por parejas del mismo Sexo, llevado a cabo en esta misma institución hace una semana.
Debatir sobre la adopción por parejas homosexuales representa un reto a los prejuicios más profundos de la sociedad. La mayoría de argumentos, tanto a favor como en contra, parten de un prejuicio imperceptible, del cual es preciso apartarse para considerar un debate justo.
Actualmente, desde la perspectiva médica y sicológica, hay consenso en cuanto a que la homosexualidad no es una enfermedad ni un trastorno, y desde concepciones sociales, como el derecho, se exige la igualdad de derechos, así como el reconocimiento de que cualquier orientación sexual es igual de legítima, valida y digna. A pesar de esto, la homosexualidad aún es considerada como perversión, pecado y desviación, y los prejuicios y estereotipos negativos sobre los homosexuales continúan vigentes.
Estos prejuicios se pueden evidenciar en este caso en particular (cuando debatimos sobre adopción por parejas homosexuales) pues los argumentos contrarios se fundamentan en la idea de evitar que la orientación sexual de los adoptantes pueda afectar "negativamente" el desarrollo de los adoptados, en otras palabras, lo que quieren garantizar es que los adoptados no vayan a resultar siendo homosexuales por influencia de sus adoptantes.
Esta premisa afecta a todos los argumentos que puedan derivarse de ella de dos formas, así:
En primer lugar, sobre la definición de la orientación sexual de los menores, la comunidad científica, incluyendo médicos, sicólogos y siquiatras, no han podido determinar realmente la forma en que se define la orientación sexual de una persona; el debate sobre si los homosexuales "nacen o se hacen" no ha podido ser resuelto, pues las razones que determinan la orientación sexual de una persona no han sido descubiertas aún. Por lo tanto, no se puede asegurar que la homosexualidad de los adoptantes pueda determinar la de los adoptados. Una demostración sencilla de este argumento es que si siguiéramos esa lógica, simplemente no existirían homosexuales en el mundo, ya que gran parte de los homosexuales nacen y crecen en familias con padres heterosexuales. Pero como eso no es cierto, tenemos una prueba concreta de que la orientación sexual de los padres no determina la orientación de los hijos.
En segundo lugar, en el caso extremo de aceptar la tesis falsa de que la orientación de los hijos sí se encuentra determinada por la de los padres, tenemos que acusar públicamente los prejuicios que subyacen en este argumento, ¿Es mala la homosexualidad?, si ya se ha demostrado que la homosexualidad no es una enfermedad, ni una perversión ¿por qué vamos a considerar que la posibilidad de que un niño sea homosexual es atentar contra sus derechos?, el verdadero atentado contra sus derechos es condenarlo a priori por la mera posibilidad de ser homosexual.
Estos argumentos, que se fundan en el deseo de evitar la homosexualidad a toda costa, deben ser rechazados de plano. Que un sector de la sociedad considere la homosexualidad como algo "no deseable" no es obite para que el Estado imponga esa "preferencia" hacia la heterosexualidad a toda la sociedad. El Estado debe ser neutral en cuanto a las orientaciones sexuales de sus ciudadanos.
Otro argumento en contra de la adopción por homosexuales se funda en los efectos negativos que podría tener el niño en su desarrollo social, argumentándose, en términos coloquiales, que los niños van a sufrir por tener dos padres del mismo sexo, ya que la sociedad no esta preparada para esta condición, y por ende, serán objeto de burlas, rechazo y discriminación.
Frente al anterior argumento, debemos ser consientes que el Estado y toda la sociedad son responsables solidariamente del desarrollo sano de los menores, no es una responsabilidad exclusiva de los padres. El Estado debe impedir todas las condiciones que afecten el desarrollo sano de los niños, pero lo debe hacer de formas idóneas y efectivas. Impedir la adopción a los homosexuales para evitar esos efectos negativos provenientes de la sociedad, es una forma equivocada de hacerlo, pues se debe buscar la forma de evitar esos efectos negativos justo de donde provienen.
Un ejemplo claro de cómo el Estado debe actuar, es la situación que se presentó en Estados Unidos cuando la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la premisa de "iguales pero separados". La Corte determinó que era inaceptable que existieran escuelas únicamente para blancos y otras para negros. Cuando los niños negros empezaron a ir a las escuelas que anteriormente eran únicamente para niños blancos, el Estado tuvo que tomar medidas necesarias para evitar su discriminación y atentados contra su integridad física, y por lo tanto se diseñaron programas de protección a las personas negras. El Estado no podía mantener la política de separación racial argumentando que de esa forma evitarían el rechazo y los ataques de los niños negros, pues esa forma de garantizar los derechos de los niños negros es evidentemente equivocada. Igualmente ocurre con los niños adoptados por parejas homosexuales., no los podemos privar de su derecho a tener una familia únicamente por la posibilidad de que vayan a ser discriminados o atacados por el hecho de tener padres homosexuales, sino que el Estado debe diseñar programas de protección y otros mecanismos realmente idóneos para garantizar todos los derechos de los menores.
En conclusión, debemos decir que estamos totalmente de acuerdo con que los derechos de los niños deben primar sobre cualquier otro derecho que le resulte contrario, e igualmente consideramos que la adopción es un derecho a favor de los niños y no de los padres, es decir, se debe defender un derecho a "ser adoptado" y no tanto un derecho "a adoptar", pero no entendemos de qué forma reconocer a los homosexuales la posibilidad de adoptar resulte contraria a los derechos de los niños. La cantidad de niños abandonados en nuestro país es alarmante, niños que no pueden ejercer su derecho fundamental a tener una familia, a ser amados y protegidos, y deben vivir hacinados y precariamente cuidados en los albergues y hogares de paso. Impedir que homosexuales con condiciones morales, sicológicas, económicas e intelectuales adecuadas puedan adoptar, es impedir que todos esos niños puedan tener una familia y amor, tal establece la Constitución.
Permitir que las parejas homosexuales puedan adoptar no quiere decir que automáticamente todos los homosexuales puedan adoptar, evidentemente las parejas homosexuales que quieran adoptar deben ser sometidas a los mismos rigurosos y estrictos procedimientos que adelanta el ICBF actualmente a las parejas heterosexuales y personas solteras que desean adoptar. Los posibles padres adoptantes deben demostrar idoneidad para obtener la calidad de padres, pero definitivamente su condición de homosexuales no puede ser considerada como falta de idoneidad.





