sexo en el parque
Marzo 15 de 2008 aparecida en el tiempo
En Ámsterdam ahora habrá sexo al parque
Resulta que las señoras que pasean sus perros en el parque Volden de Ámsterdam corren más riesgo de ser multadas por la Policía que las parejas que practican sexo sobre el césped al aire libre. Así como lo oyen, y dejen de ser mojigatos, que no es cuento.
Créanlo: los holandeses, que se las aplican de ultradesarrollados y liberales, consideran que un polvo callejero apenas molesta y que, por el contrario, equilibra a quienes, acosados por las ganas, les dé por quedar en pelota y empezar su jaleo amoroso frente al museo de Van Gogh.
En tal sentido aprobaron que, a partir de septiembre, los amantes nocturnos dejen de ser perseguidos por la Policía que, más bien, tendrá que protegerlos de impertinencias e intromisiones que puedan desembocar en coitos interruptus.
Claro, como no todo es tenderse y ¡zas! hay que cumplir con 'severas' reglas, como hacerlo siempre de noche, recoger la basura que generen y, sobre todo, permanecer alejados de la vista de los niños (¡qué considerados!).
Pero ríanse, esta decisión no supone que el sexo en público deje de ser delito, no señores, sino que los agentes del orden se harán los de la vista gorda para dedicarse a cosas de más gravedad, como evitar que la gente pasee con perros sueltos que estorban a muchas más personas que una jadeante pareja entregada a lo suyo.
De mi parte, que se exhiba el que quiera, pero me parece una estupidez llevar a la condición de espectáculo algo tan íntimo. Además, hacerlo en el prado es sensiblemente agresivo para el ambiente de un parque donde pajaritos, florecitas y ardillitas desentonan con el ajetreo y el intercambio de fluidos propios de la actividad sexual.
Ni qué hablar de los riesgos: hormigas equivocadas de madriguera, perros olisqueando donde no deben, ramas intrusas o espinas errantes del rosal que rodea a Volden simplemente pueden estropear el polvo.
Al diablo el modernismo, me quedo con mi cama y con la posibilidad de aplicarme un quickie en cualquier lugar, porque siento que hacerlo en la calle es tan fuera de lugar como ir a cenar a una ferretería. Hasta luego.
OPINIÓN
ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
En Ámsterdam ahora habrá sexo al parque
Resulta que las señoras que pasean sus perros en el parque Volden de Ámsterdam corren más riesgo de ser multadas por la Policía que las parejas que practican sexo sobre el césped al aire libre. Así como lo oyen, y dejen de ser mojigatos, que no es cuento.
Créanlo: los holandeses, que se las aplican de ultradesarrollados y liberales, consideran que un polvo callejero apenas molesta y que, por el contrario, equilibra a quienes, acosados por las ganas, les dé por quedar en pelota y empezar su jaleo amoroso frente al museo de Van Gogh.
En tal sentido aprobaron que, a partir de septiembre, los amantes nocturnos dejen de ser perseguidos por la Policía que, más bien, tendrá que protegerlos de impertinencias e intromisiones que puedan desembocar en coitos interruptus.
Claro, como no todo es tenderse y ¡zas! hay que cumplir con 'severas' reglas, como hacerlo siempre de noche, recoger la basura que generen y, sobre todo, permanecer alejados de la vista de los niños (¡qué considerados!).
Pero ríanse, esta decisión no supone que el sexo en público deje de ser delito, no señores, sino que los agentes del orden se harán los de la vista gorda para dedicarse a cosas de más gravedad, como evitar que la gente pasee con perros sueltos que estorban a muchas más personas que una jadeante pareja entregada a lo suyo.
De mi parte, que se exhiba el que quiera, pero me parece una estupidez llevar a la condición de espectáculo algo tan íntimo. Además, hacerlo en el prado es sensiblemente agresivo para el ambiente de un parque donde pajaritos, florecitas y ardillitas desentonan con el ajetreo y el intercambio de fluidos propios de la actividad sexual.
Ni qué hablar de los riesgos: hormigas equivocadas de madriguera, perros olisqueando donde no deben, ramas intrusas o espinas errantes del rosal que rodea a Volden simplemente pueden estropear el polvo.
Al diablo el modernismo, me quedo con mi cama y con la posibilidad de aplicarme un quickie en cualquier lugar, porque siento que hacerlo en la calle es tan fuera de lugar como ir a cenar a una ferretería. Hasta luego.
OPINIÓN
ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO





