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Yo soy un día feliz
Aquí están las cosas que me importan, que me marcan y que me interesan... esta soy yo.
Acerca de
Soy Ilichtna Manga, estoy en éste mundo desde el 10 de Marzo de 1973, gracias a la labor del Doctor no se quiensito Navas quien le hizo cesarea a mi mamá en la clínica palermo de Bogotá COLOMBIA ese día. Soy, Vegetariana, Lesbiana, Gorda y muy divertida. Y como los comentarios no están funcionando, los y las convido a que me escriban a ilichm@hotmail.com
Sindicación
 
La Casa de mi abuelita


No era una casa, era un apartamento, con pisos de madera, muchas ventanas y un portón muy grande con muchas chapas, entrar a un lugar así, parecido al apartamento de Santa Fe, es volver a la infancia, ver el piso del baño hecho de hexágonos, las puertas de madera gruesa, los corredores amplios, la sala, el comedor… el espacio, me transporta.

Una de mis mayores diversiones cuando niña era ver que piezas habían sido puestas en sentido contrario, o hacer figuras imaginarias con los azulejos, mientras estaba en “el trono”.

Ese baño, el que recuerdo, el principal, tenía una tina majestuosa, donde mi hermana y yo navegábamos a gusto cuando mi abuelita no estaba, claro, el reguero era monumental; en el dintel de la ventana, que daba al patiecito de los vecinos del primer piso, había muchas matas, y el sol entraba con gusto por entre las diminutas hojas, de las “lagrimas de bebé” mientras nosotras chapoteábamos de lado a lado y hacíamos competencias de quien se aguantaba más la respiración con la cara en el agua, ¡yo siempre perdía!

El apartamento todo estaba lleno de maticas, que mi abuelita cuidaba con esmero, porque a mi abuela le encantaban las matas, en serio, le encantaban, les hacía visita y se las conocía a todas, las regaba y les quitaba las hojitas secas con cariño, sabiendo incluso que remedios se hacían de ellas, y las matas la querían a ella, estoy segura, mi abuelita, era botánica del campo, botánica sin título de Turmequé Boyacá.

Cuando vino a vivir aquí, por allá en los 50 se trasteó de una a ese barrio y de ahí, no salió jamás, la querían tanto, que cuando murió, hasta las putas fueron a su entierro, y la lloraron, por que era la abuelita.

Yo viví mucho tiempo en su casa, montaba bicicleta por los cuartos y pasaba rápido por el corredor, porque sentía que los retratos de los antepasados me miraban desde la pared en penumbra de la tardecita.

Pasé la mayor parte de mi infancia allí, en la carrera 18 No. 23 a 25, apto 201, teléfono 2420132, en frente, puro pasando la calle, vivía mi primo favorito, mi compinche de juegos, mi parce, el man al que más he querido y con el que más he paleado; era mi vecino, el dueño de la bici, vecino como yo de mecánicos, niños de la otra cuadra, cantantes de orquesta y dueños de panadería.

Pasé la otra noche en un apartamento así, como el de mi abuelita, parecido, y me dio tanto gusto hacer vueltas de un, dos, tres en su piso de madera brillada, que de inmediato me acordé del apartamento de mi abuelita, y claro, tuve que contarlo.
No