Sábado por la tarde
Mi vida era perfecta antes, cuando mi madre me sacaba a la calle los sábados, iba yo con ella a los bosques de montaña y con muchos otros niños seguía la ruta de la manguera para saber cual era el problema de que no llegara líquido a la casa, y me embarraba cual degenerada y en laguito artificial creaba lanchas de llanta con mis amigos el gordo y platero.
A veces, cuando tiempo había nos subíamos a la virgen y a la primera piedra de elefante y entonces le daba besos a los niños y a las niñas (para descubrirme) y era todo una fiesta que terminaba en tarde de helado en “crema y lujuria” segundo piso Unicentro.
Tiempos aquellos en que me mamó esa gracia natural y prefería irme con las del colegio a ver vespertinas y a saludar niñitos del colegio del frente poniéndome colorada por cualquier pendejada.
Pizza de Jeno´s y maquinitas de uniplay, que falta de oficio tomar chocolisto y ver series gringas en la cama de algún papá.
Sábados trabajados también he tenido, en que el ambiente es parco y a la vez tenso y a la vez cansado y a la vez real. Y de rumba otros con cervezas en pueblitos desconocidos de geografía colombiana, guayabos varios alegrías todas.
Hoy es sábado de descanso, pijama hasta las 3 pm y salida vespertina a cine de mujeres, novia de cumpleaños y familia atravesada, como mi sábado pasado cumpleaños 70.
Me gusta esta sensación de gracia, no hay puente.





