Fiestas decembrinas
Y la pasamos regio el amigo parce y yo, en su finca, los dos solitos conversando, tomando ron y preparando mi típica cena navideña, papa, maíz y champiñones con ensalada y pan francés, postre, cheesecake de limón.
Esa cena, tradición navideña, la que estrenamos mi hermana, la sueca periodista, el amigo argentino y su ahora exnovia pelinegra y divertida, también el mexicano y los gringos y las amigas suecas de cuyos nombres no me acuerdo bien en un salón de la casa sueca en la cité université en París.
Han pasado 11 años desde que le dimos el año nuevo a todo el mundo en Notre Dame y nos fuimos de bares a la Bastilla; como son las navidades y las fiestas decembrinas, siempre en lugares tan diversos, el año pasado en Egipto con una pirámide por árbol y con muchos regalos para mi sobri y los hijos del marido de mi hermana.
También las he pasado en casa, solitaria, frente al árbol tomando cóctel de mi mamá, combinación de hibiscos y jengibre.
Amo ésta época, la alegría de la gente y lo que de recuerdos e ilusiones trae.
Para mi hermano y mis hermanas, para mis amigos y amigas que a veces leen, para los desconocidos que me encontraron por ahí en la red y a veces se dan una pasada, para mi madre que nunca ha leído el blog y para la dama que es fiel opinadora, para cada uno abrazo, pico y bueno, el próximo seguro va a ser mejor.





