Algo sobre mi madre…
Pasé el puente en familia, fui con mi tía la mayor, su marido, la hija de ambos y mi perra, angelito negro, a la finca de mi madre en Turmequé Boyacá, la pasamos divinamente, comiendo sus frijolitos y sus cositas varias, siempre tan rica la cocina materna, bueno, en realidad no siempre, recuerdo el brócoli de la infancia y me retracto…
Me quedó muy bien puesta la hamaca (modestia aparte), me encantó el reencuentro con la naturaleza del abrazo materno, con la sonrisa reconfortante, la cálidez expresada de su cariño y tan exquisito su aroma de la nuca que tanto ha mantenido a mi hermana en su lado del charco.
Mi mamá es realmente una persona singular, medirá un metro cincuenta y algo y pesará unos 60 y tantos kilos, va por la vida con sus pintas blancas y sus chalequitos cocolos que tanto me amargan.
Es radical y sin embargo sus razones y sus batallas las tiene todas bien ganadas, su amor por el Maestro es a toda prueba y anda por allí curando gente y diciendo que yo se hacerlo mejor que ella, (honor que me hace y que por supuesto no merezco).
Creo que la mayor virtud de mi madre es su capacidad de hacer las cosas bien hechas, y comprometerse de verdad cuando opta por hacer algo, la quiero por supuesto por haberme dado la vida, por sus consejos desde niña, nuestras conversaciones dan luz al futuro.
Hoy, sábado en la mañana le tengo listo el trasteo de cama, estantes, ollas y sábanas, y nos hemos hablado 20 veces por distintas causas...
Y es que mi madre es así, buena gente, tierna, y sobre todo mamá.