El alcohol
Mi padre bebía como un salvaje, decía en medio de sus jumas que como borracho era, sólo vivía. Yo nunca he sido una bebedora compulsiva, pero algo de atracción tienen un agria bien fría o un ron con coca cola, limón y mucho hielo, a la hora de elegir que tomar un viernes.
Y el viernes me la pegué pero con tan malos tragos que vomité hasta la mañana del sábado, la princesa por supuesto me acompañó en algunos trances y ayer nos pasamos el día lidiándonos el guayabo a punta de bebidas heladas…
Yo sé, lo había dicho tiempo atrás, que dejaba el alcohol y los malos vicios, pero cual burra al trigo vuelvo yo a estas andanzas y con el rabo entre las patas repito, domingo mañana soleada: Adiós al alcohol, dejo la copa de lado y me dispongo a las nutritivas aguas carbonatadas trasnacionales.
No más showsitos desvestidos, no más dolores de cabeza y de bolsillo, no más piruetas sexuales mal fundadas, bienvenidos los tiempos del reposo y la calma, las caminatas largas regresan a la agenda matinal, ¿como es posible tanta grasa en tan gordo cuerpo? que eso hace daño para el hígado dice mi mamá, y yo le creo.