Los ladrones
Yo vivo en el centro, tradicionalmente un lugar peligroso de la ciudad, donde todo confluye, pero hay un misterio insondable con respecto al tema de los robos a pocas cuadras de mi casa…
Para subir a las torres hay tres rutas, todas ellas cuesta arriba, la primera pasa por el parque de la independencia, donde desde siempre he paseado a mi perra sin correa y con bolsa en el bolsillo, me he trepado en las escarpadas montañitas y como buena ciudadana he recogido la mierda.
Claro, el parque tiene sus bemoles, los mirones, los expendedores y por supuesto los consumidores, amén del viejito que en las mañanas se mete entre las maticas para hacer de perro sin recoger con bolsa o de los turistas domingueros que dejan por todos los prados sus manjares de hueso pollero, tan saludables para los intestinos caninos.
Lo paradójico es que hace dos días me pusieron un comparendo educativo por llevar al monstruo sin traílla, lo que me ofende, más cuando durante años luchamos por la zona de distensión de 6 a 9, pero bueno, el miércoles entonces iré a la estación y pondré el grito en el cielo...
Otra vía de acceso que es la de entrar por el museo, es la más descansada, sea por las escalinatas de la asociación de arquitectos o por la montañita de los parqueaderos, a esa subida la llamó yo el bronx por las siempre afamadas ollas del callejón, por ahí obviamente prefiero no subir de noche, cuando los patrulleros hacen visita con los parceritos.
Así que para el efecto de llegar a casa luego de dejar a la dama en el trasmi subo y bajo con el monstruo por la calle de las escalinatas, mi favorita, aunque de lejos parezca tenebrosa pues justo cuando bordea uno la plaza se convierte en una plana bajada o subida, dependiendo del sentido del transeúnte.
Por esa calle hace como un año decidieron remodelar, y dejar recostadas contra la maya del planetario 5 o 6 estructuras de metal que protegían a los árboles de ataques varios.
Pues bien, sabiéndose como se sabe que el centro es tan peligros me he preguntado siempre en éste tiempo, porque no se las han robado, lo comenté con la chica el otro día y llegamos a la conclusión de que los ladrones no saben de su existencia.
Podrían llevárselas de día sin mayor reparo, un camión y dos obreros y estuvo el cuento, pero claro, me detengo, mente criminal, y llego a casa exhausta y pidiendo un vasito de agua.
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