Aprendí a leer
Mi mamá me ama, mi papá fuma pipa, y todas esas frases, cuando salieron de mis tímidos labios en el salón de la profesora catalana; ella era una señora como de 60 o más años, evidentemente abuela, que nos enseñaba a los niños de primero y segundo de primaria a leer y a escribir.
Desde que me enseñó a la fecha han pasado por mis ojos cientos de lecturas, desde el inolvidable padrino, y el enrevesado Yo Claudio, hasta la delicadamente aterradora Crhistie.
Poemas, biografías, catálogos de almacén, revistas de avión, enciclopedias, cuentos, leyendas, exámenes, guías de ciudades, pornografía, ciencia, cultura, acertijos, instrucciones para armar cosas, etiquetas de champú, propaganda de llaneros adivinos.
De todo he leído, me falta por supuesto, mi novela editada y puesta en las librerías, mientras espero, sigo leyendo a otros.
Hoy por ejemplo, terminé de leer a los leones, me los había regalado la chica un día de diciembre en que caminábamos por el centro y hoy, que al fin lo he terminado, he decidido yo misma regalarlo, paréntesis para decirle a ella: no se estrese princesa, que la historia va a estar buena, y esta noche le preparo de meses un platillo nuevo y delicado, para que se le olvide que regalé su regalo.
Volviendo al libro, lo dejé en la escalera que sube de la séptima a la quinta, lo puse ahí, como si nada, y subí corriendo a ver quien lo tomaba, lo hizo una señora, con bata, lo tomo, lo ojeó mientras caminaba y finalmente lo metió entre un sobre de Manila.
Me gustaría pensar que va a leerlo, pero imagino que su sistema cleptomano sólo le de para pasarlo de regalo a algún sobrino, lo cierto es que deliraría si un día recibo de alguien noticia, sólo dejé de mi una tarjeta.
El próximo prometo abandonarlo con mejor tino, justo luego de leerlo, como con la misma manía de Carvalho por quemar los suyos.
Hasta aquí la escritura, me voy a leer a la política (que me cuentan es lesbiana) que reposa sobre el cesto de la ropa sucia, como ya saben los frecuentes a ésta casa; mis lecturas, de baño y parque son las más sabias.
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