¡Otra vez lo mismo!
Está claro que la selección tiene el don de crear ilusión y después arrebatarla de un plumazo cuando más alta está para, de paso, correr la tinta roji-gualda con las lágrimas de los miles de aficionados que decoran su cara con los colores de su país. ¡Otra vez lo mismo! Un mal día de los nuestros, buena puntería de los rivales y colaboración del árbitro de turno, cuántas veces se ha repetido la historia y cuántas se repetirá.
Después de una liguilla ilusionante, nuestros vecinos franceses no hacían bien los deberes y se veían obligados a enfrentarse a España, el conjunto que mejor fútbol había desarrollado en el campeonato con un equipo que promediaba tan sólo 24 años de edad y que albergaba un futuro prometedor, pero que a raíz de los acontecimientos, parecía ser que también contemplábamos un gran presente, todo hacía indicar que ésta vez podían verse cumplidos los sueños de millones de españoles. ¡Pero no!
La penosa actuación de Henry quedó desbancada por el Óscar a la mejor simulación de falta, el árbitro italiano (que sólo acertó en la jugada del claro penalti a Pablo), consiguió por fin sacar de quicio a los españoles al facilitar el gol de Vieira, jugador que debía haber sido expulsado con anterioridad, y que desmoronaría a los españoles hasta tal punto que Zidane terminaría por rematarnos con el 3-1. Fin de la historia.
Después de una liguilla ilusionante, nuestros vecinos franceses no hacían bien los deberes y se veían obligados a enfrentarse a España, el conjunto que mejor fútbol había desarrollado en el campeonato con un equipo que promediaba tan sólo 24 años de edad y que albergaba un futuro prometedor, pero que a raíz de los acontecimientos, parecía ser que también contemplábamos un gran presente, todo hacía indicar que ésta vez podían verse cumplidos los sueños de millones de españoles. ¡Pero no!
La penosa actuación de Henry quedó desbancada por el Óscar a la mejor simulación de falta, el árbitro italiano (que sólo acertó en la jugada del claro penalti a Pablo), consiguió por fin sacar de quicio a los españoles al facilitar el gol de Vieira, jugador que debía haber sido expulsado con anterioridad, y que desmoronaría a los españoles hasta tal punto que Zidane terminaría por rematarnos con el 3-1. Fin de la historia.





