Inmigración y delincuencia, dos factores relacionados
Los datos señalan que la tasa de delincuencia de los residentes extranjeros en España (y en la mayoría de los países europeos) es mayor que la de los autóctonos. Los extranjeros representaban en 2003 aproximadamente el 4 ó el 5 % de la población de España, pero casi el 9 % de los condenados y el 27 % de los detenidos por delito en 2001 eran nacidos en otros países. Los factores que inciden en estas elevadas tasas son de muy diverso tipo, desde la estructura por sexo y por edad de la población inmigrante hasta el auge de la delincuencia organizada transnacional.
El crecimiento de la inmigración es imparable, entre otras cosas, por la permisibilidad de los gobiernos
El número de inmigrantes que viven en España creció en casi 700.000 personas, lo que supone un aumento del 22,9%, según los datos que se recogen en el Padrón actualizado a 1 de enero de 2005. El INE difundió esta revisión que confirma que la población total del país supera los 44 millones de personas de las cuales un 8,5% son extranjeras (en 2006 ascendió a 8,7%).
Estos datos, arrojan que la población española creció en 910.846 personas a lo largo del año 2004. Este aumento, que es del 2,1%, se debió principalmente a las inscripciones de extranjeros. En cambio, las inscripciones de españoles se incrementaron en 214.562, un 0,5%.
La mayoría son de Marruecos o Ecuador
De entre los más numerosos son los marroquíes que superan los 500.000, seguidos de cerca por los ecuatorianos, los rumanos son entorno a 330.000 y los colombianos 275.000. También hay que destacar los más de 230.000 originarios del Reino Unido, los casi 300.000 entre argentinos y alemanes.
El incremento de los residentes extranjeros constituye una de las transformaciones sociales más visibles y también más importantes que se están produciendo en España. Su número se duplicó entre 1996 y 2001 y esta tendencia se mantiene. El censo de población realizado a fines de 2001 dio una cifra de más de un millón y medio de extranjeros, pero el padrón de enero de 2002, probablemente más fiable, elevó esa cifra a casi dos millones, lo que representa casi el 5 % de la población total. Y un reciente estudio de Carlos Angulo difundido por el INE (La población extranjera en España) estima que la proporción se habrá elevado al menos hasta el 9% en 2010.
Esto se deriva del simple hecho de que nuestra sociedad se ha integrado en el modelo europeo occidental, el de unos países altamente desarrollados, con una natalidad muy baja, para los que la inmigración supone, a corto plazo, el único freno a un declive demográfico que amenaza su dinamismo económico. Es más, de acuerdo con las cifras de 2002, España y Grecia son los países de la UE con la menor tasa de fecundidad. En tales circunstancias, apenas cabe dudar de que España, como toda Europa, va a ser una sociedad cada vez más multiétnica. El gran reto es, por tanto, el de diseñar un modelo de integración que reduzca las tensiones inherentes a un proceso que es indudablemente positivo. Al margen de las consideraciones estrictamente demográficas, el movimiento de personas tiene el mismo efecto que el movimiento de ideas o el de mercancías: estimula la competencia, la innovación y la creatividad.
La integración será tanto más fácil en la medida en que la población autóctona se muestre favorable a la convivencia interétnica y por ello resulta esperanzador constatar que los españoles tienen, en general, una imagen favorable de la inmigración. Una encuesta del CIS de febrero de 2000, cuyos resultados hemos analizado en detalle, mostraba que el 43% de los españoles consideraba la inmigración positiva para los países desarrollados, frente a un 24% que la consideraba negativa. Sin embargo, un 51% estaba de acuerdo con que el aumento de la inmigración favorecía el incremento de la delincuencia, frente a un 35% que estaba en desacuerdo. Esta percepción era compartida por los encuestados de todos los niveles de estudios, excepto los universitarios, y los de todos los segmentos ideológicos, excepto la extrema izquierda. La preocupación se ha mantenido, pues según la encuesta del CIS de mayo de 2003, el 54% estaba de acuerdo en que se daba una relación entre inseguridad ciudadana e inmigración, frente a un 35%
que estaba en desacuerdo.
Cifras de reclusos en cárceles españolas
Según los datos de 2004, había en España un total de 59.375 reclusos, de los cuales 42.073 eran españoles y 17.302 extranjeros, datos más que significativos teniendo en cuenta que, como mencionamos anteriormente, la cifra de extranjeros en España era de 8,5% de la población total durante dicho año. Según esos datos, el número que debería de corresponder a los reclusos extranjeros en proporción al de españoles sería de 5.100 y no de más de 17.300.
Así pues, el factor que más hace recelar de la inmigración a los españoles es su incidencia en las tasas de delito. Y ello coincide con una generalizada preocupación por la inseguridad ciudadana. De acuerdo con la encuesta del CIS de junio de 2003, sólo el 7% de los españoles sitúa la inmigración entre los tres problemas que más les afectan personalmente, mientras que el 20% menciona la inseguridad ciudadana, que resulta ser el segundo problema más preocupante, después del paro, algo que previsiblemente cambiará después de acciones como la creciente incidencia de las bandas violentas de origen extranjero como los “Latin kings” o los “Ñetas” y sus actos violentos en localidades como Alcorcón recientemente.
El crecimiento de la inmigración es imparable, entre otras cosas, por la permisibilidad de los gobiernos
El número de inmigrantes que viven en España creció en casi 700.000 personas, lo que supone un aumento del 22,9%, según los datos que se recogen en el Padrón actualizado a 1 de enero de 2005. El INE difundió esta revisión que confirma que la población total del país supera los 44 millones de personas de las cuales un 8,5% son extranjeras (en 2006 ascendió a 8,7%).
Estos datos, arrojan que la población española creció en 910.846 personas a lo largo del año 2004. Este aumento, que es del 2,1%, se debió principalmente a las inscripciones de extranjeros. En cambio, las inscripciones de españoles se incrementaron en 214.562, un 0,5%.
La mayoría son de Marruecos o Ecuador
De entre los más numerosos son los marroquíes que superan los 500.000, seguidos de cerca por los ecuatorianos, los rumanos son entorno a 330.000 y los colombianos 275.000. También hay que destacar los más de 230.000 originarios del Reino Unido, los casi 300.000 entre argentinos y alemanes.
El incremento de los residentes extranjeros constituye una de las transformaciones sociales más visibles y también más importantes que se están produciendo en España. Su número se duplicó entre 1996 y 2001 y esta tendencia se mantiene. El censo de población realizado a fines de 2001 dio una cifra de más de un millón y medio de extranjeros, pero el padrón de enero de 2002, probablemente más fiable, elevó esa cifra a casi dos millones, lo que representa casi el 5 % de la población total. Y un reciente estudio de Carlos Angulo difundido por el INE (La población extranjera en España) estima que la proporción se habrá elevado al menos hasta el 9% en 2010.
Esto se deriva del simple hecho de que nuestra sociedad se ha integrado en el modelo europeo occidental, el de unos países altamente desarrollados, con una natalidad muy baja, para los que la inmigración supone, a corto plazo, el único freno a un declive demográfico que amenaza su dinamismo económico. Es más, de acuerdo con las cifras de 2002, España y Grecia son los países de la UE con la menor tasa de fecundidad. En tales circunstancias, apenas cabe dudar de que España, como toda Europa, va a ser una sociedad cada vez más multiétnica. El gran reto es, por tanto, el de diseñar un modelo de integración que reduzca las tensiones inherentes a un proceso que es indudablemente positivo. Al margen de las consideraciones estrictamente demográficas, el movimiento de personas tiene el mismo efecto que el movimiento de ideas o el de mercancías: estimula la competencia, la innovación y la creatividad.
La integración será tanto más fácil en la medida en que la población autóctona se muestre favorable a la convivencia interétnica y por ello resulta esperanzador constatar que los españoles tienen, en general, una imagen favorable de la inmigración. Una encuesta del CIS de febrero de 2000, cuyos resultados hemos analizado en detalle, mostraba que el 43% de los españoles consideraba la inmigración positiva para los países desarrollados, frente a un 24% que la consideraba negativa. Sin embargo, un 51% estaba de acuerdo con que el aumento de la inmigración favorecía el incremento de la delincuencia, frente a un 35% que estaba en desacuerdo. Esta percepción era compartida por los encuestados de todos los niveles de estudios, excepto los universitarios, y los de todos los segmentos ideológicos, excepto la extrema izquierda. La preocupación se ha mantenido, pues según la encuesta del CIS de mayo de 2003, el 54% estaba de acuerdo en que se daba una relación entre inseguridad ciudadana e inmigración, frente a un 35%
que estaba en desacuerdo.
Cifras de reclusos en cárceles españolas
Según los datos de 2004, había en España un total de 59.375 reclusos, de los cuales 42.073 eran españoles y 17.302 extranjeros, datos más que significativos teniendo en cuenta que, como mencionamos anteriormente, la cifra de extranjeros en España era de 8,5% de la población total durante dicho año. Según esos datos, el número que debería de corresponder a los reclusos extranjeros en proporción al de españoles sería de 5.100 y no de más de 17.300.
Así pues, el factor que más hace recelar de la inmigración a los españoles es su incidencia en las tasas de delito. Y ello coincide con una generalizada preocupación por la inseguridad ciudadana. De acuerdo con la encuesta del CIS de junio de 2003, sólo el 7% de los españoles sitúa la inmigración entre los tres problemas que más les afectan personalmente, mientras que el 20% menciona la inseguridad ciudadana, que resulta ser el segundo problema más preocupante, después del paro, algo que previsiblemente cambiará después de acciones como la creciente incidencia de las bandas violentas de origen extranjero como los “Latin kings” o los “Ñetas” y sus actos violentos en localidades como Alcorcón recientemente.





