Algo gracioso, al menos para mí... :)
... Es curioso cómo algunos pequeños detalles o mínimas anécdotas te alegran el día y cuando los recuerdas, junto con la persona con la que lo has vivido, sigues
riéndote sin parar...
Con mis amig@s de clase tengo un
pequeño rinconcito en la red (que si sois buenos pronto os daré a conocer... o no, jejeje) donde anotamos cada uno las anécdotas que hemos vivido juntos o lo que es mejor: las
"pifias mentales" que soltamos!! Por cierto, la mayoría de las pifias las digo yo... de hecho una amiga un día se puso a escribir una pifia en la web y en el apartado de "
Quien la dijo" puso:
"La dijimos entre todas... ¡eso es lo peor, que no fue Laura sola!" JAJAJA!
... Bueno, pues mirando esas anécdotas con las que tanto me he reído, se me ha ocurrido que os podía contar algunas... empezaré por la del
"misterioso hombre de la fotocopiadora" La verdad es que estas cosas hacen más gracia cuando las vives que cuando las cuentas, pero como de momento no sois un apéndice de mi ser, os tendréis que conformar con el relato, jajaja! (hoy deliro bastante... me pasa cuando me noto un poco plof y pongo la
EXCUSA (excusas, jeje) de que tengo una bajada de azúcar y claro.. eso sé cómo solucinarlo! :P
*****************************************************************************
Hace exactamente un año, acompañé a mi amiga Helena a hacer fotocopias. Tenía su carpeta llena de nuestros apuntes y ya era hora de que empezara a devolvérnoslos... (a mí me daba igual, total, así tenía la excusa de que no podía estudiar, jeje)
Paseando por la biblioteca, encontramos una
fotocopiadora pequeñita y acogedora que nunca antes habíamos visto y entramos. La casa de fotocopias era como una especie de sastrería, como el taller de los enanitos de
Blanca Nieves. Tenía un cómodo sofá para que la espera fuera más agradable.
El hombre que se supone que tenía que hacer nuestras fotocopias era un hombre de estatura pequeña, mayor, gafas de pasta redonda, o como resumió Helena
"estilo duendecillo jorobado". Yo esperaba que en cualquier momento le salieran dos alas de la espalda y empezara a volar hacia el taller de los juguetes de Papá Noel.
Lo primero que nos dijo ante nuestra atónita mirada fue:
"Tenéis que esperar 4 minutos" Reconozco que esta precisión nos impactó: no eran 5 minutos, ni 10, sino 4.
Helena pidió permiso para sentarse en el sofá (dada la supuesta "
laaaaarga espera de 4 minutos"), a lo que el hombre respondió:
"¡Estáis en vuestra casa!" (sí, tenía todo un toque muy familiar)
Emocionadas comenzamos nuestra espera mientras Helena sacaba los apuntes de todo el cuatrimestre y advertía a nuestro pequeño gnomo que teníamos muchas fotocopias por hacer!!!
Tras los 4 minutos de rigor, el hombre observaba perplejo la fotocopiadora como si fuera la primera vez que la veía (cuando salimos de allí, llegamos a la conclusión de que realmente era la primera vez que la veía...).
Helena tanteando el terreno, solo le ofreció tres hojas pero viendo la maña del hombre para introducirlas en la fotocopiadora se guardó cuidadosamente el resto.
Bien, la cosa fue más o menos así:
El hombre coge las hojas, las mira, las gira, las pasa, las vuelve a girar, las vuelve a mirar, examina el grosor del papel, las vuelve a girar, las vuelve a mirar y de pronto pensativo decide que ya está preparado para fotocopiarlas.
Nosotras, rezagadas en el sofá estudiábamos la situación del pobre hombre y por suerte la tos de Helena disimula las carcajadas de ambas. A los 5 minutos (que no 4) viene todo apurado: "
Ayyy!! creo que me he equivocado...." En ese momento noto cómo mi amiga se guarda con disimulo el resto de fajo de fotocopias.
Intrigadas en saber que asunto podía haber hecho equivocarse al hombre en su árdida tarea de copiar un papel, amablemente preguntamos qué había pasado. Pero no entendiamos su lenguaje de "hobbit", así que tras diversos balbuceos pudimos sospechar que el hombre se liaba un tanto con la numeración de las páginas.
A lo que Helena responde buenamente: "
No se preocupe, si no sigue ninguna numeración coherente... son de días distintos". El hombre, más aliviado, coge el fajo de fotocopias que ya nos había hecho inutilmente y que consistía en una misma hoja por delante y por detrás fotocopiada tres veces, y lo tira (menos mal que no se le ocurrió cobrárnoslo, jeje)
Vuelve a intentarlo de nuevo, mientras Helena da la cara hablando con el hombre casi consolándolo por su error, pero yo no puedo evitar quedarme descojonada en el sofacito, que por cierto era muy cómodo.
Por fin el hombre consigue hacerlas bien tras 15 minutos de intentos fallidos. Orgulloso con el resultado, pregunta:
" Bueno bonicas... ¿y el resto de fotocopias que teniáis? ¡Me habiáis dicho que eran muchas..." Helena, que ya se las había guardado consciente de la situación y no quería quedarse a vivir allí por muy acogedor que fuera el sofá, le dice humildemente haciendose la longuis:
"No, si no hay más..."Pero el hombre insistía:
"¿No? Y.. por qué yo creía que sí? Ay, pues me habré engañado..."Apresuradamente recogimos nuestros trastos, no podíamos permanecer ni un minuto más allí, pero el hombre que ve nuestras intenciones de escapatoria nos endosa un folleto del Adviento y nos dice
" Para vuestras familias" (¿qué pasa que nosotras ya somos un caso perdido?). Saliendo ya por la puerta, tras escuchar mil veces:
"Bueno pues si ya no teneis más fotocopias que hacer...", nos dice amablemente y con sonrisa bonachona:
"Feliz Navidad!!!!!!!".Realmente nosotras salimos convencidas de que habíamos estado en el
taller de cartas de Papá Noel.
¿Sabéis lo que hicimos después? ¡Ir a otra fotocopiadora que casualmente estaba justamente al lado de la del duende!...y la mujer tan solo tardó...3 minutos y sin incidentes.

Jajajaja, a mí me hace gracia, qué queréis que os diga... :)
*****************************************************************************
*Mi cumpleaños está a la vuelta de la esquina... Se aceptan felicitaciones!!
*El viernes voy al teatro! He comprado hoy las entradas, ya os contaré qué tal. ¿Alguien sabía que para ir al palco hay que comprar todo el palco entero? Yo no... como siempre que voy me pongo abajo... pero es que en el palco cuesta justo la mitad, así que... y menos mal que hay palcos de dos!! Eso sí, la tía que nos ha vendido las entradas se habrá pensado que yo era una borde o una antipática, pero es que atentos a la situación: cada entrada vale 7'00 euros (a que están muy bien? ¡A saber cómo es la obra!) Y digo:
Vale, pues dos, POR FAVOR (yo tengo muy buenas formas) Y dice:
Son 15.50. A ver, la he mirado estupefacta, pero porque... ¡a mí en el colegio me han enseñado a sumar! Total, que me ha explicado que hay un cargo por no sé qué de 0'75 cts y toda la historia...
*Sed buenos...Besitos y... ¿¿¿a ver vuestras sonrisas??? JAJAJA, debo dar una imagen de cursi y ñoña... jajaja!
P.D para Olga: Te vas a comprar el libro??? Me ha hecho mucha ilusión! Así podremos hablar sobre él! Creéme, no te vas a arrepentir... es un libro que te va a provocar montones de sensaciones!