D. Miguel de Unamuno: poesía y filosofía
Aquí dejo un trabajo sobre Miguel de Unamuno que iré completando conel tiempo.
“¿Qué raíz tienen en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas,
sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la
palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción?¿Y cuál de las dos
necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida
humana?¿Cuál la más imprescindible?”
(María Zambrano, Filosofía y Poesía, (1939), Madrid, FCE, 1996)
0. Introducción
En este trabajo se pretende analizar la concepción unamuniana de la relación entre filosofía y poesía aunque con una pretensión modesta, y explicaré el motivo: sencillamente, en Unamuno, filosofía y poesía son lo mismo, van de la mano, con lo que un análisis exhaustivo requeriría una revisión total de su obra así como de su biografía, tarea ésta que excede la medida de mis posibilidades. Por ello citaré tres de sus obras:
Del sentimiento trágico de la vida(1913), Vida de D. Quijote y Sancho(1905) y S. Manuel Bueno Mártir(1930).
En la obra de Unamuno, obsesionado con la precisión de la palabra adecuada, filosofía y literatura son lo mismo, un pensamiento tiene que encarnarse en la palabra, en littera, por eso filosofía y literatura son una y la misma cosa, dos caras de una misma moneda. No hay ni una sola obra literaria de Unamuno que no exprese un pensamiento filosófico, ni ninguna obra filosófica que no rezume literatura.
Esta praxis vital de “existir en la palabra” la toma Unamuno de las fuentes clásicas directamente: retoma, a finales del S.XIX y principios del S. XX la concepción platónica del diálogo como discurrir del pensamiento, como forma de plasmar el pensamiento vivo, que es el que interesaba a D. Miguel. Es curioso notar que inventó lo que se conocen como Monodiálogos, es decir, un dialogar consigo mismo, un pensar vivo que se discute y reflexiona sobre sí, pero de forma viva, sin anquilosarse en un sistema que lo mortificaría, que ahogaría su riqueza argumentativa fosilizando el mecanismo de réplica y contrarréplica. Es por ello D. Miguel un pensador asistemático, vivo, existencial, que hace literatura filosófica o filosofía literaria, según se quiera. Si pensamos en los diálogos de Platón, lo que nos transmiten es ese pensar vivo, esa riqueza de la confrontación de argumentos y personajes que refleja la diversidad. Aunque Platón renegara en la República de los poetas, aunque quisiera echarlos de su república ideal, no olvidemos lo importante que es en su propia obra el mito, la poiesis; para empezar todas sus obras son diálogos, no tratados, y en segundo lugar cabría citar múltiples explicaciones y ejemplos mitológicos para sus ideas filosóficas: baste citar el mito de la caverna, el mito del carro alado, o el mito de Theus y Thamis. Por otra parte lo que subyace aquí es el tema de la metáfora, ¿qué mejor solución para explicar un pensamiento filosófico que expresarlo en términos literarios, mitológicos? ¿Es filosofía una ruptura frente al mito? ¿O para superarlo tienen que ir de la mano? ¿Es el lógos totalmente independiente del mitos? Yo diría que no, que se complementan y enriquecen mutuamente, o como diría María Zambrano, que son “dos formas de la palabra” o, como dice Pedro Cerezo , se trata de “existir en la palabra”. Unamuno, que era catedrático de griego, no desconocía esta conexión.
“El hombre, dicen, es un animal racional.
No sé yo por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental”
1. Conflicto entre sentimiento y razón.
Del sentimiento trágico de la vida arranca con un conflicto existencial: ¿tenemos que fiarnos ciegamente de la razón y de sus consecuencias o, tienen primacía los sentimientos que tenemos como hombres de carne y hueso? Unamuno responde: “Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida (...) Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre” . Dicho de otro modo: la existencia precede a la esencia. Pero va más allá y comenta: “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la razón construye sobre las irracionalidades” . No sé cuál sería el conocimiento que D. Miguel tendría de los escritos de Sigmund Freud sobre psicoanálisis, pero el paralelismo en la tesis me parece evidente. En cualquier caso, se trata de un ataque directo a los neokantianos, así como a los idealistas, y al positivismo, tal y cómo él mismo reconoce en el libro. Pero este partir de lo irracional para construir sobre ello racionalmente no es pura veleidad, es la tarea misma de la filosofía: “Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que aquí fracasa toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia (...) No basta pensar, hay que sentir nuestro destino” . Personalmente esta cita me evoca el pólemos (guerra) de Heráclito como madre de todas las cosas. Quizá sea haber seguido el camino de Parménides en vez de la lógica de Heráclito lo que ha hecho resurgir este tipo de conflicto perenne entre intelecto y sentimiento, entre fe y razón, en la historia de la filosofía occidental, conflicto cuyo aspecto trágico, irreductible, ocupó a D. Miguel toda su vida. “Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro. Lo irracional pide ser racionalizado, y la razón sólo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociación” Ésta es tal vez su intuición originaria, el punto de partida, la piedra de toque de todo su pensamiento filosófico. Intentar resolverlo, lo llevó del mito al lógos y viceversa, y es la razón de que en él filosofía y poesía sean lo mismo: “Porque vivir es una cosa y conocer es otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento trágico de la vida”
“Existir en la palabra, radicarse en ella,
es tanto como hacer de la palabra la forma de la existencia”
2. Filosofía y poesía.
“Nuestra lengua misma, como toda lengua culta lleva implícita una filosofía. Una lengua, en efecto, es una filosofía potencial” . Aunque no pueda conjeturarse una influencia de Unamuno en Quine sí me parece que intuyó Unamuno la tesis de Quine de que todo lenguaje supone una forma de categorizar ontológicamente el mundo, tesis que quizá medio podría entreverse ya en la Metafísica de Aristóteles: es el lenguaje lo que nos dice lo que las cosas son: “el enunciado de la esencia de cada cosa es aquel enunciado que expresa la cosa misma sin que ella misma esté incluida en él. (...) hay esencia de todas aquellas cosas cuyo enunciado es definición” . Aunque muy matizado y salvando las distancias, es una tesis bastante antigua en filosofía. De ella se deriva una relación estrecha entre filosofía y lenguaje que en Unamuno, filólogo griego, no pasó desapercibida. Más adelante dirá: “El pensamiento reposa en prejuicios y los prejuicios van en la lengua (...) Toda filosofía es, pues, en el fondo, filología. Y la filología, con su grande y fecunda ley de las formaciones analógicas, da su parte al azar, a lo irracional, a lo absolutamente inconmensurable.”
Es por ello que Unamuno recurre a la metáfora, pero no como una forma de expresión oscura y alegórica sino como un modo de expresar de forma más rica la realidad. Es algo así como la concepción que Nietzsche tiene de la metáfora en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, la metáfora, frente al concepto, recogería un poco mejor la multiplicidad de esa realidad jánica que es la vida; en cambio, Nietzsche reprocha al concepto que encorseta y mutila la realidad . Hay tres metáforas que en Unamuno son cruciales: el sueño, el teatro y la novela . El sueño no sería simplemente que vivir es soñar sino, retomando a Calderón de la Barca, que el vivir es soñar. Por eso dice Unamuno que hay que despertar al que duerme para que sueñe la realidad. Pero la vida también es teatro, vivimos el gran teatro del mundo del mundo de Calderón donde nada es lo que parece ni parece lo que es. Desempeñamos nuestro papel en este gran teatro, pero el director que maneja los hilos a su antojo está más allá de este mundo y sólo se nos puede anticipar a través de metáforas. La otra gran metáfora de la vida para Unamuno es la novela: “La novela nos acerca a aspectos básicos de la vida, como la temporalidad y la libertad. La vida, como la novela, se va haciendo a través del tiempo; es un relato que tiene lugar en el presente, pero que se alimenta de recuerdos y vive también de ilusiones. Pasado, presente y futuro constituyen el misterio del tiempo. Al hombre se le escapa su control y quisiera fijar el instante fugacísimo del presente y hacerlo eternidad. El protagonista no quiere acabar la lectura del fatídico libro, porque el final de la lectura será también el del lector. La novela no podía tener conclusión como no la tiene la vida”. Es decir, que la vida es como una novela, donde uno se escribe a sí mismo, donde uno elabora su propia personalidad creándola desde y para sí mismo. Esta idea también tiene su correlato en la Teoría del sujeto que propone el psiquiatra y académico Carlos Castilla del Pino en su Teoría de los sentimientos: “el sujeto es una formación mental” o “el sujeto es el árbitro último en el juicio sobre sí mismo, cualquiera que sea el precio que pague por la distorsión a que se ve forzado para su equilibrio interno en cada una de las áreas de su self, cualquiera que sea el precio que pague si lo equivoca a su favor” Esto no es una afirmación banal, está en el fondo mismo de la cuestión. Más adelante comenta el psiquiatra: “todo discurso se inicia en el objeto pero continúa y acaba por ser exclusivamente del sujeto. El objeto se convierte así en pretexto para que el sujeto hable –descaradamente o ignorándolo- de sí mismo” . Parece que es esto exactamente lo que D. Miguel de Unamuno intuía firmemente y es por ello que para él vivir sea escribir su propia novela, y a su vez, escribir novelas vivir una parte de sí mismo que de otro modo no podría vivir porque también vivir es soñarse, soñarse despierto. La cita del psiquiatra la he traído a colación para que no se me reproche esta tesis como una mera concepción literaria de la vida, sino más bien para que se entienda que de alguna manera todos vivimos así, elaboramos de algún modo nuestra realidad y, como no, nuestra vida y nuestra personalidad. Muy interesante para ahondar en el tema es Teoría del personaje, del mismo autor .
3. Temas relacionados: inmortalidad y quijotismo
Dejando atrás esta digresión, me dispongo ahora a analizar la idea que tenía Unamuno sobre la inmortalidad del alma, central en Del sentimiento trágico de la vida y en San Manuel Bueno, mártir
“¿Qué raíz tienen en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas,
sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la
palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción?¿Y cuál de las dos
necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida
humana?¿Cuál la más imprescindible?”
(María Zambrano, Filosofía y Poesía, (1939), Madrid, FCE, 1996)
0. Introducción
En este trabajo se pretende analizar la concepción unamuniana de la relación entre filosofía y poesía aunque con una pretensión modesta, y explicaré el motivo: sencillamente, en Unamuno, filosofía y poesía son lo mismo, van de la mano, con lo que un análisis exhaustivo requeriría una revisión total de su obra así como de su biografía, tarea ésta que excede la medida de mis posibilidades. Por ello citaré tres de sus obras:
Del sentimiento trágico de la vida(1913), Vida de D. Quijote y Sancho(1905) y S. Manuel Bueno Mártir(1930).
En la obra de Unamuno, obsesionado con la precisión de la palabra adecuada, filosofía y literatura son lo mismo, un pensamiento tiene que encarnarse en la palabra, en littera, por eso filosofía y literatura son una y la misma cosa, dos caras de una misma moneda. No hay ni una sola obra literaria de Unamuno que no exprese un pensamiento filosófico, ni ninguna obra filosófica que no rezume literatura.
Esta praxis vital de “existir en la palabra” la toma Unamuno de las fuentes clásicas directamente: retoma, a finales del S.XIX y principios del S. XX la concepción platónica del diálogo como discurrir del pensamiento, como forma de plasmar el pensamiento vivo, que es el que interesaba a D. Miguel. Es curioso notar que inventó lo que se conocen como Monodiálogos, es decir, un dialogar consigo mismo, un pensar vivo que se discute y reflexiona sobre sí, pero de forma viva, sin anquilosarse en un sistema que lo mortificaría, que ahogaría su riqueza argumentativa fosilizando el mecanismo de réplica y contrarréplica. Es por ello D. Miguel un pensador asistemático, vivo, existencial, que hace literatura filosófica o filosofía literaria, según se quiera. Si pensamos en los diálogos de Platón, lo que nos transmiten es ese pensar vivo, esa riqueza de la confrontación de argumentos y personajes que refleja la diversidad. Aunque Platón renegara en la República de los poetas, aunque quisiera echarlos de su república ideal, no olvidemos lo importante que es en su propia obra el mito, la poiesis; para empezar todas sus obras son diálogos, no tratados, y en segundo lugar cabría citar múltiples explicaciones y ejemplos mitológicos para sus ideas filosóficas: baste citar el mito de la caverna, el mito del carro alado, o el mito de Theus y Thamis. Por otra parte lo que subyace aquí es el tema de la metáfora, ¿qué mejor solución para explicar un pensamiento filosófico que expresarlo en términos literarios, mitológicos? ¿Es filosofía una ruptura frente al mito? ¿O para superarlo tienen que ir de la mano? ¿Es el lógos totalmente independiente del mitos? Yo diría que no, que se complementan y enriquecen mutuamente, o como diría María Zambrano, que son “dos formas de la palabra” o, como dice Pedro Cerezo , se trata de “existir en la palabra”. Unamuno, que era catedrático de griego, no desconocía esta conexión.
“El hombre, dicen, es un animal racional.
No sé yo por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental”
1. Conflicto entre sentimiento y razón.
Del sentimiento trágico de la vida arranca con un conflicto existencial: ¿tenemos que fiarnos ciegamente de la razón y de sus consecuencias o, tienen primacía los sentimientos que tenemos como hombres de carne y hueso? Unamuno responde: “Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida (...) Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre” . Dicho de otro modo: la existencia precede a la esencia. Pero va más allá y comenta: “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la razón construye sobre las irracionalidades” . No sé cuál sería el conocimiento que D. Miguel tendría de los escritos de Sigmund Freud sobre psicoanálisis, pero el paralelismo en la tesis me parece evidente. En cualquier caso, se trata de un ataque directo a los neokantianos, así como a los idealistas, y al positivismo, tal y cómo él mismo reconoce en el libro. Pero este partir de lo irracional para construir sobre ello racionalmente no es pura veleidad, es la tarea misma de la filosofía: “Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que aquí fracasa toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia (...) No basta pensar, hay que sentir nuestro destino” . Personalmente esta cita me evoca el pólemos (guerra) de Heráclito como madre de todas las cosas. Quizá sea haber seguido el camino de Parménides en vez de la lógica de Heráclito lo que ha hecho resurgir este tipo de conflicto perenne entre intelecto y sentimiento, entre fe y razón, en la historia de la filosofía occidental, conflicto cuyo aspecto trágico, irreductible, ocupó a D. Miguel toda su vida. “Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro. Lo irracional pide ser racionalizado, y la razón sólo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociación” Ésta es tal vez su intuición originaria, el punto de partida, la piedra de toque de todo su pensamiento filosófico. Intentar resolverlo, lo llevó del mito al lógos y viceversa, y es la razón de que en él filosofía y poesía sean lo mismo: “Porque vivir es una cosa y conocer es otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento trágico de la vida”
“Existir en la palabra, radicarse en ella,
es tanto como hacer de la palabra la forma de la existencia”
2. Filosofía y poesía.
“Nuestra lengua misma, como toda lengua culta lleva implícita una filosofía. Una lengua, en efecto, es una filosofía potencial” . Aunque no pueda conjeturarse una influencia de Unamuno en Quine sí me parece que intuyó Unamuno la tesis de Quine de que todo lenguaje supone una forma de categorizar ontológicamente el mundo, tesis que quizá medio podría entreverse ya en la Metafísica de Aristóteles: es el lenguaje lo que nos dice lo que las cosas son: “el enunciado de la esencia de cada cosa es aquel enunciado que expresa la cosa misma sin que ella misma esté incluida en él. (...) hay esencia de todas aquellas cosas cuyo enunciado es definición” . Aunque muy matizado y salvando las distancias, es una tesis bastante antigua en filosofía. De ella se deriva una relación estrecha entre filosofía y lenguaje que en Unamuno, filólogo griego, no pasó desapercibida. Más adelante dirá: “El pensamiento reposa en prejuicios y los prejuicios van en la lengua (...) Toda filosofía es, pues, en el fondo, filología. Y la filología, con su grande y fecunda ley de las formaciones analógicas, da su parte al azar, a lo irracional, a lo absolutamente inconmensurable.”
Es por ello que Unamuno recurre a la metáfora, pero no como una forma de expresión oscura y alegórica sino como un modo de expresar de forma más rica la realidad. Es algo así como la concepción que Nietzsche tiene de la metáfora en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, la metáfora, frente al concepto, recogería un poco mejor la multiplicidad de esa realidad jánica que es la vida; en cambio, Nietzsche reprocha al concepto que encorseta y mutila la realidad . Hay tres metáforas que en Unamuno son cruciales: el sueño, el teatro y la novela . El sueño no sería simplemente que vivir es soñar sino, retomando a Calderón de la Barca, que el vivir es soñar. Por eso dice Unamuno que hay que despertar al que duerme para que sueñe la realidad. Pero la vida también es teatro, vivimos el gran teatro del mundo del mundo de Calderón donde nada es lo que parece ni parece lo que es. Desempeñamos nuestro papel en este gran teatro, pero el director que maneja los hilos a su antojo está más allá de este mundo y sólo se nos puede anticipar a través de metáforas. La otra gran metáfora de la vida para Unamuno es la novela: “La novela nos acerca a aspectos básicos de la vida, como la temporalidad y la libertad. La vida, como la novela, se va haciendo a través del tiempo; es un relato que tiene lugar en el presente, pero que se alimenta de recuerdos y vive también de ilusiones. Pasado, presente y futuro constituyen el misterio del tiempo. Al hombre se le escapa su control y quisiera fijar el instante fugacísimo del presente y hacerlo eternidad. El protagonista no quiere acabar la lectura del fatídico libro, porque el final de la lectura será también el del lector. La novela no podía tener conclusión como no la tiene la vida”. Es decir, que la vida es como una novela, donde uno se escribe a sí mismo, donde uno elabora su propia personalidad creándola desde y para sí mismo. Esta idea también tiene su correlato en la Teoría del sujeto que propone el psiquiatra y académico Carlos Castilla del Pino en su Teoría de los sentimientos: “el sujeto es una formación mental” o “el sujeto es el árbitro último en el juicio sobre sí mismo, cualquiera que sea el precio que pague por la distorsión a que se ve forzado para su equilibrio interno en cada una de las áreas de su self, cualquiera que sea el precio que pague si lo equivoca a su favor” Esto no es una afirmación banal, está en el fondo mismo de la cuestión. Más adelante comenta el psiquiatra: “todo discurso se inicia en el objeto pero continúa y acaba por ser exclusivamente del sujeto. El objeto se convierte así en pretexto para que el sujeto hable –descaradamente o ignorándolo- de sí mismo” . Parece que es esto exactamente lo que D. Miguel de Unamuno intuía firmemente y es por ello que para él vivir sea escribir su propia novela, y a su vez, escribir novelas vivir una parte de sí mismo que de otro modo no podría vivir porque también vivir es soñarse, soñarse despierto. La cita del psiquiatra la he traído a colación para que no se me reproche esta tesis como una mera concepción literaria de la vida, sino más bien para que se entienda que de alguna manera todos vivimos así, elaboramos de algún modo nuestra realidad y, como no, nuestra vida y nuestra personalidad. Muy interesante para ahondar en el tema es Teoría del personaje, del mismo autor .
3. Temas relacionados: inmortalidad y quijotismo
Dejando atrás esta digresión, me dispongo ahora a analizar la idea que tenía Unamuno sobre la inmortalidad del alma, central en Del sentimiento trágico de la vida y en San Manuel Bueno, mártir
El nihilismo como forma de resurgir
El nihilismo tiene tres vertientes, dos europeas (el ruso, por ejemplo el de Tolstoi o el alemán, representado por Friedrich Nietzsche) y una oriental (el nihilismo budista: el nirvana) Aquí pretendo argumentar que el nihilismo es es un método de trabajo para autoevaluar las propias creencias, un método yo diría similar a la autocrítica marxista si es bien llevado. El método nihilista no es ni más ni menos que llevar una idea o creencia hasta sus últimas consecuencias lógicas y así llevarla por su propia lógica interna hasta su autodisolución. Por supuesto primero debemos identificar la idea o creencia concreta. Por ejemplo, pensemos en la inmortalidad del alma....¿cómo ha surgido esta idea?¿qué nos aporta a nosotros individualmente?¿Y colectivamente?¿es realmente imprescindible creer en la inmortalidad del alma o podríamos vivir sin esa idea?¿cómo sería mi vida sin esa idea?¿se puede argumentar racionalmente acerca de la inmortalidad del alma?¿qué pruebas tenemos?¿las consideramos aceptables? Y asi, hasta disolver la idea desde sí mísma.
¿Para qué hacer esto? Para encontrar la claridad de ideas y creencias, para librarnos de prejuicios que podemos tener en la cabeza inculcados por la sociedad, los mass media, nuestra educación, nuestro entorno, nuestras amistades, familias, etc...y que pueden llevarnos a una vida inauténtica, poco reflexiva y abocada por tanto a un grado mayor de sufrimiento. Yo apuesto por este método,como uno de muchos, y remito al que quiera ampliar sus conociemientos sobre el tema a la obra de Friedrich Nietzsche, que, salvando las distancias y tomándola concierta cautela puede ser una obra muy enriquecedora, ya que, esta disolución nihilista de los valores principales de la cultura occidental puede llevarnos a elaborar valores propios, desde una perspectiva integradora y enriquecida sobre el cupuesto constructo cultural occidental ya dado. ¡Frente a la cultura impuesta, creemos nuestros propios valores, y atrevámonos a sacarlos y discutirlos en la plaza pública.
q.e.e.
(quod erat explanandum)
¿Para qué hacer esto? Para encontrar la claridad de ideas y creencias, para librarnos de prejuicios que podemos tener en la cabeza inculcados por la sociedad, los mass media, nuestra educación, nuestro entorno, nuestras amistades, familias, etc...y que pueden llevarnos a una vida inauténtica, poco reflexiva y abocada por tanto a un grado mayor de sufrimiento. Yo apuesto por este método,como uno de muchos, y remito al que quiera ampliar sus conociemientos sobre el tema a la obra de Friedrich Nietzsche, que, salvando las distancias y tomándola concierta cautela puede ser una obra muy enriquecedora, ya que, esta disolución nihilista de los valores principales de la cultura occidental puede llevarnos a elaborar valores propios, desde una perspectiva integradora y enriquecida sobre el cupuesto constructo cultural occidental ya dado. ¡Frente a la cultura impuesta, creemos nuestros propios valores, y atrevámonos a sacarlos y discutirlos en la plaza pública.
q.e.e.
(quod erat explanandum)
El diván del filósofo
Esta página pretende ser un foro para todos aquellos que necesiten consuelo filosófico. ¿Nunca has tenido una crisis existencial?¿nunca has pensado que tu vida no tiene sentido?¿quieres buscarle una explicación al sentido de tu vida? Mediante esta página, entre todos nos ayudaremos, y la filosofía en general (sin aceptar ninguna escuela ni sistema de pensamiento en particular, sino desde una perspectiva ecléctica, sinérgica) nos ayudará a conseguirlo. Por medio del diálogo Socrático y del uso de la lógica y la retórica podremos ayudarnos. Mi Messenger (de hotmail) es: roscelino@yahoo.es podéis agregarme y os atenderé encantados. también podemos conversar a traves de mensajes en esta página.
Un abrazo, y que Minerva nos ayude a mantener bien abiertos los ojos,
roscelino
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roscelino





