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Cuaderno de ELEKTRA
Todo sobre el arte que DEBES comprar y sobre el que NO DEBES comprar...
Acerca de
Elektra ___________________ Aborrezco a Sorolla y a Fortuny, entre otros... Y me pirro por un Lucio Fontana o un Yves Klein. Pero esto puede cambiar...
Sindicación
 
¿belleza robada?
Cuando unos despiadados tuvieron tan fácil la saña alevosa de hurtar el grito más lacerante que conozco, lloré muy secamente hacia dentro. Hube de anular la que hubiera sido mi placentera excursión en canoa a una pequeña isla llamada Svenska Hogarna. Desde allí pensaba fletar mi corazón en pos de uno de los cuadros pintados en la más apacible de las tormentas.

Hoy otros se lamentan por las cifras escandalosas que encarnan unas esculturas de bronce y unos grabados sustraidos en una galería de Amberes. Después del despiadado año que nos han dado y de visitar una terrible exposición con las supuestas esculturas dalinianas -nunca el arte del volumen me resultó tan muerto- mi válvula no emite sonido alguno.



Algunos, los que ya me conocen, piensan en este preciso instante acerca de mi estulticia; lo siento. Hoy, de pura casualidad, he releido el manifiesto futurista de Marinetti; menos escandalizada que la primera vez, he imaginado la vorágine destructiva de unos ladrones locos hacia las rancias figuritas del ampurdanés, una diversión chapmaniana para mejorar y corregir.

 
S/T
Desde que me asestó su fino golpe sin palabras, he tenido que deshacerme de todo. He desnudado mi vida, he regalado todos mis desatinos, creo que resta barrer un poco. Ahora espero sentada en el suelo alguna señal de que realmente todo es mejor así.
 
La recta intención
Hoy he caminado sobre las aguas. Estaba en mitad de cuatro paredes que formaban un trapezoide irregular, el horizonte y la suave marea eran blancas; lívidos palafitos apenas sostenidos en pies de junco de un metal frío y ligero jalonaban mi caminar sosegado.

El leve murmullo de una pequeña barcaza, casi un hogar.

Hoy he recordado que "menos es más" no es un eslogan estúpido de estilos compartimento, es una máxima por la cual debemos despojarnos de todo deseo. El deseo conduce al dolor. Cuando consigamos evitar desear las cosas de las que queremos estar rodeados seremos felices.

El recto camino, la recta intención.



Exposición VÂSTU de José Noguero, en el cacmalaga.

besos
 
S/T
En noches tan frías como esta, bien vale un sueño despiadado. Él, con sus manazas de madera astillada, el alma desgajada en chorreones, el corazón puesto a secar en una sábana... Se cansa de pintar y, sin limpiarse las manos con disolvente, viene a por mí.

 
Una tarde de domingo cualquiera
Hace relativamente poco estuve en una exposición un poco escatológica. Como estaba en un Centro de Arte de factura reciente, es de esperar que las cosas sean más o menos así.

Lo más delicioso estaba por llegar cuando yo apenas dejaba la primera sala, muy divertida por toda aquella emulsión de flujos. Tras el suave murmullo de las puertas deslizantes -hay unos delicados microsensores incorporados a la altura conveniente- hace su ingreso una familia decorosa. Creo que necesito otro párrafo para describirlos con detenimiento:

Él, quien sin duda conducía su prole hasta allí, iba bien pertrechado del uniforme que le hace sentir más seguro, apenas unas bonitas señas de identidad; no pude distinguir un cocodrilo o un caballito, como recatada dama discretamente observadora no me acerqué lo suficiente. Pero su terrible bufanda de cuadros blanquinegros sobre fondo beige le delataba. Rápidamente concluí que debía ser asíduo del centro desde que se inauguró -lo anunciaba en su sonrisa de satisfacción- e incluso benefactor; también dí por sentado que decoraba su casa con arte minimalista pagado a plazos, una garantía de éxito.

Ella (disculpen si empiezo a necesitar demasiados párrafos) no era sino la compañía perfecta. En sus tristes ojos comprobé que era mucho más inteligente que él, puesto que se percató del craso error apenas puso un pie en la sala de exposiciones.

La prole, una parejita enfundada en abrigos azules de paño -qué tristeza de invierno- que no sobrepasaban la edad de las catequesis, fue mucho más avispada de lo que sus progenitores habrían querido. Antes de que el patriarca hubiese podido siquiera leer un par de las cartelas identificativas (siempre he creido que eso debe hacerse después y no antes de ver la obra) los deliciosos niños ya estaban señalando penes en los cuadros. Estos penes eran mucho más evidentes para ellos, que no están dotados aún de la sana visión de conjunto que lo hace todo más amable. El cabeza de familia estaba todavía digiriendo los títulos y asimilando el nauseabundo y descuidado estilo del artista.

No hubo tiempo de mucho más. Ni siquiera pasaron a una segunda sala. Con regocijo, recogí del suelo la bufanda para devolverla a su dueño -a tanta premura les obligó el hallazgo-, que casi se encontraba huyendo a dos manzanas de allí prometiendo una merienda razonable.

Me inquieta que fueran tan silenciosos, tan discretos, ni una palabra acompañó la deserción.

 
FRÍO (II)
Acaban de descongelar la exposición de Jane Simpson aquí al lado. Para ello no han tenido más remedio que desenchufar cada obra -una a una- y esperar a que toda esa hermosa escarcha desaparezca.



La primera vez que la ví, sinceramente me dejó fría. Luego me planteé si no era demasiado un frío artificial recreado en medio de este frío húmedo. Aterida como en otras ocasiones, aterrada ante el aviso de la nueva ola de frío polar -no creo que lo supere, llevo dos días drogada con sobres anticatarrales-, hoy lamento la descongelación inevitable.

 
La hora del té
Para poner las cosas un poquito más difíciles, no basta con que los coches vayan por la izquierda, con que los volantes estén en el asiento del copiloto, con que se pague la gasolina en libras esterlinas o con que haya de calcularse la equivalencia entre millas y kilómetros para poder respetar cristianamente las señales de advertencia... (Creo haber oido algo acerca de ese asunto, hoy empiezan a mutar discos de prohibido en Irlanda, se adaptan al sistema métrico).

Caso de acarrear como souvenir una bonita obra británica, la cosa puede ponerse aún más fea. Alguna lumbrera del partido conservador quiere impedir, por ejemplo, que el tiburón sumergido en formol de Damien Hirst emigre a un museo de Nueva York previo religioso abono sustancioso. Y eso que al coleccionista Saatchi las cosas le huelen a cuerno quemado desde hace meses; al pobre no le pasan ni una, aun con la sana intención de reactivar su bolsillo para empezar de cero y auyentar los fantasmas del incendio que acabó con una buena parte de su fabulosa colección.


Obra de Damien Hirst

En teoría pretenden salvar para la nación -el imperio- obras de arte "que nunca deberían salir", y así preservar el legado cultural británico. A mí particularmente me escama que estos filántropos se interesen por tiburones en formol o alguna guarrería similar; es más, pensando mal y acertando, para mí que se regodearon cuando vieron reducido a cenizas ese arte vulgar y obsceno de los YBA. A ellos el arte conceptual les interesa tanto como a mí el naif en Cuenca.

Con esta actitud pueden empujar a los propios artistas a tomarse unas vacaciones sin billete de vuelta, a no ser que estén dispuestos a darles todo lo que pidan. El tiburoncito de marras es una obra denominada "La Imposibilidad Física de la Muerte en la Mente de Alguien Vivo"; acerca del arte en general, me parece imposible físicamente la muerte de su sentido universal, en la mente de alguien vivo el arte se saltará todas las barreras para migrar a la patria que le apetezca. Cómo aborrezco eso de las patrias, cómo me repugnan todas las banderas ...



PD: Bueno, bueno, ya será menos, si es un Jasper Johns podemos hacer una excepción.
 
Un muñeco para los CHAPMAN
¡Sigo adorando a los Chapman! Todavía destila un poco mi lagrimal cuando avivo en mi memoria la exposición del año pasado y lo maravillosa que me sentí, invitación de papel satinado en ristre, toda destellos, cuando pude ver de cerca al más guapo de los dos hermanos, a Dinos Chapman.

Casi empezaba a añorarlos -siento una religiosa debilidad por las barbaridades que cometen-, cuando llega a mis ojos otra inequívoca señal de su buen gusto. Un diario local ofrecía hoy en su contraportada el irónico titular:

"El muñeco feísimo que gustó a los Chapman"

La noticia hace referencia a una especie de brainstorming colectivo que fue convocado por los graciosos Jake y Dinos en torno a una de sus instalaciones ("The Rape of Creativity" -"La violación de la creatividad"). Los visitantes del Centro de Arte, atraidos por la ruidosa publicidad de los grabados de Goya manipulados y todo ese rollo escandalizante, debían pintar al modo tradicional, en caballete, una especie de retrato lo más realista posible de la escultura femenina que se erigía como motivo central de la compleja instalación.



Premiarían al mejor cuadro con uno de sus grabados que seguro puede canjearse en una subasta por un kilo de los antiguos. Lo que más me fascina es que han premiado lo más zarrapastroso de lo que se colgó -que no fue poco-: Una especie de Medusa nazi que me recuerda -salvando las distancias- al enigmático idolillo oculado neolítico encontrado en el poblado de los Millares. La autora, María Rodríguez, no sin cahondeo, reconoce: "Mi cuadro es el más feo de todos. Pinte un muñeco feísimo, como una representación de la muerte. Usé negro, rojo y blanco; los ojos tienen como órbitas en blanco y negro y le cae una pasta roja; con muchos pelos." (¡¡ !!) Sencillamente delicioso, sin desperdicio. Los Chapman han premiado la suprema inmundicia artística, la representación más que descuidada de un ser malévolo que todo el mundo parece convenir en llamar "muñeco".

Un muñeco del que pueden presumir los hermanitos como trofeo de guerra. Y nada impide que lo incluyan en otra instalación abominable. Ahora me lamento de no haber esperado mi turno aquel día para pintar; a veces debería conceder más importancia a ciertas cosas, en detrimento de la integridad de mis uñas recién esmaltadas...

Imagino que ni la aficionada pintora ni los cronistas de nuestros periódicos aprecian nada salvable en este pequeño lienzo. Yo a veces me siento como los Chapman, muy incomprendida porque me gustan los desechos del arte y la inevitable belleza de cierta clase de fealdad consentida. Tan saturada está una a estas alturas de marinas, bodegones y desnudos con espejos...

 
la edad de la INOCENCIA
Hoy acabo de enterarme de lo de esa chiquitusa estadounidense que vende abstractos a miles de dólares y que hasta firma muy bohemiamente con una "R" al revés (¿casualidad o táctica?), y de lo de esos preteenagers colombianos que hacen instalaciones para la Tate. Me siento un poco mareada, todo esto es maravilloso, en serio, pero no me quedan fuerzas para decirles a ustedes algo a propósito.

Vaticino una especie de OT con prodigiosos niños de la ESO que hacen performances, instalaciones y net-art. La Aizpuru, de presentadora, anunciando una innovadora bienal de yogourines.

 
Un día ZEN
Hoy les escribo para hacerles una recomendación. Si tienen un día zen, si no saben qué hacer con una de las paredes inmaculadas de su comedor, si se sienten con el pulso firme, yo les invito al plagio. Puede resultar un ejercicio de lo más sanísimo como estrategia de meditación para los nuevos días del incipiente año, y si la paciencia les falla y por algún infortunio deben abandonar su tarea a medio empezar, nada debe preocuparles pues el resultado será igualmente encantador, asimétrico, non finito, y tendrán de seguro un salón mucho más confortable. Voy a darles las recomendaciones paso a paso, en una especie de receta.

1. Diríjanse a la Galería Carmen de la Calle (Madrid) antes del 30 de enero, y deléitense con la obra de Juan Carlos Bracho.



2. Compren un carboncillo o similar en la papelería más cercana.

3. Acomódense frente a una pared vacía, suficientemente despejado el radio de acción más inmediato.

4. Vacíen sus engranajes mentales, traten de apenas pensar en nada -pueden aderezar la tarde de recreo con alguna música repetitiva y monocorde, a ser posible oriental-.

5. Imaginen al aburrido recluso que apacienta sus días contándolos en la pared, y trate de resumir la vida de condena del susodicho en un sinfín de líneas verticales y paralelas. De su trazo y de la consistencia del carboncillo, del énfasis puesto en cada línea, de la textura nívea o rugosa de su pared; de todo ello dependerá el paisaje resultante.

6. Si en nada les parece lo que resulta un paisaje, no se alerten. Piensen que la abstracción es uno de los caminos más antiguos del arte, y que los Chinos -como diría Gustavo Torner- ya inventaron una exquisita manera de pintar muy a lo Fernando Zóbel.

No les voy a recomendar directamente que compren una obra del mencionado Juan Carlos Bracho porque el buen señor lo que expone en la galería son fotografías de gran formato en las que se representan sus rayados murales de consistencia etérea. A veces aparece el mismo artista, de espaldas, en plena faena. En otras, alguna silla o algún elemento que nos ubica espacialmente en el lugar de la fechoría. Dudo que puedan adquirir una de las paredes en las que él ha dibujado, y también dudo que obtengan un hueco en su agenda y que dibuje para ustedes directamente. Por eso les invito al plagio, que es al fin y al cabo en lo que consiste la Historia del Arte.




 
Sentirse BASURA
Ser tratado como basura también proporciona momentos de gloria. Acabóse la sublimidad del arte, los tiempos en que la nobleza del material ya inyectaba la obra de esplendor. El bloque mudo de mármol, conteniendo un hálito de vida en su interior o una figura que solicita ser desvelada por mános más que hábiles.

Michael Beutler todavía se pellizcará por ser tan agraciado. Hace nada y menos que los servicios de limpieza del ayuntamiento de Frankfurt -yo que hacía tan modernos a los centroeuropeos- han sacrificado una de sus obras en una pira. Es decir, la han retirado de la vía pública y la han incinerado. Por desconocimiento, por error... Probablemente el amasijo de plásticos amarillos y estructuras metálicas esparcidos a causa del viento no les proporcionaba ningún deleite en especial.



Ahora el artista sonríe y aclara satisfecho que no hay motivo para la demanda, no hay enojo en su ser; está más que contento con que se discuta sobre si lo que él hace es basura o puede ser confundido como tal. Hay un contenido engreimiento, que yo aplaudo, tras saltar a la bendita palestra mediática en la que algunos devienen en famosos creadores. Estar entre los artistas basura, los indeseables, los odiados por el gran público, confiere un importante aura de autosuficiencia, asegura futuras presencias en bienales atrevidísimas, le incluye en una nómina extravagante pero que empieza a vulgarizarse.

A él, estoy segura, le habría gustado ser el primero. En el arte siempre se llega tarde. Recuerden aquella señora entrañable que adecentaba la Tate Britain -por Dios, asegúrense de aleccionar al personal- y acarreó una bolsa de basura extrañamente depositada en una de las salas. ¿Hasta que punto puede permitirse una institución como esta tener entre su personal de limpieza a una pobre desdichada que no conocía el significado del arte autodestructivo?

Si lo recuerdan, la bolsa de basura de Gustav Metzger fue retirada por la encantadora anciana al no estar acordonada, el artista ubicó en su lugar una nueva bolsa de basura recogida de otro lugar (no elaboró una escultura-bolsa si es lo que imaginan) y fue compensado económicamente por la Tate por la irreparable pérdida. Lo que nadie le ha reconocido a la señora ni a los operarios de Frankfurt es su meritorio acto acelerativo: la primera proporcionó una autodestrucción más segura; los segundos han encumbrado a Beutler a ser conocido en todo nuestro hemisferio. Pero sus nombres no entrarán en ningún catálogo de Taschen, es una pena.

Yo, que soy tan materialista y que no podría ni por asomo montar mi museo a base de obras tan efímeras, siempre preferiré una bolsa de basura de Gavin Turk. Al menos estas son de bronce y pesan quintales como para ser retiradas deliberadamente. Y no hay temor a fregonas ni electricistas insensibles al verdadero arte.



Un besazo, queridos.


 
FRÍO
He pasado un par de días aturdida-aterida por el viaje de retorno, reubicándome en este frío húmedo y desagradable que ya había olvidado. Un frío que no necesita descender bajo el cero porque el índice de hidrógeno eclipsa cualquier otra apreciación. Un frío que se combate mal y cala hasta la espina pues aquí no tenemos calefacción, por aquello de presumir estoicamente que "no tenemos invierno". Me encuentro aterrada-aterida, mi nariz se torna azul por momentos y temo que se produzcan estalagmitas cristalinas entre mi barbilla y mi pecho. Me siento como una instalación de Jane Simpson.


 
De la CUADRATURA sagrada
Ayer caí de bruces en un blog para mí insólito... Alguien con más paciencia que el santo Job se había propuesto explicarnos eso de la geometría en el arte. Como el encomiable autor incluye reproducciones, la visita a su rincón se hace más que llevadera. Y aunque me pareció que sobrevolaba muy rápido unos cuantos milenios de arte, como para llegar muy pronto a los mondrianes y demás (con lo cual intuyo que dentro de poco tendrá que hacer unos bonitos flasbacks o dejar el blog para meterse en otro), a mí que soy una nostálgica me hizo derramar alguna que otra lágrima simbólica esa cuidada devoción por la cuadratura de las cosas.

Imagino que ahora le queda mucho terreno que alisar por delante, dado el amplísimo campo que brinda hoy la cuadratura del píxel, mínima unidad de división casi atómica en que se divide y fragmenta todo en estas redes de redes... A veces me hace plantear si un futuro no muy lejano nos deparará unidades de medida más pequeñas, subpíxeles, o si una mente perturbadora se empeñará en conseguir algo así como el grano circular de la fotografía extrapolado a la pantalla... (¿Imaginan todas las imágenes digitales fragmentadas en una retícula de celditas hexagonales, cual colmena iridiscente?).



La razón de mi emoción repentina es que soy una fervorosa de los cuadrados monocromos. Hace muchos años ya me deleité con una blanquinegra fotografía del funeral de Kasimir Malevich en 1935. El susodicho quiso emplazar su féretro bajo la espesa negritud de su cuadrado suprematista, colgado como un icono ruso ortodoxo. Aquella sublimidad era pues su religión.



Hoy creo que ya ningún monocromo nos exalta, nos afecta. En parte, porque no hay vibración en ellos. Se suceden excesivamente planos, olvidando el cuidadoso empeño que llevase a antiguos pintores a pasar horas de lentitud deliciosa arrastrando su pincel -impregnado de un solo pigmento-... Hay oportunistas insensibles que pintan cuadrados monocromos adocenados, sin textura, piel ni latido.

Perdonad que sea muy insistente, pero hace poco alguien me preguntaba sobre el valor de todas aquellas obras azules que Yves Klein desarrolló con valiosa obsesión. Falta detenerse en la ingravidez templada de su superficie, la terrosa y casi selénea piel que asemeja el cuadro a un retazo de cráteres y resaltos orográficos sin otro tema que la delectación en una caricia interminable -Dios, empiezo a parecer una escritora de catálogos-.

El caso es que hoy desearía custodiar el cuadrado negro, y no me vale una reproducción facsímil. ¿Dónde voy a encontrar ese craquelado del tiempo sobre el óleo mal secado? ¿Dónde ese negro sucio, aparentemente inmaculado pero lleno de imperfecciones?

Definitivamente, lo quiero para edificarle una capilla.



Me da un poco de miedo ser de pronto tan necrófila, por idearme entre cuatro cirios y bajo el cuadrado sagrado, pero es que las navidades la dejan a una atontada. Besos.

 
Sobre una bonita manera de COLECCIONAR
Yo ayer apurada, pidiendo las cosas por favor y con pleitesía; y toda una vida dejándome los cuartos en fondos de arte y clubs de amigos del museo... Honradamente, amontonando un granito sobre otro. Llega la inevitable mañana de reyes, me despierto más tarde de lo normal por el trasnoche de anoche -que va camino de quedarse corto con el trasnoche de esta noche-, y cuando miro ilusionada, nada.

Lo habitual -de toda la vida- ha sido para mí encontrar los regalos alrededor del árbol (natural por supuesto); pero ya os dije que por circunstancias ajenas a mí me veo en un pisito confortable de una ciudad que no es la mía, contando los días para hacer las maletas y salir escaleras abajo.

El caso es que ni Klein, ni Fontana, ni mucho menos los soldaditos Chapman; al final todo queda reducido en un triste folleto del vigésimoprimer (¡!) Supermercado del Arte, y mucho me temo que no los reyes sino alguna mano amiga (ejem) con bastante guasa lo situó sobre la mesa del salón.

Puedo lamentarme, puedo regocijarme en mi propia miseria -por supuesto yo nunca piso esos eventos despreciables donde envuelven acuarelas con plástico de cocina-. Pero no puedo cambiar nada.

Seguiré entrampada hasta que acabe de pagar el GuillermoPérezVillalta del que ya me he arrepentido -Dios, me lo dijeron, ya no se lleva nada!!, pero soy una fanática de los ochenta-. Es enorme, irritante, y me pone muy nerviosa la perspectiva esa descolocada que ha explotado hasta el paroxismo. Acabaré regalándolo invariablemente. Porque no sé si me lo van a pedir para exposiciones...

No acabo de depositar la cucharilla del café, hecha un marasmo, cuando observo que probablemente la misma mano amiga ha dejado consideradamente un diario local sobre la mesa. Abierto por una determinada página, de manera que leo el insólito documento:

"Comienza juicio contra amante del arte y ladrón de museos europeos"

El buen señor, que merece ingresar de cabeza en la Larousse, había reconocido robar 239 cuadros -qué precisión escalofriante-, y contaba con la inestimable ayuda de su madre, que ha acuchillado y martilleado algunos Watteau, Durero y Boucher, al temer que el peso de la justicia descubriera el escondrijo-museo donde guardaban tamaña colección. Stéphane Breitwieser, este coleccionista peculiar jovencísimo -tiene la edad de Cristo-, afirma con tranquilidad que robaba por su amor al arte y sólo lo que encajaba para completar su colección.

¡Menos mal! Ya que se apropia de lo ajeno, lo hace con criterio. Eso nos alivia a todos, pues de no haber sido descubierto, el museo resultante habría sido completo, muy didáctico y comprensible, y se habrían evitado las indeseables lagunas que en casi todos los museos existen. Qué lástima que el buen hombre no invirtiese el tiempo necesario en adiestrar a su pobre madre en clases teóricas con diapositivas. La habría sensibilizado y seguramente habría ardido ella con los cuadros, a lo bonzo y en plan mártir.



No hay ánimo para besos.
 
A sus Majestades de Oriente
Son las punchi de la noche y no me puedo dormir, entre otras cosas porque hace menos de dos días que me he enterado de esto de los blogs, que todo el mundo dice que será un revulsivo para la aldea global o la sociedad de la información o la revolución digital...

Y aquí, conmovida por mi descubrimiento fortuito -increible, a raiz de agotarme en una insoportable web en flash sobre una película acerca de una serie de catastróficas desdichas (bonito título, ¿verdad?)-, araño el portátil prestado con conexión insoportable -descuelgue a cada ratito con riesgo de perder casi todo a medio camino- y caigo en la cuenta de que no he pedido nada este año a mis queridos Reyes Magos.

Este año es casi imposible que me traigan nada, porque estoy bien lejitos de mi casa y las circunstancias me tienen en una ciudad de interior que se escarcha por las mañanas y donde es imposible ver una exposición decente en muchos kilómetros a la redonda. Sin coche.

Pero como soy una obstinada, y me hace ilusión que al final existan un poco, a estas horas, que aunque ya es seis como no me he acostado es cinco, decido escribir mi carta:

Queridos Reyes Magos (Dios Mío, no escribía esto casi desde el año en que pedí la cassette de True Blue):

Como he sido todo lo buena que se puede ser teniendo en cuenta todo lo que hay que tener en cuenta... Y como por pedir que no quede, y como mantengo la ilusión de algún día abandonar el lugar en que me gano la nómina para montar un museíto coquetísimo en alguna avenida principal -de esas con señales de RED BÁSICA- de mi ciudad, donde ya mismo conviene abrir de todo porque va a haber hasta METRO... Como todo eso y más, pues empiezo a pedir:

(Voy a dejar los deseos de paz para el final, porque total para el caso que hacéis)

1. Siempre me ha hecho mucha ilusión una mesita de centro (para el café) teñida en azul Yves Klein. Si a juego me mandáis una lámpara estilizadísima para lectura pues para qué quiero más.

2. No me vendría mal una colcha mínimal monocroma en rojo cerezas y con una hermosa brecha en medio, así en diagonal, que sea reproducción a escala de algún Lucio Fontana; pondré sábanas negras debajo por lo de la sensación de concepto espacial y todo eso. Y prometo cuidarla al máximo y plancharla periódicamente para que los bordecitos de la brecha no se ricen indeseablemente.

3. Rezo para que me obsequiéis con los restos calcinados de aquellas preciosas maquetitas de los Chapman -creo que se llamaban Hell o algo así-; nunca superé lo del incendio del almacen de Saatchi y gozaría montando una especie de belén con feedback a base de soldadito mutante y un poco de espumillón de diseño.

4. Que no se me olvide un par de ánforas a lo Grayson Perry. Puesta a elegir, por favor traedme las más depravadas que en los ochenta compré demasiados abstractos y tengo el salón muy formal. Muchos me dicen que me hace falta un feng shui como el comer, porque no me reconocen en mi hábitat natural.

5. Un Giacometti, por Dios, un giacometti; pequeñito, no necesito nada ostentoso. No concreto mucho más porque soy consciente de la dificultad de mi demanda.

6. Hace tiempo que tengo capricho de una SagradaCena tipo Leonardo pero en alpaca plateada, como las antiguas; es una horterada pero a veces me siento muy congestionada de arte cool y emergente y eso es como de toda la vida y le proporciona a una esa sensación verdaderamente insustituible de "estar en casa". Si os resulta demasiado, no os preocupéis que la tendré a buen recaudo en un altillo y sólo la colgaré una vez cada olimpiada o mejor, cada vez que el forum tenga éxito de visitas.

7. Como el siete siempre me ha parecido un número precioso, me voy a plantar aquí: Deseo fervorosamente la paz en el mundo y vivir en un lugar más tranquilo, sin la sensación constante de que todo se va a acabar en un tres por cuatro. Y mientras tanto, que la dejen a una coleccionar a gusto.



Un beso noctámbulo, impregnado de resíduos de biotherm.
 
Buenos propósitos de CHRISTO & JEAN CLAUDE para el año nuevo.


Me solivianta leer o escuchar tonterías de boca de los propios artistas, sobre todo cuando se palpa en el aire que mienten para resultar interesantes. Para que juzguen ustedes mismos, transcribo literalmente:

"Creamos trabajos de diversión y belleza. No creamos mensajes. No creamos símbolos. Creamos obras de arte. Ninguna obra de arte tiene significado, excepto ser una obra de arte".

Y no dice esto Jean Claude -inseparable de Christo desde que lo empaquetaban todo- ante un cuadrito pintado a medias, sino ante la inminencia de un proyectito digno de comentario. Hincar sietemilquinientas puertas amarillas en Central Park. No es que yo pretenda buscarles las cosquillas, ni mucho menos voy a gastar parte de mi tarde en destilar el complejo mensaje último de sus obras -o de esta en concreto-; pero al menos, y teniendo en cuenta la envergadura del proyecto, podían divertir a la concurrencia con otras declaraciones menos tajantes. Es que, más o menos, han venido a decir que su obrita no va servir para nada.

Que se justifiquen un poquito. Sobre todo porque el proyecto se lleva a cabo en uno de los lugares menos discretos del planeta, y está claro que la instalación -en sus cortas dos semanas de vida- eclipsará turísticamente a la zona cero y sus aledaños. Más que nada por respeto a los contribuyentes, a los que no se les consulta sobre lo oportuno de colgar banderolas azafran de los marcos de sietemilquinientas puertas... A nada del Tsunami.

Si por lo menos cada puerta simbolizara un alma, una víctima, un niño perdido, un grito... Pues estaríamos todos contentos.

A mí, lo confieso, es que me puede la sensación de no poder musear la obrita de marras. Y estos dos son especialistas en eso, en hacer cosas imposibles de proteger del polvo y de la humedad. Se empeñan en proporcionarnos vistas agradables y portadas de noticiarios durante unos cuantos días, y sólo nos van a dejar dibujitos y fotos. ¿Que el proceso creativo es parte de la obra? Que se lo cuenten al director del MOMA, a ver si piensa igual.



PD: Si me aprietan un poco, la verdad es que me encantaría retratarme delante de las sietemilquinientas puertas amarillas con mis taconazos y bolso baguette color albero y mi vestido verde-central-park. Pero es que para las fechas que son me va a ser imposible; de ahí mi rabia. Uf.
 
Sus majestades de Oriente
Yo aquí revisando las atrocidades que escribí en mi post de ayer, hojeando algún otro blog interesante y cavilando la manera de echar una tarde fabulosa; y mira por donde tendré que tragarme algunas de las palabras de ayer. Porque hoy despotrico de los Reyes Magos y todo su cortejo, que en este 5 de enero -ya no me acordaba- hay cabalgata.

Y encima me llega una especie de fanfarria atravesando el nimio cristal cerrado a cal y canto, que no sé distinguir entre pasodoble y marcha de Semana Santa. Bien parece incluso que se mezcla el sonido de dos bandas de música... Por ahora no hay forma humana de centrarse en arte conceptual ni historias del estilo. Ustedes me disculparán.

Besos, y hasta haber más suerte.



PD: Estoy horrorizada, me ha dado por hojear un poco a través del visillo, y en el cortejo -me pellizco todavía- hay una Virgenmaría de mentira vestida con una sábana o similar montada en una burra, que lleva en ristre un niñoJesús con anorak azul eléctrico. Y, para colmo, un poco detrás, hay una carroza con un muñeco de nieve promocionada por la casa de refrescos más poderosa de la Via Láctea... No gana una para sustos. Ni hay cuerpo para nada.
 
Sobre PAUL McCARTHY y sus navidades encantadoras (I)


¿Qué pensarían de entrar en casa y contemplar a Papa Noel -o Don Coca-Cola según le llamo familiarmente- guarreteando el salón con unos roscos de dulce embarrados en chocolate? ¿Pensarían en lo fabulosa que puede ser la primicia de un nuevo Pollock?

Seguramente llamarían a la policía, o a uno de esos nuevos teléfonos de urgencia que se multiplican invariablemente, tras comprobar atónitos que no se han equivocado de casa.

Si tienen hijos, el sentimiento de alarma sería aún más grave, toda vez que el susodicho papanoel -según he tenido la oportunidad de comprobar- tiene toda la pinta de un sucio pederasta en toda regla. No me tomen por estrecha de mente, ni por obtusa ni nada por el estilo: El papanoel del que les hablo ni siquiera se preocupa de mantener cerrada la cremallera de su entrepierna. Se lo prometo.

Y, no obstante, tengo que confesar que ha sido edificante. En cierta medida, esta apócrifa visión del paladín de las fiestas del solsticio me ha regenerado por dentro. En según qué asuntos yo soy de las chapadas a la antigua, y espero al seis de enero para lo de los regalos. Comprenderán que no soporte a "Don Coca-Cola"... Por una cuestión de principios, no necesariamente bíblicos -aunque todo es posible-, prefiero a esos majestuosos señores en camello.

Fue una brillante decisión la de este artista controvertido, como gustará en llamarlo la prensa formal, la de mancillar salvajemente la celestial imagen que todos nos hemos hecho de Santaclós (gracias al furibundo empeño de la casa de refrescos más poderosa de la Via Láctea).

Y no me tachen de sádica, por Dios; peor actuaron ellos con nuestro San-Nicolás obispo, aquel buenazo al que no había motivos para travestir de borracho en pijama...

Por cierto que aunque dentro de nada se acaba esta orgía intolerable, hasta el 20 de febrero todavía se puede ver esta alucinógena exhibición de Paul McCarthy en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga...

Un besazo y ni sueñen que el tema se ha acabado que todavía queda para rato.

 
BUENOS PROPOSITOS
Buenas, queridos. No me quiero alargar demasiado en este primer post, que ya habra tiempo para mas.

Me estoy empezando a poner un poco nerviosa porque no encuentro la forma de poner la tilde a las palabras, y no se si es problema del blog este o del portatil, vaya usted a saber... Agradeceria que alguien con buena fe me apuntara la manera de hacerlo. Seguro que es una pamplina...