<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[Cuaderno de ELEKTRA]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Todo sobre el arte que DEBES comprar y sobre el que NO DEBES comprar...]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[Liam Gillick - McNamara Motel]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[Liam Gillick - McNamara Motel]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Liam Gillick - McNamara Motel]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_43.htm"><![CDATA[<br/>"Es que es arte conceptual; el arte conceptual es así"...<br/><br/>No basta con el disgusto de ver la exposición de Liam Gillick y quedarse a dos velas; encima hay que soportar ese tipo de sentencias en medio del cátering de inauguración de boca nada menos que de una comisaria de exposiciones. En mi opinión el término comisario siempre ha ido un poco desajustado a su función. Podría interpretarse que esa figura tiene la misión de vigilarlo todo, incluso los posibles desmanes del artista.<br/><br/>Al menos un comisario debe tenerlo todo controlado. <br/><br/><br/><br/>Liam Gillick, un ser extraño que se deleita inverosímilmente con el fútbol a mansalva, ha seleccionado arbitrariamente frases y frasecillas de algún guión que nunca llego a ser película -McNamara Motel- y las ha esparcido simpáticamente por las diáfanas paredes de la sala central del centro de arte.<br/><br/>Liam reconoce que estas frases no guardan relación, que la intención es imposible de vislumbrar. Pretende que nos sentemos en unas bancadas circulares instaladas al efecto y nos dediquemos a buscar sus frasecillas entre las obras completas. Nadie lo hará. Nadie en su sano juicio, quiero decir.<br/><br/>Han pegado letras de vinilo sobre el blanco muro, quieren que nos sintamos como dentro de un libro. Yo sólo siento que faltan cosas... He visto otras actuaciones de Liam Gillick en libros, por ahí, menos conceptuales... Siento decir que en este caso más me parece que ha faltado presupuesto, que no había para cortar al agua sentencias de aluminio, por ejemplo, y suspenderlas del techo. Habría estado más mono, eso seguro, más agradable de ver.<br/><br/>Yo entiendo que todo esto tiene que ver con un tipo de arte autorreferencial, vamos, que alude al ombliguismo:<br/><br/>"Soy una obra de arte porque tengo conciencia de serlo, no pretendan que mi discurso se encuentre fuera, en la linde, ni en el argumento -tan etéreo, tan disipado, tan inexistente-, por surrealista que parezca. Mi discurso está en mi misma presencia, molestándole a usted con mi austeridad fría y rácana. Usted piensa que mi esencia inmaterial -apenas un archivo word que manosean y reenvían de un lado a otro-, tímidamente plasmada sobre el plástico adhesivo final, no puede ser tomada como presencia artística. Piense lo que quiera. Me ha hecho un señor muy honorable desde que alguien en los premios Turner le acusó de ser una mierda. Formo parte de la gran incongruencia británica, ensalzada por Saatchi y mil acólitos. Presumo de incoherencia y antidiscurso, ¿qué más se me ha de exigir?"<br/><br/>Pueden ver la obra de Liam Gillick en Cacmálaga hasta el 6 de noviembre de 2005. Que les aproveche... <br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[me mudo a otro blog!!]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[me mudo a otro blog!!]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[me mudo a otro blog!!]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_42.htm"><![CDATA[Queridos, les aviso que durante un tiempo voy a publicar en dos blogs a la vez, aunque el definitivo será <b><a target="_blank" href="http://www.arte10.com/blogservatorio/index.php/elektra">www.arte10.com/blogservatorio/index.php/elektra</a></b> por invitación expresa de <a target="_blank" href="http://www.arte10.com"><b>Arte10.com</b></a>. Espero que les guste. Besos...]]></content></entry><entry><title><![CDATA[arte en la catedral / centro de arte caja de burgos / chillida en silos]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[arte en la catedral / centro de arte caja de burgos / chillida en silos]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[arte en la catedral / centro de arte caja de burgos / chillida en silos]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_41.htm"><![CDATA[arte en la catedral<br/>miquel navarro / carmen calvo <br/><br/>En pos del gótico; y de sus secuelas. Con tan denodadas intenciones busqué alojamiento en Burgos para unos días en plena canícula. No sólo encontré un maravilloso hotel desparramado en una loma alta, ocupando un antiguo seminario, cuajado por todas partes de climatizadores y moquetas casi estrenadas; también descubrí que el calor parecía haberse marchado a otro lugar; es verdad que a las cuatro de la tarde todavía podía cocerse una bajo el implacable sol castellano, pero yo procesionaba en pos de mis tacones bien entradas las siete, como se dice, con la fresquita.<br/><br/>Había dedicado mi primera mañana a una hipnotizante sesión monográfica en la catedral -ya saben, colección de cálices y tumbas, mil retablos flamígeros con mil historias encaramadas a sus espaldas, mucha piedra y, en medio de todo, la tumba de las tumbas, la del Cid omnipresente en la ciudad-. Como entenderán, tras un repertorio polisémico tan saturado andaba necesitaba de una pizca de abstracción o, en su defecto, de algo más ligero. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050925a.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>El claustro de la catedral de Burgos acogía, para mi regocijo, una sarta de ciudades enteras ordenaditas pieza a pieza como en un maravilloso juego por mi urbanista preferido, Miquel Navarro. A esta altura de la película me cuesta imaginar a un cabildo catedralicio (y encima por estos lares) acogiendo en su seno a un arte anicónico y pseudopagano -no sé si B16 estará muy conforme con estos desatinos que pueden ir en detrimento del orden y la moral-. Pero allí estaban, en formación, todas esas esculturillas en tropel, invadiendo el microcosmos cerrado del patio pétreo; la ciudad de Dios -Hierosolima celeste fraguada con el sudor de muchos- encerrando otra mucho más caótica, más humana y hasta más carnal si cabe, del color del hierro rojizo que un Chillida hubiese sublimado.<br/><br/>En aquel claustro, en medio de la paz que cualquier docena de arcos ojivales aporta necesariamente al espíritu, un osado comparaba la instalación del bueno de Miquel con el día de las fuerzas armadas; y aunque en principio esa voz me irritó -parecía querer compartir sus apreciaciones con el respetable allí presente-, silenciosamente le otorgué algo de razón al buen hombre. Yo también vi unos misiles, unos cañones y hasta algo así como un campamento a la romana...<br/><br/>Los hombres no pueden olvidarse de la guerra, hasta el punto que la guerra misma parece ser nuestra ciudad, inevitable extensión tentacular de conflictos que un día lanzamos al aire y nos incomoda desde cualquier canal de televisión.<br/><br/>La sorpresa, sin embargo, estaba encerrada en una sugerente capilla que linda con el claustro. Allí se levantaba otra urbe, ésta toda argéntea -Dios sabe cómo se nublan mis entendederas con brillos y destellos varios, siempre empeñada en desayunar con diamantes-. Magnífico el pulimento del pavimento, que ejercía un poderoso reflejo -como una laguna estigia con una promesa de felicidad a flote- de la ciudad, sus edificios y sus cementerios. Edificada lingote a lingote, como de luna y nácar, contrapunto de la otra -herrumbrosa, oscura, desordenada-, un burgo moderno.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050925c.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Y dos retablos. Quizá el verdadero reclamo de la exposición; el hecho de que Miquel Navarro y Carmen Calvo hayan ejecutado sendas tablas de altar que habrán de formar parte en el futuro del patrimonio catedralicio. Ambos creadores, puestos de acuerdo, deciden dimensiones y materiales a emplear. Adoro que se decantaran finalmente por la madera dorada, como antaño. Ahora pienso que es una lástima que el oro dejara de formar parte tan pronto de la nobleza del arte. Klimt, por ejemplo, y aunque era un kitsch de su tiempo, lo utilizaba a granel para ostentación de los coleccionistas.<br/><br/>Estas piezas en sí son menos sugerentes que el resto de producción que se exhibía allí. Al anacronismo de hacer retablos en tiempos de laicismo galopante se une una patente inexperiencia en iconografía religiosa. No nos queda muy clara, por ejemplo, la caótica relación entre la cuchillería del retablo de Carmen y el apostolado. La estructura arquitectónica que plantea Miquel, por su parte, resulta del todo abstracta, sin apuntar una dirección clara en su lectura. Estos retablos son, más que nada, vistosos, y desde luego encajan bien en el espacio de la capilla. Aunque yo no suela conformarme con el arte resultón. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050925d.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Las pseudoarqueológicas vitrinas de Carmen, sin embargo, atestadas de reliquias y fósiles, con tanto tiempo encerrado, tantos sentimientos encapsulados, hacían de la galería circundante un maravilloso museo del desencuentro emocional. Por no hablar de sus fotografías retocadas sutilísimamente, provocándonos a un tiempo una sabia ironía sobre los roles sociales establecidos desde los rituales y una inquietante sensación de misterio.<br/><br/>[publicado en lafresa]<br/><br/>centro de arte caja de burgos <br/><br/>Tras una fresca y hermosa noche burgalesa, la mañana se prestó propicia para el paseo. Burgos se ha europeizado rápido; las calles del centro histórico, muy decimonónicas, elegantonas, invitan a andar de acá para allá tonteando. Después de un simbólico desayuno en la plaza mayor -un pellizco a un croissant diminuto y un expresso con muchísimo hielo-, me apetecía visitar el CAB. Iba perfecta para la ocasión -toda de pistacho y complementos vainilla-, y hasta me había puesto mis brazaletes semifenicios labrados por Guillermo Pérez Villalta...<br/><br/>No pensaba que me iba a aburrir tanto con la pintura monocorde de Pedro Calapez. Él recibe elogios por todas partes, pero a mí me parece soso. Había unos cubos de aluminio con la pintura encerrada en el interior; una locura, un desfase. No sólo es de una incomodidad manifiesta el asomarse al interior de los cubos para disfrutar de la pintura; es inevitable encontrarla llena de polvo apenas pasados unos días... <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050925e.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Pero el edificio me compensaba con creces. Tras agotarme irremediablemente con su anodina exhibición de la permanente, acudí a deslumbrarme a la terraza, donde las afiladas agujas de la catedral -como si hubiesen sido colocadas ex profeso a un centenar de pasos para aderezar y no a la inversa- jugaban a la seducción perversa con los volúmenes prismáticos del museo. Allí, saboreando un poco de jazz lejano proviniente de alguna de las azoteas, decidía que la mañana siguiente partiría hacia algún remanso de paz.<br/><br/>[publicado en lafresa]<br/><br/>chillida en silos <br/><br/>Arribé a Silos temprano, convencida de que hallaría la bonanza ansiada... Pagué religiosamente mi ticket -allí debe hacerse todo religiosamente- y dejé para más tarde hacerme con algunos botes de miel de los monjes -auténtica delicatessen para escanciar en contenidas dosis sobre otros placeres-. Quería examinar cuidadosamente todos los capiteles del claustro, cansada de reconocer siempre las mismas fotografías de las rancias enciclopedias. Pero no esperaba toparme de frente con una terrible visita guiada, gritada sin pudor por una inocente estudiante en prácticas que salmodiaba lo aprendido con ahínco. <br/><br/>Tras el martirio llego el remanso. Con las palmas y los estigmas del sufrimiento en mis martilleadas sienes, llegué sin pensarlo a un extremo del claustro, donde se abría una escalera descendente hacia el auténtico éxtasis. Una inesperada exposición de Chillida. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050925b.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Lurras y alabastros y, sobre todo, ligeras gravitaciones de papel rasgado. Para el caso habían sido seleccionadas, sobre todo, aquellas piezas relacionadas con la austera espiritualidad de Juan de la Cruz.<br/><br/>Lástima que la muestra se desarrollara discretamente en un espacio neutro y moderno habilitado al efecto; seguramente habría sido delicioso ver aquellas exquisiteces junto a las sirenas, los grifos y otras criaturas del imaginario románico. No obstante fue como azúcar para mí. Y cuando regresaba, conduciendo sola por esos parajes, envuelta en algo de chill -perfecto para el atardecer-, alabé todos mis aciertos y até fuerte a mi memoria todos aquellos hallazgos.<br/><br/>[publicado en lafresa] <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/00_fotoelektra.jpg" alt="" border="0" width="80" height="122"/><br/>besos]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Declaración de intenciones]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[Declaración de intenciones]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Declaración de intenciones]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_40.htm"><![CDATA[<br/>Comenzaré por preguntarme para qué he ido a parar a un lugar como este...<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050128.jpg" alt="" border="0" width="150" height="156"/><br/><br/>Septiembre es idóneo, tanto o más que el siete de enero, para recapitular en ejercicio zen, despojarme -en sentido figurado- de los lastres remotos y dejar que una fina corriente me embargue. Quizá deba preguntarme por qué siempre he aborrecido a Sorolla -de la mano de Fortuny-, visceralmente, y de la misma forma -desde las tripas, como dice mi <b><a target="_blank" href="http://www.blogs.ya.com/nachoalbert">Nacho Albert</a></b>- me he lanzado a otras piscinas, comprando compulsivamente el oro de Klein y las brechas de Fontana.<br/><br/>Las respuestas llegarán goteando, o no llegarán nunca. <br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[photoespaña 2005]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200507]]></issued><modified><![CDATA[200507]]></modified><created><![CDATA[200507]]></created><summary><![CDATA[photoespaña 2005]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[photoespaña 2005]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_39.htm"><![CDATA[<i>"10:45. Tras una exasperante labor -a la caza de una plaza de aparcamiento- y haberme convencido de que ni mucho menos conozco Madrid como creo, decido mezclarme con la vida intensa de la ciudad. Eso supone, incluso, viajar en un multitudinario vagón de metro. Cómo es media mañana, la climatización aún es posible en el interior de los trenes y ello me hace sonreír positiva..."</i><br/><br/>¿Quieren saber lo que hice hasta las 21:00 h? Les recomiendo pues <a target="_blank" href="http://www.geocities.com/spcompany/00505b.html">este enlace...</a><br/><br/>Este veranito los de lafresa me han dado carta blanca y me han concedido todo un suplemento para mí sola, casi 10000 píxeles de largo toditos de mis ocurrencias. Espero que les guste.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/00_fotoelektra.jpg" alt="" border="0" width="80" height="122"/><br/><br/>besos]]></content></entry><entry><title><![CDATA[TF]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200507]]></issued><modified><![CDATA[200507]]></modified><created><![CDATA[200507]]></created><summary><![CDATA[TF]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[TF]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_38.htm"><![CDATA[La exposición de Teresita Fernández ha gustado muy especialmente a la gente más esnob de toda la que conozco. Ellos, los que se asquean con la mayoría de la pintura –indiscriminadamente- y sólo se llevan la hoja de sala a casa si hace juego con su colección –nada de digerir elucubraciones insípidas-. Y lo que más me hiere de esta cuestión es reconocer –ahora- que a mí también me ha gustado esa exposición. ¿Creen ustedes que soy demasiado superficial? ¿Eso se adivina de lo poquito que me leen?<br/><br/>En teoría –en la teoría de los catálogos, sobre todo- la artista pergeña sus creaciones como interrelación de varios factores abstractos; <i>la imagen mental como acto de habla, la naturaleza como construcción, lo arquitectónico como espacio y lugar de representación, y lo simbólico como experiencia del sujeto</i>. Todas estas apelaciones al parecer son legibles en la instalación. Evidentemente, suelo leer los catálogos inmediatamente después de haber visitado el centro de arte, nunca antes. Me siento a la defensiva.<br/><br/>Es que, irremediablemente, y a pesar del profundísimo lenguaje en que nos habla Teresita –el de los conceptos absolutos-, sus obras nos resultan del todo <i>chic </i>en un remedo de los catálogos más límpidos de la decoración moderna. Probablemente tenga que ver lo sofisticadísimo de los materiales empleados y la pulcritud con que han sido tratados –con apariencia casi industrial de los acabados-.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050704b.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Rodeando esa especie de fuego fatuo de hilos de seda, caminando al ritmo procesional que me hube impuesto para ajustar el inevitable <i>clac-clac</i> de los tacones al biorritmo propio de la llamarada, y puesto que la idea esencial del fuego apenas me conmueve (no recuerdo, y tocaremos madera, ningún episodio singular en que dicho elemento haya quebrantado un ápice de mi sosiego), acabé dilucidando si el traslúcido cilindro sería una buena elección junto a mi sofá –del que creo haberles hablado en alguna ocasión-. Forzosamente, un objeto de marca. De la <i>fashionable </i><b>TF</b>.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050704.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Del mismo modo obré con las preciosas plataformas de aluminio pintado y recubiertas de bolitas de cristal –metáforas de la lava volcánica-, que irremediablemente imaginé un poco más altas, con unas tazas de café sobre ellas, alguna revista, un par de libros de meditación zen y un cenicero...<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050704c.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Los cubitos de vidrio que poblaban una de las paredes –en irradiación solar- terminaron de convencerme... Teresita Fernández, por más que verse de ideas primarias y comprensibles a todos, por más que trate de despertar un resorte que nos anima a desenterrar una visión eidética que hemos fabricado de cada pieza de la naturaleza cambiante, también se preocupa (y mucho, entiendo) de un acabado objetivamente glacial y suntuoso, quizá innecesario, pero que le augura como devotos y como clientes a los esclavos del estilismo.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050704d.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Ante los lienzos que representan humo me extasié lentamente. El título original en ingles –<i>smoke</i>- me invitaba sensualmente a sentir placenteramente todo el sahumerio de un cigarrillo, casi a perfumarme interiormente como incensándome el alma... Lo peor vino cuando me arrimé a escasos centímetros de uno de los cuadros. Exquisitamente, Teresita confecciona sus pinturas a partir de pequeñas herramientas modulares, en este caso diminutos círculos que –tramados y superpuestos- conforman la textura etérea deseada. En un instante la visualicé probablemente realizando aquellos círculos con una herramienta apropiada, y pensé que al menos <i>sabe hacer la “o” con un canuto</i>. Ese pensamiento vulgar y casi obsceno –en <a target="_blank" href="http://www.cacmalaga.org"><b>el <i>sanctasanctorum </i>de Fernando Francés</b>- </a>me provocó una risa incontrolada y un desvarío extremo. Nada que no ahogue un café espeso como el que sirven en la cafetería del centro de arte.<br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Burgos y los retablos más fashion del mundo]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200506]]></issued><modified><![CDATA[200506]]></modified><created><![CDATA[200506]]></created><summary><![CDATA[Burgos y los retablos más fashion del mundo]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Burgos y los retablos más fashion del mundo]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_37.htm"><![CDATA[Leo con fruición en una de las escasas revistas de arte que consigo -aquí apenas me llegan dos y con dificultad- que religión y arte se aunan de nuevo bajo el inefable prisma de la modernidad. El cofre maravilloso que albergará el encuentro, la catedral de Burgos; los artistas afortunados por la comitencia, <b>Carmen Calvo</b> -no nuestra flamante ministra, que parece hacer de su propia existencia una obra de arte- y <b>Miquel Navarro</b>, de quien precisamente <b><a target="_blank" href="http://www.geocities.com/la_fresa_004/005_04.html">he tenido la ocasión de hablar hace muy poco</a></b>...<br/><br/>En cuanto al lugar del evento, diré con entusiasmo que cierto afán desinfectante ha devuelto a su carcasa una falsa pátina de pulcritud que el edificio nunca tuvo (si tenemos en cuenta los lapsos de tiempo en que fue construida y reformada la catedral de Burgos, no tardaremos en apreciar que el tono de su piel jamás fue uniforme, de lo cual se deduce que el níveo esplendor que ahora luce es una desconcertante ilusión). Restaurar se está convirtiendo en decidir un nuevo aspecto para las cosas, el color con que nos sentiremos más cómodos, mejor todo reluciente y que de nuevo la cruel deidad castrante lo vaya barnizando todo de mugrienta historia, pero de un deseable modo uniforme...<br/><br/>Decía, o mejor empiezo a decir, que el cabildo catedralicio burgalés -y gracias al fuerte empeño de la caja de ahorros local, acreedora de un competitivo centro de arte contemporáneo- encargó -al modo de aquellos mecenas acaudalados, pero sin verdadera pasión- dos retablos a estos modernos artistas españoles.<br/><br/>Ya en sí parece una broma lo de encargar retablos a estas alturas; al fin y al cabo es la propia Iglesia la que ha renegado de ellos, como se reniega de un hijo proscrito y decepcionante que sólo ha proporcionado quebraderos de cabeza. Leyendo la noticia a secas, y tras el gran chiste pintado por Kiko en la Almudena, tiemblo como un calcetín escualido tendido a su suerte en un cordel bajo la inhóspita noche ventosa de marzo...<br/><br/>Luego veo las deslumbrantes fotos del reportaje; sendos artistas posando afables ante sus extraños retablos, que fueron concebidos en una escala más bien modesta y poco deudora de lo que nuestra deformada y barroca percepción entiende por el vocablo "retablo".<br/><br/>De un primer vistazo deduzco que son agradables a la vista, cuanto menos. Y pienso que no desentonan vilmente con las tablas góticas de cualquier catedral decente... El pan de oro, que todo lo que viste lo trastoca y lo utima, es el elemento dominante. Al fin y al cabo, antes que tirarlo al río -como el chalado de Yves, que hizo lo propio en el Sena en su momento conceptual más fanático- bien está el oro en las iglesias, simbolizando una y mil veces más la luz divina de la que el hombre de hoy se ha olvidado.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050609.jpg" alt="" border="0" width="150" height="152"/><br/><br/>Sin embargo, y de miradas postreras -ojo, en la revista, que con el calor que hace no paso por Burgos así de alegremente-, me decepciona un poco el discurso de estas límpidas tablas de altar. Y concluyo que Miquel debe seguir a lo suyo, con las maravillosas maquetitas despiezadas, y Carmen, tres cuartos de lo mismo, a hacer vudú en fotos viejas de mercadillo y a acumular basurilla familiar en vitrinas reconfortantes. Y que estos comentarios no sirvan para hacer pensar a nadie, ni siquiera a la buena de Julia (vaya aquí una sonrisa), que no admiro a los susodichos. De buena gana me compraba alguna cosita para el museo que pienso abrir algún día. <br/><br/>Simplemente no me los creo. A Carmen, tan ordenada, situando en cuadrícula inerte tanta cuchillería enmohecida -primero se me vino a las mientes que aquello era un nuevo viacrucis imposible, y no obstante era un caótico y críptico apostolado-. Me horroriza la forma tan pulcra en que está todo dispuesto, como un muestrario, tan lejana a lo que esos instrumentos de la pasión debieran inspirar.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050608.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>A Miquel no le perdono como trabaja la madera, en una suerte de planchas recortadas en plano que le desdicen del todo habida cuenta de lo que sabe hacer con el metal o la piedra. Parece hecho con desgana, y que me perdone el artista. Y desde luego me resisto a encontrar la simbología en sus casitas y casazas, son un pretexto para evitar sumergirse en el catolicismo triunfante.<br/><br/>Mi conclusión es que todo esto es una excusa para llevar gente a la exposición en el veranito desapacible de Castilla, y apenas algo más. Un invento pergeñado con el <i>merchandising </i>más fino, hilado con astucia de serpientes, y que arrastrará mis tacones hasta allí muy a pesar de mis pensamientos. Pues una acaba sucumbiendo ante las cosas más raras, aunque sea sólo para comprobar in situ si la cosa funciona, y de camino castigarme un poco en el Mesón del Cid con yantares excesivos y caldos exquisitos.<br/><br/>A ver si hago propósito de enmienda y me reconcilio con todos, que últimamente toda la corriente me viene de cara. Besazos.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[atención]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200505]]></issued><modified><![CDATA[200505]]></modified><created><![CDATA[200505]]></created><summary><![CDATA[atención]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[atención]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_36.htm"><![CDATA[Por Dios, no vayan ustedes a esquivar el comentario de <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/elektra/c_35.htm#comment_1"><b>Julia </b></a>acerca de mi artículo anterior; no tiene desperdicio...<br/><br/>Es lo más apasionado, lo más visceral y probablemente incluso de lo más artístico que me han escrito en todo este tiempo. Vaya desde aquí mi encendido agradecimiento a la buena de Julia; esto y no otras soserías es lo que mantiene encendido el interés por el arte y la cultura. <br/><br/>Se me olvidaba; un beso.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/00_fotoelektra.jpg" alt="" border="0" width="80" height="122"/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[el British burlado]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200505]]></issued><modified><![CDATA[200505]]></modified><created><![CDATA[200505]]></created><summary><![CDATA[el British burlado]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[el British burlado]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_35.htm"><![CDATA[El <a target="_blank" href="http://www.thebritishmuseum.ac.uk/"><b>British </b></a>es un lugar repugnante. No tengo ganas de poner límites a mi lengua, queridos; sólo el olor a fritanga, que bulle por todas las salas, ya hace merecedor a este museo del calificativo empleado. La cafetería del <a target="_blank" href="http://www.thebritishmuseum.ac.uk/"><b>British</b></a>, al menos hace relativamente poco tiempo, lo impregnaba todo, como espacio poroso e intercomunicado que es el museo...<br/><br/>Y en esa nauseabunda hediondez, como pez en el agua, las vulgares ordas campean a sus anchas por los pasillos, asiéndose familiarmente a cualquier bulto que les parece antiguo: un busto egipcio, un capitel armenio, da lo mismo. El caso es llevarse el <i>souvenir </i>virtual -una imagen digital de escaso coste encapsulada en un móvil de última generación, imagen por demás mal encuadrada y enfocada-, el turista dejando su impronta -su aroma axiláceo para siempre prendado a tesoros de la antigua Grecia-, una visita por demás desagradecida y un recuerdo imborrable.<br/><br/>Es evidente que no hay mucho tino en el modo en que se gestiona todo ese arte almacenado, sobre todo a la hora de garantizar su conservación. <br/><br/>No sé si es la democratización del Museo lo que nos ha llevado a tan deleznable situación. Pero la gente sale muy contenta y una, tan melindrosa, se escabulle horrorizada. Porque yo, amigos míos, encuentro una erótica fascinante en el no tocar y en el no acercarse demasiado, en las barreras invisibles, en el saberse vigilado durante el disfrute artístico... Toco sólo el arte que compro, y ello me produce un ingénuo placer secreto.<br/><br/>Si me hacen rememorar, hace algunos años que viví una experiencia más que extraordinaria -para mi acervo- en el Palacio Pitti de Florencia. En sus salas dedicadas a la pintura moderna -impresionistas y demás- habíase instalado un eficaz sistema de zumbidos agudos hasta niveles insufribles, que daban la voz siempre que el visitante se arrimaba a menos de tres palmos de cualquier pared. Los sensores eran increiblemente efectivos, tanto que propinaban un férreo dolor de cabeza al visitante. Una podía acostumbrarse -al tercer zumbido o así- a la distancia acordada; pero durante el resto de la visita seguía escuchando los postreros zumbidos que ocasionaban otros advenedizos más torpes...<br/><br/>Entiéndanme. Yo no abogo por esos sistemas que coaccionan la mirada (aquellos cuadros secundones eran todos muy pequeños y forzosamente debía acercarme). Pero, ante el libertinaje observado en el <b><a target="_blank" href="http://www.thebritishmuseum.ac.uk/">British Museum</a></b>, no puedo menos que regocijarme por la última trastada de <a target="_blank" href="http://www.banksy.co.uk/"><b>Banksy</b></a>.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050524.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Para quien no esté al tanto, <a target="_blank" href="http://www.banksy.co.uk/"><b>Banksy </b></a>es un graffitero presuntuoso que de seguro está inscrito en el movimiento anti-globalización con todas las de la ley. Alguien que ostenta en su currículum diversas acciones de <i>terrorismo artístico </i>-como afinan los más alarmistas- en los museos más prestigiosos del mundo <i>civilizado</i>... Llega, cuela la obrita en cuestión, la fija en el muro vete a saber con qué, coloca la omnipresente cartela, y se va tan pancho. Y a veces tiene el gustazo de convocar un concursillo para que algún avispado vaya y se fotografíe junto a la intrusa pieza.<br/><br/>No habrá que esperar mucho para ver como se le dedica a esta pandillita un capitulito en el <b>Summa Artis</b>; dentro de nada se catalogará como una eminente manera de arte <i>accionista</i>, y entonces, por fin, ese <i>arte </i>dejará de tener sentido. Y poblará nuestros centros de arte, para nuestras maravilladas entendederas.<br/><br/>Yo, por supuesto, no es que aplauda al <i>artista</i>. Lo de colar una tontería en un lugar serio de exposiciones queda desfasado desde el famosísimo orinal que todos conocemos -un icono influyente hasta el paroxismo, según los <i>rankins </i>más severos-. Y además no hace tanto de otro engreído que hizo lo propio en el <a target="_blank" href="http://www.guggenheim-bilbao.es"><b>Guggenheim</b></a>. Pero que sirva por lo menos para evidenciar el descuido, oiga.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050523.jpg" alt="" border="0" width="150" height="150"/><br/><br/>Yendo al objeto de nuestra cólera, diremos que nos parece por demás una pamplina lo del señor con carrito comprando bisontes en un supermercado del mesolítico. Ni críticas al capitalismo/consumismo ni pamemas. Y lo de la valentía, algo más que discutible en un mercadillo persa como el <b><a target="_blank" href="http://www.thebritishmuseum.ac.uk/">British</a></b>.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/00_fotoelektra2.jpg" alt="" border="0" width="81" height="123"/><br/><br/>Escribo solamente por revancha.<br/><br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[the new barbarians]]></title><link rel="Cuaderno de ELEKTRA" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elektra/atom.xml" title="Cuaderno de ELEKTRA"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200505]]></issued><modified><![CDATA[200505]]></modified><created><![CDATA[200505]]></created><summary><![CDATA[the new barbarians]]></summary><author><name><![CDATA[Elektra]]></name></author><dc:subject><![CDATA[the new barbarians]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elektra/c_34.htm"><![CDATA[Esperábamos basura. Como lo oyen. En tantos cafés con las que tejen los tejemanejes (vaya redundancia horrorosa; si no retrocedo y borro es por lo de la frescura que tiene que respirarse en un <i>blog</i>, o eso he leído por ahí) del <b><a target="_blank" href="http://www.cacmalaga.org">centro de arte </a></b>se nos prometían montañas de basura.<br/><br/>No al estilo de <b>Thomas Hirschorn</b> -a saber si lo he escrito bien; no tengo el catálogo a mano-, que usa la basura como arma comprometida contra el difícil mundo este que nos tocó poblar... Más bien como pretexto para bonitos autorretratos. <b>Tim Noble y Sue Webster</b> solían componer megalómanas acumulaciones de resíduos propios -que insistencia en la basurilla de artista, la culpa la tiene el que enlató su propia mierda, con perdón- sobre las que, proyectando los convenientes haces de luz en un recinto lóbrego, se construían hábiles sombras que se materializaban, chinescas y asombrosas, en la pared de fondo...<br/><br/>No obstante, llegado el momento del desembarco, arriba también la decepción. La pareja de artistas quiere exponer dos esculturas ocupando una espaciosa sala inmaculada iluminada de modo hiriente para nuestras córneas. Nada de misterio, de sombras chinescas ni de artificio alguno con que destapar las bocas de la chiquillería y airear los "<i>ohes</i>" inminentes...<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050513.jpg" alt="" border="0" width="150" height="151"/><br/><br/>Penetro en la sala, tras oxigenarme con los lienzos panorámicos de <b>Álex Katz</b> -¿han leido mi último bocado en <a target="_blank" href="http://www.geocities.com/la_fresa_004/00503.html"><b>lafresa</b></a>?-, y freno irremediablemente -desafiando el equilibrio, como siempre, sobre un modelo ultimísimo de sandalias/torre anudadas todo lo largo del espinillar-. En presencia de una más que aburrida señorita de sala -parece que lee una novela de bolsillo que la tiene desesperada, nunca se le acaba- dos homínidos lampiños y extrañados caminan sobre el lecho frío y níveo que se ha instalado para la ocasión.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/0050512.jpg" alt="" border="0" width="150" height="152"/><br/><br/>Tienen esa apariencia hiperrealista tan plastificada que quieren ostentar todos estos nuevos escultores, preocupados por mostrarnos un virtuosismo sistemático que aniquile cualquier duda acerca de la categoría de la obra. Policroman sus imágenes dotándolas de un soplo vital casi religioso, y nos las plantan en el <i>tableau vivant</i> de las salas de exposiciones, a falta de una carroza o paso procesional... (ya les gustaría a ellos sacarlas a la calle, ya...)<br/><br/>Inevitablemente -porque ellos llevan media vida empeñados en autorreproducirse y ser tan conocidos como <b>Gilbert & George</b>-, los propios rostros de los artistas son los que ostentan las en cierto sentido repugnantes figuras. Lo de repugnante va sin tono asqueado, más bien en una gélida objetividad de la que hago gala cada mañana cuando me levanto, que conste.<br/><br/>Un matrimonio entre la perplejidad y la astucia; el reparto de roles vuelve a asignar a ella -la mona más bajita- el papel de quedarse alucinada sin más, mientras a él -el mono de quijada más prominente- se le adjudica la propiedad de arropar/proteger al género complementario. Todo ello en medio de un paisaje ¿desolador? Si una sala de arte puede ser desoladora, pues eso. Parece que hayan escapado de un holocausto, dicen algunos, o que no les quede nadie en este mundo o yo qué se... <br/><br/>Leo muchas cosas en la hoja de sala y en el catálogo, pero ante estos preciosos <i>ninots </i>-no se confundan, no tiene por qué arder nada... es que me recuerdan un poco a los <i>ninots </i>con ese barniz- me quedo tan en blanco como el suelo. Eso sí, la estampa me obliga a permanecer más tiempo del acostumbrado en pie, y a pensar que deberíamos proponer un final para esa historia...<br/><br/>¿Cuál se les ocurre? <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/elektra/files/00_fotoelektra.jpg" alt="" border="0" width="80" height="122"/>]]></content></entry></feed>
