el British burlado
El British es un lugar repugnante. No tengo ganas de poner límites a mi lengua, queridos; sólo el olor a fritanga, que bulle por todas las salas, ya hace merecedor a este museo del calificativo empleado. La cafetería del British, al menos hace relativamente poco tiempo, lo impregnaba todo, como espacio poroso e intercomunicado que es el museo...
Y en esa nauseabunda hediondez, como pez en el agua, las vulgares ordas campean a sus anchas por los pasillos, asiéndose familiarmente a cualquier bulto que les parece antiguo: un busto egipcio, un capitel armenio, da lo mismo. El caso es llevarse el souvenir virtual -una imagen digital de escaso coste encapsulada en un móvil de última generación, imagen por demás mal encuadrada y enfocada-, el turista dejando su impronta -su aroma axiláceo para siempre prendado a tesoros de la antigua Grecia-, una visita por demás desagradecida y un recuerdo imborrable.
Es evidente que no hay mucho tino en el modo en que se gestiona todo ese arte almacenado, sobre todo a la hora de garantizar su conservación.
No sé si es la democratización del Museo lo que nos ha llevado a tan deleznable situación. Pero la gente sale muy contenta y una, tan melindrosa, se escabulle horrorizada. Porque yo, amigos míos, encuentro una erótica fascinante en el no tocar y en el no acercarse demasiado, en las barreras invisibles, en el saberse vigilado durante el disfrute artístico... Toco sólo el arte que compro, y ello me produce un ingénuo placer secreto.
Si me hacen rememorar, hace algunos años que viví una experiencia más que extraordinaria -para mi acervo- en el Palacio Pitti de Florencia. En sus salas dedicadas a la pintura moderna -impresionistas y demás- habíase instalado un eficaz sistema de zumbidos agudos hasta niveles insufribles, que daban la voz siempre que el visitante se arrimaba a menos de tres palmos de cualquier pared. Los sensores eran increiblemente efectivos, tanto que propinaban un férreo dolor de cabeza al visitante. Una podía acostumbrarse -al tercer zumbido o así- a la distancia acordada; pero durante el resto de la visita seguía escuchando los postreros zumbidos que ocasionaban otros advenedizos más torpes...
Entiéndanme. Yo no abogo por esos sistemas que coaccionan la mirada (aquellos cuadros secundones eran todos muy pequeños y forzosamente debía acercarme). Pero, ante el libertinaje observado en el British Museum, no puedo menos que regocijarme por la última trastada de Banksy.

Para quien no esté al tanto, Banksy es un graffitero presuntuoso que de seguro está inscrito en el movimiento anti-globalización con todas las de la ley. Alguien que ostenta en su currículum diversas acciones de terrorismo artístico -como afinan los más alarmistas- en los museos más prestigiosos del mundo civilizado... Llega, cuela la obrita en cuestión, la fija en el muro vete a saber con qué, coloca la omnipresente cartela, y se va tan pancho. Y a veces tiene el gustazo de convocar un concursillo para que algún avispado vaya y se fotografíe junto a la intrusa pieza.
No habrá que esperar mucho para ver como se le dedica a esta pandillita un capitulito en el Summa Artis; dentro de nada se catalogará como una eminente manera de arte accionista, y entonces, por fin, ese arte dejará de tener sentido. Y poblará nuestros centros de arte, para nuestras maravilladas entendederas.
Yo, por supuesto, no es que aplauda al artista. Lo de colar una tontería en un lugar serio de exposiciones queda desfasado desde el famosísimo orinal que todos conocemos -un icono influyente hasta el paroxismo, según los rankins más severos-. Y además no hace tanto de otro engreído que hizo lo propio en el Guggenheim. Pero que sirva por lo menos para evidenciar el descuido, oiga.

Yendo al objeto de nuestra cólera, diremos que nos parece por demás una pamplina lo del señor con carrito comprando bisontes en un supermercado del mesolítico. Ni críticas al capitalismo/consumismo ni pamemas. Y lo de la valentía, algo más que discutible en un mercadillo persa como el British.

Escribo solamente por revancha.
Y en esa nauseabunda hediondez, como pez en el agua, las vulgares ordas campean a sus anchas por los pasillos, asiéndose familiarmente a cualquier bulto que les parece antiguo: un busto egipcio, un capitel armenio, da lo mismo. El caso es llevarse el souvenir virtual -una imagen digital de escaso coste encapsulada en un móvil de última generación, imagen por demás mal encuadrada y enfocada-, el turista dejando su impronta -su aroma axiláceo para siempre prendado a tesoros de la antigua Grecia-, una visita por demás desagradecida y un recuerdo imborrable.
Es evidente que no hay mucho tino en el modo en que se gestiona todo ese arte almacenado, sobre todo a la hora de garantizar su conservación.
No sé si es la democratización del Museo lo que nos ha llevado a tan deleznable situación. Pero la gente sale muy contenta y una, tan melindrosa, se escabulle horrorizada. Porque yo, amigos míos, encuentro una erótica fascinante en el no tocar y en el no acercarse demasiado, en las barreras invisibles, en el saberse vigilado durante el disfrute artístico... Toco sólo el arte que compro, y ello me produce un ingénuo placer secreto.
Si me hacen rememorar, hace algunos años que viví una experiencia más que extraordinaria -para mi acervo- en el Palacio Pitti de Florencia. En sus salas dedicadas a la pintura moderna -impresionistas y demás- habíase instalado un eficaz sistema de zumbidos agudos hasta niveles insufribles, que daban la voz siempre que el visitante se arrimaba a menos de tres palmos de cualquier pared. Los sensores eran increiblemente efectivos, tanto que propinaban un férreo dolor de cabeza al visitante. Una podía acostumbrarse -al tercer zumbido o así- a la distancia acordada; pero durante el resto de la visita seguía escuchando los postreros zumbidos que ocasionaban otros advenedizos más torpes...
Entiéndanme. Yo no abogo por esos sistemas que coaccionan la mirada (aquellos cuadros secundones eran todos muy pequeños y forzosamente debía acercarme). Pero, ante el libertinaje observado en el British Museum, no puedo menos que regocijarme por la última trastada de Banksy.

Para quien no esté al tanto, Banksy es un graffitero presuntuoso que de seguro está inscrito en el movimiento anti-globalización con todas las de la ley. Alguien que ostenta en su currículum diversas acciones de terrorismo artístico -como afinan los más alarmistas- en los museos más prestigiosos del mundo civilizado... Llega, cuela la obrita en cuestión, la fija en el muro vete a saber con qué, coloca la omnipresente cartela, y se va tan pancho. Y a veces tiene el gustazo de convocar un concursillo para que algún avispado vaya y se fotografíe junto a la intrusa pieza.
No habrá que esperar mucho para ver como se le dedica a esta pandillita un capitulito en el Summa Artis; dentro de nada se catalogará como una eminente manera de arte accionista, y entonces, por fin, ese arte dejará de tener sentido. Y poblará nuestros centros de arte, para nuestras maravilladas entendederas.
Yo, por supuesto, no es que aplauda al artista. Lo de colar una tontería en un lugar serio de exposiciones queda desfasado desde el famosísimo orinal que todos conocemos -un icono influyente hasta el paroxismo, según los rankins más severos-. Y además no hace tanto de otro engreído que hizo lo propio en el Guggenheim. Pero que sirva por lo menos para evidenciar el descuido, oiga.

Yendo al objeto de nuestra cólera, diremos que nos parece por demás una pamplina lo del señor con carrito comprando bisontes en un supermercado del mesolítico. Ni críticas al capitalismo/consumismo ni pamemas. Y lo de la valentía, algo más que discutible en un mercadillo persa como el British.

Escribo solamente por revancha.
Comentario:
http://www.banksy.co.uk
Esto es arte y no lo que viene en tus libros, boba que te
lo crees todo.
Esto es arte y no lo que viene en tus libros, boba que te
lo crees todo.
Comentario:
Jejejeje, la verdad es que es muy entretenido leeros. No disculpo ni a una ni a otra. Quiero apuntar al resto de lectores que la url correcta de la web del grafitero es www.banksy.co.uk
Comentario:
He leído muchas estupideces sobre arte y su mundillo rémora de entendidos de tercera regional, de calientatarros baratos y de pestosos seborreicos que me quieren explicar el mundo; no suelo contestar por pereza ante tanta mugre ajena, pero lo tuyo chica... lo tuyo supera mucho de lo visto, no sólo por lo cutre de tu blog si no por lo escasito y lamentable de su contenido.
Nunca hubiera dicho nada si no fuera por tu última contribución sobre lo del British, querida, parece que te estoy viendo...
Con tus cuatro amigas del área de cultura de cualquier ayuntamiento de mierda o cualquier delegación de cultura mohosa, con vuestro viajecito de quince días a Florencia, comprado de oferta en Halcón viajes un mes antes por la mas avispada y clase turista con hotelito dos estrellas superior media pensión y hala, con los tintes aún oliendo a recorrer Florencia y sacar chistes fáciles con la emoción de haber dejado a vuestros estupefactos amiguetes en casa y a los mariditos en su curro.
Alla van con su superioridad cateta a ver el ARTE y a poner las cosas en su sitio, SOIS LAS COMADRES DEL ARTE, las que escriben y comentan la jugada con arsénico sólo por revancha, las que la sociedad del bienestar les da un atalaya falsa con su sueldecito de funcionario , con su trabajar en el campo de la cultura y sus cuatro libros básicos como puntos cardinales, eso sí, debajo de la revista TELVA.
Que hables de democratización... tu?, si para tí el arte debería de darse en gotitas a la élite sedienta, si deberían poner sistemas de zumbidos hasta para acercarse a tu mesita gris de despacho, no fueran a pegarte el olor; yo pienso que deberías decir la verdad de lo que piensas y deberían poner alambradas electrificadas, o cerrar los museos a los visitantes de masas de festivos o fines de semana, o mejor aún, cerrar las galerías de arte y que el arte nos lo explicaras tu.
So lista.
Nunca hubiera dicho nada si no fuera por tu última contribución sobre lo del British, querida, parece que te estoy viendo...
Con tus cuatro amigas del área de cultura de cualquier ayuntamiento de mierda o cualquier delegación de cultura mohosa, con vuestro viajecito de quince días a Florencia, comprado de oferta en Halcón viajes un mes antes por la mas avispada y clase turista con hotelito dos estrellas superior media pensión y hala, con los tintes aún oliendo a recorrer Florencia y sacar chistes fáciles con la emoción de haber dejado a vuestros estupefactos amiguetes en casa y a los mariditos en su curro.
Alla van con su superioridad cateta a ver el ARTE y a poner las cosas en su sitio, SOIS LAS COMADRES DEL ARTE, las que escriben y comentan la jugada con arsénico sólo por revancha, las que la sociedad del bienestar les da un atalaya falsa con su sueldecito de funcionario , con su trabajar en el campo de la cultura y sus cuatro libros básicos como puntos cardinales, eso sí, debajo de la revista TELVA.
Que hables de democratización... tu?, si para tí el arte debería de darse en gotitas a la élite sedienta, si deberían poner sistemas de zumbidos hasta para acercarse a tu mesita gris de despacho, no fueran a pegarte el olor; yo pienso que deberías decir la verdad de lo que piensas y deberían poner alambradas electrificadas, o cerrar los museos a los visitantes de masas de festivos o fines de semana, o mejor aún, cerrar las galerías de arte y que el arte nos lo explicaras tu.
So lista.





