Declaración de intenciones
Comenzaré por preguntarme para qué he ido a parar a un lugar como este...

Septiembre es idóneo, tanto o más que el siete de enero, para recapitular en ejercicio zen, despojarme -en sentido figurado- de los lastres remotos y dejar que una fina corriente me embargue. Quizá deba preguntarme por qué siempre he aborrecido a Sorolla -de la mano de Fortuny-, visceralmente, y de la misma forma -desde las tripas, como dice mi Nacho Albert- me he lanzado a otras piscinas, comprando compulsivamente el oro de Klein y las brechas de Fontana.
Las respuestas llegarán goteando, o no llegarán nunca.
Comentario:
te amo
Comentario:
Para qué has llegado a este lugar.
Quizá para, como diría Fontana, celebrar un arte libre de artificios estéticos que se acerca a lo que de verdad hay en el hombre más que una copia del paisaje o la costumbre.
Quizá para, como diría Klein, contarnos cómo líneas, contornos, perspectivas, formas, composiciones, no parecen sino barrotes en la ventana de una prisión.
Quizá para, como Klein, citar a Bachelard: "Primero es la nada, después es la nada profunda, después el azul profundo".
Sorolla y Fortuny son el paradigma de lo folclórico. Son los Norman Rockwell españoles. Allá su público.
Petons.
Quizá para, como diría Fontana, celebrar un arte libre de artificios estéticos que se acerca a lo que de verdad hay en el hombre más que una copia del paisaje o la costumbre.
Quizá para, como diría Klein, contarnos cómo líneas, contornos, perspectivas, formas, composiciones, no parecen sino barrotes en la ventana de una prisión.
Quizá para, como Klein, citar a Bachelard: "Primero es la nada, después es la nada profunda, después el azul profundo".
Sorolla y Fortuny son el paradigma de lo folclórico. Son los Norman Rockwell españoles. Allá su público.
Petons.





