Hoy se cumplen 3 años
Valencia, 3 de julio de 2006. El mes había arrancado con calor, como todos los años. Aquel lunes fue una mañana más, con los termómetros marcando 30 grados, el tráfico trufando el ambiente de la ciudad y las vacaciones perfilando el horizonte de los más afortunados. La ciudad vivía inmersa en los preparativos de la visita del Papa. Por aquel entonces lo de la crisis se mantenía en el terreno de lo utópico.
De la realidad del cielo abierto a la del subsuelo se abrió un abismo alrededor de las 13 horas. La UTA 3736, una de las unidades más antiguas de la red, iba a ser la protagonista de la mayor tragedia ferroviaria de la historia reciente de España. El tren cruzó la curva anterior a la estación de Jesús a 80 kilómetros por hora. La velocidad máxima era de 40. El vagón, repleto de viajeros, volcó.
El silencio fue el único dueño del instante posterior al accidente. Y, a continuación, gritos de ayuda, lamentos y niños llorando. Unos minutos más tarde, la melodía de decenas de móviles decretaba que la tragedia se había consumado.
Eran los familiares, temerosos de que sus seres queridos viajaran en ese metro. 43 personas nunca más respondieron a ninguna llamada.
Sin palabras...
De la realidad del cielo abierto a la del subsuelo se abrió un abismo alrededor de las 13 horas. La UTA 3736, una de las unidades más antiguas de la red, iba a ser la protagonista de la mayor tragedia ferroviaria de la historia reciente de España. El tren cruzó la curva anterior a la estación de Jesús a 80 kilómetros por hora. La velocidad máxima era de 40. El vagón, repleto de viajeros, volcó.
El silencio fue el único dueño del instante posterior al accidente. Y, a continuación, gritos de ayuda, lamentos y niños llorando. Unos minutos más tarde, la melodía de decenas de móviles decretaba que la tragedia se había consumado.
Eran los familiares, temerosos de que sus seres queridos viajaran en ese metro. 43 personas nunca más respondieron a ninguna llamada.
Sin palabras...





