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Walter Brennan: “¿Le ha picado alguna vez una abeja muerta?”
Quisiera rendir tributo a los grandes secundarios del cine, a aquellos que robaron minutos de gloria a las grandes estrellas eclipsándolas con su saber hacer y modestia consiguiendo que las películas se llenaran de matices. Muchas veces no consigues recordar la trama argumental de una película con total claridad, pero sí aquel actor al que le cogiste tanto cariño y cuyas frases nunca olvidarás.

El director que mejor representa para mi este tipo de cine es John Ford. Sus escenas en la que todos los personajes se emborrachan llenos de compañerismo (el mismo Ford era bastante dado a la bebida...) o bailan felices al son de “My Darling Clementine” provocan que el espectador se sienta uno de ellos. Estoy seguro de que los actores se lo pasaban en grande con él, no en vano se rodeó de una camarilla que luego pasó a llamarse los “actores fordianos” (John Wayne, Victor Mclaglen, Maureen O’Hara, Ward Bond, Pedro Armendáriz, Barry Fitzgerald, Woody Stroode... y un largo etcétera).

Como se puede ver en el título, hoy hablaremos de Walter Brennan, un nombre muy conocido para los amantes del Cine Clásico y del Western, que es el máximo exponente de estos secundarios de los que hablo. No es casualidad que consiguiera tres Oscar a lo largo de su carrera por “Rivales” (1936) de Howard Hawks, “Kentucky” (1938) de David Butler y “El Forastero” (1940) de William Wyler. Todos ellos al mejor secundario, y estoy seguro de que podría haber ganado más, pero parece que la Academia se acostumbró a su savoir faire, pues sus papeles más recordados y admirados son los posteriores a esos trabajos. Un hecho importante en su carrera fue que tuvo un accidente en 1932 en el que perdió la mayoría de su dentadura, lo que le forzó a representar papeles de mayor edad de la que poseía y poco “intelectuales”.

Pasaré a comentar las películas en las que le he visto actuar (si piensan que exagero las virtudes de alguna de ellas no se lo tomen a mal, pero algunas están entre las joyas del denominado Séptimo Arte y uno lo ama tanto... que es como si una madre estuviera hablando de sus hijos).

Esos tres” (1936) de William Wyler. Hay una regla matemática en el cine que dice que una película basada en un texto de Lillian Hellman siempre será interesante, y aquí podemos ver un claro ejemplo. A pesar de que la censura del “Código Hays” no dejó al bueno de William tratar el tema del lesbianismo con total libertad... luego se desquitaría en 1961 con “La Calumnia” haciendo un grandísimo remake. Aquí nuestro amigo Walter (espero que no se moleste por las confianzas) no pasó de interpretar al conductor de un taxi muy servicial.

Furia” (1936) de Fritz Lang. En este caso Walter se metió en la piel de un ayudante del Sheriff con la lengua un poco suelta y puso en serios problemas a un soberbio Spencer Tracy. Maravillosa película recientemente editada en DVD. Totalmente recomendable.

El Forastero” (1940) de William Wyler. Otra obra maestra y sin duda uno de sus papeles más recordados: el del Juez Roy Bean (que luego volvería a interpretar Paul Newman en “El juez de la horca” en 1972 sin tanto éxito). Él era la ley al Oeste del río Pecos, y a pesar de su tiranía era imposible no encariñarse con él. ¿Cómo olvidar su incombustible amor por Lily Langtry? Al menos Gary Cooper fue lo suficientemente astuto para utilizar un mechón de pelo de ella para salvarse...

Juan Nadie” (1941) de mi adorado Frank Capra. Otro personaje entrañable, el de El Coronel, el vagabundo que acompaña a Gary Cooper intentando que olvide su vida de fama y riqueza pidiéndole que vuelva a su lado a las calles. Capra le supo sacar un gran partido en este título.

Los verdugos también mueren” (1943) de Fritz Lang. Gran película no lo suficientemente conocida y que me gustaría reivindicar. Con un guión coescrito con Bertolt Brecht, el director alemán (por cierto, también era tuerto al igual que John Ford... ¿será eso importante para ser un gran director?) nos presenta a Brennan en un papel atípico en él, pero consigue demostrar que puede sobresalir en cualquier registro. Aquí es un profesor de Universidad que acoge a un perseguido por los Nazis en su casa acusado de matar al dictador de Checoslovaquia... ¡Una joya!

Tener y no tener” (1944) de Howard Hawks. Sin duda entre sus papeles más recordados: El alcohólico compañero de Bogart. Todos le preguntan por qué lo cuida tanto si es un borracho, pero Bogart es como nosotros, no puede dejarlo de lado aunque le cause algunos problemas... Los más avezados en esto del cine, sabrán que la frase que acompaña al título proviene de este film y para terminar... ¿se ha visto alguna química más explosiva en la historia del cine que la que aquí tienen Bogart y Bacall? (Bueno, sí, en “El sueño eterno”, pero vuelven a ser los mismos). Cuenta la leyenda que Hawks apostó con Hemingway que con su peor novela haría una gran película y sin duda ganó la apuesta.

Pasión de los fuertes” (1946) de John Ford. En este caso volvemos a encontrar a un Walter Brennan atípico: ¡Hace de villano!. Tuvo la suerte de trabajar con las actrices más guapas de su época (Linda Darnell en este caso, pero también otras veces coincidió con Stanwyck, Mayo, Bacall... pero claro, nunca se llevó al a chica para su desgracia). Para mi, la mejor versión del duelo de OK Corral tantas veces llevada al cine.

Río Rojo” (1948) de Howard Hawks. Todo el que haya visto este maravilloso Western (de mis tres favoritos sin duda alguna) recordará a Walter apostarse su dentadura con un indio y perderla, por lo que tendrá que estar todo el camino pidiéndola prestada para comer hasta que pague. Uno de los primeros papeles de ese actor tan guapo que era Montgomery Clift; quedan para la historia su pelea final con John Wayne y su love story con una Joanne Dru bellísima.

Conspiración de Silencio” (1955) del siempre correcto John Sturgues. Su mejor película sin duda, en la que un manco Spencer Tracy raya la perfección y no sé en qué pensaba la Academia cuando sólo fue nominado. Aquí, Spencer está tan bien que Walter no pudo robarle nada... pero lo vimos haciendo de médico. No se la pierdan.

Rio Bravo” (1958) de Howard Hawks, titulo que los amantes del Western seguro que han visto más de una vez. La historia fue repetida por Hawks en “El Dorado” (1966) y “Rio Lobo” (1970) y yo juro que no sé cuál me gusta más de las tres. En este caso, Walter nos dedica el que para mi sería el último de sus papeles memorables: El de un ayudante del Sheriff amante de la bebida, que defenderá la cárcel con todo lo que pueda y más.

Vuelvo a rogar que me perdonen si he confundido algún dato, y les animo a ver cualquiera de estas películas. Fíjense en ese hombre flaco con cara de buena persona y dejen que se haga un hueco en los corazones. La película ganará mucho.
No