FIDEL CASTRO: "HAY QUE AYUDAR A HAITI"
(DISCURSO DE CLAUSURA DEL V CONGRESO DE LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN
Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 28 de septiembre de 1998)
Y voy a añadir algo más. Queda Haití.
Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.
Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.
Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.
Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años
por cada 1 000 nacidos vivos.
Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a
15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.
¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?
Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que
están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.
Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado
incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.
Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a
aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.
Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales
norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus
dueños.
Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.
En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno
del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)
Aprovecho esta ocasión, este momento, cuando todavía viven esos pueblos bajo el trauma de lo ocurrido, para proponer este programa para ser dirigido por una institución de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud.
Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos
internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras
agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.
Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?
Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por
Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.
En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de
países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.
El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros
tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.
¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y
le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?
Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.
Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado incontables vidas.
Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 28 de septiembre de 1998)
Y voy a añadir algo más. Queda Haití.
Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.
Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.
Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.
Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años
por cada 1 000 nacidos vivos.
Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a
15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.
¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?
Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que
están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.
Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado
incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.
Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a
aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.
Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales
norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus
dueños.
Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.
En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno
del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)
Aprovecho esta ocasión, este momento, cuando todavía viven esos pueblos bajo el trauma de lo ocurrido, para proponer este programa para ser dirigido por una institución de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud.
Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos
internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras
agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.
Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?
Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por
Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.
En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de
países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.
El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros
tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.
¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y
le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?
Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.
Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado incontables vidas.
EMILIO BARCENA PIER, BALUARTE DE LA REVOLUCION CUBANA
En el seno de una familia de inmigrantes haitianos llegados a Cuba como fuerza de trabajo barata nació el 24 de septiembre de 1926 Emilio Bárcena Pier.
Sus padres: Estilita Bárcenas y Clemente Pier, habían emigrado hacia Cuba en búsqueda de mejores opciones para sus vidas, en la época del auge azucarero cubano en la Primera Guerra Mundical. Fue el primero de cuaro hijos de este matrimonio y tuvo como escenario de su crianza un barracón de colonia Ojo de Agua del antiguo central Ermita, hoy denominado Costa Rica, en la oriental provincia de Guantánamo, en Cuba.
Su niñez transcurrió en la miseria como la de tantos otros integrantes de esta etnia sometidos a la explotación en la república necolonial de entonces. Por eso tuvo que trabajar desde muy joven para alcanzar el necesario sustento familiar.
Para él no hubo juegos infantiles y ni tan siquiera el aprendizaje en una escuela. El rudo ajetreo en los campos cañeros o cafetaleros, tumbando montes, limpiando terrenos, cortando caña o recogiendo, café eran sus actividades cotidianas.
Y trabajó fuerte, codo con codo con su padre, en una pequeña colonia que alcanzó a tener su progenitor en sociedad con otra persona, en Buey Arriba, en la Sierra Maestra.
En el duro bregar por los campos, alcanzó a desarrollar una corpulencia física que le hizo sobresalir donde quiera que se encontraba. Junto a esto, se forjó un carácter jovial y alegre, lo que le granjeó la amistad y buena voluntad de quienes le llegaban a conocer.
Tal característica le vinculó a distintas personas, sobre todo, a quienes por ese entonces tenían ideas socialistas.
Emilio se adentró en esta forma de pensamiento al punto tal que llegó a ingresar como militante en la Juventud Socialista a finales de los años de 1940, y formar parte de la Comisión de Orden y Disciplina de los actos que se realizaban por la organización.
El país vivía convulsionado por una tiranía sangrienta que había asaltado el poder mediante un golpe de estado el 13 de marzo de 1952.
Su horizonte laboral se fue ampliando: trabajó como cortador de caña y pesador, como chofer y peón de la construcción y otros trabajos diversos.
Se decidió y logró establecerse en sociedad en un bar en Manzanillo, pero se desanimó de ello porque no vio en esto un claro futuro. Abandona este negocio y a fines de junio de 1957 se traslada hacia las montañas, en búsqueda de trabajo en los cafetales.
Pero, cuando se adentra en la Sierra Maestra es interceptado por una patrulla de los guerrilleros del Ejército Rebelde que luchaban en las montañas contra la tiranía desde el 2 de diciembre de 1956.
Fue interrogado y sus respuestas fueron honestas y sinceras. Posteriormente fue conducido, junto a otros apresados como él, ante la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien les explicó los objetivos de la Revolución que se desarrollaba y les invitó a incorporarse a ella.
Lo destinaron a la Columna Uno ,al pelotón del entonces capitán Raúl Castro Ruz, con la misión de ayudante de ametralladora.
Así comenzó Emilio su incorporación en esta fase de la lucha por la libertad y la independencia de Cuba
Por su fortaleza física, bondad y nobleza, sus compañeros lo bautizaron como “Tangañica”, personaje en boga en una de las aventuras radiales de la época.
Participó en varias acciones y combates en la Sierra Maestra y su arrojo y valentía le valieron para formar parte de la Columna 6 “Frank País”, encabezada por el ascendido a Comandante Raúl Castro Ruz.
Más adelante fue destinado como refuerzo a la Columna 9 “José Tey”. Él participo en el primer ataque al cuartel de Soledad. Más adelante fue destacado en la fábrica de bombas y armamentos establecida en la llamada "Casa de la Tía", en Aguacate.
El día 30 de julio, aniversario de la muerte Frank País, jefe del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, se escogió para atacar al apostadero de Minas de Ocujal.
En el plan de acción se utilizaría un bulldozer con una bomba colocada en su cuchilla frontal para forzar la entrada al cuartel. Había que prenderle la mecha y el intenso fuego enemigo no daba tregua para efectuar esa operación. Era una misión en extremo peligrosa.
Emilio se ofreció para realizar el encendido de la mecha. Parapetado detrás de la cuchilla avanzó a la par que el bulldozer hacia las filas enemigas. Pero un giro brusco del equipo por un obstáculo en el camino dejó al descubierto el cuerpo de Emilio, quien cayó gravemente herido por el fuego graneado contrario.
Rápidamente fue ayudado por sus compañeros, quienes le retiraron hacia la retaguardia y le asistieron. Emilio, lejos de quejarse por sus heridas, pronunciaba palabras de arenga hacia sus compañeros para que cumplieran la misión de tomar el cuartel, a la vez que daba vivas hacia los próceres de la independencia cubana, Martí, Gómez y Maceo.
Los médicos guerrilleros realizaron ingentes esfuerzos por salvar su vida. Poco tiempo después fallecía.
Con carácter póstumo fue ascendido a Teniente muerto en campaña y, a propuesta del Jefe de la Columna 9 “José Tey” , le fue otorgada la orden “Legión de Honor Frank País”.
Hoy día la condecoración máxima que reciben los afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa lleva el digno nombre de Emilio Bárcena Pier, y su ejemplo es uno de los baluartes de los trabajadores civiles y de los combatientes, clases y oficiales de las instituciones armadas cubanas.
Sus padres: Estilita Bárcenas y Clemente Pier, habían emigrado hacia Cuba en búsqueda de mejores opciones para sus vidas, en la época del auge azucarero cubano en la Primera Guerra Mundical. Fue el primero de cuaro hijos de este matrimonio y tuvo como escenario de su crianza un barracón de colonia Ojo de Agua del antiguo central Ermita, hoy denominado Costa Rica, en la oriental provincia de Guantánamo, en Cuba.
Su niñez transcurrió en la miseria como la de tantos otros integrantes de esta etnia sometidos a la explotación en la república necolonial de entonces. Por eso tuvo que trabajar desde muy joven para alcanzar el necesario sustento familiar.
Para él no hubo juegos infantiles y ni tan siquiera el aprendizaje en una escuela. El rudo ajetreo en los campos cañeros o cafetaleros, tumbando montes, limpiando terrenos, cortando caña o recogiendo, café eran sus actividades cotidianas.
Y trabajó fuerte, codo con codo con su padre, en una pequeña colonia que alcanzó a tener su progenitor en sociedad con otra persona, en Buey Arriba, en la Sierra Maestra.
En el duro bregar por los campos, alcanzó a desarrollar una corpulencia física que le hizo sobresalir donde quiera que se encontraba. Junto a esto, se forjó un carácter jovial y alegre, lo que le granjeó la amistad y buena voluntad de quienes le llegaban a conocer.
Tal característica le vinculó a distintas personas, sobre todo, a quienes por ese entonces tenían ideas socialistas.
Emilio se adentró en esta forma de pensamiento al punto tal que llegó a ingresar como militante en la Juventud Socialista a finales de los años de 1940, y formar parte de la Comisión de Orden y Disciplina de los actos que se realizaban por la organización.
El país vivía convulsionado por una tiranía sangrienta que había asaltado el poder mediante un golpe de estado el 13 de marzo de 1952.
Su horizonte laboral se fue ampliando: trabajó como cortador de caña y pesador, como chofer y peón de la construcción y otros trabajos diversos.
Se decidió y logró establecerse en sociedad en un bar en Manzanillo, pero se desanimó de ello porque no vio en esto un claro futuro. Abandona este negocio y a fines de junio de 1957 se traslada hacia las montañas, en búsqueda de trabajo en los cafetales.
Pero, cuando se adentra en la Sierra Maestra es interceptado por una patrulla de los guerrilleros del Ejército Rebelde que luchaban en las montañas contra la tiranía desde el 2 de diciembre de 1956.
Fue interrogado y sus respuestas fueron honestas y sinceras. Posteriormente fue conducido, junto a otros apresados como él, ante la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien les explicó los objetivos de la Revolución que se desarrollaba y les invitó a incorporarse a ella.
Lo destinaron a la Columna Uno ,al pelotón del entonces capitán Raúl Castro Ruz, con la misión de ayudante de ametralladora.
Así comenzó Emilio su incorporación en esta fase de la lucha por la libertad y la independencia de Cuba
Por su fortaleza física, bondad y nobleza, sus compañeros lo bautizaron como “Tangañica”, personaje en boga en una de las aventuras radiales de la época.
Participó en varias acciones y combates en la Sierra Maestra y su arrojo y valentía le valieron para formar parte de la Columna 6 “Frank País”, encabezada por el ascendido a Comandante Raúl Castro Ruz.
Más adelante fue destinado como refuerzo a la Columna 9 “José Tey”. Él participo en el primer ataque al cuartel de Soledad. Más adelante fue destacado en la fábrica de bombas y armamentos establecida en la llamada "Casa de la Tía", en Aguacate.
El día 30 de julio, aniversario de la muerte Frank País, jefe del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, se escogió para atacar al apostadero de Minas de Ocujal.
En el plan de acción se utilizaría un bulldozer con una bomba colocada en su cuchilla frontal para forzar la entrada al cuartel. Había que prenderle la mecha y el intenso fuego enemigo no daba tregua para efectuar esa operación. Era una misión en extremo peligrosa.
Emilio se ofreció para realizar el encendido de la mecha. Parapetado detrás de la cuchilla avanzó a la par que el bulldozer hacia las filas enemigas. Pero un giro brusco del equipo por un obstáculo en el camino dejó al descubierto el cuerpo de Emilio, quien cayó gravemente herido por el fuego graneado contrario.
Rápidamente fue ayudado por sus compañeros, quienes le retiraron hacia la retaguardia y le asistieron. Emilio, lejos de quejarse por sus heridas, pronunciaba palabras de arenga hacia sus compañeros para que cumplieran la misión de tomar el cuartel, a la vez que daba vivas hacia los próceres de la independencia cubana, Martí, Gómez y Maceo.
Los médicos guerrilleros realizaron ingentes esfuerzos por salvar su vida. Poco tiempo después fallecía.
Con carácter póstumo fue ascendido a Teniente muerto en campaña y, a propuesta del Jefe de la Columna 9 “José Tey” , le fue otorgada la orden “Legión de Honor Frank País”.
Hoy día la condecoración máxima que reciben los afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa lleva el digno nombre de Emilio Bárcena Pier, y su ejemplo es uno de los baluartes de los trabajadores civiles y de los combatientes, clases y oficiales de las instituciones armadas cubanas.
ADRIEN SANSARICQ, UN HAITIANO EJEMPLAR
Adrien Sansaricq, nacido en Jeremie el 16 de agosto de 1936, es uno de los más preclaros ejemplos del protagonismo de los haitianos en Cuba,
de internacionalismo y de seguimiento de las enseñanzas de lucha por la independencia y libertad del pueblo.
Desde muy temprana edad asimiló la triste realidad de explotación y miseria que vivía su país. Durante su etapa de estudiante entre 1951 y 1955, y esencialmente en la fase terminal del Bachillerato en 1955, en el Colegio San Luis de Gonzague, en Puerto Príncipe, se trasladaba con un grupo de sus condiscípulos hasta las áreas salineras a compartir con los trabajadores del lugar.
A contrapelo de ser mulato, sintió como suyos los martirios de todo su pueblo, de negros, de mulatos y de blancos, y se dedicó en cuerpo y alma a tratar de transformar esa realidad.
Por ello escogió la Medicina para su formación profesional, para enfrentar los sufrimientos humanos de los haitianos.
Durante esta etapa de su vida, siendo estudiante universitario en México, donde curso los primeros cinco años de la carrera de médico-cirujano en la Escuela de Medicina, sintió determinados cambios en su pensamiento social y político.
El impacto del triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, le llegó a su vida como cual brújula en su derrotero. Desarrolló amplias e intensas sesiones de intercambios de conocimientos sobre la realidad cubana y su comparación sobre lo acontecido en Haití bajo el mandato de Francoise Duvalier.
Lo que hasta entonces eran sesiones de discusiones teóricas y alguna que otras acciones políticas acometidas como estudiantes, alcanzó más adelante una forma mejor estructurada al incorporarse clandestinamente, a principios de 1962, en el Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) (comunista).
En Cuba se había producido un éxodo de muchos médicos y, como respuesta a ello, profesores de la Universidad Autónoma de México, la comunidad progresista y algunos galenos mexicanos, partieron hacia la mayor de las Antillas para dar su apoyo a la situación de salud cubana.
Adrien, ya casi médico, se hizo el propósito de contribuir también.
Remedaba las enseñanzas de los próceres de la Revolución Haitiana, quienes en distintos momentos de la guerra de los mambises por la independencia Cuba entre 1868 y 1898 brindaron su colaboración tanto a ésta como a los criollos encabezados por Simón Bolívar que lucharon por la independencia de Hispanoamérica.
El ofreció su cooperación solidaria a otra revolución: la cubana, y así lo manifestó a su dirección partidista.
Luego de asistir como delegado al VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Helsinski, en julio de 1962, representando a la Liga Juvenil Popular de Haití, así como a la Asamblea de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, en Varsovia, Polonia, viaja hacia Cuba, a donde llega el 26 de agosto de 1962.
El 21 de Septiembre de 1962 es autorizado a realizar el Sexto año en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana y, apenas transcurrido un mes, se aprestó a defender el país como tantos otros cubanos durante la llamada Crisis de Octubre. Él se atrincheró como médico en la zona del Mariel, dentro de un batallón de combate y por espacio de cuarenta días.
Arrostró el grave peligro que vivió todo el pueblo cubano, amenazado de ser desaparecido de la faz de la tierra mediante un ataque con cohetes nucleares por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.
Y se empleó a fondo en la colaboración en el terreno de la salud en hospitales de la capital del país, en la especialidad de Pediatría.
A pesar de estar exento de ello por su condición de extranjero, Adrien decide participar en lo establecido por la Ley cubana número 723, del 23 de Enero de 1960, mediante la cual se instauró el Servicio Médico Social Rural en Cuba para los graduados de Medicina. Éstos debían prestar sus servicios en tiempo completo y dedicación exclusiva en las comunidades rurales por término de un año, lo que posteriormente se extendió a dos años.
Fue ubicado en un dispensario médico del municipio Manzanillo, en la zona de Santo Domingo, intrincado lugar de la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba. Se dedicó pacientemente a crear las mejores condiciones para su labor entre la población campesina residente en el lugar y se ganó el cariño y afectos de toda esa población.
Y, a la par, se preparó para el enfrentamiento revolucionario a la situación que imperaba en Haití con la dictadura duvalierista, que sojuzgaba a su pueblo y lo sometía a un terrible panorama de crimen y latrocinio.
Foto tomada en Cuba en 1964. Junto a él, su hermano Daniel.
Plenamente dedicado a las funciones médicas recibe la infausta noticia de que trece miembros de su familia (padres, hermanos, cuñada, tías y sobrinos), dentro de los cuales estaba su hermanita de diez años de edad y sobrinos menores de cinco años, habían sido masacrados en agosto de 1964 en Haití por los esbirros de Duvalier.
En octubre del propio 1964 es relevado en su misión del Servicio Médico Social Rural. Su buen desempeño como galeno le agenció la positiva valoración de los dirigentes cubanos quienes le confiaron la responsabilidad de participar en el grupo de conducción de la Salud en la región de Manzanillo.
Poco después él pasó al Servicio de Higiene y Epidemiología de Manzanillo como su subdirector, a la vez que se desempeñaba como médico de los círculos infantiles de la zona. En marzo de 1965 fue nombrado director del Policlínico de Manzanillo.
Adrien Sansaricq completará otra faceta de la influencia y enseñanzas recibidas de la Revolución Haitiana: la de ser internacionalista.
Conocido se tiene del aporte y participación de revolucionarios haitianos del siglo XIX en las gestas independentistas de América, incluido, su apoyo a George Washington.
Heredero también de esas enseñanzas, respondió afirmativamente y se integró al contingente de cubanos que, con el Comandante Ernesto Che Guevara al frente, apoyaban a la guerrilla del Congo, en el antiguo Zaire, contra los colonialistas belgas.
Junto a otros dos médicos cubanos (los doctores Octavio de la Concepción de la Pedraja y Diego Lagomosino Comesaña) integra el último grupo de galenos que se agrega al conjunto de combatientes en el Congo.
El 17 de septiembre de 1965 llega a Tanzania y, después de varios días de espera y preparación en Kigoma, cruzan el lago y arriban a las costas congolesas, a Kibamba, donde estaba el campamento guerrillero.
Una semana después arriban al campamento de Moja (Comandante Víctor Dreke), en Carula, y éste los conduce hasta donde se encuentra Tatu (Comandante Ernesto Che Guevara), con quien se entrevistan el día 26.
Cada uno recibe instrucciones directas de su misión y un nombre de guerra. A Sansaricq el Che le denomina Kazulu, nombre de una zona del Africa.
A partir de ese momento Adrien Sansaricq despliega diversas e intensas actividades. Desarrolló las funciones de médico en los momentos que así lo requirieron y constituyó un importante puntal de apoyo en la comunicación de la dirigencia cubana en el Estado Mayor con los representantes congoleses, en las tareas de traductor.
Foto tomada durante una reunión del Estado Mayor con la presencia de Che y el Comandante José Ramón Machado Ventura, entonces Ministro de Salud Pública en Cuba
Él estuvo presente, desde su llegada, en los distintos momentos cruciales de la contienda. Así fue hasta que del 18 al 21 de Noviembre de 1965 se realiza la retirada de las tropas cubanas participantes en la guerra de liberación de los revolucionarios del Congo.


Sólo la alta confiabilidad que le confirió el Che y la meritoria labor de Adrien permitieron que al final de esta misión el Guerrillero Heroico lo señalara entre los destacados combatientes de esta guerrilla. Así lo reflejó en su diario de campaña de este gesta cuando incluyó a Kasulu al decir:
“Quisiera dejar aquí los nombres de aquellos compañeros en los cuales sentí siempre que me podía apoyar, por sus condiciones personales, su fe en la revolución y la decisión de cumplir con su deber pasara lo que pasara.”
Adrien regresa a Cuba en diciembre de 1965 y continúa sus labores en la Medicina, esta vez, vinculado a la decisión de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina (denominada Conferencia Tricontinental), respecto a la atención de la salud de revolucionarios latinoamericanos y otros en Cuba.
Es ubicado en los Servicios Médicos de una unidad militar hasta fines de marzo, en que es nombrado allí Jefe de esos servicios. En abril de este propio año es ascendido a Primer Teniente.
Foto en la boda de unos amigos. El aparece, con espejuelos y sonriendo, detrás de su novia Lidia la Rosa.
Contrajo matrimonio y le nació su hijo: Ernesto Adrien, el 31 de diciembre de 1966.
Transcurre el año 1967 y las noticias sobre la caída del Che y demás combatientes en Bolivia le impactan enormemente.
En abril de 1968 deja una carta de despedida a Faustino, el hijo de su esposa que él ha criado, y también para su hijo Ernesto Adrien:
...Tú sabes que en muchas partes del mundo los pueblos luchan por liberarse de la opresión. Tú has oído hablar de los vietnamitas que pelean duramente contra los malos yanquis. En otras partes del mundo hay otros pueblos también que tienen que liberarse y tendrán que pelear tan duro como los vietnamitas contra los yanquis. América Latina es un continente así que necesita liberarse y como yo soy de ahí voy a luchar junto con todos los revolucionarios y junto con el pueblo. Puede ser que sobreviva a la larga lucha que nos espera y en este caso, nos volveremos a ver algún día. Pero si no logro ver el fin de la lucha no nos veremos más y en este caso que ésta carta sirva de despedida.
...Espero que mi actuación sea siempre limpia y que en ningún momento tu tengas que ruborizarte o avergonzarte de mí. Tengo el firme propósito de que sea así.
Facsimil de la carta de despedida a su hijo.
Sansaricq se infiltra clandestinamente en Haití y desde el primer momento desarrolla, en unión de otros patriotas, la lucha clandestina contra el régimen duvalierista.
El Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) hace un llamado el cuatro de agosto para elevar la lucha contra la tiranía.
Él es un militante convencido de la línea de su partido y se emplea a fondo por su cumplimiento. Fue un activo colaborador de las publicaciones clandestinas Voix du Peuple y de Boukan, bajo el pseudónimo de Lilan Toutsos (Estoy en todas las salsas), orientando las acciones contra la tiranía.
El régimen, con la estrecha colaboración de la Administración norteamericana, principalmente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), despliega una intensa labor de penetración y exterminio del movimiento revolucionario y democrático en Haití. Poco a poco va liquidando en 1969 los focos guerrilleros, la resistencia popular y la lucha activa contra Duvalier.
El 14 de Abril de 1969 en Bouthilliers los efectivos del ejército de la tiranía rodearon la casa donde se encontraban Sansaricq y otra revolucionaria, a raíz de la denuncia de un traidor. A partir de entonces y durante dos horas se batieron a tiros contra las fuerzas enemigas, logrando derribar a varios de ellos y al lugarteniente de la tiranía Harve Magloire, quien iba al mando de los soldados.
Escasos de municiones, intentan abrirse paso a tiros para fugarse. Logran salir de la casa hacia un camino próximo. Ella se esconde dentro de una gran tubería pero es descubierta y es apresada.
Adrien es perseguido muy de cerca. Salta un muro y llega al camino en el justo momento en que avanzan carros con un personero de la tiranía. Al descubrir su figura portando un arma le abren fuego. El cae para siempre.
Contaba entonces con 32 años y casi ocho meses de edad.
Como él cayeron en ese 1969, combatiendo o en las cárceles, Gerald Brisson, Jacques Jeannot, Arnold Devilme, Daniel Sansaricq, Alix Lamute, Lamarre St. Germain y tantos otros que engrosaron las filas del martirologio haitiano.
Hoy, jóvenes haitianos y de otras latitudes continúan fieles seguidores del pensamiento revolucionario latinoamericano, en especial, del Comandante Ernesto Che Guevara. Y el coraje y ejemplo de Adrien Sansaricq vive y pervive en los corazones de los hombres y las mujeres que sueñan y luchan por un mundo mejor, tal y cual pensaron y lucharon por su independencia y libertada los revolucionarios haitianos del 1804.
de internacionalismo y de seguimiento de las enseñanzas de lucha por la independencia y libertad del pueblo.Desde muy temprana edad asimiló la triste realidad de explotación y miseria que vivía su país. Durante su etapa de estudiante entre 1951 y 1955, y esencialmente en la fase terminal del Bachillerato en 1955, en el Colegio San Luis de Gonzague, en Puerto Príncipe, se trasladaba con un grupo de sus condiscípulos hasta las áreas salineras a compartir con los trabajadores del lugar.
A contrapelo de ser mulato, sintió como suyos los martirios de todo su pueblo, de negros, de mulatos y de blancos, y se dedicó en cuerpo y alma a tratar de transformar esa realidad.
Por ello escogió la Medicina para su formación profesional, para enfrentar los sufrimientos humanos de los haitianos.
Durante esta etapa de su vida, siendo estudiante universitario en México, donde curso los primeros cinco años de la carrera de médico-cirujano en la Escuela de Medicina, sintió determinados cambios en su pensamiento social y político.
El impacto del triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, le llegó a su vida como cual brújula en su derrotero. Desarrolló amplias e intensas sesiones de intercambios de conocimientos sobre la realidad cubana y su comparación sobre lo acontecido en Haití bajo el mandato de Francoise Duvalier.
Lo que hasta entonces eran sesiones de discusiones teóricas y alguna que otras acciones políticas acometidas como estudiantes, alcanzó más adelante una forma mejor estructurada al incorporarse clandestinamente, a principios de 1962, en el Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) (comunista).
En Cuba se había producido un éxodo de muchos médicos y, como respuesta a ello, profesores de la Universidad Autónoma de México, la comunidad progresista y algunos galenos mexicanos, partieron hacia la mayor de las Antillas para dar su apoyo a la situación de salud cubana.
Adrien, ya casi médico, se hizo el propósito de contribuir también.
Remedaba las enseñanzas de los próceres de la Revolución Haitiana, quienes en distintos momentos de la guerra de los mambises por la independencia Cuba entre 1868 y 1898 brindaron su colaboración tanto a ésta como a los criollos encabezados por Simón Bolívar que lucharon por la independencia de Hispanoamérica.
El ofreció su cooperación solidaria a otra revolución: la cubana, y así lo manifestó a su dirección partidista.
Luego de asistir como delegado al VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Helsinski, en julio de 1962, representando a la Liga Juvenil Popular de Haití, así como a la Asamblea de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, en Varsovia, Polonia, viaja hacia Cuba, a donde llega el 26 de agosto de 1962.
El 21 de Septiembre de 1962 es autorizado a realizar el Sexto año en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana y, apenas transcurrido un mes, se aprestó a defender el país como tantos otros cubanos durante la llamada Crisis de Octubre. Él se atrincheró como médico en la zona del Mariel, dentro de un batallón de combate y por espacio de cuarenta días.
Arrostró el grave peligro que vivió todo el pueblo cubano, amenazado de ser desaparecido de la faz de la tierra mediante un ataque con cohetes nucleares por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.
Y se empleó a fondo en la colaboración en el terreno de la salud en hospitales de la capital del país, en la especialidad de Pediatría.
A pesar de estar exento de ello por su condición de extranjero, Adrien decide participar en lo establecido por la Ley cubana número 723, del 23 de Enero de 1960, mediante la cual se instauró el Servicio Médico Social Rural en Cuba para los graduados de Medicina. Éstos debían prestar sus servicios en tiempo completo y dedicación exclusiva en las comunidades rurales por término de un año, lo que posteriormente se extendió a dos años.
Fue ubicado en un dispensario médico del municipio Manzanillo, en la zona de Santo Domingo, intrincado lugar de la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba. Se dedicó pacientemente a crear las mejores condiciones para su labor entre la población campesina residente en el lugar y se ganó el cariño y afectos de toda esa población.
Y, a la par, se preparó para el enfrentamiento revolucionario a la situación que imperaba en Haití con la dictadura duvalierista, que sojuzgaba a su pueblo y lo sometía a un terrible panorama de crimen y latrocinio.
Foto tomada en Cuba en 1964. Junto a él, su hermano Daniel.Plenamente dedicado a las funciones médicas recibe la infausta noticia de que trece miembros de su familia (padres, hermanos, cuñada, tías y sobrinos), dentro de los cuales estaba su hermanita de diez años de edad y sobrinos menores de cinco años, habían sido masacrados en agosto de 1964 en Haití por los esbirros de Duvalier.
En octubre del propio 1964 es relevado en su misión del Servicio Médico Social Rural. Su buen desempeño como galeno le agenció la positiva valoración de los dirigentes cubanos quienes le confiaron la responsabilidad de participar en el grupo de conducción de la Salud en la región de Manzanillo.
Poco después él pasó al Servicio de Higiene y Epidemiología de Manzanillo como su subdirector, a la vez que se desempeñaba como médico de los círculos infantiles de la zona. En marzo de 1965 fue nombrado director del Policlínico de Manzanillo.
Adrien Sansaricq completará otra faceta de la influencia y enseñanzas recibidas de la Revolución Haitiana: la de ser internacionalista.
Conocido se tiene del aporte y participación de revolucionarios haitianos del siglo XIX en las gestas independentistas de América, incluido, su apoyo a George Washington.
Heredero también de esas enseñanzas, respondió afirmativamente y se integró al contingente de cubanos que, con el Comandante Ernesto Che Guevara al frente, apoyaban a la guerrilla del Congo, en el antiguo Zaire, contra los colonialistas belgas.
Junto a otros dos médicos cubanos (los doctores Octavio de la Concepción de la Pedraja y Diego Lagomosino Comesaña) integra el último grupo de galenos que se agrega al conjunto de combatientes en el Congo.
El 17 de septiembre de 1965 llega a Tanzania y, después de varios días de espera y preparación en Kigoma, cruzan el lago y arriban a las costas congolesas, a Kibamba, donde estaba el campamento guerrillero.
Una semana después arriban al campamento de Moja (Comandante Víctor Dreke), en Carula, y éste los conduce hasta donde se encuentra Tatu (Comandante Ernesto Che Guevara), con quien se entrevistan el día 26.
Cada uno recibe instrucciones directas de su misión y un nombre de guerra. A Sansaricq el Che le denomina Kazulu, nombre de una zona del Africa.
A partir de ese momento Adrien Sansaricq despliega diversas e intensas actividades. Desarrolló las funciones de médico en los momentos que así lo requirieron y constituyó un importante puntal de apoyo en la comunicación de la dirigencia cubana en el Estado Mayor con los representantes congoleses, en las tareas de traductor.
Foto tomada durante una reunión del Estado Mayor con la presencia de Che y el Comandante José Ramón Machado Ventura, entonces Ministro de Salud Pública en CubaÉl estuvo presente, desde su llegada, en los distintos momentos cruciales de la contienda. Así fue hasta que del 18 al 21 de Noviembre de 1965 se realiza la retirada de las tropas cubanas participantes en la guerra de liberación de los revolucionarios del Congo.


Sólo la alta confiabilidad que le confirió el Che y la meritoria labor de Adrien permitieron que al final de esta misión el Guerrillero Heroico lo señalara entre los destacados combatientes de esta guerrilla. Así lo reflejó en su diario de campaña de este gesta cuando incluyó a Kasulu al decir:
“Quisiera dejar aquí los nombres de aquellos compañeros en los cuales sentí siempre que me podía apoyar, por sus condiciones personales, su fe en la revolución y la decisión de cumplir con su deber pasara lo que pasara.”
Adrien regresa a Cuba en diciembre de 1965 y continúa sus labores en la Medicina, esta vez, vinculado a la decisión de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina (denominada Conferencia Tricontinental), respecto a la atención de la salud de revolucionarios latinoamericanos y otros en Cuba.
Es ubicado en los Servicios Médicos de una unidad militar hasta fines de marzo, en que es nombrado allí Jefe de esos servicios. En abril de este propio año es ascendido a Primer Teniente.
Foto en la boda de unos amigos. El aparece, con espejuelos y sonriendo, detrás de su novia Lidia la Rosa.Contrajo matrimonio y le nació su hijo: Ernesto Adrien, el 31 de diciembre de 1966.
Transcurre el año 1967 y las noticias sobre la caída del Che y demás combatientes en Bolivia le impactan enormemente.
En abril de 1968 deja una carta de despedida a Faustino, el hijo de su esposa que él ha criado, y también para su hijo Ernesto Adrien:
...Tú sabes que en muchas partes del mundo los pueblos luchan por liberarse de la opresión. Tú has oído hablar de los vietnamitas que pelean duramente contra los malos yanquis. En otras partes del mundo hay otros pueblos también que tienen que liberarse y tendrán que pelear tan duro como los vietnamitas contra los yanquis. América Latina es un continente así que necesita liberarse y como yo soy de ahí voy a luchar junto con todos los revolucionarios y junto con el pueblo. Puede ser que sobreviva a la larga lucha que nos espera y en este caso, nos volveremos a ver algún día. Pero si no logro ver el fin de la lucha no nos veremos más y en este caso que ésta carta sirva de despedida.
...Espero que mi actuación sea siempre limpia y que en ningún momento tu tengas que ruborizarte o avergonzarte de mí. Tengo el firme propósito de que sea así.
Facsimil de la carta de despedida a su hijo.Sansaricq se infiltra clandestinamente en Haití y desde el primer momento desarrolla, en unión de otros patriotas, la lucha clandestina contra el régimen duvalierista.
El Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) hace un llamado el cuatro de agosto para elevar la lucha contra la tiranía.
Él es un militante convencido de la línea de su partido y se emplea a fondo por su cumplimiento. Fue un activo colaborador de las publicaciones clandestinas Voix du Peuple y de Boukan, bajo el pseudónimo de Lilan Toutsos (Estoy en todas las salsas), orientando las acciones contra la tiranía.
El régimen, con la estrecha colaboración de la Administración norteamericana, principalmente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), despliega una intensa labor de penetración y exterminio del movimiento revolucionario y democrático en Haití. Poco a poco va liquidando en 1969 los focos guerrilleros, la resistencia popular y la lucha activa contra Duvalier.
El 14 de Abril de 1969 en Bouthilliers los efectivos del ejército de la tiranía rodearon la casa donde se encontraban Sansaricq y otra revolucionaria, a raíz de la denuncia de un traidor. A partir de entonces y durante dos horas se batieron a tiros contra las fuerzas enemigas, logrando derribar a varios de ellos y al lugarteniente de la tiranía Harve Magloire, quien iba al mando de los soldados.
Escasos de municiones, intentan abrirse paso a tiros para fugarse. Logran salir de la casa hacia un camino próximo. Ella se esconde dentro de una gran tubería pero es descubierta y es apresada.
Adrien es perseguido muy de cerca. Salta un muro y llega al camino en el justo momento en que avanzan carros con un personero de la tiranía. Al descubrir su figura portando un arma le abren fuego. El cae para siempre.
Contaba entonces con 32 años y casi ocho meses de edad.
Como él cayeron en ese 1969, combatiendo o en las cárceles, Gerald Brisson, Jacques Jeannot, Arnold Devilme, Daniel Sansaricq, Alix Lamute, Lamarre St. Germain y tantos otros que engrosaron las filas del martirologio haitiano.
Hoy, jóvenes haitianos y de otras latitudes continúan fieles seguidores del pensamiento revolucionario latinoamericano, en especial, del Comandante Ernesto Che Guevara. Y el coraje y ejemplo de Adrien Sansaricq vive y pervive en los corazones de los hombres y las mujeres que sueñan y luchan por un mundo mejor, tal y cual pensaron y lucharon por su independencia y libertada los revolucionarios haitianos del 1804.





