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EL HAITIANO Y CUBA
LLEGADA, PRESENCIA Y PROTAGONISMO DEL INMIGRANTE HAITIANO Y SUS DESCENDIENTES EN CUBA
Acerca de
ESTE ES UN TRABAJO CONFECCIONADO POR UN GRUPO DE REALIZADORES, DESCENDIENTES DE HAITIANOS Y OTROS, DEDICADOS A MOSTRAR LA VERDADERA TRASCENDENCIA DE LA PRESENCIA DEL HAITIANO EN LA HISTORIA, CULTURA Y SOCIEDAD EN GENERAL CUBANAS. INTEGRAN, HASTA AHORA, ESTE GRUPO: RAIMUNDO GOMEZ NAVIA, (EN LA FOTO Y JEFE DEL GRUPO), NOELIA LOIZAGA (ESPAÑA), CONSUELO DORIS, ROSITA JEAN, WILSON ACAO, CELINA CONTRERAS, GONZALO ARTIDO Y ANTONIO RAMIREZ (TODOS DESCENDIENTES DE HAITIANOS) Y SE ENCUENTRA ABIERTO A OTROS COLABORADORES DEL PAIS O DEL EXTRANJERO
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LA INMIGRACION HAITIANA. INTRODUCCION

La inmigración haitiana y su descendencia en Cuba tiene una particular manifestación.

Antes de llegar Cristóbal Colòn a la isla ya habìa en ella población procedente de Haití, región llamada asì por los aborígenes que, en la lengua arawak, significa “tierra de altas montañas”.

Otro éxodo de tierra haitiana hacia la cubana tuvo su origen por los acontecimientos que condujeron a la revolución haitiana, el triunfo de los rebeldes esclavos y la constituciòn de la repùblica negra el primero de enero de 1804. Los colonos franceses huyeron y consigo arrastraron a parte de sus dotaciones de esclavos, a mulatos libres y otros que no congeniaron con el nuevo orden social. Conformaron la emigración franco-haitiana hacia Cuba de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Pero el màs grande arribo de haitianos lo ocasionò la inversión en la industria azucarera cubana por las compañìas transnacionales norteamericanas, en las primeras décadas del siglo XX, y la demanda de mano de obra barata. La Primera Guerra Mundial incentivò el trasiego de los antillanos reclutados como braceros y en condiciones de semiesclavitud.


Anverso y reverso de la Carta de Nacionalidad extendida a
los inmigrantes haitianos.

Los vaivenes en el precio del azúcar en el mercado, la crisis económica mundial y el factor de oposición interna de los trabajadores cubanos hacia la inmigración laboral extranjera, concitarìan el panorama de rechazo y los decretos-leyes y demàs instrumentos gubernalmentales que provocaron la interrupciòn de la llegada masiva de estos inmigrantes luego del año 1931, la repatriación forzosa y salida de miles de antillanos, en especial de haitianos y jamaicanos.


Transcurrido los años seguirían, en menor medida, otros tránsitos y arribos de haitianos a Cuba -incluidos los perseguidos políticos y de otra naturaleza escapados del régimen de terror que implantó Francoise Duvalier en Haití-, con lo cual se iría conformando una masa de residentes haitianos y sus descendientes en las más precarias condiciones de vida y de presión social, condicionante de la percepción y del trato otorgado a los antillanos y a sus "pichones".

La Revolución triunfante del Primero de enero del 1959 vino a detener circunstancialmente esta emigración y -cambiar radicalmente- el panorama del haitiano y sus descendientes en Cuba, conjuntamente con las transformaciones políticas, económicas y sociales que propició la llegada al poder del movimiento revolucionario encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Los haitianos y sus descendientes han recibido los mismos derechos y participan en el cumplimiento de las responsabilidades igual que el resto de los cubanos.

Son protagonistas en la historia y la cultura de la nación cubana, y al igual que el resto del pueblo, están librando las batallas actuales de la isla por la defensa y el triunfo definitivo de la justicia y de la razón.
 
HAITIANOS ABORIGENES
Haitianos” llegaron a Cuba desde las primeras migraciones de aborígenes antes del arribo de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo.

Efectivamente, los primeros pobladores de Cuba los indios guanajatebeyes, taínos y siboneyes llegaron a ella procedentes de Sudamérica, utilizando como puente a las Antillas, o provenientes de la Florida, en América del Norte. Se dice que a la llegada de los españoles habìa unos 112 000 aborìgenes habitando en ella.

Una de las islas de la Antillas era denominada Haití, que en lengua aborigen de los taìnos y arawak significaba “tierras de altas montañas”.

Contra la explotación y el exterminio de los españoles se rebelaron los aborígenes, sobre todo los aguerridos caribeños. Uno de ellos, oriundo de Haití, se trasladó a Cuba para encausar la lucha contra los invasores: el cacique Hatuey.

Hatuey devino en el precedente histórico de la afluencia y protagonismo de los haitianos en Cuba, en ejemplo de los valores de lucha y dignidad revolucionarias, en un mártir de la lucha contra la invasión extranjera.

Guamá, otro invicto aborígen, luchó contra los invasores desde 1522 hasta 1533 en las montañas de Baracoa, en el oriente cubano.
 
INMIGRACION FRANCO HAITIANA
El inicio de las más trascendentes de las migraciones desde la isla vecina hacia la mayor de las Antillas se remonta a más de dos siglos, a finales del XVIII (1789 a 1805), provocado por la Revolución de Haití .

A Baracoa, Guantánamo y Santiago de Cuba, extremo oriental de la isla, comienzan a arribar en 1789 algunas familias franco-haitiana afectadas por las revueltas esclavas en Haití, lo que crece extraordinariamente a partir de 1791.

Pero la gran “diáspora blanca de Haití” se provoca con la derrota definitiva de los colonos contrarrevolucionarios en Cape Haitien (Cabo Haitiano), en 1793, cuando unos 2000 colonos blancos huyen hacia los Estados Unidos y hacia las colonias españolas de Cuba y de Santo Domingo.

Dos años màs tarde numerosas familias francesas deciden huir hacia Cuba a partir de que España cede a Francia la parte oriental de La española mediante el Tratado de paz de Basilea.

Otro momento de este éxodo lo fue en 1798 cuando, derrotados, los ingleses se vieron obligados a firmar la paz con Toussaint Louverture y abandonar la isla. Ellos y los colonos que les apoyaban salieron con destino a Jamaica, Nueva Orleáns y Cuba.

Tambièn, miles de mulatos seguidores de Rigaud se vieron impelidos a salir junto con èste al terminar la guerra civil en 1800, y viajar algunos hacia Cuba.

Napoleón Bonaparte envía a su ejèrcito a Haití y es derrotado en 1803 por Jean Jacques Dessalines, lo que origina una nueva emigración hacia Cuba.

Tras el primero de enero de 1804 proclamarse la repùblica libre, colonos franceses cargaron con sus dotaciones de esclavos y arribaron a Cuba por la región oriental, donde se asentaron y desarrollaron su economía cafetalera y cacaotera. Ya para 1805 había 30000 haitianos en Cuba. Se dice que en sólo 16 años (1789-1805) la ciudad de Santiago de Cuba recibió 20000 refugiados franco-haitianos.

Con los años, estos franco-haitianos fueron poblando otras regiones de la isla.

En el resto del siglo XIX el flujo de franco-haitianos hacia Cuba descendiò ostensiblemente, tanto por el agotamiento del nùmero de ellos en la nueva repùblica, como tambièn por las prevenciones en la colonia española para evitar una repetición de la revolución haitiana entre los esclavos, negros y mulatos libres, residentes en la isla.

Aùn asì, los franco-haitianos, sus esclavos negros y los mulatos llegados participaron no solo en el desarrollo económico, cultural y social de la isla, sino que tambièn no pocos de ellos tuvieron un lugar protagónico en las luchas por la independencia de Cuba.
 
ORIGEN ECONOMICO DE LA INMIGRACION
La guerra de independencia librada por los cubanos contra España, en sus dos fases de 1868 y la iniciada en 1895, llegò hasta un punto en que la metrópolis no pudo sostener esta contingencia.

Fue entonces que los Estados Unidos de Norteamérica intervino en 1898 en la contienda, utilizando como pretexto la extraña voladura de su buque de guerra Maine, anclado en el puerto de La Habana, y le declarò la guerra a España.

Agotada como estaba, España no resistiò el embate de las tropas cubanas, ahora con la intromisión norteamericana, por mar y por tierra, y claudicò. Apartando a los cubanos, Estados Unidos firmò con España la rendición y fin de la guerra en 1898.

Las tropas norteamericanas se posesionaron del territorio y obligaron a las fuerzas cubanas a entregar las armas y desmovilizarse. Se instaurò un gobierno interventor yanqui que rigiò hasta 1902, cuando se declaró por los norteamericanos la escamoteada independencia de Cuba.

Durante y después de la ocupación militar estadounidense, las transnacionales azucareras norteamericanas se posesionaron del país, adquiriendo grandes territorios a bajìsimos precios, o aplicando el desalojo, sobretodo en la parte oriental de la isla, donde era escasa la población.

Los Estados Unidos realizaron fuertes inversiones en la industria azucarera, en especial en la parte oriental del paìs, y sobre bases más ventajosas que las del siglo XIX, le abrieron sus mercados y originaron un acelerado desarrollo a este sector econòmico.

La distorsión demográfica en Cuba, heredada de la colonia, significaba que porciones de las regiones occidental y central, con una superficie menor del 20% del total, concentraban el 60% de la población, mientras que Camaguey y Oriente, con la mayorìa y mejores suelos agrícolas solo contaban con el 11,4% de la población total.

Los productores de azúcar norteamericanos y otros presionaron a los gobiernos de turno para conseguir mano de obra barata y para ello acudieron a las islas cercanas de Haití y Jamaica, para reclutar desocupados a muy bajos salarios.

Un grupo de hacendados organizó, en 1911, la “Asociación de Fomento de la Inmigración”, cuyo objetivo principal fue la importación de braceros haitianos y jamaicanos, a partir de 1912.

La emigración hasta entonces mayoritariamente europea a Cuba comenzó a cambiar a partir de que el presidente José Miguel Gómez (1909-1913) concedió a la compañía Nipe Bay Company, mediante el Decreto Presidencial número 23, del 10 de enero del 1913, el permiso de importar 1 000 braceros antillanos para el central Preston en la provincia Santiago de Cuba.
 
BRACEROS PARA LA ZAFRA AZUCARERA
Cuba desarrollò una política migratoria de puertas abiertas en las primeras décadas de la Repùblica mediatizada.

El movimiento de mano de obra barata propiciò que centenares, miles de antillanos (jamaicanos, haitianos y otros) fueran llevados a Cuba como jornaleros para las zafras azucarera y otras.

La Primera Guerra Mundial incentivò este trasiego a partir de que la isla devino en principal productor de azúcar para los paìses aliados y requería màs mano de obra barata.

El 3 de agosto de 1917 la Ley de Inmigración sancionada por el presidente Mario Garcìa Menocal autorizò toda inmigración de braceros o trabajadores por un plazo de hasta dos años después de concluida la guerra.

Pero el azúcar subiò su precio en el mercado mundial una vez terminada la guerra, la producción aumentò exorbitantemente y se originò el perìodo conocido como de “la danza de los millones”. En consecuencia, el nùmero de inmigrantes se duplicò de un año para otro (1919 para 1920).

Como mismo subiò, el precio del azúcar empezó a caer a partir de la zafra de 1920. Ello trajo aparejado que se empezara a aplicar otra política del gobierno de turno respecto a los inmigrantes.
 
DISCRIMINADOS Y REPATRIADOS
En 1921 el presidente Alfredo Zayas firmò el Decreto 1404 mediante el cual se exigía el reembarque de los braceros antillanos.

En la medida en que se acercò la etapa de crisis económica mundial, los inmigrantes antillanos fueron rechazados por la oficialidad de turno.

Al Congreso fueron presentados diversos proyectos de leyes contra la inmigración, con el fin de limitarla o suspenderla.

Los potentados azucareros no tan solo se opusieron a esta salida de la mano de obra barata, sino que estimularon la existencia de los inmigrantes ilegales en el paìs.

En tanto se evidenciò una enorme reducción en los inmigrantes que arribaron al paìs en 1922, esto cambiò en 1923 y siguientes años hasta el 1928.

Bajo acuerdo con sus respectivos gobiernos, la administración cubana realizò la repatriación de 15 600 antillanos en 1928, la mayorìa haitianos, 2 100 salieron por su propia voluntad.

La crisis económica capitalista mundial de 1929 agudizò esta situaciòn.

Fueron implantados férreos controles sobre la población extranjera arribante y residente en el paìs, y a los antillanos en especial se les propinò un abusivo trato por parte de las autoridades.

En 1930 fue presentado un proyecto de Ley de Inmigración y Colonización mediante el cual se prohibía la entrada al paìs de antillanos y chinos, entre otros.

La entrada de inmigrantes prácticamente se paralizò en 1932.

 
INMIGRACION HAITIANA EN CUBA. SIGLO XX Y...
Transcurridos los años seguirían, en menor medida, otros tránsitos y arribos de haitianos a Cuba -incluidos los perseguidos políticos y de otra naturaleza escapados del régimen de terror que implantó Francoise Duvalier en Haití-, con lo cual se iría conformando una masa de residentes haitianos y sus
descendientes en las más precarias condiciones de vida y de presión social, condicionante de la percepción y del trato otorgado a los antillanos y a sus "pichones".

La situación de esta etnia la ubicaba en el escalón social más bajo, sujeta a los disímiles prejuicios por su condición económica, por el color de su piel, por el no dominio completo del español y por otros factores vinculados a las zonas donde se radicaron (oriente y sur del país, fundamentalmente, en áreas cañeras, cafetaleras y otras).

La Revolución triunfante del Primero de enero del 1959 vino a detener circunstancialmente esta emigración y -cambiar radicalmente- el panorama del haitiano y sus descendientes en Cuba, conjuntamente con las transformaciones políticas, económicas y sociales que propició la llegada al poder del movimiento revolucionario encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Los haitianos y sus descendientes han recibido los mismos derechos y participan en el cumplimiento de las responsabilidades igual que el resto de los cubanos.

Han accedido a la educación y se han formado en numerosas profesiones y especialidades; han tenido la protección a su salud y a sus vidas; han recibido la oportunidad a un trabajo decoroso, a obtener sus honrados ingresos; han participado en las elecciones y han resultado elegidos; se han destacado en el deporte, en las ciencias, en la cultura y las artes, en la economía, en la defensa y en múltiples esferas.

La Revolución hizo hombres libres e iguales a todos los trabajadores del país, a los 26 000 braceros de origen antillano (jamaicanos, haitianos y otros), que durante años laboraron en cañaverales y cafetales en condiciones de explotación, cuando se promulgó en octubre de 1967 la Resolución 202 que les ofrecía una prestación a largo plazo no menor de 40.00 pesos, y que a partir del 1 de enero de 1969 se elevó a 60.00 pesos.

Tras la caída de la dictadura de los Duvalier se han producido éxodos hacia otros países, a veces de familias enteras, ante la precaria situación económica y social que vive Haití que han llegado a Cuba.

El mal tiempo y las no adecuadas condiciones de las embarcaciones han provocado recalas en las costas cubanas en solicitud de auxilio en provisiones y medicamentos

La Cruz Roja Cubana estableció en Maisí, en el oriente cubano, un campamento para la atención de estos casos. Por este concepto, por ejemplo, en el año 2001 recalaron en costas cubanas y arribaron al país 877 haitianos, de ellos 69 niños, 160 mujeres y 648 Hombres y se repatriaron 110, que de forma voluntaria solicitaron regresar a su país.
 
PROTAGONISMO DEL HAITIANO EN CUBA
Por coincidencias históricas, las revoluciones de Haití y de Cuba triunfaron un primero de enero: la haitiana en 1804, la cubana en 1959.

Ambas sentaron un precedente en el hemisferio occidental: la haitiana, la primera revolución triunfante de esclavos negros, la cubana, la primera en convertir en libre su territorio en América Latina e iniciar la construcción de una sociedad socialista.

La presencia del haitiano en Cuba no ha sido todo lo pasiva que regularmente se tiende a pensar. Ha tenido, y tiene, un papel activo dentro de la formación de la nación cubana y su ulterior desarrollo.

La idiosincrasia, las creencias y conductas sociales, económicas, religiosas, culturales, artísticas, hábitos alimentarios, remedios para la salud y otras del haitiano se han engarzado en el entramado de esta nación antillana.

Numerosos hijos de aquel país y sus descendientes ofrendaron sus vidas en las gestas libertarias cubanas o alcanzaron lugares cimeros en la Guerra de Independencia, así como en los posteriores años de lucha contra regímenes dictatoriales.

Un ejemplo de esta afirmación lo es también Emilio Bárcena Pier, descendiente de haitiano, que se incorporó a la lucha guerrillera contra la tiranía de Batista y, junto con el Ejército Rebelde creado por la vanguardia que asaltó al cuartel Moncada, luchó bravamente. El perteneció a las tropas del querido y legendario comandante Ernesto Che Guevara, hasta caer heroicamente en combate.

Sangre de sus descendientes se derramó también, junto con la cubana, en las acciones internacionalistas en África y en otras regiones, en aras de la libertad de aquellos pueblos. Las filas de combatientes cubanos del Che en el Congo, en el año 1965, contaron con un haitiano (Adrien Sansaricq) y no pocos descendientes de esta etnia.

Y así fue cuando Cuba ayudó al pueblo angolano a defender su libertad de los intentos coloniales sudafricanos, o en muchos otros lugares combatiendo al enemigo colonialista e imperialista, o brindando el apoyo a la educación, a la salud, a las construcciones, al desarrollo económico de naciones hermanas del llamado Tercer Mundo.

Al igual que el resto del pueblo, están librando las batallas actuales de Cuba por la defensa y e triunfo definitivo de la justicia y de la razón.

 
CULTURA HAITIANA
La dimensión cultural del elemento haitiano dentro del desarrollo de la nacionalidad cubana está aún por caracterizar en su justo alcance y en todos sus aspectos.

Entendida como modo de ser y de hacer y no solo la acumulación y manifestación de conocimientos estéticos y artísticos, la cultura haitiana ha tenido un rol en el proceso de transculturación que de diversa naturaleza se ha originado en Cuba.

Es parte integrante de ese gran “ajiaco” cultural y formador del pueblo cubano.

De la etapa precolombina los propios colonizadores españoles se encargaron de arrasar a la población residente y que provenía de la región conocida hasta entonces como Haití, por lo que no pudiera afirmarse de una prevalencia cultural de aquellos aborígenes.

El aporte del haitiano a la integral formación cultural cubana se manifiesta con mayor fuerza desde la llegada e inserción en la vida de la colonia española del siglo XVIII de los fugitivos franco-haitianos con sus dotaciones de esclavos, en la etapa de la Revolución de Haití, y pasa por los restantes componentes de la inmigración desde aquella región durante los siglos siguientes.


La descendiente de haitianos, la cantante Rosita Jean, "la
haitianita" actuó en la radio, la televisión, los cabarets
y el cine cubanos, en las décadas 1950-1960-1970 y 1980. A
la derecha, la artista haitiana Martha Jean Claude junto
al poeta nacional cubano Nicolás Guillen.

A través de los años se han ido sedimentando en la realidad cubana los elementos y valores de toda naturaleza provenientes de los haitianos, convirtiéndose en parte inseparable del desarrollo integral de toda la sociedad.


El General de Ejército Raúl Castro Ruz, segundo
secretario del Comité Central del Partido Comunista
de Cuba, y los Comandantes de la Revolución Juan
Almeida Bosque y Guillermo García Fría, comparten
con el grupo folclórico de descendientes de haitianos
Okay, de Santa Cruz del Sur, Camaguey, al finalizar la
Tribuna Abierta realizada en este municipio
el 5 de mayo del 2001.

El haitiano, centro de ese intercambio en tanto objeto y sujeto del proceso mutuo de influencia cultural, ha tenido en diversas etapas comportamientos de defensa de sus hábitos, costumbres, creencias, etc., ante la agresión, sojuzgamiento y discriminación sistemática a que estuvo sometido durante años por los otros integrantes de la sociedad hasta el triunfo de la Revolución cubana

Aún cuando los haitianos autóctonos mantuvieron una tendencia hacia una forma de vivir abroquelada, defensiva, autoformadora, encerrada en sí misma respecto al resto de la sociedad, no fueron ellos, ni sobre todos sus descendientes, totalmente ajenos a la asimilación creativa de la realidad circundante, de los avances de economía, la ciencia, la tecnología, la cultura, en fin, del desarrollo de la sociedad cubana.


Efraín Nadereau Maceo, descendiente de haitiano y destacado artista de la plástica y del periodismo cubano. Reside en Santiago de Cuba.

Así ha transcurrido la preservación y afirmación de su identidad cultural, de sus hábitos sociales y actitudes individuales, que conforman hoy día el estilo de vida y de trabajo, las manifestaciones de su participación activa en la vida cultural del país.

Sobre todo ello se despliega en estos momentos diversas investigaciones e intercambios de experiencias para alcanzar una integral caracterización de las expresiones de lo haitiano en la dimensión cultural del pueblo cubano.


Tipica forma de la haitiana de ponerse el pañuelo en la cabeza se ha traladado a la usanza cubana.
 
LA LENGUA CREOLE
Los inmigrantes haitianos llegaron a Cuba hablando en su lengua creole.

El creole se desarrollò como medio de comunicación entre los esclavos africanos traìdos al Nuevo Mundo y los amos europeos colonizadores en los siglos XVI y XVII. Fue una mezcla de varios dialectos africanos con el español, el inglès y el francès, de acuerdo con la zona de asentamientos de los interlocutores.

En Haitì, la fusiòn se produjo con el francès dado el desarrollo històrico de esa porciòn de la isla La Española.

Desde la oleada de franceses y la dotaciones de esclavos que trasladaron junto a ellos huyendo de los embates de la revoluciòn haitiana en el periodo de 1791 a 1804, y posterior a esta ùltima fecha, se insertò en Cuba el creole como una forma alternativa de comunicación.

Los cafetales fueron el principal escenario de esta forma de hablar entre los esclavos y luego trascendiò hacia las plantaciones cañeras y los centrales azucareros.

Las huestes mambisas conocieron tambièn de este lenguaje durante el desarrollo de la Guerra de Independencia.

Esta presencia del creole se acrecentò con la inmigración de haitianos como braceros en la primeras dècadas del siglo XX.

El creole devino tambièn como un elemento adicional de discriminación hacia sus hablantes. Se utilizò como tèrmino despectivo el del patua.

Por ello, los descendientes de haitianos se limitaron a hablara el creole en el seno familiar y no en el escenario pùblico, donde estaban oligados a comunicarse en español.

Pero, aùn asì, el creole se convirtió en la segunda lengua màs hablada en Cuba, debido al alto nùmero de inmigrantes haitianos y sus descendientes en el paìs. Cada vez màs los cubanos fueron accediendo a este lenguaje para su intercomunicación con los haitianos, y llegaban a hablarlo, entenderlo con dificultad o a estar de alguna manera familiarizados con algunos vocablos.

Ademàs de las provincias orientales, el creole està muy difundido en Camaguey y Ciego de Avila, en menor medida en Ciudad de la Habana y demàs provincias, segùn la presencia de haitianos y sus descendientes.

En la dècada de 1980 se hizo un sondeo sociològico en la provincia de Guantánamo y determinò que unos 4 000 haitianos y 45 000 descendientes residìan en esos momentos en este territorio oriental.

Un sistemàtico esfuerzo por la enseñanza del creole en aulas especiales creadas con tal fin se realiza en los ùltimos diez años en Ciudad de la Habana, Guantánamo y otros lugares.

Una emisora, Radio Habana Cuba, tiene varias horas diarias de transmisiones internacionales en creole.

Cada 28 de octubre se celebra el Dìa Internacional del Creole, declarado como tal desde el 1979 en las Islas Seychelles. En Cuba se comenzò a celebrar este dìa desde el 1996.
 
EL VOUDU EN LOS HAITIANOS
El término VOUDU es del lenguaje de los Fon de Benin, en el occidente de África, y significa espíritu.

La sobrevivencia de mitos, ritos, ritmos, dioses, tradiciones y representaciones religiosas de los negros esclavos africanos, traídos hacia Haití, fue influida y mezclada con la religión de sus opresores europeos: el cristianismo.

Los espíritus ancestrales (loas) representantes de los distintos aspectos de la vida, de la naturaleza, de las emociones y de las actividades humanas, actúan como intermediarios entre los hombres y los dioses.

El voudu es una religión basada en espíritus familiares de sus practicantes, en actuaciones de ayuda y de protección a ellos.

Carece de base teológica y de una jerarquía, pero tiene sus propios rituales y tradiciones, ceremonias y altares, donde están sus símbolos, imágenes y rezos católicos mezclados con rituales voudus y que la hace una religión única y haitiana.

El voudu ayudó a los esclavos a sobrevivir la esclavitud.

Mantuvieron viejas creencias africanas al tiempo que utilizaban algunas del cristianismo, en un proceso de sincretismo sin igual.



Es un producto de mestizaje cultural.

Representaciones de loas del voudu
 
HAITIANOS LONGEVOS
La República de Cuba está considerada como una de las más envejecidas en Latinoamérica, con más de un 14 por ciento de su población mayor de los 60 años.

Su pirámide poblacional así lo demuestra y ello preocupa a los especialistas en el país.

Pero, por otro lado, esta situación es una demostración del serio esfuerzo de la nación por la protección y desarrollo de sus ciudadanos desde el punto de vista económico, político y social. Desde 1959 en que triunfo la Revolución se ha legislado y actuado prácticamente en este sentido.

El sistema de salud y de asistencia médica garantiza desde la niñez el disfrute de una vida sana, capaz llegar no solo a adulto sino a una vejez con óptima calidad de vida.

La esperanza de vida al nacer -76 años- abarca a un número cada vez mayor de adultos que, no sólo alcanzan los cien años, sino que hasta sobrepasan esa edad.
Incluso, cada vez es más creciente el número de ciudadanos inscriptos en el Club de los 120 años, realizando las acciones que le ayuden en ese propósito. A ello contribuyen los nuevos conceptos gerontológicos y los programas de atención al adulto mayor instaurados en toda la nación desde 1974.

Sobrepasan los dos dígitos el número de ciudadanos que en Cuba superan los cien años. En esas cifras hay una cantidad considerable de haitianos residentes en el país.

Tanto los unos como los otros reciben esmerada atención con la participación activa de la familia, la comunidad y las organizaciones políticas y no gubernamentales.

En los últimos años hemos tenido la oportunidad de conocer a los siguientes haitianos centenarios:

Fecha de
Nombre nacimiento Edad Provincia
ARSENIO DAMA 1897 107 años Camaguey
ALBERTO YOIP 12-51886 118 años Ciudad de la Habana

NEMESIO FLORES DELVA 1904 100 años (fallecido) Camaguey

Foto tomada el 3 de enero del 2003, durante el homenaje al centenario de Nemesio, alias Ti Cluk, en el central Càndido Gonzàlez (antiguo Santa Marta). Le acompaña Sibelys Celidor Garcìa, descendiente de haitianos e investigadora sobre la cultura haitiana.

ELVIRA CELIA 25-5-1904 100 años Camaguey

Elvira reside en el Reparto 21 de Octubre del Central Càndido Gonzàlez, en Santa Cruz del Sur, provincia de Camaguey.

ALBERTO GOY 13-5-1882 122 años Ciudad de la Habana
MARIE RIBET DENIS 10-12-1892 112 años Ciudad de la Habana
JOSE MARTINEZ 4-10-1901 102 años (fallecido 10-10-2003) Camaguey
MANUEL ALVAREZ 15-9-1890 114 años Camaguey
EUGENIO MARTINEZ 27-6-1902 102 años Camaguey
VENANCIO LUIS HAITI 1903 101 años Las Tunas
TEOFILO TREFILO FEDERICO8-2-1900 104 años Camaguey

ANA LUISA CARIDAD
ANTONIA CRAIGH DESRRUSEAUX 22-12-1901 103 años Santiago de Cuba

A la izquierda, Ana Luisa contrae matrimonio cuando contaba 50 años de edad. A la derecha, aparece su mama, Rosa Marìa Rosalia Desrruseaux, fallecida a los 104 años de edad.

BENITO MARTINEZ ABOGAN 19-6-1880 124 años Ciego de Avila
 
PROTEGIDOS POR LA SEGURIDAD SOCIAL
Los braceros transportados hacia Cuba para suplir la carencia de mano de obra barata con destino al corte de la caña de azúcar provenían de Haití y Jamaica, principalmente, y de otras partes de la Antillas Menores.

Todos ellos fueron sometidos a las más infrahumanas condiciones para el trabajo duro en los campos, y bajo una fuerte discriminación en todos los órdenes.

Tal grado de explotación les hacía huérfanos de toda protección de los gobiernos imperantes o de la sociedad misma. Con el triunfo de la Revolución el primero de enero del 1959 cambió radicalmente esta situación.

Los beneficios en los terrenos de la economía, la educación, la cultura, los deportes, la recreación, la salud y otros, y la preservación de la vida misma con una dimensión más plena en su desarrollo que propició el nuevo régimen social en Cuba para toda la población, alcanzó también a esos inmigrantes y sus descendientes.

El Gobierno Revolucionario analizó en un momento determinado la situación de aquellos inmigrantes antillanos que, al momento de entrar en vigor la Ley de Seguridad social número 1100, del año 1963, no se encontraban trabajando por la edad o por sus condiciones físicas, y por lo tanto no estuvieron incluidos en sus beneficios.

Entonces se dictó la Resolución 232 del Ministerio del Trabajo en el año 1967, la cual incorporaba como beneficiarios de la seguridad social con una prestación monetaria adicional a la protección que ya recibían en cuanto a atención médica, de asilo, hospitalaria y otras por parte del Ministerio de Salud Pública como residentes en Cuba.

La propia resolución establecía ese acto como una justicia a los antillanos, ante el aporte a la economía del país durante tanto tiempo y sometidos a los más crueles niveles de explotación y discrimanción.

La cuantía fijada entonces fue de 40 pesos y lo recibieron más de siete mil antillanos en todo el país. Esa cantidad aumentó a 60 pesos en el año 1969 y posteriores incrementos ha propiciado que en la actualidad alcancen una pensión media de 90 pesos.

Según reportes de la base de datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Cuba se mantenían 92 haitianos beneficiarios de aquella resolución 232 que en la actualidad continúan cobrando su pensión.

Adicionalmente, de acuerdo con lo establecido en las leyes 1100 del año 1963 y 24 del año 1979, los familiares de los haitianos ya fallecidos que estaban acogidos a esa Resolución reciben también los beneficios de la Seguridad Social.

 
FIDEL CASTRO: "HAY QUE AYUDAR A HAITI"
DISCURSO DE CLAUSURA DEL V CONGRESO DE LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN
Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 28 de septiembre de 1998)

Y voy a añadir algo más. Queda Haití.

Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.

Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.

Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.

Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años
por cada 1 000 nacidos vivos.

Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a
15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.

¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?

Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que
están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.

Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado
incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.


Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a
aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.

Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales
norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus
dueños.

Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.

En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno
del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)

Aprovecho esta ocasión, este momento, cuando todavía viven esos pueblos bajo el trauma de lo ocurrido, para proponer este programa para ser dirigido por una institución de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud.

Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos
internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras
agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.



Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?

Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por
Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.

En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de
países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.

El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros
tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.

¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y
le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?

Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.

Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado incontables vidas.
 
LA LONGEVIDAD EN CUBA
La República de Cuba está considerada como una de las más envejecidas en Latinoamérica, con más de un 14 por ciento de su población mayor de los 60 años.

Su pirámide poblacional así lo demuestra y ello preocupa a los especialistas en el país.

Pero, por otro lado, esta situación es una demostración del serio esfuerzo de la nación por la protección y desarrollo de sus ciudadanos desde el punto de vista económico, político y social. Desde 1959 en que triunfo la Revolución se ha legislado y actuado prácticamente en este sentido.

El sistema de salud y de asistencia médica garantiza desde la niñez el disfrute de una vida sana, capaz llegar no solo a adulto sino a una vejez con óptima calidad de vida.

Durante el Primer Encuentro Internacional de Centenarios, celebrado en Ciudad de La Habana los días 9 y 10 de febrero del 2005, se manifestó que Cuba cuenta hoy con una esperanza de vida al nacer que rebasa los 77 años, comparable con la de naciones altamente industrializadas. Esto abarca a un número cada vez mayor de adultos que, no sólo alcanzan los cien años, sino que hasta sobrepasan esa edad.

Incluso, cada vez es más creciente el número de ciudadanos inscriptos en el Club de los 120 años, realizando las acciones que le ayuden en ese propósito. A ello contribuyen los nuevos conceptos gerontológicos y los programas de atención al adulto mayor instaurados en toda la nación desde 1974.

Sobrepasan varios dígitos el número de ciudadanos que en Cuba superan los cien años. Se habla de no menos de 2 500. En esas cifras hay una cantidad considerable de haitianos residentes en el país.

Tanto los unos como los otros reciben esmerada atención con la participación activa de la familia, la comunidad y las organizaciones políticas y no gubernamentales.

El doctor Eugenio Seltman, presidente del Club de los 120 Años, creado en el país hace un año con el lema: "Mientras más temprano comencemos, mejor, pero nunca será tarde para empezar", para promover una larga vida con calidad, declaró que se inició un estudio con las personas centenarias. Ya se concluyó en las provincias Ciudad de La Habana, donde hay 289 centenarios, y en La Habana, con otros 96. El 70 por ciento de ellos son mujeres.

Ha otros siete países que han desarrollado similares investigaciones con las personas que sobrepasan los cien años de edad.

En este encuentro se intercambió sobre los elementos influyentes en la supervivencia, demostrándose que un medio ambiente saludable, adecuada nutrición, buena salud mental y motivaciones para la vida permiten mantenerse activo e independiente a las personas centenarias.

LONGEVIDAD DE LOS HAITIANOS EN CUBA

Un número importante de haitianos gozaron y gozan aún de la privilegiada condición de estar entre los ciudadanos cubanos más longevos, al sobrepasar los 100 años de edad.

Pero las circunstancias de haber llegado a esta tierra como braceros para el corte y alza de la caña de azúcar, en el afán de hacer unos pesos y regresar a Haití nuevamente, bajo un régimen de trabajo muy poco distanciado del de la esclavitud a que estuvieron sujetos los negros esclavos traídos del Africa, con míseros ingresos por esa labor, engañados por todos, discriminados por la sociedad dada sus condiciones de negros, de extranjeros -sobre todo, por ser haitianos- y desconocedores del idioma español, les impidieron materializar sus propósitos de un regreso con holgura económica a su país de origen.

Mal alimentados, en viviendas con pésimas condiciones y con otras calamidades en su contra, estuvieron durante décadas sobreponiéndose a todo lo adverso.

Miles fueron deportados hacia Haití y, de los que lograron establecerse en Cuba, algunos formaron familias y sobrevivieron la situación hasta que el primero de enero de 1959 triunfó la Revolución y sus vidas, como para todos los cubanos, cambió para bien.

Esa es, en síntesis, las cracterísticas narradas por los haitianos que hoy poseen una centuria o más de años de vida.

Mantienen vivas sus raíces, su cultura, su creole a pesar del tiempo que han estado separados de su tierra natal.


HAITIANOS LONGEVOS EN CUBA QUE CONOCIMOS QUE VIVEN O VIVIERON CON MAS DE 100 AÑOS


NOMBRE (FECHA DE NACIMIENTO) (EDAD) PROVINCIA
1 ARSENIO DAMA (1897) (107) Camaguey
2 ALBERTO YOIP (12/05/1886) (118 años) Ciudad de la Habana
3 NEMESIO FLORES DELVA (1904) (100 años) (fallecido) Camaguey
4 ELVIRA CELIA (25/05/1904) (100 años) Camaguey
5 ALBERTO GOY (13/05/1882) (122 años) Ciudad de la Habana
6 MARIE RIBET DENIS (10/12/1892) (112 años) Ciudad de la Habana
7 JOSE MARTINEZ (04/10/1901) (102 años) (fallecido 10-10-2003) Camaguey
8 MANUEL ALVAREZ (15/09/1890) (114 años) Camaguey
9 EUGENIO MARTINEZ (27/06/1902) (102 años) Camaguey
10 VENANCIO LUIS HAITI (1903) (101 años) Las Tunas
11 TEOFILO TREFILO FEDERICO (08/02/1900) (104 años) Camaguey
12 ANA LUISA CARIDAD
ANTONIA CRAIGH DESRRUSEAUX (22/12/1901) (103 años) Santiago de Cuba
13 EUGENIO MARTINEZ (27/06/1902) (102 años) Camaguey
14 VENANCIO LUIS HAITI (1903) (101 años) Las Tunas
15 BENITO MARTINEZ ABOGAN (19/06/1880) (124 años) Ciego de Avila




 
BENITO MARTÍNEZ ABOGAN, EL MAS VIEJO DE CUBA
Nacido el 19 de junio de 1880, en Cavaellon, Haití, Benito Martìnez Abogan es el hombre más viejo de Cuba.

Llegó a este país siendo un hombre maduro y como cientos y miles de inmigrantes haitianos, había venido como bracero para la zafra azucarera. Más adelante realizó otras labores agrícolas y trabajos en la construcción, hasta que se jubiló.

Desde 1925 reside en la provincia de Ciego de Avila, actualmente en el poblado de Vila, en la región central de Cuba.

A mediados de este año la prensa local lo entrevistó y dijo gozar de una buena salud física y mental, aunque con un poco dolor en la cintura e inflamaciones en los pies. Se mantiene activo en las labores agrícolas en su parcela, en la cultiva algunas viandas y la mantiene libre de malas hierbas. Se cocina él mismo sus alimentos, de vez en vez sus buenas caldosas, pues se ha mantenido soltero durante toda su vida

Benito recibe la atención del Estado cubano no sólo mediante el pago de su jubilación, sino también vive en una casa que le han construido y acondicionado, y recibe la atención de una trabajadora social pagada estatalmente.
 
HAITIANOS NONAGENARIOS EN CUBA
Un número considerables de los haitianos autóctonos residentes en Cuba gozan del alto privilegio de contar una avanzada edad y gozar de meridiana salud.

La calidad de vida de estos haitianos permite apreciar su confort, estado de salud y demás condiciones en su cotidiano accionar, lo que les señala como uno de los ejemplos en Cuba de la atención a las personas de la Tercera Edad, cualesquiera que sea su fortuna, procedencia étnica o color de su piel.

Entre los haitianos de avanzada edad están los nonagerios, aquellos cuyo nacimiento se origino entre 1907 y 1916.

He aquí algunos de ellos:

PROVINCIA GUANTANAMO

FELIBERTO DUARTE MARIA nacido el 12 de junio de 1908, con 98 años, reside en el hogar de ancianos San José
CARMELINA FRANCOIS FULBERT nacida el 8 de mayo de 1907, con 99 años, reside en el hogar de ancianos San José

PROVINCIA SANTIAGO DE CUBA

SALOMON CASAL HAITI nacido el 14 de junio de 1914, con 92 años, reside en el hogar de ancianos de Contramaestre.

PROVINCIA GRANMA

ALONSO LUIS HAITI nacido el 28 de agosto de 1908, con 98 años, reside en el hogar de ancianos de Bayamo

PROVINCIA HOLGUIN

CARLOS RUIZ PEREZ nacido el 5 de noviembre de 1907, con 99 años, reside en el hogar de ancianos de Cueto

PROVINCIA LAS TUNAS

EMILIO PEREZ nacido el 5 de agosto de 1909, con 97 años, reside en el hogar de ancianos de Jobabo
FELIPE PEREZ HAITI nacido el 19 de octubre de 1907, con 99 años, reside en el hogar de ancianos de Manatí

PROVINCIA CAMAGUEY

REINALDO MARTINEZ nacido el 19 de septiembre de 1915, con 91 años, reside en el hogar de ancianos de Manuel Ramon S.
MARCELO RENE CLEVO nacido el 12 de septiembre de 1914, con 92 años, reside en el hogar de ancianos de Padre Olallo
ERNESTO BATISTA nacido el 19 de noviembre de 1913, con 93 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Brasil
FEDERICO GUTIERREZ PEREZ nacido el 16 de enero de 1912, con 94 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Brasil
FRANCISCO PEREZ PEREZ nacido el 6 de junio de 1912, con 94 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Imías
JUANA LUIS LEDEL nacida el 4 de mayo de 1911, con 95 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Imías
REDIEL POL nacido el 4 de agosto de 1907, con 99 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Imías
EMIL FRANCE nacido el 27 de julio de 1911, con 95 años, reside en el hogar de ancianos de La Jagua
ALBERTO SANCHEZ LARA nacido el 4 de agosto de 1909, con 97 años, reside en el hogar de ancianos de La Jagua

PROVINCIA CIEGO DE AVILA

FEDERICO PALMA, nacido el 20 de mayo de 1908, con 98 años en el 2006, reside en el Centro Gerontológico Camilo Cienfuegos.



ANTONIO MENDEZ, nacido el 19 de marzo de 1907, con 99 años en el 2006, reside en el Centro Gerontológico Camilo Cienfuegos.



CANDIDA CORREOSO ALVAREZ nacida el 10 de marzo de 1916, con 90 años, reside en el hogar de ancianos del municipio Venezuela
JOSE MIGUEL GOMEZ nacido el 2 de mayo de 1908, con 98 años, reside en el hogar de ancianos de Venezuela