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para abrirte el corazón
Trocitos de mí mismo, jirones de lo que llevo dentro.
Acerca de
Hoy no hace ni frío ni calor, no corre fuerte el viento, no hay nada especial que me haga reintentar esta aventura, sólo el deseo de volcarme... y cada verso es un jirón de piel.
Sindicación
 
Prescindir
Hay seres humanos de sobra, personas que no sirven para nada, que son necesariamente prescindibles. No tienen rostro, o quizá se lo hayamos borrado. No tienen voz, o tal vez de tanto llorar sus pliegues vocales se hayan dislocado. No tienen tiempo, o tal vez nos hemos acostumbrado a verlos en la televisión a la hora de comer, y hayamos decidido cambiar de canal. "El mundo es nuestra clínica", reza el slogan de la empresa farmacéutica cuya sombra merodea la película. Se los olvidó decir, tal vez, "...y África es nuestro laboratorio".

Hay vidas que no lo son, porque prescindimos de ellas. Niños hinchados de muerte y de hambre, oleadas de refugiados, en un jardín donde las malas hierbas crecen, y rompen el equilibrio. Da lo mismo que se mueran de sed, de guerra o de sida. Todo es un negocio, un valor bursátil, del que no podemos prescindir, aunque sí lo hagamos de hombres, y mujeres, y niños, rosas truncadas, arrancadas del jardín.

Me quedo sentado en la butaca. Fuera del cine me espera mi vida, prescindible, rutinaria, ajena a los parterres, a los arreates, al juego de dolor que se establece en el mundo. El jardinero, constante y fiel, intenta salvar la vida de una niña. Hay muchas como ella, lo sabe, no se puede cultivar todas las flores (triste realidad), pero al menos una puede ver la luz y soñar con el rocío.

"¿Qué será de ella?" La respuesta conformista no se hace esperar: "...con suerte llegará a un campo de refugiados". Saltar una valla, morir en una barca de madera, ¿qué más da? De ellos, de mí, se puede prescindir.
 
Chocar
"En esta ciudad la gente choca porque necesita sentir". Así empieza la película, con la sentencia de uno de los personajes, que reflexiona sobre la necesidad de experimentar que seguimos vivos, sintiendo. Nada lejos de la realidad, en mi vida siento que son muchos los choques, los golpes, las colisiones que se producen. Los contactos físicos, los roces, las miradas, se repiten a todas horas, demostrándome que sigo vivo, capacitado para hacer aflorar en la piel un atisbo de sentimiento, de sentido.

No concibo mi vida sin las caídas, sin los reveses, sin las paradas en seco, y el vacío en el que a veces me precipito. En ocasiones el miedo me paraliza, y aún así, sigo empotrándome contra cuerpos, almas y paredes, que van delimitando mi dimensión espacio temporal, que tejen de arañazos y contusiones los centímetros de mi vida, haciéndome caer en la cuenta de que desde que me levanto, me muevo montado en un coche de choque, al que a veces le faltan los frenos, o tal vez la corriente eléctrica no le llegue, condenándolo a la inactividad.

Prefiero chocar, hacerme daño, sentir, sentirme, llorar y reir. Prefiero el ruído de los cristales, al que se desprende del tiempo inapetente. Prefiero salir despedido del auto que me lleva, a utilizar un cinturón cuya única seguridad es la de restar aire a mis momentos. Prefiero los excesos de mis sentimientos a morirme sin saber que se siente. Prefiero tener miedo, a no tener nada por lo sentir miedo.
 
Necesito
Necesito que el autobús se equivoqué de calle, y que algo diferente le pase a mi día, que la última parada sea el país de las maravillas, del que hace tiempo me mudé. Necesito que la lista de interinos se mueva, y dejar así de mirar todos los días el maldito pdf, que se ríe cruelmente de la ilusión que se me apaga entre las manos. Necesito que alguien se quede a dormir esta noche, que no pida nada, que no haga ruido, sólo reclamo un trozo de calor. Necesito no irme corriendo de tu casa, justo en ese momento en el que tu cara encuentra un hueco entre mis manos, en el instante en que a punto estoy de enamorarme, a pesar de las prohibiciones que me impongo, que me exiges. Necesito el frío de tu suelo, que me recuerda la extraña posición que hemos decidido adoptar.

Necesito que no dejes de soñar conmigo, aunque me sangren los oídos cada vez que me lo recuerdes, aunque ya no te arropes con el agodón de mi cobertor. Necesito tropezarme contigo en el metro, y dejar de rezar de una maldita vez siempre que el vagón se para en tu andén. Necesito tridimensionar la imagen que me regalas en las fotografías, y que vuelvas a llamarme, a contestar a mis mensajes, y a contarme lo que pasa en tu ciudad, que por un momento también fue la mía. Necesito no temblar cuando te tenga delante, como sucumbo al tenue movimiento cada vez que tu nombre se dibuja en la agenda de mi teléfono móvil. Necesito conocerte, para dejar de tener necesidad de hacerlo.

Necesito que la próxima vez que alguien me invite a una suculenta comida de 170 euros, no desaparezca por los pliegues de las sábanas. Necesito no llorar cada vez que escuchó canciones de amor, o hacerlo de tal forma que se me vaya la piel por el desagüe. Necesito gritar, y conformarme con los estrechos límites de ciudad, o quizá salir corriendo por el mundo, sin quedarme a dormir en ninguna posada.

Necesito que Dios vuelve a decirme que me quiere, que me vuelva a ilusionar, que la tibieza me funda de hielo o de fuego, pero no, así no se puede vivir. Necesito quitarme las gafas, y contar las farolas que hay camino de mi casa con los bultos de la frente. Necesito que alguien me de un abrazo, y que me coja de la mano en el cine. Necesito que nadie me quiera, porque empezaré a tener miedo, y saldré corriendo, huyendo, que es lo único que ya no necesito.

Lo siento, necesitaba escribirlo.
 
Hábitos
Por petición de algún lobo teñizo de ceniza, he de contaros hábitos míos raros, a ser posible cinco (por el... tralará tralará). Supongo que es dícifil quedarme con cinco, pero lo voy a intentar, eso sí, se aceptan centimos de euro para gestionarme una buena psicoterapia. Va por ustedes!!

Primer hábito (el más físico):

Cuando empiezo un libro siempre leo el principio, hasta el primer signo de puntuación, y seguidamente me voy al final, y leo desde el penúltimo signo al punto y final que conmemora los límites finitos de la obra. ¿Por qué lo hago? Porque soy un cagaprisas, y necesito saber siempre todo, controlarlo todo, incluso la imaginación de otras personas. Hay casos curiosos, como "El coronel no tiene quien le escriba", de García Márquez, que finiquita sus frases con un soberbio y rotundo ¡Mierda! El libro es una verdadera maravilla, os lo recomiendo.

Segundo hábito (el que más ridículo me hace sentir):

Hablo solo. Esto no lo sabe nadie (mi madre sí, que ha regañado mil veces por eso). Voy por la calle, y depende de mi destino, digo unas cosas u otras: si voy enfadado y en busca de una conversación seria, ensayo las frases que tengo que decir; si voy feliz de la vida, me pongo a cantar (a veces a grito pelado, en serio). Ahora menos, pero antes me metía en el baño, y me pasaba horas, ¿hablando solo?, no, recreando los diálogos de las películas que tenía en mi cabeza; siempre he pensado que eso era mejor que meterse con el Marca como hacía mi hermano.

Tercer hábito (el que más problemas me acarrea):

Vivo la vida como una competición. Siempre tenía que ser el primero en los exámenes, y lo pasaba mal cuando esto no era así. Todavía recuerdo el primer examen que suspendí, uno de inglés en 8º de E.G.B., ¡qué mal rato! Ahora tengo la sensación de que mi vida es un rally que ganar, aunque a veces la veo tan pequeña, que no es más que un circuito de cars. De todas formas voy aprendiendo a ser más humilde, y eso se consigue a base de suspender exámenes, y de no ser siempre el empollón de la clase.

Cuarto hábito (el que más me hace sufrir):

Engancharme, que no enamorarme, de quien no debo. Pero yo no soy de los que es capaz de soltar el anzuelo, no..., yo me emperro y me emperro, y he llegado a tirarme horas y horas bajo un balcón a intempestivas horas de la madrugada, o he dado quince mil idas y venidas de la boca del metro al portero automático, deshojando una margarita de infinitos pétalos. Yo nunca miro si la piscina tiene agua, cuando aprendí a tirarme de cabeza me aseguré de tirar también la dignidad. Pero todo esto también remite, lento pero seguro. Me he comprado un flotador para sobrevivir a los naufragios.

Quinto hábito (el que hace que me sangren los labios -y el corazón-):

Soy comedor compulsivo de pipas, un hamster sapiens, que se puede meter entre pecho y espalda tres quilos y medio del sabroso fruto del girasol. Resultado final: un dolor de mandíbula tan grande que a punto deriva en hiperdesarrollo del trigémino, y heridas en los labios, los dedos negros, y unas ganas de vomitar tremendas. El cargo de conciencia ante la pesadez y el malestar corporal es tan grande, que a modo de mantra que digo: "No lo volveré a hacer, no lo volveré a hacer..." Inútil, yo siempre tropiezo en la misma piedra, y caigo en el mismo foso, será que mi memoria de pez no me permite la mesura.

Aquí están mis hábitos vergonzosos, y lanzo la pelota a:

Insecto Palo
www.insectopia.bitacoras.com

Tone
www.blogs.ya.com/toneslife

Óscar
www.blogs.ya.com/kementasun

Abril
http://lluviadeabrilmil.bitacoras.com/

Lola
www.lolamr.blogalia.com


El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito, de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo acepto el reto.