Olvido
Muchas veces me empeño, y pocas lo consigo. Oigo la misma frase siempre, en imperativo, cómo si fuera tan fácil. Caigo una vez y otra en el masoquista juego de recordarte, de echarte de menos, y de buscarte por las calles. Apareces cada cierto tiempo, condenándome al recuerdo, afincándome en el deseo de la aspereza de tus manos, de la frialdad de tu mirada. Me recorres la espalda a mordiscos, empachándote de mí, con la avidez propia de los buitres, que necesitan la carroña para alimentarse.
¿Acaso soy yo un muerto? No quiero creer que me niego el futuro, aunque busque entre los saldos sabores y olores que emboten mis sensaciones, que por un momento, fugaz y doloroso, te sustituyan. Cuando la oscuridad de tu cuerpo se sienta a mi lado, mis manos se empeñan en taladrarse al asiento para no salir corriendo en busca de tus facciones, pero no lo consiguen, y menos mis ojos, perritos falderos que imploran las migas de pan que caen de tu mesa, del altar allí donde mi amor te ha colocado.
Juegas conmigo, lo sé; como sé, a ciencia incierta, que me deseas, que tú también me echas de menos, que tampoco me olvidas, que para tí mis besos también son veneno. Descubro en el timbre de tu voz, en tus silencios, la interna necesidad que tienes de mi cuerpo, ojalá también de mi tiempo, porque mi alma ya la tienes, porque ya tienes mis sesos.
El amor que dudo un día me tuvieras, se fue mucho antes que tú. Y aún te recuerdo, porque no soy capaz de olvidar, calle Hortaleza arriba, girando la cabeza, incapaz de escupirme a la cara que ya no me sueñas. Y ahora vuelves, chapoteando en el agua de mis ojos, sin reparo, a hacerme daño, adentrándote en mi vida, impregnando mi colchón de vapores que no se irán en demasiado tiempo.
Me obligas a olvidarte, y no me dices como hacerlo. Si es lo que yo quiero, si eso pretendo..., pero, ¿cómo conseguirlo? Me obligas a desnombrarte justo en el crucial momento en el que estás dentro. Escucho una canción, para tantos desconocida, para mi, himno en este duelo... "no puedo mirar para otro lado, he tenido dentro tu mirada..."
¿Cómo olvidar tus manos frías, tus besos secos, tus palabras, tus promesas? ¿Cómo ausentarme de tu cuerpo...?
¿Acaso soy yo un muerto? No quiero creer que me niego el futuro, aunque busque entre los saldos sabores y olores que emboten mis sensaciones, que por un momento, fugaz y doloroso, te sustituyan. Cuando la oscuridad de tu cuerpo se sienta a mi lado, mis manos se empeñan en taladrarse al asiento para no salir corriendo en busca de tus facciones, pero no lo consiguen, y menos mis ojos, perritos falderos que imploran las migas de pan que caen de tu mesa, del altar allí donde mi amor te ha colocado.
Juegas conmigo, lo sé; como sé, a ciencia incierta, que me deseas, que tú también me echas de menos, que tampoco me olvidas, que para tí mis besos también son veneno. Descubro en el timbre de tu voz, en tus silencios, la interna necesidad que tienes de mi cuerpo, ojalá también de mi tiempo, porque mi alma ya la tienes, porque ya tienes mis sesos.
El amor que dudo un día me tuvieras, se fue mucho antes que tú. Y aún te recuerdo, porque no soy capaz de olvidar, calle Hortaleza arriba, girando la cabeza, incapaz de escupirme a la cara que ya no me sueñas. Y ahora vuelves, chapoteando en el agua de mis ojos, sin reparo, a hacerme daño, adentrándote en mi vida, impregnando mi colchón de vapores que no se irán en demasiado tiempo.
Me obligas a olvidarte, y no me dices como hacerlo. Si es lo que yo quiero, si eso pretendo..., pero, ¿cómo conseguirlo? Me obligas a desnombrarte justo en el crucial momento en el que estás dentro. Escucho una canción, para tantos desconocida, para mi, himno en este duelo... "no puedo mirar para otro lado, he tenido dentro tu mirada..."
¿Cómo olvidar tus manos frías, tus besos secos, tus palabras, tus promesas? ¿Cómo ausentarme de tu cuerpo...?
Sí
Antes de empezar, un AVISO: puede ser que ésto sea largo, pero no me importa que no se lea, porque sólo espero que llegue una persona. Antes de continuar, una PREMISA: lo que aquí leas no es una inspiración divina, son palabras, intentos burdos de hacerte ver que me equivoco, y mucho, y por lo tanto te pido que lo veas como eso, palabras, no piedras, no puñales, no intentos de herir, tampoco de convencerte, aunque ojalá, sólo palabras, a veces poco claras, ambiguas, que depende del lector, de sus sentimientos y de su circunstancia.
¿Mi circunstancia? Me duele enormemente haber herido, no haber utilizado la calma y las neuronas, haberme puesto a gritar noes sonoros, mirándome el ombligo como el mejor paisaje al que asomarme. He aprendido varias cosas, entre ellas que lo que escribo en el blog, igual que le llega a mucha gente de forma positiva, puede hacer daño de forma individual. Duro aprendizaje. He descubierto que me importas, que por alguna razón me hace sentir mal tu dureza, ojalá pudieras ver mi cara, tontamente me he puesto a llorar, ojalá tuviera la oportunidad de decirte que tu voz es bonita, no por su timbre, sino por su calor, y que es de estúpido taparse los oídos, negándose a escuchar.
Sé mejor que nadie de mi imperfección, de la mala leche visceral que tengo. Con el tiempo he ido descubriendo lo que una vez uno de esos gurús que te encuentras por la vida me dijo: "Lo importante no es las veces que se haga daño, sino el afán y el empeño de sanar las heridas que producimos". La de ahora la intuyo grande, y la distancia y el desconocimiento del otro me hace doble la labor de sanar, pero lo intentaré de igual forma. De nada sirve tragarme las palabras, cuando el dolor está hecho, sólo quiero aprender a no herir. Si fuiste la gota que hizo que el agua se perdiera, ahora eres esa bombilla que avisa y dice "te has pasao tres pueblos...". Un poeta/cantante amigo tiene una canción en la que se autodefine desde la paradoja, "a veces caricias de viento, otras bofetón...". El guantazo te ha dolido, déjame ser brisa ahora, y sal corriendo a por todas las caricias que necesites, porque las mereces, y perdona por no haber compartido tu alegría.
Pase lo que pase, no me quiero quedar con la conversación de hace un rato, no; recuerdo otras, donde disfrutaba contigo, en un juego de pistas que me acercó a tí. ¿Recuerdas el premio?, ojalá pueda cobrármelo, y también un accésit, un abrazo que me diga "todo está bien". Tengo una carta escrita para tí, cuya mensajera no pudo entregarte, y unos cd's grabados con la música que me apetecía compartir contigo. Pase lo que pase, quiero ser como Álmasy, capaz de recorrer un desierto y la hostilidad de una guerra, buscando así enmendar los errores..., ojalá pudiera tocarte el corazón.
Toca poner título a lo que escribo, a esta carta, declaración de intenciones, vete tu a saber qué... Tal vez "Ojalá", ¿por qué no "Perdón"? Pero ya sé, "Sí", con una tílde con un camión, para que no haya condiciones, y que puedas trastocar, y ojalá olvidar, toda la negatividad que en este momento me anega la garganta.
Por cierto, amigo Hércules Poirot, ésto no lo firma Luar, lo hace Raúl, no sé si eso sirve para algo.....

¿Mi circunstancia? Me duele enormemente haber herido, no haber utilizado la calma y las neuronas, haberme puesto a gritar noes sonoros, mirándome el ombligo como el mejor paisaje al que asomarme. He aprendido varias cosas, entre ellas que lo que escribo en el blog, igual que le llega a mucha gente de forma positiva, puede hacer daño de forma individual. Duro aprendizaje. He descubierto que me importas, que por alguna razón me hace sentir mal tu dureza, ojalá pudieras ver mi cara, tontamente me he puesto a llorar, ojalá tuviera la oportunidad de decirte que tu voz es bonita, no por su timbre, sino por su calor, y que es de estúpido taparse los oídos, negándose a escuchar.
Sé mejor que nadie de mi imperfección, de la mala leche visceral que tengo. Con el tiempo he ido descubriendo lo que una vez uno de esos gurús que te encuentras por la vida me dijo: "Lo importante no es las veces que se haga daño, sino el afán y el empeño de sanar las heridas que producimos". La de ahora la intuyo grande, y la distancia y el desconocimiento del otro me hace doble la labor de sanar, pero lo intentaré de igual forma. De nada sirve tragarme las palabras, cuando el dolor está hecho, sólo quiero aprender a no herir. Si fuiste la gota que hizo que el agua se perdiera, ahora eres esa bombilla que avisa y dice "te has pasao tres pueblos...". Un poeta/cantante amigo tiene una canción en la que se autodefine desde la paradoja, "a veces caricias de viento, otras bofetón...". El guantazo te ha dolido, déjame ser brisa ahora, y sal corriendo a por todas las caricias que necesites, porque las mereces, y perdona por no haber compartido tu alegría.
Pase lo que pase, no me quiero quedar con la conversación de hace un rato, no; recuerdo otras, donde disfrutaba contigo, en un juego de pistas que me acercó a tí. ¿Recuerdas el premio?, ojalá pueda cobrármelo, y también un accésit, un abrazo que me diga "todo está bien". Tengo una carta escrita para tí, cuya mensajera no pudo entregarte, y unos cd's grabados con la música que me apetecía compartir contigo. Pase lo que pase, quiero ser como Álmasy, capaz de recorrer un desierto y la hostilidad de una guerra, buscando así enmendar los errores..., ojalá pudiera tocarte el corazón.
Toca poner título a lo que escribo, a esta carta, declaración de intenciones, vete tu a saber qué... Tal vez "Ojalá", ¿por qué no "Perdón"? Pero ya sé, "Sí", con una tílde con un camión, para que no haya condiciones, y que puedas trastocar, y ojalá olvidar, toda la negatividad que en este momento me anega la garganta.
Por cierto, amigo Hércules Poirot, ésto no lo firma Luar, lo hace Raúl, no sé si eso sirve para algo.....

Málaga
Tu ciudad es anegada por el agua; mi estómago es devorado por los nervios. Tu ciudad se niega a regalarme el sol, y mis ojos ya se han acostumbrado a estas cuatro paredes. Tu ciudad presume de mar, y por mi cuerpo baja el sudor, y lo que de él sobra. Tu ciudad es un espejismo, pero tú ya no eres una ilusión.
La lluvia me resta la oportunidad de pasearla, y a cambio me ofrece tu espalda para recorrerla con mi lengua. Tu ciudad es una imagen acuosa, desde el frío de tus dos ruedas, prolongación inexacta de ti mismo. Tu ciudad será siempre una noche de caricias y de búsquedas, con un fondo musical de orquesta minimalista (Conciertos de Radio 3) y un caer agua a jarrazos desde las canales de los tejados.
Tu ciudad queda circuscrita a las cuatro esquinitas que tiene esta cama, que se han convertido en mi nave nodriza. Tu ciudad me suena a risotada y a recuerdos de la infancia, a gemido lujurioso, y a súplica de tus manos para que amasen y perforen mi cuerpo. Tu ciudad me suena a música, ecléctica, rumbera y clásica, al Adagio de Albinoni, a equivocar las melodías. Tú ciudad asciende por mi pierna como las hormigas, haciendo cosquillas, impidiendo respirar. Tú ciudad eres tú, de quien conservo algunas fotos. Málaga nunca me sonará igual..., quedando tanto por escuchar...

La lluvia me resta la oportunidad de pasearla, y a cambio me ofrece tu espalda para recorrerla con mi lengua. Tu ciudad es una imagen acuosa, desde el frío de tus dos ruedas, prolongación inexacta de ti mismo. Tu ciudad será siempre una noche de caricias y de búsquedas, con un fondo musical de orquesta minimalista (Conciertos de Radio 3) y un caer agua a jarrazos desde las canales de los tejados.
Tu ciudad queda circuscrita a las cuatro esquinitas que tiene esta cama, que se han convertido en mi nave nodriza. Tu ciudad me suena a risotada y a recuerdos de la infancia, a gemido lujurioso, y a súplica de tus manos para que amasen y perforen mi cuerpo. Tu ciudad me suena a música, ecléctica, rumbera y clásica, al Adagio de Albinoni, a equivocar las melodías. Tú ciudad asciende por mi pierna como las hormigas, haciendo cosquillas, impidiendo respirar. Tú ciudad eres tú, de quien conservo algunas fotos. Málaga nunca me sonará igual..., quedando tanto por escuchar...

No
No, de repente ya no. Con mayúsculas, en negrita, cursiva y subrayado (si pudiera), con un grito que desgarre mi garganta. No. Has pasado de la una distancia cercana, a una lejanía insalvable. Me gustaría enfadarme, decir que te has portado mal, que las cosas no se hacen así, pero no puedo hacer el mínimo reproche, no puedo echarte nada en cara, porque nunca hubo más promesas que las que yo quise creerme. Aún así siento que NO.
Intuyo mi cara de tonto, los ojos rebotando en el asombro. Constructos que mi mala cabeza se había hecho; pajas mentales. He estado pendiente del móvil demasiado tiempo, sin poder reprocharte el que no llamaras, porque nunca quedaste en hacerlo, y sin embargo, me hacía tanta, tanta ilusión recibir mensajes... Pero ya sé que no. Me corté el pelo, miré horarios, recopilé mis canciones en un disco, incluso inicié un poema, sobre una especie de amistad extraña que se aventuraba real, superando su virtualidad; pero todo se queda en un deseo muerto a medio camino, en unas ganas desganadas, en un momento de debilidad.
No quiero tridimensionarte, y si parezco estúpido e infantil me da igual, porque reclamo mi derecho a enfadarme sin tener, a tú modo de ver, un motivo para hacerlo. Sé que el corazón vuela allí donde se atisba una caricia, pues corre, no vaya a ser que te quedes sin ella, pero yo ya no, no quiero saber más de las fotos y de la voz que durante mucho tiempo le ha dado sentido a cada cosa que escribía en este pequeño rincón. Te fuiste diluyendo poco a poco, pero el portazo ha sido sonoro, suena a NO.
Esto es un berrinche, sí señor, pero me toca (con perdón) los cojones que todo el mundo se crea en el derecho de hacerme esperar, de pensar que yo nunca me enfado, que lo comprendo todo. No soy la reencarnación de la Madre Teresa, ni ganas que tengo. Lo acepto, todo ésto es una exageración, una salida de tono o que estoy meando fuera del tiesto, pero nunca me caractericé por ser comedido, más bien todo lo contrario, excesivo. Me lo voy a tatuar en la piel (junto al letrerito de "rianse de mí que soy tonto") para tenerlo bien presente: NO quiero conocerte, NO quiero visitarte, No quiero comprenderte.
(A lo mejor mañana me arrepiento de haber escrito esto, pero lo escrito escrito está). Buenas noches, ufffff....
Intuyo mi cara de tonto, los ojos rebotando en el asombro. Constructos que mi mala cabeza se había hecho; pajas mentales. He estado pendiente del móvil demasiado tiempo, sin poder reprocharte el que no llamaras, porque nunca quedaste en hacerlo, y sin embargo, me hacía tanta, tanta ilusión recibir mensajes... Pero ya sé que no. Me corté el pelo, miré horarios, recopilé mis canciones en un disco, incluso inicié un poema, sobre una especie de amistad extraña que se aventuraba real, superando su virtualidad; pero todo se queda en un deseo muerto a medio camino, en unas ganas desganadas, en un momento de debilidad.
No quiero tridimensionarte, y si parezco estúpido e infantil me da igual, porque reclamo mi derecho a enfadarme sin tener, a tú modo de ver, un motivo para hacerlo. Sé que el corazón vuela allí donde se atisba una caricia, pues corre, no vaya a ser que te quedes sin ella, pero yo ya no, no quiero saber más de las fotos y de la voz que durante mucho tiempo le ha dado sentido a cada cosa que escribía en este pequeño rincón. Te fuiste diluyendo poco a poco, pero el portazo ha sido sonoro, suena a NO.
Esto es un berrinche, sí señor, pero me toca (con perdón) los cojones que todo el mundo se crea en el derecho de hacerme esperar, de pensar que yo nunca me enfado, que lo comprendo todo. No soy la reencarnación de la Madre Teresa, ni ganas que tengo. Lo acepto, todo ésto es una exageración, una salida de tono o que estoy meando fuera del tiesto, pero nunca me caractericé por ser comedido, más bien todo lo contrario, excesivo. Me lo voy a tatuar en la piel (junto al letrerito de "rianse de mí que soy tonto") para tenerlo bien presente: NO quiero conocerte, NO quiero visitarte, No quiero comprenderte.
(A lo mejor mañana me arrepiento de haber escrito esto, pero lo escrito escrito está). Buenas noches, ufffff....
Inés
Lo que hoy escribo tiene nombre propio; y el sentimiento hecho trizas. Lo que hoy quiero contar podría ser el guión de un vulgar melodrama de Hollywood, pero no, esta vez la chica abandonada a un mes de su boda es real: tiene nombre propio y el corazón destrozado.
De quien hoy hablo se quiere morir de pena, pero ya no está angustiada. Hablo de ella, que es dura como el mármol, de Carrara, y frágil como el papel, de celofán. Ella, como en la canción, sabe que se caen los esquemas de su vida, y que su cuerpo se convierte en río, ella, aprenderá que es mejor estar sola que en su vida, ella...
Lo que hoy veo es un rostro desconcertado, pero que no se ha hundido, que se sabe a flote, aunque necesite pastillas para dormir y amigos con los que ir al cine. Lo que hoy quiero es decir que yo confío, como cuando te confesé mi "secreto" en la cafetería de la facultad, con la fritanga pegada al pelo, ¿recuerdas?, tal vez no, pero fuiste la primera en quien aprendí a confiar.
Lo que hoy siento es lo que me deja este recuerdo, en el cual le sacábamos la lengua a la vida, estudiando y opositando en aquella biblioteca. Que esta imagen sea un vaticinio y que valga, a la vez, por todas las palabras...

De quien hoy hablo se quiere morir de pena, pero ya no está angustiada. Hablo de ella, que es dura como el mármol, de Carrara, y frágil como el papel, de celofán. Ella, como en la canción, sabe que se caen los esquemas de su vida, y que su cuerpo se convierte en río, ella, aprenderá que es mejor estar sola que en su vida, ella...
Lo que hoy veo es un rostro desconcertado, pero que no se ha hundido, que se sabe a flote, aunque necesite pastillas para dormir y amigos con los que ir al cine. Lo que hoy quiero es decir que yo confío, como cuando te confesé mi "secreto" en la cafetería de la facultad, con la fritanga pegada al pelo, ¿recuerdas?, tal vez no, pero fuiste la primera en quien aprendí a confiar.
Lo que hoy siento es lo que me deja este recuerdo, en el cual le sacábamos la lengua a la vida, estudiando y opositando en aquella biblioteca. Que esta imagen sea un vaticinio y que valga, a la vez, por todas las palabras...





