Intento
Intento no saber a qué saben tus besos,
intento olvidar la aspereza de tus dedos,
intento no caer, clavándome las uñas,
para no caer.
Intento recordar todo el daño que me has hecho,
intento olvidar todos los recuerdos,
intento sucumbir al odio eterno
y al frío, cuando te vas.
Intento no llorar
y cada lágrima es un clavo,
un martillo en mi cabeza,
cuando intento no pensar.
Intento amueblar los huecos que aún me quedan.
Intento malgastar la saliva que me dejas.
Intento no intentar volver a resistirme
cuando tus manos cercan la circunferencia de mi deseo.
Intento no estallar
y ser un ser calmado.
Intento disipar cada duda en cada instante,
intento no esperar,
aunque vuelvas en un año.
Intento no caer
aferrándome a otros besos
para no caer,
para no llorar.
Intento no pensar,
y un martillo en mi cabeza
me clava en el llanto si intento no llorar.
intento olvidar la aspereza de tus dedos,
intento no caer, clavándome las uñas,
para no caer.
Intento recordar todo el daño que me has hecho,
intento olvidar todos los recuerdos,
intento sucumbir al odio eterno
y al frío, cuando te vas.
Intento no llorar
y cada lágrima es un clavo,
un martillo en mi cabeza,
cuando intento no pensar.
Intento amueblar los huecos que aún me quedan.
Intento malgastar la saliva que me dejas.
Intento no intentar volver a resistirme
cuando tus manos cercan la circunferencia de mi deseo.
Intento no estallar
y ser un ser calmado.
Intento disipar cada duda en cada instante,
intento no esperar,
aunque vuelvas en un año.
Intento no caer
aferrándome a otros besos
para no caer,
para no llorar.
Intento no pensar,
y un martillo en mi cabeza
me clava en el llanto si intento no llorar.
Septiembre
Si cierro los ojos puedo verme sentado en un sillón de skay marrón un domingo por la noche anhelando la mañana del lunes. Soñaba con los ojos abiertos posados en el techo del salón, y mi sueño lo poblaba la nueva señorita que no tenía aún ni nombre ni cara, los lápices de colores Alpino que mi madre me había comprado un par de días antes, los libros que había heredado de mis primos mayores, y pensaba en todo un mundo desconocido para mí que iba teniendo forma a medida que pasaba sus hojas, y descubría fotografías e imágenes nuevas, y mapas cada vez más poblados de nombres, y libros de matemáticas donde había más letras que en los de lengua. Y mi sueño olía a goma de borrar y a plastidecor.
Si cierro los ojos me veo creciendo por dentro y por fuera: 3º, 4º, 5º,...8º. Y siempre sentado con los ojos en el techo, inventando un mundo perfecto, disfrutando cada vez que forrabas un libro nuevo, saboreando la dicha de no tener que haberlo heredado. Y sintiendo vértigo cuando abría una libreta, ununiverso que pasó de las dos rayas a la cuadrícula, que terminó siendo un folio en blanco. Todo un mundo por hacer. Una realidad que empezaba en septiembre.
Todos odian este mes. Yo lo amo. Septiembre resta vida al verano, y los días ya son más cortos, y a veces tienes que ponerte manga larga, y la gente se queja del fin de la vacaciones, y por las noches (cada vez más tempranas, cada día más largas) la brisa acaricia la piel, y los árboles se preparan para desnudarse. Pero yo cierro los ojos y estoy en septiembre y un pequeño atisbo de triteza, de nostalgia, se apodera de mis emociones. Se me encoge en algo la vida, porque a veces los años no empiezan en enero, ni terminan en diciembre. Pero yo no puedo dejar de pensar en la nueva señorita que no tiene cara ni nombre, y en los lápices de colores. No puedo dejar de vibrar por dentro cuando hojeo los libros, y en las yemas de los dedos disfruto del momento en que se empieza a usar bolígrafo desterrando el lapicero.
Y embargado por esa sensación de frío que habita en el calor, escucho la canción (casi un hinmo) de Presuntos Implicados, y cierro los ojos, y miro al techo: "...tan delicada la voz que susurra en el ayer toda fragilidad, septiembre vuela sobre el corazón y de hojas secas viste nuestro hogar, septiembre nunca me abandonará...", porque si hay septiembre siempre se puede volver a empezar.
Si cierro los ojos me veo creciendo por dentro y por fuera: 3º, 4º, 5º,...8º. Y siempre sentado con los ojos en el techo, inventando un mundo perfecto, disfrutando cada vez que forrabas un libro nuevo, saboreando la dicha de no tener que haberlo heredado. Y sintiendo vértigo cuando abría una libreta, ununiverso que pasó de las dos rayas a la cuadrícula, que terminó siendo un folio en blanco. Todo un mundo por hacer. Una realidad que empezaba en septiembre.
Todos odian este mes. Yo lo amo. Septiembre resta vida al verano, y los días ya son más cortos, y a veces tienes que ponerte manga larga, y la gente se queja del fin de la vacaciones, y por las noches (cada vez más tempranas, cada día más largas) la brisa acaricia la piel, y los árboles se preparan para desnudarse. Pero yo cierro los ojos y estoy en septiembre y un pequeño atisbo de triteza, de nostalgia, se apodera de mis emociones. Se me encoge en algo la vida, porque a veces los años no empiezan en enero, ni terminan en diciembre. Pero yo no puedo dejar de pensar en la nueva señorita que no tiene cara ni nombre, y en los lápices de colores. No puedo dejar de vibrar por dentro cuando hojeo los libros, y en las yemas de los dedos disfruto del momento en que se empieza a usar bolígrafo desterrando el lapicero.
Y embargado por esa sensación de frío que habita en el calor, escucho la canción (casi un hinmo) de Presuntos Implicados, y cierro los ojos, y miro al techo: "...tan delicada la voz que susurra en el ayer toda fragilidad, septiembre vuela sobre el corazón y de hojas secas viste nuestro hogar, septiembre nunca me abandonará...", porque si hay septiembre siempre se puede volver a empezar.






