Nana (canción tonta para que nunca te falte el sueño)
Te pesan los ojos,
se llenan de sueño.
Te cuesta tu cuerpo,
cargado de tiempo.
Tu cara se tuerce.
Las piernas blanditas,
como de cera.
Es hora de besos
y de buenas noches,
de cuentas sin hadas
de dulces canciones.
Te vienes abajo,
te caes de rodillas.
No quieres pensar,
reclamas caricias.
El mundo te engulle,
y el corazón rasgado,
como de trapo.
Es hora de mimos
y de "¿qué tal el día?",
de princesas en huelga,
de mañana...,
...sin prisas.

se llenan de sueño.
Te cuesta tu cuerpo,
cargado de tiempo.
Tu cara se tuerce.
Las piernas blanditas,
como de cera.
Es hora de besos
y de buenas noches,
de cuentas sin hadas
de dulces canciones.
Te vienes abajo,
te caes de rodillas.
No quieres pensar,
reclamas caricias.
El mundo te engulle,
y el corazón rasgado,
como de trapo.
Es hora de mimos
y de "¿qué tal el día?",
de princesas en huelga,
de mañana...,
...sin prisas.

Amenazas
David se sienta en su silla, alza la cabeza y busca la plastilina con sus manos. Un denso manto de legañas le niega saber el color de las cosas, y fija los ojos vacíos en algún lugar al que sólo él sabe llegar. "David usa las manos para ver", dicen los demás niños de la clase.
David conoce los animales por las formas que adopta el plástico cuando se disfraza de caballo, de león, de jirafa..., nunca falla, pero no puede saber si la visión de un hipopótamo es bella, porque tal vez dentro de su cabeza la belleza sea sinónimo de oscuridad.
David no suele jugar con el resto de los niños porque los mayores siempre le llevan de la mano, tienen miedo de que se caiga, y David por eso rechaza la mano de los críos, y los presiente como peligro, y si se acercan se defiende, y lanza manotazos al aire, y sólo se calma si escucha alguna voz conocida, lo suficiente para no tenerle miedo, y así albergar algo de esperanza.
David vive replegado dentro de sí mismo, como las tortugas, y su denso manto de legañas se torna en una dura e infranqueable coraza. David tiene miedo de que hayan cambiado algo del espacio que conoce, por eso no anda. Sólo tiene cuatro años y ya se ha acostumbrado a sentir la vida como una amenaza.
Laura siempre lleva un lazo verde en el pelo, y te dice "mira", se alza el baby azul y te enseña la preciosa ropa que su madre le ha puesto esta mañana. Laura no consigue sujetar su cabeza, a duras penas su corazón, y a sus tres años prodiga abrazos, y si pilla tu cara por banda te regala un beso, y luego se ríe. "Mira".
David no ve, y no se relaciona. Laura tiene pánico a bajar las escaleras, no guarda el equilibrio. David y Laura han hecho un tren para enfrentarse a los peldaños, para superar las dificultades. David juega con Laura, y ya se deja tocar por otros niños. Laura sigue dando besos y abrazos: necesita hacer amigos en el recreo para no tener miedo, para superar las amenazas.
David conoce los animales por las formas que adopta el plástico cuando se disfraza de caballo, de león, de jirafa..., nunca falla, pero no puede saber si la visión de un hipopótamo es bella, porque tal vez dentro de su cabeza la belleza sea sinónimo de oscuridad.
David no suele jugar con el resto de los niños porque los mayores siempre le llevan de la mano, tienen miedo de que se caiga, y David por eso rechaza la mano de los críos, y los presiente como peligro, y si se acercan se defiende, y lanza manotazos al aire, y sólo se calma si escucha alguna voz conocida, lo suficiente para no tenerle miedo, y así albergar algo de esperanza.
David vive replegado dentro de sí mismo, como las tortugas, y su denso manto de legañas se torna en una dura e infranqueable coraza. David tiene miedo de que hayan cambiado algo del espacio que conoce, por eso no anda. Sólo tiene cuatro años y ya se ha acostumbrado a sentir la vida como una amenaza.
Laura siempre lleva un lazo verde en el pelo, y te dice "mira", se alza el baby azul y te enseña la preciosa ropa que su madre le ha puesto esta mañana. Laura no consigue sujetar su cabeza, a duras penas su corazón, y a sus tres años prodiga abrazos, y si pilla tu cara por banda te regala un beso, y luego se ríe. "Mira".
David no ve, y no se relaciona. Laura tiene pánico a bajar las escaleras, no guarda el equilibrio. David y Laura han hecho un tren para enfrentarse a los peldaños, para superar las dificultades. David juega con Laura, y ya se deja tocar por otros niños. Laura sigue dando besos y abrazos: necesita hacer amigos en el recreo para no tener miedo, para superar las amenazas.
Sujección
En la última mudanza mi armario se vino abajo. Bolsas de Zara y de El Corte Inglés repletas de ropa que ya no uso, de pantalones que no me gustan, de camisetas que no me pongo. Mis maletas parecían que iban a dejar de pesar, que se iban a volver livianas, a deslizarse por el aire como pavesas. Fui llenando bolsas de plástico de recuerdos, de apuntes de la carrera, de folios que un día recopilé como un tesoro, y que me llenaron de vacuidad y de lastres. Mis baúles parecían dispuestos a viajar.
Pero no me deshice de una piel pegajosa que se me había adherido a la espalda,ni de un aliento podrido que me infectaba la traquea. Seguían mis maletas y baúles repletos de miedos y secretos, de abultadas mentiras que hacían que mi paso fuera titubeante, no decidido.
Tiré a la basura ropajes viejos y papeles sin fecha. Pero me dejé dentro de mis costillas la ponzoña y la tristeza. Y es difícil desprenderse de los vicios cuando no vislumbras la virtud, y duele tener que quedarse callado ante el espejo de las miserias, que una a una, tú mismo has ido recopilando en tu rosario, lleno de cuentas de misterios dolorosos.
Y en las ocasiones en las que abres la puerta y tiras lo que sobra, sientes que no hay suelo bajo tu cuerpo, y tus pies no atinan a serenarse. "Sujétame, sujétame". Sin esa mano yo me caigo, y ya que la tienden, qué estúpido soy si me concedo el lujo de rechazarla.
Y todo ésto lo escribo a la vez que lo pienso, mientras mis dedos doblan la última prenda de la que he decidido desprenderme, en tus hombros podré apreciar la belleza de este regalo.
Gracias.
Pero no me deshice de una piel pegajosa que se me había adherido a la espalda,ni de un aliento podrido que me infectaba la traquea. Seguían mis maletas y baúles repletos de miedos y secretos, de abultadas mentiras que hacían que mi paso fuera titubeante, no decidido.
Tiré a la basura ropajes viejos y papeles sin fecha. Pero me dejé dentro de mis costillas la ponzoña y la tristeza. Y es difícil desprenderse de los vicios cuando no vislumbras la virtud, y duele tener que quedarse callado ante el espejo de las miserias, que una a una, tú mismo has ido recopilando en tu rosario, lleno de cuentas de misterios dolorosos.
Y en las ocasiones en las que abres la puerta y tiras lo que sobra, sientes que no hay suelo bajo tu cuerpo, y tus pies no atinan a serenarse. "Sujétame, sujétame". Sin esa mano yo me caigo, y ya que la tienden, qué estúpido soy si me concedo el lujo de rechazarla.
Y todo ésto lo escribo a la vez que lo pienso, mientras mis dedos doblan la última prenda de la que he decidido desprenderme, en tus hombros podré apreciar la belleza de este regalo.
Gracias.





