Baldosas
Su cabeza oscilaba, de izquierda a derecha, en un ritmo desacompasado, opuesto al de su corazón. Sentía un dolor intermitente en su cráneo, efecto del golpe de viento que hizo volar las hojas de las ventanas. Como Dorothy, el huracán en el que se vio inmerso le desterró de su pequeño y controlado mundo: ni la granja de la tía Emma, ni aquel salón desordenado estaban a la vista. Pero al contrario que la niña de la película, ahora el celuloide no era en novedoso technicolor, sino que una pátina de gris se había ido colando por los resquicios de la pantalla. Se preguntó cómo iba a distinguir ahora el color del camino de baldosas amarillas... No sabía cual era el camino de vuelta a casa, al hogar, a los brazos que le habían sacado de la tristeza por las noches, a las manos que le habían hecho cosquillas...
La cobardía se convierte en compañera de viaje; cobarde y miedoso, sin cerebro ni corazón, o con ellos machacados, ¿cómo se puede caminar? ¿Dónde está la Ciudad Esmeralda? De la pantalla del ordenador a la cama, de un recuerdo a una punzada de dolor, de un "ya verás que todo va a salir bien" a un "estoy a punto de estallar", y daltónico perdido sin saber discernir donde están las malditas baldosas amarillas. No existen magos que le devuelvan a Kansas, sólo queda esperar, y procurar no pisar un charco. Pero dicen, los físicos que juegan a la luz, que cuando se deja de llorar y algo de sol sale por los ojos, la conjunción hace que se vea el arcoiris. Sería bonito caminar por encima de él, espera que le devuelvan el technicolor, para contemplar la franja de siete colores, para dar pasos seguros sobre las baldosas amarillas.

La cobardía se convierte en compañera de viaje; cobarde y miedoso, sin cerebro ni corazón, o con ellos machacados, ¿cómo se puede caminar? ¿Dónde está la Ciudad Esmeralda? De la pantalla del ordenador a la cama, de un recuerdo a una punzada de dolor, de un "ya verás que todo va a salir bien" a un "estoy a punto de estallar", y daltónico perdido sin saber discernir donde están las malditas baldosas amarillas. No existen magos que le devuelvan a Kansas, sólo queda esperar, y procurar no pisar un charco. Pero dicen, los físicos que juegan a la luz, que cuando se deja de llorar y algo de sol sale por los ojos, la conjunción hace que se vea el arcoiris. Sería bonito caminar por encima de él, espera que le devuelvan el technicolor, para contemplar la franja de siete colores, para dar pasos seguros sobre las baldosas amarillas.

Oquedad
Duelen las mitades
que inconexas buscan huecos,
insertándose dispersas, esparcidas por tu cuerpo.
Sangran las heridas
que supuran mi alimento,
escociendo de amargura, repitiendo los deseos.
Callan las palabras.
Vocifera en el silencio
un ardor de vientre,
un susurro de viento.
Mueren las palomas
que ayer huyeron del fuego,
acribilladas de dolores, amortajadas de besos.
Se derraman las pasiones
que en la noche se cocieron,
empapando el algodón, infectando el sentimiento.
Callan los silencios.
Vociferan los susurros,
multiplicando los gestos
aguando los ojos en duelo.

que inconexas buscan huecos,
insertándose dispersas, esparcidas por tu cuerpo.
Sangran las heridas
que supuran mi alimento,
escociendo de amargura, repitiendo los deseos.
Callan las palabras.
Vocifera en el silencio
un ardor de vientre,
un susurro de viento.
Mueren las palomas
que ayer huyeron del fuego,
acribilladas de dolores, amortajadas de besos.
Se derraman las pasiones
que en la noche se cocieron,
empapando el algodón, infectando el sentimiento.
Callan los silencios.
Vociferan los susurros,
multiplicando los gestos
aguando los ojos en duelo.

Cabeza
A veces siento que la cabeza me va a estallar, será este invierno que vino frío, que construyó un muro de mucosidad para no dejar que el aire pasara camino de mis pulmones. Los médicos lo llaman sinusitis.
En mi cabeza, en ocasiones, se instalá a vivir un diapasón que se mueve al compás de la sístole y la diástole, que cuando suben los niveles de ansiedad relacionados con la mixtura de sentimientos y con no saber si cogeré el autobús, se pone a latir como un loco, bum-bum, bum-bum, y es entonces cuando creo que ya no hay solución, que mi sesera se va a desperdigar por toda la sala, y luego va a ser horrible recoger (y recomponer) toda esa materia gris y viscosa. Nunca se me dieron bien los puzzles.
Debido a que tengo un duelo a muerte con mi razón, decidí que todo fuera cosa del corazón, a fin de cuentas es más fácil excusarse cuando todo lo haces desde semejante órgano. Y a veces he llegado a pensar que todo se soluciona con querer, hasta el más óscuro rincón del alma se puede iluminar con el amor. Pero resulta ser que no. Así que el corazón se llenó de tinieblas, y con la falta de claridad vinieron las telarañas, y me sentí atrapado.
¿Qué se puede hacer cuando ya no tienes sesos y no hay ni chispita de sol entre tus sentimientos? Se plantea la posibilidad: "ancha es Castilla". Y hago de mi capa un sayo, y me doy a los placeres, es fácil pasar de ser católico penitente a hedonista empedernido.
Yo, que no tengo mesura y mucho menos equilibrio, me pierdo haciendo cuentas contando los días que no llegan. La única solución posible, me dicen mis amigos, es hacer de tripas (mira tú por donde) corazón, recoger en un balde mi sesera y aprender a hacer puzzles. Tendré que usar la cabeza (la mía), para así aprender a abrir las ventanas, ventilar mi vida, y que le entre la luz (y un poquito de calor) a este confuso corazón.
Por cierto, como los reyes magos no existen, ya no hace falta que me traigan el abrazo que pedí.
En mi cabeza, en ocasiones, se instalá a vivir un diapasón que se mueve al compás de la sístole y la diástole, que cuando suben los niveles de ansiedad relacionados con la mixtura de sentimientos y con no saber si cogeré el autobús, se pone a latir como un loco, bum-bum, bum-bum, y es entonces cuando creo que ya no hay solución, que mi sesera se va a desperdigar por toda la sala, y luego va a ser horrible recoger (y recomponer) toda esa materia gris y viscosa. Nunca se me dieron bien los puzzles.
Debido a que tengo un duelo a muerte con mi razón, decidí que todo fuera cosa del corazón, a fin de cuentas es más fácil excusarse cuando todo lo haces desde semejante órgano. Y a veces he llegado a pensar que todo se soluciona con querer, hasta el más óscuro rincón del alma se puede iluminar con el amor. Pero resulta ser que no. Así que el corazón se llenó de tinieblas, y con la falta de claridad vinieron las telarañas, y me sentí atrapado.
¿Qué se puede hacer cuando ya no tienes sesos y no hay ni chispita de sol entre tus sentimientos? Se plantea la posibilidad: "ancha es Castilla". Y hago de mi capa un sayo, y me doy a los placeres, es fácil pasar de ser católico penitente a hedonista empedernido.
Yo, que no tengo mesura y mucho menos equilibrio, me pierdo haciendo cuentas contando los días que no llegan. La única solución posible, me dicen mis amigos, es hacer de tripas (mira tú por donde) corazón, recoger en un balde mi sesera y aprender a hacer puzzles. Tendré que usar la cabeza (la mía), para así aprender a abrir las ventanas, ventilar mi vida, y que le entre la luz (y un poquito de calor) a este confuso corazón.
Por cierto, como los reyes magos no existen, ya no hace falta que me traigan el abrazo que pedí.





