Puntuación
Una de las cosas más complicadas con la que uno se puede enfrentar en la vida es darle ritmo a un texto. Dónde poner una coma o un punto no es cosa baladí. Y ya ni te cuento la conjunción de ambos signos. ¿Y enseñarlo? Los niños hacen pausas de dos horas ante una coma, y pasan que se las pelan, como el Correcaminos perseguido por el Coyote, ante un punto y seguido. La gran mayoría de ellos se olvidan de los puntos finales.
Puntuar un texto es tarea ardua. Yo repaso varias veces lo que escribo, y me digo "has abusado del punto y seguido", y acto seguido me corrijo, "eso hizo Camus en El extranjero y míralo, cumbre de la literatura". A veces pongo tantas comas que termino empachado de oraciones subordinadas, sin saber donde está lo nuclear de lo que quiero contar, siendo incapaz de discernir la idea principal de la morralla de pensamientos secundarios. Y, con el corazón en la mano, ¿cómo se usa adecuadamente un punto y coma? ¿Cuántos segundos ha de durar semejante parada? Por eso entiendo a los niños, se disponen a leer, toman aire, y todo de un tirón. La mitad de las veces no comprendes nada, pero mejor así, todo seguido, como el mus, corrido y sin señas.
Pero mi vicio de las comas se acrecienta con los puntos suspensivos. Todo flotando en el aire, sin querer finiquitar nunca nada, con un miedo atroz al vacío del punto y seguido, las cagaditas de mosca que salpican las páginas de los libros, que ponen en cuestión mi capacidad para dar coherencia y cohesión a aquello que voy escribiendo. Siempre dejo una puerta abierta, un si por si acaso..., sin ser consiciente de que a veces es pertinente, y necesario, un borrón (un punto como una casa) y cuenta nueva. Se me hace difícil entender la finalidad y el fin del punto (si acaso y seguido, que el del final me hace temblar), y siempre me digo "por la paz un ave maría", y planto la coma, esperando solucionar el conflicto en otra subordinada superflua que nada aporta a la idea (principal) que me ronda. "Aquí paz, y después gloria". Pero no, yo pongo el suspense de mis puntos, sin saber qué hacer, cómo acabar las historias.
Y todo lo pongo entre paréntesis, y voy y vengo por las palabras sin tener muy claro qué decir, puntuando sin orden ni concierto. Y hago frases descabaladas, sin concordancia de género y número, con la goma de borrar al lado, esperando que la inspiración divina, o un golpe de buena suerta, o de mala, que yo ya no sé, tire la tinta y haga un borrón. Yo siempre me olvido de poner un punto al final
No me queda más que parafrasear a Sabina (que termine otro que no sea yo):
"Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos"

Puntuar un texto es tarea ardua. Yo repaso varias veces lo que escribo, y me digo "has abusado del punto y seguido", y acto seguido me corrijo, "eso hizo Camus en El extranjero y míralo, cumbre de la literatura". A veces pongo tantas comas que termino empachado de oraciones subordinadas, sin saber donde está lo nuclear de lo que quiero contar, siendo incapaz de discernir la idea principal de la morralla de pensamientos secundarios. Y, con el corazón en la mano, ¿cómo se usa adecuadamente un punto y coma? ¿Cuántos segundos ha de durar semejante parada? Por eso entiendo a los niños, se disponen a leer, toman aire, y todo de un tirón. La mitad de las veces no comprendes nada, pero mejor así, todo seguido, como el mus, corrido y sin señas.
Pero mi vicio de las comas se acrecienta con los puntos suspensivos. Todo flotando en el aire, sin querer finiquitar nunca nada, con un miedo atroz al vacío del punto y seguido, las cagaditas de mosca que salpican las páginas de los libros, que ponen en cuestión mi capacidad para dar coherencia y cohesión a aquello que voy escribiendo. Siempre dejo una puerta abierta, un si por si acaso..., sin ser consiciente de que a veces es pertinente, y necesario, un borrón (un punto como una casa) y cuenta nueva. Se me hace difícil entender la finalidad y el fin del punto (si acaso y seguido, que el del final me hace temblar), y siempre me digo "por la paz un ave maría", y planto la coma, esperando solucionar el conflicto en otra subordinada superflua que nada aporta a la idea (principal) que me ronda. "Aquí paz, y después gloria". Pero no, yo pongo el suspense de mis puntos, sin saber qué hacer, cómo acabar las historias.
Y todo lo pongo entre paréntesis, y voy y vengo por las palabras sin tener muy claro qué decir, puntuando sin orden ni concierto. Y hago frases descabaladas, sin concordancia de género y número, con la goma de borrar al lado, esperando que la inspiración divina, o un golpe de buena suerta, o de mala, que yo ya no sé, tire la tinta y haga un borrón. Yo siempre me olvido de poner un punto al final
No me queda más que parafrasear a Sabina (que termine otro que no sea yo):
"Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos"






