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para abrirte el corazón
Trocitos de mí mismo, jirones de lo que llevo dentro.
Acerca de
Hoy no hace ni frío ni calor, no corre fuerte el viento, no hay nada especial que me haga reintentar esta aventura, sólo el deseo de volcarme... y cada verso es un jirón de piel.
Sindicación
 
Parentescos
Hoy me levanté tarde y con resaca. Me tomé un espidifén para aminorar el tam-tam que abatía mi cabeza. Ultimamente camino de casa se me saltan las lágrimas, y esta madrugada, al bajar del autobús, no pude evitar retenerlas. Tengo los sentimientos exacerbados, y tengo el firme convencimiento de que me han metido en una colectera y he salido convertido en un brebaje de emociones desmembradas.

Todo ésto lo pensaba en la ducha, mientras dejaba que el poco agua caliente que sale por la alcachofa me reanimara. Me acordaba de la escena de la ducha en la película de Almodóvar, sexo frío y mal hecho, que deja mayor dolor de espalda que buen sabor de boca. Yo me apellido como Gloria, la heroína de la película, y yo, como ella, no sé muy bien que ha llegado a suceder para estar donde estoy en este momento. Lo tengo todo desde el punto de vista práctico, y sin embargo cada vez que me acerco a mi casa no controlo mis ojos. Hay un pieza en este puzzle que no encaja, y en mi vida no hay una pata de jamón que me ayude a solucionar los problemas.

Sé que peco de víctima, que en ocasiones tiendo al tremendismo, pero las noches pesan como losas, y buscar tu sitio no es tan fácil, sobre todo si pensabas que lo habías encontrado. Pero me quejo y lo hago con un signo de interrogación y una exclamación de dolor, como el título de la película.

Yo, como Gloria, que se apellida como yo, no sabemos qué hemos hecho para merecer todo ésto. Un ligero parentesco nos une. Un sexo frío que deja dolor de espalda. Una casa que se hunde en el mismo momento en que pones el pie dentro de ella. Una vida por hacer, y no saber como empezar a diseñarla.

Pero nada es fortuito en esta vida. Escucho a Los Fitipaldis cantar la clave, la razón de haber llegado a este punto. "...como venganza de la buena suerte, o recompensa de la mala vida...", yo ya no sé qué pensar de mí mismo.
 
Mariposas
Salí del cine impactado, con una sensación extraña, por un lado te sientes ligero, mejor persona, enamorado de la vida; por otro, un poso de tristeza se te queda en la retina. La historia de Jean-Dominique Bauby es muy interesante, y el interés, para mí, radica, no tanto en la historia de esfuerzo personal, de superación que hay en ella, sino en como se da esa superación.

Un hombre que vive atrapado en su cuerpo, un reo en su propio contorno, puede liberarse, y lo hace a través de la mayor fuerza que tiene un ser humano: el lenguaje. El hombre, al inicio de los minutos de esta historia, es egocéntrico, aún más, solipsista, pero poder decir sí o no, llegar a expresar lo que le duele, a pesar de lo lento y cruel que puede llegar a ser expresarse a través del pestañeo de un ojo, le saca de uno mismo, y empezamos a ver la historia con otros ojos, desde otros puntos de vista, y no sólo con la visión errática y disfuncional del protagonista. Podemos captar los matices más allá del seco ruido y del cristal empañado que se nos impone con la escafandra. Cada palabra es una mariposa, una posibilidad de ser algo nuevo.

Aprender a comunicarse es una llave. Me gusta el personaje de la logopeda, no sólo por lo que profesionalmente me toca, sino porque entiendes la importancia del lenguaje, de saber contar, de saber decir. He estado todo el día haciendo evaluaciones de mis alumnos, y pensaba en los niños de tres años, amparados en su escafandra, incapaces de relacionarse, llorando porque no atinan con las palabras, empujando porque no pueden decir "déjame pasar". Cada palabra que brota de sus bocas es una lágrima que sus ojos se ahorran. Un sufrimiento menos.

Jean-Dominique Bauby rompió la cárcel de su escafandra con el pestañeo de su ojo. ¿Cuántas cadenas pueden llegar a romperse con la fuerza de las palabras? Cuando concluyó su libro, aquel hombre ya por fin libre, deseó a sus hijos muchas mariposas. Supongo que se puede extender ese deseo: mariposas, de infinidad de colores, para todos aquellos que viven silenciados por el sonido seco y sordo de su escafandra (y que cada cual entienda por escafandra lo que quiera). ¡Muchas mariposas!