Mejor
A veces uno cualquiera, de muestra un botón: yo mismo, se encierra en un solipsístico círculo de tiza, y repite una y otra vez "pena, pena, pena". Y cuando ya se queda con el dedo pelado, y no puede seguir escribiendo, ve que no puede escapar de la pena que a sí mismo se da. Hay fronteras, muros, diques que nosotros nos construimos. La pena es difícil de tragar, ni en caldo, ni con pan.
A veces uno, y no tengo que irme muy lejos, quiere una cosa y, a la vez, justamente la contraria. Y tanto miedo nos da tener que elegir, que al final nos quedamos paralizados, y como dice la actriz, presos de la "nopueditis". Muchas dudas y decisiones, dicotomías y caminos bifurcados. Estar sentado muerto del aburrimiento, y sentir un cosquilleo en la puntas de los dedos de los pies. ¿Qué será más poderoso?
"De pequeña yo quise ser monja (uy ésto va ser que me suena), porque las monjas vivían muy bien, con mucha paz interior. Ellas tenían una Verdad Absoluta, y cuando se tiene una verdad absoluta a la que agarrarse no se puede tener ansiedad". Cuando las verdades absolutas no sólo se vuelven relativas, sino que se convierten en mentiras y falacias, empieza a tambalearse el mundo. A falta de algo Absoluto en lo que creer, y por si las moscas, hay que tener a mano Rivotril (o cualquier variante: lexatin, orfidal...), que no hay nada peor que tener ansiedad y no estar en paz con uno mismo.
Hay cicatrices que, según donde te las hayan hecho, hasta quedan bonitas. "¿Por qué cojones tengo que ser feliz?", nos grita la actriz. Uno empieza a serlo cuando deja de preguntárselo y de aparentarlo. "Mañana me curo y seguro que estoy mejorcita (o) de lo mío". ¡Ea!

Obra: "Mejorcita de lo mío", en la Sala Triángulo, Lavapiés.
Compañía: http://www.laescapista.com/
A veces uno, y no tengo que irme muy lejos, quiere una cosa y, a la vez, justamente la contraria. Y tanto miedo nos da tener que elegir, que al final nos quedamos paralizados, y como dice la actriz, presos de la "nopueditis". Muchas dudas y decisiones, dicotomías y caminos bifurcados. Estar sentado muerto del aburrimiento, y sentir un cosquilleo en la puntas de los dedos de los pies. ¿Qué será más poderoso?
"De pequeña yo quise ser monja (uy ésto va ser que me suena), porque las monjas vivían muy bien, con mucha paz interior. Ellas tenían una Verdad Absoluta, y cuando se tiene una verdad absoluta a la que agarrarse no se puede tener ansiedad". Cuando las verdades absolutas no sólo se vuelven relativas, sino que se convierten en mentiras y falacias, empieza a tambalearse el mundo. A falta de algo Absoluto en lo que creer, y por si las moscas, hay que tener a mano Rivotril (o cualquier variante: lexatin, orfidal...), que no hay nada peor que tener ansiedad y no estar en paz con uno mismo.
Hay cicatrices que, según donde te las hayan hecho, hasta quedan bonitas. "¿Por qué cojones tengo que ser feliz?", nos grita la actriz. Uno empieza a serlo cuando deja de preguntárselo y de aparentarlo. "Mañana me curo y seguro que estoy mejorcita (o) de lo mío". ¡Ea!

Obra: "Mejorcita de lo mío", en la Sala Triángulo, Lavapiés.
Compañía: http://www.laescapista.com/
Sucedáneos
De chico pensé que la vida sería siempre dulce. En la casa de mis vecinas, donde había televisión en color y se podía leer el Fotogramas, las cosas eran siempre maravillosas. Tenían un corral inmenso donde yo era el único niño que existía, allí jugaba a representar los argumentos que leía en las revistas. Una vida edulcorada, fascinante. Con el tiempo, la vida dejó de ser un guión de cine, amargó un poco, pero existía el teatro, un lugar donde refugiarse, personajes inventados, una media verdad más, un mundo cuadrado como aquel corral.
La vida dejó de ser dulce. "Nunca creí en la felicidad, a veces algo se le parece, pero es pura casualidad". Pues sí. Será verdad aquello de que la vida es como una caja de bombones, pero al guionista se le olvidó decir que algunos están verdaderamente amargos.
La vida perdió el sabor a azúcar. "No es un arte fácil prometer, dame al menos el tiempo de despedirme". Y llegó Madrid, y Hacienda, y los pisos por las nubes, y el apasionante mundo laboral, y el corazón que se rompe cada dos años (o menos), y ya no sé como encajar las piezas. Y uno sigue buscando la dulzura, el sabor a chocolate, la emoción de los cuentos de hadas.
La vida se llenó de cosas parecidas, de sabores similares, de momentos semejantes, pero que no eran verdad. Me he llevado en cada viaje el corral cuadriculado de mis vecinas, la televisión a color y todos los números atrasados del Fotogramas. La vida se parece a algo que un día me imaginé que pudiese ser, y quizá ya no lo sea. La Pepsi y el Nesquik desterraron a las burbujas y al verdadero chocolate. Y la vida ya nunca supo a lo que sabía de pequeño. El viento del norte que te traía y te llevaba como en la película dejó de soplar.
"...amor te digo y soy testigo de lo que se pierde, y voy a acostumbrarme aunque me cueste...".

La vida dejó de ser dulce. "Nunca creí en la felicidad, a veces algo se le parece, pero es pura casualidad". Pues sí. Será verdad aquello de que la vida es como una caja de bombones, pero al guionista se le olvidó decir que algunos están verdaderamente amargos.
La vida perdió el sabor a azúcar. "No es un arte fácil prometer, dame al menos el tiempo de despedirme". Y llegó Madrid, y Hacienda, y los pisos por las nubes, y el apasionante mundo laboral, y el corazón que se rompe cada dos años (o menos), y ya no sé como encajar las piezas. Y uno sigue buscando la dulzura, el sabor a chocolate, la emoción de los cuentos de hadas.
La vida se llenó de cosas parecidas, de sabores similares, de momentos semejantes, pero que no eran verdad. Me he llevado en cada viaje el corral cuadriculado de mis vecinas, la televisión a color y todos los números atrasados del Fotogramas. La vida se parece a algo que un día me imaginé que pudiese ser, y quizá ya no lo sea. La Pepsi y el Nesquik desterraron a las burbujas y al verdadero chocolate. Y la vida ya nunca supo a lo que sabía de pequeño. El viento del norte que te traía y te llevaba como en la película dejó de soplar.
"...amor te digo y soy testigo de lo que se pierde, y voy a acostumbrarme aunque me cueste...".






