Fácil
Despedirse de ti es fácil. Eso pensó mientras habitaban la cama por última vez, mientras repasaban con cierta ironía los momentos cotidianos que les habían unido. Ya no veré más la estantería al despertar. Ya no desayunaré más aquí. Todo fue fácil. Fácil fue conocerse, fácil besarse, fácil que se quedara a dormir. Todo sencillo, como si siempre hubiesen estado haciendo lo mismo. No hubo grandes escenas, ni cálidas bienvenidas, ni fogosas despedidas.
Despedirse fue fácil. Se evitaron las palabras, las que incomodan, las que prometen, las que atan. Pero fue todo tan fácil..., por eso el piso se quedó de repente frio. Lavó las sábanas y las toallas, para volver a una normalidad de la que, sin pensarlo mucho, se había alejado. No hubo velas, ni cena romántica. No hubo abrazos que pudieran servir de ancla. Tan fácil fue todo, que en algún momento fue aséptico, convirtiendo los apenas cuarenta metros cuadrados en un quirófano.
Decirte adiós ha sido fácil, sencillamente no te lo he dicho. Estamos en contacto..., en contacto..., sin tocarnos, a través de los hilos telefónicos, que en tantas ocasiones separan más que unen. Todo fácil, sencillo, como los guiones de las películas de dibujos animados, donde todo encaja para que los niños no se pierdan.
Fue fácil recoger el piso, los restos de un mes extraño. A la media hora todo estaba en su sitio, como si nada hubiese sucedido. Ni siquiera tristeza. Todo limpio, en orden. Como un robot que vuelve a su mecánica vida, a su programado mundo, con la misma facilidad que salió de él, sin hacerse la mínima ilusión. Dando gracias porque despedirse fue fácil.
Despedirse fue fácil. Se evitaron las palabras, las que incomodan, las que prometen, las que atan. Pero fue todo tan fácil..., por eso el piso se quedó de repente frio. Lavó las sábanas y las toallas, para volver a una normalidad de la que, sin pensarlo mucho, se había alejado. No hubo velas, ni cena romántica. No hubo abrazos que pudieran servir de ancla. Tan fácil fue todo, que en algún momento fue aséptico, convirtiendo los apenas cuarenta metros cuadrados en un quirófano.
Decirte adiós ha sido fácil, sencillamente no te lo he dicho. Estamos en contacto..., en contacto..., sin tocarnos, a través de los hilos telefónicos, que en tantas ocasiones separan más que unen. Todo fácil, sencillo, como los guiones de las películas de dibujos animados, donde todo encaja para que los niños no se pierdan.
Fue fácil recoger el piso, los restos de un mes extraño. A la media hora todo estaba en su sitio, como si nada hubiese sucedido. Ni siquiera tristeza. Todo limpio, en orden. Como un robot que vuelve a su mecánica vida, a su programado mundo, con la misma facilidad que salió de él, sin hacerse la mínima ilusión. Dando gracias porque despedirse fue fácil.





