Porras
Un hombre muere en Inglaterra a causa de un infarto. Veinte minutos antes fue golpeado por la porra de un policía. Quizá el porrazo no tuvo nada que ver en el daño al corazón de este hombre. Quizó tuvo que verlo todo. El señor se topó con el cordón policial, en la imágenes que se pueden ver por televisión no se muestra un enfrentamiento, no una actitud violenta, y aún así el hombre cae el suelo impulsado por la porra.
En Barcelona, hace menos de un mes, me impactaba la imagen de un niño buscando cobijo debajo de las piernas de sus padres, mientras dos policías arremetían a porrazos limpios contra ellos. Era una manifestación estudiantil que se ve acabó convertida en una auténtica batalla. Aún así, ¿este niño estaría en contra del Plan Bolonia? No, sólo hacía turismo por la ciudad con sus padres.
Hace años, cuando las manifestaciones contra la invasión de Irak, me recuerdo en mitad del Paseo de Recoletos manifestándome (palabrita del Niño Jesús que de forma pacífica), a tu lado veías a los policías parapetados tras sus porras, con cara de ningún amigo, de repente cargaron, a mí me dio tiempo a meterme en la boca del Cercanías, hubo gente que no. Supongo que una vez que cuelguen las porras y se vayan a sus casas serán personas maravillosas, que quieren de forma loca a sus familias, que tienen buenos sentimientos, que se estremecen contemplando los documentales de la 2. Pero, ¿qué tendrán las porras? No todos los antidisturbios son así por supuesto, pero yo por si acaso, prefiero no cruzarme con ninguno. Una vez en una sentada frente a la Consejería de Educación protestando por la nefasta politíca educativa de la señora Aguirre, cantábamos "menos maderos, más lapiceros", nos echaron a patadas, y teníamos permiso para manifestarnos. A ellos si les falta un poco de educación. Cuando vuelva a trabajar el martes al primer niño que me hinche las pelotas le parto la cara. Así todos con todo. Cada uno tiene su porra particular, ¿no?
Es lo que tiene ser poderoso, aunque tu parcelita de poder sea pequeña y dure poco, aunque tu potencia se manifieste en poquita cosa. ¿Ha tenido que morir ese hombre de un infarto para ver que aquello era un abuso de poder? Si no hubiera muerto, pues una agresión más y para de contar. Decía Frank Langella, magníficamente interpretando a Nixon, que cuando uno está en el poder, cuando uno es presidente de Estados Unidos tiene que utilizar todos los medios a su alcance, aunque sea atizar con la porra. Luego vino el Watergate y el mayor atentado a la democracia estadounidense, bueno, hasta que llegó Bush Jr. Y de ahí, a redes de espionaje, a tráficos de influencia, a recalificaciones urbanísticas, a sastres que hacen trajes a medidas, a los que putean al de abajo por que les putean desde arriba. La conclusión que yo saco de todo: la erótica del poder, o para que nos entendamos todos, lo que nos pone una buena porra.

En Barcelona, hace menos de un mes, me impactaba la imagen de un niño buscando cobijo debajo de las piernas de sus padres, mientras dos policías arremetían a porrazos limpios contra ellos. Era una manifestación estudiantil que se ve acabó convertida en una auténtica batalla. Aún así, ¿este niño estaría en contra del Plan Bolonia? No, sólo hacía turismo por la ciudad con sus padres.
Hace años, cuando las manifestaciones contra la invasión de Irak, me recuerdo en mitad del Paseo de Recoletos manifestándome (palabrita del Niño Jesús que de forma pacífica), a tu lado veías a los policías parapetados tras sus porras, con cara de ningún amigo, de repente cargaron, a mí me dio tiempo a meterme en la boca del Cercanías, hubo gente que no. Supongo que una vez que cuelguen las porras y se vayan a sus casas serán personas maravillosas, que quieren de forma loca a sus familias, que tienen buenos sentimientos, que se estremecen contemplando los documentales de la 2. Pero, ¿qué tendrán las porras? No todos los antidisturbios son así por supuesto, pero yo por si acaso, prefiero no cruzarme con ninguno. Una vez en una sentada frente a la Consejería de Educación protestando por la nefasta politíca educativa de la señora Aguirre, cantábamos "menos maderos, más lapiceros", nos echaron a patadas, y teníamos permiso para manifestarnos. A ellos si les falta un poco de educación. Cuando vuelva a trabajar el martes al primer niño que me hinche las pelotas le parto la cara. Así todos con todo. Cada uno tiene su porra particular, ¿no?
Es lo que tiene ser poderoso, aunque tu parcelita de poder sea pequeña y dure poco, aunque tu potencia se manifieste en poquita cosa. ¿Ha tenido que morir ese hombre de un infarto para ver que aquello era un abuso de poder? Si no hubiera muerto, pues una agresión más y para de contar. Decía Frank Langella, magníficamente interpretando a Nixon, que cuando uno está en el poder, cuando uno es presidente de Estados Unidos tiene que utilizar todos los medios a su alcance, aunque sea atizar con la porra. Luego vino el Watergate y el mayor atentado a la democracia estadounidense, bueno, hasta que llegó Bush Jr. Y de ahí, a redes de espionaje, a tráficos de influencia, a recalificaciones urbanísticas, a sastres que hacen trajes a medidas, a los que putean al de abajo por que les putean desde arriba. La conclusión que yo saco de todo: la erótica del poder, o para que nos entendamos todos, lo que nos pone una buena porra.






