Raro
Como canta Fito, "...no digo diferente, digo raro".
Así llevo un tiempo, como habitado por alguien que no soy yo, pero que se parece (en lo malo) demasiado a mí.
Así voy, levantándome a la pata coja sobre la derecha, pisando bien firme sobre el parqué, para que nada me salga mal, dispuesto a comerme el mundo. Y muchos días, antes de que llegue el desayuno la vida ya me ha pegado el primer mordisco. Y así paso el tiempo, con un péndulo de Foucault en mitad de mí mismo, que tiene dos efectos pendulares (uno regular, otro caótico) que no se terminan de llevar bien, al menos no en cada uno de mis días.
Y ese huésped malhumorado se ha debido de vacunar con valerianas y orfidales, porque nada le afecta, nada le arredra, y monta escenas de los más almodovarianas, sin percatarse de que se enfrenta al Woody Allen más pasado de tuerca que uno se pueda encontrar.
Y me levanto, y me visto, y me voy. Y me digo lo tonto que soy, me desvisto, y me acuesto. Porque ese yo que no soy yo, me ha convertido en un extraño. Sé que todo pasará, que no hay mal que cien años dure, ni mal que por bien no venga. También sé, que mal de muchos consuelo de tontos. Y todo mis congéneres están como yo, pero a mí no me sirve de nada.
Me siento raro, como salido del cuerpo, como si yo fuera un espectador, y todas estas cosas que me pasan no fuesen más que un cutre y vulgar sainete de los Álvarez Quintero. Y estoy que no me tengo, y estoy que no me aguanto.
Y el cansancio se acumula, y tengo la espalda como el infinito. Hecha un ocho. Y a cada rato me digo "experto en cagarla, no la cagues otra vez". Pero mi yo que no soy yo, al menos no el yo de siempre, se busca un agujero, una grieta mínima en el cemento armado que yo había preparado, y la monta. Y no sabe si sentarse o caminar, si tumbarse o quedarse de pie. Si quedarse o marcharse.
En el fondo es sólo eso. No es que mi yo que no soy yo se vengue de mí, sólo es que estoy raro, con presión, incapaz de gestionar mis emociones. Y en el fondo lo que me apetece es ponerme a llorar, pero un buen rato, un rato largo. Me pondré "La flor de mi secreto", porque con esta bicoca, yo ya no sé soy Leo o Amanda Gris. Yo o una neurosis de mí mismo. El Dr. Jekyll o Mr. Hyde.

Así llevo un tiempo, como habitado por alguien que no soy yo, pero que se parece (en lo malo) demasiado a mí.
Así voy, levantándome a la pata coja sobre la derecha, pisando bien firme sobre el parqué, para que nada me salga mal, dispuesto a comerme el mundo. Y muchos días, antes de que llegue el desayuno la vida ya me ha pegado el primer mordisco. Y así paso el tiempo, con un péndulo de Foucault en mitad de mí mismo, que tiene dos efectos pendulares (uno regular, otro caótico) que no se terminan de llevar bien, al menos no en cada uno de mis días.
Y ese huésped malhumorado se ha debido de vacunar con valerianas y orfidales, porque nada le afecta, nada le arredra, y monta escenas de los más almodovarianas, sin percatarse de que se enfrenta al Woody Allen más pasado de tuerca que uno se pueda encontrar.
Y me levanto, y me visto, y me voy. Y me digo lo tonto que soy, me desvisto, y me acuesto. Porque ese yo que no soy yo, me ha convertido en un extraño. Sé que todo pasará, que no hay mal que cien años dure, ni mal que por bien no venga. También sé, que mal de muchos consuelo de tontos. Y todo mis congéneres están como yo, pero a mí no me sirve de nada.
Me siento raro, como salido del cuerpo, como si yo fuera un espectador, y todas estas cosas que me pasan no fuesen más que un cutre y vulgar sainete de los Álvarez Quintero. Y estoy que no me tengo, y estoy que no me aguanto.
Y el cansancio se acumula, y tengo la espalda como el infinito. Hecha un ocho. Y a cada rato me digo "experto en cagarla, no la cagues otra vez". Pero mi yo que no soy yo, al menos no el yo de siempre, se busca un agujero, una grieta mínima en el cemento armado que yo había preparado, y la monta. Y no sabe si sentarse o caminar, si tumbarse o quedarse de pie. Si quedarse o marcharse.
En el fondo es sólo eso. No es que mi yo que no soy yo se vengue de mí, sólo es que estoy raro, con presión, incapaz de gestionar mis emociones. Y en el fondo lo que me apetece es ponerme a llorar, pero un buen rato, un rato largo. Me pondré "La flor de mi secreto", porque con esta bicoca, yo ya no sé soy Leo o Amanda Gris. Yo o una neurosis de mí mismo. El Dr. Jekyll o Mr. Hyde.

Comentario:
A veces llorar y soltarlo todo resulta un estupendo desahogo.
Y, por otro lado... ¿quién no tiene un "otro yo" en u interior?
Ánimos y abrazos.
Y, por otro lado... ¿quién no tiene un "otro yo" en u interior?
Ánimos y abrazos.
Comentario:
Aplica la teoría de la relatividad. Sólo queda una semana. Ánimo!
Comentario:
Hay etapas. Y esta en la que estás ahora, con los nervios y la presión, hace que te estés raro.
Pero raro o no, es lo que hay. No le des más vueltas.
Mil abrazos.
Pero raro o no, es lo que hay. No le des más vueltas.
Mil abrazos.
Comentario:
El refranero es muy sabio y debemos hacerle caso pues "no hay mal que cien años dure"
Bss
Bss
Comentario:
Ay....pues padecemos del mismo mal, solo que yo ya se de donde viene mi mal humor...
Bikos.
Bikos.
Comentario:
Como dice Carlos Chaouen: a veces te quiero tanto que al rato ya no te aguanto...
A veces pasa...
A veces pasa...





