Sensacional
La ciudad, como las uñas de Sally Bowles, tiene algo de sensacional. Berlín, como el personaje, está ajado. Es curioso pasear por las calles e ir comprobando como existe un pacto tácito, una voluntad magnífica, un intento titánico por reconstruirse, reinvertarse. Cada rincón es un guiño, al pasado (triste), al futuro. Los edificios se llenan de cristales, de luz, no sólo para combatir la noche que llega a las cuatro de la tarde en diciembre, sino para mostrarse y convencernos de que todo es posible en aquella ciudad. Edificios modernos, suntuosos, poéticos, coloristas, se suceden unos a otros, ruido y luces.
A veces hay que fijarse bien para comprobar que hubo heridas abiertas, que manaban sangre, y que la sangre no discrimina. Casi 3000 bloques de cemento enfrente del Tiergarten componen un bosque cruel que más allá de la emoción estética hace que un poco se te encoja el corazón. Un itinerario por las fotografías del horror y un Palacio de las Lágrimas (actualmente en obras) son breves recuerdos para el turista, atracciones tristes. Un muro lleno de pintadas del que sólo quedan restos. Una cicatriz que se puede observar en los planos de la ciudad.
Berlín, como la díscola vida de la cabaretera, es sensacional. Es un paseo por tantas películas, por aquellas historias de espías, de hombres horribles con bigotes ridículos. Pero de esas imágenes poco queda, se sustituyen por rascacielos, por cúpulas abiertas que no se sujetan al suelo, por cientos de puestos y mercadillos navideños, por tiendas y restaurantes de diseño para los bohemios burgueses (o viceversa).
Berlín, como el número final de Sally Bowles, es un (sensacional) cabaret. Aunque por más que los bailarines, y las luces y el cristal,se empeñen, a veces es difícil olvidar.

A veces hay que fijarse bien para comprobar que hubo heridas abiertas, que manaban sangre, y que la sangre no discrimina. Casi 3000 bloques de cemento enfrente del Tiergarten componen un bosque cruel que más allá de la emoción estética hace que un poco se te encoja el corazón. Un itinerario por las fotografías del horror y un Palacio de las Lágrimas (actualmente en obras) son breves recuerdos para el turista, atracciones tristes. Un muro lleno de pintadas del que sólo quedan restos. Una cicatriz que se puede observar en los planos de la ciudad.
Berlín, como la díscola vida de la cabaretera, es sensacional. Es un paseo por tantas películas, por aquellas historias de espías, de hombres horribles con bigotes ridículos. Pero de esas imágenes poco queda, se sustituyen por rascacielos, por cúpulas abiertas que no se sujetan al suelo, por cientos de puestos y mercadillos navideños, por tiendas y restaurantes de diseño para los bohemios burgueses (o viceversa).
Berlín, como el número final de Sally Bowles, es un (sensacional) cabaret. Aunque por más que los bailarines, y las luces y el cristal,se empeñen, a veces es difícil olvidar.

Comentario:
Acabo de escribir un comentairo pr no se ha publicado. Te decía q como siempre no hay mejor forma de explicar algo, siempre encuentras las palabras exactas. Es un placer leerte. besos
Comentario:
Qu'e bonita entrada sobre Berl'in.
A m'i me pareci'o una ciudad que no considerar'ia de las m'as bonitas, pero me cautiv'o la vida y energ'ia que desbordaba.
Un abrazo enorme.
'oscar.
A m'i me pareci'o una ciudad que no considerar'ia de las m'as bonitas, pero me cautiv'o la vida y energ'ia que desbordaba.
Un abrazo enorme.
'oscar.





