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para abrirte el corazón
Trocitos de mí mismo, jirones de lo que llevo dentro.
Acerca de
Hoy no hace ni frío ni calor, no corre fuerte el viento, no hay nada especial que me haga reintentar esta aventura, sólo el deseo de volcarme... y cada verso es un jirón de piel.
Sindicación
 
Caras
Para quedar libre de culpa tendré que achacar mis traumas a mi madre, y así, gracias a su genial idea de subirme encima de la lavadora cada vez que la ponía en marcha con poco ropa, y para evitar que el electrodoméstico bailara por la casa, desarrollé yo un gusto perverso por poner caras. Resulta que la lavadora quedaba justo en frente del espejo del lavabo, y para sobrevivir a los veinte minutos del centrifugado yo imitaba gestos y muecas, bien de dolor, de alegría, de llanto, de sorpresa... Imaginaba mil y una posibilidades para mis facciones, y aquel juego desencajaba a mi madre, que siempre me regañaba por mis "disfraces".

Supongo que ella tiene la culpa de que cada mañana me embobe frente al espejo, moviendo la lengua a la derecha y a la izquierda, intentando tocar la punta de la nariz o la barbilla, imitando a la serpiente o al mosquito, praxias orolinguofaciales que han de nutrir el bagaje de cualquier buen logopeda, gimnasia necesaria para la correcta pronunciación de los fonemas del castellano. Frente al espejo los niños me miran raro, cuando ven que mi cara no para de gesticular, y yo añoro el enloquecido movimiento de la vieja Zanussi bajo mis nalgas.

No sé si es mi madre la culpable, el centrifugado suicida de la obsoleta máquina, o el "Método de reeducación de las dislalias" de Vallés Arándiga, el caso es que no consigo controlar mi cara, y por eso, en cuanto se me conoce un poco, según parece, lo doy todo a entender con ella. Pero no es oro todo lo que reluce, ni mi cara es el espejo de mi alma. Muchas veces mi faz no es de desilusión, sólo que me cuesta encajar que yo merezca pues no sé, pongamos por ejemplo..., ¿un curso de escritura? Un curso más para mis ajetreadas tardes llenas de clases y cursillos; y de escritura, yo que cerraría el blog de la pura vergüenza que me da leerme.

Y odio mi cara, y no sólo porque parece un pan moreno, o una caricatura de Heidi. Odio mi cara porque no consigo ser como Peter Sellers, especialmente versátil en cuatro papeles en una sola película, irreconocible tras su propio rostro, un rostro cómico o amargado, pero bajo control, no como el mío, que pide auxilio, que mete la pata. A buen seguro que el Doctor Strangelove nunca se las vio ni con el espejo ni con la Zanussi. Ni con esta forma de ser a la que tanto le cuestan los regalos.

 
Comentario:
eS QUE pETer SELlers es SUPER DiFICIl... a MI TAMpoco me SALe...
 
Comentario:
pues a mí me gustan tus caras... Además yo aunq no me subía en la lavadora.. tb tengo una cara q se empeña en demostrarlo todo.. Disfruta de tu regalo.. q lo mereces.. besos
 
Comentario:
Ser transparente, que duda cabe, tiene sus inconvenientes. Pero los beneficios son muy superiores a los problemas que pueda ocasionar. Te lo digo por experiencia. Así que no te bajes nunca de la Zanussi!
 
Comentario:
Jajajaja....ya es que te imagino y!! Me encantaría ver tus caras :D

Bikos.
biko azul


 
Comentario:
¡¡¡Y a mí que siempre me has parecido un niño muy mono!!! Sobre todo me gusta tu sonrisa.
Un besito. óscar
No