Norte
Había perdido el norte, y en muchas ocasiones las ganas de seguir vivo. La brújula se volvió loca, y las agujas ya no sabían calcular las coordenadas, dejaron de indicar los caminos correctos; y entre tanto desbarajuste sintió unos deseos terribles de sentarse a esperar, de no hacer nada.
El norte ya no estaba en el horizonte, porque alguien, armado de paciencia y de una goma de borrar, se dedicó a desdibujar aquella línea, que se tornó vertical, que dejó de estar a la vista, que se esfumó. Y el septentrión se fugó con todos los sueños que había ido atesorando desde que tenía uso de razón, aunque no hiciera uso de ella. Todos los pasos adelante y hacia arriba habían sido un espejismo, una línea imaginaria. Y su soledad se quedó vacía, y su cuerpo roto, y por algún agujero se le escurrió el alma. Y sin norte, sin proyectos, sin futuro y sin horizonte, ¿a dónde podía ir?
Como a la niña de la película, la vida le regaló una fotografía, un país que no existía, un lugar sin localización, sin contornos, y también sin límites. Un mundo B lejos de aquel mundo A por el que ya no paseaba, ahora lo escalaba astillándose las uñas. Un mundo que estaba al sur, en las antípodas de sus coordenadas. Un mundo meridional que había atisbado en alguna que otra duermevela. Y decidió caminar de espaldas al horizonte despintado, y mientras se tumbaba en el sofá, y sin brújula, encontró el camino al sur, y se dejó llevar, mientras muchos transitaban buscando el norte, él, como la niña de la película, empezó a desear habitar algún día en el sur. Sin mundos A. Sin mundos B. Sin horizontes en vertical.

El norte ya no estaba en el horizonte, porque alguien, armado de paciencia y de una goma de borrar, se dedicó a desdibujar aquella línea, que se tornó vertical, que dejó de estar a la vista, que se esfumó. Y el septentrión se fugó con todos los sueños que había ido atesorando desde que tenía uso de razón, aunque no hiciera uso de ella. Todos los pasos adelante y hacia arriba habían sido un espejismo, una línea imaginaria. Y su soledad se quedó vacía, y su cuerpo roto, y por algún agujero se le escurrió el alma. Y sin norte, sin proyectos, sin futuro y sin horizonte, ¿a dónde podía ir?
Como a la niña de la película, la vida le regaló una fotografía, un país que no existía, un lugar sin localización, sin contornos, y también sin límites. Un mundo B lejos de aquel mundo A por el que ya no paseaba, ahora lo escalaba astillándose las uñas. Un mundo que estaba al sur, en las antípodas de sus coordenadas. Un mundo meridional que había atisbado en alguna que otra duermevela. Y decidió caminar de espaldas al horizonte despintado, y mientras se tumbaba en el sofá, y sin brújula, encontró el camino al sur, y se dejó llevar, mientras muchos transitaban buscando el norte, él, como la niña de la película, empezó a desear habitar algún día en el sur. Sin mundos A. Sin mundos B. Sin horizontes en vertical.

Comentario:
Quizás ahí este la clave en dejarse llevar, y no ir donde todos han ido ya. besos
Comentario:
No queremos perder el norte, pero más de lo que creemos lo perdemos, así es la vida con bastantes contratiempos y sorpresas.Me gustó encontrarte, besos:)
Comentario:
Hay veces q se pierde el norte y entonces... otro lugar te sorprende con su belleza, no olvides lo interesante q puede resultar perderse en ocasiones
Un beso
Un beso
Comentario:
Ojalá la brújula no fallara nunca. Pero lo hace. Nos pasa a todos.
Comentario:
Solo sintiendo que no hay imposibles...que no hay mundos A,B,C...ni Z. Solo un pequeño espacio de pequeñas cosas para amar.
Jo..me siento como me siento y claro, me remueves las tripas y el alma.
Bikos.
Jo..me siento como me siento y claro, me remueves las tripas y el alma.
Bikos.





