¿Ucronías o nueva fantasía histórica?
La historia está de moda. No hay más que ver la buenísima salud de la que disfruta el género histórico, en ventas y títulos. Por otro lado, lo que está de primerísima actualidad es el thriller mal llamado histórico, porque en realidad debería llamarse esotérico, que es lo que realmente es, por su incorporación de elementos de este tipo. Aún así, utiliza elementos históricos o hace el intento al menos aunque termine confundiendo las más de las veces. No pierdo la esperanza de que esto sea útil al menos para que a la gente le pique la curiosidad y busque los datos auténticos por su cuenta. Este thriller es la vertiente comercial y para “mayorías” del género, aunque en el género histórico, se está dando también una especie de libros más “sencillitos” como los de Simoney y Jacq sobre el antiguo Egipto, que buscan un público menos comprometido con la historia y más en búsqueda del entretenimiento.
Parece que la fantasía está viviendo una etapa de “contagio” de este otro género, y la nueva fantasía, si es que se la puede llamar así, busca elementos históricos en los que apoyarse para desarrollar sus argumentos. Por poner ejemplos, tenemos varios, y de diverso signo. Podríamos citar La estación de la calle Perdido, de Miéville, donde hay un fondo de teoría histórica mil veces reseñado. Pero yendo a textos donde las alusiones sean más directas, tenemos el de Mary Gentle, Ash, la historia secreta, primer tomo de una serie donde se plantea una alternativa a la historia “oficial” de finales de la Edad Media, que más allá de la pura ucronía, integra elementos fantásticos claros, como el Golém y el oscurecimiento del cielo y se incardina en otro mundo totalmente distinto. Algo así podría haber hecho también Lois McMaster Bujold en su serie de Chalion, aunque optó por usar los hechos históricos sólo como un motivo argumental y concentrarse en los factores fantásticos propiamente dichos.
No sé hasta que punto esto es algo circunstancial o síntoma de un movimiento de más largo alcance. No cabe duda de que toda la fantasía a poco que se rasca en la superficie, exuda materiales tomados de la historia, pero esto nunca había sido tan claro ni tan evidente como parece serlo ahora, con los libros que se mueven en el mercado español en la actualidad. La ucronía como tal, es uno de los temas típicos de la ciencia ficción, pero con esta incorporación de elementos no realistas nos saltamos a la fantasía sin duda ninguna. Esto es lo que sucede por ejemplo con Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos de Rodolfo Martínez, donde esto es bien evidente, y también en Elemental, querido Chaplin de Rafael Marín. En libros extranjeros, lo tenemos claro en El año de Drácula de Kim Newman y de forma menos evidente, y más tangencial en El amuleto de Samarcanda de Jonathan Stroud, más los mencionados arriba.
La cuestión que muchas veces me he planteado es si en la ucronía, sobre todo cuando se alude a mundos paralelos donde las leyes físicas son distintas que en este, no estamos ya entrando en los terrenos propios de la fantasía. No cabe la menor duda, creo, de que los límites entre ambos subgéneros son mucho más tenues de lo que podría parecer a primera vista. Hoy día, el viaje en el tiempo, es cuestión de fantasía, y no de posible extrapolación del avance científico al futuro como si podría ocurrir, por ejemplo con los viajes estelares. ¿Cuánta modificación de las leyes físicas de la realidad tenemos que considerar para pasar de la ciencia ficción a la fantasía? Pregunta bastante difícil de contestar a mi entender.
Lou von Salome






