El fin de una época (Hispacones y otras cosas)
Nada es eterno, así que hay que hacerse siempre a la idea de que las cosas se tienen que terminar. Siempre duele, o se hace cuesta arriba aceptarlo, pero eso no cambia el hecho de que sea inevitable.
No cabe duda de que la articulación del fandom del fantástico español sigue de cerca modelos anglosajones tanto en la forma, objetivos y funcionamiento de la AEFCFT, el modo en que se organizan las Hispacones (incluyendo su mismo nombre), y los premios Ignotus que en ellas se entregan.
Ya hace tiempo que me vengo preguntando si este modelo se adecúa bien a la idiosincrasia nuestra, que al fin y al cabo y mal que me pese, “semos” europeos o eso dicen. Quiero decir con eso, que quizás ese diferente estilo de comprensión de la cultura tendría que afectar más profundamente a sus manifestaciones externas.
(Aunque casi sería mejor empezar por preguntarse si hay diferencias sustanciales entre la cultura “europea” y la “norteamericana”, o si tales culturas existen de forma independiente, pero eso ya es harina de otro costal).
El caso es que por poner el ejemplo de las Hispacones, no sé si este modelo de conferencia-mesa redonda-presentación como plato fuerte, salpicado con otras actividades como proyecciones de películas, y adobado con encuentros personales entre los aficionados es algo que sea atractivo para la gente en general. Entre los aficionados que conozco, el frikismo no es fuerte en su mayor parte, y les cuesta moverse a grandes distancias para asistir a un evento de estas características. Con lo cual condenamos en cierta manera a las hispacones a ser actividades minoritarias y a que los grupos que las organizan, tengan que hacer un esfuerzo hercúleo para complacer a un grupo muy pequeño de personas. Esto sin duda se hace cuesta arriba y también complica mucho el poder interesar a las autoridades públicas y a las empresas tanto de dentro como de fuera del sector, para que inviertan dinero y esfuerzos en un acontecimiento cultural que exige más esfuerzos que compensaciones directas a nivel político, económico o como sea que examinen estas cosas.
Por otro lado y como ha quedado patente en estos días, los premios Ignotus carecen de la base social suficiente para ser unos premios que reflejen las inclinaciones e intereses de los aficionados al fantástico en general. También en este sentido cabría preguntarse cómo definir a este aficionado, ya que es evidente que hay poco en común entre el seguidor de Laura Gallego, el devoto de Salvatore, el ávido devorador de aventuras espaciales y el lector especulativo y sofisticado de las novelas de Priest, por no incluir a los degustadores de las delicias macabras de Poppy Z. Brite. Si abarcáramos a todos los lectores de fantástico, lo que dotaría a los Ignotus de un peso específico importante, seguramente darían lugar a debates aún más acalorados que los que suelen suscitar, porque parece muy difícil conciliar a los lectores adolescentes de dragonadas con el aficionado maduro a la ciencia ficción hard. Definir esta base social parece una empresa complicada, pero hasta que no se resuelva esta incógnita y esa base se defina con claridad y además sea significativa, agrupando a un número importante de aficionados, no habrá unos premios que sean realmente interesantes y prestigiosos.
Esto nos lleva a la asociación, a la AEFCFT. Es una asociación pequeña, poco conocida y cuyas funciones son limitadas también, quizás debido a su tamaño. ¿Tiene capacidad para convertirse en un motor que estimule el género? ¿Podría servir como lugar donde cristalicen las inquietudes, problemas e intereses de los aficionados al fantástico, tan diversos como son entre sí? ¿Tendría sentido que se constituyera en una interlocutora con la parte empresarial del género? Y si no puede hacer nada de esto, las hispacones son reuniones minoritarias (casi de amigos) y los Ignotus unos premios con escasa base social, ¿tiene sentido continuar manteniéndola viva? Y la pregunta de fondo de todo, ¿tiene sentido un fandom organizado?, ¿tiene utilidad?
Esto son preguntas que me hago y para las que no tengo respuesta. Un grupo de personas en Córdoba teníamos previsto organizar una hispacon, la del 2006, siguiendo unos parámetros organizativos distintos a los que hasta ahora se han seguido y con una filosofía también distinta. No ha podido ser, ya que resulta difícil dar vida a una idea de este estilo en una ciudad provinciana con escaso movimiento cultural. Pero eso no es todo. Si nos preguntamos por todas estas cosas que he mencionado, el panorama no está nada claro. En realidad, cabría pensar, si como decía Rafa Marín en los comentarios al articulo de las hispacones que incluyó Alfonso Merelo en su blog, no estamos “ante el fin de un ciclo”.
¿Lo estamos?