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El hilo de Ariadna
Burbujas de aire y sol arrastradas por el viento, caen los minutos lentamente
Acerca de
Mis aficiones son muy variadas, me gusta la literatura de género (fantástico, histórico, policíaco, romántico, etc), la historia militar y el arte, sobre todo la arquitectura y la pintura. También me gusta la fotografía, aunque de esto ya no practico, y sí mi marido, del que subiré algunas fotos. La música por supuesto, escucho de todo, desde flamenco y clásica, hasta los Smashing Pumpkins. Me fascina el Japón medieval, leo todo lo que puedo sobre él, como puede verse también por el diseño que he escogido para el blog. Otro tema que me fascina es la historia y problemática de la mujer y sí, pese a quien le pese, me confieso feminista.
Sindicación
 
Digo no

Nunca se debe escribir desde la desesperación. Eso es algo que siempre he querido tener presente, pero quizás ese estado de ánimo es el único que le da a uno motivación para poner en marcha el mecanismo de aplicar las cargas eléctricas que dicen que son los pensamientos a una hoja de papel.

Supongo que debido a mi formación como geógrafa, tiendo a mirar las cosas siempre bajo el prisma de distintas escalas. Por ejemplo, el de la desintegración del mundo que me rodea, que es algo de lo que siempre he pensado que escaparía y que al final, pues no, ha sido que no.

Porque eso se puede mirar desde una óptica general. Las leyes son un cachondeo, la justicia algo que si te atrapa no te suelta hasta dejarte bien exprimido, los abogados, unos entes vampíricos maléficos, la administración del estado, una mafia igual que la otra, pero en desordenado. Puedes poner tu mejor cara de intelectual mientras comentas esto con alguien que asentirá, también con expresión sesuda, a tu razonamiento.

Pero claro, si cambiamos de escala, y nos vamos a nuestro propio mundo, la cosa es algo distinta. Por el camino se te pierde la cara de intelectual, eso lo primero, porque claro, aunque empieces a recordar “El proceso” de Kafka y quedes muy bien, después de los dos primeros misilazos, se te olvida del todo.

Después viene la indefensión. Y aquello de quiero irme con mi madre. Esto no queda nada bien cuando tienes hijos, más que nada, queda ridículo. En algún momento, recuerdas que la vida sigue a escala universal, gira el planeta, las estrellas siguen muertas pero brillan, caen gobiernos, mueren niños de hambre, llueve mucho, mal y donde no debe... Y sin embargo, es tu dolor inmediato el que va extendiéndose por el horizonte.

Ese horizonte que nadie sabe cuando, se volvió del color y la textura de la tapa de un cubo de la basura. Y no digamos del olor.

Pero como decía mi abuelo, el hombre es el único animal capaz de decir que no. A lo evidente, a lo razonable, a lo inevitable. No. No cedo, no quiero, no estoy de acuerdo. En definitiva:

No.

Así que digo no. Con las dos letras, pero si tuviera más, las diría con todas. No a la indignidad, no al machismo, no a la cobardía, no a dejarse llevar, no a esconderse.

No.

No dejaré que me conviertan en una mujer sin pensamiento propio, sin iniciativa, ni criterio, sin respeto a sí misma, sin coraje.

No dejaré que me convirtáis en una víctima.

Y ahora, puede caer la lluvia y las estrellas pueden apagarse.

Y sí, estoy sufriendo acoso laboral.

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