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El hilo de Ariadna
Burbujas de aire y sol arrastradas por el viento, caen los minutos lentamente
Acerca de
Mis aficiones son muy variadas, me gusta la literatura de género (fantástico, histórico, policíaco, romántico, etc), la historia militar y el arte, sobre todo la arquitectura y la pintura. También me gusta la fotografía, aunque de esto ya no practico, y sí mi marido, del que subiré algunas fotos. La música por supuesto, escucho de todo, desde flamenco y clásica, hasta los Smashing Pumpkins. Me fascina el Japón medieval, leo todo lo que puedo sobre él, como puede verse también por el diseño que he escogido para el blog. Otro tema que me fascina es la historia y problemática de la mujer y sí, pese a quien le pese, me confieso feminista.
Sindicación
 

Porqué soy libre...


Todo lo valioso, por su propia definición, requiere de altos precios.

¿Qué puede haber más valioso que la libertad?

Así dicho, es una palabra vacía, de significado impreciso, que se presta fácilmente a la demagogia. Definir la libertad es una tarea tan compleja que se puede utilizar casi de cualquier manera.

Yo sí sé lo que es la libertad, al menos la mía.

Consiste en no venderse nunca, en no engañarse nunca. Seguir siempre el propio criterio, la forma que tengo de ver el mundo, con sus definiciones del honor, el coraje y la justicia. Comprendo que quizá no serían compartidas por mucha gente, pero eso da igual. Lo importante es conocerlas claramente y seguirlas con las dudas naturales que supone el aplicarlas en situaciones cambiantes y confusas, pero al menos hacerlo sin autoengaño ni autoindulgencia.

Honor, no atacar a alguien más débil, no ceder ante intimidaciones, no buscar beneficios que se paguen con lo que corresponde a los demás.

Coraje, seguir adelante cuando más miedo se tiene.

Justicia, procurar mantener el equilibrio entre los derechos y deberes que todos disfrutamos o deberíamos disfrutar.

Soy un samurai.

Con el mismo amor por la muerte, lo cual es un vicio lamentable, pero necesario cuando no se sabe qué es lo que tendrás que pagar con la vida.

Y la misma sensación de soledad profunda, densa como la oscuridad, pero igual de dulce.

Y esa fascinación por la espada, que va dentro del tuétano de los huesos y que solo se nota al asirla, como si por fin hubieras encontrado el único lugar al que realmente perteneces.

Qué bien, haber encontrado por fin tu lugar. Aunque solo sea al borde de ese abismo que se abre al final de todo. Sola ante el universo, en el cual nos disolveremos en la paz de la nada.

La paz de la nada.