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El hilo de Ariadna
Burbujas de aire y sol arrastradas por el viento, caen los minutos lentamente
Acerca de
Mis aficiones son muy variadas, me gusta la literatura de género (fantástico, histórico, policíaco, romántico, etc), la historia militar y el arte, sobre todo la arquitectura y la pintura. También me gusta la fotografía, aunque de esto ya no practico, y sí mi marido, del que subiré algunas fotos. La música por supuesto, escucho de todo, desde flamenco y clásica, hasta los Smashing Pumpkins. Me fascina el Japón medieval, leo todo lo que puedo sobre él, como puede verse también por el diseño que he escogido para el blog. Otro tema que me fascina es la historia y problemática de la mujer y sí, pese a quien le pese, me confieso feminista.
Sindicación
 
Lo políticamente correcto

Siempre me pasa igual. Sea como sea, todo me pilla siempre del lado políticamente incorrecto. Esto hay gente a la que le gusta, pero a mí no me hace gracia ninguna. No sé si arrastro algún extraño complejo por haber sido siempre peculiar, vaya usté a saber.

Últimamente vivo inmersa en un montón de actitudes políticas estereotipadas, que me causan la sensación de vivir en una extraña pesadilla. No sé si es mi formación de historiadora o qué pasa, o es que la gente está asustada y desconcertada y quiere poder instalarse en una actitud sencilla, que no la haga sentirse aún más perpleja.

Para mí analizar la realidad política es casi un trabajo, claro está. Lo hago en sociedades del pasado y desde que lo único que enseñamos los de historia en los institutos es historia contemporánea, pues me veo obligada a aplicarlo al presente.

La pregunta de mis alumnos es siempre la misma, todos los años: ¿esto de las izquierdas y las derechas que es, que no lo sabemos? Para mí es una respuesta relativamente poco compleja, ya que los partidos se clasifican en función de las políticas que aplican, tanto en el poder como en la oposición. Políticas sociales, económicas, culturales. Así que para mí, la cosa no tiene ningún problema. Para el resto de la gente tampoco, pero en su caso muchas veces es porque esa clasificación se hace en función de otro tipo de criterios, más emocionales y menos racionales, es decir, de lo que se siente políticamente correcto, o sea, “progresista”, y lo que no, que es todo el resto y es lo “reaccionario”.

En este país los años no pasan, esto ha pasado siempre. La política es algo acrítico, de lo que se habla entre cervezas, como del futbol, y perteneces a un partido u otro, porque tu padre es de ese o justamente del contrario por el mismo motivo. Yo que por circunstancias que no vienen al caso, he convivido con gente de otros países europeos, he encontrado que allí la gente es mucho más crítica. Pasan olímpicamente de actitudes que quedan bien en los baretos y entre los amiguetes, del chiste fácil y la risa facilona, y les gusta mirar la realidad desde un punto de vista personal y mucho más serio. Esto es evidente que se nota, si no ahí están las votaciones para la constitución europea, una constitución ferozmente liberal, una consagración institucional y excluyente del capitalismo salvaje, que en este país nuestro, que es tan “asín”, ha venido amparada por un partido “de izquierdas”, como dice ser el PSOE, y que ha sido contestada por la gente de a pie, la de la calle, que no se ha tragado el anzuelo.

Estamos en pleno ataque salvaje del capitalismo liberal, que se ha cambiado la dura coraza de la insensibilidad social por las suaves chaquetas de diseño del marketing. Hay partidos de “encargo”, que mezclan sin sonrojos de ningún tipo políticas de “derecha” con lavados de cara “progresistas”. La cuestión es que la gente haga “lo se que tiene que hacer” y lo haga además contenta, porque está del lado de “los buenos”, los que se llenan la boca con ese mito occidental que es el PROGRESO. Si para eso, hay que ir dando zigs zags y sumir la vida de la gente en la irracionalidad más profunda, no pasa nada. Luego los tranquilizamos rápido con un gesto de esos que te hacen quedar casi como un “revolucionario”, invocamos el color “rojo” y ya estamos todos tan contentos.

Así nos va por ejemplo en la educación. Ya ningún partido se acuerda de para qué sirve, o para qué debería servir. Fue el PSOE precisamente, quien decidió que el nivel medio de instrucción del ciudadano era demasiado alto y que había que rebajar la cosa. Sí, eso hicieron los herederos de los héroes de izquierdas que en las barricadas de toda Europa defendieron el derecho a la instrucción como una de sus principales reivindicaciones políticas. Debe ser que la cultura ya no es un valor humano universal y se ha convertido en algo molesto, una vez que hay que escalar el poder y ganar elecciones.

Y así como fue que nos trajeron la ESO, de inspiración comprehensiva, un tipo de escuela que había fracasado ya en toda Europa, y que nosotros aún padecemos aquí. Luego, los del PP, no tuvieron lo que hay que tener para “salvarnos” del desastre, y se quedaron ahí, aterrados ante la movida profesoral de las universidades, donde el PSOE tiene bien hundidas las garras en las filas de los antiguos PNNs y desde donde surgió el grito de “reaccionarios, que quieren que la escuela sirva otra vez para algo y nosotros también”, y claro, ya se sabe, que si sacamos el trapo “rojo”, todos quietos ahí por lo que pueda pasar.

La situación actual de la educación española ya no es desesperada. Ha dejado de tener calificativos. Los de las trincheras, la carne de cañón, los maestros y los profesores que sufrimos la ESO y un Bachillerato, que habría que rebautizar como quinto y sexto de la ESO, ya sólo resistimos como en Gallípoli, sólo por vender cara la piel y llegar como se pueda a la jubilación.

Y por si alguien no me cree, puedo dejar este caso para que cada uno se lo piense. Ya no hay que aprobar Selectividad. Si el alumno saca un 4, se le hace media con el expediente, que cuenta en una proporción de un 60 % frente al 40 % del examen, o sea, que basta que tenga un 5`57 en el expediente para que sea APTO y pueda acceder a la Universidad. Esto debería ser una excepción, para alumnos que sucumbieran a los nervios ante la circunstancia de verse examinados ante tribunal. Sin embargo, la excepción ahora es la regla, ya que una proporción muy elevada de los alumnos, que supera ampliamente el 50 %, en los que yo llevo registrados al menos en varios años, no llega al 5 en el examen de Selectividad.

Es curioso también el detalle de que no hay listas públicas de aprobados y suspensos por materias en la Selectividad... Cada alumno puede consultar su nombre de forma personal, y cada centro coloca una lista de sus propios alumnos, pero no se puede acceder a las listas de los demás centros para poder elaborar una estadística mínima y hacer un estudio de la situación. Imagino, que los resultados deben ser tan desoladores como algunos sospechamos a pie de trinchera. Tanto que ya empieza uno a pensar con lógica suspicacia para qué sirve la Selectividad en realidad...

Esto ya es como lo del dicho, quien desenladrillará al desenladrillador... A ver quién pondrá el cascabel al gato, mientras caemos un día tras otro, unos por depresión, otros, los privilegiados que pueden, pasándose al “mundo civil”, y otros, los más, endurecidos y embrutecidos, seguimos pegados a los sacos terreros, suplicando que pase rápido el día sin que ocurra ese algo irreparable que todos sentimos en los huesos que terminará por ocurrir.

Cualquier día saldremos hasta en los libros de Reverte. Si no, al tiempo.
 
Comentario:
A las buenas; que quieres que te diga, ya sabes que estoy totalmente de acuerdo con lo que has escrito. Me he pasado por aquí para saludarte y también para decirte que yo también me he comenzado un blog.
Ánimo y saludos.
 
Comentario:
Jelou, apañera, ¿que te vía dessí? Que ole tus ovarios y que más razón que una santa (mártir, en tu caso). A mí ya sólo me queda testimoniar que cuando la muerte se me presente en uno de los pasillos del Insti, alzaré mi copa y, por Crom, que me reiré en su puta cara...

Saludos desde la trinchera.
 
Comentario:
El mundo de lo políticamente correcto cada vez es mas un cúmulo de hipocresía y falsedades, una forma de esconder la cabeza como los avestruces, cada vez me gusta menos, parece una forma de no reflexionar ni pensar.

De la enseñanza ni me atrevo a opinar.
 
Comentario:
Hola María. He encontrado este sitio a través del blog de consumidor irritado... y me ha gustado. Este artículo es denso y exige leerlo con detenimiento y atención, pero coincido contigo en lo esencial. El estado de la educación es lamentable y no parece de recibo que un estudiante de 15 años haya vivido ¿3? reformas educativas.

En fin, así nos va...

Encantado de conocerte :-)
No