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El hilo de Ariadna
Burbujas de aire y sol arrastradas por el viento, caen los minutos lentamente
Acerca de
Mis aficiones son muy variadas, me gusta la literatura de género (fantástico, histórico, policíaco, romántico, etc), la historia militar y el arte, sobre todo la arquitectura y la pintura. También me gusta la fotografía, aunque de esto ya no practico, y sí mi marido, del que subiré algunas fotos. La música por supuesto, escucho de todo, desde flamenco y clásica, hasta los Smashing Pumpkins. Me fascina el Japón medieval, leo todo lo que puedo sobre él, como puede verse también por el diseño que he escogido para el blog. Otro tema que me fascina es la historia y problemática de la mujer y sí, pese a quien le pese, me confieso feminista.
Sindicación
 
Casus belli
Llevo varios días sumergida en la lectura de un libro maravilloso, escrito por John Clements, un afamado maestro de esgrima medieval, titulado “Medieval Swordsmanship: Illustrated Methods and Techniques”. Teniendo en cuenta mi afición por la historia militar esto no debería sonar muy raro que digamos, pero al hilo de la lectura he reflexionado sobre varias cosas de las que hasta ahora no había sido muy consciente.

Una de las principales afirmaciones que Clements hace en su libro, es sobre el hecho de que habitualmente consideramos la esgrima desde un punto de vista deportivo y no histórico, y cuando lo hacemos desde el punto de vista histórico, lo contemplamos como una forma de hacer la guerra un poco “inocente” y a sus practicantes como una especie de brutos de pueblo con cuchillo grande, frente a los soldados actuales, altamente sofisticados en comparación.

Según este autor, estas consideraciones son erradas en ambos casos. El esgrima ahora es un deporte básicamente, ya nadie combate a espada, con esas estupendas y baratísimas Aks que hay por ahí... Así que habría que trazar una línea entre la práctica de la espada desde un punto de vista deportivo y el puramente histórico.

Por otro lado, una espada es un instrumento sofisticado de lucha. En su especie, no hay nada que lo supere, es decir, en el combate cuerpo a cuerpo, y todas las culturas han desarrollado de un modo u otro sus propias espadas y el arte pertinente para usarlas. Además de una considerable leyenda en torno a ellas y a los que las usaban.

Si hay algo que siempre me ha pasmado del estudio de la historia en las facultades (mi licenciatura es en Geografía e Historia), es que al menos en el periodo en el que yo estudié, la guerra y todo lo concerniente a ella, toda su realidad física, estaba ausente de nuestros libros. Es lógico, si tenemos en cuenta, que las tendencias históricas del momento, la escuela de los Annales francesa, y la marxista, estaban orientadas firmemente hacia el estudio de los aspectos socioeconómicos del devenir histórico. Por otro lado, las tendencias que afloraron después, entre las que hay que destacar por sus interesantes aportaciones la historia de las mentalidades, han abundado en otros aspectos de las sociedades, excluyendo también cuidadosamente la práctica de la guerra.

Hemos desarrollado en nuestra época un gran pudor acerca del hecho de matarnos unos a otros, que como todos sabemos es el “deporte” más antiguo del mundo, al lado de ese otro sobre el que también tenemos tanto pudor en hablar... Hablamos mal de la guerra, y en los telediarios aparecen imágenes angustiosas de cuerpos desmembrados, para reafirmarnos aún más, por si fuera necesario, en este rechazo. Sin embargo, al lado de este aparente asco hay una oscura fascinación, una fascinación morbosa, que posiblemente nazca en buena medida, del desconocimiento y de la ocultación de este tema en la que vivimos.

Y esto da lugar a una tremenda contradicción: en las escuelas y en los centros de estudio, la guerra es una vergüenza incesante con la que habría que terminar mientras los métodos de asesinar y matar en masa y sin peligro para los soldados se refinan hasta la imprudencia. La solución para la guerra que aporta la sociedad occidental es la diplomacia: el arte de vender a unos sin que se den cuenta hasta que ya no tenga remedio a otros, escamoteándoles algo a estos de paso. Lo digo no por lo que debería ser, sino por lo que actualmente es, a la vista de sus resultados. No hay solución para que el ser humano deje de intentar resolver sus conflictos por la fuerza y echando mano abundante de la violencia. Es más, pese a lo que todo los responsables políticos digan de dientes para fuera, no hay intención real de cambiar esto. Es un hecho incontrovertible con el que todo el mundo cuenta, si se habla desde la realidad y no la utopía.

A mí la guerra me ha fascinado desde niña, y no es que no entienda que matarse unos a otros por la causa se que sea, no es una vergüenza y un horror. Soy madre, y la muerte no se entiende del todo bien hasta que no se tienen hijos, como muchas madres saben. No es la muerte lo que me fascina de la guerra, sino quizás el hecho de que lo mismo que el sexo, es una actividad que los humanos practicamos poniéndolo todo de nosotros mismos. Y cuando el ser humano se entrega totalmente, da lugar a cosas tan hermosas como una espada, una catedral, o un hijo. Nunca somos tan creativos como cuando lo podemos perder todo.

Leyendo sobre como se combate cara a cara, contra un enemigo equilibrado en posibilidades de victoria contigo, sabiendo que sólo dependes de tu habilidad y tu inteligencia, sin menospreciar la fuerza, para sobrevivir y poder contarla, se puede llegar a entender que un combate sea bello y la pasión tremenda que la gente de época medieval llegó a desarrollar por los torneos. Es algo a lo que sólo se acerca el deporte, aunque le falta la necesidad, ese darlo todo que es lo que marca la diferencia.

El horror y la belleza se mezclan, como en los espectáculos romanos, donde también la muerte era el precio a pagar en última instancia. En definitiva, es la muerte lo que da valor a la vida humana, y que se acaben, lo que hace las cosas irrepetibles. Si fuéramos inmortales, seguramente no habría guerras, y quien sabe, quizá odiaríamos y aborreceríamos la vida con la misma pasión con la que ahora la amamos, pensamiento que recogió Simone de Beauvoir en ese inquietante libro suyo sobre un inmortal, el preceptor de Carlos I.
 
 
Comentario:
Hola onsalome, gracias por escribir en mi blog. te agradezco la AYUDA CON EL LOIBRO.INTENTARE LEERLO CUANDO TENGA ALGO MAS DE TIEMPO. eN CUANTO AL TEMA DEL ESGRIMA JAPONES, QUE, SEGUN TU DIBUJO, VEO TE INTERESA..CUESTION, ¿PRACTICAS kENDO? ES SIMPLE CURIOSIDAD, YO NO LO HE PRACTIDCADO, AUNQUE SI LO HE VISTO EN DOS OCASIONES Y ME HA PARECIDO HERMOSO(NO PUEDO DEFINIRLO MEJOR)UN SALUDO.
 
Comentario:
Hola Ariadna, soy nuevo en tu blog. me ha parecido de gran interes lo dicho sobre el arte del esgrima. Escuche en una ocasion la idea de que "en tiempos de paz, debemos preparanos para la guerra, para acortar el maximo ese periodo cuando llegue". Podrias recomendarme ese libro sobre inmortales que has descrito..no se tratará de "Melmoth" verdad? un saludo.
 
Comentario:
No tengo muy claro si estoy de acuerdo, pero seguro que me has resultado connvincente. Algo de eso tiene que haber además del odio.

Se feliz
 
Comentario:
Despues de tanto tiempo ¡bienvenida! y como es preceptivo en estas fechas, de todo corazon te deseo un maravilloso 2006.
No