<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/rss20.xml"><title><![CDATA[El hilo de Ariadna]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Burbujas de aire y sol
arrastradas por el viento,
caen los minutos lentamente]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hourly]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[1]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_27.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_26.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_25.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_23.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_22.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_21.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_20.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_19.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_18.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_17.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_27.htm"><title><![CDATA[G. R. R. Martin y el infierno]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/files/Martin_y_yo_4.jpg" alt="" border="0" width="454" height="304"/><br/><br/><h4><br/><br/>Mucho me temo que Mr. Martin ha descubierto el significado de la palabra infierno en ese triángulo terrible que por ahí llaman "la sartén de Andalucia", uno de los lugares con las temperaturas más altas en el mundo, al menos de los que cuentan con ciudades habitadas.<br/><br/>Martin es un "hombre tranquilo", como el de Ford, buenhumorado, al que le gusta reír y sobre todo una máquina de observar. Suele ser frecuente que grandes escritores son luego personas insoportables, pero sin duda, Martin rompe el molde en este caso, porque es una persona encantadora, accesible y que desprende humanidad.<br/><br/>A estas horas debe estar ya descansando en su casa de New Mexico, a salvo en su aire acondicionado, y recordando con horror como tiembla el empedrado de las estrechas calles cordobesas o granadinas. Espero de todas formas que también recuerde el aire orgulloso de los castillos que puntean la antigua frontera con el reino de Granada, encaramados a sus peñas imposibles, y el aspecto imponente de la puerta de Moclín... <br/><br/>En fin, creo que el mejor embajador que puede tener su obra es él mismo, un gran profesional y un hombre al que es un placer conocer.<br/><br/>Bueno, y sobre todo, tengo que añadir, me alegro infinito de que haya sobrevivido a esta dura experiencia climática, porque no quiero pensar en los Asshai poniéndole precio a mi cabeza. La pobre, que vale tan poco, además... :D<br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_26.htm"><title><![CDATA[<h3>Porqué soy libre...<h3>]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_26.htm]]></link><description><![CDATA[<h4><br/>Todo lo valioso, por su propia definición, requiere de altos precios. <br/><br/>¿Qué puede haber más valioso que la libertad?<br/><br/>Así dicho, es una palabra vacía, de significado impreciso, que se presta fácilmente a la demagogia. Definir la libertad es una tarea tan compleja que se puede utilizar casi de cualquier manera.<br/><br/>Yo sí sé lo que es la libertad, al menos la mía.<br/><br/>Consiste en no venderse nunca, en no engañarse nunca. Seguir siempre el propio criterio, la forma que tengo de ver el mundo, con sus definiciones del honor, el coraje y la justicia. Comprendo que quizá no serían compartidas por mucha gente, pero eso da igual. Lo importante es conocerlas claramente y seguirlas con las dudas naturales que supone el aplicarlas en situaciones cambiantes y confusas, pero al menos hacerlo sin autoengaño ni autoindulgencia. <br/><br/>Honor, no atacar a alguien más débil, no ceder ante intimidaciones, no buscar beneficios que se paguen con lo que corresponde a los demás. <br/><br/>Coraje, seguir adelante cuando más miedo se tiene.<br/><br/>Justicia, procurar mantener el equilibrio entre los derechos y deberes que todos disfrutamos o deberíamos disfrutar.<br/><br/>Soy un samurai.<br/><br/>Con el mismo amor por la muerte, lo cual es un vicio lamentable, pero necesario cuando no se sabe qué es lo que tendrás que pagar con la vida. <br/><br/>Y la misma sensación de soledad profunda, densa como la oscuridad, pero igual de dulce. <br/><br/>Y esa fascinación por la espada, que va dentro del tuétano de los huesos y que solo se nota al asirla, como si por fin hubieras encontrado el único lugar al que realmente perteneces. <br/><br/>Qué bien, haber encontrado por fin tu lugar. Aunque solo sea al borde de ese abismo que se abre al final de todo. Sola ante el universo, en el cual nos disolveremos en la paz de la nada. <br/><br/>La paz de la nada. <br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_25.htm"><title><![CDATA[Creo que me he enamorado...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_25.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/files/Crecy.jpg" alt="" border="0" width="500" height="120"/><br/><br/><h5>Yo como siempre tan romántica... ;-)<h5>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_23.htm"><title><![CDATA[Al ralentí]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_23.htm]]></link><description><![CDATA[<h4>Nos pasamos buena parte de la vida luchando desesperadamente por llegar a sitios que de pronto, un poco más adelante en el camino, se nos antojan fútiles. <br/><br/>Sin embargo lo peor no es esto, sino que la sospecha sobre el significado del resto de las cosas a las que aspiras y sin las cuales parece que te vas a morir, se extiende como la proverbial mancha de aceite.<br/><br/>Luego viene el parón.<br/><br/>Has conseguido buena parte de lo imprescindible. Te has hecho a la idea de que el resto no está a tu alcance y hasta te parece que en realidad nunca lo quisiste. Lo que tienes se ha convertido en algo habitual y cotidiano, tanto que ni te acuerdas de lo mal que lo pasaste hasta conseguirlo.<br/><br/>Y ahora, ¿qué?<br/><br/>¿Qué es lo que quieres ahora?<br/><br/>Te has convertido en un vulgar abuelo. Cuando deseas algo, la primera palabra que te viene a la mente es “salud”. Mala cosa, porque significa que los jodidos achaques ya han llegado. Si te planteas conseguir algo, el listado de cosas que no se pueden sacrificar en el intento se ha alargado hasta llenar un cartapacio, en el que se incluye la siesta, tus libros de ficción favoritos y no se qué más cosas que te ocupan mucho tiempo pero sin las cuales no puedes vivir. Ah, y el sofá, esa trinchera inexpugnable de la vida madura.<br/><br/>En fin, que tu vida ha entrado en una especie de ralentí que genera mucha contaminación de todo tipo, pocas satisfacciones en velocidad, mucha comodidad y poco desgaste.<br/><br/>O sea, has envejecido, por ponerlo en menos palabras.<br/><br/>Pero hay que joderse, no cambiaba yo esta época de mi vida por casi ninguna cosa.<br/><br/>Bueno, sí, por un sofá más grande, claro.<br/><br/>Feliz Navidad, hermanos. Y que el año próximo no sea un naufragio. <br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_22.htm"><title><![CDATA[Amanece]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_22.htm]]></link><description><![CDATA[<h4>Amanece, es martes.<br/><br/>Hoy nada parece como todos los días. El sol escala el firmamento, inunda las fachadas como una marea rubia, trepa con firmeza por los árboles, las estatuas. Pero algo indefinible ha cambiado.<br/><br/>Todo está lleno de vida. Se nota como un pulsar hondo en las calles, en el aire, miles de corazones que marchan con su ritmo sincopado camino de alguna parte. ¿A donde? Yo que sé. <br/><br/>Llevo viendo esto casi mil años, y eso parece muy poco. Son apenas tres letras, y quizás por eso carezca casi de significado. Quizás también, es que nadie ha vivido tanto. Un vez me dijeron que había un olivo milenario en el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba. Fui a verlo y aspirando el aroma del azahar, me di cuenta de que en algún momento podríamos haber existido, nacido, juntos. Lo vi tan retorcido, tan muerto, que sentí una extraña simpatía por sus ramas atormentadas. Quien sabe si de algún modo, mis brazos resecos, donde apenas circula la savia de la vida, son como los suyos y mi aspecto real es también patético y moribundo.<br/><br/>Porque yo estoy muerto o eso dicen. Ando por las calles, respiro si quiero ese mismo aire contaminado que comparto con las gentes de este siglo, les miro pasar con toda su prisa... pero mi mente se queda con el olivo, con su apariencia de vida detenida, casi mineral. Yo soy ese olivo. <br/><br/>La sangre es la vida, o eso dicen. En realidad, la vida es sólo esta ajetreada fugacidad de los que no se atreven a pensar en la muerte. Ella les espera, imparcial, objetiva, constante. Sólo los que nos hemos escapado de ella sabemos que en realidad da igual, porque la vida es sólo un pulular de insectos camino de ninguna parte, un delirio de la mente enferma del enjambre.<br/><br/>Y yo lo se muy bien, porque he ido a casi todas partes. He bebido toda la sangre que he querido. Pero la vida me elude del mismo modo que la muerte. Soy un ser mineral, como el olivo, y retuerzo mis ramas al lado del fresco rumor del agua, entre el denso olor de los naranjos.<br/><br/>Tengo casi mil años, y no estoy vivo. Ellos están ya casi muertos, teniendo en cuenta el poco tiempo que les queda, a pesar de sus deseos. <br/><br/>Amanece y es sólo un día más. Tengo sed, y necesito beber. Cuando lo haya hecho, descansaré en la noche profunda del tiempo y pensaré si esto que hago tiene algún sentido. Porque del mismo modo que ellos se ajetrean de modo absurdo de un lado para otro, yo vivo pendiente de esta sed que no se acaba, de esta muerte que no llega, de esta sinrazón que es lo único que me queda en común con los humanos. <br/><br/>Soy un vampiro. Tengo sed. Y aún es martes.<br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_21.htm"><title><![CDATA[El amor]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_21.htm]]></link><description><![CDATA[<h4>Ya sé que es la pregunta del millón, pero ¿qué es el amor? Todo el mundo parece enloquecer por tenerlo, pero bien pensado, también enloquece por muchas otras estupideces.<br/><br/>El amor ha tenido mucha suerte. Culturalmente, se ha convertido en un producto de lujo. Mueve millones, en la literatura, la música y el cine, que apenas pueden existir sin hacerle un homenaje pequeño, grande o regular. Todos los aceptamos como invitado estrella en cualquier cosa que tenga que ver con el ocio, y no cuestionamos su presencia jamás.<br/><br/>Yo, francamente, pese a ser una ávida lectora de novela romántica, no creo en el amor. Y que conste que no es una pose “maldita” para hacerme la interesante. Creo firmemente en el sexo y en los intrincados lazos que la pasión traza entre todas las condiciones y sexos. Creo en la empatía, ese curioso crujir de corazones al unísono. Pero lo entiendo todo como pasiones fútiles, que nacen con los días contados, y que responden con dificultad a las medicinas que les aplicamos para revivirlas.<br/><br/>El ser humano nace con la condición implacable de su soledad. La cultura inventa miles de artilugios para endulzar esa situación, para negarla, reinterpretarla o eludirla. Pero nada funciona. Lo más importante que hacemos, además de nacer, es morir, y las dos cosas las hacemos solos. Mirad cualquier cuna de bebé. Está allí solo, sin su madre, indefenso, a expensas del mundo. Porque su madre ya existe sin él y él sin ella, o sea, la condición de la soledad ha aparecido mientras se hacía humano y persona. <br/><br/>Por eso el amor es un paréntesis tan celebrado. Mientras dura, sentimos la ilusión de no estar solos, de fundirnos con otra persona, de volver a algún útero cálido y deliciosamente húmedo y además lo hacemos con una intensidad feroz, que nos transmuta en un oro de valor incalculable. En esos momentos, nada nos supera.<br/><br/>Pero claro, como todas las fantasías, tiene que terminar. No hay velo que no se desgarre frente a la tormenta de todos los días, no hay espejismo que al andar hacia él no se descubra. Algún día, al mirar a los ojos de la persona que amamos, descubrimos que allí hay otra persona que sufre, que tiene miedo, que está sola. Que se engaña, que padece pequeñas o grandes indignidades del cuerpo y también miserias del alma. El espejo se ha roto, Alicia ha salido del sueño, y todos nos despertamos como ella, recordando la sonrisa misteriosa del gato con sus promesas de infinitud.<br/><br/>El amor no existe, pero por eso mismo, hay que disfrutar el rato que lo tenemos y luego dejarlo ir sin rencor. Como sólo es una patraña, debemos ir a él relajados, como a un buen teatro, a asistir a una función que nos anima a seguir vivos y como medicina para endulzarnos los tragos amargos de la vida nos imparte continuamente. <br/><br/>Hay otros sentimientos más hondos, que sí lanzan fuertes cuerdas de amarre entre los seres humanos, tan fuertes, que a veces no se pueden romper. Pero esos sentimientos no son populares, no son estéticamente vistosos, no se les dedican apenas canciones. La piedad, la compasión mutua por los seres sufrientes que somos; la amistad, que nos permite navegar por la vida con eso tan valioso que es la compañía; la fe, que no tiene que ser en un dios, sino que puede dirigirse a muchas otras cosas. Todos estos sentimientos son poderosos, se mantienen vivos frente a las inclemencias de la vida y el tiempo y posiblemente nos permitirán apoyarnos con fuerza en ellos.<br/><br/>Pero claro, no los podemos pintar en una postal y llevan mal el que se los embadurne con poesía. No se prestan bien al maquillaje y desfilan mal en cualquier pasarela. No podemos hablar de ellos sin parecer unos patanes de pueblo, sospechosos de reaccionarismo, aunque curiosamente, el amor es un sentimiento tan poco revolucionario, más bien un dulce opio que el poder administra con largueza, por ser barato. <br/><br/>Nos merecemos lo que nos dan, la verdad. Por no mirarnos desnudos al espejo, y ver lo que hay, que es poco y mucho, malo y bueno, desastre y maravilla a partes iguales. Un mono en pelotas, un animal pensante, una anomalía del universo.<br/><br/>Un ser humano. Solo.<br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_20.htm"><title><![CDATA[Digo no]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_20.htm]]></link><description><![CDATA[<h4>Nunca se debe escribir desde la desesperación. Eso es algo que siempre he querido tener presente, pero quizás ese estado de ánimo es el único que le da a uno motivación para poner en marcha el mecanismo de aplicar las cargas eléctricas que dicen que son los pensamientos a una hoja de papel. <br/><br/>Supongo que debido a mi formación como geógrafa, tiendo a mirar las cosas siempre bajo el prisma de distintas escalas. Por ejemplo, el de la desintegración del mundo que me rodea, que es algo de lo que siempre he pensado que escaparía y que al final, pues no, ha sido que no.<br/><br/>Porque eso se puede mirar desde una óptica general. Las leyes son un cachondeo, la justicia algo que si te atrapa no te suelta hasta dejarte bien exprimido, los abogados, unos entes vampíricos maléficos, la administración del estado, una mafia igual que la otra, pero en desordenado. Puedes poner tu mejor cara de intelectual mientras comentas esto con alguien que asentirá, también con expresión sesuda, a tu razonamiento.<br/><br/>Pero claro, si cambiamos de escala, y nos vamos a nuestro propio mundo, la cosa es algo distinta. Por el camino se te pierde la cara de intelectual, eso lo primero, porque claro, aunque empieces a recordar “El proceso” de Kafka y quedes muy bien, después de los dos primeros misilazos, se te olvida del todo. <br/><br/>Después viene la indefensión. Y aquello de quiero irme con mi madre. Esto no queda nada bien cuando tienes hijos, más que nada, queda ridículo. En algún momento, recuerdas que la vida sigue a escala universal, gira el planeta, las estrellas siguen muertas pero brillan, caen gobiernos, mueren niños de hambre, llueve mucho, mal y donde no debe... Y sin embargo, es tu dolor inmediato el que va extendiéndose por el horizonte. <br/><br/>Ese horizonte que nadie sabe cuando, se volvió del color y la textura de la tapa de un cubo de la basura. Y no digamos del olor.<br/><br/>Pero como decía mi abuelo, el hombre es el único animal capaz de decir que no. A lo evidente, a lo razonable, a lo inevitable. No. No cedo, no quiero, no estoy de acuerdo. En definitiva:<br/><br/>No.<br/><br/>Así que digo no. Con las dos letras, pero si tuviera más, las diría con todas. No a la indignidad, no al machismo, no a la cobardía, no a dejarse llevar, no a esconderse. <br/><br/>No.<br/><br/>No dejaré que me conviertan en una mujer sin pensamiento propio, sin iniciativa, ni criterio, sin respeto a sí misma, sin coraje.<br/><br/>No dejaré que me convirtáis en una víctima.<br/><br/>Y ahora, puede caer la lluvia y las estrellas pueden apagarse.<br/><br/>Y sí, estoy sufriendo acoso laboral.<br/><h4>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_19.htm"><title><![CDATA[Mundos de papel... o más madera]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_19.htm]]></link><description><![CDATA[<h5><br/>El mundo se ha convertido desde hace tiempo para mí en algo sobradamente inhóspito. Ya no es sólo el hecho tan cacareado de la pérdida de valores ni la oleada salvaje de desvergüenza y mal gusto que inunda todo. No recuerdo ni siquiera mi infancia como un lugar agradable y familiar. Quizás he nacido con una seria disfunción social que me impide disfrutar de las personas y del mundo... Pero sea como sea, es algo ya sin remedio. Mi nicho ecológico natural es mi biblioteca y vivo inmersa, como posiblemente tantos otros, entre mundos de papel.<br/><br/>Sí, ya sé que este tipo de declaraciones lleva de forma indefectible a comentarios de tipo: “no hay que encerrarse” “corres peligro de alejarte demasiado de la realidad”. La cuestión está en que para mí la realidad es tóxica. He nacido alérgica a lo que me rodea tanto cerca como lejos. Los sarpullidos emocionales que sufro cuando entro en contacto con el mundo son tan violentos y empeoran tanto con los años, que a veces, ponen en peligro mi vida. Por ello he tomado la decisión numantina de regresar a los mundos de papel entre los cuales he pasado la mayor parte de mi vida real. Porque la que he vivido entre la gente, me recuerda más bien a una odisea robinsoniana, visitas a islas llenas de antropófagos y en medio de una soledad espesa como el aire de una tormenta. Materia más literaria que “real”, si atendemos a la significación de los hechos. Porque la única vida real que he conocido ha discurrido en su mayor parte entre cuatro paredes y acompañada de algunos otros náufragos tan perplejos y abandonados como yo.<br/><br/>Visto lo visto, regresar a la biblioteca se impone como una solución inteligente y prudente. Aquí todo ocurre de verdad, el odio, el miedo, la pasión y el horror. Y también los sentimientos delicados, las hazañas heroicas y la sinceridad de corazón. Hay pocos autores que mientan cuando escriben. Es casi imposible, porque al escribir, indefectiblemente, nuestros tejidos más profundos quedan al descubierto. Es un proceso depurativo imposible de falsear. Cuando las palabras se amontonan, se alinean una detrás de otra, mentir se convierte en una tarea desesperada e imposible. A lo más que se llega es a un cierto disimulo, a un tenue pudor, que quizá presta a la escritura un tinte casi erótico.<br/><br/>Así que vuelvo de nuevo a sumergirme en mis mundos de papel, a experimentar la vida como algo certero, directo al corazón y lleno de autenticidad. Fuera quedan las patrañas, las intrigas, las conspiraciones, la falsedad, la traición y el dolor. No todo, sólo lo mezquino, lo que se hace por nada, por simples sombras de prestigio, por sobras en el reparto de las comodidades. Las que se hacen por tener el corazón pequeño, el intelecto demediado y el alma débil.<br/><br/>Como dirían aquellos amantes del fuego, ¡más madera! Y que fluyan las letras, sangren los héroes, lloren las damas y que todo vuelva a suceder una y otra vez. ¿Sería esta una posible definición de la felicidad?<br/><h5>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_18.htm"><title><![CDATA[Ficción femenina (1)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_18.htm]]></link><description><![CDATA[<h5>Siempre que hablamos de novelas para mujeres nos tropezamos con la misma polémica. Que no hay novelas para mujeres, que las novelas no tienen sexo. Pero me temo que si hay algo que tiene sexo, es precisamente la ficción.<br/><br/>Para aquellos que sólo creen en la existencia de la “literatura”, recordarles que nunca ha habido una literatura femenina reconocida, pero que siempre ha habido literatura femenina. Es curioso que cuando hacemos recuento de las novelas escritas para mujeres (generalmente por ellas mismas), descubrimos que tienen un estilo y una temática peculiares, que no coincide en mucho con las propias de cada época, y que son bastante “transculturales”. También podemos incluso detectar una cierta tradición que remonta hasta tiempos inmemoriales y llega hasta la actualidad.<br/><br/>Ya sé, ya sé, si hay alguien que se moleste en leer esto lo mismo le da una apoplejía, pero después de haber leído abundantemente sobre el tema, lo cierto es que esta realidad se impone sin remedio. Alberto Manguel en su “Historia de la lectura” hace un recorrido por los principales géneros, libros y escritoras e identifica sin lugar a dudas un “género femenino” que recorre, despreciado, los siglos como una corriente subterránea, indetectada, pero viva.<br/><br/>Y ya lo creo que está viva... Hoy día, más del 50 % del mercado del paperback anglosajón lo ocupa la novela llamada “romántica”. Y esto es un dato sólo para abrir boca, porque aunque el fenómeno intenta ocultarse como sea, en las revistas especializadas y por parte de la crítica, lo cierto es que una vez que estas novelas aparecen en un mercado, comienzan a inundar las estanterías de forma sostenida y creciente. El 70 % del público lector total en la actualidad, es femenino y seguramente esto tiene algo que ver. Algo deben ofrecer estas novelas, para que llamen la atención de las mujeres japonesas, al igual que las españolas, incluso de las de mayor nivel cultural, claramente la mayoría de las mujeres que consumen estas novelas.<br/><br/>La sociedad a la que respondía la antigua "novela rosa" y la mujer que la leía, es lógico pensar que tiene sus diferencias con la mujer de hoy día, así que la novela romántica actual retoma la tradición y la reconvierte en un nuevo tipo de novela totalmente distinta, mucho más agresiva, con un fuerte componente erótico, y literariamente más elaborada, que usando los antiguos códigos los pone al día y ofrece un producto nuevo, muy comercial, más apropiado para las nuevas licenciadas que inundaron las universidades y que pese a vivir en un mundo de hombres, siguen siendo mujeres.<br/><br/>Y es que el tener los mismos derechos no nos obliga a ser iguales en otros aspectos o a tener que despojarnos de nuestras peculiaridades. Ni a negar nuestras tradiciones. Generalmente, aplicando la crítica marxista a machamartillo, se entiende que la literatura femenina es un subproducto destinado a personas incultas, preocupadas por la cotidianeidad más inmediata y por tanto, carente totalmente de valor. Hoy día, hay toda una revisión de este concepto, porque el hecho de no participar aparentemente en las decisiones políticas o al menos el no haberse registrado esa presencia en las páginas de la historia, no elimina el valor que esa cotidianeidad tiene en el discurso de la historia. <br/><br/>No sabemos como se tomaban en el pasado las grandes decisiones y que callada influencia pudieron tener las mujeres que acompañaron a los hombres que las tomaron, teniendo en cuenta, que esas decisiones eran capitales para todos por igual. En realidad, del pasado sabemos poco más que lo que ellos nos quisieron contar. Los avances de la historia de las mentalidades y la aplicación de un análisis más exhaustivo a los datos históricos nos ofrece una imagen de la realidad del pasado mucho más cercana a nuestra vida hoy día. En ella, las mujeres tienen tanto peso, como para que la Iglesia organizara todo un plan de demonización de la mujer en la Edad Media, con el fin de apartarla de la vida activa.<br/><br/>No quiero decir con esto que el estatus social de la mujer fuera igual al del hombre hasta este momento, pero sí que nuestra valoración está muy sesgada por la imagen que de la mujer nos ha ofrecido la iglesia y la sociedad decimonónica, imágenes que aun tenemos pegadas en los párpados. Lo que entendemos por “masculino” o “femenino” está muy determinado por nuestro pasado más reciente, e incluso desde la ciencia se hacen esfuerzos desquiciados por mantener diferencias entre hombres y mujeres que justifiquen la inferioridad femenina. <br/><br/>Es evidente, por las muchas muestras que de ello tenemos día a día y en culturas diferentes, que esa pretendida inferioridad no tiene sentido, que los sexos tienen particularidades evidentes, que eso influye en la vida de todos, pero no de forma jerárquica. El intento de aplicar el concepto de “funcionalidad” al dimorfismo sexual es el último intento de la ciencia por justificar lo injustificable. Es cierto que la maternidad está en manos de las mujeres, como el hecho de que los hombres tienen cuerpos más fuertes y más grandes. Pero estas diferencias no llegan hasta hacernos distintos como seres humanos. Un hecho curioso que siempre olvidamos, es que las hormonas, las compartimos casi en su totalidad en proporciones diferentes, y que la determinación del sexo es bastante tardía en el feto.<br/><br/>En definitiva, pese a ser iguales básicamente, hemos generado formas diferentes de entender el mundo y la vida. Todas las culturas registran esta diferencia y el esfuerzo salvaje y continuado que las mujeres hacen en favor de la protección de la vida, y no sólo de su creación. Al fin y al cabo, la materia prima de las guerras la suministran las mujeres, que son sus hijos, a cuyo cuidado dedican toda su vida activa. Esta comprensión peculiar del mundo, sin duda, genera toda una filosofía sobre la vida y lo que hacer con ella. <br/><br/>También el papel de los sentimientos y lo emocional en términos generales, tiene un papel primordial en esta filosofía, aunque sean los sentimientos en otra dimensión distinta a los que aparecen reflejados en los textos históricos. Hay muchas guerras y muchas decisiones históricas que se toman por soberbia, en el curso de un ataque de ira o dominado por el orgullo, sentimientos tradicionalmente considerados como legítimos en los hombres. Pero, claro, si estos sentimientos se aplicaran a la vida cotidiana seguramente no comeríamos, ni nos vestiríamos, ni criaríamos niños. La paciencia, la tolerancia y la planificación cuidadosa están en la base de la vida de las mujeres, y cuando estos principios se aplican a la historia, ya sabemos que consecuencias beneficiosas tienen para todos. Quien sabe si no es esta cultura de “lo femenino” (por llamarlo de alguna manera) lo que ha impulsado algunos de los cambios positivos de la historia... <br/><br/>¿Cómo se ha reflejado esto en la ficción femenina, de forma exacta? Una vez planteado el problema de base, volveremos a analizarlo en otro momento usando la nueva ficción femenina que arranca de los ochenta y que se encuentra en estos momentos penetrando en el mercado español con pinta de haber llegado para quedarse. <h5>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_17.htm"><title><![CDATA[Casus belli]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhilodeariadna/c_17.htm]]></link><description><![CDATA[<h5>Llevo varios días sumergida en la lectura de un libro maravilloso, escrito por John Clements, un afamado maestro de esgrima medieval, titulado “Medieval Swordsmanship: Illustrated Methods and Techniques”. Teniendo en cuenta mi afición por la historia militar esto no debería sonar muy raro que digamos, pero al hilo de la lectura he reflexionado sobre varias cosas de las que hasta ahora no había sido muy consciente.<br/><br/>Una de las principales afirmaciones que Clements hace en su libro, es sobre el hecho de que habitualmente consideramos la esgrima desde un punto de vista deportivo y no histórico, y cuando lo hacemos desde el punto de vista histórico, lo contemplamos como una forma de hacer la guerra un poco “inocente” y a sus practicantes como una especie de brutos de pueblo con cuchillo grande, frente a los soldados actuales, altamente sofisticados en comparación.<br/><br/>Según este autor, estas consideraciones son erradas en ambos casos. El esgrima ahora es un deporte básicamente, ya nadie combate a espada, con esas estupendas y baratísimas Aks que hay por ahí... Así que habría que trazar una línea entre la práctica de la espada desde un punto de vista deportivo y el puramente histórico.<br/><br/>Por otro lado, una espada es un instrumento sofisticado de lucha. En su especie, no hay nada que lo supere, es decir, en el combate cuerpo a cuerpo, y todas las culturas han desarrollado de un modo u otro sus propias espadas y el arte pertinente para usarlas. Además de una considerable leyenda en torno a ellas y a los que las usaban. <br/><br/>Si hay algo que siempre me ha pasmado del estudio de la historia en las facultades (mi licenciatura es en Geografía e Historia), es que al menos en el periodo en el que yo estudié, la guerra y todo lo concerniente a ella, toda su realidad física, estaba ausente de nuestros libros. Es lógico, si tenemos en cuenta, que las tendencias históricas del momento, la escuela de los Annales francesa, y la marxista, estaban orientadas firmemente hacia el estudio de los aspectos socioeconómicos del devenir histórico. Por otro lado, las tendencias que afloraron después, entre las que hay que destacar por sus interesantes aportaciones la historia de las mentalidades, han abundado en otros aspectos de las sociedades, excluyendo también cuidadosamente la práctica de la guerra.<br/><br/>Hemos desarrollado en nuestra época un gran pudor acerca del hecho de matarnos unos a otros, que como todos sabemos es el “deporte” más antiguo del mundo, al lado de ese otro sobre el que también tenemos tanto pudor en hablar... Hablamos mal de la guerra, y en los telediarios aparecen imágenes angustiosas de cuerpos desmembrados, para reafirmarnos aún más, por si fuera necesario, en este rechazo. Sin embargo, al lado de este aparente asco hay una oscura fascinación, una fascinación morbosa, que posiblemente nazca en buena medida, del desconocimiento y de la ocultación de este tema en la que vivimos.<br/><br/>Y esto da lugar a una tremenda contradicción: en las escuelas y en los centros de estudio, la guerra es una vergüenza incesante con la que habría que terminar mientras los métodos de asesinar y matar en masa y sin peligro para los soldados se refinan hasta la imprudencia. La solución para la guerra que aporta la sociedad occidental es la diplomacia: el arte de vender a unos sin que se den cuenta hasta que ya no tenga remedio a otros, escamoteándoles algo a estos de paso. Lo digo no por lo que debería ser, sino por lo que actualmente es, a la vista de sus resultados. No hay solución para que el ser humano deje de intentar resolver sus conflictos por la fuerza y echando mano abundante de la violencia. Es más, pese a lo que todo los responsables políticos digan de dientes para fuera, no hay intención real de cambiar esto. Es un hecho incontrovertible con el que todo el mundo cuenta, si se habla desde la realidad y no la utopía.<br/><br/>A mí la guerra me ha fascinado desde niña, y no es que no entienda que matarse unos a otros por la causa se que sea, no es una vergüenza y un horror. Soy madre, y la muerte no se entiende del todo bien hasta que no se tienen hijos, como muchas madres saben. No es la muerte lo que me fascina de la guerra, sino quizás el hecho de que lo mismo que el sexo, es una actividad que los humanos practicamos poniéndolo todo de nosotros mismos. Y cuando el ser humano se entrega totalmente, da lugar a cosas tan hermosas como una espada, una catedral, o un hijo. Nunca somos tan creativos como cuando lo podemos perder todo. <br/><br/>Leyendo sobre como se combate cara a cara, contra un enemigo equilibrado en posibilidades de victoria contigo, sabiendo que sólo dependes de tu habilidad y tu inteligencia, sin menospreciar la fuerza, para sobrevivir y poder contarla, se puede llegar a entender que un combate sea bello y la pasión tremenda que la gente de época medieval llegó a desarrollar por los torneos. Es algo a lo que sólo se acerca el deporte, aunque le falta la necesidad, ese darlo todo que es lo que marca la diferencia.<br/><br/>El horror y la belleza se mezclan, como en los espectáculos romanos, donde también la muerte era el precio a pagar en última instancia. En definitiva, es la muerte lo que da valor a la vida humana, y que se acaben, lo que hace las cosas irrepetibles. Si fuéramos inmortales, seguramente no habría guerras, y quien sabe, quizá odiaríamos y aborreceríamos la vida con la misma pasión con la que ahora la amamos, pensamiento que recogió Simone de Beauvoir en ese inquietante libro suyo sobre un inmortal, el preceptor de Carlos I. <h5>]]></description></item></rdf:RDF>

