logotipo

img_google
Coolkiku
Os escribo una carta larga porque no tengo tiempo de escribiros una corta.
Sindicación
 
¡EXCLUSIVA!: HASTA PRONTO, COOLKIKU



Queridos amigos y lectores,


Creo que la imagen lo dice todo: ¡me voy a escribir mis andanzas al blog de la revista hola.com!


Efectivamente es toda una exclusiva, al menos para mí ha sido todo un notición digno de portada del ¡HOLA!.


Ahora que dedicaré parte de mi tiempo a escribir en la revista del corazón más vendida en España, dejaré este espacio de ya.com para actualizar en la revista de la belleza, moda, corazón, realeza, etc...


La línea del blog será la de ya nuestro querido “El hombre que usa más laca que yo”, por lo que espero, deseo y os pido el veros por allí.


Siento una profunda emoción con la nueva andadura, pero siento una pizca de congoja por dejar este blog que tantas alegrías me ha dado. Aunque bien es verdad que nada se cierra definitivamente, y a no ser que los de ya.com me echen de aquí, yo seguiré manteniendo este sitio (nunca se sabe).


Ha sido un verdadero placer escribir para vosotros: principalmente para los que os ha gustado, para los que os declarasteis mis “admiradores” y para los que lo habéis seguido de forma incondicional sufriendo mi pereza y mi lentitud actualizando. Para los que pusisteis vuestros geniales comentarios, correos electrónicos animándome a escribir más y más rápido y para los más tímidos, que se leyeron el blog en el silencio.


También ha sido un placer escribir para los que no os gustado tanto o nada y habéis respondido con críticas muchas veces demoledoras y para los que, fugazmente, habéis pasado por aquí y habéis aportado vuestro granito de arena. También, para todos aquellos que se tomaron este blog como algo “serio y personal” y no cayeron en la cuenta de la caricatura que realmente es (¡aix!, si es que no hago carrera con vosotros…)


Gracias de corazón, por leerme, por venir y por “comentarme” ¡Gracias!.


El nuevo blog se titulará “Pastelitos Envenenados” y si pinchas aquí irás directamentel. Me he hecho un cambio de identidad y ahora firmaré mis artículos como Kiku Montejo: con apellido y con un par, que la revista ¡HOLA! así lo merece.


Mis especiales agradecimientos a:
Adri, Aizul, Aldonza, Algodistinto.net, Alquimista de Letras, Amanda, Angelicah, Araceli, Basileia, Big Corrosco, Bombón, Bombón neurótico, Chewie, CiRC, Conchipirones, Conxa, CpuntoSpunto, Daedaluss, El Efebo Catalán, El post infiltrado, Emilio, Eva, Ezcritor, Gaela, Gansumino, [Ge], Germán, Heidi, hnh, Inés Perada, ITF, Jerjes, Jlia, Jonhar, Labalaperdida, Lola, Lolita, Lord E., Lucia, Mª Carmen, Manderliness, María, Maripin, May, Melleus Malefica, Miguel Fitzroy, Miss Smile, Mónica, Mordandis, Mundogandano.com, Nandara, Neil, Oneof5, Pablo Panowski, Panza, Paula, Pedri, Pete Vicetown, Pike Bishop, Rafitax, Rosa Macondo, Ruthy la mala pécora, Sebastián Dell, Silvia, Skézenté, Smilysmiles, Stuffen, The Urban Prisoner, Tigre, Tribeca, Tulipa, Txomo, Vale, Ventrilocuo, Vero, Xineff, ya.com y yahoraquebonita.


Un abrazo, un beso y una flor.


Siempre Coolkiku


NOTA: Si algún día vierais que hago un “copia pega” de este blog… ¡¡schhhhh!! ¡¡a callarse todos!! ¡Qué mi imaginación, de vez en cuando, también se resiente…!
 
QUERIDÍSIMA MAMÁ




¿Son los padres responsables de nuestra personalidad? ¿o eso es sólo un recurso facilón?. ¿Son nuestros padres los causantes de nuestros miedos, traumas, desasosiegos y ansiedades?. No son ni uno ni dos los estudios que opinan que efectivamente es así… pero hay opiniones para todo.


No voy a ser yo quien cuestione ciertas teorías, ni me voy a mojar poniéndome del lado de la víctima de una infancia difícil. Tampoco me decantaré por el lado de unos padres que, en su momento, también fueron hijos victimas de sus padres. No voy a debatir nada, sólo dejaré la pregunta en el aire: ¿es inevitable que, de alguna manera, acabemos siendo un espejo de nuestros progenitores?.


Lo que está claro es que esto es la pescadilla que se muerde la cola.


Piénsenlo señores, recapaciten y háganlo con total sinceridad. No hagan aspavientos diciendo que por nada del mundo podrían llegar a parecerse al cabeza de su familia y analicen este tema de forma objetiva. Estoy segura de que, un alto porcentaje de los lectores, se habrán sorprendido más de una vez diciéndose a si mismos “¡horror!, me parezco a mi madre/padre…”.


Mi propia experiencia me dice que sí, que lamentablemente me parezco a mi madre. No sólo porque físicamente soy calco de su persona, sino porque según cumplo años, el parecido es tan asombroso que he decidido dejar de luchar contra lo evidente: sí, me parezco a mi madre y cuanto más empello pongo en no parecerme a ella, la semejanza se convierte en algo terriblemente impactante.


Mi madre no quería tener hijos, pero de todos modos nací un frío y helador día de invierno. Las malas lenguas (exactamente la lengua viperina de mi abuela que era igual o peor que la de mi madre –con lo que se vuelve a ratificar la teoría de los parecidos entre los padres y lo hijos-) cuentan que cuando yo tan sólo contaba con unas horas de vida, alguien se aventuró a decir que era clavadita a la madre que me parió. Mi realista madre sólo pudo responder con un desgarrador “eso es sólo lo que me faltaba”.


Mi madre no me dio de mamar para que no se le estropearan sus bonitos y turgentes pechos (cosa que no sirvió para nada ya que las tetas, antes o después, se caen y a día de hoy le llegan más o menos a la altura de la cintura). Mi madre jugaba poco o nada conmigo porque mi energía, literalmente, le producía una jaqueca que tardaba días en remitir. Mi madre nunca me llevó ni me recogió del colegio… porque para eso estaba “la chica”.


Mi madre hizo de la puesta en escena, de los modales y del vestir, una forma de vida y yo he seguido sus pasos a píes juntillas, aún habiéndola odiado por haber dedicado todo su tiempo a ello, por hacer de eso su profesión, por dedicarse a algo tan superficial y por no haber sabido hablar de otra cosa.


Mi madre le daba al bebercio, empinaba el codo o simplemente era una borrachuza, como ustedes quieran llamarlo, pero mi madre era de la alta sociedad y para esas personas lo adecuado era decir que bebía para “matar el gusanillo” o que simplemente era un “hábito social”. El mismo hábito que le hacía tener resacas tan brutales que en casa no podía oírse ni a una hormiga caminando por la alfombra… o el mismo hábito social que le hacía tomarse, de cuando en cuando y para desayunar, un pelotazo de Chivas.


El caso es que, para qué negarlo, yo he llegado a odiar a mi madre, y creo que como yo, muchas personas en su época adolescente (aunque no creo que tanto como yo, ya que superarme a mí en cualquier tema relacionado con el odio, es tarea difícil). Verdaderamente era muy complicado hacer comprender ciertos asuntos a nuestros padres, sobre todo en una época tan compleja como es la del pavo, ya que las hormonas y el vello corporal hablaban por nosotros.


Pero en defensa de ellos he de decir que lamentablemente desconocíamos lo que pasaba por sus cabezas, sólo nos ocupábamos de mirarnos el ombligo, de pretender ampliar la hora de llegada casa y de obtener el último grito en pantalones vaqueros, pero nunca nos paramos a pensar en que podrían estar con el morro torcido porque tenían problemas matrimoniales, de trabajo o porque habían sido victimas de una infidelidad. Ésas cosas también las han vivido nuestros padres… aunque no lo queramos creer. Todo está inventado…


Sí, lo siento, tu madre pudo ser infiel a tu padre (o viceversa)… no pienses que porque hiciera las mejores tortillas de patatas y las más exquisitas croquetas, porque pasara el aspirador a diario por tu dormitorio o porque te bordara las iniciales en tu ropa interior cuando te ibas de campamento, no fuera capaz de ponerle los cuernos a tu padre. Efectivamente eran otros tiempos, pero estaban hechos de lo mismo que nosotros: de carne y hueso. Sí, ellos también tenían impulsos sexuales y aunque se reprimieran más, a veces también daban rienda suelta a sus instintos animales.


El caso es que mis padres no eran los padres al uso. Veía como en casa de mis amigas lo normal era tener la foto de boda sobre el mueble del salón y como sus madres prepararan sandwiches de foie gras y piñatas en sus fiestas de cumpleaños. Nada de eso tenía yo… aunque sí tuve otras cosas que no tenían mis compañeras, olvidándonos de lo material, yo disponía de la simpatía y sabiduría de los amantes de mi madre.


No fueron ni uno ni dos… pero siempre fueron muy amables conmigo. A uno, mi predilecto, le recuerdo con gran ternura: Don Álvaro Ignacio de Irazabal, el gran señor que me regaló, por mi noveno cumpleaños, la colección de libros de Pollyanna, de Eleanor H. Porter, y al cual le debo mi afición por la lectura.


Don Álvaro le duro mucho tiempo y se convirtió en uno más de la familia, no sé si mi poderosa imaginación me traiciona, pero juraría que le recuerdo cenando con nosotros y con mi padre presidiendo la mesa.


Nunca subestimes la curiosidad de un niño, puede llegar a ser brutal: les espié hasta que un día dejó de parecerme gracioso y me di cuenta de que el estar fisgoneando quitaba mucho tiempo a mis estudios y lectura. Al fin y al cabo, ya no veía nada nuevo. Curiosamente, cuando espiaba, lo hacía con mesura, para poder otorgarles algo de intimidad en mi propia casa… llegado un momento puntual de la escena de amor, no sé si por pudor o por no querer ver lo evidente, retiraba la vista y me iba a mi cuarto.


Eso sí, de vez en cuando y si el aburrimiento se apoderaba de mí, volvía a fisgonear. La última vez que lo hice fue cuando me atreví a cruzar el umbral y vigilarles desde dentro, desde el lugar en el que tenía totalmente prohibido el paso, desde el cuarto donde mi madre decía que se metían a “trabajar”…


Desde el interior de un mueble rústico castellano y con la barbilla apoyada en mis rodillas, me llevé una grandísima sorpresa: aquel día tuvieron una terrible discusión, no puedo recordar cual fue el problema y el motivo de tanta bronca, pero sé que mi madre lloraba desconsolada y que Don Álvaro intentaba calmarla mientras ella le pegaba unos buenos manotazos.


Estuve mucho tiempo pensando que la discusión tuvo que ver conmigo, me parecía demasiada casualidad que el día de la gran bronca yo, sin que ellos lo supieran, hubiera sido la única espectadora.


Don Álvaro Ignacio de Irazabal desapareció aproximadamente dos meses después… y con los años, la curiosidad volvió a poder conmigo e intenté localizarle. A Don Álvaro se le había tragado la tierra. Supongo que afortunadamente para el sosiego de mi casa natal (¿no será, casualmente, tu padre?).


A mis 25 años, le confesé todo esto a mi psicólogo y horas después se lo recordé a mi madre. Mi psicólogo guardó silencio y mi madre se limitó a tragar saliva, mirar para otro lado y aguantarse las lágrimas en unos ojos terriblemente colorados, como si hubiera salido de una piscina llena de cloro. No quise preguntar más, estaba claro que fue alguien sumamente importante y se lo dejé para su intimidad y recuerdo. Tampoco yo le cuento el final de mis historias… Hay cosas que es mejor no saber.


Pero el paso de los años, la madurez y las vivencias te hacen comprender a los que antes eran “los mayores”. Ahora, con más edad con la que mi madre me tuvo, he llegado a perdonarla y hasta a quererla. No puedo vivir con ella, pero tampoco sin ella. Al fin y al cabo le debo grandes cualidades como la obsesión por la limpieza, el enfermizo orden, la afición por las cosas caras y los devaneos con los hombres.


He comprendido que también ellos tuvieron debilidades y que sus formas no fueron las perfectas. He aceptado que tengo un padre y una madre que, aunque ninguno de los dos sean modelos a seguir, son los que me convirtieron, para bien o para mal, en lo que soy. Al fin y al cabo se tomaron muchas molestias en hacer de mí una mujer de provecho y aunque ambos creamos que no lo han conseguido, yo me siento muy orgullosa de haber tenido a una madre, que en los años de la transición española, este país se le antojaba rancio para unas expectativas demasiado altas para aquel entonces.


Y aunque inevitable y desafortunadamente me parezca a mi madre (de mi padre hablaré otro día porque él también tiene para dar y regalar), acepto gustosa la herencia y, en la medida de lo posible, intentaré evitar la descendencia y si no lo consigo, tal y como no lo consiguió ella, evitaré el llevarme los amantes a casa en presencia de mi hijo/a.


Es que manda pelotas… mira que llevarte los ligues a casa… ahí te pasaste tres pueblos, mamá, ¿qué no?.





 
CERRADAS POR VACACIONES



Cerradas o no (no nos vamos a poner a discutir eso ahora), lo que sí permanecerá cerrado, será este blog hasta el próximo 15 de septiembre. Aunque precisamente no sea yo la más rápida actualizando, no está de más avisar para que sepáis que ¡volveré! (y lo haré renovada).


¡Besos y felices vacaciones!
 
SOBRE BODAS Y BODORRIOS

¿Dónde va esta señora sin ramo?

¿Por qué los antiguos eran tan feos?





Casarse es una ordinariez y celebrarlo, aún más.


Lo mismo da que se case Paulina Rubio, Eva Longoria o tu prima Pili la de Cuenca, al final, siempre es más de lo mismo. Da igual lo original que se quiera ser celebrando el bodorrio porque, casarse, hace centenares de años que dejó de ser innovador. Rara será la vez que nos encontremos con algo que no hayamos visto antes.


Varían los presupuestos, el lugar y los novios (a veces ni eso), pero los denominadores comunes siempre están ahí: las tías, las abuelas, las adolescentes vestidas de mujer y las mujeres vestidas de adolescentes. Los tobillos hinchados, los chales, las gasas y los flecos. El sudor que corre por la doble capa de maquillaje, los tacones insoportables y el dolor de pies. El borracho de siempre, los amigos gritones, las apariencias y el cotilleo. Las flores naturales, los pelos enlacados, los moños de peluquería de barrio y las medias reductoras.


Los éxitos del verano (del verano del 78, del verano del 85, del verano del 06…)


No puedo olvidarme de las copas, de las barras libres y de la comida en abundancia. Ni de las perlas, las manicuras, los litros de perfume y los bronceados de última hora. De los ridículos mini-bolsos reventones donde luchan por su espacio el tabaco y el móvil, de los tacones clavados en el césped, de las sandalias de tiras, de los zapatos forrados, del niño que llora en la iglesia y de los padres no son capaces de callarle (y de sacar a la calle, coño, que no es tan difícil).


Cientos y miles de fotos que quedaran para la posteridad, despliegues de cámaras digitales, de sonrisas falsas, familiares reencontrados y coches recién salidos del auto lavado.


Puedes hacer una boda multitudinaria o en petit comité, puedes celebrarlo en una masia, en un castillo o en un salón de bodas chapado a la antigua. Puedes creerte innovador y celebrarlo en la playa o en el ático de un hotel. Podrás celebrarlo con vistas a la ciudad, en una casa rural o en un restaurante de lujo. Puedes hacer que salga una tarta del techo llena de bengalas o contratar a un cantante de moda para que amenice la fiesta. Podrás sentirte una persona dichosa, pero la historia se escribe así: ella tendrá sus dudas el día de antes y él tragará saliva en el altar.


Recolectarás dinero o lo perderás, harás un viaje hortera a Cancún o pondrás en peligro tu corto matrimonio yéndoos al Yemen. Pondrás tu foto de boda en un marco de plata o, creyéndote el más moderno, pondrás un montón de ellas en un marco digital. Amargarás a tus colegas enseñándoles las fotos de la ceremonia olvidándote de que ellos también estuvieron allí. Creerás que una larga vida llena de niños, felicidad y domingos por la mañana con tostadas te está esperando pero, hagas lo que hagas, y sientas como te sientas, estarás cometiendo un desacato a tu independencia y libertad. Habrás firmado (en el 99% de los casos) un régimen de bienes gananciales que significa que, en caso de ruptura, tendrás que dividirlo todo entre dos.


Podrás pretender que los invitados te paguen el convite y también el viaje de novios, pero no estarán para pagarte el abogado que llevará tu divorcio. Podrás darles los mejores langostinos y el menú más elaborado, pero cenarás solo el día que descubras el móvil de tu pareja llenito de mensajes cariñosos que no iba dirigidos precisamente a ti.


A mí, personalmente, no me gustan las bodas, me gustan más los divorcios. He vivido más divorcios que bodas y, estos últimos, me resultan mucho más alentadores y positivos. A los que se casan, ya saben lo que les espera: una vida (en teoría) juntos. El divorciado no sabe que hacer con su vida y un montón de planes y recomendaciones le rondan por la cabeza. La persona casada ya sabe (también en teoría) con quien se va a despertar sea cual sea el día de la semana. El divorciado no lo sabe ni lo quiere saber.


Reconozco que para nosotras es muy tentadora la idea de vestirse de princesita y de ser el centro de atención, pero no es buena la idea de pasar por eso a cualquier precio. Aunque os suene a loca de atar, os recomiendo lo que yo hice hará cosa de un par de años: me compré mí propio vestido de novia sin ningún ánimo de casarme.


Me enteré de que una tienda de alta costura ponía en venta, a muy buen precio, vestidos de novia de la temporada anterior de, nada más y nada menos, Victorio y Lucchino y allí me planté, con mi santa impaciencia, a probarme todo lo que me pusieran por delante. ¿Por qué renunciar a tener mi propio vestido de novia sólo porque no quiero casarme?.


Me hice tres pruebas (sí, tres) como cualquier novia que se preste y me gasté mi dinerito que pagué con sumo placer. La dependienta me decía que la siguiente visita la hiciera con mi madre, con mi suegra, con una hermana o con una amiga, pero que me llevara a alguien para que diera su opinión. Yo, le hice creer que iba sola porque nadie aprobaba mi matrimonio con una persona que era de otra religión, cultura y de modales muy diferentes a la hora de tratar a una dama.


Ha sido de las mejores adquisiciones que he hecho en mi vida: me satisfizo todo lo que yo pretendía y fue uno de mis grandes caprichos. De tarde en tarde me lo planto y me estoy un rato con el: me miro al espejo, me recojo el vestido a lo Sissi y puede que hasta haga alguna reverencia gratuita a alguno de mis gatos cuando me los cruzo en el pasillo. Si tengo que hacerme la cena, pues me la hago con el vestido puesto, porque el día que decido ponérmelo, me cuesta mucho quitármelo. A veces me pongo a ver la tele con el o puede que hasta ponga una lavadora. Hago todas esas tareas coñazo que se tienen que hacer pero que, hechas vestida de blanco y de largo, se vuelven algo más divertidas y se tornan de un ligero color púrpura.


Puestos a confesar, revelaré que el vestido de marras no sólo me ha servido para hacer tareas domésticas: en un par de ocasiones ha sido partícipe de divertidos jueguecitos sexuales que pocas novias, el día de su noche de bodas y con un marido borracho en la cama, habrán podido disfrutar.


Con todo esto te digo, a ti, mujer, que no te cases por vestirte de blanco o en su defecto para comprarte un gran trapo. Si es eso lo que quieres, cómpralo, póntelo y disfrútalo. Siempre y en cualquier caso, te saldrá más barato.


Con todo esto te digo, a ti, hombre, que no te cases porque tengas beneficios fiscales, a la larga, esos beneficios se volverán contra ti y se convertirán en horribles monstruos que no te dejaran salir de casa.


Pero que nadie se equivoque, yo estoy a favor de la vida en pareja, del compromiso y de las tostadas con mermelada de fresa los domingos por la mañana, pero no de la necesidad de un acto hortera y poco original, ni de la obligación de firmar un contrato, ni de dar a quien no se lo merece y a quien se ha convertido en un agua pasada, lo que siempre ha sido tuyo.


Y el gustito que da decir que NO a la pregunta ¿quieres casarte conmigo?. Seamos originales, señores. El NO también existe.



 
THREE EXTREMES (Living in New York)



A estas alturas de la vendimia y después de 4 meses sin dar señales, quiero pensar que el que entra aquí y se lee éste nuevo artículo, es porque verdaderamente (y sorprendentemente) quiere saber que ha sido de mí en todo este tiempo.


¿Qué contaros, pues?. Me resulta difícil contar la verdad. Aunque para vosotros no sea una novedad, os confesaré que tengo una caprichosa inclinación a contar la versión falsa de la historia. A mí no me gusta decir que miento, prefiero decir que disfruto adornando, exagerando y distorsionando la realidad. Me gusta hacer de ella algo simplemente semejante si se la mira de refilón. Suele resultar más divertido e interesante.


Si has aguantado todo este tiempo en leer un nuevo artículo, entonces te has merecido tres versiones diferentes de la historia. Sólo una es la real. Quédate con la que más te guste (o con la que prefieras que me haya pasado).


Para los que desearon que me encontrara con una “Gran Manzana” podrida y llena de gusanos, podréis regocijaros con la Historia # 1: disfrutareis de lo lindo viendo como las pasé canutas.


Para los que en el fondo me tenéis estima y me deseasteis suerte. Para los que, como yo, sufren en silencio la falta de estilo y cultura, sólo para ellos está la Historia # 2. Espero que la disfrutéis.


Y para los incrédulos, sola y exclusivamente para ellos, os he dedicado con sumo placer la Historia # 3: Corta y concisa.



Historia # 1. El infierno: Mis últimos cuatro meses en NY fueron los meses más infames de mi vida. Si existieron otros peores, no cabe duda de que éstos han borrado su estela para tomar la deshonrosa posición.


He de confesar que el día anterior a irme de viaje, tuve procesos fugaces de arrepentimiento: eran varias las cosas que me tenían escamada. Acordé “alquilar” mi casa por el tiempo que yo estuviera fuera, al amigo de la prima que es amiga de un amigo de mi amiga… y el tipo no me terminaba de convencer. En teoría él me ingresaría el dinero del alquiler (supuestamente era de fiar) y yo le hacía un considerable descuento por dejar que mis gatos se quedaran dentro y él cuidara de ellos. En teoría (todo en teoría) era un amante de los animales y estaba encantado de volver a tener, textualmente, bichitos en casa. El caso es que me pareció demasiado amable, demasiado socialista, demasiado fashion y hasta demasiado maricón, que todo hay que decirlo. Todo en él era DEMASIADO, hasta sus palabras eran demasiadas. No sé como me dejé convencer de que ambos nos hacíamos un favor.


Lo que estaba más claro que el agua es que, el día que yo volviera, él tenía que estar fuera de mí casa y sin un solo rastro de su estancia en mi dulce hogar.


Por otro lado, los acuerdos con la agencia americana que me había prometido el oro y el moro, variaron considerablemente. El apartamento prometido fue cambiando de lugar hasta que finalmente acabó siendo uno ni tan céntrico, ni tan grande, ni tan mono, ni tan cerca de la oficina, como en un principio iba a ser. Los horarios tampoco iban a ser los previstos… y lo peor de todo: los honorarios tampoco parecía que iban a ser los pactados.


En cualquier caso, aunque escamada y desconfiada, me volví loca aceptando condiciones y en New York me planté. Un mundo lleno de glamour, pasión, lujuria, fiestas, dinero y reportajes me estaba esperando.


Y una mierda.


Y una mierda como un piano fue la que me comí. La primera en los morros fue a mí llegada al aeropuerto de JFK: mis 426 maletas había sido extraviadas. Al menos una me podía haber llegado, aunque sólo hubiera sido por casualidad, ¿no?. Esa fue la primera señal de que mí mala suerte sólo había hecho más que comenzar.


Por otro lado, el tipo que me iba a venir a buscar, nunca apareció. Su móvil estaba desconectado, en la agencia no sabían nada de él y yo me resistía a irme de allí sin mi equipaje y por mi propio píe. Pero me tuve que marchar, claro… y tuve que hacerlo en un apestoso taxi que manchó mis pantalones blancos de Armand Basi de un sospechoso, maloliente y desagradable líquido marrón. Maldito paquistaní cabrón.


El apartamento, aunque más lejos de lo previsto, no parecía estar tan mal. Al menos tenía un par de ventanas que daban a una calle bastante mona. El resto, daba a unos extraños callejones en donde, por un instante, me pareció ver pasar a una gallina. Sí, una gallina.


Desde el momento de mi llegada al apartamento, todo comenzó a ser un baile de despropósitos. La dichosa casa emitía unos sonidos totalmente insoportables. Al principio parecía que me hablaba, al final, la hija de puta, juraría que me insultaba. La nevera tenía un continuo truuu truuu imposible de aplacar, la cisterna del agua no paraba de caer emitiendo un tssssssss constante. Sin olvidarme (imposible hacerlo) del plop-plop del grifo de la cocina y el clonch clonch del aire acondicionado del vecino de arriba. La primera noche que pasé con el truuu tssssssss clonch plop-plop clonch tssssssss truuu fue bastante insoportable, pero creía que al día siguiente iba a poder a superarlo con unos tapones para los oídos que comprara nada más levantarme. No fue así: ni aunque me hubiera metido dos chorizos de cantimpalo por las orejas, hubiera suavizado esos ruidos tan repetitivos e insufribles.


A pesar de todo, me planté en cuanto pude en la agencia: duchada, pintada y feliz. Bien es verdad que mi llegada no fue como me la había imaginado, entre otras cosas porque yo no vestía según el plan previsto: mis maletas aún no habían aparecido y llevaba puesto lo que me pude comprar de urgencia en un mall. Dos horas después de esperar SOLA a que alguien me recibiera, comencé a desesperarme. Me entraron unas terribles ganas de echarme a llorar (luego ya tuve tiempo de cansarme de hacerlo).


Cuando por fin se me recibió, me dieron la gran noticia: no había sitio físico en la oficina para mí, así que tendría que trabajar desde el apartamento, reunirme un día a la semana con ellos, estar localizable todo el día y mandar diariamente mis trabajos por e-mail.


En un afán de ponerme optimista pensé que no era tan grave, de ese modo podría organizarme para tener mi propio horario e ir a correr por Central Park (teniendo en cuenta que yo sólo he corrido para coger el autobús y a veces ni eso, ese plan era bastante improbable de que se hiciera realidad). También tendría tiempo para ir de compras, visitar todas las galerías de arte del Soho, desayunar fuera y hacer un montón de cosas maravillosas que no se me permitiría hacer si anduviera encerrada en una oficina.


¡¡¿¿Alguien puede imaginar lo que es intentar trabajar con el truuu tssssssss clonch plop-plop clonch tssssssss truuu y la hija de puta de la gallina que vivía debajo de mi casa???!!, es algo imposible…. Si a eso se le suma que me llamaban cada 5 minutos para darme instrucciones que sustituían la anterior orden, pues la jornada se convertía en un infierno lleno de dudas, estrés y de ofuscación total. Mi musa se estaba marchando a la misma velocidad que mí ilusión.


En las fiestas a las que asistía nadie me hablaba, y si lo hacían eran octogenarios a los que tenía que acabar ayudando para ir al lavabo. Me sentía como una aldeana con bigote y refajo en una fiesta de Dolce & Gabbana. Aunque me costara reconocerlo: me encontraba totalmente fuera de lugar.


¿Qué hacer en una fiesta en casos así? Pues cualquier cosa menos lo que yo me dediqué a hacer en todas y cada una de ellas: beber sola con la ilusión de que algo cambiara por completo y de una forma rápida y mágica.


Hoy por hoy, gracias a la experiencia adquirida en ese tiempo, puedo asegurar que cuando me emborracho entre un montón de gente guapa que se lo pasa muy bien, en un país y en una ciudad que no es la mía y sintiéndome Carrie, el alcohol me sube aún más rápido de lo normal. El resultado final era que acababa pillándome un pedo enorme que me hacía tardar tres horas en llegar al apartamento (cuando por lo general estaba a 15 min en taxi) y, por supuesto, haciendo llamadas a España (si estoy pedo se me olvida el pequeño detalle de diferencia horaria) llorando, con hipo y diciendo cosas que al día siguiente y durante el resto de mi vida, me arrepentiré.


Las resacas neoyorquinas han sido las peores con diferencia. No sólo porque me encontrara fatal, si no porque sentía como en cada una de ellas, mi autoestima se iba por la cloaca junto con mi vómito. De la noche a la mañana pasé de la tener la autoestima 100 sobre 10, a tenerla -587 sobre 10.


Los días se me hacían eternos, mis relaciones sociales eran más que limitadas y las que tenía sólo eran para darme un trabajo infernal. Me pasaba el día encerrada en el apartamento rugidor, frente a un ordenador que venía sin la inspiración instalada. Mis días se resumían en trabajar, comer, comprar comida en la tienda de la vuelta de la esquina, seguir comiendo, seguir trabajando y dedicar un tiempo diario al llanto y a las lamentaciones. Si me quedaba algo de tiempo libre, entonces lo de dedicaba a rezar y rogar a todos los santos para que no me mandaran a otra fiesta en la que, en el mejor de los casos, acababa bebiendo sola en la barra y tomando nota de lo imbécil que es la gente allí.


Mandaba mails diarios de auxilio que, para mi gusto, tardaban mucho en ser contestados. Mi madre dejó de aceptar mis conferencias y mi amiga no sólo hizo oídos sordos a mis llamadas de atención, sino que además me escribió para contarme que se había acostado con mi ex por excelencia (añadiendo, la muy zorra, “…te lo cuento porque creo que debo hacerlo, aunque no creo que te importe demasiado, tú sólo te ríes de él y además te recuerdo que te tiraste a dos de mis tres ex importantes…”).


A todo esto no hay que olvidar que por un momento tuve serios problemas económicos. Mi inquilino me ingresaba el dinero tarde y mal (sólo pagaba después coaccionarle con mails y llamadas amenazadoras) y cuando acoquinaba, lo hacía siempre por menos dinero de lo pactado.


Y así transcurrieron mis cuatro meses en NY. Cada día más deprimida, cada día más sola y cada día más GORDA. Creerme si os digo que conseguí engordar 13 kilos en 4 meses. Si alguien cree que eso no es posible, que venga a verme, le enseñaré mis carnes y luego me comeré sus ojos con cuchillo y tenedor.


Mi depresión hizo que mi trabajo allí no fuera sublime (como todos, incluso yo, veníamos esperando), tampoco se puede decir que fuera pésimo, por lo que lo dejaremos por incalificable… Así que mi plan de salir de los Estados Unidos llena de gloria, con una carrera imparable, con una cartera llena de ofertas y con la mejor de la mejor de las recomendaciones, también se fue al traste.


Para finalizar sólo comentaros, como pequeño detalles anecdótico, que el día que por fin llegué a Madrid, nadie, lo que se dice nadie, vino a buscarme. Mis maletas volvieron a ser extraviadas y sin saber que lo mejor estaba por llegar, cuando abrí la puerta de mí casa (a pesar de haber avisado por activa y por pasiva que llegaba ese día a esa hora) me encontré con mis pobres gatos famélicos (y sospecho que sodomizados) mirándome con cara lánguida y al demasiado amable, demasiado socialista, demasiado fashion y hasta demasiado maricón, sentado en MÍ sofá, con los pies encima de MÍ mesa, en calzoncillos y con poca intención de moverse.


Fue entonces cuando la ira que contuve durante cuatros meses salió por cada poro de mis 13 kilos de más. Mi yugular a punto de reventar, roja, envenenada y con los ojos inyectados en sangre, agarré una lámpara y amenazándole con estampársela en la cabeza, le dije a gritos que se marchara de mí casa inmediatamente. El me acusó de loca (resultó que la loca en esa situación era yo, manda cojones) y creo que una citación en los juzgados me llegará dentro de poco, pero eso sí, yo ya estoy en Madrid, en mí casa, con mi trabajo de siempre y en la ciudad de la que nunca debí de haber salido.





Historia # 2. El cielo: Mis últimos cuatro meses en NY han sido los mejores meses de mi vida. Ni en mis mejores sueños pensé que algo tan bueno estaba esperándome.


A sólo un día de marcharme a “hacer las Américas” me di cuenta de que si tenía alguna pequeña duda de si estaba haciendo bien o no, se me disipó por completo: tuve una gran fiesta de despedida, me sentí arropada, querida y envidiada (¿a quién no le gusta ser envidiado?, ¿acaso ese no es motivo suficiente?). Aunque tenía los nervios destrozados (lo cual es bastante normal en mí), sentía que mis ganas de marcharme de Madrid por una temporadita y respirar aire contaminado nuevo, era lo único que me apetecía y debía de hacerlo.


Gracias a una buena recomendación, conseguí “alquilar” mi casa a un gay estupendo, lleno de glamour, de cordura, de serenidad y de buen gusto. Llegamos a un pacto entre damas: Él necesitaba una casa en Madrid por una corta temporada y evitar la frialdad de los hoteles, y yo necesitaba seguir pagando mi hipoteca. Él me pagaría la cantidad suficiente para afrontar la letra y algún que otro gasto, yo le dejaba mis gatos para que le hicieran compañía y para que me los cuidara. Él los mimaría, yo le haría un considerable descuento en el alquiler. Él dejaría mi casa el día que yo regresara tal y como se la encontró: totalmente impecable. Yo le llevaría unos encarguitos que me hizo.


Después de numerosas llamadas, faxes, papeleos y correos electrónicos, la agencia americana que me contrataba por ese tiempo y yo, también conseguimos llegar a un acuerdo. No quería dejar ni un solo cabo suelo, yo ya estoy mayor para ir a los sitios a la aventura y con un petate en el espalda. Sólo me faltó pedirles por escrito el color de las sábanas en las que iba a dormir, aunque pude entreverlas en las fotos que me habían mandado y que examiné con lupa y con sumo detenimiento. ¡Parecía tan divino!.


Llegué al aeropuerto de JFK a la hora esperada y lo hice totalmente expectante de lo que iba a encontrarme. Quedaron conmigo en que una persona de la agencia irá a recogerme y me llevaría hasta el apartamento. Esa misma noche ya tenía que asistir a mi primera fiesta en NY y me presentarían a las personas indicadas para poder comenzar cuanto antes, mi tarea allí.


Cuando vi al americanazo sosteniendo el cartel donde había escrito a mano “Coolkiku”, pensé que mi avión se había caído como un plomo, que había muerto y que estaba en el cielo. Algo tan hermoso no podía ser real. Esa fue la primera señal de que mi buena suerte acababa de comenzar. Estuve a punto de soltarle un morreo y contarle después que los españoles tenemos la costumbre de saludarnos así cuando llegamos a un país que no es el nuestro, pero contuve mis ganas… ¡era una profesional y lo iba a demostrar!.


Mis nervios seguían destrozados, pero una vez en su coche y de camino a lo que iba a ser mi hogar durante cuatro meses, sentí como el americanazo tenía ese poder que tiene una de cada doscientas personas: el de saber tranquilizarme y sosegarme. Era El Americanazo Valeriana y yo estaba feliz.


Me subió las maletas y me enseñó todos y cada uno de los trucos de la casa: lo que tenía que hacer para que no sonara la nevera, qué hacer si el grifo goteaba, como funcionaba cada aparato y hasta me conectó y configuró el portátil. Mis piernas seguían temblando y sólo podía pensar en echarle encima de la cama y que me contara los verdaderos trucos que escondía, pero seguí aguantándome sólo un poco más (bien sabía yo que no podría hacerlo durante mucho tiempo si iba a tener que verle a menudo).


Mientras me contaba los detalles de la agencia, algún que otro intríngulis y lo que esperaban de mí, yo pensaba que en que acababa de decidir, sin ayuda de nadie, que lo que verdaderamente quería era quedarme con él el resto de mi vida y plancharle todas las camisas que me pidiera: en esa casa, en Sebastopol o en Alconbendas. Estaba a punto de llorar de la emoción.


Dejó que descansara, me recuperara como pudiera del jet lag y quedó en recogerme por la noche para ir a la primera de nuestras fiestas.


Dormí poco y mal, estaba tan emocionada que no podía descansar, así que me puse a preparar hasta el último detalle para la noche, me pegué un baño y más tarde conseguí dormir algo.


Esa noche sentí que el mundo era maravilloso, que la vida me sonreía y que estaba rodeada de lo que a mí más me gustaba. Que el lujo se palpaba hasta en los palillos de los aperitivos, que nada era mediocre, que todo era perfecto, que me sentía preciosa y admirada. Que la gente esperaba mi llegada, que querían conocerme, que todo era un sueño que acababa de comenzar y que, teniendo al americanazo al lado, todo se veía aún más bonito.


En tres días ya estaba totalmente organizada. Había redistribuido los muebles del apartamento y había preparado el espacio de trabajo a mi medida. Me sentí tan feliz que compré el ramo de flores más grande que encontré. La inspiración me venía sola, no tenía que usar trucos para que apareciera. Mi musa se había instalado en mi casa y se había quedado a vivir conmigo, estábamos las dos muy contentas.


Mi americanazo me venía a visitar a diario y yo controlé mis instintos hasta el quinto día: el sexto, amanecimos juntos. Él endulzaba mi vida, yo no sé que hacía con la suya, pero estaba claro que le gustaba.


Me pasé cuatro meses sintiéndome dentro de una película, con una sonrisa en la cara imposible de borrar. Practicando sexo a la americana de día y de noche; de frente y de lado, boca arriba y bocabajo. Durante 4 meses me sentí con total inspiración, gastando dinero de día y de noche; de frente y de lado, boca arriba y bocabajo... Me sentía magnifica, lumbreras y ocurrente. Me pasaba el día llamando gilipollas a todo lo que se meneaba y es que a mi americanazo le hacía mucha gracia la pronunciación y mi énfasis al decirlo y como, por una extraña razón, a los españoles nos encanta enseñar palabrotas cuando salimos al extranjero, pues me pasaba el día descargando adrenalina llamando perro judio al primero que tosía.


Por otra parte, en la agencia confiaban plenamente en mi criterio y me daban rienda suelta a todo lo que yo hacía. No tenía plazo para entregar mis trabajos y, sin embargo, en todo ese tiempo nunca hizo falta que me reclamaran nada. Conseguí ser puntual en mis entregas y el orgullo que no me corrigieran ni una sola nimiedad de lo que había hecho.


Conseguí el punto glorioso y perfecto que puede tener una relación temporal: mi americanazo y yo estábamos encantados, hacíamos todo juntos, nos divertíamos y a la vez trabajábamos y, sin embargo, no habíamos llegado al terrible y consabido estado del enamoramiento (un par de años con él y seguro que acabo odiándole, descuartizándole y echándole al río Hudson). Tan sólo nos poníamos románticos cuando llevábamos dos copas de más y después de haber ido a alguna fiesta de obligatoria asistencia. Teníamos tan claro que lo nuestro tenía una fecha de caducidad, que no nos molestamos en hacer planes imposibles. Yo, para bien o para mal, en Madrid tenía mi vida y lo más lejos que podía irme con él, era a Washington a pasar un fin de semana.


En resumen: mis cuatros meses en Nueva York fueron idílicos, algo que contaré a los nietos que nunca tendré. Fueron 4 meses llenos de vida y que los pasé disfrutando, enriqueciéndome y dignificándome. Lo miré todo, absolutamente todo, no quería que nada se me fuera de la retina, quería retenerlo todo y de por vida, lo apunté todo, lo escribí todo, lo fotografié todo, para que todo, sin excepción, quedara perenne.


Cuando llegó el momento del regreso lo hice tal y como lo había vislumbrado en mis mejores sueños: con una gran carta de recomendación, un par de ofertas en las que tendré que pensar y el dulce sabor de boca que te deja un americanazo que ha dedicado 4 meses de su vida, en hacerme la mujer más dichosa del planeta (amén de que me he traído los modelos más exquisitos y los zapatos más sublimes que nadie puede llegar a imaginar).


He vuelto a Madrid renovada, con algo de pena pero con mucha gloria. He entrado por la puerta grande, encantada de haberme conocido y de haberme encontrado mi casa tal y como la dejé; con mis gatos en perfecto estado, con mi familia, mi gente y mi trabajo de siempre, esperando mi llegada y con nuevas y estupendas ideas para los próximos 4 meses.


Madrid sigue estando como lo dejé y eso me reconforta.



Historia # 3. El purgatorio: Nunca me fui a Nueva York, he estado estos cuatro meses en Madrid sin saber que escribir en el blog.



 
ADIÓS, MADRID (o démonos un tiempo)


Si estas pensando en venir a Madrid y pasar aquí unos días de vacaciones, una nueva temporada laboral, comenzar aquí el 2007, hacer una visita fortuita a un amigo, o, en el peor de los casos, quieres venir hasta la capital para ver el horrible musical de “Hoy no me puedo levantar”, no lo hagas: no sólo porque dicho musical es lo más repulsivo que verás jamás, sino porque aquí ya somos muchos y no necesitamos más gente.


Si estas pensando en venir a dar largos y tranquilos paseos por alguna de sus calles o por el Parque del Buen Retiro, olvídalo, aquí no encontrarás tranquilidad, silencio ni descanso como ocurrió antaño; sólo hallarás una aglomeración de gente fea que habla muy alto. Si piensas que en el centro de Madrid vas a encontrar un sinfín de estupendas tiendas en las que dejarte el sueldo, vas listo: sólo encontrarás gente que sigue hablando muy alto, que no sabe lo que busca y que quiere ser original a base de ser ridículo.


Aquí ya está todo inventado: a los creativos se les han acabado las ideas y los diseñadores no encuentran a las personas adecuadas para lucir sus modelos. Entre paletos y pueblerinos se ha corrido la voz de que existen locales en los que no se pincha a Bisbal y ponen algo que dice ser “música alternativa”. Husmean incansablemente hasta encontrar estos lugares para después, dejar estos sitios infectados con sus terribles camisas de Rottweiler (ellos), y sus tatuajes tribales (ellas). Se taladran los labios, las orejas, las cejas y hasta el cogote para ponerse piercings de oro (o dorados, aún peor si cabe) demostrando así su supuesto poderío.


Los más disimulados y menos desvergonzados, se molestan muy mucho en ocultar sus raíces y camuflar sus verdaderos gustos. Compran su ropa en mercadillos y en tiendas de segunda mano y piensan que con ponerse unas All Star, unos pantalones de pitillo y cuatro chapas en la solapa, ya son lo más in. Sólo hace falta rascarles un poquito para que salga a relucir el verdadero personajillo sin personalidad ninguna, que va donde va la gente y a donde va Vicente: que sale por Chueca porque cree que con estar presente ahí, es estar en la moda, pero que no puede evitar hacer estúpidos comentarios homófobos mientras en el fondo y sin que nadie se entere, está deseando que alguno le roce la costura de su pantalón.


Más tarde, regresa a su casa del extrarradio, de noche y en un búho, al piso que comparte con el extremeño, el segoviano y el mañico y se encierra en su habitación a chatear con alguna que diga llamarse “Asturiana_669” y escribir como le gusta hacerlo a él: tecleando continuamente, aunque no venga a cuento, la letra “k”.


Mira absolutamente todos los conciertos que hay entre semana y asiste a todos los que puede sólo para poder decir que él es un noctámbulo, que tiene resaca (sí queridos, hay gente que presume de eso), que sale todos los días y que escucha música en directo (aunque sea mala). Se coge tremendas borracheras y no puede controlar sus asquerosos vómitos ni su vejiga cuyo líquidos riegan las calles de esta ciudad. Cuando llega a su casa, se tumba en su sofá de terciopelo verde y piensa en lo que daría por volver a escuchar sin pudor ese CD de El Canto del Loco que tanto le gusta y bailotearlo en una discoteca con las chicas que verdaderamente le ponen: las estilistas (que no peluqueras) con el pelo a capas, zapatos de mercadillo barato, aros en las orejas y camisetas con mucha purpurina donde se resaltan palabras como “Sexy”, “Boom” o “Kiss Me”.


Madrid ya no es lo que era. No hace demasiado, podía asistir a una fiesta donde con sólo calzar unos Manolos me convertía en la reina del mambo. Ahora, tengo que dar gracias a los dioses si algún mentecato se percata de que ni mi bolso, ni mi cartera ni mi perfume, son burdas falsificaciones. La vulgaridad, la falta de personalidad y de estilo, han contaminado a mí querida ciudad y eso es algo que me llena de desapego y repulsión.


Nos sobra gentuza, imitadores, impostores y bufones. Nos sobra gente fea, mediocre e inculta. La capital de España (sí, de España, a pesar de lo que digan ciertos catalanes, vascos, gallegos y hasta andaluces) se ha convertido en algo vulgar, anodino y pueril.


Como nada de lo anteriormente expuesto va conmigo y aprovechando una estupenda oferta, los próximo meses los pasaré en Nueva York, donde, por ahora, en las fiestas aún saben reconocer mis Manolos Blahnik (al cual han beatificado), donde el sexo sabe a brownie y donde, hasta el olor a curry, tiene glamour.


Os seguiré contando desde allí. Mientras, y hasta mi regreso, dejo mi vacante para quien la sepa aprovechar.


Besos. Nos vemos en Manhattan.

 
DESDOBLAMIENTO DE PERSONALIDAD
Estoy llevando una vida sosegada y libre de sobresaltos. Ando por la vida bucólica y pastoril. Todo me marcha sobre ruedas e, incluso, he disfrutado de unas maravillosas vacaciones invernales de sol, playa y mojitos.


Aunque algo me ronda en el estómago: compro turrones para compartir con los demás pero de vez en cuando no puedo evitar sentir a Satán latir dentro de mí. Por las noches, de madrugada y mientras duermo placidamente, me despierto sobresaltada con la sensación de que mi vida últimamente está siendo demasiado serena.


En cualquier caso, mi actitud, de un tiempo a esta parte, ha sufrido importantes variaciones. Diferentes comportamientos en diferentes situaciones me han dado la voz de alarma. Me sorprendió mi respuesta cuando, en un vuelo que se las prometía eterno, a unas horas en las que sólo puede apetecer dormir y acurrucarse bajo una fina manta de Iberia, un crío se desgañitaba llorando y se tomaba muy en serio el dejarse las cuerdas vocales atrofiadas para el resto de su larga vida. Algo realmente insoportable, unos gritos y un llanto seriamente ensordecedores.


La frustración de la tripulación por no poder calmar a la fiera, el estremecimiento de la madre que no conseguía dominar a la criatura, y la crispación de todos los viajeros que no lográbamos aplacar el terrible sonido con ayudas externas como iPods o tapones para los oídos; hacía que la tensión se pudiera masticar dentro del avión. Tarde o temprano, alguien iba a pegar un grito diciendo algo así como “¡Qué alguien calle a ese puto niño de una vez!” y esa no fui yo. No, no fui yo.


En otro momento de mi vida, me hubiera levantado con paso firme, me hubiera acercado al niño y le hubiera metido un tacón de aguja por la garganta o, en el mejor de los casos, hubiera abierto la salida de emergencia y le hubiera sacado de allí de una patada en el culo. Pero me sorprendí a mí misma diciendo al tipo que tenía sentado al lado y que se encontraba al borde del asesinato: “por favor, un poco de paciencia, ¿no ve que es un bebé?. Algo le pasará a la criatura que le hace llorar tan desconsoladamente”.


¿¡Qué?!. ¡¿Yo diciendo eso?! ¡¿YO?!. Esas palabras habían salido de mí y según las solté, no di crédito a lo que había dicho. Inmediatamente tapé mi boca como si hubiera dicho la más malsonante de las palabrotas y me dije a mí misma “¡No!, eso no se dice Coolkiku, ¡Eso no es propio de ti!”.


¿Qué extraña enfermedad me estaba atacando?


Otro día me vi observando a una pareja de ancianos. Él agarraba del brazo a su viejita mientras ella, se ayudaba de un bastón. Entre los dos sumaban más de doscientos años y sus arrugas, al igual que su edad, eran incontables. En otro momento de mi vida me hubiera dado una náusea que me hubiera hecho girar la cara y retirar mi plato con desprecio haciendo un gesto de “Ya se me jodió la comida” y, sin embargo, me asombré mirándoles con ternura mientras decía “¿No te parece realmente emotivo?”.


No contenta con esas asombrosas actuaciones, me sorprendí dando benévolos consejos a mis amigas: ya no recomendaba la infidelidad como salida de escape a sus problemas sentimentales. Repartí bombones entras las octogenarias y antipáticas secretarias de mi departamento y, llamé a mi madre sólo porque me apetecía charlar con ella.


En lo que al plano amoroso/sentimental/sexual (todo en uno para ahorrar) se refiere, fui yo la primera extrañada cuando me di cuenta de que era ya mucho el tiempo el que llevaba acostándome con el mismo enlacado. Estaban siendo ya muchas las noches en las que me quedaba a dormir en su casa y demasiadas en las que se quedaba a dormir él en la mía. En mi móvil sólo había mensajes y llamadas de él y mis ganas de acostarme con otros, se habían reducido considerablemente.


¿Me habría pegado el enlacado alguna enfermedad de transmisión sexual que me producía una extraña fidelidad hacia él? ¿o era simplemente una falta de opciones?


El claro detonante de que mi personalidad había sufrido una metamorfosis fue cuando, el pasado martes, saliendo del cine de la mano (sí, de la mano) del enlacado en cuestión: nos encontramos con su madre (sí, su madre).


Y yo la salude. Y yo fui amable. Y yo dije “me alegro muchísimo de conocerte”. Y yo comenté la película con ella. Y fui yo quien propuso seguir la conversación tomándonos un café. Y encima, para colmo de males, me pareció una mujer encantadora (si la llego a llamar suegra, os juro por todos los dioses del olimpo, que me arranco la lengua y me la pisoteo en mitad de la calle).


A todo esto, he puesto adornos navideños hasta en el cuarto de baño y sugiero a mis invitados que no se vayan de casa sin probar el suave papel higiénico con la cara Papa Nöel. He dado el aguinaldo a los niños que llamaron a mi puerta (más bien eran adolescentes que buscaban dinero para canutos) e, incluso, no he criticado hasta la saciedad (sólo un poco), a todos esos paletos que van al centro de Madrid a comprarse pelucas, ver Cortilandia y pasear para ver las lucecitas de la Gran Vía.


Esto, aunque no lo parezca, es una bonita historia de Navidad. Ficticia, claro está, porque Coolkiku, no toma café.


Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos.

 
PERDÓN, ANDABA OCUPADA
No he podido actualizar el blog porque mi gato tiró una Coca Cola Light encima de mi portátil y se estropeó. Soy consciente de que esto suena igual a “mi perro se comió los deberes” o “mi casa se quemó con mi abuela dentro”, pero os juro que es una verdad como un templo... y si no, preguntar al cabrón de mi gato.


Yo escribía en mi casa con un portátil que me prestó mi ex cuando ya éramos ex. La vedad es que nunca tuve la menor intención de devolvérselo: siempre acepté el portátil como un estupendo regalo que me hizo como recompensa de la tortura sentimental que le había hecho pasar, y por todos mis esfuerzos en hacerle un desgraciado (creerme si os digo que ése es un trabajo realmente duro y al que hay que dedicar mucho tiempo y esfuerzo). Él siempre tuvo la esperanza de que se lo devolviera. Lo que no sabía, es que iba a recuperar el dichoso portátil en estado vegetativo.


A los dos días mi ex me llamó:


- El portátil no funciona


- ¿¡Cómo que no funciona?! ¿¡Ya te lo has cargado?!. Dos años conmigo y nunca le pasó nada; tú lo tienes dos días y ya lo estropeas. Siempre fuiste un manazas


- Yo no lo he roto


- ¡¿Me estás queriendo decir que lo he roto yo?!


- Quiero decir que el portátil funcionaba cuando te lo presté y que ahora ni si quiera se enciende


- Sé leer entre líneas querido, y me está dando toda la impresión de que me estás acusando de haberte estropeado el dichoso portátil…


- No te ofendas, pero es que…


- ¡¡Pero es que nada!! –dije gritando-. Te devolví el portátil porque no quería seguir abusando de tu generoso préstamo, pero ya veo que sigues siendo el acusador y malpensado de siempre. Si crees de verdad que yo te estropeé el portátil, mándalo arreglar y te pagaré ipso facto la factura –en este momento, un sudor frío recorre mi espalda con el miedo de que diga que sí-… yo no estoy para chiquilladas ni miserias.


- No mujer, no hay que llegar a eso… supongo que habrá sido el traslado o quizá le he dado algún golpe sin querer. De todos modos el portátil ya estaba algo viejo y…


Afortunadamente no me ha mandado la factura… y más vale que no lo haga, por su propia salud mental.


El caso es que también he andando fatal de tiempo gracias a mi maravilloso trabajo. Alguien que me quiere mucho mandó mi artículo “Chupar o no chupar, esa es la cuestión” a mi querido y amado jefe y he tenido que demostrar una y otra vez que lo que me ocurre es que tengo la boca como un buzón, que nada de lo que digo aquí lo pienso de verdad y que yo lo que quiero es trabajar a destajo, seguir haciendo horas extras, malcomer en mi despacho, chuparme todos los viajes que haga falta y no chupar nada más que no sea eso y que, ante todo, soy una profesional que esta encantada con su maravilloso sueldo.


Por otro lado, volverse mística (es lo que tiene dedicar las vacaciones a irse a un lugar espiritual) también roba mucho tiempo: no puedo ver la tele (es que los místicos no ven nada de tele), he de pensar continuamente como se viste, como se peina y que lugares frecuenta una mística. También me he vuelto una intelectual y eso sí que roba tiempo. Todo el día en seminarios, jornadas, conferencias… En fin, que queréis que os diga, me he adentrado en un infierno terrible de misticismo e intelectualidad del que es difícil salir y, lo peor, es que aún no tengo claro como se viste, peina y camina una mística que a la vez es una intelectual. Que esto no salga de aquí, pero en este mundillo hay mucha progre catalana que no se tiñe las canas y a mí eso no me gusta ni un poquito.


A todo esto mi nuevo (o no tan nuevo) amante me está durando más de lo habitual y me roba un montón de tiempo. Mejor dicho: me roba el poco tiempo libre que tengo. Como también es un místico-intelectual pues tampoco ve la tele, así que dedica su tiempo libre y el mío a otros menesteres: el sexo. Y es que la gente se cree que los místicos-intelectuales no practican el sexo… ¡ja!, es prácticamente lo único que hacen. Yo os aseguro que esa gente son como mandriles.


Cuando me deja las manos y la boca libre, yo aprovecho para volverme un poco loca y me dedico a registrar los cajones de su cuarto de baño. Por una extraña razón me fastidia soberanamente que haya tenido otras relaciones y que alguna que otra cerda haya estado instalada en su casa y usado su cuarto de baño. ¿Qué me trae toda esta locura? Pues nada bueno y una absoluta perdida de tiempo.


Encontré:


- Un támpax súper
- Un támpax regular
- Un caja de salva slips
- Una goma del pelo
- Dos horquillas
- Una lima de uñas


Lo cogí todo y lo tiré a la basura…. No contenta con eso quise buscarme algún que otro problema más y seguí inspeccionando y registrando. Aproveché los pequeños ratos que me quedaba sola en su casa para ponerla patas arriba. Abrí cada uno de sus libros para encontrar alguna nota de amor, miré todos sus álbumes de fotos, revisé todos sus cajones, armarios, etc. Abrí todas las cajas que me encontré y hasta miré dentro de sus maletas….¿y qué encontré? Nada digno de mención… salvo un “pequeño” problema laboral con su asistenta.


- ¿Por qué estará toda la librería descolocada?


- Sí tesoro, justo iba a decírtelo yo ahora mismo… yo también lo he notado. Creo que deberías hablar muy seriamente con tu asistenta.


- ¿Con Gloria?, ¿qué tiene que ver Gloria?


- Creo que te registra todo. El otro día la pillé mirando entre tus libros


- Estaría limpiando


- Sí, sí… limpiando… ¿entonces por qué miraba como una desaforada entre tus cajones?


- ¡Gloria lleva conmigo cinco años! Nunca he tenido un solo problema con ella… además, es muy discreta


- Ya cariño, pero la gente cambia… No quería decirte nada, pero el otro día olía a alcohol que casi me caigo de culo


- ¿A alcohol? ¡pero si es abstemia!


- Ya, ya… la gente es abstemia hasta que deja de serlo… Yo no digo nada mi niño, pero yo que tú me andaba con ojo… ¿es que acaso no notas como últimamente no deja nada en su sitio?.. y esto tampoco quería decírtelo: pero me han desaparecido unas horquillas y unos tampax que dejé en tu baño…


- ¿En serio? Tendré que hablar con ella.


La siguiente mañana que me topé con Gloria, los buenos días me los dio soltándome una frase en rumano que no me gustó ni un poquito. Yo, por si las moscas, me fui a una santería a comprarme un amuleto contra el mal de ojo… Nunca se sabe.


Ha sido muy duro para mí compaginar todas estas cosas y la falta de tiempo me crea una ansiedad tremenda. Buscar un hueco para ver a escondidas la tele, grabarme el Diario de Patricia sin que nadie se entere y verlo de madrugada cuando todos duermen, es mucho más estresante de lo que nadie se puede imaginar. Amén de que tengo que idear algo para que mi ex se sienta culpable por la acusación que me hizo y me devuelva el portátil arreglado… eso, o que me de uno nuevo.


¿Son o no son motivos más que suficientes para no actualizar?

 
EJERCICIO DE SINCERIDAD
Mi psicoanalista me ha dicho que después de usar absolutamente todo los métodos de introspección y de exploración del inconsciente conmigo, ahora le toca usar una nueva técnica terapéutica para el tratamiento de mi enfermedad mental. Es un método de análisis crítico en el que voy a tener que trabajar duro.


Yo no estoy del todo de acuerdo con él, primero porque no le pago para hacerme trabajar (y mucho menos, para hacerme trabajar duro), segundo porque me toca las narices que me ponga tareas cuando salgo de la consulta y tercero, porque ya le he advertido que, quizá, mi sinceridad no le va a gustar especialmente. Pero él insiste en que debo hacerlo si quiero curarme.


En fin, si eso es lo que quiere: eso haré.




Mi psicoanalista es conocedor de este blog y los deberes que me ha puesto son los siguientes:


- Quiere que me sincere con todos vosotros
- Quiere que os diga quién hay detrás de Coolkiku
- Quiere que os hable de mí (su autora)
- Quiere que os cuente mi problema
- Quiere que me enfrente a mi problema reconociéndolo y haciéndolo público.


Pues bien, queridos: mi psicoanalista me diagnosticó (con las pistas que yo le di) un problema típicamente masculino en nuestra sociedad (y no, no soy un tío) y ese no es otro que “El miedo al compromiso”.


Como imagino que ya sabéis o sospecháis, el miedo al compromiso no es otra cosa que ser incapaz de compartir gustos, aficiones e intenciones sobre la vida con, en mi caso, una pareja sentimental. Según él soy incapaz de establecer una relación formal, me asusto ante una expectativa de cambio en mi independiente vida y no tolero la idea de “compartir”. Dice que espero más de lo que doy, que soy demandante y que en el momento que la relación no sigue el curso esperado, me frustro y rompo con ella sin dar posibilidad de cambio. Absolutamente siempre, culparé a la pareja por lo sucedido.


Dice que mantengo expectativas muy altas, lo cual me sirve para que ninguna pareja consiga alcanzarlas. Nunca estoy segura de si esa persona, es la indicada.


Como, según él, no se estoy preparada para comprometerme, busco los fallos para lograr comprobar que la causa del fracaso es que la otra persona no es la adecuada: de esta manera consigo evadir mis responsabilidades fácilmente.


Esto es brevemente lo que mi psicoanalista define como mi problema. Esto es lo que él dice. Lo realidad, dista bastante de esa teoría:


Efectivamente tengo un relativo miedo al compromiso pero es simple y llanamente porque no quiero tenerlo. Ya sé lo que es el compromiso y es algo que no me asusta siempre y cuando sea con la persona adecuada. No fue por ese “miedo” por lo que fui a su consulta. La autentica y truculenta historia, queridos míos y querido psicoanalista, es otra bien distinta.


Mi psicoanalista se llama Rafael Aramburu Sabater, le conocí en una fiesta hará aproximadamente año y medio. Le vi y me gustó. Le vi y me fascinó. Le vi y sólo vi en él maravillas de la naturaleza… le escuché y pensé que sólo le faltaba el acento argentino para que mi fantasía fuera perfecta. En cualquier caso, pensé que los dioses volvían a ser generosos conmigo, les di las gracias por ello y me puse manos a la obra.


Después de una caída de ojos, de mostrarme como la más divina, la más inteligente e intentar hacerle ver que yo para él era un exquisito regalo que no podía dejar pasar, sólo conseguí su tarjeta de visita para que fuera a su consulta si algún día tenía algún “problema”.


Pues sí, fui a su consulta. Mi problema entonces era que quería tirármelo y no sabía como.


Tener un lío con un psicoanalista sin acento argentino me costó un verdadero pastizal (80 € de nada por consulta) y una hora a la semana de charla todos los jueves. Que este dato os sirva para haceros una idea de hasta donde llega mi “enfermedad”.


Sí, conseguí tirármelo una y varias veces y conseguí hacerlo de tal modo que pareciera que fuera él el que se lo quería montar. Yo me dediqué a hacerme la avergonzada diciendo que estaba muy feo que un profesional se acostara con su paciente. Él se echaba las manos a la cabeza dándome la razón pero, al rato, se olvidaba de su profesionalidad y volvía a tenerle encima de mí en su diván mientras yo le recibía con los brazos abiertos. Al menos conseguí que, después de sucumbir una y otra vez, no me cobrara las consultas y tratara mi supuesto problema de una manera objetiva.


Pero la rutina mata todo y tirarte a tu psicoanalista una vez a la semana, también puede llegar a ser algo mecánico. Sin embargo, yo no quería prescindir de mi dosis semanal, por lo que seguí fingiendo algo que no padecía y seguí viéndole a pesar de su falta de acento.


Me aburría soberanamente cuando, poniendo todo su empeño, intentaba averiguar el por qué de mi comportamiento y de mis desplantes. A su vez, me hacía gracia cuando me preguntaba sobre mi infancia, por mi familia, por cada una de mis parejas importantes, por mis sueños, por mis pesadillas. Lo supo absolutamente todo de mí y hasta el día de hoy, no ha conseguido dar con el por qué. He esperado paciente a que se diera cuenta por él mismo que no hay un por qué, porque sencillamente no hay una patología… o al menos no existe la que él cree que es.


Nos ponía a nosotros como ejemplo cuando yo le contestaba que no quería cenar, comer o quedarme a dormir en su casa. Sin embargo, nunca he podido dejar de ir una vez por semana a verle. Sólo los dioses y yo sabemos lo que disfrutaba cuando él simulaba asesinarme agarrándome del pescuezo mientras lo hacíamos.


Mi psicoanalista sigue en sus trece de curarme algo que no padezco y que, en caso de padecer, no me preocupa en absoluto tenerlo. Él me pide sinceridad para con vosotros y yo aprovecho la coyuntura y me sincero con él: No, no es esa la enfermedad que tengo, querido, es otra bien distinta que, por cierto, no creo que puedas curarme si no te percatas de que la tengo.


Te propongo un trato: tú no me pidas más de lo que yo te doy; deja que tenga los compromisos que yo quiera tener y a cambio, seguiré dejándome asfixiar y volveré a perdonarte ese acento que te falta para ser perfecto.


“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Sigmund Freud (Fundador del Psicoanálisis).


 
EL OTRO LADO DE COOLKIKU



Este año decidí que, para bien o para mal, mis vacaciones estivales las iba a pasar en un lugar, que nada tiene que ver con la ciudad donde vivo. Un lugar donde el lujo brilla por su ausencia, un destino en el que la diferencia cultural es abismal, donde todo lo que iba a ver, no lo había visto con anterioridad… y me marché, acompañada por mi habitual compañera de viaje, a un país donde me pasé más tiempo del que me podía permitir.


Jugué a disfrazarme y a convertirme en una burda copia de una modelo de Coronel Tapioca, no me llevé uno sólo de mis perfumes (entre otras cosas para que los mosquitos no me comieran), ni un solo calzado que tuvieran algo de tacón. Hice una gran maleta de prendas de algodón y de colores claros, me llevé sólo los cosméticos que entonces creía imprescindibles y quise jugar a ser una samaritana con los que viven en condiciones que mi imaginación, por mucho que lo intentara, no llegaba a vislumbrar. La realidad, por desgracia, supera a la ficción.


Y ahora, después de esta pequeña introducción, toca preguntarse: ¿Puede Coolkiku convertirse en un personaje místico?, ¿puede dejar de lado por un momento todas sus excentricidades?, ¿puede compartir?, ¿puede dejar de ser un ser consumista y convertirse en alguien generoso?, ¿sabría dejar de lado su egoísmo y egocentrismo?


La respuesta es que sí puede, claro que puede… Sin embargo, la respuesta a todas esas preguntas, también es que no. Curiosa paradoja.


Sólo me hicieron falta dos días para aclimatarme a ése país…. O quizá fueron dos horas… o lo más probable es que nunca llegara a hacerme a algo así. Acostumbrarse a respirar algo que se puede cortar con un cuchillo o hacerse con un hedor tan profundo que te llega hasta la boca del estómago, es complicado. Habituarse a dormir vestida en una litera, sobre mi equipaje y dando manotazos a las cucarachas que se empeñaban en dormir conmigo, no es sencillo ni agradable para alguien que se ha hecho a dormir en una cama limpia y perfumada donde puede dormir tanto en vertical, como en horizontal. La realidad es que tendría que sacar fuerzas de flaqueza para volverlo a hacer… y lo curioso, es que volvería a intentarlo.


Me encontré en un lugar místico y espiritual que, para alguien tan escéptico como yo, es algo así como un shock… y me sorprendí dando a alguien que no tiene absolutamente nada, ofreciendo lo poco que llevaba encima a quien tenía aún menos que yo. Me sentí el ser más despreciable cuando me di cuenta de que mi tratamiento capilar de dos horas, podría alimentar a una familia entera durante dos meses, Me sentí ingrata, egoísta y mezquina como no me he sentido en la vida. Me cayeron lágrimas como puños cuando vi a los niños dormir entre, literalmente, la mierda. Se me desgarró el alma cada una de las veces que me pedían y no podía darles más y cuando, entre todo eso, me regalaban una sonrisa tan bella que cualquier intento de descripción, sería un insulto a la verdad.


Comprendí que puede existir armónicamente el polvo, el barro, la basura junto con el oro, la plata, la belleza y un sin fin de colores deslumbrantes… y aunque cueste entenderlo, uno puede comprobar que la miseria puede vivir con la generosidad de quien la vive… y que alguien puede vivir feliz teniendo menos que nada.


Descalza, entre la mugre, me di cuenta de que es repugnante a la vez que placentero... y me sorprendí a mí misma rezando algo que no sabía muy bien que era. Lloré lo que no he llorado nunca en unas vacaciones y sin embargo, han sido unas vacaciones realmente felices.


Eché de menos a quien antes echaba de más, me sentí maternal, recordé a mis muertos, a cada uno de mis amantes, a los amores que se quedaron en nada. Recordé a mi familia y me emocioné al pensar en ellos. Perdoné, sin que me lo pidiera, al que me hirió y me sorprendí a mí misma dando en el clavo de lo que quería a partir de ese momento. Fui consciente de cada uno de mis miedos, de mis defectos y me enfrenté y despedí a los fantasmas que se habían instalado en mí.


No sé si fue la cantidad de horas de trayecto a bordo de una especie de vehículo con ruedas o si es que el lugar invitaba a la meditación, el caso es que conseguí dar con las respuestas a las cuestiones que llevaban tiempo torturándome. Me hice a los olores, a los buenos y a los malos; envidié la fe del necesitado y puse en duda algunas formas de vida. Me estremecí cada día con algo nuevo y comprendí, que en un mismo planeta, existen mundos diferentes… y que siempre va a ser así y justamente eso, es lo que le hace ser melódico.


Regresé con la pena del que le quitan la oportunidad de volver a ver lo más bello, del que le arrancan de los ojos los colores más impresionantes, pero volví añorando cada rincón de mi casa, apreciando cada objeto que poseo, abrazando a dos gatos alimentados mejor que un sin fin de seres humanos y necesitando fervientemente el abrazo y el beso del que me quiere.


Sin embargo, Coolkiku poco o nada a cambiado y si he de ser sincera, lejos de hacer una generosa donación a una ONG o hacerme socia de una Asociación que ayude a los más desfavorecidos, en el mismo momento que pisé mi país natal, invertí mi dinero en un tratamiento para hidratar mi pelo, en un exfoliante para sacar la mugre y en un vestido y dos pares de sandalias aún rebajadas. Volví a mi restaurante preferido, me fui de copas, y tan solo dos días después, me marché con el me añoró y al que eché en falta, a un retiro rural con piscina, spa, bodega, gastronomía delicatessen y sexo, mucho sexo mientras respiraba un aire puro y me protegía con mis gafas de sol de Dolce y Gabbana.


Seguramente para estas Navidades y para tener mi conciencia tranquila, compraré los christmas de UNICEF y para el próximo huracán, terremoto o tsunami, mandaré un sms con la palabra AYUDA al 7755 y esa noche dormiré respirando hondo y creyéndome mejor persona, y lo haré en mi camita con mis sábanas de algodón, libre de insectos, caminaré descalza por mi suelo de madera limpio y sin ratas. Compraré regalos inútiles e innecesarios y recordaré y suspiraré por ese niño de futuro incierto con una terrible malformación: el que me regaló la más bellas de las sonrisas, el que, con un harapo, descalzo, con hambre y totalmente deformado, me azotó en todo el corazón cuando me miró directo a los ojos. El niño que se quedó en mi retina y por el que lloré desconsoladamente sin él saberlo.


Me alegro de volver a estar aquí con todos vosotros y de que me hayáis permitido la licencia de ponerme trascendental. Esta ha sido la redacción de la vuelta al cole. Este blog continuará con las historias de siempre en breve…


A ese niño, con todo mi amor y todo mi egoísmo…
 
CERRADO POR VACACIONES



Este blog permanecerá cerrado por vacaciones en el mes de agosto. Os deseo a todos un feliz veraneo lleno de placer, sensualidad, satisfacción y lujuria.


Coolkiku regresará en septiembre, con nuevas historias y sin protección solar.


Besos veraniegos.

 
APARTA, QUE ME DAS CALOR...
En verano deberían estar prohibidas las relaciones personales a no ser que se tenga aire acondicionado o se esté en lugares fresquitos. Todos los veranos la misma noticia: el índice de divorcios se duplica. Dicen que por que se pasa más tiempo en pareja… yo digo que es porque no hay quien haga nada con este calor, y claro, la falta de sexo, destruye cualquier relación por muy asentada que esté. Yo, personalmente, sólo puedo ponerme al tema, si estoy en una casa fresquita, en un jardín donde corra algo de aire, estando en remojo, o en cualquier lugar en el que se esté a menos de 30 grados (os aseguro que encontrar eso, viviendo en Madrid, es bastante complicado).


Mi casa no tiene aire acondicionado y es un maldito horno donde sólo se puede estar dentro del frigorífico o con la cara pegada al ventilador. Mi casa, en verano, se convierte en un constante “apártate que me das calor” y un “quita que pareces una estufa”.


Y es que yo no puedo, no puedo y no puedo… cuando empezamos a sudar como cerdos y se confunde el sudor con lo que no es sudor, a mí se me va la pasión y se me va todo. Y no exagero si os cuento que en un momento dado he llegado a decir “¿¿¡¡YA!!??” y me han contestado un “no, es sudor”. Madre mía, si es que hay quien suda que parece la Fontana di Trevi… Al final acabas haciéndolo en el portal, pero no porque te vaya el rollo de que te puedan pillar, sino porque es el único sitio donde se está fresquito.


Habrá a quien le parezca muy erótico ver a dos fornicando sudorosos perdidos, y es que para verlo está muy bien, pero para el que está en el ajo, un solo abrazo puede ser la mayor de las torturas chinas. En verano, en la ciudad, no existe el romanticismo, sólo puedes ponerte un rato, de noche que es cuando bajan las temperaturas, algo rapidito y cada uno a su casa que con la que cae, no hay quien duerma en pareja. Porque luego esa es otra, a dormir abrazaditos como osos, a mí eso, durante el resto del año, me parece genial, pero no me abraces en la cama en verano porque lo más bonito que puedo hacer, es pegarte un ladrido que te reviente el tímpano: luego te vienen enlacados y lloriqueando diciendo que ya no les quieres como antes y que él no sólo está para el sexo y a dormir…


Así que las relaciones personales en verano dependen absolutamente del aire acondicionado. Si no existe ni en tu casa ni en la suya, esa relación está abocada al fracaso hasta que llegue septiembre o incluso octubre, dependiente de la ciudad donde vivas. ¿Por qué en verano hay tantos idilios en la playa? Porque no hay quien lo haga en la ciudad. Otra opción es el sexo telefónico, pero yo a eso, que queréis que os diga, nunca le he encontrado la gracia. Hace sólo unos días propuse que sólo tuviéramos sexo oral: que bien sólo lo habláramos (a un metro uno del otro) o practicarlo en toda regla pero tocándonos sólo lo realmente necesario. A la nenaza le pareció fatal mi idea y además me tachó de fría y de no tener sentimientos. Y digo yo una cosa, que si fuera fría lo que se dice fría, no tendría el problema que tengo con el calor, ¿no?, pues eso.


Y no será porque una no pone de su parte y se inventa cualquier cosa para poner solución al problema, pero es que no todo vale: si te pones a jugar con los hielos, que es la mar de divertido, yo luego me paso cinco días intentándome curar una cistitis de caballo… y es que claro, mis vecinos están ya un poco hartos de que use la escalera para mis momentos íntimos. Lógico y normal.


Pero es que tener a un maromo por las noches en la cama (vaaale, o una maroma), con más de 36 grados en su cuerpo serrano, respirándote en el cogote y pegado como una lapa yo, personalmente, no lo puedo soportar. Me cabreo, me enervo y mando al enlacado a su casa y sin viento fresco (porque si tuviera viento fresco, le colgaba de los pies y le ponía a girar para poder pasar la noche).


Sin embargo, cuánto cambia todo en las otras estaciones… Mi culo, mis manos y mis píes son como témpanos de hielo que necesito que me calienten y no me vale un “¡Jue!, que fríos tienes los píes!” porque igualmente le mando con viento fresco y dejo que mis gatos me calienten los pies que llevan años haciéndolo, y la verdad, se les da muy bien.



 
EL DOCTOR AMOR



- Clínica Fulanita de Tal, ¿dígame?
- Buenos días, quería una cita para hoy con el Doctor Pignatelli. Es muy urgente
- ¿Su nombre?
- Coolkiku
- ¿A las 17:30 le viene bien?
- Perfecto, ahí estaré.


17:30 hrs.: Como siempre, puntual en mi cita. No hay nadie en la sala de espera de la consulta del Doctor Pignatelli (es lo bueno de no ir por la Seguridad Social). La enfermera mira mis zapatos por encima de sus gafas. No imagino a esa enfermera subida en unos tacones como estos.


17:45 hrs.: Un niño gordito que ha llegado después que yo, ha entrado en la consulta con su madre. ¿No se supone que iba yo antes que él?.


18:00 hrs.: Han salido el niño gordito y su madre y han llamado a una señora de unos cincuenta años que no ha dejado de abanicarse ni un solo segundo. ¿Por qué entra ella y no yo?


18:30 hrs.: Llevo una hora esperando. Yo también he comenzado a abanicarme. ¿Qué carajo pasa aquí? ¿Por qué hacen pasar al último que llega y yo sigo esperando con cara de imbécil?


19:00 hrs.: Voy directa a la enfermera, ya he aguantado suficiente.


- Señorita, supongo que se ha percatado de que llevo aquí desde las 17:30, hora en la que me han dado la cita. Son las siete de la tarde, ha entrado todo bicho viviente y yo sigo esperando. Estoy gravemente enferma así que o soluciona el problema rápidamente, habla con el Doctor Pignatelli y entro en la maldita consulta a la voz de ya, o me lío a poner reclamaciones y le advierto que no se va a librar ni el apuntador.


- Señorita Coolkiku, por órdenes del Doctor Pignatelli, usted será la última en entrar.


- Maldito cabrón


- …


- Dígale de mi parte que mi paciencia tiene un límite y que está a punto de agotarse, por favor.




Qué bien se siente uno cuando tiene la sartén por el mango, pero que estupidísima se siente esa misma persona cuando está del lado contrario y le dan de su misma medicina (y nunca mejor dicho). Odio tragarme mi propia bilis.


20:00 hrs.: Por fin entro en la consulta. Dos horas y media esperando, no está nada, pero que nada mal.


1-0 ganando Pignatelli.


- Buenas tarde Señorita Coolkiku, siento la espera


- Dígame mejor “buenas noches”. Supongo que le parecerá estupendo hacerme esperar dos horas y media, ¿verdad?. ¿Se siente usted orgulloso de su hazaña?


- No sabe cuanto. Ahora mismo estoy más ancho que largo, lo que no esperaba es que usted fuera capaz de aguantar tanto tiempo


- Sorpresas le da la vida, Doctor


- Estaba esperando que en cualquier momento montara un numerito


- Pues ya ve usted que no, supongo que mi enfermedad me lo ha impedido


- ¿Está usted enferma? ¡No me de ese disgusto!


- ¡Pues claro que estoy enferma!, si no lo estuviera, ya me diría usted a mí que es lo que hago en el médico


- Entiendo. Soy todo oídos. Dígame exactamente qué es lo que le ocurre


- Primero borre esa estúpida sonrisa de su cara


- ¿Qué sonrisa?


- La que tiene desde que he entrado


- Perdone, intentaré contenerla, aunque me va a resultar complicado. Comience, por favor, estoy impaciente por saber qué es lo que le pasa


- Me ha salido una celulitis en el muslo izquierdo


- Entiendo: le ha salido UNA CELULITIS


- Así es


- ¿Puede enseñarme ésa celulitis, por favor?


- No faltaba más –me remango la falda, me ladeo, le enseño mi muslo izquierdo y señalo el agujero que se ha instalado en mi muslo-


- Tiene usted unas piernas preciosas, Señorita Coolkiku


- Lo sé Doctor Pignatelli y precisamente por eso, necesito que me quite ésta celulitis que me ha salido


- Me temo que no voy a ser capaz. Creo que tendrá que vivir con ese defecto el resto de su vida


- ¿Y usted se dice llamar médico?


- Lo soy, Señorita Coolkiku


- Pues quíteme esta celulitis inmediatamente


- Primero tendría que examinarla en profundidad para dar fe de que efectivamente ese agujerito que no consigo ver, es una celulitis. Pero visto que usted no quiere ser examinada por mí, no podré corroborar tal cosa.


- Mi vecina fue al médico porque tenía una celulitis y el médico la recetó Thiomucase


- Mi diagnóstico es que está usted obsesionada con su vecina


- Para diagnosticar eso no hace falta ir a la escuela. Qué estoy obsesionada con mi vecina, ya lo sé yo


- En ése caso, vamos avanzado


- Quiero un médico como el de ella. Quiero un médico que recete medicamentos para atacar mi celulitis


- Entonces ya sabe usted lo que tiene que hacer


- ¿El qué?


- Ir al médico de su vecina


- Tenga usted por seguro de que la pediré el teléfono


- No me cabe la menor duda de que lo hará. Pero dígame, aparte de la obsesión con su vecina y su celulitis… Señorita Coolkiku, ¿le ocurre a usted algo más?


- Sí Doctor


- Pues proceda, yo no tengo prisa, es usted mi última paciente. Tengo todo el tiempo para usted y sus dolencias


- El caso es que tengo un profundo dolor en mi orgullo femenino. No se me quita ni de día, ni de noche. Lo sufro a todas horas, no me deja vivir. Es un terrible dolor que no consigo aliviar con nada


- Siga por favor


- Básicamente es eso: Nunca sufrí un dolor peor.. y si a eso le añado la celulitis de mi muslo izquierdo…. Créame si le digo que estoy destrozada


- Y dígame: ese dolor en su orgullo femenino ¿desde cuando lo tiene?


- Desde hace unas dos semanas aproximadamente


- ¿Ocurrió algo hace más o menos dos semanas?


- Así es, hace exactamente dos semanas, el Doctor Pignatelli, dejó de llamarme, de intentar quedar conmigo y de interesarse por mí


- Entiendo…


- ¿Es grave, Doctor?


- Sí, lo es… Es bastante grave


- Qué disgusto me da usted. Dígame, ¿qué puedo hacer?


- Sinceramente no lo sé, pero déjeme pensar.


- …


- Creo que para empezar podría usted comenzar por sincerarse


- Haré todo lo que usted me pida


- Tendré que hacerle unas cuantas preguntas


- Empiece cuando quiera


- Veamos: ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar en unos cuantos días porque se había dado un golpe que le había provocado un hematoma y que hasta que no se le quitara, no podría quedar…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- En absoluto, doctor. Si supiera usted como tuve mi pierna toda amoratada… daba miedo verme


- Comprendo… Esto va muy mal Señorita Coolkiku… pero sigamos


- ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar con él porque estaba ocupada intentando quitarse unos ronchones que le habían salido en la piel por culpa de un autobronceador…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- Esa es otra realidad, Doctor Pignatelli. No se imagina como le puede dejar a una el cuerpo de manchas un maldito autobronceador. Fue terrible, pasé dos días sin salir de mi casa. Fue un trauma para mí el verme desnuda frente al espejo.


- Y dígame Señorita Coolkiku, ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar con él porque estaba muy ocupada haciendo zumos con su nueva licuadora…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- También eso es completamente cierto. Mi nueva licuadora me ha robado mucho tiempo estos últimos días. Tenía muchos zumos naturales que hacer, pero he de decirle, que la relación con mi licuadora ha finalizado


- Me lo está poniendo muy difícil Señorita Coolkiku, he de confesarla que me cuesta creerla…


- Parece mentira que sea usted mi médico de cabecera. Bien sabe usted que le digo toda la verdad


- Dígame Señorita Coolkiku: ¿me toma usted por un ser estúpido?


- En absoluto Doctor, de hecho le tengo por alguien muy inteligente


- Está usted gravemente enferma


- ¿Moriré?


- No para mi desgracia


- Eso me deja más tranquila


- Tengo una pregunta más


- Proceda, doctor


- ¿Tiene usted algo que hacer esta noche?


- Había pensando en ir a mi casa a esperar mi muerte, pero dado que esta enfermedad en mi orgullo, por ahora, no me va a matar, tengo todo el tiempo del mundo


- ¿Se va a vestir usted de enfermera para mí?


- Es usted un degenerado


- Lo sé


- ¿Se va a vestir usted de médico para su paciente preferida?


- Haré lo que me pida


- No olvide su maletín








1-1. La partida se declara en tablas






En caso de duda, pregunte a su médico o farmacéutico. Esté alerta de los efectos secundarios y de la dosis apropiada. Revise qué condiciones pueden empeorarse, como la alta presión o problemas al respirar. Pregunte y asegúrese que las respuestas le son claras. Escoja a un médico con quien pueda hablar cómodamente sobre su salud y medicamentos. En caso necesario, lleve con usted a un familiar o amigo que le ayude a recordar las respuestas. Escriba las respuestas de ser necesario.

 
CHUPAR O NO CHUPAR, ESA ES LA CUESTIÓN
Feministas, lesbianas activistas, moralistas coñazo, predicadores, catequistas, defensores de los derechos humanos, reformadores y todo aquel propenso al escándalo: dejad de leer aquí. Éste es un artículo escrito desde mi pensamiento y paso de que me vengáis a dar charlas morales de ningún tipo, no necesito de vuestros consejos gratuitos. Pinchar aquí para pasar un rato entretenido y dejarme a mí con mis lectores que no se echan las manos a la cabeza por nada.


¿Estamos el resto, verdad?. Comencemos pues:


Hace exactamente dos días, en una cena que había organizado una amiga, una de sus invitadas, una chica a la que yo sólo conocía de otras dos o tres ocasiones, nos contó algo… y lo hizo llena de lágrimas. Ése “algo” que nos relató, me ha tenido dando vueltas al asunto y no he podido dejar de pensar en ello ni un solo minuto.


La chica en cuestión (la amiga de mi amiga) es alguien muy formado, habla perfectamente cuatro idiomas, tiene una ingeniería y es, cuanto menos, inteligente. Esta chica trabaja en una multinacional norteamericana…y a ésta chica su jefe, le ha hecho una proposición deshonesta. Resumiendo: el Director General de la empresa donde trabaja, le propuso que a cambio de favores sexuales, ella sería ascendida de forma automática y le daría unas condiciones laborales con las que ahora no cuenta ni por asomo.


Vaya, sinceramente… yo pensaba que este tipo de historias eran leyendas urbanas. Son de esos episodios que oyes que le ha pasado a la prima segunda de la amiga de tu vecina la sorda, pero que a ti nunca te ha ocurrido y tampoco lo has escuchado en primera persona (al menos yo). Lo más parecido que vivo, son los tipos verdes que trabajan conmigo a los que se les cae el hilillo de baba mientras me miran las tetas y hacen que me escuchan. Pero de ahí, a que me prometan el oro y el moro por un favor sexual, no… Nunca me han llegado a eso. Lo máximo que me ofrecen, son las miradas lascivas a mi culo cuando me doy la vuelta.


Esta chica contestó que por supuestísimo no iba a acceder a tal vejación. Se va a despedir de la empresa, pretende tomar medidas legales, va a intentar demostrar lo indemostrable y se va a dejar el pellejo en hundir a ese maldito cabrón. Ésta chica, no para de llorar y lo que le ha ocurrido ha sido, probablemente, lo peor que le ha pasado en la vida.


Pobrecita mía… la verdad es que la veía llorar y a mí se me partía el corazón. Pero que conste que sintiéndolo por ella yo, desde aquí, quiero hacer un llamamiento a ese señor y también al Presidente y Secretario General de mi empresa:


¡YO QUIERO TENER UN JEFE ASÍ!



Sí, yo quiero un jefe así, de hecho ahora mismo es lo que más deseo. No puedo dejar de pensar en ello. ¡Yo le cambio a mi jefe por ese Director General a la voz de ya!.


Veamos, si me pongo a analizar, me doy cuenta de que el día que menos trabajo, hago 9 horas. Lo normal es que me tenga que comer un sandwich o una ensalada en mi puesto de trabajo. Lo más normal es que no pueda bajar a la calle a tomar un café y, el día que lo hago, mi móvil no deja de sonar. Lo normal es que haga 12 horas diarias y queridos, os aseguro que como siga mucho tiempo así, yo acabo con camisa de fuerza y unas gafas de culo de botella de dejarme los ojos frente a un ordenador.


Tengo un trabajo en el que mi teléfono fijo, el tiempo máximo que pasa sin sonar, es de tres minutos (¿sabéis lo que estresa eso?). Me entran una media de ochenta Emails diarios que debo dejar contestados. Mientras, suelo tener una reunión cada dos días de mínimo cuatro horas en las que me suelen caer marrones por doquier que me joden el planning que tenía hecho. Por otra parte, he de hacer viajes relámpagos que me consumen cada vez más; viajes que me hacen estar pringada todas las horas del día salvo en las que estoy durmiendo que, todo hay que decirlo, suelen ser muy pocas.


Hago una media de 25 horas extras al mes que, por supuesto, no me pagan, considero que mi sueldo es bastante miserable y tengo más responsabilidades y disgustos de los que debería. Eso sin contar que las vacaciones las cojo cuando lo decide mi jefe, que mi despacho da a un patio interior lleno de ruidos y si caigo enferma, lo normal es que tenga que ir a trabajar en condiciones deplorables o estar operativa en mi casa.


Y digo yo…: ¿todo eso puedo solucionarlo con una mamada?. Por favor, lo SUPLICO, que alguien me diga cómo, cuándo y dónde he de hacerlo. Chupo y hago lo que sea necesario. No quiero perder esa grandísima oportunidad de oro a cambio de un ascenso, mejores condiciones y, por descontado, más dinero.


¿Soy más puta ahora que no lo hago o después de hacerlo?. Sinceramente, creo que de hacerlo, sería mucho más inteligente de lo que soy ahora. Que nadie me diga que no me estoy prostituyendo ahora que sólo chupo horas frente a una pantalla. Son cada vez más las veces que hago algo que ni debo, ni quiero, ni tengo que hacer porque no está en mi contrato. Eso sin contar todo lo que me dan por el culo que, os aseguro, es mucho.


Por favor, Secretario General y Presidente de mi empresa, escúchenme bien: hay un señor de una multinacional norteamericana que hace proposiciones muy interesantes y que nada tienen que ver con las tonterías que ofrecen ustedes tipo “apartamentos de verano o clases de idiomas”, ésas ofertas se las pueden meter ustedes por donde les quepa, a mí me interesa infinitamente más lo que ofrece el otro señor.


Yo se las chupo una y tres veces, no me importa, de hecho prometo poner todo mi interés y buen hacer, el mismo que pongo todos los días en este trabajo. Supongo que por mucho que tenga que chupar, va a ser imposible que me tire haciéndolo las 12 horas que normalmente echo aquí.


También pueden darme por el culo como hacen ahora, pero háganlo de una forma literal. ¿O les parece qué no es suficiente forma de dar por el culo el domingo que me llaman mientras estoy en el cine, la llamada urgente de las diez de la noche de un lunes, el viaje que me meten cuando yo ya tenía un fin de semana planeado, el hacerme cambiar mis vacaciones cuando ya las tenía contratadas, el ni si quiera poder ir a comer con mis padres porque siempre que quedo con ellos, me endosan un marrón de última hora?. Por favor, denme físicamente por el culo y cambio, dejen que me vaya de vacaciones cuando quiera, salga a mi hora, pueda ir a un viernes a comer con mi familia y déjenme desconectar mis fines de semana con un sueldo digno.


¿Por abrirme de piernas un rato van a darme mi merecido ascenso?. Ok, perfecto, acepto el trato, me abro de piernas y les hago hasta las piruetas que hacen en El Circo del Sol. Tanto ustedes como yo, nos vamos a ahorrar un montón de trámites y problemas. Cuándo ustedes me digan, quedamos para echar el polvete y firmar mi nuevo contrato. Si tengo que esperar a que me lo den por mis propios méritos, seré ya una anciana que no podrá disfrutar de su cargo, así que hagámoslo por el camino fácil: follando. A mí me parece una idea estupenda.


¿Si se la chupo me darán un despacho mejor?. Yo lo voy a agradecer de por vida porque, en el que estoy ahora, si abro las ventanas me vuelvo loca por el ruido que hacen todos los aires acondicionados del edificio. No sé la de tiempo que hace que no veo luz natural. La calefacción que tengo no se regula y en invierno, o te mueres de calor y se te hinchan las piernas, o te cagas de frío y te sale hasta vaho de la boca. En verano pasa tres cuartos de lo mismo, el aire acondicionado está loco, o me cuesta escribir de lo frías que se me quedan las manos, o trabajo sudando la gota gorda.


¿Consideran que tengo un sueldo digno?. Si tenemos en cuenta que paso tanto tiempo aquí que no me queda tiempo a gastarme mi propio dinero, entonces sí. Pero si por una mamadita a mí me triplican el sueldo, les aseguro que va a ser la mejor mamada que les hayan hecho en la vida. Ya me encargaré yo de gastar mi dinero en psicólogos si hace falta, ustedes no se preocupen por mí. El sueldo que tengo ahora es tan vergonzoso que me llevaré el secreto de lo que cobro a la tumba. Me moriría de la vergüenza si tuviera que hacerlo público.


A mí me parece que ese intercambio de favores es un trámite estupendo y lo tomo como un camino rápido y fácil: una forma de atajar. Yo ya sé cuanto valgo y si yo no pongo en duda mis cualidades e inteligencia para desarrollar un trabajo con un buen cargo y un buen sueldo, que nadie lo haga por mí… y si alguien lo pone en duda, a mi plim, ya me encargaré yo de demostrar mi valía profesional, aunque tenga que ayudarme a base de mamadas.


Yo que ustedes me daría prisa en hacerme la misma proposición que le hicieron a esa chica, más que nada porque no todas, como pueden comprobar, están dispuestas a eso, y porque dentro de unos años dejaré de ser atractiva y ya me habré cansado de demostrarles, durante doce horas, cinco días a la semana, todo lo que valgo. Si no lo hacen ustedes, tendré que echar mi currículo en esa multinacional norteamericana y cruzar los dedos para que me acepten: o arrodillarme y hacer de tripas corazón.


Ya saben donde estoy: al fondo a la derecha, en el despacho interior de la cuarta planta. Espero impaciente sus proposiciones deshonestas.


A sus pies.



 
EL MUNDIAL Y COOLKIKU
Sé tanto de fútbol como de física cuántica y por si alguno tiene alguna duda, os diré que mis conocimientos de física cuántica son CERO PELOTERO.


Para daros algún que otro detalle os diré que soy la misma que ante una inocente pregunta como “¿eres aficionada al fútbol?”, respondí con una inocente respuesta del calibre “uy no, yo no soy de ningún grupo”.


Os diré también que fui la que dijo una frase tal como “¿ha sido gol de Fernando Alonso?”, la que se enteró que empezaba el Mundial el mismo día que comenzó o, como ya os conté en su momento, fui la que dijo al representante de Michel Salgado que no seguía mucho la trayectoria de su representado porque no estaba muy puesta en Fórmula Uno. Eso sin contar lo que también ya sabéis: que mi única asociación a Roberto Carlos, es la de la canción del gato que está triste y azul.


Pero a pesar de todo esto, soy la misma que el otro día, ante el inminente partido de España-Túnez, se empeñó en que se quería unir a la afición. Me dio por ahí como me podía haber dado por otra cosa. De pronto sentí yo en mis carnes que el grupo de España necesitaba de mi apoyo y ánimo futbolero y, supongo también, que ante tanta presión mediática, me aclimaté sin quererlo al “apasionante” mundo del fútbol.


Es por todo esto por lo que ni corta ni perezosa llamé a mi nuevo, enlacado y fornido amante y le propuse ver el fútbol en su casa o en la mía. “¿¡Tú?!, ¿¡el fútbol?!, esto sí que es una novedad, nunca dejarás de sorprenderme”.


El caso es que mi nuevo, enlacado y fornido amante me propuso algo mejor: ver el fútbol en casa de sus amigos. No era lo que yo tenía en mente, yo había pensando en algo más íntimo y privado, pero la idea tampoco me pareció del todo escandalosa, de algún modo me apetecía conocer el ambiente en el que se movía y una presentación en sociedad no me importaba demasiado.


Mi respuesta ante tal proposición fue positiva. “Aún tengo unas cuantas gestiones que terminar, pero a las 20:45 estoy donde me digas”. ¿Gestiones?, ¡ja!, mentira y gorda: lo único que tenía que hacer era ir de compras urgentes para encontrar esas prendas que me iban a vestir en la presentación oficial de sus amistades.


Mi poderosa imaginación hizo que vislumbrara una velada rodeada de gente interesante donde, teniendo el partido de fondo, íbamos a hablar de pintura y literatura contemporánea saboreando exquisitos vinos con exquisitas tapas. Yo creía que las amistades de mi nuevo, enlacado y fornido amante, era gente atrayente e ilustrada que me iba a aportar un montón de cosas interesantes. Yo, sin ayuda de nadie, imaginé que todo iba a transcurrir en un precioso ático con vistas a todo Madrid y que terminaríamos con un Martini Blanco sentados en la terraza de dicho ático alegrándonos de una estupenda victoria o lamentándonos de una terrible derrota. Yo imagina que todo iba a estar lleno de glamour y cultura y es por lo que decidí que en mi atuendo, tenían que estar unos tacones de aguja de nueve centímetros.


Empecé a sospechar lo peor cuando vi llegar a mi nuevo, enlacado y fornido amante en pantalón corto y camiseta roída y desaparecieron todas las dudas cuando entré por la puerta de la casa de sus amigos los ilustrados y me encontré con un equipo de rugby (y esto no es un modo de hablar), cantidades industriales de cerveza, sangría y whisky, y lo único que había de llevarse a la boca, era una bolsa de patatas de dudosa marca comercial.


Sí, me quería morir… y más aún quise morirme cuando, en las presentaciones, sentí tener dos luces naranjas en la cabeza, una sirena de coche de bomberos y luces de neón por todo mi cuerpo que me hacían ser el centro de atención. Ese equipo de rugby no contaba con demasiada delicadeza y mucho menos con conocimientos de literatura contemporánea. Ese equipo de rugby, de forma atropellada, sólo sabía preguntar y afirmar:


- ¿Tú eres Coolkiku la del blog tan gracioso?
- ¿Es verdad que te ponen cachonda los tíos con mucho pelo?
- ¿Es verdad todo lo que escribes?
- ¿Tus amigas están tan buenas como tú?
- Yo no uso laca
- Yo tengo mucho pelo en el pecho y culo y no me depilo: mira, mira.


En el primer y único gol del equipo contrario yo aún estaba sentadita y con las piernas cruzadas, poco rato después ya empecé a animarme y haciendo alarde de mi cancionero popular, canturreé “y si somos los mejores bueno y qué, ¡bueno y qué!” sin saber, hasta que me lo advirtió mi nuevo, fornido y enlacado amante, que esa canción era de la época de “para ser conductor de primera, acelera, acelera” y que mejor me actualizara si no quería que se descojonaran de mí.


Más tarde, después de beberme el Nilo para soportar el bochorno, todo dio un giro de 360º.


No sé cual es exactamente el mililitro de alcohol que me hace perder la compostura, desconozco cual fue el cubata que me hizo perder la razón, yo sólo sé que en algún momento pensé que para sobrellevar esa velada, iba a tener que beberme todo lo que me ofrecieran y que tenía que hacerlo a la misma velocidad que ellos. Craso error: nunca volveré intentar ingerir nada a la misma velocidad que un tío que es tres veces más ancho y que yo, y dos veces más alto. En el segundo gol de “Fernando Alonso” yo ya tenía un pedo que no lo vendía.


Quince minutos después del partido, a mí me estaban echando tequila por un artilugio en forma de casco de albañil del que le salía una pajita que iba a parar a mi boca. Dos horas después del partido, un equipo de Rugby vitoreaba “Coolkiiiiiiii-ku, Coolkiiiiiii-ku, Coolkiiiiiii-ku”. Tres horas después del partido, yo estaba a hombros de un jugador de rugby en plena Cibeles y saludando a una cámara del Canal Cuatro.


Mi nuevo, enlacado y fornido amante, no daba crédito a lo que veía (yo aún tampoco doy crédito a lo que hice) y el pobre sólo se dedicaba a sujetarme el bolso y a recordarme que al día siguiente tenía que ir a trabajar. Mi nuevo, enlacado y fornido amante, me llevó a su casa porque yo había perdido las llaves de la mía. Mi nuevo, enlacado y fornido amante, me dejó vomitar en su váter hasta que eché todo lo que había bebido. Mi nuevo, enlacado y fornido amante, después de sujetarme la frente durante media hora, me tuvo que llevar en brazos hasta su cama mientras se preguntaba en voz alta qué cómo se me había ocurrido tal cosa, con lo que yo era, que cómo había podido beber tanto y que si ahora tenía a un club de fans que me iban a poner una estatua al lado de la Cibeles.


Yo sólo sé que en un momento dado me puse a llorar, no sé si de vergüenza o si fue fruto del alcohol. También recuerdo que le pedí disculpas una y mil veces y sé, que cuando se me pasó la llantina, le dije a mi nuevo, enlacado y fornido amante que le juraba por lo más sagrado que iba a escribir un artículo contando todo lo sucedido. Él me ha recordado además, que me dormí canturreando “y sli somogs los mlejores blueno y qué, ¡blueno y qué!”


Y hoy os escribo porque no puedo hablaros. Aún me dura la afonía, pero eso no es tan grave como el bochorno que aún soporto a mis espaldas y como la vergüenza que tardaré en olvidar.

Ahora que ya estoy metida en esta secta no me queda más remedio que ver el partido de España-Arabia Saudí, pero creo que ése lo veré en casa de mis padres, en el sofá de toda la vida y comiendo de la tortilla de patatas tan rica que hace mi mami.

 
MI LICUADORA Y YO



Este artículo no va de hombres ni de mujeres, tampoco trata de relaciones personales. No os voy a dar sabias instrucciones sobre nada; este artículo no es de venganzas, ni es un artículo sexual… Este artículo lo voy a dedicar a mi última gran adquisición: MI LICUADORA (Álvaro para los amigos).


No hace demasiado me invitaron a cenar a un restaurante vegetariano. No, no soy vegetariana, pero últimamente mi cuerpo está muy sabio y me pide que elimine de mi alimentación sustancias de origen animal… y yo a mi cuerpo le doy lo que me pide, no puedo llevarle la contraria, es él quien manda y el único que me da toques de atención en mis excesos.


Pues eso, que el otro día, estando yo disfrutando de una estupenda velada y mientras mantenía una interesantísima conversación (cosa difícil en estos tiempos que corren), tuve la feliz idea de tomarme un exquisito zumo de manzana y zanahoria. Ese zumo cambió mi vida. Y tanto que la ha cambiado.


Fresquito, sano, natural… ummm, todo eso me gusta. Y como todo lo que me gusta, he de repetirlo, tomarlo y hacerlo todas las veces que sean necesarias hasta que le saque todo el jugo (nunca mejor dicho) y disfrute de todas sus posibilidades, formas y colores.


El día siguiente a la cena, pasé un día muy productivo en la oficina buscando en google cosas como “licuadora”, “zumos naturales”, “recetas de zumos”, “frutas”, “zumos y salud”… Un mundo maravilloso, sano y multicolor me estaba esperando: salí de trabajar y me fui directa a comprarme una licuadora, no podía esperar ni un minuto más. Compré también un montón de manzanas Granny Smith y una enorme bolsa de zanahorias.


Mi licuadora es preciosa. Es de color naranja y beige. Mi licuadora es de la marca Solac y dice llamarse “Fruit Cocktail” aunque yo la llamo Álvaro desde que me hice un riquísimo zumo de albaricoques (lo pilláis, ¿no?) el cual, por cierto, es riquísimo en vitamina A y C, calcio, vitaminas B2 y B3, potasio, magnesio, sodio y fósforo. Y no sólo eso, también he de señalar que el albaricoque es rico en betacaroteno, cuyos efectos contra el cáncer se están estudiando en varias universidades. Es estupendo en caso de alteraciones del aparato circulatorio como la arteriosclerosis. El albaricoque resulta muy beneficioso en la digestión. Cura la anemia, regenera los tejidos y equilibra el sistema nervioso. Resulta un eficaz antialérgico y es un buen remedio contra el asma, anorexia, retrasos en el crecimiento, menopausia, menstruaciones dolorosas, insomnio y estados depresivos. El zumo de albaricoque es un regalo de los dioses.


Álvaro ha cambiado mi vida, ahora pasamos largos ratos juntos y de vez en cuando le beso en su contenedor de pulpa. Le lavo con amor y agua tibia y le tengo, sólo para él, un cepillo de dientes que utilizo para limpiar con esmero su filtro. Todo es maravilloso desde que he puesto a Álvaro en mi vida.


Álvaro ha hecho de mí una chica sana, fresca y natural (aunque aún no ha conseguido que deje de fumar) y me ha hecho descubrir un mundo totalmente desconocido para mí: la frutería.


Antes no hacía cola en las fruterías, me daba vergüenza porque yo no sabía pedir como lo hace el resto de mujeres y expertas amas de casa. Como no sé hacer la compra por pesos, directamente cogía las bandejas de frutas ya preparadas de los frigoríficos. No sabía hacerlo como ellas, pero escuchaba atónita cómo compraban esas mujeres que, llenas de razón y sabiduría, decían altivas: “dame 2 kilos de manzanas, 2 de tomates para ensalada y 1/4 y mitad de picotas… ¡y qué estén bien dulces!” (¿no es 375 grs de fruta una cantidad muy rara?, eso me cuesta aún entenderlo).


La verdad es que sigo sin saber pedir por peso y aún sigo diciendo “8 manzanas, 6 tomates y una bolsa grandota de zanahorias”, estoy segura de que acabaré aprendiendo a hacerlo igual de bien que ellas. Aunque el hacer la compra de ese modo es para mí un camino inescrutable, intentaré convertirme en una experta que irá a la frutería con la cabeza bien alta y dirá bien de forma convincente y para que todo el mundo me oiga “ponme 3 kilos de peras conferencia, 2 de manzanas golden y un buen melón… y a ver que me das, ¿eh?, ¡qué el que me llevé el otro día era puro pepino y aún me está repitiendo!”.


Álvaro ha hecho que ya tenga hasta mi propia frutería. Se llama Frutería “Los Chicos” (joder, si es que me lo ponen a huevo… ¿cómo no iba a entrar en una frutería con ese nombre?). La regentan dos muchachotes fornidos que visten una bata verde con el logo de “Los Chicos” bordado en el bolsillo. Beben de morro de una botella de agua mineral y me tratan como a una reina mora.


Me dan para comer picotas mientras les hago la compra, me cortan trocitos de melón y sandia para que los pruebe, me regalan albaricoques, me dan ideas para hacer zumos, servilletas de papel para que me limpie y además, son simpatiquísimos y amabilísimos. “Los Chicos” son dos muchachos a los que acabaré amando como sigan tratándome así de bien.


Me llaman “rubia” (aunque no sé de donde se han sacado que sea rubia, la verdad) y dan golpes a los melones y me dicen que escuche. Yo solo oigo “toc toc” pero si ellos me dicen que me lo lleve, yo me lo llevo. “Los Chicos” saben bien lo que dicen.


Ya me he encargado muy mucho de decirles que vivo sola (algunos detalles siempre está bien que sepan, nunca se sabe) y que por tanto, no puedo llevarme un melón y una sandía al día si no quieren que reviente y me salga fruta por las orejas. Así que, como son tan amables y atentos, dejan que me lleve medio melón o el cuarto de una sandía.


Todo es genial desde que tengo a Álvaro en mi cocina y he descubierto que cualquier oportunidad es buena para hacer un riquísimo zumo natural. Antes, cuando mi fornido muchacho (que no frutero) se quedaba a dormir en mi casa y por la mañana nos despertábamos con un hambre voraz, le ofrecía un Actimel y dos tristes galletas digestivas. Ahora, desde que tengo a Álvaro, le hago un zumo de frutas y hasta le doy a elegir entre diferente variedades:


- Melón, piña, fresa
- Manzana, fresa, melón
- Melocotón, pera, fresa
- Manzana, melocotón, sandía
- Sandía, fresa, melocotón
- Pera, mango, zanahoria
- Etc…


He pensando incluso en la posibilidad de hacer una bonita carta de diferentes zumos para elija el que quiera.


Sirvo mis zumos en un bonito vaso cuadrado de cristal de bohemia, lo adorno con pajitas de colores, tengo mi nevera repleta de diferentes frutas y he comprado un frutero naranja que combina perfectamente con los colores de Álvaro.


Ahora me hago la chula entendida, hablo con las mujeres en la frutería y digo cosas como “llévate esos melocotones, yo las probé ayer y te aseguro que son buenísimos”, compro piñas naturales y no de bote (bien es verdad que “Los Chicos” me la parten por la mitad y me explicaron como quitar el tronco de una forma fácil y segura para no cortarme). Ahora mi cocina es multicolor y me levanto media hora antes para hacerme un zumo de sandía que he leído, en dos de los tres libros que me he comprado sobre licuadoras y zumos, que tomarlo en ayunas es un fantástico rejuvenecedor de tejidos.


Mis conversaciones últimamente se centran en licuadoras y zumos y me he convertido en una experta en vitaminas, sales minerales, enzimas y aminoácidos. Hablo de zumos y me traslado a los albores de la historia; amo a la madre naturaleza y me alimento y sacio mi sed. Me pego tremendos monólogos sobre las sustancias básicas que tienen y lo beneficiosas que son para nuestro organismo… Ya sólo me falta dar una conferencia sobre los poderes curativos que tienen que, os aseguro, son un montón.


No sé cuanto me va a durar esta moda (conociéndome le doy máximo mes y medio o cuarto y mitad) y aparcaré en el trastero a Álvaro junto con Pedro (el picador de hielo), con Ramón (el robot de cocina), con Aurora (la bicicleta estática) y con el guapo de Antonio (la sangüichera), pero de lo que sí estoy segura es que hoy por hoy Álvaro es el gran amor de mi vida y con el que quiero pasar todo momento de ocio. Álvaro, es el único que me hace salir corriendo del trabajo para exprimirle, el que está consiguiendo que deje mi sueldo en frutas y verduras y no en yogures líquidos. Álvaro me tiene loquita perdida.


Espero que Álvaro no se vaya nunca de mi vida… o al menos que no lo haga antes de sus dos años de garantía.



 
MI EMBARAZO PSICOLÓGICO
¿Y qué voy a hacer yo con un bebé si no sé cuidar ni de mí misma?


Bueno, creo que podría llegar a hacerlo más o menos bien, en peores me he visto (¿peores?, no.. creo que no). Tendré que cambiar muchos hábitos de mi vida. No me imagino dando el pecho a un adulto y a un bebé a la vez. Los dos van a querer ser el centro de mi atención y no sé como voy a poder complacer a ambos. Tendré que hacer un planning.


Esto es un desastre, no sé como he podido meterme en este embrollo. Por de pronto voy a mirar los aspectos positivos, eso siempre ayuda:


- Durante unos meses tendré unas tetas enormes
- Tendré cuatro meses de baja
- Podré cogerme una jornada reducida


Ahora voy a mirar los puntos negativos:


- Todos los demás


¿Y dónde te voy a meter, criaturita de mis entrañas?. Vamos a tener que comprarnos una casa más grande. Si vendo todos mis zapatos estoy segura de que podré alimentarte durante, al menos, dos años… ¿pero quién querrá un montón de zapatos, que aunque muy bonitos, están usados? Si no nos llega para comprarnos otra casa porque te da por comer muy a menudo, puedes apañarte en el armario zapatero. ¡No te quejes, ya les gustaría a muchos dormir en un sitio tan bien acondicionado!. Me gasté un dineral en hacer ese espacio un sitio perfecto para que descansaran todos mis zapatitos. No veo el problema en que duermas ahí durante una (larga) temporada. Ojala salgas canijo.


Estoy pensando cómo hacer para poder seguir viendo a mis hombres y cuidar de ti. Supongo que no existen guarderías de 24 hrs., ¿verdad?.


Tengo un retraso de dos horas y media, así que estoy segura de que estoy embarazada. Ya, ya sé que te parece muy vehemente por mi parte, pero cariño, tu mami es un reloj. Siempre me viene la regla en el día veintiocho y a la mima hora, por eso estoy segura de que me he quedado preñada. No sé si los chinos venderán pruebas de embarazo, dentro de un rato bajaré a la calle a por una. Tengo miedo de la respuesta, porque como me diga que sí, de lo cual estoy bastante segura, no sé que voy a hacer contigo y con mi vida.


¿Y quién crees que es tu papi, bonito mío? Sinceramente, tu madre no tiene ni puta idea. He estado mirando mi agenda y lo que he hecho durante estos últimos veintiocho días. Me he tirado a seis posibles padres para ti…y no sé cual de ellos puede ser el que dio en la diana. Para serte sincera, no tengo ni la más remota idea.


Creo que te voy a dar elegir a ti a cual de ellos quieres como padre, o también podemos hacernos los locos y no decirles a ninguno nada de tu existencia. Aunque esto último nos va a resultar bastante complicado, ya te darás cuenta de lo pesados que son, vamos a tenerlos encima todo el santo día. Ya comprobarás tú mismo y con tus propios ojos, que aunque les demos con una cacerola en la cabeza, ellos siguen y siguen estando siempre ahí.


¿Y si aceptamos a los seis como padres para ti? ¿y si hacemos creer a cada uno de ellos que es tu papi?. Cariño, podríamos forrarnos, esto puede ser una idea genial, tenemos que madurarla, aunque por otro lado creo sería muy estresante…


Tu posible padre nº 1 es un fiestas. Es muy buena gente pero le gusta más la calle que a un tonto un lápiz. La parte buena es que podrías pasarte el día entero con él en el parque. La parte mala es que se olvidaría de ti y de que te tiene en un columpio vomitando como un aspersor. Hay importantes posibilidades de que sea él tu papi, porque hay que tener en cuenta que la última vez que follamos yo me había bebido el Nilo y no recuerdo el acto. Esta posibilidad de padre tuyo tiene de bueno que siempre ve la vida por el lado positivo, así que estoy segura de que hará de su paternidad algo bonito. No nos podemos olvidar de tenerle siempre regadas sus plantas de marihuana y ya nos cuidaremos muy mucho de que siempre estén al sol. Mientras eso siga existiendo, feliz le tendremos de su paternidad. También aprenderás a tocar la batería, como ves esto es algo muy provechoso para tu futuro… y te sabrás todos los conciertos y festivales del país (más provechoso aún).


Tu posible padre nº 2 es un poco plasta. Eso sí, saldrías muy inteligente y nacerías hablando cinco idiomas. Pero prepárate, te va a hacer estudiar un montón, te va a tener todo el santo día leyendo y haciendo deberes, te va a meter en el mejor colegio y te va a apuntar a todo tipo de actividades extraescolares. Es de estos que todo lo sabe y que te va dando lecciones continuamente. Cualquier momento es bueno para soltarte un rollo. A veces resulta entretenido, pero mi niño, he de decirte que a veces, muchas veces, aburre a un muerto. Yo juraría que este no tiene demasiadas posibilidades de ser tu papi, siempre tiene mucho cuidado de no hacer locuras propias que puedan llegar a finalizar en una existencia como la tuya, pero todo es posible. Tu mami tiene la memoria de un pez y ya no me acuerdo cómo fue la última vez que follamos. Pero haré un esfuerzo mental, no te preocupes. Si hace falta yo misma me hipnotizo.


Tu posibilidad de padre nº 3 está como un cañón. Vas a ser un lerdo si sales a él, porque muchas luces no podemos decir que tiene, pero guapo vas a salir como el que más. Vas a tener el padre más divino de toda la guardería y vacilarás un montón gracias a él. Te va a llevar hecho un pincel y además, te va a aconsejar con mucho gusto que conjuntos ponerte. Pero no esperes que te lleve a museos y que te lea muchos cuentos, primero tendremos que enseñarle a leer a él y luego podréis leer juntitos. Si pasas con él los fines de semana lo vas a pasar genial, porque con este posible padre tendrás piscina y una casa muy bonita y muy grande. Pero mi niño, cuando abras la nevera te vas a echar a llorar seguro, no vas a encontrar cosas ricas como en nuestra casa, sólo vas a ver productos bajos en calorías y verduras, muchas verduras. Un asquito.


Tu posibilidad de padre nº 4 va a parecer tu abuelo. Lo siento, vas a tener que soportar mucho eso de “uy, ¿ha venido tu abuelito a buscarte?”, pero no mi niño, tu abuelo por parte de padre murió hace lo menos cien años. Él no se va a poner muy contento de que nazcas, entre otras cosas porque tiene hijos más mayores que yo y esto de la paternidad como que se le queda muy atrás. Pero hay que buscar el lado bueno de este posible padre y es que, aunque tengas que compartir la herencia con dos más, te va a tocar tan gran pellizco que no te va a importar que tu padre se apellide Matusalén. Siento comunicarte que tienes muchas posibilidades de que el longevo sea tu papi, así que tendré que ir pensando en como decírselo. Tú no te preocupes por nada, el pater-abuelo al final siempre acaba haciendo lo que yo digo.


Tu posibilidad de padre nº 5 es un amor. Este sería el perfecto padre para ti y además, va a ser el que más contento se va a poner. Me ama con locura así que por ende, te querrá tanto o más que a mí. Han sido ya muchas las veces que se le ha escapado las ganas que tiene de ser padre, así que es el más concienciado. Pero éste nos va a traer un montón de problemas: querrá que me case con él, que me vista de blanco, querrá que conozca a sus padres (a tus abuelitos), te bautizará por todo lo alto, planeará nuestras vacaciones de familia feliz con once meses de antelación, comprará una casa con jardín en un chalét adosado y lo siento, pero tengo que decirte que nos vamos a parecer un montón a la familia de Ned Flanders. Todo va a ser estupendito con tu posibilidad de padre número cinco. Ya te adelanto (para que te vayas haciendo a la idea y luego no me vengas con traumas infantiles) que cuando aún no hayas llegado al año, vas a tener a unos padres divorciados. A este padre tuyo sólo le aguanto con dosis moderadas. Estoy segura de que si estoy preñada como creo que lo estoy y él es el padre, lo ha hecho aposta el muy cabrón. Seguro que me inyectó su semen mientras dormía.


Tu posibilidad de padre nº 6 es tan pequeño como tú. Así que ya me veo todas las mañanas llevándole a él a la universidad y a ti a la guardería. Por no tener no tiene ni carnét de conducir y si quieres pasar algún fin de semana con él, tendrás que hacerlo en un piso compartido lleno de hormonas. Os tendré que dar una paga a cada uno y de este no podemos esperar grandes cosas y mucho menos lujo y esplendor. Eso sí, te va a encantar como te va a hacer reír, es genial para eso, es el más divertido de todos. Ya te adelanto que cuando vayamos al parque los tres juntos vamos a ser bastante esperpénticos: él con los pantalones caídos y enseñando el calzoncillo, yo con mis sandalias de tacón intentando no pisar la arena para no ensuciarme los dedos y tú, llorando porque querrás algo que no sabremos qué es y maldiciéndonos por haberte traído a este mundo. He de confesarte, que hay muchas posibilidades de que él sea tu padre… para desgracia de todos.




Tres horas de retraso… esto es un embarazo inminente: Tres horas de retraso que parecen mil.. ¡Ay dios mío, qué nervios!. Siento que mi estómago empieza a hacer cosas raras, creo que lo que tengo es hambre… Sí, era hambre: me he comido tres mini donuts y las cosas raras de mi estómago han desaparecido.


Tres horas y veinte minutos de retraso: Voy a empezar a hacer llamadas telefónicas.


Tres horas y media de retraso: No he llamado a ninguno de los seis, no me atrevo. ¿Por qué no naces ya y eres tú el que lo comunicas?, yo no me siento capaz.


Cuatro horas de retraso: He hecho una lista de nombres…no sé por qué en todo momento he decidido que eras un niño. Espero que no me salgas niña, me darías un disgusto enorme. Estos son los nombres que más me gustan, ¿cuál prefieres?: Rodrigo, Guillermo, Álvaro y Dámaso. No sé por cual decidirme. Elígelo tú mismo.


Cinco horas y quince minutos de retraso: A mí jefe casi le da un patatús cuando le he dicho que no puedo ir a trabajar porque estaba embarazada. Que se vaya haciendo a la idea… no está de más. He tenido que colgarle porque me he puesto a llorar. ¿Ves? Este es un claro síntoma de que estoy preñeitor.


Seis horas de retraso: ¡No puedo con esta angustia!. Voy a comerme los tres mini donuts que quedan para ver si reacciona mi cuerpo de alguna manera.


Vaya, los mini donuts han funcionado. No, no estaba embarazada, lo que debía de tener era hambre. Me ha bajado la regla con seis horas de retraso, han sido las seis horas peores de mi vida. Si tuviera que volverlas a pasar, no sé que sería de mí.


Se me ocurre algo: voy a llamar a los seis en discordia y voy a ponerles a prueba diciendo a cada uno de ellos que estoy embarazada. Hoy han sido seis horas, pero el mes que viene pueden ser ocho y tengo que estar preparada para sus reacciones.


Dámaso es un nombre precioso, ¿verdad?. Me quedo con ése para que en mi próximo embarazo psicológico pueda llamarte de algún modo.





 
A MÍ NO ME DEJA NI DIOS

Nunca había sido abandonada, dejada o plantada por un hombre y esa vez no iba a ser la primera. Supongo que alguna vez tenía que llegar, pero mientras siga viva y pueda evitarlo, lo haré. Nací con más orgullo y menos moral de la cuenta, por lo que todo esto que me pasa es un problema de proporciones; no es culpa mía si soy así, debe ser algo que va en los genes.



Como son ya muchas las relaciones que llevo a mis espaldas, han sido ya muchas las veces que he visto como la cosa iba decayendo y que todo, más pronto que tarde, se iba a ir al garete. Así que yo, rauda y veloz, y antes de que se me adelantaran, he mandado a freír los espárragos pertinentes antes de que me los hicieran cocinar a mí. Corriendito he soltando algo así como “oye, que te dejo, que mejor lo dejamos aquí, que tú para un lado y yo para otro, que ha sido un placer y que siempre te llevaré en mi corazón, bla bla bla, que he pasado momentos maravillosos contigo bla bla bla y que ale, que ahí tienes la puerta y que adiós muy buenas. Ah! Y oye… que mejor que no me llames nunca más, que yo es que tengo la sana costumbre de no querer saber nada de mis ex parejas. Adiós, good bye, Capri c’est fini…”




Pero el mundo está lleno de descerebrados. No hace demasiado un demente osó en desafiarme: ¿¡Pues no va el pedazo de memo y me deja?! ¡Pero si a mí él me importaba un comino!, ¿quién se había creído este tío tonto que era?, ¿¡cómo puedes dejar a alguien con el que no tienes ningún compromiso?!. ¿¡dejarme a ?!


Lo que me jodió es que no me dio la oportunidad de decirle que:


1. Estaba con él porque en ese momento no tenía nada mejor
2. Había estado viendo a otros
3. Para mí sólo era entretenimiento
4. No sentía nada por él
5. Para mí siempre fue una alternativa, nunca una pareja


Pero el gilipollas se debió creer que era algo más y por esa misma razón se creyó con derecho a terminar con algo que nunca existió.


Uy no… no hijo no…


Ese día fatídico, el día del abandono, me dejó sentada en la butaca de un bar en la parte de no fumadores (para más inri), mirando hacia un cuadro que no terminaba de comprender, recordando y asimilando cada palabra que me había dicho. Acababa de ser abandonada por alguien que no me importaba en absoluto. Me había dejado, había cortado conmigo, se había ido con la última palabra. Se había, incluso, permitido el lujo de enumerar mis defectos. ¿¡Pero este tío quién se había creído que era?!.


Me dijo que:


1. Le desorientaba
2. Se sentía maltratado emocionalmente
3. Que era impredecible
4. Que era caprichosa
5. Que era variable
6. Que era inestable
7. Que era egoísta
8. Que era incongruente
9. Y que la relación estaba tomando un cariz que no le estaba gustando nada


¿La relación? ¿Un cariz?. Ay madre, lo que había que oír… un majadero duerme en tu cama unas cuentas veces seguidas y ya se cree que tiene una relación contigo… ¡Y yo una vez estuve en Suiza y no por eso tengo ahí una cuenta con diez ceros!. Me pasé más de diez minutos (tampoco merecía más tiempo) asimilando esa sarta de verdades que me había dicho A LA CARA.


Muy bien, vale… puedo aceptar que soy todas esas cosas y muchas más que se le olvidó señalar. De hecho no ha descubierto América ni me ha dicho nada que yo ya no supiera, pero… ¿Quién se lo preguntó? ¿acaso le dije yo lo que pensaba de él?. Que no, que a mí las verdades gratuitas no me van, que a mí eso de que te suelto todo lo que pienso de ti sin que nadie me lo pregunte pues como que tampoco, y mucho menos, muchísimo menos, que corte conmigo como el que no quiere la cosa y se vaya de rositas.


Pues no me conocía tanto como él creía. Con sus palabras, había sacado lo peor de mí… tenía que elaborar un plan. Al cretino se le había olvidado mencionar que también era vengativa, rencorosa y mezquina.


Sabía donde trabajaba, sabía por donde paraba, conocía alguna que otra debilidad y sabía también, cuales eran sus puntos débiles. A eso tenía que sumarle que teníamos (y aún tenemos) a un amigo en común que podía darme muchas pistas de cómo estaba y cuales eran sus movimientos. Todo eso podía ayudarme muchísimo para mi perversa operación bautizada como ROF (Recuperación Orgullo Femenino).


Estos asuntos de venganza hay que llevarlos con suma cautela, hay que ser extremadamente discreto. Cuanta menos gente sepa lo que te traes entre manos, mejor. También hay que ser paciente, esperar el momento preciso y adecuado, no hay que dejarse llevar por la vehemencia, a veces es tentador pero la venganza juega muy malas pasadas y se puede dar el caso de que se nos escape de las manos. Por esta misma razón, hay que tratar el asunto con suma astucia, alevosía y cuidado.


Tenía de mi lado a la colaboración femenina. Mis amigas estaban dispuestas a ayudarme en todo lo que hiciera falta. En estos asuntos de orgullo femenino las mujeres nos hacemos una piña y se forma lo que se llama Solidaridad Femenina. Nos ayudamos a recuperar nuestro ego y hacemos todo lo necesario como si nos fuera la vida en ello, como si de nuestro propio orgullo se tratara. Así que el día que me enteré por casualidad que mi amigo iba a estar con el cretino en tal lugar a tal hora, corriendo llamé a mí una amiga para poder poner por fin en marcha la Operación ROF. “Prepara todo lo necesario, allí estaremos”, me dijo.


Sabía cuales eran todas aquellas cosas que le gustaron de mí. Mi cuello le volvía loco, por lo que me recogí el pelo y me puse un escote en pico para hacerlo más largo aún. Mi perfume le embriagaba y alguna vez mencionó que el olerme era para él como una droga: me eché doble dosis. En definitiva, no dejé un solo cabo suelto, me puse y acentué todo aquello que recordaba que le gustaba de mí.


Bien, todo eso y mucho más estaba ya preparado (la lencería adecuada, el cuerpo exfoliado, la manicura perfecta…): ya sólo había que esperar el encontronazo.


¡Uy, que sorpresa! ¿Tú por aquí?


Me encanta comprobar lo vulnerables y predecibles que sois tantos y tantos de vosotros. Cuando vi como me miraba mi cuello, cuando comprobé, con el rabillo del ojo, que mientras yo hablaba con otras personas no me quitaba el ojo de encima, cuando me siguió hasta la máquina de tabaco: entonces, me afilé el colmillo y supe que todo estaba saliendo según lo previsto.


Una charla amigable con él, un tono de disculpa disimulada en todo momento, una caidita de ojos, un estiramiento de cuello, cogerle del brazo para poner más énfasis a mis palabras… y en dos horas, ya estaba soltando por su boquita todo lo que yo quería escuchar: Bravo por ti, Coolkiku.


En cuatro horas ya estaba en mi cama…: ¡Olé!.


Al día siguiente, cuando la luz entraba por la ventana, ya le tenía diciendo lo mucho que me había echado de menos…: No esperaba menos de él.


En el desayuno, ya estaba exponiendo como arreglar nuestras diferencias…: Me encanta cuando los planes salen bien.


Y esa misma tarde, por fin, pude decir: “Oye, que mira, que te dejo, que es que eres inaguantable, predecible, aburrido, pelmazo, pesado, tedioso, monótono y un maldito machacón…. Además, esta relación está tomando un cariz que no me está gustando nada…¡ja!”


- Eres una hija de puta –me dijo-
- Ya lo sé. Eso es justo lo que te faltó por decirme en su momento. Me alegro de que por fin lo hayas descubierto.



¡Good bye, Lenin!

 
QUIEN TIENE UNA VECINA, TIENE UN TESORO
Quien tiene una vecina, tiene un tesoro… y más si tienes una vecina como la que tengo yo. Ella es francesa, parisina exactamente, el que sea una francesita instalada en Madrid no es que sea una ventaja… más bien diría yo que es un inconveniente. Sobre todo porque cuando me “alquilo” películas de su casa, no siempre tengo la opción de poder verlas en español. Pero esto algo que contaré más tarde.


Yo me instalé en esta comunidad un año antes que ella, el antiguo propietario de la que ahora es su casa, me daba menos juego. El vecino Juan era un aburrimiento, no tenía vida social, por lo que poco le podía cotillear. Se pasaba el día encerrado y tosiendo, por más que lo intenté, no le encontré nada de interesante. Sin embargo mi vecina me ha brindado la oportunidad de pasarme largos y aburridos ratos con la oreja pegada en la pared de mi salón para escuchar las conversaciones que se trae con sus amiguetes y amantes. También para seguir sus orgasmos y la frecuencia con que los práctica. La verdad sea dicha, mucho, lo que se dice mucho, no lo hace la buena mujer.


Mi vecina es la ex novia de mi ex novio. Mucho vivir en una gran ciudad y luego resulta que la que vive al lado tuyo se ha estado tirando al mismo tío que tú, aunque si tenemos en cuenta que vivimos en un ciudad, que por muy grande que sea, está llena de promiscuidad y que ambas alternamos sin salir de nuestro barrio, pues tampoco es tan complicado. El caso es que el que hayamos compartido a un mismo hombre nos ha unido de una forma curiosa. No es el único punto que tenemos en común, también tenemos otros muchos.


Ella también tiene gato, aunque no dos como yo. Ella, por motivos laborales y de placer, también viaja a menudo, así que cuando nos dimos cuenta de la de marronazos que podíamos ahorrar a nuestras amistades teniendo que venir a nuestras casas a dar de comer y cambiar la tierra de nuestros mininos, felices nos dimos las llaves de nuestros palomares y decidimos que cuando una no estuviera, la que se quedara se encargaría de los gatitos de la otra.


A mí, muy lejos de parecerme un incordio el tener que atender a Leo (que así se llama su gato), me siento pletórica cada vez que ella se marcha de viaje. Mi vecina me avisa, me da las llaves y al día siguiente ya estoy en su casa ocupándome del gatito en cuestión.


Ocupándome del gatito, de sus películas, de sus cd’s, de su ropa, de sus zapatos, de sus perfumes, de su sofá, de sus revistas y de todo de lo que pueda arramplar en su ausencia.


Qué interesante es la vida de los demás, sobre todo cuando la cotilleas de un modo clandestino. Si ella me permitiera fisgonear en su casa, ya no tendría tanta gracia y pasaría de hacerlo. Pero es marcharse de viaje y no poder soportar la tentación de entrometerme en su intimidad. El otro día pasé de quedar con unos amigos, porque me encontraba la mar de entretenida grabando y escuchando French Café que le "tomé prestado".


Mi vecina tiene un vibrador que guarda en el segundo cajón de la mesita de noche de la derecha según entras a la habitación, y que curiosamente no se lleva de viaje (a no ser que tenga dos, claro), mi vecina tiene una colección de zapatos bastante exquisita y lo mejor de todo es que calza mi mismo número. Mi vecina tiene buen gusto para la ropa y tiene un vestido verde y negro de Dolce Galbbana que en cuanto no está y se lo deja, yo me lo planto y me queda de miedo. Mi vecina es tan perra como yo o más.


Ayer fui a casa de mi vecina para ver que me “alquilaba” de su videoteca. Me llené de alegría y júbilo cuando comprobé que ya se había hecho con la 3ª, 4ª y 5ª temporada de Sexo en Nueva York. No creías que soy tan fresca como para tumbarme en su sofá y ver los mil capítulos en su casa, no… Me bajé a la calle para preparar lo que iba a ser una sesión dura de cine: compré un litro de helado Häagen-Dazs Strawberries & Cream en Suntuoso, luego me di un baño relajante, me planté el pijama de los domingos y organicé lo que iba a ser la mejor velada de los últimos tiempos.


Ya estaba preparada, me tiré en mi sofá y cual fue mi desgracia al comprobar que el menú de todos y cada unos de los DVD’s de Sexo en Nueva York sólo me daba las siguientes opciones de idioma:


- Český
- Dansk
- Deutsc
- E۸۸hnika
- English
- Françai
- Nederlands
- Norks
- Português
- Svenska


¿Y el español? ¡¿dónde cojones está el español?! ¡¿Qué puto idioma es el E۸۸hnika?!. Creía morirme, menuda mala pasada me había jugado la maldita de mi vecina, no sé a que francesa de tres al cuarto se le ocurre comprar todas esas temporadas de Sexo en Nueva York en unos formatos que no te dejen ver los capítulos en mi idoma. Mi domingo echado al traste.


Pasé del inglés, no estaba yo para pensar… y teniendo en cuanta que sólo iba a entender los nombres de las protagonistas y a duras penas, opté por verme la serie en portugués. Fue un coñazo, no era lo mismo y aunque entendía bastantes cosas, así no tenía ninguna gracia.


Me volví a su casa para devolver las películas y para ver si tenía otras opciones interesantes en su videoteca y que tuviera como opción el español, pero no, nada interesante, el resto de las pelis ya se las había “alquilado”.


De la forma más tonta me encontré en pijama, tumbada en su sofá y viéndome todos y cada uno de sus álbumes de fotos.


No sólo descubrí que el valiente cabrón de nuestro ex nos había llevado al mismo pueblo de mierda de Badajoz, que tiene una madre que se conserva muy bien, una hermana menor que es más mona que ella (tiene que ser su hermana porque tienen exactamente la misma nariz) sino que además comprobé ¡qué la jodia de ella asistió a una fiesta con un vestido mío!.


¡Já!, ¡lo sabía!, ¡sabía que ella hacía exactamente lo mismo que yo!, ¡sabía que yo no era la única descerebrada de esta comunidad!. Si ya sospeché la última vez que me marché de viaje que alguien había andado husmeando entre mis cosas; pero una de mis amigas me convenció diciéndome que no todo el mundo era igual de fresca y descarada que yo y que si se creía el ladrón que todos eran de su misma condición. Sí, sí… ya veo que el descaro no entiende de nacionalidades.


Evitaros el pensar que soy una histérica y que el vestido que me había robado para asistir a esa fiesta bien podía ser uno igual que hubiera comprado en la misma tienda que yo…¡no, no y rotundamente no!. Ese vestido lo mandé a hacer a una modista. Es único y sin igual y a la cabrona de ella le queda bastante mejor que a mí porque tiene mucho más canalillo (¿sería eso lo que realmente me dolío?). Me pasé dos días diseñando ese vestido, pagué a la modista como si lo estuviera haciendo al mismísimo Valentino, compré la tela de encargo e invertí todo ese tiempo y dinero para asistir a un evento que, dicho sea de paso, me llevó a conocer al que luego fue mi pareja durante, exactamente, 99 intensos días... y va ella y se lo planta sin ningún tipo de pudor ni compasión.


El domingo que prometia ser un domingo tedioso y de capítulos en portugués se puso harto interesante. Una vez comprobado que se había plantado uno de mis vestidos, me llevó a hacer un exhaustivo examen de cada una de las fotos de su colección. Comprobé atónita, que en otra ocasión se había puesto mis sandalias negras de Farrutx. Una verdadera y sorprendente desgracia.


Un sólo pensamiento en mi cabeza: ¿Cuántos cosas se había puesto sin mi permiso?. Por un lado me sentía orgullosa de mi armario, por otro, dolida y estafada; pero sobre todo me sentía impotente por no poder demostrarle mi resquemor. A ver quién era la guapa que le decía cómo había descubierto la engañifa.


Una cosa me llevó a la otra, y sin darme cuenta me sorprendí mirando en sus joyeros para ver que encontraba.


¿Qué creéis que encontré? Pues, buscando buscando, di con un par de pendientes míos. La verdad es que lo pendientes en cuestión me costaron cuatro perras y ni si quiera los había echado en falta… pero por el amor de los Dioses, son mis pendientes, yo al menos le devolvía las cosas...


Mi vecina volvió de viaje y yo tardé poco y menos en llamar a su puerta. Ahí estaba yo; sonriente, con MIS pendientes en mis lindas orejitas, con sus llaves en la mano y dándola la bienvenida a su dulce hogar. Me faltó la tarta de manzana para ser la perfecta vecina cínica americana que tantas veces hemos visto en las películas, pero no estaba dispuesta a cocinar para ella (amén de que no tengo ni puta idea de cómo se hace una tarta de manzana). Comprobé como, sorprendida y sin decir ni mu, miró los pendientes... yo me regodee en silencio. Hizo mutis por el foro, yo también.


Ahora sé que tenemos un pacto tácito. Nos “robamos” con permiso y lo consentimos, y como hay que cuidar al vecindario y a la mano que da de comer a tus gatos cuando tú no estás, he comprado la 6ª temporada de Sexo en Nueva York para que se la “alquile” de mi casa dentro de dos semanas que seré yo la que esté de viaje. Además, he limpiado detenidamente todas y cada una de mis sandalias para que se las ponga en mi ausencia.


Que disfrute de mi casa (y amantes) con salud, eso haré yo también de la suya (y suyos).


 
LOS AMIGOS DE MIS AMIGAS, SON MIS AMIGOS
Amigos de mis amigas


Queridos míos, hoy quiero presentaros a unas amigas, a tres mujeres excepcionales en todos sus aspectos. Me gustaría que me imaginaran haciéndoles la presentación como a una Madame de clase y estampa, como a una alcahueta que muestra a sus chicas, orgullosa de ellas, para conseguir un beneficio que aunque aún no sé cual es, estoy segura que podré sacar algún tipo de tajada. Estoy abierta a todo tipo de negociaciones.


Me fantaseo en un diván de terciopelo rojo estilo Luís XV, insinuando mis encantos, fumando de un largo cigarrillo y bebiendo en pequeños sorbos una copa de Moët Chandon. Mientras hago las presentaciones, mis chicas posan y pasean para ustedes, enseñando sus mejores armas, sus mejores galas, sus más excitantes y poderosas miradas.


Quiero que hagan sus apuestas, todas y cada una de ellas están a su merced, yo también lo estoy, siempre lo he estado, ya saben que vivo por y para ustedes. Mi precio es caro, ya me conocen, pero voy a ahorrarme las presentaciones de mi persona porque hoy no quiero ser yo la protagonista; no pretendo ser más pretenciosa de lo que normalmente soy. En este blog ya tienen toda la información necesaria de Coolkiku. Si alguno de ustedes estuviera interesado en esta Madame seudo escritora, debéis entender que mi precio es más caro, mis expectativas son más altas y mis intereses, atenciones y cuidados se les pueden hacer infinitos.


Cuando hablo de precio, no hablo de dinero, hablo de posibilidades. Si mis amigas tienen sexo, de alguna manera lo tengo yo también. Quiero estar siempre al tanto de lo que practican, quiero detalles escabrosos, quiero que me cuenten cómo fue, cómo se hizo, en qué lugar y cuánto fue de placentero. Quiero que me detallen los cuerpos, que me describan cada centímetro de la piel, necesito saber cuanto gozaron, en qué fallaron si es que hubo algún error y cual fue el momento cumbre y qué les hizo llegar a el.


Me gustaría organizar una recepción, una especie de fiesta donde nos encontremos ellas, ustedes y yo. Una velada donde la diversión y el placer estarán asegurados. Una reunión de erotismo, lujuria y vicio. No se preocupen de la organización, eso corre de mi cuenta; cuando tengo la oportunidad de ver el goce y el amor en su estado puro, no escatimo en gastos. Eso sí, sólo admitiré pujantes con clase. La ordinariez y el mal gusto nunca estuvieron presentes en este blog, por lo que esta vez, por ser un día especial, lo está aún menos. Hoy es fiesta nacional, hoy nos vestimos todos de Gran Gala.


Antes de comenzar la presentación, quiero dejar claro algunos unos puntos de interés: estas mujeres son mujeres de bien, mujeres de recursos, liderazgo; damas de destacada actuación. Son amigas mías, ¿qué podían esperar?. Son féminas cultas, educadas y exquisitas. Desalmadas en algunas ocasiones, bondadosas y complacientes en otras. Pero son mujeres, nunca lo olviden, por lo que tienen su dosis de cordura mezclada con su parte de locura. Tienen corazón, no se crean que no les afectan las cosas. Son sensibles, tiernas y todas y cada una de ellas se me han enamorado. Pueden volver a hacerlo en cualquier momento. Desgraciadamente, ninguno estamos libres de eso.


Ellas, como yo, siempre se encuentran abiertas a cualquier tipo de sarao en el que el amor, el goce y los hombres sean los protagonistas absolutos. Estamos deseosas de comprobar el resultado de ese artículo. Yo, personalmente, ya me estoy afilando el colmillo.


Pónganse cómodos y por favor, no se corten, pregunten lo que sea necesario, siempre y cuando lo hagan con educación, estaremos a su disposición y les daremos cada detalle que quieran saber.


Éstas son mis chicas…


EML. Psicóloga. Treinta y tantos. Tiene las piernas más largas, más delgadas y más bronceadas que jamás hayan visto. EML tiene una fantasía sexual que a día de hoy, no ha sido realizada (bueno, digamos que lo fue pero no resultó del todo satisfactoria), necesita, para poder seguir viviendo, a un secreta. Me explico: quiere hacérselo con un tipo que si no es de la policía secreta (si lo fuera, ya sería el súmmum), que al menos adopte el papel de una forma totalmente creíble. Le gustan fuertes, fornidos y altos (ella mide 1,70 por lo que, evidentemente, tendrá que superar esta estatura). Si la sube en un coche y de pronto pone una sirena azul sobre el techo, arranca a toda velocidad, hace como si estuviera recibiendo información por un pinganillo y la hace creer que está viviendo una situación límite, la tiene cachonda por los siglos de los siglos. A EML no le van las cursiladas, pueden evitarse con ella las bonitas palabras bajo la luz de la luna aunque, ojo, no se olviden de su corazón. Quiere acción, emociones fuertes, quiere a un guerrillero que la monte sin quitarse la cartuchera. Detalle a tener en cuenta: para ella el tamaño sí que es importante, puede mandarles a paseo, sin ningún tipo de mano izquierda, si al bajarse los pantalones descubre que lo que ve, no le resulta suficiente. Es una amante experimentada y es como una sirena: donde más disfruta es en el agua, un jacuzzi le resulta más que perfecto. Apostaría todo mi dinero a que un encuentro sexual con ella, puede ser la mar de excitante. Decídanse por EML si creen que pueden saciar a semejante criatura marítima.




MBD. Abogada. Treinta y tantos. Las mejores tetas que he visto y veré. Un busto de impresión, la envidia de cualquier mujer: un tamaño considerable sin llegar a lo exagerado, unos pechos realmente bonitos para los que no existe la edad ni la ley de la gravedad, pero sobre todo, lo que no existe para sus senos, son los sujetadores. Poner un sujetador a MBD sería como amortajarla. Tiene un precioso desnudo por el que un pintor del renacimiento, hubiera dado sus ojos (podéis dejar de masturbaros, si la he visto desnuda ha sido porque las circunstancias nos han hecho que durmamos juntas en múltiples ocasiones y porque hemos sido asiduas a un Hammam). Que no les engañe su bella carita angelical, los dioses la dotaron con un rostro inocente y cándido, pero puede ser la más perversa sin duda alguna. Si algo no le gusta o le molesta, lo va a decir sin que un solo pelo de la lengua se lo impida. Le gusta el romanticismo y su acompañante ideal es alguien leído y culto. Le gusta que la hablen, pero que la hablen de cosas interesantes, la palabrería barata no va con ella. Es otra amante experimentada a la que físicamente le gustan los tipos muy altos, extremadamente delgados y sin pelos en el cuerpo. Tiene una extraña manía y es que no soporta la palabra “pecho/s”, ya la he dicho que no me queda más remedio que emplearla en su descripción y que no encuentro más sinónimos que me gusten, pero es imposible con ella. Tengan en cuenta lo siguiente: si terminan observando esa octava maravilla, empleen cualquier palabra menos “pechos”, puede perder los papeles y se llenará de ira. Apuesten por ella si creen que pueden dominarse.




MCE. Economista. Veintimuchos. Es la benjamina, pero no por ello la más inexperta. Es una enamorada del amor y del romanticismo. Busca a un hombre mayor que ella y experimentado en lo que a los placeres carnales se refiere. Tiene un grandísimo sentido del humor y si le cae en gracia, puede hacerle sentir que usted es lo mejor que le ha pasado, es una aduladora nata. Una vez alguien dijo de ella que su piel era de una calidad excepcional, algo nunca visto, yo me muero de la envidia, porque aunque invierto todo mi dinero en toda clase de cremas, sospecho que nunca tendré la suavidad que tiene su epidermis. Su erotismo se centra en su pelo: brillante, largo, lacio y cuidado así como en sus hombros y clavículas huesudas. Posee unos ojos y una boca totalmente pornográfica. Tiene lo que yo llamo el “canto de una sirena”, cuando menos se lo espere y sin darse cuenta, estará enredado en una historia de amor sin fin. No sabrá si viene o va y ella, aunque no lo parezca, llevará las riendas de todo y hará de usted un pelele que sólo puede pensar en volver a verla. Si usted es más joven que MCE, no tiene nada que hacer, se reirá en su cara y le mandará a donde el viento da la vuelta, pero ya será demasiado tarde porque habrá quedando prendado de esa mirada y esa boca lujuriosa. MCE es un imán. Elíjanla si se sienten capaces de adentrase en la aventura pasional que con ella tendrán garantizada.




Ahora pueden elegir, hacer sus apuestas. Yo recomiendo que no opten por una sola, a no ser que entre todas estas palabras hayan encontrado lo que buscan. Dejen sus datos, pidan más detalles si lo creen necesario, ellas mismas o yo, contestaremos a sus dudas y preguntas. Juntémonos, amémonos pero hagámoslo todo con el buen gusto que caracteriza a este blog. Fijemos el día de la fiesta nacional, el día de la bacanal y del amor, les estoy ofreciendo algo que no les volverá a ser ofrecido. Oportunidades como esta, sólo hay una en la vida.


Por lo que a mi lectoras se refiere, no se preocupen, que aunque sé que la mayoría de ustedes están felizmente emparejadas, próximamente habrá una segunda parte donde “venderé” a mis amigos: esos hombres que usan más laca que yo y que están deseosos de féminas dulces que hagan de sus días, nubes de azúcar y algodón.


Besos de Madame para todos

 
SUNTUOSO, MALDITO CHINO CABRÓN
Suntuoso chino cabron

Suntuoso, así se llama el chino cacique de mi barrio. Si conoces Madrid y conoces la calle Pez sabrás de lo que hablo. Suntuoso tiene en esa calle: Alimentación Suntuoso I, Alimentación Suntuoso II, tienda de Fotografía Suntuoso, tienda de Moda Suntuoso y tienda de ¿todo a euro? Suntuoso. Hay otras muchas tiendas en las que sospecho que algo tiene que ver, como por ejemplo una en la que sólo venden fruta y verdura y cierra a las mil y monas (¿quién quiere una lechuga a las doce de la noche?), pero no lo puedo demostrar porque estas tiendas no contienen el nombre de Suntuoso.



He comprado en todas y cada una de las tiendas de Suntuoso salvo en la de Moda, pero he de reconocer que entré para ver qué entendía el chino Suntuoso por “moda”. Ahora que lo pienso, mientras escribo esto, me doy cuenta de que lo que os acabo de decir es completamente falso, también he comprado en la tienda de Moda Suntuoso: un anillo con un pedrusco verde que no puede ser más feo, pero en el momento en el que lo compré, me debió parecer que era lo más bonito sobre la tierra (eso, o tenía un necesidad imperiosa de gastar algo de dinero). El anillo en cuestión yace en una cajita llena de anillos que algún día dejaré en herencia no sé bien a quien.



Suntuoso me salva la vida cada dos por tres. Bien es verdad que fui la primera que renegué y juré en arameo cuando vi que los pequeños comercios de barrio de toda la vida se iban a la mierda y Suntuoso los abría a los dos días de quedar cerrados. Ahora, soy la clienta VIP de Suntuoso (yo es que tengo la fea costumbre de tragar con todo aquello de lo que reniego).



¿Qué a las tantas de la noche quiero chocolate? ahí está Suntuoso. ¿Qué me he quedado un domingo sin comida para los gatos? ahí está Suntuoso. ¿Qué de pronto un día me despierto y decido que lo que más necesito en el mundo es una vinagrera transparente, con pitorro de acero inoxidable y con asa? ahí, una vez más, está Suntuoso. ¿Y si regreso de viaje y tengo 876 carretes para revelar? (sí, yo es que todavía soy de las de carrete, a mí por las digitales aún no me ha dado), pues ahí está Suntuoso haciéndome precio especial y no cobrándome los negativos en CD.



Suntuoso es maravilloso, su propio nombre lo dice. Suntuoso es celestial, tiene todo lo que necesites y a la hora que lo necesites. Es un chino fantástico que si no tienes lo que buscas, te lo consigue. Si le preguntas si tiene tabaco mientras que tiene gente en la tienda, te dice que no, pero cuando comprueba que nadie le escucha, te pregunta qué tabaco es el que quieres y te lo saca de una bolsa de plástico que tiene guardada dentro de una mochila que está debajo de su mostrador.



Suntuoso me perdona dinero. Han sido ya muchas las veces que me han faltado algunos céntimos y me los ha perdonado… y que te haga eso un chino son palabras mayores. A Suntuoso le he dicho que ponga un invento que me lleve comida china a domicilio, porque yo se la estoy pidiendo a Dahua, que aunque me da muchos bonos restaurantes (puntos que luego te sirven para posteriores descuentos), están un poco lejos mi casa y tardan en llegar. Aunque el chino de la moto es rápido (un chino encantador que no habla palabra de castellano), cuando yo necesito comida china a domicilio la quiero ipso facto, no la quiero a la media hora que es cuando me la traen.



Pero hoy Suntuoso ha sido un chino muy malo. Me ha dejado jodida para el resto del día. Suntuoso me ha metido el dedo en la yaga, en la que escuece, en esa yaga en la que no quieres que nadie te meta el dedo… No entiendo muy bien el por qué lo ha hecho. Suntuoso me ha puesto en ridículo delante de un montón de clientes. Suntuoso se ha portado muy mal. Fatal.



Hoy es viernes noche, en Madrid llueve y mi teléfono hace cosas muy raras (sospecho que se ha estropeado): sólo recibe llamadas de amigas, padre, madre y hermanas. No sé que le pasa que no entran llamadas ni mensajes de hombres (mi padre no cuenta), algo le pasa a este dichoso teléfono o a Movistar que se han empeñado en joderme la vida. Yo no hago otra cosa que mirarlo, agitarlo e ir a las opciones del teléfono y comprobar una y otra vez que no tengo nada bloqueado que haga que los maromos que están en mi agenda les impida el comunicarse conmigo, pero nada… mi teléfono sólo suena para llamadas sin relevancia.



A eso de las 23:30 hrs he decidido que tenía una urgente necesidad de visitar a Suntuoso y hacer algo de compra, artículos que hasta ese momento no me había dado cuenta que necesitaba y que de pronto he pensando que tengo que adquirir ya que si no lo hago, moriré. Me he bajado con mi traje de noche y unas All Star rosas y verdes preciosas que NO compré a Suntuoso. Algunos de vosotros ya sabéis de esta extraña manía que tengo en bajar en pijama o camisón a la calle (sí Señor, en camisón también he bajado… y bien orgullosa que me siento de ello) pues hoy lo he hecho una vez más: he salido con mi peores pelos, con mi móvil en la mano (por si de pronto le da por funcionar), con mi bolso cruzado, sin paraguas (es que Suntuoso está a la vuelta de la esquina) y me he ido a Alimentación Suntuoso I.



La I es la que más me gusta, es la primera, en la que me sé donde están todas las cosas y es donde está mi Suntuoso o el que yo creo que es… y es que claro, ponte tú a averiguar cual de todos ellos es Suntuoso, yo sola decidí que ese chino en concreto era Suntuoso y no me pienso bajar del carro. Aunque me venga otro chino, con su DNI chino en el que ponga en chino que es él Suntuoso, para mí Suntuoso siempre ha sido y será ese chino bajito, flaco y con el pelo grasiento que siempre tiene una tele puesta en la que dicen cosas en chino.



Pues bien, que como siempre me voy del tema, he bajado con mi pijama último modelo a hacer la compra, he cogido de sus diferentes estanterías todo lo que necesitaba y lo he soltado todo sobre el mostrador sin que se me cayera nada (Suntuoso aún no tiene cestas ni carros como el Carrefour, pero al tiempo…), he sacado la cartera para pagar mis adquisiciones y después de decirme el pastizal que tenía que pagarle y antes de que me lo metiera todo en sus bolsas recicladas de El Corte Inglés, me ha dicho:




Suntuoso: Estás deplimida, ¿eh?
Coolkiku: ¿yo? Pol qué (es que ya hablo algo de chino)
Suntuoso: No, pol nada… ja ja ja ja ja




¿“ja ja ja ja ja”? ¡Maldito chino cabrón! ¡¿por qué tienes que reírte de mí?! ¡¿En qué notas que estoy deplimida?!, ¡¿sólo porque llevo: un bote de agujeros de filipinos en chocolate blanco, otro bote de agujeros de filipinos en chocolate negro, una tarrina de medio litro Häagen Dazs de vainilla con nueces de Macadamia, una tarrina de medio litro de Häagen Dazs de chocolate con trozos de chocolate, un paquete de mini Donuts, un paquete de Donetes, un litro de batido de Okey de fresa y una caja de galletas Fontaneda Hob-Nobs 60% Avena, trigo y chocolate negro pero integrales para no engordar?! ¡¿Sólo porque me lleve todo eso y te haga millonario (es que no veas a que precio vende el Häagen Dazs) me tienes que decir a la cara, sin pudor ni compasión, que estoy deplimida?!.




Suntuoso, eres el chino más malo sobre la faz de la tierra, eso no se hace a tu clienta VIP, no se hace a esa clienta tuya que te recomienda que hagas tarjetas de puntos como hace el VIPS (¡yo ya tengo la oro, por cierto!), la que te anima a que abras un restaurante con comida a domicilio, la que te da de comer, la que te sonríe, la que te preguntas que estás viendo en la tele china, la que te enseña las 31.536 fotos que acaba de revelar en tu otra tienda suntuosa, la que te dice que te eches un champú antigrasa, la que siempre se acuerda de ti cuando tiene algo urgente que comprar… ¡Eso no se me hace! Y menos, maldito chino cabrón, cuando tienes a un montón de gente en tu tienda comprándote cosas y mirándome con cara de “es verdad, pobrecilla, está deplimida”.




Ha conseguido que salga de la tienda sintiéndome fatal, casi a punto de que se me ponga los ojos llorosos, cargada como una mula, mojándome, viendo como se lo pasa bien la gente y viendo también, como mi puto móvil sigue sin sonar en forma de llamada o mensaje de hombre… Pero… aja-já… Aún me quedaba algo que decir a ese chino malo, dos palabritas que iba a entender muy bien. Coolkiku nunca se calla y menos cuando ha sido humillada de esa manera. Llena de valor he dado media vuelta, he vuelto a entrar en Alimentación Suntuoso I, he dejado las bolsas en el suelo, me he acercado a Suntuoso y le he dicho en voz baja y al oído para que no nos oyera nadie.




Coolkiku: ¿Tienes tabaco?
Suntuoso: Sí, ¿el de siemple?
Coolkiku: El de siemple




NOTA: Suntuoso, chino malo, este artículo te lo dedico a ti en forma de VENGANZA, que todo el mundo sepa quién eres, donde estás y como tratas a tu mejores clientas.
 
9 CONSEJOS PARA UNA CITA EXITOSA



Hoy siento que tengo que daros unas cuantas lecciones, llamémoslas de “humanidad” o comportamiento. Cada vez son más las personas que se acercan a mí para pedirme consejos de relaciones con el sexo contrario (de homosexualidad aún no las trabajo, pero supongo que vendrán a ser lo mismo). De algún modo les gusta de qué forma camino por la vida y quieren parecerse a mí… o más que a mí, digamos que quieren ver las cosas desde el prisma en que yo las miró.




Os voy a dar unas cuantas pautas. Cosas que debéis o no debéis hacer en ciertos casos y/o situaciones.




En todo momento voy a hablar de relaciones de más de un día, relaciones que pretendemos tener con alguien que nos gusta más de la cuenta, no para rolletes de una noche. Para cómo tener un rollete de una noche, hablaré otro día, porque ese, es otro tema (no menos interesante, dicho sea de paso).




Pongámonos en situación: hemos conocido a alguien y ese alguien nos ha impactado. Lo ha hecho lo suficiente como para que deseemos verle/a de nuevo. Tanto que los últimos días, nos hemos levantado y acostado pensando en esa persona y en la forma de volver a estar con ella.




Allá van y de nuevo, como otras ocasiones, hacedme caso si lo que queréis es triunfar. Sabios consejos de Coolkiku:




Pauta # 1. Eres el gallo del gallinero: No puedo evitar en este primer punto hablaros en forma de ejemplo personal. No hace demasiado, digamos un par de meses, me las iba y venía con un tipejo que resultó tener la personalidad de una fotocopiadora. En la segunda o tercera cita (no recuerdo bien) me llevó a cenar a un restaurante jordano. El caso es que el camarero que nos atendió se dedicó a tontear conmigo sin ningún tipo de pudor ni disimulo. Todas las atenciones eran para mí, me regaló un CD de música jordana (por cierto, ¿dónde habré puesto yo ese CD?), me invitó en exclusiva a un licor, me soltó una tarjeta con su número “por si un día quería reservar yo sola” e hizo mención de lo guapa que lucía en más de una y dos ocasiones. Mi acompañante, durante toda la cena, se dedicó a mirar atónito al camarero y a hacerse cada vez más y más pequeño. He de señalar (aunque algunos de vosotros no lo creáis) que mi respuesta hacia el camarero siempre fue de desaprobación y protesta. Lo que me molestó de todo eso, no fue ya la actuación poco profesional del camarero (oye, cada uno liga como quiere y puede) sino la falta de actuación de mi pareja; a las mujeres nos gusta sentirnos protegidas y no desamparadas cuando vamos acompañadas de un tiarrón. Recuerda en todo momento, que tú eres el acompañante, el que tiene la sartén por el mango: es tu chica, tu cita y tu noche, eso que no lo cambie nadie; ni un camarero de tres al cuarto, ni un portero de discoteca ni Clive Owene en persona. Si ella ha decidido cenar contigo ese día, por algo será. Una mirada de asesino al camarero, unas palabras adecuadas cuando vayas al lavabo, un gesto de desaprobación o un comentario certero, pueden sacarte de esa incómoda situación. Recuérdalo: tú eres el gallo del gallinero y esa gallina es tuya y solamente tuya, al menos por esa noche.




Pauta # 2. Más bonita que ninguna: Estás deseando quedar con él, por fin te ha llamado y por fin vais a quedar. Pues haz de esa noche algo especial y como tú eres el 50% del protagonismo, haz que esa mitad luzca como una verdadera estrella de Hollywood. Bien sé que no lo eres, yo tampoco lo soy, pero para asemejarse a ello, al menos tienes que creértelo. Prepárate para la cita y hazlo a conciencia. Empieza a arreglarte con hora y media de antelación, sal antes del trabajo (seguro que alguna compañera puede hacerte “la gamba”), vete en taxi a casa u organiza tu día como creas conveniente, pero haz lo que sea necesario para poder tener tiempo en prepararte para la ocasión. Seguro que él lo merece (tú también). Date un baño o ducha con toda la tranquilidad del mundo, prepara todos tus potingues, saca todas esas cremas y sales de baño que te han regalado y que siempre te ha dado pena usar “porque se te gastan”. ¡No seas roñosa!, esa es una ocasión especial como cualquier otra, además, ¿quién te dice que vas a volver a tenerla?. Prepara tu piel para que sea la más suave, mezcla el aceite de baño con el body milk y envuélvete en un albornoz para que chupe bien. Quítate todo los pelos necesarios y hazte una mascarilla para tener un rostro reluciente (te recomiendo una máscara facial mineral del mar muerto, ahora las consigues incluso en monodosis). Píntate, péinate y no escatimes en tiempo y esfuerzo. Lo que queremos conseguir es que, cuando te vea, vea en ti esplendor por los cuatro costados. No quiero que llegues fatigada y ojerosa a tu cita, quiero que vayas con tu mejor cara. Ah, intenta que todas tus citas con él, en la medida de lo posible, sean siempre así. Recuerda siempre que tú eres la más bonita y con la que ha decidido estar y si tú no te quieres y te ves preciosa, querida, no te van a querer los demás y mucho menos te van a ver “más bonita que ninguna”.




Pauta # 3. Habla de lo que haga falta: Harta estoy de leer en revistas femeninas y de diferentes índoles que en la primera cita no se hablen de temas escabrosos. No señor, una vez más, todos ellos están equivocadas. Es justo en la primera o primeras citas donde hay que hablar de esos temas arduos y comprometidos. Imagina que tú eres más facha que Don Pelayo y ella más roja que un Bolchevique, ¡pues tendrás que saberlo cuanto antes!, vamos… digo yo. Luego la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida y las cosas, malas o buenas, que se sepan cuanto antes mejor. Luego no me vengáis con lloros de que si él es tal o cual cosa y no lo sabías, o que si ella me resultó ser de tal o cual partido. No tengas miedo a proclamar tus ideales, digo yo que por algo los tienes. No repares en preguntar, en saber, en conocer que pretende o quiere de la vida. Si estáis hechos el uno para el otro, cualquier cosa la vais a poder superar (ejem, quizá cualquier cosa es mucho decir) y si no estás por la labor de superarla porque no te salga de ahí o porque no te trae cuenta, es el momento de no seguir perdiendo el tiempo. Cuanto más tarde te enteres de “el problema”, peor será y eso te habrá hecho perder dinero y un tiempo precioso que podías haber dedicado a otra persona o menester.




Pauta # 4. El escenario de un club: De un club o de lo que haga falta. Al final, todo pensamos en lo mismo, da igual que seas hombre, mujer o hermafrodita. Todos, para finalizar, queremos poner la guinda al pavo, terminar como deben terminar esas noches: sucumbiendo al placer y al amor. Tenemos nuestros cuerpos para usarlos y para hacer buen uso de ellos… pues prepara el escenario para que todo resulte perfecto. A veces las cosas no salen como nosotros queremos, puede que ella nos salga estrecha o puede que todo se tuerza según pasan las horas, pero por si acaso, ten el escenario preparado. Si vives solo o sola, deja tu casa preparada por si, si dios quiere, tienes visita esa noche. Déjala recogida, echa en la lavadora toda la ropa sucia que tengas por medio, que la casa se vea ordenada y pulcra. Pon sábanas limpias y perfumadas, deja el baño recogido y sin nada desagradable a la vista… pero sobre todo, déjalo higiénico. Al baño, tu acompañante, tendrá que ir antes o después, y es en ese lugar donde todos aprovechamos para mirar que hay alrededor. No tengas platos sucios en el fregadero, da mal aspecto, mal olor y da la sensación de que eres un completo desastre. No dejes nada por el suelo, con un poco de suerte entráis en la casa con un calentón y a oscuras y no queremos que ella o él pisen algo que le haga desnucarse. Si no tienes casa, mal asunto, pocos consejos puedo darte, quizá lo único que pueda decirte es que empieces a ahorrar para comprarte una chocita o que te alquiles algo, ya va siendo hora de dejar de ser un parásito y salgas de casa de tus padres. ¿Ves como en ocasiones como ésta prefieres estar independizado?. Pues eso.




Pauta # 5. Pon todos tus sentidos: Estamos hablando en todo momento de que esta persona te gusta más de lo normal, en cualquier caso, que te gusta más de lo que te han gustado tus últimas citas o al menos lo suficiente como para plantearte algo con es alguien. Pues bien, cualquier detalle es digno de tener en cuenta. Hay pequeñas particularidades y gestos; señales del cielo o terrenales, que nos pueden decir mucho de esa persona que tanto nos interesa. Si vais por la calle y él camina con un paso tan firme que pisa la cabeza, los pies o cartones a un pobre mendigo, eso nos puede decir mucho… y no precisamente nos está diciendo que camina por la vida con paso seguro, sino que es un valiente cabrón sin miramientos. Vamos, que no estoy diciendo que deje toda su herencia al homeless, sino que tenga un poco de cuidado y compasión. O por ponerte otro ejemplo: si en tu casa tienes animales de compañía y él o ella trata al gato, perro, canario o anaconda de una manera digamos, “poco cariñosa” (ojo que no estoy diciendo que trate a tu animalito con la misma dulzura que a ti) pues toma buena nota. No te olvides que ese animal de compañía es un ser vivo como otro cualquiera y que tú también lo eres. Lo que le haga a ese pobre animal, bien podrá hacértelo a ti cualquier día de estos. Lo que te quiero decir es que te andes avispado con ciertos comportamientos que en un momento dado, puedes hacer la vista gorda y creer que tienen poca importancia. Esos pequeños detalles pueden advertirte de muchas cosas que te pueden resultar más que interesantes.




Pauta # 6. Háblame en la cama: Pues sí, habla en la cama como ya cantó María Jiménez, pero mucho cuidadito con lo que dices. Si lo que te gusta es insultar o que te insulten, ten prudencia con esto la primera vez que copulas con esa persona. Hay tiempo para todo y con estas cosas es mejor andar poquito a poco (no como en la pauta # 3). Como con todo esto lo que pretendo es que tengáis otras ocasiones para volver a veros y que no quede todo en lo que pudo ser y no fue, vamos a comportarnos con suma cautela. A ti te gusta insultar y decir obscenidades, me parece genial, pero no le pongas de hojita perejil el primer día que te lo haces con él porque probablemente las posibilidades en volveros a encontrar van a ser mínimas. Imagínate la escena: os estáis conociendo, todo ha ido bien durante vuestra cita y a la primera de cambio, una vez en la cama, vas y le sueltas “maldito cabrón dame duro” o “huumm, eres un cerdo hijo de puta”, pues oye, como que se nos puede acojonar un poco. O pongámonos en el caso inverso, no debes olvidar que las mujeres somos muy sensibles con este tipo de cosas y hay quien se lo puede tomar a tremenda y por el lado que no es; recuerda que la muchacha se ha pasado hora y media arreglándose para ti para que, sin previo aviso de lo que te gusta hacer, le sueltes “pedazo de guarra, como me gusta que seas tan cerda”, pues chico, lo más normal es que acabe pensando que no huele del todo bien o que se haya olvidado de echarse desodorante. En resumidas cuentas: está muy bien lo de los insultos y obscenidades, pero con tiempo y una caña. Según os sigáis viendo iréis tomando confianza y, si todo marcha bien, al mes ya os podéis insultar con toda la tranquilidad y sin que nadie se eche las manos a la cabeza.




Pauta # 7. Controla tus impulsos: Esta es una continuación de la pauta anterior, quiero insistir mucho en esto porque considero que en la cama es donde se decide si vamos o no a volver a ver a esa persona. Digan lo que digan, el sexo es el gran pilar de las relaciones (vaaale, añadiendo alguna que otra cosilla más) y hasta que nuestro cuerpo y edad nos lo permita, vamos a querer seguir disfrutando de ese bien tan preciado con el que nos ha gratificado la madre naturaleza (aunque yo creo que es más cosa de dioses). De nuevo os voy a poner un ejemplo personal: me presentaron a un maromo con el sólo me hizo falta una pequeña conversación, para darme cuenta de que entre nosotros saltaban chispas. Yo soy alguien muy pasional y no sé que carajo desayuno por las mañanas que cada día lo soy más (pasional es una bonita forma de decir “cachonda”). Mi buen olfato me hizo ver que él lo era tanto o más que yo, pero sólo me hizo falta darle unos besos para decidir que se iba a acostar con él Rita Pavone, porque lo que era yo, desde luego no iba a ser. El maldito cabrón me pegó un mordisco en la lengua que aún me está doliendo. Primero la succionó con todas sus fuerzas hasta que pude lamer su intestino delgado, luego la mordió con tanto vigor, que me pasé dos días a base de líquidos y tomando los alimentos con pajita… y esto no es una exageración, podéis preguntar al médico de mi empresa que, atónito y sin preguntar, me recetó Betadine Oral. Me viene a la mente otro tipo con el que sí que llegué a sucumbir, éste capullo, en un ataque de pasión, me levantó con tanto brío e ímpetu que me dio en la cabeza con una de las vigas de mi dormitorio (vale que sea un poco abuhardillado): me hizo un chichón de tres centímetros. Por supuesto que no volví a quedar con él. Aún me pregunto si no me ha causado un importante daño cerebral irreparable. Pues eso, que lo que os quiero decir con toda esta parrafada, es que dominéis vuestros impulsos y fuerzas. Algo desmedido puede que os haga no volver a ver a la persona que tanto deseáis.




Pauta # 8. Una retirada a tiempo: Habéis conseguido pasar una velada fantástica y habéis logrado superar la gran prueba de fuego en la cama. Os habéis despertado llenos de amor y con cara de lelos mirándoos el uno al otro, os sentís bien, todo ha marchado según lo previsto, pero la luz de la mañana entra a raudales y algo hay que hacer. Después de echar el/los polvote/s mañanero/s (de suma obligación) y otra vez quedaros extasiados y con carita angelical, os podéis estar un buen rato en la cama retozando y recordando en lo que pensaste la primera vez que le viste o lo que sentiste cuando la viste llegar más bonita que un San Luís, pero no te estés en la cama hasta que te salgan yagas, llega un momento en que algo hay que hacer. Puede ser un desayuno con algo que haya en la nevera, puede que bajéis a la calle a por una barritas de tomate y aceite que tanta energía da o puede incluso que llaméis a un tele chino porque os ha dado la hora de comer y hace hambre; pero lo que está claro es que llega un momento en que hay que hacer un retirada. No te instales como si hubieras decidido, sin ayuda de nadie, que estás tan a gusto que te quedas ahí hasta que te echen. No, esa persona tiene una vida y tú tienes otra. Sé de uno que sacó un pantalón de chándal de la mochila y encendió la televisión porque corría el cansino de Fernando Alonso. Si quieres ver la tele vete a tu puta casa que para eso la tienes. Si la otra persona quiere que te quedes más tiempo, te lo hará saber (y si no, peor para él/ella) y en cualquier caso, la sinceridad nos puede sacar de muchas dudas, no pasa nada porque preguntes “¿quieres que me quede?”, “¿tienes algo que hacer?” a lo mejor hasta podéis hacer un completo y esa misma tarde ir al cine, pero no te olvides de que en algún momento tendrás que marcharte (y cambiarte de muda). Como todo ha ido bien, tenéis una vida por delante para volver a veros, hay tiempo para todo. Ya te cansarás de ver su careto.




Pauta # 9. El día después: ¿Qué hacer el día después de la gran cita? Esta pregunta es la que oigo una y otra vez y no me canso de repetir siempre lo mismo: LO QUE REALMENTE TE APETEZCA. Hasta las mismísimas narices estoy de la gente que se hace la interesante, hasta las narices por no decir hasta el coño que en realidad es lo que me dan ganas de decir. No queridos, dejar eso para la gente que en realidad lo es, nosotros somos de andar por casa (aunque algunas lo disimulemos mejor), nos mueven las pasiones y por esa misma razón hay que dejarse guiar por nuestros instintos animales. Son tantas, tantísimas las personas que se quedan con ganas de algo porque les puede el hacerse el interesante o importante, que por esa misma razón, son muchísimas las personas que se quedan con ganas de todo. Veamos, si lo que te apetece es poner un mensaje a la otra persona para preguntarle cómo está, ¡hazlo!. Vivimos en la era de la comunicación, tienes mil y una maneras de ponerte en contacto con él o ella. Manda un email, haz una señal de humo, envía una paloma mensajera, llama por teléfono o simplemente pon un sms, pero si realmente te apetece ponerte en contacto, no entiendo que te impide el hacerlo. Eso sí, un poquito de mesura, ¿eh? que luego nos volvemos locos y nos dedicamos a llamar cada cinco minutos para preguntar que estás haciendo, que eso también me lo sé y lo único que consigues con eso es que te quedes como “El Paranoico” y te contesten que está haciendo exactamente lo mismo que hace cinco minutos: trabajar... y que si no le dejas en paz lo que va a hacer es ir en tu busca para asesinarte por ser un puto y maldito pesado.




Y esto es todo por ahora. No me deis las gracias, lo he hecho de sumo placer. Si necesitáis alguna aclaración, no dudéis en preguntarme, si puedo contestaros porque no me esté arreglando para una gran cita, lo haré encantada. Eso sí, como os pongáis muy pesado os empezaré a cobrar dinero. Todos estos consejos valen su peso en oro y cualquier día de estos me planteo el ganar dinero con ellos.




Saludos cordiales,



 
SIMPLEMENTE... ALGO DISTINTO

¿Quién mejor que una página que se hace llamar algodistinto puede hacer una crítica de este blog? No se me ocurre nadie mejor… o al menos nadie con mejor nombre para lo que se lee y cuece aquí.


Gracias a la gente de algodistinto.net por hacer una estupenda crítica de este blog (para más información, pincha aquí) y gracias a todos vosotros por seguir dejándoos ver por este espacio.


Coolkiku, personajillo completamente visceral (o personaja, como bien dijo alguien por ahí), ha conseguido en este tiempo levantar alguna que otra ampolla, suspicacias, enfados y alabanzas. Coolkiku ha recibido críticas buenas, otras no tan buenas, se ha llevado algún que otro insulto y dicho sea de paso, alguna que otra proposición deshonesta (muy deshonesta, créanme). Todas y cada una de estas cosas, ha hecho que Coolkiku se crezca un poquito más y que no deje de escribir (aunque no tanto como ella quisiera) para contar lo primero que se le pasa por la cabeza y para haceros ver la vida desde otro punto de vista: desde uno bien distinto.


Gracias por saber entender que esto es ALGO DISTINTO.




 
HAGAN JUEGO SUCIO, SEÑORES
Pues sí, como muchos de vosotros ya sabéis, este blog, el cual empezó de la forma más tonta y en clave de regañina, está como finalista en el concurso del diario gratuito 20 Minutos. Exactamente participa en la categoría Mejor Frivoblog.


No lo voy a negar, fue una alegría para mí el enterarme que estaba finalista. Me hizo (y aún me hace) mucha ilusión. De paso, os doy las gracias a todos y cada uno de vosotros que me votasteis. Claro está que sin esos votos, este humilde blog (que no humilde escritora, ojo) está donde está. Gracias de corazón.


Quiero aclarar unos cuantos puntos y quiero dejarlos por escrito antes de que sea el día de la entrega de premios. Si no lo hago, reviento… y ninguno de nosotros queremos eso.


Los que me leéis con asiduidad ya sabéis, más o menos, como se las gasta Coolkiku. No hace falta que os diga que soy políticamente incorrecta, ni que soy algo necia, manipuladora, amén de engreída, clasista y materialista, Creo que de todo eso ya os habéis percatado, me alegraría de que así fuera.


Otros, ya os habéis dado cuenta de que tengo otros múltiples rasgos de personalidad. Hay incluso hasta quien cree que tengo virtudes, lo cual, también os agradezco mucho. Yo también pienso que las tengo… y muchas.


Pero quizá hasta ahora no os he contado lo competitiva que soy. Si juego, es para ganar. No me vale eso de lo importante es participar y sandeces semejantes. Si participo o juego en algo, lo que pretendo y quiero en todo caso es ser la vencedora, la number one.


No me gusta ni quiero perder. Odio perder. En mi infancia, fui la niña insoportable que se cogía tremendos berrinches si no ganaba aunque fuera jugando al parchís. Era la que daba un manotazo al tablero de La Oca y mandaba las fichas a donde cristo perdió el sobrero cuando se tiraba más tiempo de la cuenta sin salir del calabozo. La que, si jugaba al Monopoly, no tenía piedad con sus hermanitas o vecinas arruinadas: me guardaba el dinero al más puro estilo Tío Gilito, me reía a pulmón abierto y sin piedad si caían en mi calle repleta de hoteles y casas. Eso sí, temblaba la habitación cuando era yo la que tenía que pagar o mi avaricia me llevaba a la más absoluta ruina. Los cimientos de mi casa se resentían y el juego dejaba de ser divertido.


La trayectoria de mi vida ha transcurrido igual que cuando era una niña, el ansia por ganar ha marcado mi vida. Esto siempre ha ido ligado a mi afán de protagonismo y a mis enormes delirios de grandeza. Quiero ser el niño en el bautizo, el muerto en el entierro y la novia en la boda (este orden no es precisamente aleatorio). Necesito ser la mejor en mi trabajo, quiero llegar a ser la más lista, la más culta y como no, la más bella.


Quiero tener el pelo más brillante que nadie, la piel más tersa y suave, quiero vestir la mejor ropa, lucir las mejores piernas y calzar exquisitos zapatos de tacón. Quiero ser una vencedora. No quiero medias tintas en nada.


Necesito escuchar de forma continua que soy la mejor en la cama, que mis besos son los más ricos y agradables… quiero ser la mejor amante porque quiero ser la mejor en todo.


Recuerdo a un antiguo compañero de trabajo, el cual, estoy segura, de que él también se tiene que estar acordando de mí. Tuvo el infortunio y la mala idea de querer ser mejor que yo y de hacerlo de una forma sucia. El quiso competir conmigo y lo consiguió: me presenté a un duro proceso de selección de un puesto que no me interesaba en absoluto y lo hice sólo porque él deseaba ese trabajo y por ende para joderle y pisotearle. Quería hacerle ver que yo valía tanto o más que él. Uno de los días más felices de mi vida fue aquel en el que me dieron ese puesto y delante de él lo rechacé con una sonrisa de oreja a oreja.


Ganar es uno de esos grandes placeres que nos proporciona la vida. No hay que perder la oportunidad de disfrutar de ese éxtasis.


No nos vamos a poner a valorar si sufro un trastorno de personalidad narcisista o cualquier otro tipo de patología. Eso vamos a dejárselo a mi psiquiatra para que se gane sus honorarios. Ya sé que mi comportamiento es, a menudo, ofensivo y que puedo llegar a ser muy arrogante, egocéntrica y mezquina. Todo eso no hace falta que me lo diga nadie, ya lo sé yo… pero hoy he venido aquí a hablar de otra cosa.


Señoritas y Señoritos que concursáis conmigo: se me ha revuelto el estómago cuando me he puesto a leer vuestros últimos artículos llenos de falsedades y cursiladas. No nos engañemos, aquí todos queremos ganar y que nos engrandezcan.


No esperéis a que haga lo que vosotros y diga que estoy loca de contenta porque por fin, el día de la fiesta, voy a conocer a fulanita o a menganito. Que estoy que no quepo en mí porque de una vez por todas voy a poner cara a todos los blogueros (puaj, odio esa palabra) de la red. Que no me importa si no me llevo el premio porque va a ser una ocasión ideal para hacer nuevos amiguitos.


¡Por Dios y por tres!, ¡¿de qué estamos hablando?!, ¡¿de los Mundos de Yupi?!. ¡Pues no!, a mí me trae por culo poner cara a todos los memos que, como yo, pierden el tiempo escribiendo sus sandeces en un blog. Yo no quiero hacer amiguitos nuevos ni quiero ninguna Chupi Pandi. Yo ya tengo mis amigos y ni necesito, ni quiero tener más. Yo lo que quiero es ganar y machacaros a todos, llevarme esa maldita estatuilla y ponerla en mi casa y que cada vez que la vea, pueda recordar que la que gané fui yo y solamente yo.


No pienso decir que si yo no gano me gustaría que lo hiciera Perico de los Palotes porque es mi súper amigo bloguero que se lo merece un montón y es divino de la muerte. No queridos míos, quiero ganar yo y si no lo hago, no quiero que gane nadie.


Juguemos sucio Señoritas y Señoritos, es mucho más divertido. Os invito al machaque y a la antideportividad. Yo ya estoy sacando puntas a mis alfileres para ser clavados en vuestros respectivos muñecos vudus. Yo que vosotros tendría mucho cuidado con las ruedas de vuestros coches y con los medios de transporte que vais a utilizar el día 6 abril. Yo que vosotros, me cuidaría muy mucho durante todos estos días.


Pongamos las cartas sobre la mesa y permitirme que yo me meta un as en la manga. Démonos codazos el día de la entrega de premios y creemos un ambiente hostil durante la fiesta. Gritemos “¡tongo, tongo!” cuando no nos llevemos el premio. Defendamos con uñas y dientes nuestros blogs y desmerezcamos a los que compiten con nosotros.


Hagamos campaña a nuestro favor y de difamación contra el resto. Intentemos camelarnos a los miembros del jurado. Mujeres, usemos nuestras armas de seducción sin miedo a las feministas, que los hombres se busquen su hábiles formas de vencer. Sintámonos cada uno el mejor de nuestra categoría y miremos por encima del hombro al resto.


Claro que he pensando en la posibilidad de perder, la tengo en mente y no descarto esa perspectiva. Sólo espero que, si eso ocurriera, el recinto del Parque Juan Carlos I tenga un buen sistema antiincendios y un magnifico plan de emergencia.


Por la parte que a mí respecta sé cuales son los puntos que tengo a favor y cuales son los que tengo en contra. Bien sé que mi blog es menos visitado que los de la gente con la que compito; en mi defensa diré que desde que nació este espacio, me negué desde el primer momento a hacer publicidad gratuita a otros. Aunque tengo una lista de blogs que leo asiduamente (estos precisamente no concursan) y que me amenizan de lo lindo por su calidad y sus entretenidos y lucrativos textos, nunca les he promocionado ni pienso hacerlo. También soy consciente de que cuento con un diseño de pocas florituras, pero me reconforta saber que mis textos, aunque largos (siempre estuvieron enfocados a gente que, como yo, es capaz de leer más de tres párrafos seguidos) son buenos y sin faltas de ortografía. Pero sobre todo y lo que me llena de júbilo, es que este blog siempre se destacó por ser frívolo, desde su primer hasta su último artículo.


Y hasta aquí queda todo dicho, que dios reparta suerte y queridos míos: hagan juego sucio… muy sucio. Divirtámonos.



 
DESEOS DE CONCUPISCENCIA



Cuando los dioses se enfadan con un hombre, le conceden todo lo que pide” (Esquilo, Dramaturgo griego; 524-546 adC).


Pues sí queridos míos, cuanta sabiduría hay encerrada en esa frase, sólo hay que ponerse un pelín filosófico para darse cuenta de que si se nos concediera todo lo que anhelamos, viviríamos en un infierno hecho a nuestra medida. Doy fe de ello, una vez más hablo con conocimiento de causa.


Soy muy dada a clamar al cielo, a ponerme muy dramática y levantar los brazos rogando que se me conceda tal o cual deseo de última hora. Me doy golpes de pecho e imploro que se me otorgue lo que en ese momento me parece que es de suma importancia para poder seguir viviendo. Cuando el deseo se me concede, no suele pasar mucho tiempo hasta que me veo frente al espejo con cara de idiota y diciéndome “ya me podía haber estado calladita, jué”.


No os voy a engañar, tan pronto deseo fervientemente algo como a los cinco minutos quiero todo lo contrario. Soy caprichosa de nacimiento, que le voy a hacer. Unos nacen gordos, otros altos, otros bajitos y otras nacemos antojadizas. A mí la vida me ha mal consentido, y esto os lo digo en un ataque de sinceridad y autocrítica. No me siento orgullosa de ello, no hace falta rascar mucho para ver que desde que tengo uso de razón soy lo que se llama una mimada. La sociedad me ha malacostumbrado (ja ja, me encanta cuando se le puede echar la culpa a la sociedad, es genial) no paro de romper pelotas y a golpe de rogar a mis dioses del Olimpo, consigo todo lo que se me mete entre ceja y ceja.


Las comunicaciones con el cielo son lentas, para cuando me han concedido la primera, no les ha llegado la segunda petición que derogaba a la anterior… y así sucesivamente. Según me van concediendo, me voy arrepintiendo de haberlo solicitado. Pero he aprendido la lección: ¡pido fervientemente no querer pedir nada más!.


Hubo un tiempo en que creí que no terminaba de encontrar a mi pareja perfecta porque lo hombres con los que me iba y venía, al ser más o menos de mi misma edad, se me hacían inmaduros. Entonces decidí que la clave estaba en liarme con un tío considerablemente mayor que yo y así evitaría tal problema. Eché mi solicitud de petición al Olimpo y en el asunto puse “quiero a un hombre mayor”, no tardaron mucho en agenciármelo.


Era todo lo que había pedido: un tipo con mucho dinero (sí, que pasa, no voy a pedir a un muerto de hambre, puestos a pedir…), mayor, atractivo, extremadamente educado y un autentico pozo de sabiduría y cultura.


Caídito del cielo me llegó. La primera vez que le vi supe que tenía que ser para mí, “amo a ese hombre” me dije, “él no lo sabe, pero le amo tanto que ya me duele el corazón”.


Su atractivo (a esas edades los hombres guapos han dejado de serlo para pasar a ser atractivos), su cabeza pulcramente rapada y brillante, su recortada barba y su traje impoluto, me obnubilaron. Durante dos días sólo pude pensar en él, al tercero, los dioses y el destino hicieron que volviéramos a encontrarnos (cosa fácil por motivos laborales) y al cuarto día el viejo ya me había tirado un tejo en plena cabeza.


Para cuando lo hizo yo ya estaba preparada. Es genial tener una amiga íntima, secretaria de un alto cargo, que te facilite su estado civil, edad, hijos, formación, etc…


Muy a pesar de que lo decían mis amigas (le llamaban cosas horribles) yo me lié con el viejo y he de decir me sentí la mujer más feliz del mundo. Fueron unas semanas maravillosas, mi viejo lo tenía todo…


¡Y una mierda!


Que deprimente es abrir los ojos por la mañana, ver su mesita de noche y comprobar que está llena de medicamentos. Buscar urgentemente una farmacia de guardia, pero no para comprar condones como es lo habitual, sino para comprar Vips Vaporub sin el que no podía sobrevivir. Qué horrible es darte cuenta de que eres más joven que su hija… y qué duro, qué duro es para una joven como yo, quedarse con las ganas porque el viejo no puede con su alma y tener que oírle decir que no podía saciarme más por ese día.


Pero esos no eran los mayores problemas, lo más feo era que al final tenía las mismas taras que los tipos con los que había estado, no era diferente a ellos, aunque podía ser el padre de cada uno, pecaba exactamente de lo mismo que los demás: no me hacía plenamente feliz.


Le dejé, estaba escrito.


Haciendo alarde de mi inteligencia hice otra petición. Supe que lo había hecho todo mal: la clave no era pedir a un viejo sino a un joven… Un jovencito inmaduro al que poder amoldar a mi gusto y semejanza, un niñito sin problemas de salud. No me importaba si no tenía tanto dinero como el viejo si en contraprestación tenía suficiente energía como para saciar mi apetito y otras muchas cosas.


Deseo concedido para Coolkiku.


Tuve al jovenzuelo… y no tuve a uno… sino a dos (uno detrás de otro, claro).


Los dos me saciaron, los dos me trataron de maravilla y con los dos se tuvo que terminar la historia: no, no quería ser la madre de ninguno y como ya os conté en su día, no quería enseñar nada a nadie. Incompatibilidad de caracteres, dijimos… pero la realidad era otra muy distinta: diferencia de edad.


Como buena malacostumbrada que soy, no estaba yo preparada para aguantar chiquilladas, las niñerías en todo caso que me las tendrían que soportan a mí, no al revés. No tengo edad para cambiar ciertos hábitos.


Con dolor de ingles y una permanente agujeta en el culo de tanta juventud inyectada, volví a hacer otra petición a mis dioses, comprobé que mi error era que anhelaba sobre la forma y no sobre el fondo. Caí en la cuenta de que había estado equivocada todo ese tiempo, lo que tenía que solicitar era a un hombre sensible, cariñoso, profundo y que no se avergonzara de llorar.


Volvieron a concederme el deseo y mandaron a un sensible. Me colocaron a alguien tan tierno que hizo que nuestra relación fuera como “Sonrisas y lágrimas”: yo sonreía y la nenaza lloraba.


¿No quería a alguien sensible? ¡Pues toma dos tazas!... y no hablemos en lo que a profundidad se refiere, era como un pozo sin fondo. En resumidas cuentas, acabé hasta el moño de profundidades, lloriqueos, alegrías, tristezas, odios, miedos y comprensiones… La nenaza terminó convirtiéndose en un ser auténticamente insoportable.


Lo que tenía que hacer era oooootra petición, un error lo tiene cualquiera y yo nunca dije que fuera perfecta. La experiencia me decía que los viejos no eran lo mío, tampoco lo jovencitos ni los extremadamente sensibles y como para culta, ya estaba yo, lo que necesitaba era a ese hombre al que los asiduos de este blog conocen muy bien. Supe que lo que quería era un hombre rudo, lejano a la metrosexualidad, me daba igual si era diplomático, político o uno de los mayores empresarios del país. Necesitaba que fuera banal, terrenal, carnal, trivial y libidinoso; que bebiera cervezas y le apasionara el fútbol, que no tuviera conversaciones profundas y que no le hiciera falta irse a meditar a ningún lado. Quería que le bastara con sentarse en el sofá en calzoncillos para arreglar su problema existencial, de hecho quería que no tuviera problemas existenciales.


Oído cocina, dijeron los dioses. Deseo concedido.


La próxima vez me meto la lenguecita por donde yo me sé: tuve a mi rudo futbolero, joder que si le tuve.


Yo pensaba que ese tipo de hombres escaseaban en esta era, que ya no quedaban. Pero no, tenemos a muchos, a cientos, a millones, de hecho están por todas partes, lo único que ocurre es que se camuflan muy bien, son como pequeños camaleones. Suelen ir disfrazados, van incluso vestidos de abogados o puede que hasta de economistas, no necesariamente tienen que ser fontaneros o personal de la construcción como yo me temía.


La primera en la frente fue el primer día que fuimos a alquilar una película, yo me iba directita a mi video club de cine de autor que tanto me gusta y mi amado Brutus fue directo al Blockbuster. “Tu video club está lleno de películas infumables y de maricones con gafas de montura negra” me dijo de una forma cruel y concisa.


No nos poníamos de acuerdo ni para el alquiler. Por sus santos cojones (porque ole si tenía cojones el señor) que teníamos que alquilar algo horrible, algo que su título contuviera la palabra “impacto”, “guerra” o “destrucción”. También le valía si en la carátula aparecían explosiones, fuego o alguien sangrando.


La señal de alarma sonó cuando me di cuenta de que en mi nevera había más cervezas que yogures, que se había hecho dueño y señor de mi sofá, mandos a distancia y que continuamente escuchaba de fondo a unos señores retransmitiendo un partido de fútbol.


No, por el Carrusel Deportivo no paso. Lo siento.


En fin, que tampoco era el hombre rudo lo que buscaba, resultó ser un maldito pesado sin dos dedos de frente que se sentía incapaz de interpretar mis cuadros (lo normal es que no se sepan interpretar, porque ni yo misma sé lo que pinto, pero el resto de mis hombres se lo inventaban sobre la marcha y quedaban la mar de bien). Además, si no lo digo reviento: odiaba sus pijamas (y que los usara).


¿Qué pedir entonces?, volví a rogar a los dioses del Olimpo, pero esta vez les pedí que todos los hombres estuvieran a mi merced. No iba a atarme a ninguno, la singularidad me daba muchos problemas, tenía amor para todos. Hice mi solicitud de libre albedrío, eso era lo que quería y necesitaba, ahora sí que sí, me dije.


¿Qué os imagináis que pasó? Pues que como los dioses estaban muy enfadados conmigo, pues que me concedieron el deseo como era de prever. De la noche a la mañana tuve a un chorro de tipos que se interesaban inagotablemente por mí. Encantada de haberme conocido les di a cada uno lo suyo y recibí de cada lo que era para mí. Pero estoy mayor… estoy mayor y los años pasan factura sin piedad. Comencé a hacerme unos líos tremendos, contaba a uno lo que ya le había contado días antes, al otro le decía “¡pero si te lo conté el otro día!”… vamos, que me hacía un lío enorme. Para colmo de males dos de ellos se llamaban igual, así que con los mensajes al móvil la lié más de una vez (y de dos).


Y no sólo eso, si no que físicamente era agotador. Fue una época demoledora, adelgacé, me demacré y dejó de ser divertido. Un día, en plena crisis de agotamiento, me di cuenta de que lo que realmente me pesaba era el enorme vacío existencial que portaba sobre mi espalda.


¡Por favor, Dioses del Olimpo! lo que necesito de verdad de la buena es un novio, sólo uno, que sea normal, ni viejo ni joven, ni sensible ni bruto, quiero un novio que me lleve al cine lo domingos, alguien con el que vivir momentos románticos, un novio en toda regla. Uno que su última llamada del día sea para mí, que me venga a buscar a la oficina y con el que poder dar largos paseos hablando de pájaros, barcos y flores; un noviecito al que presentar y decir “ES MI NOVIO” y que se llene la boca haciéndolo. Alguien que me ponga la mano en los ovarios cuando me duelan y uno que me acompañe al médico cuando lo necesite. Alguien sin excentricidades, algo normal.


Pues sí, caídito del cielo también… vamos, que ni una semana y de la forma más tonta. Bueno, decir que fue de la forma más tonta no es lo más correcto, porque fue de una forma algo accidentada. Yo iba caminando tan tranquila, con mi música puesta en las orejitas, disfrutando que había salido de la oficina sin ser de noche y mi deseo concedido, me atropelló con su moto.


Bueno, he de confesar que tampoco fue tal atropelló. Él iba por la acera y el destino quiso que uno de mis tacones se metiera en un agujero. Tal cosa provocó que tuviera que parar en seco y fue cuando el atropellador me dio un pequeño golpe que me hizo perder el equilibrio. Me asusté bastante, pero no me hizo nada.


Le insulté un poco y con educación (¿a qué os estáis preguntando como se insulta con educación?), más que nada para dejarle bien claro que las motos no van por la acera, sino por la carretera y que si la tenía aparcada y no le quedaba más remedio, que al menos intentara no ir avasallando a las transeúntes como yo.


Una cosa llevó a la otra y bla bla bla, que si eres tonto, bla bla bla que si tú eres guapa, bla bla bla que si tú tampoco eres feo pero que eres un atropellador, que si te llevo a casa, que si ni loca me monto contigo, que si dame tu teléfono, que si sí, que si no…


En fin, que a la semana y media ya éramos íntimos…


Todo se iba cumpliendo según lo previsto, íbamos al cine, fuimos al Retiro, vimos películas que los dos queríamos ver, se tomaba las cervezas justas y necesarias y de vez en cuando se interesaba por los resultados del fútbol pero no de una manera obsesiva. Tampoco tenía problemas de salud, ni de vejez y menos aún de extremada juventud… vamos, una joyita.


No sé ni en que momento ni por qué, yo me puse nerviosita perdida. La primera vez que él me presentó como “su novia” a mí me entró un sudor frío que me recorrió la espalda e hizo que automáticamente me mareara. Ya no sólo me hacía la última llamada del día, sino que también me hacía la primera, y la segunda... y la decimocuarta. Comencé a perder mi espacio vital y dejó de parecerme gracioso que hiciera como si me atropellara con la moto cada dos por tres. Empecé a sentir que pasaba demasiado tiempo con él y poco con mis amigas. Me parecía que eran demasiados los días que dormíamos juntos y pocos lo que pasaba sola en mi casa. El atropellador me agobiaba y muy lejos de echarle la culpa a él, supe que era yo la que tenía un problema: me sentía incapaz de tener pareja. Tampoco era un novio lo que necesitaba… o por lo menos, no por ahora.


Ahora lo que realmente me apetece es pedir a los dioses a un mulato que tenga algo sobrenatural entre las piernas. Pero no lo voy a solicitar por ahora, que visto lo visto me veo escribiendo el siguiente artículo relatándoos como ingresé en un hospital partidita en dos.


Mucho cuidado con lo que rogáis a los dioses, mucho cuidado que últimamente andan enfadados y conceden todo lo que uno pide.




 
BREVE ENSAYO SOBRE LOS EX (y II)



Buena aceptación tuvo mi anterior artículo de Breve ensayo sobre los ex (I), por mi parte, sólo me queda daros las gracias y continuar con lo que mejor sé hacer: daros consejos y advertiros de los peligros que os podéis encontrar en lo que a las relaciones personales se refiere. Sois muchos los que os quedasteis con ganas de más (yo, de alguna manera, también) y los que me habéis pedido que continué señalándoos los tipos de ex que nos acechan y con los que tenemos que sobrevivir. Pues bien, aquí tenéis otra tanda, espero que os sirva de ayuda y os haga ver que aquí nadie se libra de esto de ser ex, así que aprendamos a ser el ex perfecto desapareciendo y obviando a esa/s persona/s con la que un día compartimos nuestros fluidos, tiempo, dinero, casa, coche, perro, Cola Cao, familia y un largo etc.


Un favor os quiero pedir: ya que me molesto en detallaros a estas personas y os advierto de sus diferencias y cuidados que debemos tener, os ruego que por el bien de todos sigáis mis consejos e indicaciones. Vuelvo a repetir (sin ánimo de ser pesada) que en ningún caso, repito: en ningún caso, es bueno mantener un vínculo con estos seres a los que un día quisimos (a veces, ni eso).




El ex novio, novio de tu amiga: Fue tu novio durante un tiempo y de pronto, por esos avatares del destino (o porque ya no te aguantaba más), acabó siendo el novio de tu amiga. Hay que ser fuerte para soportar este tipo de ex porque se puede caer en la trampa de acabar preguntarse a diario qué es lo que tiene tu amiga que no tengas tú y si es que no hay más mujeres en el mundo que vosotras dos. Lo primero que hay que pararse a pensar es si ella es una amiga de las buenas o una simple conocida que te trae al fresco lo que haga o deje de hacer. En el primer caso, más vale que aceptes pronto esa relación porque si no, acabarás haciendo doblete y tendrás un ex novio y una ex amiga. Por una cuestión de salud mental hay que olvidar que una vez tuviste contacto físico con él, de lo contrario, correrás el riesgo de quedarte idiotizada de por vida. Lo malo de tener un ex así son las cenas y reuniones en las que coincidís. Si eres como yo y perteneces a esa especie en la que se tiene una boca como la de un buzón, siempre soltarás alguna torpeza tipo “a mi me comía todo muy bien” y tú sola, de pronto y sin ayuda de nadie, creyendo que todo el mundo te observa y que te señala con un dedo inquisidor, sueltas de seguido y roja como un tomate “¡mi gato, me refería a mi gato, que siempre se comió todo muy bien!, ¡no quería decir otra cosa!, por favor, ¡perdonarme!, ¡¡nunca pensé en arruinaros vuestra relación…!! yo estoy feliz de que estéis juntos, yo.. yo…” Y la cagas, la cagas tú solita porque nadie, salvo tú, pensó en que te referías a otra cosa que no fuera tu gato. Evitas estar a solas con él no vaya a ser que tu amiga se piense algo raro y si por casualidad os quedáis unos instantes en la misma habitación, suplicas mentalmente que alguien entre por la puerta porque te sientes terriblemente incómoda. Te pasas esos minutos mirando al techo, silbando y evitando que te roce. Tu conciencia nunca estará tranquila, siempre pensarás que algo malo estás haciendo o algo malo se van a creer que haces… y claro, como cada vez que os veis no dejas de hacer el memo ni un solo instante, a nadie le sorprende que ya no esté contigo y esté con ella… Resumiendo: este ex no debería de existir ya que puede acabar con los nervios de cualquier persona, demasiado estresante para soportarlo de por vida.


El ex laboral: ¡Qué malo es tener un ex que trabaja contigo, qué malo!, otro para mandar a la hoguera y otro que debería estar totalmente prohibido. A este no te lo quitas de encima ni con agua caliente. Estás condenada a sufrirle hasta que uno de los dos cambie de empleo (y tal y como están las cosas, cualquiera deja un trabajo así como así). No puedes engañarle diciendo que no puedes quedar porque tienes una reunión (una sola llamada de teléfono y sabrá que es falso), no puedes utilizar como excusa para no verle que estás de trabajo hasta las cejas porque lo más seguro es que se pase por tu despacho y te pille ojeando el Elle. Ni de coña puedes decirle que estás de viaje laboral porque es él quien te los autoriza… no puedes utilizar ninguna excusa laboral (que siempre son perfectas) porque lo más probable es que te entoligue… Lo peor de tener un ex así es que te toca verle en todo momento. Cuando estabais juntos os encontrabais en el ascensor y saltaban chispas, ahora, si coincidís (porque ya te cuidas muy mucho de que no sea así), decides que mejor te subes dieciocho pisos a patita por eso de que quien mueve las piernas, mueve el corazón. Eso sí, pobre de ti como sea un superior tuyo y hayas sido tú la que le has dejado…. pobre de ti, estás jodida de por vida: no olerás un ascenso ni de casualidad. En el caso de ser al revés y seas tú la que estés por encima de él, igualmente estás jodida porque hagas lo que hagas, estará mal hecho y siempre soportarás sobre tus hombros la duda de si estás abusando o no de tu autoridad. Solución: ignorar que un día tuviste algo con esta persona y someterte a un lavado de cerebro que te permita olvidar que un día mantuvisteis una relación. Ya sabes eso de “donde tengas la olla no metas la…”


La ex Guadiana: Nunca llega a ser ex del todo, pero tampoco llega a ser tu pareja… te tiene como puta por rastrojo, hoy sí, mañana no y al otro tal vez. Nunca tiene seguro nada, es un ni contigo ni sin ti. Si está contigo, quiere estar sola, si está sola, quiere estar contigo. Cuando empiezas a tratarla de ex y asumes que ya no estás con ella, vueeeeeelve a aparecer como el Guadiana. De pronto un día lo tiene todo claro y se va a vivir contigo: tu perro ha tenido una depresión porque ya no duerme a tus pies (a ella le molestaba y tú mandaste a tu pobre amigo fiel a dormir al salón), te has gastado un pastizal en mantener la nevera llena y te has comprado unas zapatillas nuevas de andar por casa, pues aún así la hija de puta a los tres meses de estar instalada, vuelve a convertirse en ex y se pira de tu casa porque “todo va muy rápido para ella y tiene que pensarlo”. Tus amigos la odian porque ven como te torea y observan tu decadencia como persona… tú, poco a poco, comienzas a odiarla cada día un poquito más porque te da de todo menos sosiego. No sabes si lo que sientes por ella es amor o es que te va el puteo y lo mejor de todo es que no sabes si es tu ex o es tu pareja y cuando alguien te pregunta “¿Tienes novia?” contestas “humm, ¡sí!... digo ¡no! Esto… ¡no lo sé!, espera que la llamo y se lo pregunto…”. Es un mal bicho, hay que cortar la cabeza a estas ex que no hacen más joderte la vida.


El ex legal: No es que sea un ex legal porque sea muy buena persona, es que la ley dice que es tu ex… si lo dijo un juez, no vas a ser tú el que lo ponga en duda. Dicen que hay tres cosas que hay que hacer en la vida antes de morir: una plantar un árbol, la otra escribir un libro y la tercera es tener un hijo… Bien, yo soy de la opinión que existe una cuarta cosa que hacer y esa no es otra que DIVORCIARSE. Divorciándote aprendes un montón de cosas de la vida, es un modo perfecto para darte cuenta de que es lo que no quieres. Un divorcio no tiene por qué ser algo traumático si mandas a tu ex a tomar por el culo y con un poco de suerte no le vuelves a ver, los traumas vienen cuando algo te sigue encadenándote a él o ella. No hay que olvidar en ningún caso que esa persona te hizo perder el tiempo de una forma excepcional y se quedó con tus mejores años. Sí, vale, que también hubo momentos mágicos donde los dos os sentíais andar por las nubes, pero se os picaron las muelas de tanta dulzura y eso se terminó, así que “pollón” y cuenta nueva en el caso de ellas y que pase la siguiente para los caballeros. Si os andáis quejando que de que tu ex marido o tu ex mujer os siguen amargando la vida, es hora de arrancar de raíz a ese cáncer. Desaparece de su vida, sácalo del mapa, conciénciate de que se acabó la relación y manda tejer un felpudo en el que ponga “Capri c'est fini”. Comienza tu nueva vida nueva sin esa persona y disfruta de el no tener que rendir cuentas a nadie. Háganme caso Señoras y Señores: en ningún caso es recomendable mantener relación (ni buena ni mala) con tu ex marido o tu ex mujer, no es sano, no es bueno para la cabeza, cada uno a su casa y Dios en la de todos. Olvídate de todas esas tonterías que llevas escuchando toda la vida de paz, cordialidad, educación y buenos modales. Vete al mejor bufete de abogados y sal del juzgado cantando a voz en grito esa terrible canción de Pimpinela que tanto juego puede dar: “Vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta […] Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios, que no te desean […] Vete, olvida que existo, que me conociste y no te sorprendas…”. Prepárate para todo y ármate de valor: ¿qué a tu ex le da por ir a bares de alterne y gastarse todo el dinero en el Casino Gran Madrid? ¿qué se gasta un pastizal en un deportivo descapotable y biplaza? Pues bravo por él, al fin y al cabo nunca dejaste de fastidiarle hasta convencerle en comprar el maldito monovolumen. No hagas mala sangre de eso, tú puedes dedicarte a inyectarte botox por todo tu cuerpo y a dormir desnuda sin el miedo de que ese asqueroso barrigón te ponga la mano encima. Si por el contrario a ti te da por hacer turismo sexual en Cuba y tirarte a todo lo que tenga nuez, pues ole tus ovarios… pero nunca, en ningún caso, compartas tus nuevas aficiones con tu ex, ni las entenderá, ni las querrá saber. Seguid los consejos de la sabia Coolkiku: alejaos de ellos, no puede existir amistad entre dos persona que primero se enamoraron, luego se alimentaron de pasión, más tarde firmaron una hipoteca, luego un matrimonio y luego se dejaron de querer para después pasar a desearse poco menos que la muerte.


Nota: Estos consejos no son aplicables si el matrimonio tiene churumbeles, ahí ni me meto, son palabras mayores que me producen alergia.


Y esto es todo por ahora, si tenéis alguna duda o necesitáis cualquier aclaración, no dudéis en poneros en contacto conmigo, estaré encantada de echaros un cable siempre que me sea posible. Quizá mis métodos no son los más ortodoxos, pero creerme si os digo que funcionan y que son los más adecuados y aconsejables… Mi experiencia me avala.


Siempre vuestra,



 
BREVE ENSAYO SOBRE LOS EX (I)



Recuerdo con auténtica ternura a Félix Rodríguez de la Fuente, recuerdo que cuando comenzaba su serie toda mi familia al completo nos poníamos frente al televisor. Bien es verdad que no había muchos más canales donde elegir y que nos conformábamos con lo que nos ponían, pero cuando sonaba la sintonía de El Hombre y la Tierra, ahí estábamos todos con los ojos como platos y las bocas entreabiertas.


Recuerdo un verano que, viendo el programa en cuestión, hacía tanto calor que yo ponía la cara sobre el suelo para refrescarme. Era un verano madrileño, de esos terribles que sólo el que lo ha vivido sabe de lo que hablo.


Recuerdo que ese verano mi madre mandó que me cortaran el pelo extremadamente corto para que mi cogote dejara de sudar como el de una gitana (con esto no quiero decir que a las gitanas les sude más el cogote que a las payas, pero es que mi madre decía –y dice- mucho eso de sudar como una gitana y las madres… es lo que tienen, que luego te dejan en legado unas expresiones que no tienes manera de quitarte de encima).


Recuerdo volver a ver la serie con el pelo muy corto y sudando un poco menos.


Recuerdo que tras morir Félix Rodríguez de la Fuente, en el comedor del colegio, antes de empezar a devorar como bestias, cantábamos al unísono y con nuestras dulces vocecitas:


Esta mañana me ha contado el gallo
que el elefante le contó al castor
que la culebra dijo a la piraña
que esta mañana está más triste el sol.


Me ha dicho el pato que le diga al gato
que el lobo dice que contó al ratón
que la coneja dijo a la anaconda
que esta mañana está más triste el sol.


Amigo Félix,
cuando llegues al cielo,
amigo Félix,
hazme sólo un favor:
quiero ir contigo
a jugar un ratito
con el osito
de la Osa Mayor.



Dicen las focas que les dijo el cuco
que la ballena dijo al caracol
que la gaviota comentó al lagarto
que esta mañana está más triste el sol.


Esta mañana no ha comido el loro
ni el hipopótamo que está en el zoo.
Le ha comentado la tortuga al cuervo
que esta mañana está más triste el sol.


Amigo Félix,
cuando llegues al cielo,
amigo Félix,
hazme sólo un favor:
quiero ir contigo
a jugar un ratito
con el osito
de la Osa Mayor



Joder, ahora que lo pienso mira que eran cafres haciéndonos cantar algo así: ¿cómo es eso de ir a jugar con el Sr. Rodríguez estando muerto como estaba? ¿nos querían matar a todos?. La verdad sea dicha, a mi esto me suena un poco a secta. (Un inciso y para el que no lo sepa, esa canción la cantaban Enrique y Ana, que dicho sea de paso: Enrique, el Enrique del Pozo al que todos vosotros conocéis perfectamente, me tenía perdidamente enamorada y no podía pensar en otra cosa que no fuera en la forma de casarme con él, superando nuestra diferencia de edad, y en la manera de liquidar a la maldita Ana que pasaba tanto tiempo al lado de mi gran amor. Ahora no hay dinero suficiente en el mundo que me obligue a casarme con semejante ser repulsivo por mucho que me cante bajo la luz de una vela “…esta mañana no ha comido el loro…”)


El caso (que es a lo que yo iba) es que a D. Félix Rodríguez de la Fuente se le olvidó hacer un capítulo, uno básico y fundamental… el de la especie más importante y generalizada, esa que nos rodea, que nos acecha, que nos vigila en unos casos y nos ataca en otros. Una especie con la que llevamos conviviendo mucho tiempo. Esa plaga, esa epidemia, esa especie no es otra que la de los malditos, temidos y peligrosos ¡EX!.


Que conste que sobre este tema puedo hablar con conocimiento de causa, porque no tendré cubertería de plata ni un yate atracado en una isla del caribe, pero desde luego, lo que sí que tengo son ex. Los tengo para dar y regalar, de todos los tipos, colores y formas; grandes, pequeños y medianos; tarados, cuerdos y temerarios; los tengo lunáticos, responsables y perturbados; enamorados y desesperados, los tengo maduros y verdecitos. Tengo información suficiente como para hacer una tesis doctoral en lugar de un artículo de blog.


Claro está que yo también soy ex de muchos otros, y esos muchos otros tienen sus ex que a la vez tienen a los suyos correspondientes. Todos somos ex de alguien y todos tenemos algún ex. Nuestros amigos tienen ex, nuestros compañeros de trabajo tienen ex y salvo mi madre y padre (que no cuentan porque son de otra generación), todo Dios tiene más ex novios/as que tonterías en la mesita de noche de una gitana (y dale con las gitanas..).


Todo esto me ha surgido porque esta misma mañana he recibido el Email de una amiga. Me contaba que cada vez que empieza a notar a Satán respirar dentro de ella y que sabe que va a volverse mala de remate y tirar de agenda para emputecer, la ex de él reaparece haciendo una entrada triunfal. Es cuando mi amiga se acojona porque le ve las orejas al lobo y Satán desaparece de ella no dejando ni rastro. Comentaba mi amiga que al final iba a tener que poner en nómina a la cerda de la ex de su chico ya que gracias a ella, no se convertía en Belcebú.


Yo no estoy de acuerdo, yo creo que los ex sólo sirven para dar por culo. Por mucho que me haya pasado gran parte de mi vida defendiendo que puedo llegar a tener una relación cordial y de amistad con mis ex y ellos conmigo, que es lo adecuado y recomendable, que entre gente adulta es lo que se debe hacer, hoy por hoy lo retiro todo y opino que se ha de hacer justo todo lo contrario. Los ex deberíamos desaparecer, una vez terminada la relación tendría que finiquitarse paralela y absolutamente todo: no llamar, no escribir, no hacer entradas estelares, no incordiar, no hacer chantaje emocional, no hacer nada de nada: sólo marcharte con tanta paz como la que dejas.


Que nadie me ponga un comentario diciendo “pues yo con mi ex me llevo muy bien”, “mi ex es mi gran amigo/a”, bla bla bla…. Palabrería barata, palabrería… Yo también me llevo bien con algunos de mis ex y os aseguro que sus parejas están deseando que me caiga de un decimocuarto piso o me pase una apisonadora por encima. Sé que no soy nada querida por ellas… normal, a mi tampoco me gustan las ex de mis parejas (aunque la diferencia entre ellas y yo es que yo soy la ex perfecta, porque no doy nada de guerra, ellos se quedaron con mis cosas, con mi sabiduría y no les llamo para contarles que me he cortado el pelo o que creo que tengo un nuevo lunar en la espalda).


Voy a intentar hacer un pequeño resumen de los diferentes tipos de ex que existen. Algunos de vosotros reconoceréis estos estereotipos en vuestras ex parejas, otros os daréis cuenta de que sois uno de estos casos que voy a mencionar a continuación y os percatareis que, de ser así, es patético:




El ex llorón depresivo: Es el que se encarga de recordarte día tras día que le has jodido la vida, que eres una hija de la gran puta, es el que te hace sentir culpable y te repite que nunca podrá superar la ruptura. De vez en cuando (gracias a su ya elaborado plan en hacerte sentir mal) consigue que te vayas a la cama con un tremendo remordimiento de conciencia, pensando en que verdaderamente le has destrozado y que no mereces vivir por haber sido tan mala y cruel. Sabes que te maldice en sus oraciones y aunque le sorprendas con un matasuegras, guirnalda al cuello y bailando el chá chá chá como un desaforado, te dirá que en realidad no lo está pasando nada bien y cambiará su careto al de cordero degollado. Este tipo es muy dado a soltar lagrimitas y en cuanto te despistas y te pones cariñosa queriéndole decir “ya pasó, ya pasó..” él ya te ha enganchado una teta con una mano, con la otra te ha agarrado por el culo y busca la forma rápida en clavártela sin que te des cuenta.




La ex porculera: Es la ex novia de tu pareja, esa perra que no ves la hora en que encuentre un trabuco para que deje en paz tu relación. Es la cerda que le llama, que le acosa, que se empeña en invitarle a comer, a cenar, a desayunar… es la que llama para decir “¡Fulanito!, no te puedes ni imaginar dónde estoy: ¡en ese pueblecito tan mono al que me trajiste por sorpresa!, ¡no sabes cuanto me estoy acordando de ti… bueno… de nosotros!” (y yo de todos tus muertos, piensas). Es la que fue abandonada por él y nunca terminará de aceptarlo. La que de vez en cuando le lloriquea y le manda, despechada, un montón de fotos porque ella ya no las quiere tener… Y sabes que no te llega ni a la suela del zapato, pero te revuelve el estómago cada vez que se pone en contacto con él.




El ex peligroso: Es el que pone en peligro cualquier relación que tengas (por muy asentada que esté) porque sabes que él + copas + tonteo es = a acabar rememorando viejos tiempos en el catre. El que hizo contigo lo que quiso y el que sabe que aún puede hacerlo. Es el que más vale que no te ponga un dedo encima porque, aunque estés a un solo día de tu boda, como te toque se te va a poner el culo en pompa y vas a tardar medio segundo en restregarte por su pierna. Es con el que aprendiste que es lo que NO quieres en una relación pero que sabes a ciencia cierta, que no tendrás otra relación con el que tengas mejor sexo. A esta especie hay que mantenerla lejos, muy lejos, es un bicho peligroso porque puede arruinar todo con sólo tocarte.




La ex por antonomasia: Esta es la que más jode, mucho más que “La ex porculera”, donde va a parar, la otra, al fin y al cabo, la plantó tu chico, pero es que ésta fue ella la que se bajó del carro… y claro, cada vez que se la menciona, a ti se te vienen mil cosas a la cabeza y no puedes evitar recordar que cuando le conociste aún estaba dolido por la ruptura con ella. Nunca has visto su foto y no te puedes comparar, nunca os habéis encontrado estando juntos pero él se la encuentra hasta en la sopa. Es esa con la que siempre tendrás la duda de si quedará algún resquicio de amor hacía ella y, aunque a él le duela la boca de decirte que tú eres su gran amor, cada vez que la menciona se te da la vuelta el estómago. Cuando crees que lo tienes todo superado y que hace un montón que no sale a flote su nombre, un día va y te dice el mamón: “Amor, ¿sabes quién me ha llamado hoy?”, “no mi niño ¿quién?”, “¡Marta!”, “¿Marta?, ¿Marta la lora?” (Marta la lora es esa pobre chica que su nariz es tres veces la del cantante de Ketama), “¡No mi vida!, Marta mi ex!” y el capullo va y te cuenta que la pobre lo está pasando fatal, que se ha despedido del trabajo porque ya no aguantaba más, que quiere que tu chico la meta en alguna empresa donde trabaje poco y gane mucho, que está medio depre porque nada le sale bien… Y tú haces de tripas corazón y mientras sueltas un “Vaya, hoy en día nadie está conforme con su puesto de trabajo” en realidad estás pensando “Hijadelagranputamecagoentuputacalavera, si estás deprimida ¿por qué no te vas al psicólogo como todos? ¿Por qué no te apuntas a Infojobs? ¿te crees, maldita cerda, que tu ex es una ETT?, la próxima vez que te de el bajón métete el dedo por el orto durante tres minutos y medio y no llames a MI novio al cual YO me follo y con el que te recuerdo YA NO TIENES NADA QUE VER. Sin duda este espécimen debería de estar prohibido.




El ex de la vergüenza: Es ese que aún te preguntas que tipo de trauma estabas pasando por esa época para haber estado con semejante ejemplar. Te has deshecho de todas sus fotos, pero no porque no hayas podido superar que ya no tengas nada con él, sino por la vergüenza ajena que sientes. El pobre es más feo que mandar a tu abuela a por drogas y si por casualidad tu actual pareja se entera de que tuviste algo que ver con él, lo más bonito que te dice es algo así como “cariño, estuviste con ese tipo antes de operarte de la vista, ¿no?” y después se descojona de la risa. Es (y verás la de topicazos que voy a tener que escuchar por decir esto) el típico que si no te hubiera hecho ni puto caso, ahora estarías llorando de rincón en rincón por su amor, pero como te tuvo en palmitas y te consintió todo (impertinencias, insolencias, paranoias y tus más enormes y apoteósicas borracheras) pues decidiste que mejor pasabas de él y que además es tu anti-hombre. Esta especie puede sufrir mucho por ti, así que por su propio bien, mejor mantenerse a varios kilómetros de distancia.




El ex que escuece: Es ese que cuando le ves es como si te abriera en canal y te echaran pimentón dentro. Mejor no saber de él, mejor no verlo, mejor que nadie te diga nada de él, que nunca se les ocurra decir que está con tal o cual tía porque sabes que no lo vas a digerir bien (de hecho sabes que el digerirlo te va a suponer dos meses y cantidades industriales de whisky). Al que en su momento le deseaste la muerte y que ahora, superando traumas, te conformas con que sufra una gonorrea y/o sífilis, que se quede ciego de un ojo y que el otro no lo pueda cerrar nunca, que se quede cojo y le salgan pústulas por toda la cara y ampollas sangrantes, que se quede calvo a trozos y que tenga un pitido permanente en los dos oídos. Es el que todo lo relacionado con él te va a salir mal y que si te le encuentras por casualidad con él (porque el cabrón tuvo la brillante idea de quedarse a vivir en tu mismo barrio) te pilla en ese domingo en el que has bajado a la tienda de los chinos en pijama (sí, que pasa, yo lo hago… bajo con botas y ni Dios se da cuenta de que es un pijama) y sin peinar… y sin pintar… y con la marca del cojín en la cara, más sola que un ajo y maldiciendo en alto porque acabas de pisar la caca de un perro que aún estaba caliente… y vas y te topas con él que está radiante, estupendo, con aire de triunfador y te suelta, con una risita malévola, que si aún sigues teniendo la costumbre de bajar en traje de noche a la calle… y sabes que no lo dice precisamente porque vistas un vestido de fiesta de alta costura. Esta especie es venenosa y mortal, también habría que aniquilarla.




Esto son seis claros ejemplos, una pequeña muestra de los ex que nos rodean, pero hay tantos como tipos de personas somos, aunque se puede hacer un englobe bastante general. Otro día, con tiempo y una caña y siempre y cuando me apetezca, haré otra pequeña catalogación.


Saludos cordiales,




 
FULANITA Y SUS MENGANOS



No sé si lo que me pasa tiene que ver con mi despiste, no sé si es por la miopía o simplemente porque estoy en el mundo porque sobra oxígeno. El caso es que tengo un problema que, si bien es verdad nunca me ha preocupado, últimamente pienso en ello más de lo normal.


Creo que me estoy volviendo una neurótica y como buena neurótica (porque ya que lo soy, que sea de las buenas) me preocupa bastante lo que dice y piensa la gente de mí. Amén de que últimamente no acepto nada bien las críticas.


Son ya demasiadas las veces que estando en un acto social, tomando algo en “el bar del barrio”, esperando en el hall del cine o haciendo cola para entrar en un baño, me siento como la muerta en su propio velatorio. Tengo la (fundada) sensación de que todo el mundo me observa, habla de mí y yo, dentro de mi muerte, observo como murmuran sin conseguir escuchar lo que dicen.


Es terrible sentirse espiada, pero más terribles aún es sentir constantemente unos ojos clavados en el cogote. Ojos que esperan que me tropiece para poder reírse de mí, oídos que aguardan a que diga una incongruencia para poderme criticar. Gente que está a la expectativa, que esperan a que me pida otra copa para decir que soy una borracha. Necesitan verme tontear para decir que soy una zorra o verme sin maquillar para decir que sin pintura no valgo nada. Esperan a verme llorar para proclamar que soy una histérica y si me ven reír, sostienen que lo quiero es llamar la atención… Son como buitres carroñeros que esperan a que haga lo mínimo para poder sacarle puntilla y criticarlo hasta la saciedad.


Paradójicamente tengo una imperiosa necesidad de saber todo aquello que se dice de mi persona. Para bien o para mal, a mí me conoce más gente de la que yo conozco, quiero decir: mucha gente sabe quien soy, pero yo no sé quienes son ellos.


Esto me está creando una especie de angustia que, sin llegar a quitarme el sueño, consigue paralizarme cuando alguien me suelta: “Oye, tú eres fulanita, ¿verdad?”. Entonces me agarroto, me detengo, miro fijamente a quien me lo pregunta, hago un esfuerzo mental y cuando me doy cuenta de que no conozco (o al menos no recuerdo) a esa persona, me quedo bloqueada y cien preguntas quieren salir atropelladamente de mi boca:


- ¡¿Quién eres?!
- ¡¿Por qué sabes mi nombre?!
- ¡¿De qué me conoces?!
- ¡¿Qué sabes de mí?!
- ¡¿Te conozco yo a ti?!
- ¡¿Me he portado mal contigo?!
- ¡¿Hemos tenido algún tipo de contacto carnal?!
- ¡¿Te caigo bien?!
- ¡¿Mal?!
- …




He de confesar que esto no ha sido siempre así, digamos que estoy en la tercera fase de un proceso. En la primera fase, cuando alguien me preguntaba si yo era Fulanita de Tal, respondía siempre feliz, simpática, cortés, me mostraba encantada de haberme conocido y feliz de que me conocieran.


No hizo falta mucho tiempo para darme cuenta de que lo que la gente sabía de mí, era en su mayoría falso, distorsionado o simplemente inventado. Cuando escuché cosas que yo no había hecho, abortos que no había tenido, trabajos que no había realizado; cuando me dijeron que había estado con hombres a los que ni si quiera conocía, cuando me agenciaron defectos de los que carezco, vicios que no tengo, cuando me tocó escuchar barbaridades sobre mi persona, falsedades, calumnias, exageraciones, chismes, enredos, mentiras y tergiversaciones, entonces empecé a tener miedo y a no querer saber absolutamente nada de lo que se decía de mí.


Pasé a la segunda fase, en este periodo de tiempo actué de forma totalmente contraria a la primera. Muy harta de escuchar barbaridades y nada positivo, muy cansada de desmentir y aburrida de aclarar asuntos, decidí no querer saber absolutamente nada de lo que se dijera. No quería escuchar ni saber e ignoraría a todo aquel que supuestamente me conociera.


Recuerdo una ocasión (encontrándome yo en esta segunda fase de la que os hablo) en que un tipo que se encontraba con un grupo de amigotes bebedores de cerveza, se desmarcó de ellos hecho un valiente y acercándose a mí, muy seguro de sí mismo, me dio unos toquecitos en el hombro. Me volví, comprobé que su cara no me era en absoluto familiar, me preguntó el esperado “¿Eres Fulanita?” y cuando terminó de formularla, volví a girarme, dándole de este modo la espalda y continué con la conversación que había interrumpido con mi amiga. Fue cuando pude escuchar a mi espalda que dijo algo así como “menuda gilipollas, ya os dije yo que esta tía iba de sobradilla”.


Entiendo que a ese tipo le pareciera una gilipollas, yo también me lo hubiera parecido si me hubiera visto desde su órbita, pero me sentía incapaz de adentrarme en una conversación de dimes y diretes sin sentido con alguien que sí me conocía (al menos sabía como me llamaba, ya era más información de la que yo tenía de él) pero que yo no sabía quien era esa persona.


He de confesar el lado oscuro de esta historia: han sido muchas las veces en las que verdaderamente conocía a la persona que reclamaba mi atención. Gracias a la parte de mi cerebro que no funciona como es debido, gracias a mis grandes y apoteósicas borracheras que han hecho que tenga importantes lagunas mentales, puede que también gracias a que la gran parte del tiempo no llevo las gafas puestas, a que tengo un despiste que no se lo salta un gitano, a todo eso y mucho más: han sido muchas las veces que no recuerdo de que conozco a la persona que me habla, me para o me dice “¡Hasta luego, Fulanita!”


A veces consigo caer en la cuenta, otras veces, haciendo un gran esfuerzo, logro que me suene su cara y algún que otro detalle… incluso puedo recordar el lugar donde nos presentaron o saber si nos conocemos por un motivo laboral o de ocio. Pero son muchas las veces que tan sólo consigo sacar un 0,5% de mi conocimiento sobre él. Me dan pequeños espasmos cuando, imaginándome con cuatro copas de más, me pregunto qué carajo habré dicho yo al tío ese, que cojones habré hecho con él, que sabe de mí, que no sabe… y entonces me agobio y quiero salir corriendo. No hace ni un mes, cenando en El Jardín Secreto, me levanté para ir al baño, alguien me paró a mitad de camino y como viene siendo habitual me dijo algo así como “¡Hola Fulanita!”, yo, de una forma bastante desagradable (que todo hay que decirlo), le contesté preguntando que de qué me conocía. El hombre, que después resultó ser encantador, me dijo que habíamos mantenido días antes una reunión y que habíamos quedado en vernos a la siguiente semana para continuar con ella.


Me quise morir, entre otras cosas porque la reunión en cuestión me interesaba muchísimo.


Ahora me encuentro en la tercera fase, en la que como os explicaba al principio de este artículo, necesito saber todo aquello que se dice de mí. Si alguien me saluda y yo no sé quién es esa persona entonces me paro, contesto, pregunto de qué me conoce, intento averiguar quien le ha dado la información sobre mí y preguntar a ese otro alguien de qué me conoce él y que suelte por su boquita todo aquello que sabe. Controlo mis impulsos y me muerdo la lengua, estoy siendo comedida, intento ser extremadamente educada y gentil y cuando alguien me vuelve a decirme el temido “Oye, ¿eres Fulanita de Tal?” intento no contestar con un “mírame to er coño, madroño” y soltar un educado “sí, ¿nos conocemos?”


Estoy metida en un eterno retorno, pero hoy por hoy, es necesario que sepa cada palabra que se dice de mí, porque como en la mayoría de los casos esa palabra es errónea, tengo la imperiosa necesidad de desmentirlo. Es una cuestión de lavado de imagen que últimamente tengo muy poco aseada gracias a todas esos seres despreciables que tan amablemente se han encargado de hacerme tan mala prensa.


Para todos ellos: que os jodan.


Para el resto: Saludos, besos y flores.

 
MIS (NO) CINCO HÁBITOS EXTRAÑOS
Parece ser que, como el que no quiere la cosa, Coolkiku se está integrando en este mundillo de los blogs. La pobre, sin ella quererlo, a lo tonto a lo tonto, tiene un grupito encantador de gente que la menciona y que se acuerda de ella cuando hay que jugar.


La semana pasada recibí un comentario de Mordandis en el que me invitaba a jugar a algo que se llama “Mis cinco hábitos extraños”, un juego con unas reglas que no voy a copiar porque son tan simples como escribir tus cinco raros hábitos y luego pasar el juego a cinco personas más (avisando a estas que han sido elegidas mediante un comentario en su blog).


Bien, he de reconocer que me puse manos a la obra, me paré a pensar, cogí lápiz y papel y me dispuse a elaborar mi lista... Pues he sido incapaz de terminarla… y esto ha ocurrido porque, entre otras cosas, he sido incapaz de empezarla.


Lo siento, no tengo hábitos extraños. Tengo hábitos, como todo bicho viviente, pero extraños os juro por lo más sagrado que no tengo (o al menos yo no me los encuentro). Y que conste que me da rabia, me da coraje porque yo quería tener cinco malditos hábitos extraños para poder seguir con esta cadena, ¡pero es que no se me ocurre ninguno porque no me los encuentro!.





Podría decir que me gusta dormir entre sábanas de algodón y que gusta que estén rociadas con mi perfume, podría poner que mi hábito extraño es el de escribir y firmar con bolígrafo azul (para diferenciar las fotocopias)… se me ocurre que podría mencionar que echo doble medida de suavizante a la ropa o que no me maquillo si antes no me he echado la Base Lumière de Chanel (gracias a los polímeros microesféricos y a su tono opalescente, atenúa las imperfecciones, alisa la textura de la piel y unifica la tez), pero no lo hago porque considero que ninguno de estos hábitos o costumbres de mi quehaceres diarios, no tienen nada de extraño ni de particular. Son conductas que he establecido pero para mi propia comodidad y placer, ninguno de ellos es lo suficientemente raro como para catalogarlo de extraño.


Pregunté, consulté, llamé por teléfono y dije “¿Qué hábitos extraños crees que tengo?”... y nada, no dimos con ellos, los que nos salieron eran banalidades que no eran reseñables en ningún modo.


Creo que todo se reduce a que si no tengo hábitos (extraños o no) es porque no soy capaz de tener hábitos de por sí. Mis días, mis meses, mis años, no han seguido nunca una rutina, no soy autómata… no sigo tradiciones ni tengo manías persecutorias. Quizá esto me haga estar más cerca de la perfección, o quizá me aleje… el caso es que puede caber la posibilidad de que uno de mis hábitos extraños sea el de no tener hábitos.


En fin… dejemos el temita. Se supone que tengo que continuar el juego pasándolo a cinco personas con sus respectivos blogs, pues lo siento pero no lo voy a hacer, sin embargo os invito a que me contéis vuestros hábitos extraños o que me reconozcáis que estáis tan cerca de le perfección como yo ya que vosotros tampoco tenéis ninguna manía lo suficientemente anormal como para mentarla.


Saludos,

 
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!



Besos y abrazos para todos pero muy especialmente para todos esos hombres que usan más laca que yo, deseándoos de corazón que no dejéis de ser como sois, sin vosotros este blog no tendría razón de ser.


Os quiere,
 
¿UN SOPLO EN EL CORAZÓN O UNA BRONQUITIS AGUDA?


Yo lo que quería era tener un soplo en el corazón. Me parecía que tenía un nombre tan divino esa enfermedad… “tengo un soplo en el corazón”, me sonaba realmente bien, hasta romántico me parecía. Hablamos de cuando era una cría, una niña a la que su profesor, Don Carlos, llamaba “Antoñita la Fantástica” (para el que no lo sepa, Antoñita la Fantástica es esa niña de los libros que yo leía por aquel entonces). Pili, la niña del parque, tenía uno (un soplo en el corazón) ¡cuán envidiada era por mí sin ella saberlo!. Cuando decía que no podía correr por el soplo, cuando nos contaba que en el colegio no podía hacer gimnasia… yo, la miraba envidiosa, también quería esa enfermedad para mí. Pilar era débil, blanquecina y frágil. No como yo, que tenía unas chapetas enormes, rojas como dos manzanas Red Delicious, que andaba hecha una gitana todo el día, que intentaba correr y pegarme más que cualquier niño del parque o del colegio. A mí me hubiera gustado ser como era Pili, delicada y liviana.


También quise tener escarlatina, pero eso no se lo debo a Pili, sino a la película y el libro de “Mujercitas” al que a mi madre me adentró. También me parecía precioso ese sufrimiento, otra enfermedad con nombre muy sugerente para mí, como de color carmesí… Pero tampoco tuve la “suerte” de contraerla, para entonces para mi desgracia, ahora para mi fortuna.


Me caía cien veces al día, me tiraba por todos los barrancos, me pegaba todo lo que podía y más, me pasaba todo el día “recogidita en la calle” y a mí nunca me escayolaban, por mucho que me cayera de un árbol o me tirara en plancha desde la valla que rodeaba los columpios. Yo nunca me rompía nada, lo máximo que me pasó fue hacer la comunión con una enorme herida en la frente por haberme caído de la bici (una BH verde que me encantaba). Deseaba ser como los niños y niñas que eran escayolados, que tenían sus yesos llenos de firmas y dibujitos, los que andaban con muletas, con vendas… Mis huesos eran duros, nunca se rompían.


Me ponía un chicle en el paladar y fabriqué un alambre para mi boca porque me fascinaba la idea de llevar aparato en los dientes (como Elena, la de mi clase, a la que llamaban “Chiquitren”), de este modo, parecía que hablaba como si llevara uno, pero tampoco tuve esa suerte. Mi dentadura estaba bien alineada (afortunadamente para mis padres que se ahorraron un dineral y desafortunadamente para mí que quería portar uno), así que eso tampoco pudo ser.


Había otra niña en mi barrio (la hija del portero del bloque de al lado de mi casa) que tenía un defecto de nacimiento el cual le hacía que no pudiera estirar completamente su brazo izquierdo. También me gustaba eso, fue por lo que me pasé un largo tiempo haciendo el camino de mi casa al colegio con mi brazo doblado, como ella. Dejé de hacerlo por insistencia de mis hermanas que caminaban a mi lado y se avergonzaban de mi estupidez.


Es curioso lo idiota que puede llegar a ser una niña tan pequeña, es disculpable por eso de la edad y la inocencia. Ahora, que los Dioses me libren de querer ser escayolada, de llevar aparato en los dientes o de sufrir cualquier enfermedad coronaria o infecciosa. Tengo una salud de hierro, he pasado las enfermedades normales (varicela, paperas, etc…) y he sufrido alguna que otra faringitis como todo hijo de vecino, pero para de contar, mi historial médico, gracias a Dios, es envidiable.


Pero recientemente he caído enferma. Me pasé una semana con un tonto constipado que no pasó de estar llena de mocos, ojos llorosos y mil estornudos por segundo. Al parecer y según el médico, por no haber estado bien curado dicho constipado, por haberme pasado la noche más fría del mundo luciendo palmito con mi nueva adquisición (un vestido precioso), zapatos calados y sin bufanda, me llevó a que el resfriado derivara en una bronquitis.


Esta bronquitis de la que os hablo me hizo pasar una noche terrible, tosiendo como una tísica, sin poder pegar ojo, sin encontrar la postura que me permitiera dejar de toser y poder dormir… pero mi falta de costumbre en ir al médico me hizo pensar que podría curarme yo sola a base de fumar menos y caramelitos de menta (está visto que sigo siendo la misma ingenua de años ha). No funcionó. A la siguiente noche llegué a los 39,5º de fiebre. Casi nada.


Al día siguiente visité al médico. Fue cuando me diagnosticó la mencionada bronquitis. “Es seria”, me dijo, cúratela bien si no quieres llegar a una neumonía.


¿Neumonía? esa enfermedad ya no me parecía tan bonita, me sonaba a pobre, a alguien que tose mucho y que es muy feo. Tener bronquitis ya me parecía demasiado indecoroso como para llegar a tener la neumonía esa.


Así que compré el antibiótico que me recetó, unas gordísimas pastillas imposibles de tragar, también pastillas efervescentes de esas que saben y huelen a huevo podrido, Termangil para la fiebre y los dolores de cabeza, otras pastillas descomunales para proteger mi estómago del daño que me pudiera hacer el antibiótico y me dispuse a tomarlas, hasta que cometí un grave error: leerme los efectos secundarios. Decidí que se los iba a tomar Rita, porque lo que era yo, desde luego no iba a ser.


La siguiente noche la volví a pasar jodida y no precisamente porque me la pasara fornicando. Cuando dejé un pulmón sobre mi almohada y comencé a tener alucinaciones derivadas de la fiebre, decidí que iba a empezar a seguir el tratamiento.


Mi memoria no me llegaba para recordar una fiebre así, ya he dicho que rara vez enfermo. No podía creer que pudiera encontrarme tan mal. Muerta de calor, muerta de frío, sudando, tiritando…. Hasta llegué a ver a mi abuela (muerta la pobre hace ya doce años) sentada en mi cama y hablándome como si fuera lo más normal del mundo.


A la mañana siguiente comencé a tomarme todo lo que me había recetado el doctor, las alucinaciones me habían acojonado.

He de decir que todos esos medicamentos hicieron sus efectos bastante rápido, pero aún no me encontraba dispuesta a hacer mucho más que no fuera ir de la cama al sofá y del sofá a la cama.


Pero hay una enfermedad de la que aún no os he hablado y que he sufrido toda la vida: el miedo al aburrimiento. Si me aburro: tiembla la tierra. Ya sabéis eso de que cuando el diablo no sabe que hacer, mata moscas con el rabo.


El hastío pudo con mi enfermedad y cuando comprobé que existía una programación matutina que desconocía, que María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana no eran leyendas urbanas como venía sospechando, cuando ya había decorado mi casa de Navidad, cuando leí todo lo que mi considerable dolor de cabeza me permitió, cuando ya no se me ocurría nada mejor que hacer para entretenerme, tiré de móvil y mandé el siguiente mensaje a diestro y siniestro: “Estoy malita, tengo bronquitis, necesito que me cures, el médico me ha dicho que necesito calor y mimos. Haz lo propio. Besitos


Bueno, no fue a diestro y siniestro a quien mandé el dichoso mensaje, porque debido a mi aburrimiento ya había comunicado a todos mis allegados que podían perderme debido a mi grave estado de salud, sería más correcto y sincero decir que ese mensaje lo mandé a todos esos hombres que usan más laca que yo y que de alguna manera venía echando de menos ya que últimamente les había tenido bastante abandonados por culpa de mi otra nueva adquisición llamada “El Efebo”.


No me decepcionaron como viene siendo habitual y contestaron todos rápidos y veloces a mi reclamo. Yo, orgullosa de aún mantener ese poder hacía ellos, les di toda la coba que pude y más. Encantada de haberme conocido leía rozagante:


1. Yo te curo mi niña, sólo tienes que decirme cuando y dónde


2. ¿Voy ahora mismo a tu casa y te pongo esa inyección que quita todos los males?


3. Mis besos son curativos, te daría tantos que te iba a dejar bien en un santiamén


Y el mensaje que más me gustó, mi preferido:


4. Mis ojos se llenan de lágrimas ante la triste noticia, sin ti mi vida ha estado rodeada de vulgaridad y olor a pachuli, sólo tienes que decirme cuando quieres que vaya a darte los arrumacos que me reclamas. Beso.


Hasta entonces una delicia comprobar que todos seguían ahí, dispuestos a curarme, mimarme, darme calor o lo que fuera necesario. Ahora me doy cuenta de que no debí de haberlo hecho. Como no soy capaz de reconocer mi culpa, se la echo a esos efectos secundarios que ya sospechaba que algo malo me tenían que causar, lo que sí está claro es que yo y solamente yo, sé lo insistentes que son estos hombres que usan más laca que yo y lo difícil que luego me resulta volver a hacerles entender que sólo les necesito de cuando en cuando y para mi propio interés.


El caso es que tuve que idear una especie de planning para organizar las visitas hacía mi persona. Tenía que citarles a diferentes horas (evidentemente), convencerles de que no podían estar demasiado tiempo ya que no me encontraba del todo bien y que tenían que ser respetuosos con mi estado malsano y febril. Les hice entender que esas citas, sólo se trataban de algo tranquilo y apaciguado.


Pero a quien no le gusta ser asediado con regalos, carantoñas y levantamientos de ego, a mí por lo menos me encanta. Fueron viniendo poco a poco (siempre, y en cualquier caso, cuando El Efebo me lo permitió, porque él se había propuesto hacer de mi dolencia una meta para demostrarme sus dotes de enfermero y para hacer de esos días, los días más calientes de mi vida) y fueron llegando con una rosita uno, otro con un CD, con un libro y también con chocolate 99% Cacao que, este en concreto, sabe que me pierde. Aunque todos y cada uno de ellos me mimó con sumo cuidado, no pudieron evitar también (hay que joderse los predicables que son todos ellos y el parecido abismal que tienen entre sí en lo que respecta a su actitud) reprenderme por mi desapego de últimamente y por no por haber contestado a sus reclamos cuando ellos lo necesitaron.


Y es que los pobres sólo aprenden de mí a base de golpes, veo que no tengo otra formas de enseñarle y esto no es precisamente violencia de género, que nadie me crucifique por decir esto, que está visto que ahora nadie puede decir una frase hecha como “a base de golpes” y quedarse tan ancho, que a la mínima te endosan una querella que te deja tiritando, pero ese es otro tema, lo que quería decir que estos chicos míos no terminan de darse cuenta de que, aunque de vez en cuando tenga una necesidad imperiosa de saber que están ahí, no quiero mucho más de ellos. El día que me falten ya lloraré sangre si hace falta, pero hoy por hoy, esto es lo que hay y necesito.


Lo malo viene ahora, que estoy curadita del todo, más sana que una manzana y que no necesito de sus mimos ni carantoñas, y ellos erre que erre que si te pongo la inyección, que si te meto la lengua hasta no sé donde para limpiarte de virus… Me tengo que limitar a decirles que por ahora estoy con escarlatina y que mejor que no se acerquen mucho a mí si no quieren morir por esta horrible enfermedad, pero no me creen. Volveré a dejar de contestarle por una temporada, a ver si aprenden. A veces pienso que ellos me piden a gritos este trato descortés.


Si ya decía yo que lo que quería era tener un soplo en el corazón, es mucho más mono que la bronquitis de las narices.





 
PRUEBAS CONCLUYENTES DE QUE COOLKIKU ES IDIOTA
(Artículo complementario a 69 razones para odiarme (a mí misma) e inspirado en el poema de Jaime Bayly publicado en el libro “Aquí no hay poesía”: Editorial Anagrama. Narrativas Hispánicas, nº 218, 2001)





• Echarme en las piernas insecticida (Bloom Max de Cruz Verde) en lugar de un repelente de mosquitos


• Discutir acaloradamente con el que por ese entonces era mi pareja porque no le gustó como pronuncié “Manniskoätarna” al comprar las entradas del cine


• Ser incapaz de aprenderme de memoria cualquier canción en inglés


• Hacerme una cantidad considerable de kilómetros para depositar mi voto en la ciudad donde estaba empadronada y darme cuenta al llegar, de que olvidé en casa mi DNI


• Ver a Mayor Oreja pasear por el Retiro con dos guardaespaldas y perseguirlo sólo para estar cerca de él


• Pensar cuando era niña que podía llegar a ser Presidenta de mi país


• Romper a llora cuando un agente inmobiliario que intentaba venderme un piso, me pidió que cenara con él (comprar un piso es una de las causas que más provoca estrés en nuestra sociedad)


• No ser capaz de resolver la más simples operaciones matemáticas sin ayuda de una calculadora


• Leerme íntegramente y con gran curiosidad un periódico del año pasado


• Hacerme pasar por extranjera al subirme en un taxi para, de este modo, evitar hablar con el taxista. Contestar a los tres minutos mi teléfono y mantener una conversación en un perfecto castellano


• Saludar y abrazar efusivamente a Gabino Diego confundiéndole con un antiguo compañero de clase


• Decir al representante de Roberto Carlos (futbolista) que de pequeña me encantaba la canción de el gato que está triste y azul y canturreársela para que comprobara que conocía a su representado


• Decir al representante de Michel Salgado que no tengo muy claro quien es su representado porque no sigo mucho la Fórmula Uno


• Intentar convertir a un turco al cristianismo


• Creerme las palabras de mi ex cuando me dijo duerme conmigo que te prometo que no habrá sexo


• Apostar muy seria mis dos brazos derechos


• Llevar toda una vida intentando aprender inglés y no saber construir una frase sin pasarme un par de minutos pensando


• Llamar al Servicio de Información Toxicológica (91-562.04.20) para preguntar que me podía pasar ya que no estaba segura de si me había tomado una o dos pastillas del antibiótico que me habían recetado


• Montar un número en una tienda porque me habían desaparecido mis gafas de sol Gucci que acababa de dejar en el mostrador mientras pagaba. Llamar al seguro de hogar para ver si me cubría el robo, comprobar que sólo por robo con violencia. Pedir un parte facultativo mostrando un arañazo en el escote que yo misma me había hecho el día anterior. Ir a la comisaría a poner la denuncia del supuesto robo con violencia. Llegar al día siguiente a la oficina y ver que las gafas estaban encima de mi mesa



 
PARA MAYORES DE 25 AÑOS



Un efebo se me ha enamorado. El infante se nos ha ido a enamorar de una perra vieja y resabiada.


Es una auténtica delicia, es una criatura hermosa y encantadora. Es un ternerito con pequitas en un cuerpo de hombre.


Se le ponen los ojos vidriosos cuando le digo que no puede ser, traga saliva cuando le digo que para mí, es un niño. No quiere entender que vivimos en planetas diferentes, que ni puedo ni quiero acoplarme a ninguno de los factores propios de alguien de su generación.


Cuando yo ya salía por los bares de copas, él aún montaba en monopatín. Cuando yo ya había tenido un importante fracaso sentimental, él comenzaba a besar a las chicas.


Él se emociona si va a un concierto de Eminem, yo ahora me estremezco en la ópera. Yo pago intereses hipotecarios, él ahorra para comprarse un coche mejor. Yo pienso que algún día quiero ser madre, él acaba de nacer.


Él traga Red Bull, a mí me gusta saborear un buen vino. Él no sabía lo que era la lencería fina, yo desconocía que existieran unas fantásticas zapatillas que se llamaran Gola. Él está apasionado e ilusionado con su segundo trabajo importante, disfruta poniéndose un traje y anudándose una corbata, yo ya sé que el mundo laboral es una auténtica mierda, donde lo mejor que te puede pasar es que te exploten durante diez horas por un sueldo ínfimo.


Él puede contar con las manos sus relaciones, decirme sus nombres, apellidos y carreras universitarias cursadas. Yo, tendría que coger lápiz, papel y contratar al mejor equipo de detectives para averiguar el 50% de esos datos.


Sus emociones más fuertes las tuvo, hace bien poco, en su beca Erasmus, a mi me queda lejano todo eso. Él dibuja un corazón de tiza en la pared y yo no puedo enamorarme. Él me besa con todo su amor y se le hace un nudo en la garganta cuando quiere decirme lo que siente, a mí me entra la risa floja cuando se pone romántico y me niego a escuchar ciertas frases. Él quiere publicar su amor, yo me avergüenzo de que lo sienta.


No puedo evitar verle como a un bebé, pero me encanta follar con él. Siento que estoy cometiendo un delito y que debería de ir directa a la comisaría a denunciarme, pero su “empuje” me supera. Su frescura es como darme un baño de espuma relajante.


Cuando, en voz baja para que no le escuche, habla por teléfono y dice “mamá, no me esperéis a comer […]. No, no sé cuando voy a ir […] ¡qué no sé mamá, ya te llamaré!” yo quiero salir corriendo y abandonar el país, pero cuando me agarra fuerte y se hace el hombretón, siento que estoy protegida. Cuando me despierto y veo como me observa, cuando tiene las palabras más bonitas y más tiernas en el momento más adecuado, cuando siento entre sueños como vuelve a tener otra erección, entonces adoro su edad. Pero cuando dice que mis puntos de vista son sabios y que mis consejos son una ayuda incalculable, me doy cuenta de que ni quiero, ni puedo ser la experta en nada e inevitablemente, él me hace sentir como una veterana en todo.


Me engañó, me dijo que tenía mi misma edad, yo no lo puse en duda, sólo veía un hermoso ángel bajado del cielo. Cuando me contó la realidad ya era demasiado tarde: ya me había pedido que no me marchara, ya me había suplicado que le escuchara sólo dos minutos, ya me había embaucado y me había expuesto lo que había sentido nada más verme, ya estaba impactada ante tanta sinceridad y ya, sin quererlo, me había inyectado esas dosis de alegría y humildad que tanto necesitaba.


Pero ahora me veo como Cruella de Vill, relamiéndome ante un pequeño, simpático y tierno dálmata. Me siento como Ovidio en “El arte de amar” diciendo “… Nescio, sed fieri sentio et excrucior…” (…No lo sé, pero siento que soy torturado y transformado).


Y aquí estoy, contestando a sus mensajes, a sus llamadas, intentando buscar un restaurante para cenar esta noche donde no me pueda encontrar a nadie conocido. Buscando una forma para celebrar con él mi maldito cumpleaños, acontecimiento que ha llegado en el momento más inoportuno, recordándome, con una colleja en la nuca, la edad que tengo, haciéndome ver que estoy jugando sucio, haciéndome presagiar que a mi juguete, se le va a romper el corazón más pronto que tarde.



 
LA CARTA DE PRESENTACIÓN



El tener cierta edad te hace darte cuenta de infinidad de cosas, entre la multitud de ellas, las conversaciones con las amigas varían notablemente a las que tenías con ellas años atrás. Me he percatado de que últimamente nuestras charlas acaban reduciéndose a lo mismo: relaciones personales. Pero no cualquier relación personal, sino las relaciones personales y sentimentales con los hombres. Estas conversaciones se centran sobre todo en la pereza que nos da empezar otra vez con una nueva relación. La pesquisa nos agota hasta llegarnos a preguntar, si esa búsqueda de Eldorado, realmente merece la pena.


Parece que últimamente todas tenemos el mismo conflicto, no conseguimos encontrar a la persona adecuada con la que compartir nuestras vidas y cada día que pasa nos convencemos más de que no nos apetece compartir nuestro día a día con nadie. Es esa gran desaplicación la que nos hace tener relaciones cortas, con poco sentido, relaciones que no pasan a la historia.


Y es que claro, se llega a un punto en que nada te parece nuevo, no era como el principio de los tiempos en los que cualquier cosa era una novedad e ilusión. Ahora, tener una cita o quedar con alguien es el pan nuestro de cada día. Al final, te tomas los encuentros como el ir a merendar a casa de tu prima la sorda.


Ahora, cuando estoy con alguien y pienso que con esa persona puede irme más o menos bien, me siento, me paro a pensar y me doy cuenta de lo poco que me apetece volver a empezar una relación. Me da una enorme pereza volver a contar mi vida, lo que hago, lo que no hago, lo que me gusta y lo que no. Ya no digo nada de aprenderme su historia, conocer a sus amistades, saber cuales son sus defectos, las cosas que le molestan, las que le gustan, etc. El no apetecerme contar la mitad de la mitad, me hace convertir las relaciones en aún más superficiales de lo que vienen siendo habitual. Así, de este modo, al final se reducen a lo frívolo y a lo insustancial.


Es por todo esto por lo que he pensado que, para todos los que están en una situación parecida a la mía, que sienten este mismo problema de vaguería en contar una y otra vez lo mismo, que quiere aplacar esta dificultad de una forma concisa y sin rodeos. Para todos los que pensáis como yo y para mí misma, he inventado un nuevo sistema: la carta de presentación.


Es un método fácil y sin efectos secundarios, sólo nos llevará unos minutos, lo que se puede tardar en escribir una carta (a algunos os puede costar días pero, por un módico precio, os ayudo a redactarla).


Básicamente consiste en ir con nuestra cartita encima y entregarla en el momento y situación que nosotros creamos oportuno. De este modo, nos evitaríamos un montón de preguntas y respuestas que en realidad no nos apetece formular ni contestar.


Ya imagino la situación: Coolkiku queda con un hombre, llamémosle Señor Azul (porque me gusta y en honor a la canción de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), le conoció el fin de semana anterior en un pre-estreno. Habían pasado una noche divertida y a ambos les apetecía repetir, se intercambiaron los teléfonos y quedaron en volver a verse.


Llega el día de la cita con el Señor Azul, Coolkiku se muestra como es: agradable, simpática, divertida y viste la ropita que ha elegido meticulosamente para la ocasión. También va con su feutre rouge á levres, muy importante.


Señor Azul está algo más nervioso que ella. Coolkiku se ha dado cuenta que, por unos segundos, él ha tenido un pequeño temblor en el labio inferior. Ese nerviosismo probablemente fuese producido por la alteración que produce quedar con una persona a la que has conocido en un territorio en el que la desinhibición del alcohol les ayudó a ser aún más simpáticos y abiertos.


En todo momento se muestra también como es él: educado y con sentido del humor. Va impolutamente vestido, rigurosamente afeitado y perfumado con Extreme de Bvlgari.


Más o menos después del saludo, de preguntarse como están, de encontrar una mesa libre en el lugar donde se va a dar lugar la cita, después de que Coolkiku se encienda un cigarrillo y pidan al camarero un mojito y una copa de vino tinto, entonces, en ese instante que les sucedería, podría ser perfecto para que Coolkiku y el Señor Azul se intercambiasen sus cartas de presentación.


Ella, la sacaría de su bolso, su carta estaría dentro de un sobre, la carta sería manuscrita sobre papel verjurado en color marfil. El Señor Azul la sacaría del bolsillo interior de su chaqueta, estaría bien doblada, también dentro de un sobre. Él la ha escrito con el ordenador y ha utilizado la letra Garamond en 12 puntos.


Se intercambiarían las cartas, traerían las bebidas y cada uno se pararía a leer la carta de presentación del otro. Ese sería un instante perfecto, de este modo, si tienen alguna duda, el otro podría solventarla.


También existe una segunda posibilidad, que dicha carta se mande con antelación. Por ejemplo, si ese día han quedado a las 22:00 hrs. que la carta se haga llegar vía mensajero, adelantarla por fax, mandarla por e-mail o de cualquier otro modo. Hay un sin fin de posibilidades.


De cualquier manera, cada uno tendría la información que el redactor de la carta considera importante de saber. En el caso de haberla mandando antes de la cita, existe la posibilidad de “la marcha atrás” .


Si al leerla no nos gusta lo que pone, podemos anular la cita, cada uno con la diplomacia que le caracterice. Es bueno dejar una pequeña rendija abierta ya que nunca se sabe a donde tenemos que llegar a recurrir en época de vacas flacas.


¿¡Os dais cuenta de la cantidad de problemas que se pueden evitar con este nuevo y genuino sistema!?.


La carta de Coolkiku, más o menos, diría algo así:




Querido mío,


Si has llegado a leer esta carta es que has superado una importante criba de selección. No suelo quedar con el primero que me lo propone, por lo que el llegar hasta este punto, debería de enorgullecerte. Enhorabuena.


Voy a pasar a relatarte lo que creo que es importante que sepas de mí y para que entiendas, a grandes rasgos, de donde provengo y a donde, probablemente, no voy a ir.


Nací hace ....* años en Madrid, exactamente el día 27 de noviembre. Soy la menor de tres hermanas, mi madre es .......* de nacimiento, aunque se crió en ......*, mi padre, sin embargo, es español.


Tengo una excelente relación familiar pero que esto no te angustie ni te agobie, no tienes que conocer a mis progenitores ni a mis hermanas, de ellos me encargo yo.


Este color de pelo que ves es natural, deja de preguntarte si es el mismo en todo el cuerpo, evidentemente es así. Nunca me hagas esta pregunta, primero porque la he escuchado infinidad de veces y segundo porque al parecerme evidente, me resulta estúpida.


Vivo sola, en el barrio de .......*, mi casa es muy pequeña pero es suficiente para mí. Últimamente barajo la posibilidad de comprarme un piso más grande y vender el que tengo, se me está antoja tener una terraza en la que poder salir a tomar el fresco.


Soy económicamente independiente, no me interesa saber cuanto ganas al año como a ti tampoco te interesa saber lo que cobro yo. Ese también ese asunto mío.


Soy ..........* y trabajo en ...............*. Estoy bastante a gusto en mi trabajo. De vez en cuando tengo que dedicar a mi empleo más horas de las que me gustaría, pero tranquilo, nunca me llevo trabajo a casa. Mi jornada laboral termina cuando salgo por la puerta de la oficina.


He tenido varias relaciones. Ya sé lo que es vivir en pareja, viví durante cinco años con una persona. Me han roto el corazón dos veces y creo que yo lo he roto alguna que otra. Desde hace tiempo, no tengo ninguna intención de que me lo vuelvan a romper ni a romperlo yo. Busco una vida fácil y sin complicaciones en lo que a las relaciones se refiere.


No me gusta tener largas conversaciones por teléfono, soy de la opinión de que es un medio de comunicación para dar y recibir noticias. Si me llamas y me dices que sólo lo haces para escuchar mi voz, probablemente te conteste “uno, dos, tres… probando, probando, ¿se me escucha?”. Creeré que estás haciendo algún tipo de prueba telefónica.


Hay cosas que me molestan terriblemente y que no puedo soportar ni perdonar: si usas slips, te gusta fornicar con los calcetines puestos, comes sin ningún tipo de educación, escribes mensajes poniendo continuamente la letra “k”, traficas con drogas o te gusta veranear en Torrevieja, lo llevas claro conmigo. En el momento en que me entere de algo de esto, desapareceré de tu vida sin dejar rastro.


Tengo dos gatos, ellos también son muy importantes para mí. No te pido que les beses, les acaricies el lomo todas las noches, ni que les compres por Reyes muñequitos rellenos de hierva gatera (si lo haces, mejor que mejor), de ellos también me encargo yo. Eso sí, como por un casual te vea dándoles una patada (por pequeña que sea), pegarles o hacerles algo malo, estás perdido. No sólo no me volverás a ver, sino que puedo tomar serias represarías contigo y obrar en consecuencia. A mi también se me puede escapar “una pequeña patada” y reventarte el coche… o denunciarte. Tengo una poderosa imaginación.


Hablando de coches, soy un poco coñazo cuando voy de copiloto, porque si no conduzco yo, me pongo nerviosa. Voy pisando el freno ficticio y alertándote de los peligros que nos acechan. Tienes que tener paciencia conmigo en este sentido. Si conduces bien y haces que no me ponga nerviosa, puedo amenizarte los viajes cantándote cancioncitas, tengo un gran repertorio.


Suelo tardar entre hora y hora y media en arreglarme, pero tampoco te pongas nervioso con esto, nunca hago esperar, soy puntual y me molesta la gente que no lo es. El motivo de que tarde tanto no es otro que entre que me peino, me pinto y me visto, me he tumbado en la cama tres veces, he cambiado cuatro veces de CD, me he puesto a mirar por la ventana o simplemente me he quedado contemplando a las musarañas.


También soy ordenada y me gusta la limpieza, pero ni por una décima de segundo te plantees la posibilidad de que voy a ir a ordenarte o limpiarte nada. Si no te gusta hacerlo, contrata a alguien para que lo haga. Yo no estoy para eso.


Odio todo lo que se refiere a pedos, eructos y ordinarieces semejantes. No soy de la opinión de que hacer este tipo de cosas en pareja da confianza y bienestar. Por lo que a mi respecta me parece una cerdada, una falta de buen gusto y un motivo de ruptura. Vete al baño, aguántate o haz lo que creas oportuno, pero no lo hagas delante mía, yo tampoco lo haré.


Me gusta viajar y, mínimo, una vez al año organizo un viaje con mi amiga, no intentes apuntarte, la respuesta siempre será un rotundo e indiscutible NO. Eso sí, podemos viajar juntos cuantas veces quieras, siempre estoy dispuesta.


Como también siempre estoy dispuesta a salir, me gusta salir como también disfruto quedándome en casa, no tengo reglas en esto. Puedo ir a la ópera, como al teatro, al peor antro de la ciudad o puedo estar en el sitio más chic. Todo me vale, espero que a ti también.


He de advertirte que cuando tomo dos copas de más me puede pasar algo que (muy) de vez en cuando me ocurre: que me ponga a llorar como si me acabaran de dar la peor noticia del mundo, pero no te asustes, se me pasa rápido y paso a la carcajada en una décima de segundo. Si esto ocurriera, tan sólo tienes que abrazarme y decirme “ya pasó, ya pasó”.


Soy fumadora y no tengo ninguna intención, por ahora, de dejar de fumar. Si eres de los que te molesta que se fume en el coche, no tienes que preocuparte, no lo hago porque me mareo y si me mareo vomito y si vomito parece que me están matando. Así que por el bien de los dos, no fumaré en un habitáculo cerrado.


Me gusta el sexo y me gusta que sea de calidad. No hace falta que te sepas el Kama Sutra de memoria, yo tampoco me lo sé. No me importa el tamaño a no ser que sea irrisorio, en tal caso, no es culpa mía. Me gusta ir a trabajar recién folladita, de ti depende de que mi jornada laboral sea productiva o no, como vaya mal follada, tengo mala leche para el resto del día y serás tú el que tenga que soportarlo.


No tengo reglas en lo que al sexo se refiere, pero no te equivoques, no pienso practicar la coprofilia, necrofilia ni la zoofilia. Tampoco me pidas hacer un trío con una de mis amigas, ya nos lo han propuesto varias veces y la respuesta siempre ha sido y será NO.


La menstruación no es problema para mí, espero que para ti tampoco lo sea. Eso sí, he de advertirte que tengo un síndrome premenstrual muy marcado, pero eso se soluciona con cantidades industriales de chocolate.


Últimamente he tenido unos cuantos ataques maternales. Quiero decir, que parece que mi reloj biológico se ha desperezado y hace por despertarse del todo (la naturaleza querido, la naturaleza). De vez en cuando oigo que hace tic, tac, tic, tac y me susurra que se me va a pasar el arroz. No es que me muera por tener descendencia, pero quiero que sepas que esa posibilidad existe. En cualquier caso tampoco te asustes con esto, por ahora no busco al padre de mis hijos.


Por cierto, si un día, en una sesión sexual, te suplico que termines dentro que lo tengo todo controlado, no me creas, no me hagas caso, abofetéame si quieres. Lo que tienes que hacer es ponerte un condón de cuerpo entero y omitir todo lo que te diga. No soy yo la que hablo, es el demonio que se apodera de mí cuando gozo.


Esto es básicamente lo que quiero que sepas de mi persona. Si te has asustado o has encontrado algo que sea imperdonable: corre ahora y aquí paz y después gloria, seguro que puedo superarlo. Si de lo contrario te quedas, luego no me vengas diciendo que por qué hago esto o lo otro, he sido totalmente sincera contigo, ahora haz lo propio.


Atentamente,


Coolkiku



Esto es un ejemplo de lo que pondría Coolkiku en su carta. Mi consejo es que se sea directo y dejarse de mariconadas. Si todo va bien, ya tendremos momentos romanticones. Quizá con este ejemplo me haya explayado un poco, la pobre Coolkiku iría con catorce folios escritos por ambas caras.


Si llegáis a ponerlo en práctica, contarme como os ha ido, será para mí un placer conocer los resultados de mi invento.


¡Qué Dios reparta suerte!


* Información censurada para el blog



 
69 RAZONES PARA ODIARME (A MÍ MISMA)



He hecho examen de conciencia. Que barbaridad, lo he hecho y me he dado cuenta de lo podrida que estoy… o cambio de actitud o cambio de imagen porque lo que no se puede hacer es lo que yo hago: hartarme de criticar a todo lo que se menea y darme cuenta de que soy aún peor que ellos (y ya es decir).


Hay cosas de las que no me siento especialmente orgullosa, lo que pasa es que están tan arraigadas en mí, que me cuesta deshacerme de ellas. Hay vicios que no tengo intención de abandonar, pero tengo actuaciones, manías y hechos que voy a tener que remediar si no quiero morir abochornada de mi comportamiento.


De pequeña me enseñaron lo que es el arrepentimiento. Alguien me dijo que arrepintiéndome verdaderamente de mis actos, me liberaba de todo mal y obtenía así el perdón divino. No creo que sea cierto, entre otras cosas porque también me dijeron que lo mejor que me podía pasar era casarme, tener hijos y hacer paellas los domingos y lentejas los lunes. Demás está decir que no es eso lo que queremos para mi felicidad.


Pero oye, que no sea por falta de arrepentimiento, porque numerando mis degeneraciones, me doy cuenta de cuanto me retracto y aunque se me llene la boca (y a muchos de vosotros) diciendo no me arrepiento de nada de lo que hago, no es cierto… Hay cosas que pienso dejar de hacer desde este mismo instante (o al menos voy a intentarlo) porque me arrepiento, me arrepiento muchísimo, infinito…




ME ARREPIENTO



1. De haber seguido Operación Triunfo


2. De haber votado a Ainhoa en la 2ª edición de Operación Triunfo


3. De haber seguido Gran Hermano


4. De haber seguido Gran Hermano VIP


5. De haber seguido Hotel Glamour


6. De simpatizar con Tamara/Ámbar/Yurena


7. De saber imitar a la perfección a Tamara/Ámbar/Yurena


8. De tener y haber tenido pensamientos pecaminosos con
Karlos Arguiñano


9. De tener y haber tenido pensamientos pecaminosos con Álvaro de Luna


10. De tener y haber tenido pensamientos pecaminosos con Jaime Mayor Oreja


11. De tener los domingos trastornos alimentarios y mezclar sin pudor ni compasión: Cheetos pelotazos, Doritos Taco Latino, Ruffles York´eso, helado de fresa, pipas, galletas Oreo, sandwiches, regalices y chocolates.


12. De reírme de los males ajenos


13. De ser la inventora de prácticamente todos los apodos de la gente de mi oficina


14. De poner la oreja en la pared cuando mi vecina tiene visita


15. De mirar por la mirilla cuando mi vecina se despide de sus invitados


16. De gastarme más dinero en trapos de lo que me puedo permitir


17. De tener tanta ropa en mi armario con la etiqueta puesta


18. De saber que nunca me la voy a poner


19. De haberla comprado en ataques de consumismo


20. De tener continuamente ataques de consumismo


21. De ser tan antipática con las peluqueras


22. De ser tan antipática con los taxistas


23. De haber cantado en un Karaoke


24. De haber cantado en un Karaoke por María Jiménez


25. De creerme que lo hacía bien


26. De que me gustara


27. De haberme acostado tantas veces vestida


28. De ni si quiera haberme quitado los zapatos


29. De no acordarme de las caras de ciertas personas


30. De no acordarme de las caras de ciertas personas con las que he intercambiado fluidos


31. De ir como un topo por la calle sólo por no ponerme las gafas de ver


32. De atascar la impresora y huir sin decir nada


33. De atascar la fotocopiadora y huir sin decir nada


34. De darme un golpe contra un coche aparcado y no dejar una nota


35. De decir al dueño del coche que yo conducía que no sabía nada de la abolladura


36. De tener largas conversaciones con mis gatos


37. De creer que me contestan


38. De hacer caso de sus consejos


39. De vivir por y para “El Diario de Patricia


40. De reírme de la gente que sale en “El Diario de Patricia”


41. De haber llorado con “El Diario de Patricia”


42. De presumir de ser la más veloz escupiendo huesos de aceituna


43. De escupir un hueso de aceituna en el ojo abierto de un amigo


44. De provocarle con esto una úlcera en la córnea


45. De tener un CD de Enrique Iglesias y no haberlo tirado


46. De que me guste una canción de Carlos Baute


47. De robar en el difunto “Galerías Preciados” un libro de setas


48. De habérselo regalado a mi padre por Reyes


49. De usar toallitas desmaquilladoras de la marca DIA%


50. De haber vomitado en el felpudo de mi vecino


51. De haber dicho indignada en una reunión de vecinos que no podíamos consentir actos como ese


52. De ser una “tocapelotas” en los comercios y restaurantes


53. De tener una carpeta llena de hojas de reclamaciones puestas por mí


54. De tener comida caducada en la nevera


55. De no tirarla


56. De dar guacamole caducado a mis invitados


57. De quedarme dormida en la sala de espera del dentista


58. De que se me cayera la baba


59. De no saber jugar al Sodoku


60. De no querer aprender


61. De consultar mi horóscopo diariamente


62. De tomarme a pecho lo que dice


63. De que mi mejor amiga se llame “VISA


64. De haber dado la dirección de este blog a ciertas personas


65. De haber conseguido ser persona non grata en un pueblo de Madrid


66. De no decir al conductor de un atobús que se ha saltado la parada porque me daba vergüenza ponerme a dar voces


67. De hacer de las tiendas de los chinos, mi supermercado habitual


68. De seguir teniendo problemas con el laísmo


69. De haber hecho pis en una cuña (oh cielos, con esto tengo un trauma enorme, pero en mi defensa tengo que decir que estaba hospitalizada)


En fin, esto a bote pronto… verdaderamente hay muchos más motivos por lo que tendría que avergonzarme y arrepentirme hasta la saciedad, pero es que de esos no me arrepiento. Poco a poco.





 
SE BUSCA



Últimamente estoy teniendo demasiadas necesidades que no puedo satisfacer yo sola. Me he dado cuenta, que antes o después, necesito la ayuda de otras personas. No me puedo pasar toda la vida siendo Escarlata O’Hara, es agotador. Mi dificultad está en que las necesidades y problemas que ahora mismo tengo, no me las pueden solucionar las personas que me rodean.


Así que, como si fuera gerente de una empresa que ve como el problema crece y se da cuenta de que necesita una solución inminente, me he sentado a pensar y haciendo un pequeño esquema de la problemática he llegado a la siguiente conclusión: necesito hacer una renovación de personal.


Tengo la plantilla obsoleta, que conste que entiendo que ellos cada día tienen menos motivaciones y que los incentivos son cada vez más pequeños, pero también es verdad que se han acomodado en sus puestos y han dejado de hacer méritos para ser “ascendidos y promocionados”.


Esto de las relaciones personales es totalmente comparable al mundo laboral. Quien tiene una relación (o más de una) tiene que invertir en ella como si invirtiera en su empresa familiar. Si las necesidades cambian, hay que cambiar también a los proveedores y asistentes.


Como no puedo ampliar la plantilla, por razones evidentes, he decidido renovarla al completo. Mis necesidades han cambiado y varían diariamente y este personal que ahora tengo, me sirve de bien poco.


Es por lo que todo lo anteriormente expuesto, comunico que: ingeniero de caminos, ingeniero de telecomunicaciones, arquitecto, chef, consultor y paisajista, ya no me servís absolutamente para nada. Estáis despedidos todos. Por ahora, sólo renovaré el contrato al médico ya que es el único que me sigue haciendo falta.


Abro concurso público para cubrir cuatro plazas. Las condiciones se pactarán con cada uno de los aspirantes una vez hayan sido admitidos.


SE BUSCA



Abogado colegiado: En cinco meses he tenido tres juicios. En las tres ocasiones me he representado yo sola y el éxito siempre ha sido favorable a mi favor (y así tiene que seguir siendo). Vuelvo a tener otro juicio próximamente y todo indica que los voy a seguir teniendo más regularmente de lo que me gustaría. Ya no me siento con ganas, ni con fuerzas de seguir representándome. Necesito un abogado dispuesto, que quiera defenderme y que, por supuesto, me haga ganar. Yo siempre soy la denunciante (que no la denunciada, eso no queda nada fashion), todos los juicios van por la vía penal y suelen ser extremadamente engorrosos aunque no difíciles de ganar.


Reparador de DVD’s: Poseo un DVD que ha cogido la mala costumbre de estropearse cada dos o tres meses. Ya no puedo con él y es por lo que busco a un hombre que sepa repararlo e instalarlo (por una cuestión de orgullo personal, me niego a comprar otro). Se valorará que dicha persona también domine otro tipo de reparaciones caseras ya que la Bruja Avería se ha instalado en mi casa y no tiene ninguna intención de macharse. Deberá saber arreglar un grifo que gotea, un lavadora que suelta agua, tiene que saber hacer taladros (muy importante, claro), que utilice su broca correctamente y tenga un servicio de reparación que funcione las 24 hrs. del día, pero sobre todo y en cualquier caso, que sepa arreglar mi DVD.


Dentista: Atención, que he puesto dentista y no he puesto protésico dental, así que tú, protésico, no te apuntes al carro que te veo venir, ya tuviste un contrato temporal y aún me estoy arrepintiendo. Busco un dentista que me haga los trabajos buco dentales y no me cobre un céntimo, que ya está bien, estoy muy harta de soltar esas grandísimas cantidades de dinero cada dos por tres. Valoraré que tenga consulta propia y al menos, una de esas nuevas sillas ergonómicas en su propio domicilio.


Piloto de avión: Atención de nuevo en esto, ojo porque no he puesto azafato, sobrecargo ni nada parecido, que a estos también contraté, me arrepentí y aún sigo preguntándome como puede existir gente tan tonta. Mi necesidad de tener un piloto es porque no puedo seguir enriqueciendo a las compañías aéreas, también en esta partida se me va mucho dinero y tengo que recortar presupuesto. No es estrictamente necesario que sea piloto (lo de piloto es más una cuestión de fantasía sexual), en realidad necesito a alguien que me consiga billetes de avión completamente gratis. Si es piloto, mejor que mejor.


Por ahora estas son las cuatro vacantes existentes y con urgente necesidad de ser cubiertas. Si alguno está interesado en “trabajar” para mí pero no reúne ninguno de estos requisitos, puede igualmente presentarse al concurso indicando claramente que es lo que sabe hacer y en qué puede ayudarme en casos de necesidad. Estudiaré cada una de las ofertas ya que como antes he mencionado, mis necesidades cambian continuamente.


Para todos los puestos se requiere buena presencia, saber estar en actos públicos, no usar más laca que yo y en concreto, para el reparador casero, es imprescindible que vista, durante las reparaciones, un mono azul. Requisito imprescindible también es que esté dotado con mucho pelo en el pecho (para más información, leerse el primer artículo que da nombre a este blog). Que nadie tenga ninguna duda de que lo que ofrezco a cambio es extremadamente bueno, en ese sentido, la empresa (o sea, yo) os mimará y cuidará si cumplís con vuestros objetivos y pasáis el proceso de selección.


No se ofrece, en ningún caso, contrato fijo. Serán siempre contratos temporales (esto que quede muy claro que luego vienen los problemas), dependiendo de la persona y de la satisfacción que me den sus servicios, estos contratos pueden ser de semanas, meses e incluso puede llegar a hacer el año e ir renovándose.


Para cualquier aclaración no dudéis en poneros en contacto conmigo. Los despedidos no intentéis convencerme para que cambie de opinión. Aunque de la noche a la mañana aprendierais a empastar muelas, reparar DVD’s, os sacarais la carrera de derecho o consiguierais una maquina expendedora de billetes de avión, la decisión está tomada y no hay marcha atrás. A la puta calle todos.


Una última mención a veterinarios, informáticos y escoltas personales. También tengo pequeñas necesidades de cubrir estos puestos, igualmente poneros en contacto conmigo si estáis interesados.


Muchas gracias y un saludo.


P.D.: Todos los puestos mencionados están dirigidos única y exclusivamente a hombres, en ningún caso, repito: en NINGÚN caso, los puestos están libres para mujeres.



 
FRIVOLIDAD EN REBAJAS



Alguien me acaba de decir que este blog no está siendo lo suficientemente frívolo para estar concursando en el 20minutos en la categoría de “Mejor Frivoblog” (vaya palabreja que se ha inventado como el que no quiere la cosa). La verdad es que a mí me importa bastante poco que esté entre lo más votados o vaya la decimonovena, pero la persona que me ha hecho este comentario tiene mucha razón en una cosa: si uno concursa en algo, que sea para ganar.


Creo que mi problema no es que este blog no sea lo suficientemente frívolo, pienso que el quid de la cuestión radica más en que yo no tengo tantos amiguitos con blogs como el resto. Amiguitos que me voten a diario y que me hagan propaganda.


Y es que claro, es verdad que yo me niego a poner en mis enlaces los blogs de otros, simplemente porque nunca he estado de acuerdo con la publicidad gratuita (creerme si os digo que anunciar ciertas marcas de ropa, me trae algo bueno). Si alguien quiere que le promocione su blog, que me pague o me recompense de algún modo, ¿no?, entonces lo haré encantada. Ahora no tengáis una pataleta por esto que acabo de decir y me quitéis ipso facto de vuestros enlaces. Que yo no lo haga, no quiere decir que no me encante verme en vuestros espacios y que me haga infinita ilusión estar ahí sin tener que pagaros. Me encanta que haya gente tan benévola como vosotros.


También creo que no tengo mucho espíritu competitivo y sobre todo me parece que me falta solidaridad interniana (¡toma palabreja que yo también me acabo de inventar!) y puesta a confesarme os diré que me causa mucho estrés cuando alguien me pone un comentario y me hace referencia a su blog. Entonces, me veo en la obligación moral de poner yo también un comentario para agradecerle la visita y a veces, ni tengo tiempo, ni moral, ni ganas, ni se me ocurre nada que decir y entonces voy y me pongo nerviosa porque quiero ser educada, pero a la vez no me apetece escribir y entro en un bucle del que me cuesta salir. Otra cosa muy distinta es cuando pongo comentarios simplemente porque me apetece y me gusta el blog, así que nadie se eche las manos a la cabeza maldiciéndome y pensando que sólo os he escrito porque estaba atrapada en el bucle y en mi supuesta obligación moral.


En cualquier caso, y volviendo al tema, si lo que tengo que pretender es que este blog sea más frívolo para participar dignamente, eso voy a hacer, porque queridos míos, si algo se me da bien es esta vida, esa no es otra cosa que frivolizar.


No sé si parecerá lo suficientemente frívolo publicar una lista con los tipos con los que alguien se ha acostado. No sé si será más o menos frívolo no acordarse de los nombres de los varoncitos con los que se ha estado. Me cuestiono cuanto de frívolo es chupársela a alguien cuando su mujer está en la habitación de al lado, o hacérselo con su Director con el único fin de obtener un despacho con magnificas vistas.


Me pregunto si será lo suficientemente frívolo el quedar con dos tíos el mismo día y a los dos decirles que son harto de importantes cuando la realidad, es otra muy distinta: son tan importantes como un comino y además se es consciente de que haciendo ese comentario sólo les va a provocar falsas esperanzas.


Estoy pensando que no sé si es lo bastante frívolo reenviar mails y mensajes de amor a las amigas sólo para jactarse del remitente, o si entra en la categoría de frivolidad el conocer a ciertas personas únicamente por los apodos que se han ganado, como puedan ser: “XXL” (evidente), “Primer amor” (porque es ciego), “León de circo” (porque hay que pegarle para que trabaje) o “Farmacia de guardia” (porque sólo se le busca en la noche).


Sigo meditando y me pregunto si será frívolo o no quedar con un tipo por el que no se siente absolutamente nada, pero hacerlo sólo por el hecho de que fue el ex novio de la ex novia de un ex (creo que esto no es frívolo sino enfermizo) o si es ser frívola, no volver a quedar con otro sólo por el hecho de que no calza los zapatos adecuados, o porque sus calzoncillos son un espanto, o porque vive en el extrarradio, tenga una profesión “inadecuada” o simplemente, porque en la última cita, ni se le ocurrió mencionar la exquisita falda que ella vestía.


Me cuestiono si a los Señores del jurado del 20minutos, les parecerá frívolo que alguien sólo salga con los que tienen cierto status social, o con los que, después de una fiesta de cumpleaños, la homenajeada únicamente salga con los que le hicieron un regalo superior a los sesenta euros. No sé si les parecerá frívolo no volver a contestar el teléfono a una persona sólo por el hecho de que lleva un teléfono móvil que es una autentica antigualla o porque viera, en un momento dado, que sobre la bandeja de atrás de su coche, reposaba un peluche con forma de osito.


¿Será frívolo ir a un velatorio con el fin de ligarse a un compañero de trabajo?, ¿lo será gastarse en una prenda de vestir más dinero del que se gana en un mes?, me pregunto también, ¿será frivolidad el hecho de aceptar una cita sólo por darse el gusto de subir en un coche con la matrícula del cuerpo diplomático?.


Señores del jurado: si algún punto de estos les parece lo suficientemente frívolo, les agradecería que me lo hicieran saber, porque creo que de cada de uno de ellos puedo obtener primorosa información.


Y que nadie juzgue si esto es propio de una frívola o exclusivo de una maldita zorra, eso no es lo que estamos cuestionando, lo que pretendemos es ganar el concurso en la categoría antes mencionada.


Para corazones sensibles y ofendidos, no olvidéis pasaros por mi anterior artículo “¡A la mierda!”, que luego os volvéis locos y pasa lo que pasa.


Atentos saludos,

 
¡A LA MIERDA!



La semana pasada tuve la brillante idea de colgar un artículo en este blog que llevaba como título “La lista de la compra”. Me sentí relativamente orgullosa de el: me había quedado irónico, fluido e incluso me atrevería a decir que gracioso (yo al menos me reí mucho escribiéndolo). Me sentía satisfecha con el resultado, pero en ningún momento llegué a pensar en las consecuencias que podría traerme el colgarlo en la red.


Tengo un blog como quien tiene un tío en Cuba. Quiero decir: no le doy importancia a cuanto es o no es de visitado o si es mejor o peor que otros. Bien es verdad que me gusta que me pongan comentarios y que el que entren me hace cierta “ilusión”, decir lo contrario sería mentir. Pero más cierto es aún si os digo que este blog no me supone ningún tipo de atadura. He colgado cosas cuando me ha apetecido, cuando se me ha ocurrido algo que decir o simplemente cuando no he tenido nada mejor que hacer. Nunca me he tomado esto como nada en concreto, ni he sentido las ganas de plasmar aquí lo que pasa en mi vida real, pero hay gente (mucha gente) que ha creído que esto, es otra cosa.


El artículo del que os hablaba venía a ser una lista de tipos con lo que había tenido “algo”, les iba enumerando y decía algo significativo de cada uno de ellos. Hice la lista, la colgué y sin quererlo, lié la de San Quintín.


Para poneros en antecedentes os contaré que hice este blog simplemente porque no sabía que era un blog. No paraba de leer en todas partes cosas sobre los blogs y me estaba sintiendo tremendamente paleta al no saber en que consistía esa “cosa” de la que tanto se estaba hablado.


Una tarde, aburrida en la oficina, busqué en google la palabra Blog y entonces descubrí lo que era. Bendita chorrada, pensé. Entré en ya.com y me dispuse a hacer mi propio blog. Planté lo primero que se me pasó por la cabeza que no fue otra cosa que el artículo “El hombre que usa más laca que yo”.


Tuvo más “éxito” del esperado, había pasado la dirección a mis conocidos para compartir con ellos la tontuna que había hecho y me crucé de brazos a esperar (a esperar nada en concreto). Días después, ya había gente que me pedía que siguiera con ello. A mi no se me ocurría nada mejor que decir, pero al tiempo, volví a escribir otro artículo y volví a proclamar a los cuatro vientos que tenía un blog.


El blog estaba siendo tema de conversación muy a menudo, si salía y hablaba con la gente que lo había leído, me comentaban sobre ello, me daban ideas e incluso recomendaciones del tipo “haz lo artículos más cortos”, “deberías escribir más a menudo” o “divide los textos para que no se hagan tan pesados”. Tomé nota de todo lo que me iban diciendo y en los siguientes que escribí, simplemente hice lo que me dio la real gana.


Nació "Mi prima Marisa y su Adonis" y tuvo gran aceptación, yo estaba relativamente contenta con el blog y hasta me inscribí en el 20 minutos para participar en el concurso. Ya por este entonces me estaba empezando a cansar que la gente se lo tomara como un diario personal, un sitio donde yo escribía mi vida o lo que pensaba acerca de los hombres. Estas personas, siempre gente conocida para mi, se lo estaba tomando como algo mucho más serio de lo que en realidad era. Yo siempre me defendí alegando que todo lo que ponía era fruto de mi imaginación, que no existía ningún Adonis, que no tenía ninguna prima Marisa, que no era verdad que quiero encontrar a un hombre que me pida que le lleve las cervezas y que nunca le diría a una persona a través de un blog, que no le amo.


El caso es que no debieron de creerme cuando les decía que nada de esto era cierto y no contentos con darme consejos sentimentales, muchos individuos, no podían evitar darse por aludidos en los párrafos escritos.


Tuve cuatro o cinco Adonis, innumerables hombres que usan más laca que yo, tuve quien se creyó que era el médico que me proponía hacer un viaje en moto, tuve quienes se creyeron que eran el engominado que me invitaba a la playa y tuve muchos (muchísimos) que se creyeron que les decía que no les amaba colgándolo en la red.


Me han puesto mails (sí, vosotros) regañándome, recriminándome, preguntándome si era o no era a él a quien iba dirigido el artículo “x”, diciéndome que como era capaz de decir tal o cual cosa si él nunca había actuado así. Yo, erre que erre, siempre contestando que nada tenía que ver con la realidad, que no se dieran por ofendidos, que si nunca habían leído una novela, que todo era ficción...


Pues bien, la semana pasada, como os iba diciendo, plasmé “La lista de la compra”, apagué el ordenador y me marché. A las dos horas y media aproximadamente, tuve que buscar un sitio que tuviera Internet para borrar el maldito artículo. Mis pobre renglones de “La lista de la compra”, duraron realmente poco.


En ese tiempo recibí: cuatro llamadas telefónicas e innumerables mensajes al móvil preguntándome que número de la lista eran ellos: “¿yo soy el decimoquinto?”, “¿yo soy el vigésimo octavo?, “¿cómo eres capaz de colgar eso en el blog”? y un largo etc...


Me enfadé, me enfurruñé y me metí en un bar de mala muerte con el cartel “ciber café”, eché una moneda de dos euros y borré “La lista de la compra”. Al día siguiente, cuando miré el correo, también tenía varios mails que me hablaban de este artículo, en su mayoría mails del mismo calibre que los mensajes y llamadas telefónicas, correos que habían sido escritos en el transcurso de esas dos horas.


Este incidente me ha sorprendido en varios aspectos:


1. Mi blog es mucho más visitado de lo que nunca llegué a imaginar. No sabía que un artículo que ha estado colgado tan poco tiempo, iba a ser tan leído.


2. Sois aún más ególatras de lo que sospecha. Os creéis el culo del mundo pensando que todo lo que digo o hago, tiene que ver con vosotros.


3. Desconocéis lo que es la imaginación (y esto es aplicable a más de un sentido).


4. Dos euros en un ciber café duran muy poco. Amén de que es increíble lo pegajosas que pueden llegar a estar las teclas y el ratón de un ordenador.


Habéis sumados uno más uno, os ha dado dos y os habéis pensado que todo el campo es orégano. Os habéis dicho: “esta tía tiene 2 gatos y lo pone, esta tía vive en un cuarto sin ascensor y lo pone” y habéis visto algo de realidad (inevitable e ínfima) y como sois unos cenutrios os habéis dicho que absolutamente todo el resto, es igualmente cierto, sin hacer caso en ningún momento de mis palabras cuando insistía que había un abismo a la realidad.


Si queréis leer un diario o estupideces varias, tenéis millones de blogs donde meteros. Blogs titulados “Diario de un o una...”. Tenéis miles, infinitos blogs donde la gente airea sus sentimientos y hace de su espacio (muy lícito, cada uno que haga lo que quiera) un consultorio sentimental o un diario de andar por casa. Este blog, Señores, nada tiene que ver con eso.


¡A la mierda!, sí Señores, a la mierda porque acabáis de sacar lo peor de mi. Ahora sí, ahora es cuando tenéis que tomaros esto como algo personal, como algo que va dirigido a vosotros, personajillos envanecidos que os pensáis que todo tiene que ver con ustedes. Y es precisamente ahora cuando verdaderamente me planteo la orientación de este espacio. No pienso dejar de escribir aquí, porque ahora, más que nunca, es cuando puede que empiece a apetecerme el airear mis intimidades sin ninguna respetabilidad.


No sé que haré, probablemente no lo haga porque mi pudor puede a mi vehemencia, pero quiero haceros saber, y por Dios, hacerme caso por una vez en vuestra vida, que aunque en algún momento dado me sirvierais de inspiración para escribir algo, nunca he utilizado esto como un canal para dirigirme a vosotros y mucho menos para que supierais lo que realmente pienso. En este último supuesto, si lo hubiera querido hacer, me habría salido un manual de cómo tratar con esquizofrénicos.


Por último, y adelantándome a los acontecimientos, que nadie me pida que publique “La lista de la compra”, no lo volveré a colgar en la vida, es más, creo que va a ser destruido en este mismo momento.


Saludos cordiales,

 
CHICA DE AYER
Un día cualquiera no sabes que hora es,
te acuestas a mi lado sin saber por qué.
Las calles mojadas te han visto crecer
y tú en tu corazón estás llorando otra vez.


Me asomo a la ventana eres la chica de ayer,
jugando con las flores en mi jardín.
Demasiado tarde para comprender,
chica vete a tu casa no podemos jugar.


La luz de la mañana entra a la habitación,
tu cabellos dorados parecen sol.
Luego por la noche al Penta a escuchar
canciones que consiguen que te pueda amar.


Me asomo a la ventana eres la chica de ayer
jugando con las flores en mi jardín.
Demasiado tarde para comprender
mi cabeza da vueltas persiguiéndote
mi cabeza da vueltas persiguiéndote
mi cabeza da vueltas persiguiéndote




Nacha Pop, 1980
Hispavox

 
UN MARAVILLOSO PLAN
Tengo tres opciones masculinas de entretenimiento para este puente. Estoy planteándome muy seriamente aceptar una de ellas ya que la depresión postvacacional (esa que tantas veces he criticado y a la que hice campaña en contra diciendo que no existía tal estupidez), me ha dado en todos los morros diciéndome que no sólo sí existe, sino que además se va a cebar conmigo.


El volver al trabajo, el volver a mi ciudad plagada de obras, el volver a la misma cantinela de siempre, está siendo jodidamente duro. Pero en todo lo malo, siempre hay algo peor, y a los dos días de estar de nuevo instalada, mis queridos hombres que usan más laca que yo, han vuelto a revolotear.


Para mi desgracia estos son sólo los que, por ahora, no tienen ningún interés para mi, pero he de decir que son lo únicos que me recuerdan que existo y proponiendo planes para mi depresión, hacen que hasta me planteé una alternativa con ellos.


El primero de ellos es un atractivo chef que podría ser mi padre. Él me propone hacer una ruta gastronómica por la Alpujarra. Ir a Granada pasando por la Baja Alpujarra hasta la comarca de la Alpujarra Alta, una vez en Granada visitar una bodega de vino tradicional, pasando por el Barranco del Poiqueira y Capileira, para acabar en el último destino: Trevélez, tierra del jamón y las truchas.





En fin, según terminó el chef de exponerme su plan para el puente, yo ya estaba agotada y empachada. Aún no sé si es por él o porque la palabra “Alpujarra” no tiene un sonido muy romántico, pero el caso es que las ganas de ir son cada vez menores.


Pero bueno, pensándolo bien el plan no estaría del todo mal. Aunque tengo que tener en cuenta lo siguiente:


- No me apetece dedicarme a comer durante un puente entero cuando por fin he conseguido quitarme los kilos enquistados.


- El chef en cuestión practica el Tao sexual. Que sí, que estará muy bien, pero queridos míos, a mi me AGOTA y termino hasta el moño del inventito de los chinos.


- Se pone muy pesado con el tabaco diciendo que fumando no puedo apreciar los sabores y sensaciones de sus exquisiteces y siendo una ruta gastronómica, podemos acabar a puñetazos.


- Yo fumo cuanto, cuando y como me da la gana. Mira por donde cuando me da chorizo de cantimpalo me sabe igual si fumo, como si no lo hago.


La segunda opción la propone el médico que me atendió de urgencias (entiéndase como se prefiera) antes de irme de vacaciones. Decidió, sin consultar al colegio de médicos, que él iba a ser mi doctor particular lo quisiera o no. Este propone irnos en su moto a la aventura parando y pernoctando donde nos apetezca y pasarnos así el viernes, sábado y domingo.





A este plan le veo las pegas lo mire por donde lo mire. Sólo tiene algo bueno: que de las tres opciones él es el único que tiene un precioso “camino hacia la gloria” y un ligero aspecto grunge que le hace realmente atractivo. Pero no puedo olvidar que:


- Me dan miedo las motos


- Más miedo aún me da él cuando se cree Dani Pedrosa


- ¿Cómo voy a llevar mi maleta de tres días en una moto?


- El casco me da claustrofobia


- El casco me despeina


- El casco me da dolor de cuello y espalda


- Yo, a diferencia de él, no disfruto de ningún paisaje porque la mayor parte del tiempo voy con los ojos cerrados


Según él, aún está por resurgir la motera que llevo en mi. Ante tal afirmación sólo me puedo preguntar: ¿Cómo sabe que habita una motera en mi? ¿La escucharía con el fonendoscopio?, ¡pues sí que ha avanzado la ciencia, mucho más de lo que imaginaba!. ¿Habrá oído también a la paranoica que llevo dentro?.


El tercer y último plan lo ofrece el engominado que insiste sin cesar y que parece que nunca se rinde. La verdad es que es el que se merece que acepte sólo por esa perseverancia que me tiene tan alucinada.


Él me invita a pasar el puente a una playa donde tiene una “casita” la cual, he de decir, pinta estupendamente. Su plan es que estemos tirados a la bartola, ver la vida pasar y el resto del tiempo pasarlo fornicando.


Así puede hasta sonar interesante ya que, de hecho, dice que se hace cargo de todo y que yo sólo tengo que dejarme llevar y aceptar la propuesta.


Pero no os confundáis, aunque parezca el plan más apetecible y jure y perjure que vamos a rascarnos la barriga el uno al otro durante todo el santo día, en realidad sé que no es así, le conozco demasiado bien y hay detalles que no puedo obviar:


- En la “casita” de al lado habitan sus padres (¡ay que me da un ataque de tos nerviosa!)


- Cada vez que quedo con él, mi cuerpo acaba lleno de hematomas ya que no controla sus fuerzas


- Es hiperactivo, así que dudo mucho que consiga estar tres días viéndolas venir


- Me temo que me va a hacer practicar algún deporte náutico


- Peor aún: me temo que me va a hacer practicar algún deporte en el que se utilicen raquetas o artilugios de esos que, como ya sabéis, no sé ni como agarrar.





Así que en estas estoy. El puente se acerca y yo no sé que hacer durante esos tres días. Me siento incapaz de decidirme por uno de estos tres planes. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que ninguno de estos propósitos son de mi agrado. Que conste que no son por los planes en si, porque una ruta gastronómica, un viaje en moto o un puente en la playa son buenos propósitos. El problema son las personas que los exponen, que no son ellos los que deberían hacerlo.


En fin, creo que me quedaré en mi casa, estaré con los que siempre se quedan conmigo y será de agradecer. Miraré el móvil de vez en cuando para ver si el hijo de cabra que verdaderamente debería proponerme un plan, lo hace. Como comprobaré que tal cosa no ocurrire, me lamentaré de no estar en la Alpujarra, en una carretera perdida o a orillas del mar. Pero después, mirando a ese fondo que de vez en cuando visito, me daré cuenta de que he actuado bien ya que en el mejor de los casos y de aceptar alguno de esos planes, puedo salir en las noticias.


De cualquier manera, podéis seguir proponiéndome maravillosos planes, que no los acepte no quiere decir que no me hagan ilusión y que además, llegue a plantearme la posibilidad de admitir algún día. Debéis saber que, a pesar de mis críticas, queridos hombrecitos que usáis más laca que yo, os quiero mucho.