logotipo

img_google
Coolkiku
Os escribo una carta larga porque no tengo tiempo de escribiros una corta.
Sindicación
 
FRIVOLIDAD EN REBAJAS



Alguien me acaba de decir que este blog no está siendo lo suficientemente frívolo para estar concursando en el 20minutos en la categoría de “Mejor Frivoblog” (vaya palabreja que se ha inventado como el que no quiere la cosa). La verdad es que a mí me importa bastante poco que esté entre lo más votados o vaya la decimonovena, pero la persona que me ha hecho este comentario tiene mucha razón en una cosa: si uno concursa en algo, que sea para ganar.


Creo que mi problema no es que este blog no sea lo suficientemente frívolo, pienso que el quid de la cuestión radica más en que yo no tengo tantos amiguitos con blogs como el resto. Amiguitos que me voten a diario y que me hagan propaganda.


Y es que claro, es verdad que yo me niego a poner en mis enlaces los blogs de otros, simplemente porque nunca he estado de acuerdo con la publicidad gratuita (creerme si os digo que anunciar ciertas marcas de ropa, me trae algo bueno). Si alguien quiere que le promocione su blog, que me pague o me recompense de algún modo, ¿no?, entonces lo haré encantada. Ahora no tengáis una pataleta por esto que acabo de decir y me quitéis ipso facto de vuestros enlaces. Que yo no lo haga, no quiere decir que no me encante verme en vuestros espacios y que me haga infinita ilusión estar ahí sin tener que pagaros. Me encanta que haya gente tan benévola como vosotros.


También creo que no tengo mucho espíritu competitivo y sobre todo me parece que me falta solidaridad interniana (¡toma palabreja que yo también me acabo de inventar!) y puesta a confesarme os diré que me causa mucho estrés cuando alguien me pone un comentario y me hace referencia a su blog. Entonces, me veo en la obligación moral de poner yo también un comentario para agradecerle la visita y a veces, ni tengo tiempo, ni moral, ni ganas, ni se me ocurre nada que decir y entonces voy y me pongo nerviosa porque quiero ser educada, pero a la vez no me apetece escribir y entro en un bucle del que me cuesta salir. Otra cosa muy distinta es cuando pongo comentarios simplemente porque me apetece y me gusta el blog, así que nadie se eche las manos a la cabeza maldiciéndome y pensando que sólo os he escrito porque estaba atrapada en el bucle y en mi supuesta obligación moral.


En cualquier caso, y volviendo al tema, si lo que tengo que pretender es que este blog sea más frívolo para participar dignamente, eso voy a hacer, porque queridos míos, si algo se me da bien es esta vida, esa no es otra cosa que frivolizar.


No sé si parecerá lo suficientemente frívolo publicar una lista con los tipos con los que alguien se ha acostado. No sé si será más o menos frívolo no acordarse de los nombres de los varoncitos con los que se ha estado. Me cuestiono cuanto de frívolo es chupársela a alguien cuando su mujer está en la habitación de al lado, o hacérselo con su Director con el único fin de obtener un despacho con magnificas vistas.


Me pregunto si será lo suficientemente frívolo el quedar con dos tíos el mismo día y a los dos decirles que son harto de importantes cuando la realidad, es otra muy distinta: son tan importantes como un comino y además se es consciente de que haciendo ese comentario sólo les va a provocar falsas esperanzas.


Estoy pensando que no sé si es lo bastante frívolo reenviar mails y mensajes de amor a las amigas sólo para jactarse del remitente, o si entra en la categoría de frivolidad el conocer a ciertas personas únicamente por los apodos que se han ganado, como puedan ser: “XXL” (evidente), “Primer amor” (porque es ciego), “León de circo” (porque hay que pegarle para que trabaje) o “Farmacia de guardia” (porque sólo se le busca en la noche).


Sigo meditando y me pregunto si será frívolo o no quedar con un tipo por el que no se siente absolutamente nada, pero hacerlo sólo por el hecho de que fue el ex novio de la ex novia de un ex (creo que esto no es frívolo sino enfermizo) o si es ser frívola, no volver a quedar con otro sólo por el hecho de que no calza los zapatos adecuados, o porque sus calzoncillos son un espanto, o porque vive en el extrarradio, tenga una profesión “inadecuada” o simplemente, porque en la última cita, ni se le ocurrió mencionar la exquisita falda que ella vestía.


Me cuestiono si a los Señores del jurado del 20minutos, les parecerá frívolo que alguien sólo salga con los que tienen cierto status social, o con los que, después de una fiesta de cumpleaños, la homenajeada únicamente salga con los que le hicieron un regalo superior a los sesenta euros. No sé si les parecerá frívolo no volver a contestar el teléfono a una persona sólo por el hecho de que lleva un teléfono móvil que es una autentica antigualla o porque viera, en un momento dado, que sobre la bandeja de atrás de su coche, reposaba un peluche con forma de osito.


¿Será frívolo ir a un velatorio con el fin de ligarse a un compañero de trabajo?, ¿lo será gastarse en una prenda de vestir más dinero del que se gana en un mes?, me pregunto también, ¿será frivolidad el hecho de aceptar una cita sólo por darse el gusto de subir en un coche con la matrícula del cuerpo diplomático?.


Señores del jurado: si algún punto de estos les parece lo suficientemente frívolo, les agradecería que me lo hicieran saber, porque creo que de cada de uno de ellos puedo obtener primorosa información.


Y que nadie juzgue si esto es propio de una frívola o exclusivo de una maldita zorra, eso no es lo que estamos cuestionando, lo que pretendemos es ganar el concurso en la categoría antes mencionada.


Para corazones sensibles y ofendidos, no olvidéis pasaros por mi anterior artículo “¡A la mierda!”, que luego os volvéis locos y pasa lo que pasa.


Atentos saludos,

 
¡A LA MIERDA!



La semana pasada tuve la brillante idea de colgar un artículo en este blog que llevaba como título “La lista de la compra”. Me sentí relativamente orgullosa de el: me había quedado irónico, fluido e incluso me atrevería a decir que gracioso (yo al menos me reí mucho escribiéndolo). Me sentía satisfecha con el resultado, pero en ningún momento llegué a pensar en las consecuencias que podría traerme el colgarlo en la red.


Tengo un blog como quien tiene un tío en Cuba. Quiero decir: no le doy importancia a cuanto es o no es de visitado o si es mejor o peor que otros. Bien es verdad que me gusta que me pongan comentarios y que el que entren me hace cierta “ilusión”, decir lo contrario sería mentir. Pero más cierto es aún si os digo que este blog no me supone ningún tipo de atadura. He colgado cosas cuando me ha apetecido, cuando se me ha ocurrido algo que decir o simplemente cuando no he tenido nada mejor que hacer. Nunca me he tomado esto como nada en concreto, ni he sentido las ganas de plasmar aquí lo que pasa en mi vida real, pero hay gente (mucha gente) que ha creído que esto, es otra cosa.


El artículo del que os hablaba venía a ser una lista de tipos con lo que había tenido “algo”, les iba enumerando y decía algo significativo de cada uno de ellos. Hice la lista, la colgué y sin quererlo, lié la de San Quintín.


Para poneros en antecedentes os contaré que hice este blog simplemente porque no sabía que era un blog. No paraba de leer en todas partes cosas sobre los blogs y me estaba sintiendo tremendamente paleta al no saber en que consistía esa “cosa” de la que tanto se estaba hablado.


Una tarde, aburrida en la oficina, busqué en google la palabra Blog y entonces descubrí lo que era. Bendita chorrada, pensé. Entré en ya.com y me dispuse a hacer mi propio blog. Planté lo primero que se me pasó por la cabeza que no fue otra cosa que el artículo “El hombre que usa más laca que yo”.


Tuvo más “éxito” del esperado, había pasado la dirección a mis conocidos para compartir con ellos la tontuna que había hecho y me crucé de brazos a esperar (a esperar nada en concreto). Días después, ya había gente que me pedía que siguiera con ello. A mi no se me ocurría nada mejor que decir, pero al tiempo, volví a escribir otro artículo y volví a proclamar a los cuatro vientos que tenía un blog.


El blog estaba siendo tema de conversación muy a menudo, si salía y hablaba con la gente que lo había leído, me comentaban sobre ello, me daban ideas e incluso recomendaciones del tipo “haz lo artículos más cortos”, “deberías escribir más a menudo” o “divide los textos para que no se hagan tan pesados”. Tomé nota de todo lo que me iban diciendo y en los siguientes que escribí, simplemente hice lo que me dio la real gana.


Nació "Mi prima Marisa y su Adonis" y tuvo gran aceptación, yo estaba relativamente contenta con el blog y hasta me inscribí en el 20 minutos para participar en el concurso. Ya por este entonces me estaba empezando a cansar que la gente se lo tomara como un diario personal, un sitio donde yo escribía mi vida o lo que pensaba acerca de los hombres. Estas personas, siempre gente conocida para mi, se lo estaba tomando como algo mucho más serio de lo que en realidad era. Yo siempre me defendí alegando que todo lo que ponía era fruto de mi imaginación, que no existía ningún Adonis, que no tenía ninguna prima Marisa, que no era verdad que quiero encontrar a un hombre que me pida que le lleve las cervezas y que nunca le diría a una persona a través de un blog, que no le amo.


El caso es que no debieron de creerme cuando les decía que nada de esto era cierto y no contentos con darme consejos sentimentales, muchos individuos, no podían evitar darse por aludidos en los párrafos escritos.


Tuve cuatro o cinco Adonis, innumerables hombres que usan más laca que yo, tuve quien se creyó que era el médico que me proponía hacer un viaje en moto, tuve quienes se creyeron que eran el engominado que me invitaba a la playa y tuve muchos (muchísimos) que se creyeron que les decía que no les amaba colgándolo en la red.


Me han puesto mails (sí, vosotros) regañándome, recriminándome, preguntándome si era o no era a él a quien iba dirigido el artículo “x”, diciéndome que como era capaz de decir tal o cual cosa si él nunca había actuado así. Yo, erre que erre, siempre contestando que nada tenía que ver con la realidad, que no se dieran por ofendidos, que si nunca habían leído una novela, que todo era ficción...


Pues bien, la semana pasada, como os iba diciendo, plasmé “La lista de la compra”, apagué el ordenador y me marché. A las dos horas y media aproximadamente, tuve que buscar un sitio que tuviera Internet para borrar el maldito artículo. Mis pobre renglones de “La lista de la compra”, duraron realmente poco.


En ese tiempo recibí: cuatro llamadas telefónicas e innumerables mensajes al móvil preguntándome que número de la lista eran ellos: “¿yo soy el decimoquinto?”, “¿yo soy el vigésimo octavo?, “¿cómo eres capaz de colgar eso en el blog”? y un largo etc...


Me enfadé, me enfurruñé y me metí en un bar de mala muerte con el cartel “ciber café”, eché una moneda de dos euros y borré “La lista de la compra”. Al día siguiente, cuando miré el correo, también tenía varios mails que me hablaban de este artículo, en su mayoría mails del mismo calibre que los mensajes y llamadas telefónicas, correos que habían sido escritos en el transcurso de esas dos horas.


Este incidente me ha sorprendido en varios aspectos:


1. Mi blog es mucho más visitado de lo que nunca llegué a imaginar. No sabía que un artículo que ha estado colgado tan poco tiempo, iba a ser tan leído.


2. Sois aún más ególatras de lo que sospecha. Os creéis el culo del mundo pensando que todo lo que digo o hago, tiene que ver con vosotros.


3. Desconocéis lo que es la imaginación (y esto es aplicable a más de un sentido).


4. Dos euros en un ciber café duran muy poco. Amén de que es increíble lo pegajosas que pueden llegar a estar las teclas y el ratón de un ordenador.


Habéis sumados uno más uno, os ha dado dos y os habéis pensado que todo el campo es orégano. Os habéis dicho: “esta tía tiene 2 gatos y lo pone, esta tía vive en un cuarto sin ascensor y lo pone” y habéis visto algo de realidad (inevitable e ínfima) y como sois unos cenutrios os habéis dicho que absolutamente todo el resto, es igualmente cierto, sin hacer caso en ningún momento de mis palabras cuando insistía que había un abismo a la realidad.


Si queréis leer un diario o estupideces varias, tenéis millones de blogs donde meteros. Blogs titulados “Diario de un o una...”. Tenéis miles, infinitos blogs donde la gente airea sus sentimientos y hace de su espacio (muy lícito, cada uno que haga lo que quiera) un consultorio sentimental o un diario de andar por casa. Este blog, Señores, nada tiene que ver con eso.


¡A la mierda!, sí Señores, a la mierda porque acabáis de sacar lo peor de mi. Ahora sí, ahora es cuando tenéis que tomaros esto como algo personal, como algo que va dirigido a vosotros, personajillos envanecidos que os pensáis que todo tiene que ver con ustedes. Y es precisamente ahora cuando verdaderamente me planteo la orientación de este espacio. No pienso dejar de escribir aquí, porque ahora, más que nunca, es cuando puede que empiece a apetecerme el airear mis intimidades sin ninguna respetabilidad.


No sé que haré, probablemente no lo haga porque mi pudor puede a mi vehemencia, pero quiero haceros saber, y por Dios, hacerme caso por una vez en vuestra vida, que aunque en algún momento dado me sirvierais de inspiración para escribir algo, nunca he utilizado esto como un canal para dirigirme a vosotros y mucho menos para que supierais lo que realmente pienso. En este último supuesto, si lo hubiera querido hacer, me habría salido un manual de cómo tratar con esquizofrénicos.


Por último, y adelantándome a los acontecimientos, que nadie me pida que publique “La lista de la compra”, no lo volveré a colgar en la vida, es más, creo que va a ser destruido en este mismo momento.


Saludos cordiales,

 
CHICA DE AYER
Un día cualquiera no sabes que hora es,
te acuestas a mi lado sin saber por qué.
Las calles mojadas te han visto crecer
y tú en tu corazón estás llorando otra vez.


Me asomo a la ventana eres la chica de ayer,
jugando con las flores en mi jardín.
Demasiado tarde para comprender,
chica vete a tu casa no podemos jugar.


La luz de la mañana entra a la habitación,
tu cabellos dorados parecen sol.
Luego por la noche al Penta a escuchar
canciones que consiguen que te pueda amar.


Me asomo a la ventana eres la chica de ayer
jugando con las flores en mi jardín.
Demasiado tarde para comprender
mi cabeza da vueltas persiguiéndote
mi cabeza da vueltas persiguiéndote
mi cabeza da vueltas persiguiéndote




Nacha Pop, 1980
Hispavox

 
UN MARAVILLOSO PLAN
Tengo tres opciones masculinas de entretenimiento para este puente. Estoy planteándome muy seriamente aceptar una de ellas ya que la depresión postvacacional (esa que tantas veces he criticado y a la que hice campaña en contra diciendo que no existía tal estupidez), me ha dado en todos los morros diciéndome que no sólo sí existe, sino que además se va a cebar conmigo.


El volver al trabajo, el volver a mi ciudad plagada de obras, el volver a la misma cantinela de siempre, está siendo jodidamente duro. Pero en todo lo malo, siempre hay algo peor, y a los dos días de estar de nuevo instalada, mis queridos hombres que usan más laca que yo, han vuelto a revolotear.


Para mi desgracia estos son sólo los que, por ahora, no tienen ningún interés para mi, pero he de decir que son lo únicos que me recuerdan que existo y proponiendo planes para mi depresión, hacen que hasta me planteé una alternativa con ellos.


El primero de ellos es un atractivo chef que podría ser mi padre. Él me propone hacer una ruta gastronómica por la Alpujarra. Ir a Granada pasando por la Baja Alpujarra hasta la comarca de la Alpujarra Alta, una vez en Granada visitar una bodega de vino tradicional, pasando por el Barranco del Poiqueira y Capileira, para acabar en el último destino: Trevélez, tierra del jamón y las truchas.





En fin, según terminó el chef de exponerme su plan para el puente, yo ya estaba agotada y empachada. Aún no sé si es por él o porque la palabra “Alpujarra” no tiene un sonido muy romántico, pero el caso es que las ganas de ir son cada vez menores.


Pero bueno, pensándolo bien el plan no estaría del todo mal. Aunque tengo que tener en cuenta lo siguiente:


- No me apetece dedicarme a comer durante un puente entero cuando por fin he conseguido quitarme los kilos enquistados.


- El chef en cuestión practica el Tao sexual. Que sí, que estará muy bien, pero queridos míos, a mi me AGOTA y termino hasta el moño del inventito de los chinos.


- Se pone muy pesado con el tabaco diciendo que fumando no puedo apreciar los sabores y sensaciones de sus exquisiteces y siendo una ruta gastronómica, podemos acabar a puñetazos.


- Yo fumo cuanto, cuando y como me da la gana. Mira por donde cuando me da chorizo de cantimpalo me sabe igual si fumo, como si no lo hago.


La segunda opción la propone el médico que me atendió de urgencias (entiéndase como se prefiera) antes de irme de vacaciones. Decidió, sin consultar al colegio de médicos, que él iba a ser mi doctor particular lo quisiera o no. Este propone irnos en su moto a la aventura parando y pernoctando donde nos apetezca y pasarnos así el viernes, sábado y domingo.





A este plan le veo las pegas lo mire por donde lo mire. Sólo tiene algo bueno: que de las tres opciones él es el único que tiene un precioso “camino hacia la gloria” y un ligero aspecto grunge que le hace realmente atractivo. Pero no puedo olvidar que:


- Me dan miedo las motos


- Más miedo aún me da él cuando se cree Dani Pedrosa


- ¿Cómo voy a llevar mi maleta de tres días en una moto?


- El casco me da claustrofobia


- El casco me despeina


- El casco me da dolor de cuello y espalda


- Yo, a diferencia de él, no disfruto de ningún paisaje porque la mayor parte del tiempo voy con los ojos cerrados


Según él, aún está por resurgir la motera que llevo en mi. Ante tal afirmación sólo me puedo preguntar: ¿Cómo sabe que habita una motera en mi? ¿La escucharía con el fonendoscopio?, ¡pues sí que ha avanzado la ciencia, mucho más de lo que imaginaba!. ¿Habrá oído también a la paranoica que llevo dentro?.


El tercer y último plan lo ofrece el engominado que insiste sin cesar y que parece que nunca se rinde. La verdad es que es el que se merece que acepte sólo por esa perseverancia que me tiene tan alucinada.


Él me invita a pasar el puente a una playa donde tiene una “casita” la cual, he de decir, pinta estupendamente. Su plan es que estemos tirados a la bartola, ver la vida pasar y el resto del tiempo pasarlo fornicando.


Así puede hasta sonar interesante ya que, de hecho, dice que se hace cargo de todo y que yo sólo tengo que dejarme llevar y aceptar la propuesta.


Pero no os confundáis, aunque parezca el plan más apetecible y jure y perjure que vamos a rascarnos la barriga el uno al otro durante todo el santo día, en realidad sé que no es así, le conozco demasiado bien y hay detalles que no puedo obviar:


- En la “casita” de al lado habitan sus padres (¡ay que me da un ataque de tos nerviosa!)


- Cada vez que quedo con él, mi cuerpo acaba lleno de hematomas ya que no controla sus fuerzas


- Es hiperactivo, así que dudo mucho que consiga estar tres días viéndolas venir


- Me temo que me va a hacer practicar algún deporte náutico


- Peor aún: me temo que me va a hacer practicar algún deporte en el que se utilicen raquetas o artilugios de esos que, como ya sabéis, no sé ni como agarrar.





Así que en estas estoy. El puente se acerca y yo no sé que hacer durante esos tres días. Me siento incapaz de decidirme por uno de estos tres planes. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que ninguno de estos propósitos son de mi agrado. Que conste que no son por los planes en si, porque una ruta gastronómica, un viaje en moto o un puente en la playa son buenos propósitos. El problema son las personas que los exponen, que no son ellos los que deberían hacerlo.


En fin, creo que me quedaré en mi casa, estaré con los que siempre se quedan conmigo y será de agradecer. Miraré el móvil de vez en cuando para ver si el hijo de cabra que verdaderamente debería proponerme un plan, lo hace. Como comprobaré que tal cosa no ocurrire, me lamentaré de no estar en la Alpujarra, en una carretera perdida o a orillas del mar. Pero después, mirando a ese fondo que de vez en cuando visito, me daré cuenta de que he actuado bien ya que en el mejor de los casos y de aceptar alguno de esos planes, puedo salir en las noticias.


De cualquier manera, podéis seguir proponiéndome maravillosos planes, que no los acepte no quiere decir que no me hagan ilusión y que además, llegue a plantearme la posibilidad de admitir algún día. Debéis saber que, a pesar de mis críticas, queridos hombrecitos que usáis más laca que yo, os quiero mucho.