BREVE ENSAYO SOBRE LOS EX (I)

Recuerdo con auténtica ternura a Félix Rodríguez de la Fuente, recuerdo que cuando comenzaba su serie toda mi familia al completo nos poníamos frente al televisor. Bien es verdad que no había muchos más canales donde elegir y que nos conformábamos con lo que nos ponían, pero cuando sonaba la sintonía de El Hombre y la Tierra, ahí estábamos todos con los ojos como platos y las bocas entreabiertas.
Recuerdo un verano que, viendo el programa en cuestión, hacía tanto calor que yo ponía la cara sobre el suelo para refrescarme. Era un verano madrileño, de esos terribles que sólo el que lo ha vivido sabe de lo que hablo.
Recuerdo que ese verano mi madre mandó que me cortaran el pelo extremadamente corto para que mi cogote dejara de sudar como el de una gitana (con esto no quiero decir que a las gitanas les sude más el cogote que a las payas, pero es que mi madre decía –y dice- mucho eso de sudar como una gitana y las madres… es lo que tienen, que luego te dejan en legado unas expresiones que no tienes manera de quitarte de encima).
Recuerdo volver a ver la serie con el pelo muy corto y sudando un poco menos.
Recuerdo que tras morir Félix Rodríguez de la Fuente, en el comedor del colegio, antes de empezar a devorar como bestias, cantábamos al unísono y con nuestras dulces vocecitas:
que el elefante le contó al castor
que la culebra dijo a la piraña
que esta mañana está más triste el sol.
Me ha dicho el pato que le diga al gato
que el lobo dice que contó al ratón
que la coneja dijo a la anaconda
que esta mañana está más triste el sol.
Amigo Félix,
cuando llegues al cielo,
amigo Félix,
hazme sólo un favor:
quiero ir contigo
a jugar un ratito
con el osito
de la Osa Mayor.
Dicen las focas que les dijo el cuco
que la ballena dijo al caracol
que la gaviota comentó al lagarto
que esta mañana está más triste el sol.
Esta mañana no ha comido el loro
ni el hipopótamo que está en el zoo.
Le ha comentado la tortuga al cuervo
que esta mañana está más triste el sol.
Amigo Félix,
cuando llegues al cielo,
amigo Félix,
hazme sólo un favor:
quiero ir contigo
a jugar un ratito
con el osito
de la Osa Mayor
Joder, ahora que lo pienso mira que eran cafres haciéndonos cantar algo así: ¿cómo es eso de ir a jugar con el Sr. Rodríguez estando muerto como estaba? ¿nos querían matar a todos?. La verdad sea dicha, a mi esto me suena un poco a secta. (Un inciso y para el que no lo sepa, esa canción la cantaban Enrique y Ana, que dicho sea de paso: Enrique, el Enrique del Pozo al que todos vosotros conocéis perfectamente, me tenía perdidamente enamorada y no podía pensar en otra cosa que no fuera en la forma de casarme con él, superando nuestra diferencia de edad, y en la manera de liquidar a la maldita Ana que pasaba tanto tiempo al lado de mi gran amor. Ahora no hay dinero suficiente en el mundo que me obligue a casarme con semejante ser repulsivo por mucho que me cante bajo la luz de una vela “…esta mañana no ha comido el loro…”)
El caso (que es a lo que yo iba) es que a D. Félix Rodríguez de la Fuente se le olvidó hacer un capítulo, uno básico y fundamental… el de la especie más importante y generalizada, esa que nos rodea, que nos acecha, que nos vigila en unos casos y nos ataca en otros. Una especie con la que llevamos conviviendo mucho tiempo. Esa plaga, esa epidemia, esa especie no es otra que la de los malditos, temidos y peligrosos ¡EX!.
Que conste que sobre este tema puedo hablar con conocimiento de causa, porque no tendré cubertería de plata ni un yate atracado en una isla del caribe, pero desde luego, lo que sí que tengo son ex. Los tengo para dar y regalar, de todos los tipos, colores y formas; grandes, pequeños y medianos; tarados, cuerdos y temerarios; los tengo lunáticos, responsables y perturbados; enamorados y desesperados, los tengo maduros y verdecitos. Tengo información suficiente como para hacer una tesis doctoral en lugar de un artículo de blog.
Claro está que yo también soy ex de muchos otros, y esos muchos otros tienen sus ex que a la vez tienen a los suyos correspondientes. Todos somos ex de alguien y todos tenemos algún ex. Nuestros amigos tienen ex, nuestros compañeros de trabajo tienen ex y salvo mi madre y padre (que no cuentan porque son de otra generación), todo Dios tiene más ex novios/as que tonterías en la mesita de noche de una gitana (y dale con las gitanas..).
Todo esto me ha surgido porque esta misma mañana he recibido el Email de una amiga. Me contaba que cada vez que empieza a notar a Satán respirar dentro de ella y que sabe que va a volverse mala de remate y tirar de agenda para emputecer, la ex de él reaparece haciendo una entrada triunfal. Es cuando mi amiga se acojona porque le ve las orejas al lobo y Satán desaparece de ella no dejando ni rastro. Comentaba mi amiga que al final iba a tener que poner en nómina a la cerda de la ex de su chico ya que gracias a ella, no se convertía en Belcebú.
Yo no estoy de acuerdo, yo creo que los ex sólo sirven para dar por culo. Por mucho que me haya pasado gran parte de mi vida defendiendo que puedo llegar a tener una relación cordial y de amistad con mis ex y ellos conmigo, que es lo adecuado y recomendable, que entre gente adulta es lo que se debe hacer, hoy por hoy lo retiro todo y opino que se ha de hacer justo todo lo contrario. Los ex deberíamos desaparecer, una vez terminada la relación tendría que finiquitarse paralela y absolutamente todo: no llamar, no escribir, no hacer entradas estelares, no incordiar, no hacer chantaje emocional, no hacer nada de nada: sólo marcharte con tanta paz como la que dejas.
Que nadie me ponga un comentario diciendo “pues yo con mi ex me llevo muy bien”, “mi ex es mi gran amigo/a”, bla bla bla…. Palabrería barata, palabrería… Yo también me llevo bien con algunos de mis ex y os aseguro que sus parejas están deseando que me caiga de un decimocuarto piso o me pase una apisonadora por encima. Sé que no soy nada querida por ellas… normal, a mi tampoco me gustan las ex de mis parejas (aunque la diferencia entre ellas y yo es que yo soy la ex perfecta, porque no doy nada de guerra, ellos se quedaron con mis cosas, con mi sabiduría y no les llamo para contarles que me he cortado el pelo o que creo que tengo un nuevo lunar en la espalda).
Voy a intentar hacer un pequeño resumen de los diferentes tipos de ex que existen. Algunos de vosotros reconoceréis estos estereotipos en vuestras ex parejas, otros os daréis cuenta de que sois uno de estos casos que voy a mencionar a continuación y os percatareis que, de ser así, es patético:
El ex llorón depresivo: Es el que se encarga de recordarte día tras día que le has jodido la vida, que eres una hija de la gran puta, es el que te hace sentir culpable y te repite que nunca podrá superar la ruptura. De vez en cuando (gracias a su ya elaborado plan en hacerte sentir mal) consigue que te vayas a la cama con un tremendo remordimiento de conciencia, pensando en que verdaderamente le has destrozado y que no mereces vivir por haber sido tan mala y cruel. Sabes que te maldice en sus oraciones y aunque le sorprendas con un matasuegras, guirnalda al cuello y bailando el chá chá chá como un desaforado, te dirá que en realidad no lo está pasando nada bien y cambiará su careto al de cordero degollado. Este tipo es muy dado a soltar lagrimitas y en cuanto te despistas y te pones cariñosa queriéndole decir “ya pasó, ya pasó..” él ya te ha enganchado una teta con una mano, con la otra te ha agarrado por el culo y busca la forma rápida en clavártela sin que te des cuenta.
La ex porculera: Es la ex novia de tu pareja, esa perra que no ves la hora en que encuentre un trabuco para que deje en paz tu relación. Es la cerda que le llama, que le acosa, que se empeña en invitarle a comer, a cenar, a desayunar… es la que llama para decir “¡Fulanito!, no te puedes ni imaginar dónde estoy: ¡en ese pueblecito tan mono al que me trajiste por sorpresa!, ¡no sabes cuanto me estoy acordando de ti… bueno… de nosotros!” (y yo de todos tus muertos, piensas). Es la que fue abandonada por él y nunca terminará de aceptarlo. La que de vez en cuando le lloriquea y le manda, despechada, un montón de fotos porque ella ya no las quiere tener… Y sabes que no te llega ni a la suela del zapato, pero te revuelve el estómago cada vez que se pone en contacto con él.
El ex peligroso: Es el que pone en peligro cualquier relación que tengas (por muy asentada que esté) porque sabes que él + copas + tonteo es = a acabar rememorando viejos tiempos en el catre. El que hizo contigo lo que quiso y el que sabe que aún puede hacerlo. Es el que más vale que no te ponga un dedo encima porque, aunque estés a un solo día de tu boda, como te toque se te va a poner el culo en pompa y vas a tardar medio segundo en restregarte por su pierna. Es con el que aprendiste que es lo que NO quieres en una relación pero que sabes a ciencia cierta, que no tendrás otra relación con el que tengas mejor sexo. A esta especie hay que mantenerla lejos, muy lejos, es un bicho peligroso porque puede arruinar todo con sólo tocarte.
La ex por antonomasia: Esta es la que más jode, mucho más que “La ex porculera”, donde va a parar, la otra, al fin y al cabo, la plantó tu chico, pero es que ésta fue ella la que se bajó del carro… y claro, cada vez que se la menciona, a ti se te vienen mil cosas a la cabeza y no puedes evitar recordar que cuando le conociste aún estaba dolido por la ruptura con ella. Nunca has visto su foto y no te puedes comparar, nunca os habéis encontrado estando juntos pero él se la encuentra hasta en la sopa. Es esa con la que siempre tendrás la duda de si quedará algún resquicio de amor hacía ella y, aunque a él le duela la boca de decirte que tú eres su gran amor, cada vez que la menciona se te da la vuelta el estómago. Cuando crees que lo tienes todo superado y que hace un montón que no sale a flote su nombre, un día va y te dice el mamón: “Amor, ¿sabes quién me ha llamado hoy?”, “no mi niño ¿quién?”, “¡Marta!”, “¿Marta?, ¿Marta la lora?” (Marta la lora es esa pobre chica que su nariz es tres veces la del cantante de Ketama), “¡No mi vida!, Marta mi ex!” y el capullo va y te cuenta que la pobre lo está pasando fatal, que se ha despedido del trabajo porque ya no aguantaba más, que quiere que tu chico la meta en alguna empresa donde trabaje poco y gane mucho, que está medio depre porque nada le sale bien… Y tú haces de tripas corazón y mientras sueltas un “Vaya, hoy en día nadie está conforme con su puesto de trabajo” en realidad estás pensando “Hijadelagranputamecagoentuputacalavera, si estás deprimida ¿por qué no te vas al psicólogo como todos? ¿Por qué no te apuntas a Infojobs? ¿te crees, maldita cerda, que tu ex es una ETT?, la próxima vez que te de el bajón métete el dedo por el orto durante tres minutos y medio y no llames a MI novio al cual YO me follo y con el que te recuerdo YA NO TIENES NADA QUE VER. Sin duda este espécimen debería de estar prohibido.
El ex de la vergüenza: Es ese que aún te preguntas que tipo de trauma estabas pasando por esa época para haber estado con semejante ejemplar. Te has deshecho de todas sus fotos, pero no porque no hayas podido superar que ya no tengas nada con él, sino por la vergüenza ajena que sientes. El pobre es más feo que mandar a tu abuela a por drogas y si por casualidad tu actual pareja se entera de que tuviste algo que ver con él, lo más bonito que te dice es algo así como “cariño, estuviste con ese tipo antes de operarte de la vista, ¿no?” y después se descojona de la risa. Es (y verás la de topicazos que voy a tener que escuchar por decir esto) el típico que si no te hubiera hecho ni puto caso, ahora estarías llorando de rincón en rincón por su amor, pero como te tuvo en palmitas y te consintió todo (impertinencias, insolencias, paranoias y tus más enormes y apoteósicas borracheras) pues decidiste que mejor pasabas de él y que además es tu anti-hombre. Esta especie puede sufrir mucho por ti, así que por su propio bien, mejor mantenerse a varios kilómetros de distancia.
El ex que escuece: Es ese que cuando le ves es como si te abriera en canal y te echaran pimentón dentro. Mejor no saber de él, mejor no verlo, mejor que nadie te diga nada de él, que nunca se les ocurra decir que está con tal o cual tía porque sabes que no lo vas a digerir bien (de hecho sabes que el digerirlo te va a suponer dos meses y cantidades industriales de whisky). Al que en su momento le deseaste la muerte y que ahora, superando traumas, te conformas con que sufra una gonorrea y/o sífilis, que se quede ciego de un ojo y que el otro no lo pueda cerrar nunca, que se quede cojo y le salgan pústulas por toda la cara y ampollas sangrantes, que se quede calvo a trozos y que tenga un pitido permanente en los dos oídos. Es el que todo lo relacionado con él te va a salir mal y que si te le encuentras por casualidad con él (porque el cabrón tuvo la brillante idea de quedarse a vivir en tu mismo barrio) te pilla en ese domingo en el que has bajado a la tienda de los chinos en pijama (sí, que pasa, yo lo hago… bajo con botas y ni Dios se da cuenta de que es un pijama) y sin peinar… y sin pintar… y con la marca del cojín en la cara, más sola que un ajo y maldiciendo en alto porque acabas de pisar la caca de un perro que aún estaba caliente… y vas y te topas con él que está radiante, estupendo, con aire de triunfador y te suelta, con una risita malévola, que si aún sigues teniendo la costumbre de bajar en traje de noche a la calle… y sabes que no lo dice precisamente porque vistas un vestido de fiesta de alta costura. Esta especie es venenosa y mortal, también habría que aniquilarla.
Esto son seis claros ejemplos, una pequeña muestra de los ex que nos rodean, pero hay tantos como tipos de personas somos, aunque se puede hacer un englobe bastante general. Otro día, con tiempo y una caña y siempre y cuando me apetezca, haré otra pequeña catalogación.
Saludos cordiales,