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Coolkiku
Os escribo una carta larga porque no tengo tiempo de escribiros una corta.
Sindicación
 
CERRADO POR VACACIONES



Este blog permanecerá cerrado por vacaciones en el mes de agosto. Os deseo a todos un feliz veraneo lleno de placer, sensualidad, satisfacción y lujuria.


Coolkiku regresará en septiembre, con nuevas historias y sin protección solar.


Besos veraniegos.

 
APARTA, QUE ME DAS CALOR...
En verano deberían estar prohibidas las relaciones personales a no ser que se tenga aire acondicionado o se esté en lugares fresquitos. Todos los veranos la misma noticia: el índice de divorcios se duplica. Dicen que por que se pasa más tiempo en pareja… yo digo que es porque no hay quien haga nada con este calor, y claro, la falta de sexo, destruye cualquier relación por muy asentada que esté. Yo, personalmente, sólo puedo ponerme al tema, si estoy en una casa fresquita, en un jardín donde corra algo de aire, estando en remojo, o en cualquier lugar en el que se esté a menos de 30 grados (os aseguro que encontrar eso, viviendo en Madrid, es bastante complicado).


Mi casa no tiene aire acondicionado y es un maldito horno donde sólo se puede estar dentro del frigorífico o con la cara pegada al ventilador. Mi casa, en verano, se convierte en un constante “apártate que me das calor” y un “quita que pareces una estufa”.


Y es que yo no puedo, no puedo y no puedo… cuando empezamos a sudar como cerdos y se confunde el sudor con lo que no es sudor, a mí se me va la pasión y se me va todo. Y no exagero si os cuento que en un momento dado he llegado a decir “¿¿¡¡YA!!??” y me han contestado un “no, es sudor”. Madre mía, si es que hay quien suda que parece la Fontana di Trevi… Al final acabas haciéndolo en el portal, pero no porque te vaya el rollo de que te puedan pillar, sino porque es el único sitio donde se está fresquito.


Habrá a quien le parezca muy erótico ver a dos fornicando sudorosos perdidos, y es que para verlo está muy bien, pero para el que está en el ajo, un solo abrazo puede ser la mayor de las torturas chinas. En verano, en la ciudad, no existe el romanticismo, sólo puedes ponerte un rato, de noche que es cuando bajan las temperaturas, algo rapidito y cada uno a su casa que con la que cae, no hay quien duerma en pareja. Porque luego esa es otra, a dormir abrazaditos como osos, a mí eso, durante el resto del año, me parece genial, pero no me abraces en la cama en verano porque lo más bonito que puedo hacer, es pegarte un ladrido que te reviente el tímpano: luego te vienen enlacados y lloriqueando diciendo que ya no les quieres como antes y que él no sólo está para el sexo y a dormir…


Así que las relaciones personales en verano dependen absolutamente del aire acondicionado. Si no existe ni en tu casa ni en la suya, esa relación está abocada al fracaso hasta que llegue septiembre o incluso octubre, dependiente de la ciudad donde vivas. ¿Por qué en verano hay tantos idilios en la playa? Porque no hay quien lo haga en la ciudad. Otra opción es el sexo telefónico, pero yo a eso, que queréis que os diga, nunca le he encontrado la gracia. Hace sólo unos días propuse que sólo tuviéramos sexo oral: que bien sólo lo habláramos (a un metro uno del otro) o practicarlo en toda regla pero tocándonos sólo lo realmente necesario. A la nenaza le pareció fatal mi idea y además me tachó de fría y de no tener sentimientos. Y digo yo una cosa, que si fuera fría lo que se dice fría, no tendría el problema que tengo con el calor, ¿no?, pues eso.


Y no será porque una no pone de su parte y se inventa cualquier cosa para poner solución al problema, pero es que no todo vale: si te pones a jugar con los hielos, que es la mar de divertido, yo luego me paso cinco días intentándome curar una cistitis de caballo… y es que claro, mis vecinos están ya un poco hartos de que use la escalera para mis momentos íntimos. Lógico y normal.


Pero es que tener a un maromo por las noches en la cama (vaaale, o una maroma), con más de 36 grados en su cuerpo serrano, respirándote en el cogote y pegado como una lapa yo, personalmente, no lo puedo soportar. Me cabreo, me enervo y mando al enlacado a su casa y sin viento fresco (porque si tuviera viento fresco, le colgaba de los pies y le ponía a girar para poder pasar la noche).


Sin embargo, cuánto cambia todo en las otras estaciones… Mi culo, mis manos y mis píes son como témpanos de hielo que necesito que me calienten y no me vale un “¡Jue!, que fríos tienes los píes!” porque igualmente le mando con viento fresco y dejo que mis gatos me calienten los pies que llevan años haciéndolo, y la verdad, se les da muy bien.



 
EL DOCTOR AMOR



- Clínica Fulanita de Tal, ¿dígame?
- Buenos días, quería una cita para hoy con el Doctor Pignatelli. Es muy urgente
- ¿Su nombre?
- Coolkiku
- ¿A las 17:30 le viene bien?
- Perfecto, ahí estaré.


17:30 hrs.: Como siempre, puntual en mi cita. No hay nadie en la sala de espera de la consulta del Doctor Pignatelli (es lo bueno de no ir por la Seguridad Social). La enfermera mira mis zapatos por encima de sus gafas. No imagino a esa enfermera subida en unos tacones como estos.


17:45 hrs.: Un niño gordito que ha llegado después que yo, ha entrado en la consulta con su madre. ¿No se supone que iba yo antes que él?.


18:00 hrs.: Han salido el niño gordito y su madre y han llamado a una señora de unos cincuenta años que no ha dejado de abanicarse ni un solo segundo. ¿Por qué entra ella y no yo?


18:30 hrs.: Llevo una hora esperando. Yo también he comenzado a abanicarme. ¿Qué carajo pasa aquí? ¿Por qué hacen pasar al último que llega y yo sigo esperando con cara de imbécil?


19:00 hrs.: Voy directa a la enfermera, ya he aguantado suficiente.


- Señorita, supongo que se ha percatado de que llevo aquí desde las 17:30, hora en la que me han dado la cita. Son las siete de la tarde, ha entrado todo bicho viviente y yo sigo esperando. Estoy gravemente enferma así que o soluciona el problema rápidamente, habla con el Doctor Pignatelli y entro en la maldita consulta a la voz de ya, o me lío a poner reclamaciones y le advierto que no se va a librar ni el apuntador.


- Señorita Coolkiku, por órdenes del Doctor Pignatelli, usted será la última en entrar.


- Maldito cabrón


- …


- Dígale de mi parte que mi paciencia tiene un límite y que está a punto de agotarse, por favor.




Qué bien se siente uno cuando tiene la sartén por el mango, pero que estupidísima se siente esa misma persona cuando está del lado contrario y le dan de su misma medicina (y nunca mejor dicho). Odio tragarme mi propia bilis.


20:00 hrs.: Por fin entro en la consulta. Dos horas y media esperando, no está nada, pero que nada mal.


1-0 ganando Pignatelli.


- Buenas tarde Señorita Coolkiku, siento la espera


- Dígame mejor “buenas noches”. Supongo que le parecerá estupendo hacerme esperar dos horas y media, ¿verdad?. ¿Se siente usted orgulloso de su hazaña?


- No sabe cuanto. Ahora mismo estoy más ancho que largo, lo que no esperaba es que usted fuera capaz de aguantar tanto tiempo


- Sorpresas le da la vida, Doctor


- Estaba esperando que en cualquier momento montara un numerito


- Pues ya ve usted que no, supongo que mi enfermedad me lo ha impedido


- ¿Está usted enferma? ¡No me de ese disgusto!


- ¡Pues claro que estoy enferma!, si no lo estuviera, ya me diría usted a mí que es lo que hago en el médico


- Entiendo. Soy todo oídos. Dígame exactamente qué es lo que le ocurre


- Primero borre esa estúpida sonrisa de su cara


- ¿Qué sonrisa?


- La que tiene desde que he entrado


- Perdone, intentaré contenerla, aunque me va a resultar complicado. Comience, por favor, estoy impaciente por saber qué es lo que le pasa


- Me ha salido una celulitis en el muslo izquierdo


- Entiendo: le ha salido UNA CELULITIS


- Así es


- ¿Puede enseñarme ésa celulitis, por favor?


- No faltaba más –me remango la falda, me ladeo, le enseño mi muslo izquierdo y señalo el agujero que se ha instalado en mi muslo-


- Tiene usted unas piernas preciosas, Señorita Coolkiku


- Lo sé Doctor Pignatelli y precisamente por eso, necesito que me quite ésta celulitis que me ha salido


- Me temo que no voy a ser capaz. Creo que tendrá que vivir con ese defecto el resto de su vida


- ¿Y usted se dice llamar médico?


- Lo soy, Señorita Coolkiku


- Pues quíteme esta celulitis inmediatamente


- Primero tendría que examinarla en profundidad para dar fe de que efectivamente ese agujerito que no consigo ver, es una celulitis. Pero visto que usted no quiere ser examinada por mí, no podré corroborar tal cosa.


- Mi vecina fue al médico porque tenía una celulitis y el médico la recetó Thiomucase


- Mi diagnóstico es que está usted obsesionada con su vecina


- Para diagnosticar eso no hace falta ir a la escuela. Qué estoy obsesionada con mi vecina, ya lo sé yo


- En ése caso, vamos avanzado


- Quiero un médico como el de ella. Quiero un médico que recete medicamentos para atacar mi celulitis


- Entonces ya sabe usted lo que tiene que hacer


- ¿El qué?


- Ir al médico de su vecina


- Tenga usted por seguro de que la pediré el teléfono


- No me cabe la menor duda de que lo hará. Pero dígame, aparte de la obsesión con su vecina y su celulitis… Señorita Coolkiku, ¿le ocurre a usted algo más?


- Sí Doctor


- Pues proceda, yo no tengo prisa, es usted mi última paciente. Tengo todo el tiempo para usted y sus dolencias


- El caso es que tengo un profundo dolor en mi orgullo femenino. No se me quita ni de día, ni de noche. Lo sufro a todas horas, no me deja vivir. Es un terrible dolor que no consigo aliviar con nada


- Siga por favor


- Básicamente es eso: Nunca sufrí un dolor peor.. y si a eso le añado la celulitis de mi muslo izquierdo…. Créame si le digo que estoy destrozada


- Y dígame: ese dolor en su orgullo femenino ¿desde cuando lo tiene?


- Desde hace unas dos semanas aproximadamente


- ¿Ocurrió algo hace más o menos dos semanas?


- Así es, hace exactamente dos semanas, el Doctor Pignatelli, dejó de llamarme, de intentar quedar conmigo y de interesarse por mí


- Entiendo…


- ¿Es grave, Doctor?


- Sí, lo es… Es bastante grave


- Qué disgusto me da usted. Dígame, ¿qué puedo hacer?


- Sinceramente no lo sé, pero déjeme pensar.


- …


- Creo que para empezar podría usted comenzar por sincerarse


- Haré todo lo que usted me pida


- Tendré que hacerle unas cuantas preguntas


- Empiece cuando quiera


- Veamos: ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar en unos cuantos días porque se había dado un golpe que le había provocado un hematoma y que hasta que no se le quitara, no podría quedar…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- En absoluto, doctor. Si supiera usted como tuve mi pierna toda amoratada… daba miedo verme


- Comprendo… Esto va muy mal Señorita Coolkiku… pero sigamos


- ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar con él porque estaba ocupada intentando quitarse unos ronchones que le habían salido en la piel por culpa de un autobronceador…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- Esa es otra realidad, Doctor Pignatelli. No se imagina como le puede dejar a una el cuerpo de manchas un maldito autobronceador. Fue terrible, pasé dos días sin salir de mi casa. Fue un trauma para mí el verme desnuda frente al espejo.


- Y dígame Señorita Coolkiku, ¿Cuándo dijo a su médico que no podía quedar con él porque estaba muy ocupada haciendo zumos con su nueva licuadora…, estaba intentando tomarle el pelo o piensa que su médico es imbécil?


- También eso es completamente cierto. Mi nueva licuadora me ha robado mucho tiempo estos últimos días. Tenía muchos zumos naturales que hacer, pero he de decirle, que la relación con mi licuadora ha finalizado


- Me lo está poniendo muy difícil Señorita Coolkiku, he de confesarla que me cuesta creerla…


- Parece mentira que sea usted mi médico de cabecera. Bien sabe usted que le digo toda la verdad


- Dígame Señorita Coolkiku: ¿me toma usted por un ser estúpido?


- En absoluto Doctor, de hecho le tengo por alguien muy inteligente


- Está usted gravemente enferma


- ¿Moriré?


- No para mi desgracia


- Eso me deja más tranquila


- Tengo una pregunta más


- Proceda, doctor


- ¿Tiene usted algo que hacer esta noche?


- Había pensando en ir a mi casa a esperar mi muerte, pero dado que esta enfermedad en mi orgullo, por ahora, no me va a matar, tengo todo el tiempo del mundo


- ¿Se va a vestir usted de enfermera para mí?


- Es usted un degenerado


- Lo sé


- ¿Se va a vestir usted de médico para su paciente preferida?


- Haré lo que me pida


- No olvide su maletín








1-1. La partida se declara en tablas






En caso de duda, pregunte a su médico o farmacéutico. Esté alerta de los efectos secundarios y de la dosis apropiada. Revise qué condiciones pueden empeorarse, como la alta presión o problemas al respirar. Pregunte y asegúrese que las respuestas le son claras. Escoja a un médico con quien pueda hablar cómodamente sobre su salud y medicamentos. En caso necesario, lleve con usted a un familiar o amigo que le ayude a recordar las respuestas. Escriba las respuestas de ser necesario.