¿UN SOPLO EN EL CORAZÓN O UNA BRONQUITIS AGUDA?

Yo lo que quería era tener un soplo en el corazón. Me parecía que tenía un nombre tan divino esa enfermedad… “tengo un soplo en el corazón”, me sonaba realmente bien, hasta romántico me parecía. Hablamos de cuando era una cría, una niña a la que su profesor, Don Carlos, llamaba “Antoñita la Fantástica” (para el que no lo sepa, Antoñita la Fantástica es esa niña de los libros que yo leía por aquel entonces). Pili, la niña del parque, tenía uno (un soplo en el corazón) ¡cuán envidiada era por mí sin ella saberlo!. Cuando decía que no podía correr por el soplo, cuando nos contaba que en el colegio no podía hacer gimnasia… yo, la miraba envidiosa, también quería esa enfermedad para mí. Pilar era débil, blanquecina y frágil. No como yo, que tenía unas chapetas enormes, rojas como dos manzanas Red Delicious, que andaba hecha una gitana todo el día, que intentaba correr y pegarme más que cualquier niño del parque o del colegio. A mí me hubiera gustado ser como era Pili, delicada y liviana.
También quise tener escarlatina, pero eso no se lo debo a Pili, sino a la película y el libro de “Mujercitas” al que a mi madre me adentró. También me parecía precioso ese sufrimiento, otra enfermedad con nombre muy sugerente para mí, como de color carmesí… Pero tampoco tuve la “suerte” de contraerla, para entonces para mi desgracia, ahora para mi fortuna.
Me caía cien veces al día, me tiraba por todos los barrancos, me pegaba todo lo que podía y más, me pasaba todo el día “recogidita en la calle” y a mí nunca me escayolaban, por mucho que me cayera de un árbol o me tirara en plancha desde la valla que rodeaba los columpios. Yo nunca me rompía nada, lo máximo que me pasó fue hacer la comunión con una enorme herida en la frente por haberme caído de la bici (una BH verde que me encantaba). Deseaba ser como los niños y niñas que eran escayolados, que tenían sus yesos llenos de firmas y dibujitos, los que andaban con muletas, con vendas… Mis huesos eran duros, nunca se rompían.
Me ponía un chicle en el paladar y fabriqué un alambre para mi boca porque me fascinaba la idea de llevar aparato en los dientes (como Elena, la de mi clase, a la que llamaban “Chiquitren”), de este modo, parecía que hablaba como si llevara uno, pero tampoco tuve esa suerte. Mi dentadura estaba bien alineada (afortunadamente para mis padres que se ahorraron un dineral y desafortunadamente para mí que quería portar uno), así que eso tampoco pudo ser.
Había otra niña en mi barrio (la hija del portero del bloque de al lado de mi casa) que tenía un defecto de nacimiento el cual le hacía que no pudiera estirar completamente su brazo izquierdo. También me gustaba eso, fue por lo que me pasé un largo tiempo haciendo el camino de mi casa al colegio con mi brazo doblado, como ella. Dejé de hacerlo por insistencia de mis hermanas que caminaban a mi lado y se avergonzaban de mi estupidez.
Es curioso lo idiota que puede llegar a ser una niña tan pequeña, es disculpable por eso de la edad y la inocencia. Ahora, que los Dioses me libren de querer ser escayolada, de llevar aparato en los dientes o de sufrir cualquier enfermedad coronaria o infecciosa. Tengo una salud de hierro, he pasado las enfermedades normales (varicela, paperas, etc…) y he sufrido alguna que otra faringitis como todo hijo de vecino, pero para de contar, mi historial médico, gracias a Dios, es envidiable.
Pero recientemente he caído enferma. Me pasé una semana con un tonto constipado que no pasó de estar llena de mocos, ojos llorosos y mil estornudos por segundo. Al parecer y según el médico, por no haber estado bien curado dicho constipado, por haberme pasado la noche más fría del mundo luciendo palmito con mi nueva adquisición (un vestido precioso), zapatos calados y sin bufanda, me llevó a que el resfriado derivara en una bronquitis.
Esta bronquitis de la que os hablo me hizo pasar una noche terrible, tosiendo como una tísica, sin poder pegar ojo, sin encontrar la postura que me permitiera dejar de toser y poder dormir… pero mi falta de costumbre en ir al médico me hizo pensar que podría curarme yo sola a base de fumar menos y caramelitos de menta (está visto que sigo siendo la misma ingenua de años ha). No funcionó. A la siguiente noche llegué a los 39,5º de fiebre. Casi nada.
Al día siguiente visité al médico. Fue cuando me diagnosticó la mencionada bronquitis. “Es seria”, me dijo, cúratela bien si no quieres llegar a una neumonía.
¿Neumonía? esa enfermedad ya no me parecía tan bonita, me sonaba a pobre, a alguien que tose mucho y que es muy feo. Tener bronquitis ya me parecía demasiado indecoroso como para llegar a tener la neumonía esa.
Así que compré el antibiótico que me recetó, unas gordísimas pastillas imposibles de tragar, también pastillas efervescentes de esas que saben y huelen a huevo podrido, Termangil para la fiebre y los dolores de cabeza, otras pastillas descomunales para proteger mi estómago del daño que me pudiera hacer el antibiótico y me dispuse a tomarlas, hasta que cometí un grave error: leerme los efectos secundarios. Decidí que se los iba a tomar Rita, porque lo que era yo, desde luego no iba a ser.
La siguiente noche la volví a pasar jodida y no precisamente porque me la pasara fornicando. Cuando dejé un pulmón sobre mi almohada y comencé a tener alucinaciones derivadas de la fiebre, decidí que iba a empezar a seguir el tratamiento.
Mi memoria no me llegaba para recordar una fiebre así, ya he dicho que rara vez enfermo. No podía creer que pudiera encontrarme tan mal. Muerta de calor, muerta de frío, sudando, tiritando…. Hasta llegué a ver a mi abuela (muerta la pobre hace ya doce años) sentada en mi cama y hablándome como si fuera lo más normal del mundo.
A la mañana siguiente comencé a tomarme todo lo que me había recetado el doctor, las alucinaciones me habían acojonado.
He de decir que todos esos medicamentos hicieron sus efectos bastante rápido, pero aún no me encontraba dispuesta a hacer mucho más que no fuera ir de la cama al sofá y del sofá a la cama.
Pero hay una enfermedad de la que aún no os he hablado y que he sufrido toda la vida: el miedo al aburrimiento. Si me aburro: tiembla la tierra. Ya sabéis eso de que cuando el diablo no sabe que hacer, mata moscas con el rabo.
El hastío pudo con mi enfermedad y cuando comprobé que existía una programación matutina que desconocía, que María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana no eran leyendas urbanas como venía sospechando, cuando ya había decorado mi casa de Navidad, cuando leí todo lo que mi considerable dolor de cabeza me permitió, cuando ya no se me ocurría nada mejor que hacer para entretenerme, tiré de móvil y mandé el siguiente mensaje a diestro y siniestro: “Estoy malita, tengo bronquitis, necesito que me cures, el médico me ha dicho que necesito calor y mimos. Haz lo propio. Besitos”
Bueno, no fue a diestro y siniestro a quien mandé el dichoso mensaje, porque debido a mi aburrimiento ya había comunicado a todos mis allegados que podían perderme debido a mi grave estado de salud, sería más correcto y sincero decir que ese mensaje lo mandé a todos esos hombres que usan más laca que yo y que de alguna manera venía echando de menos ya que últimamente les había tenido bastante abandonados por culpa de mi otra nueva adquisición llamada “El Efebo”.
No me decepcionaron como viene siendo habitual y contestaron todos rápidos y veloces a mi reclamo. Yo, orgullosa de aún mantener ese poder hacía ellos, les di toda la coba que pude y más. Encantada de haberme conocido leía rozagante:
1. Yo te curo mi niña, sólo tienes que decirme cuando y dónde
2. ¿Voy ahora mismo a tu casa y te pongo esa inyección que quita todos los males?
3. Mis besos son curativos, te daría tantos que te iba a dejar bien en un santiamén
Y el mensaje que más me gustó, mi preferido:
4. Mis ojos se llenan de lágrimas ante la triste noticia, sin ti mi vida ha estado rodeada de vulgaridad y olor a pachuli, sólo tienes que decirme cuando quieres que vaya a darte los arrumacos que me reclamas. Beso.
Hasta entonces una delicia comprobar que todos seguían ahí, dispuestos a curarme, mimarme, darme calor o lo que fuera necesario. Ahora me doy cuenta de que no debí de haberlo hecho. Como no soy capaz de reconocer mi culpa, se la echo a esos efectos secundarios que ya sospechaba que algo malo me tenían que causar, lo que sí está claro es que yo y solamente yo, sé lo insistentes que son estos hombres que usan más laca que yo y lo difícil que luego me resulta volver a hacerles entender que sólo les necesito de cuando en cuando y para mi propio interés.
El caso es que tuve que idear una especie de planning para organizar las visitas hacía mi persona. Tenía que citarles a diferentes horas (evidentemente), convencerles de que no podían estar demasiado tiempo ya que no me encontraba del todo bien y que tenían que ser respetuosos con mi estado malsano y febril. Les hice entender que esas citas, sólo se trataban de algo tranquilo y apaciguado.
Pero a quien no le gusta ser asediado con regalos, carantoñas y levantamientos de ego, a mí por lo menos me encanta. Fueron viniendo poco a poco (siempre, y en cualquier caso, cuando El Efebo me lo permitió, porque él se había propuesto hacer de mi dolencia una meta para demostrarme sus dotes de enfermero y para hacer de esos días, los días más calientes de mi vida) y fueron llegando con una rosita uno, otro con un CD, con un libro y también con chocolate 99% Cacao que, este en concreto, sabe que me pierde. Aunque todos y cada uno de ellos me mimó con sumo cuidado, no pudieron evitar también (hay que joderse los predicables que son todos ellos y el parecido abismal que tienen entre sí en lo que respecta a su actitud) reprenderme por mi desapego de últimamente y por no por haber contestado a sus reclamos cuando ellos lo necesitaron.
Y es que los pobres sólo aprenden de mí a base de golpes, veo que no tengo otra formas de enseñarle y esto no es precisamente violencia de género, que nadie me crucifique por decir esto, que está visto que ahora nadie puede decir una frase hecha como “a base de golpes” y quedarse tan ancho, que a la mínima te endosan una querella que te deja tiritando, pero ese es otro tema, lo que quería decir que estos chicos míos no terminan de darse cuenta de que, aunque de vez en cuando tenga una necesidad imperiosa de saber que están ahí, no quiero mucho más de ellos. El día que me falten ya lloraré sangre si hace falta, pero hoy por hoy, esto es lo que hay y necesito.
Lo malo viene ahora, que estoy curadita del todo, más sana que una manzana y que no necesito de sus mimos ni carantoñas, y ellos erre que erre que si te pongo la inyección, que si te meto la lengua hasta no sé donde para limpiarte de virus… Me tengo que limitar a decirles que por ahora estoy con escarlatina y que mejor que no se acerquen mucho a mí si no quieren morir por esta horrible enfermedad, pero no me creen. Volveré a dejar de contestarle por una temporada, a ver si aprenden. A veces pienso que ellos me piden a gritos este trato descortés.
Si ya decía yo que lo que quería era tener un soplo en el corazón, es mucho más mono que la bronquitis de las narices.
Comentario:
Yo tb he tenido mi época de tener a varios tios que me gustan más o menos pero que no los quiero ver más que una vez al mes.
Pero ahora ya se el motivo, ninguno de ellos cumplia con los requisitos mínimos,
ahora si, ya he encontrado a uno, y por eso quiero verle cada día y si puedo, más.
Pero ahora ya se el motivo, ninguno de ellos cumplia con los requisitos mínimos,
ahora si, ya he encontrado a uno, y por eso quiero verle cada día y si puedo, más.
Comentario:
tengo un hijo de 7años que tiene un soplo en el corazon pero el medico me dijo que era normal que se le quitara con el tiempo, gracias adios por que estaba asustada
Comentario:
Lobos vestidos de ovejas, ovejas vestidas de mujer, sanas que quieren ser mujeres disfrazadas de enferma...
Hace tiempo que no te leía, que bueno que estás igual (y no peor, jaja)
Besos
Hace tiempo que no te leía, que bueno que estás igual (y no peor, jaja)
Besos
Comentario:
Yo tuve un soplo en el corazón (creo que nada más se puede tener ahí) hasta los cinco años. Y me molaba que me llenaran de cables al hacerme electros. Pero me curé. Luego me rompí un codo y como me metía en la piscina con la escayola, se me curó mal y desde entonces se hacer una cosa con al brazo que da grima (fuí la sensación en el colegio). Más tarde, me pusieron la dichosa ortodoncia. Esto sí no tuvo gracia, porque me llamaban Desi (Verano Azul) y no se me entendía bien. LO de las bronquitis era una tradición con la que cumplía todos los inviernos, hasta que empecé a fumar. Y nunca más sufrí una.
Ahora estoy razonablemente sana. Pero basta que pille un catarrito pequeño para que solicite mimos y atenciones (actualmente, me cuida uno en exclusiva) ....el truco que yo usaba antes era asignar un día a cada uno, así no se cruzaban en el portal.
Un beso
Ahora estoy razonablemente sana. Pero basta que pille un catarrito pequeño para que solicite mimos y atenciones (actualmente, me cuida uno en exclusiva) ....el truco que yo usaba antes era asignar un día a cada uno, así no se cruzaban en el portal.
Un beso
Comentario:
4?? pero 4 muy tontos joer, o eso o vives en una ciudad grande xq si no no lo entiendo
Comentario:
Odio el chocolate...
Lo siento, se que soy raro.
De aquí a nada la gente me señalara por la calle...
Me alegro de que estes ya recuperada.
Mil abrazos!!
Lo siento, se que soy raro.
De aquí a nada la gente me señalara por la calle...
Me alegro de que estes ya recuperada.
Mil abrazos!!
Comentario:
No hagas caso de esa especie de gato.
La música te daba el punto de humanidad del que te desprendes en el blog :P
NaClU2
La música te daba el punto de humanidad del que te desprendes en el blog :P
NaClU2
Comentario:
Siempre es un placer leerte y ahora saber que estás recuperada de esa bronquitis antiglamour pero que te has metido en un lío por utilizar a los hombres como lo hacen ellos, jajaja.
Un beso querida, tú sí que sabes ;-)
Un beso querida, tú sí que sabes ;-)
Comentario:
He venido por aquí casi de casualidad y oye, me encanta tu forma de decir las cosas.
Una tia con los ovarios bien puestos ¡por fin!
Seguiré visitándote.
Una tia con los ovarios bien puestos ¡por fin!
Seguiré visitándote.
Comentario:
Me alegra ver cómo los efectos de mi crítica a este blog han sido enormemente positivos, sobre todo en dos puntos:
Primero, has aumentado considerablemente el ritmo de posteo y, segundo, has decidido eliminar los enlaces de música.
En cualquier caso, no puedes negar que lo del "soplo en el corazón" te suena bien porque es un disco de Family.
Tan maravillosa como siempre.
Muy tuyo.

Primero, has aumentado considerablemente el ritmo de posteo y, segundo, has decidido eliminar los enlaces de música.
En cualquier caso, no puedes negar que lo del "soplo en el corazón" te suena bien porque es un disco de Family.
Tan maravillosa como siempre.
Muy tuyo.

Comentario:
A veces no sé si es mejor necesitar a los hombres sólo de vez en cuando, cómo tú.
O necesitar a uno en concreto, tanto que a veces hasta acabas sufriendo, como yo...
Quien pudiera elegir la mejor manera....
O necesitar a uno en concreto, tanto que a veces hasta acabas sufriendo, como yo...
Quien pudiera elegir la mejor manera....
Comentario:
Vaya, veo que le van las cosas fuertes. A mí me encanta el chocolate, pero no puedo con el de 99%. Es demasiado para mi paladar. Pero me gusta mirar mientras otros se lo comen con evidente placer.
Muy completito su harén de hombres. Deberíamos aprender todos de usted.
Muy completito su harén de hombres. Deberíamos aprender todos de usted.
Comentario:
me encanta k te guste el xocolate negro :)
PD: tan perfecto es el efebo para que no quieras saber nada de tu otro jovenzuelo? :_
besos!
PD: tan perfecto es el efebo para que no quieras saber nada de tu otro jovenzuelo? :_
besos!
Comentario:
identificadísima me siento con tu trato hacía esos hombres...los necesitamos cuando los necesitamos y punto. el resto del tiempo que no den la chapa. me alegreo de que te hayas recuperado. un besazo
Comentario:
jajajaja, les gusta ser utilizados, si en el fondo son masoquistas.