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Os escribo una carta larga porque no tengo tiempo de escribiros una corta.
Sindicación
 
CLASES DE INGLÉS
Lo siento, que me perdonen los Dioses del Olimpo pero no puedo con los tipos que usan chaleco y se ponen una camisa de cuadros debajo. Es que acabo de ver uno y se me han puesto los pelos como escarpias y un nudo en el estómago al pensar que estos son los que quedan en el “mercado”. Este es el mismo tipo de hombre que se cuelga un cordel del cuello con un bic azul. El mismo, y no otro, que usa pantalones de pinzas color granate brillantes por el uso.


Mis sospechas me dicen que es el que me llevaría a veranear a un estupendo apartamento en Torrevieja y por las tardes daríamos grandes caminatas por el paseo marítimo para comprar en los puestos, un llavero decorado con conchitas de playa. Cenaríamos sardinas en la terraza de debajo de casa y por las mañanas iríamos a la playa con toda su familia al completo que, curiosamente, se compone de cinco mil miembros.


Sin olvidar los fines de semana en el pueblo al que tiene que ir religiosamente para hacer alguna chapucilla en la casa de vete tú a saber quien (siempre se le ha dado muy bien la brocha gorda) y mentando, como no, esas Semanas Santas viendo la procesión de “los coloraos” y llevándome después a comer caracoles a ese estupendo bar lleno de jarras de cerveza procedentes de todos los países (es que el dueño es muy internacional) y bufandas de equipos de fútbol que se caen de la mierda que tienen.



Es el mismo que dice que su trabajo es ser “oficinista” y claro que lo es, ya lo creo, se pasa sus ocho horas (ni un minuto más) en su puesto de trabajo, meneando su culito rechoncho por los pasillos, poniendo a caer de un burro a su superior (no soporta que sea una mujer) y tiene su mesa llena de expedientes amarillentos con manchas de salchichón.


La hora de la comida es la mejor, porque no baja a comer ¡no!, ¡eso nunca!, se trae siempre su tupperware, con sus cubiertos, su servilleta bien dobladita y se prepara la mesa de trabajo que ya quisiera el mejor restaurante de la zona. Y es que los cheques restaurante que da la empresa no los usa, esos son para los fines de semana gastarlos en “La Gran Muralla” del que es cliente habitual desde el año 1983 que se inauguró, ¿para que ir a otro restaurante teniendo al chino Juan que es de completa confianza y que da un trato tan cordial?.


Pero claro, miro a mi alrededor y las opciones no creáis que son mucho mejores. También encuentro al extremo contrario, al maravilloso tipo engominado que tiene a su familia viviendo en cualquier capital de provincia que se te ocurra y que el muchacho ha conseguido hacer carrera en Madrid. Trabaja en la mejor consultora internacional y me pone la cabeza como un bombo cuando se pone a hablarme del maravilloso mundo del padel. Los fines de semana son agotadores porque nos podemos pasar tres horas y media buscando un parking que sea digno de su flamante coche al que trata como si fuera la extensión de su pene.


El lado bueno es que te infla de sándwiches de Mallorca, porque él se gasta sus cheques restaurantes allí (aunque él sí come fuera, pero como es tan, tan, tan, afortunado le sobran cheques porque la mayoría de los días le invitan a zampar). Pero claro, el lado malo está cuando tú compras los dichosos sándwiches en Rodilla, parece que has cometido un pecado mortal. Monta en cólera porque esos no son tan buenos como los que él trae. Ese día me voy a la cama con tremendo empacho de queso con nuez y salami. Me paso la noche repitiéndome que la próxima vez no debo ser tan rabiosa y comérmelos todos de golpe porque él no quisiera ni probarlos. Eso sí, él se va a la cama con más hambre que un peluquín, que se joda.


El terror llega cuando se pone a hablar de sus compañeros del CEU: esos chavalines que el que menos ronda ya los treinta y cinco años. Batallitas estupendas de borracheras, fiestas de la primavera, partidas de mus... Uf, grandes esfuerzos hay que hacer para no dar un cabezazo contra la mesa.


Las vacaciones con él son muy estresantes, porque también hay playa para rato y a mí se acaban las ideas de como tapar mi celulitis y no dejar ver que su maldita madre tiene cien veces mejor cuerpo que yo a pesar de que me triplique la edad. Sus hermanas están bronceadísimas y delgadísimas y yo intentando descifrar lo que dicen porque creo que no hablan mi mismo idioma. Me temo que es un problema de vocalización.


El mejor, sin duda, es el padre: ese empresario de renombre que se toma los whiskies doblados cuando llega la noche y me mira con cara de compasión. El que entre pestañeos me transmite que salga de esa familia en cuanto pueda y creo entenderle decir "¡corre!, ¡huye!, ¡sal de aquí antes de que te resulte demasiado tarde!".


Yo no paro de rezar ni un instante para que no me hagan volver a jugar al tenis, lo paso realmente mal, no consigo hacerles entender que a mí sólo me enseñaron a jugar al balón prisionero, que yo no me bronceo como ellos, que mi adicción a fumar no es buena para hacer tanto deporte y que tengo que estar en la sombra porque, para mi desgracia, soy persona y me quemo con el sol. Pero ellos lo pasan bomba dale que te pego a las pelotitas, parece que no se cansan nunca los jodios. Termino con el padre tomándome un Campary en la sombra, sin hablar y mirándoles, esperando que revienten del agotamiento.



¡Pero cómo habla inglés mi muchacho, cómo lo habla! da gusto oírle cuando le intenta explicar a un americano como ir al Retiro desde la Gran Vía. Mi chico, con su admirable inglés, le dice paso por paso lo que tiene que hacer, cada semáforo que tiene que cruzar. Se desvive y aprovecha para apuntarle que él también vivió en EE.UU. y poco le falta para recitarle todos los estados por orden alfabético. Luego me mira orgulloso y me dice que debo mejorar mi inglés, y yo voy y le contesto que si acaso yo le digo que debe mejorar su técnica para taparse el cartón que por mucho que se engomine se le sigue viendo. Ya tenemos bronca. La próxima vez me callo.


No puedo sin más olvidar al tipo alternativo con el que los días con él son como pasar un examen de estar a la moda, ¡qué presión!.


Mis horas laborales las dedico a leerme el “mondo bizarro” o el “z for zero” para que no pille en ningún renuncio, pero al final siempre lo consigue. No sé como explicarle que yo nunca me aprendí todos los héroes de los cómics, que yo con superman me conformé y que en mi adolescencia veía Candy Candy y que la verdad, me encantaba. Que no consigo entenderle cuando me dice algo como “fulanito es un líder rebelde interplanetario que se autodefine humildemente como un soldadito galáctico, está entre nosotros desde 1986 encarnado en el cuerpo de un ser humano”, a lo que yo contesto “chico, ¿eres idiota o te diste un golpe en la cabeza?. Otra bronca, si es que no me callo.


La parte buena llega cuando vas de compras con él... Imposible comprarse algo en una tienda normal y corriente. No, hay que ir a todas las malditas tiendas de segunda mano de la ciudad... y es que a una le gusta ir a una tiendecita de estas, incluso a dos... pero a la décimo cuarta me siento Mercedes Alcántara recién salida de Cuéntame.


Los aperitivos veraniegos no los tomamos en un terraza como todo hijo de vecino, hay que sentarse en el puto suelo para luego quedarme jodida con cistitis del frío que he pillado. Eso sin comentar que de estar sentada en tan fastidiada postura, se me quedan las piernas dormidas y cuando me levanto me pego tremendo guarrazo. En dos segundos soy el hazmerreir de todo el maldito lugar. Muy alternativos sí, pero no tienen consideración.


Un buen día parece que has encontrado al chico perfecto con el que no sientes que te tienes que saber todas las capitales del mundo, al que tampoco le gustan los caracoles, al que le encanta la música que escuchas y sus despertares no son apestosos. Ese tipo que le encanta tu ropa y te sabe aconsejar, el que lleva un abrigo de espiga en invierno que dan ganas de subirse a su chepa para venerarle. Con el que una se va un martes a ponerse ciega de tostas y de vino tinto, el que se parte de risa con tus chistes y tiene el punto de degeneración perfecto. Ese que se sienta en las sillas, que odia Torrevieja y que le importa un cojón si hablo bien o mal el inglés.


Pero claro, todo tiene su truco y este no iba a ser menos. Un buen día, mientras me encuentro tirada en el sofá de su casa y acaba de terminar Cine de Barrio, te dice algo así como “¿cariño, me acompañas a buscar a mi diler”? y yo, inocente de mi, sólo se me ocurre contestar “¿Lidl? Hay un supermercado Lidl por aquí cerca? ¿qué quieres comprar?”. Inmediatamente él se descojona de la risa, me acaricia la cara haciendo un gesto de “eres un angelito” y me explica que un diler no es otra cosa que un camello. Ahí me doy cuenta de que tengo que apuntarme, con urgencia, a clases de inglés.


En cuestión de un segundo ves pasar ante tus ojos las últimas citas con él y comprendes un cúmulo de situaciones. Caes en la cuenta de por qué eran las ocho de la mañana y él estaba fresco como una lechuga y con pocas ganas de dormir. Que esos enormes ojos negros que se le ponían no era otra cosa que su iris se había convertido en una enorme pupila negra. Entiendes que él nunca se cansara cuando yo estaba hecha una piltrafa y el cabrón fuera de un lado a otro como si llevara un petardo en el culo... e, idiota de mí, caigo en la cuenta de lo que quiso decir cuando soltó “menuda fiesta me pegué gracias a la farmacia”... Y yo pensando que se había comprado dulcolaxo supositorios porque sufría de estreñimiento.


Inmediatamente dejo de contestarle el teléfono, no contesto a sus mails, no le abro la puerta y camino de puntillas por mi casa. No quiero saber nada de él y busco piso por otra zona. Mientras, sustituyo los libros de mi mesita de noche por el "Manual de drogodependencias", "Psicosociología de la juventud drogadicta", "La adicción a la cocaína. Tratamiento, recuperación y prevención" y el mejor de todos: "Ese chico que se droga es mi hijo".


A las dos semanas ya se me ha pasado la paranoia y puedo volver a contestar el teléfono con total normalidad y sin sufrir temblores. Entonces es justo cuando me pilla y por error le contesto. Él se sorprende mucho de que esté viva y yo, que no soy tan ocurrente como él gracias a la farmacia y otras ayudas químicas, le digo que no he podido hablar en todo este tiempo porque mi perro se comió los deberes.


En fin... ¡cómo está el mercado!.


Saludos cordiales.



 
Comentario:
40%Campary + 60% Zumo de naranja -
agitar en coctelera con hielo, servir
en vaso ancho y bajo, por supuesto, sin el hielo . . . una buena copa para
este proximo verano.
 
Comentario:
...esa parte en la que dices "parece que has encontrado al chico perfecto", y luego hablas de caracoles, la música que te gusta, la ropa, el inglés...y mencionas lo del martes...esa parte la has escrito tú o yo?
Resulta que el martes me fui con el de "me ves como a un objeto?" a cenar tostas y vino, hablando en inglés con sus amigos extranjeros, la noche siguió bailando lo que yo llamo "nuestra canción" (que es de coña así que ni te digo cuál es...), y encima al día siguiente nos fuimos a tomar caracoles!!!
y ahora me has hecho dudar...será cliente asiduo de la farmacia?
Un besazo
 
Comentario:
¡Eeeeehhhh! ¡Más respeto! Aunque no me veo reflejado en el texto, soy un "friki", "más raro que un perro verde" (eso es lo que tiene la amistad, que tus amigos no se cortan y te dicen lo que eres para "ayudarte a ser normal"). Y lo de friki es un apelativo que llevo con orgullo... porque si no me echo a llorar. ¡Ejem!, no, esto último era broma. En serio. De verdad.

Bueno, a lo que iba: ¡¡Reclamo nuestro derecho a estar en este mundo!! Al menos podemos servir para que la gente normal vea que es normal. O sea: aburrida. (¡Toma ya!)

Tu problema, querida amiga, es que te juntas con gente de otros ambientes. A nosotros, frikis de pro, jamás se nos ocurriría juntarnos con chicas normales. (Bueno, en realidad creo que sucede más bien lo contrario, y son las chicas normales las que huyen de nosotros, como si fueramos apestados o algo así. ¡Incomprensible!).

Lo que quiero decir es que, claro, un friki buscaría una chica que supiera dónde están todas las tiendas de tebeos de la ciudad, los cines en los que proyectan las pelis de serie Z (o si no montamos sesión con los -dos- amigotes que tienen nuestros mismos gustos... cuando nuestros padres nos dejan la casa libre), una chica a la que le gustara esa música rara de motosierra que oimos y que nunca será oida por más de cuatro personas en el mundo... ¡¡PORQUE EL RESTO NO TIENE GUSTO Y DEBERÍA DESAPARECER POR ELLO!! Oh, perdón, me he emocionado. Mil disculpas, la música es algo que despierta mi lado sentimental.

En cuanto a los caracoles... sí, el tío ese era muy raro, no sé qué verías en él. (Mmmmhhhhh........ ¿acaso tenía en su cole el número 6 de La Patrulla-X de Surco?)

Pero, ¿comprendes?, cada oveja con su pareja, no juntes peras con platanos. Y no pierdas la esperanza que siempre hay un roto para un descosido, tiene que haber por ahí alguien tan raro como tú. Llevan diciendome eso 32 años, así que debe de ser cierto...


PD: olvidad Spiderman 1 y 2, y vete directamente a X-Men 1 y, sobre todo, X-Men 2; sin olvidar Los Increibles. Y si no digo Superman, algún amigo me mata. Y tengo ganas de ver la próxima Sin City, que tiene buena pinta.

¡¡Freaks Power!! (no, si algo de inglés sé, también, yo -suspiro de resignación- Me voy a quemar el chaleco y la camisa a cuadros...)
 
Comentario:
Hombres, hombres, hombres… Desde que soy consciente mi vida gira en torno a ellos y no puedo vivir sin ellos (por Alá, no se si eso es bueno o malo… glub!!!)

Pocas veces, nosotras, las mujeres (esas que no es que tengan carácter, si no mala leche, esas, las ciclotímicas e histéricas, esas, las insatisfechas de por vida) hablamos de los hombres (no de los padres y los hermanos, que esos no son hombres, son eso, padres y hermanos, dejémoslo claro); sin embargo, nos gusta tanto imaginarlos y sentirlos que ¿Quién coño quiere que sepa inglés? Por favor, querida amiga, llevas razón con la de cosas que tienen que ofrecernos, tan sencillas (más que llevarnos a comer caracoles o sandwiches de Mallorca)… Si en el fondo, lo que nos gustan son sus pequeñas cosas cotidianas, esas de las que nos enamoramos. Querida amiga, en el fondo, nos gustan aquellos que están: con el delantal, en la cocina, preparando la comida sorpresa y estropeando tiernamente la mahonesa (con sus manitas y los abalorios de la batidora son capaces de todo); durmiendo bocabajo (con esos piececitos que sobresalen de la cama como percebes, tan tiernos que dan ganas de quitarles la piel de un tirón cuando notas que el frío se ha apoderado de ti porque la sábana ya no está); rascándose (el pecho, la espalda, los huevos… Todo lo imaginable: donde hay piel, hay picor: ellos son así, todo sensaciones!!!); duchándose (tan tiernamente como foquitas en el zoo: enjaulados que se quedan entre la pared de la bañera y la mampara… ¡Hala, todo lleno de agua, que para eso son hombres!), haciendo/nos el amor (es que follar queda mal en un blog tan ilustrativo y no quiero herir sensibilidades, que, querida amiga, ya sabemos que ellos tienen corazoncito), en pijama (sobre todo de felpa, con dibujitos que nos hagan regresar a la infancia: que parezca un osito de peluche… Es que son tan tiernos cuando duermen), en calzones, comiendo pipas, bebiendo cerveza, hablando con sus compresivos amigos… ¡¡¡Vamos, que a mi, querida amiga, como a ti (y a casi todas, seamos sinceras, para hacer mahonesa, rascarse y hacer de peluche no hace falta saber inglés), me sobran los que saben inglés!!!
 
Comentario:
Había una viñeta de Mafalda en la que le preguntaban sobre si estaba de acuerdo o no en una cuestión, ella se negaba a contestar para no estar en una estadística, por lo que pasaba a formar parte de la estadística de los que no quieren estar en una estadística. Pues yo con ella, no me siento clasificado en ninguno de los prototipos ¿será porque pertenezco a todos y a ninguno? ¿Seré un ser único, especial, maravilloso? (táchese lo que no proceda) ¿Será porque me niego a verme a mi mismo reflejado en uno de estos cánones masculinos pese a que la imagen que proyecta es la mía calcada? ¿Será por que mis pantalones son...de pinzas...color...eeeeh...uhmm..¡granate!..AAAAAAH!!!!

PD: ¿Y que tiene de malo ser padre y beberse los whiskies doblados?

God Save The Queen.




 
Comentario:
no si al final nos ha salido escritora... anda que no te has dejado tipos y clases en el tintero... empezamos a contar?
 
Comentario:
Hombres mutantes, mujeres polimórficas, deseos reprimidos, sentimientos pasajeros, experiencias insatisfactorias, esperanzas sin fundamento... Cada vez que te atreves a "desnudarte" en este blog te conviertes un poco más en alguien distinto. Y paradójicamente tu distinción será lo único que tengas en común con el resto de gente que lee tus pensamientos en voz alta. Quizá ahora no te des cuenta pero tu "unicidad" es fantástica. No dejes que nadie intente vestirte.
 
Comentario:
He tenido que ir a urgencias de la risa que me ha dado. Tengo descoyuntada hasta la mirada (creo que veo con las orejas porque tengo visión lateral perfecta). Lo peor es que me veo muy mezclado: pantalón de pinzas color granate, pelo engominado, leyendo tebeos de súperheroes (¿y qué me decís de esas incomensurables películas Spiderman 1 y 2?) y que uso también para las rayitas (sobre todo las novelas gráficas) y comiendo canard a la pequinesa en el lestaulante Glan Mulaia de Chim-pun, mi amigo. Y ese prurito en la entrepierna matutina...

Creo que necesito ver más modelos y tipos para verme reflejado en todos ellos. ¡Otra! ¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!
 
Comentario:
Ay!! Es verdad que hay muchos tios clasificables en cualquiera de las categorias que has dicho, pero..y los que son una mezcla de todo eso?? y los que te enganchan porque no son como los demás???? Solo se que a mi me encantan todos, todos y cada uno de ellos...menos el de los pantalones de pinzas color granate....porque sin ellos la vida no es igual....y porque además a pesar de que los chicos sean como el bacalao (si les quitas la cola, les quitas lo mas salao), reconozco sin ponerme colorada que me ENCANTAN LOS HOMBRES DE CUALQUIER TIPO....a todos les encuentro algo que me atrae....y como dicen los planetas porque voy a luchar..."Que puedo hacer, si no puedo hacer nada para acabar con algo que no acaba".

Que vivan los hombres!!!!
 
Comentario:
No, si al final va a ser verdad eso que dicen de que como en casa no se come en ningún sitio. Es verdad que a veces te puede apetecer comerte una hamburguesa guarra, o un finísimo "canard à l'orange" que igualmente y mucho mas barato podías habértelo tomado en un chino. Pero por lo menos en casa cuando te tomas un pato a la naranja sabes que es lo que te estás comiendo.
No