<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/rss20.xml"><title><![CDATA[EL HOMBRE QUE USA MÁS LACA QUE YO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Y la mujer que deja de usarla y se la cede, para mi desgracia, al tipo de al lado]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_56.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_55.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_54.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_53.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_51.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_50.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_49.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_48.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_47.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_46.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_56.htm"><title><![CDATA[¡EXCLUSIVA!: HASTA PRONTO, COOLKIKU]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_56.htm]]></link><description><![CDATA[<center><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/portada_revista_hola.jpg" alt="" border="0" width="331" height="448"/></center><br/><br/><br/>Queridos amigos y lectores,<br/><br/><br/>Creo que la imagen lo dice todo:<b> ¡me voy a escribir mis andanzas al blog de la revista  hola.com!</b><br/><br/><br/>Efectivamente es toda una exclusiva, al menos para mí ha sido todo un notición digno de portada del ¡HOLA!.<br/><br/><br/>Ahora que dedicaré parte de mi tiempo a escribir en la revista del corazón más vendida en España, dejaré este espacio de ya.com para actualizar en la revista de la belleza, moda, corazón, realeza, etc...<br/><br/><br/>La línea del blog será la de ya nuestro querido <b>“El hombre que usa más laca que yo”</b>, por lo que <b>espero, deseo y os pido el veros por allí. </b><br/><br/><br/>Siento una profunda emoción con la nueva andadura, pero siento una pizca de congoja por dejar este blog que tantas alegrías me ha dado. Aunque bien es verdad que nada se cierra definitivamente, y a no ser que los de ya.com me echen de aquí, yo seguiré manteniendo este sitio (nunca se sabe).<br/><br/><br/><b>Ha sido un verdadero placer escribir para vosotros: principalmente para los que os ha gustado, para los que os declarasteis mis “admiradores” y para los que lo habéis seguido de forma incondicional sufriendo mi pereza y mi lentitud actualizando. Para los que pusisteis vuestros geniales comentarios, correos electrónicos animándome a escribir más y más rápido y para los más tímidos, que se leyeron el blog en el silencio.</b><br/><br/><br/>También ha sido un placer escribir para los que no os gustado tanto o nada y habéis respondido con críticas muchas veces demoledoras y para los que, fugazmente, habéis pasado por aquí y habéis aportado vuestro granito de arena. <b>También, para todos aquellos que se tomaron este blog como algo “serio y personal” y no cayeron en la cuenta de la caricatura que realmente es </b>(¡aix!, si es que no hago carrera con vosotros…)<br/><br/><br/>Gracias de corazón, por leerme, por venir y por “comentarme” ¡Gracias!.<br/><br/><br/><b>El nuevo blog se titulará “<a target="_blank" href="http://blog.hola.com/pastelitosenvenenados/">Pastelitos Envenenados</a>” y si pinchas <a target="_blank" href="http://blog.hola.com/pastelitosenvenenados/">aquí </a>irás directamentel. Me he hecho un cambio de identidad y ahora firmaré mis artículos como Kiku Montejo: con apellido y con un par, que la revista ¡HOLA! así lo merece.<br/><br/><br/>Mis especiales agradecimientos a: </b>Adri, Aizul, Aldonza, Algodistinto.net, Alquimista de Letras, Amanda, Angelicah, Araceli, Basileia, Big Corrosco, Bombón, Bombón neurótico, Chewie, CiRC, Conchipirones, Conxa, CpuntoSpunto, Daedaluss, El Efebo Catalán, El post infiltrado, Emilio, Eva, Ezcritor, Gaela, Gansumino, [Ge], Germán, Heidi, hnh, Inés Perada, ITF, Jerjes, Jlia, Jonhar, Labalaperdida, Lola, Lolita, Lord E., Lucia, Mª Carmen, Manderliness, María, Maripin, May, Melleus Malefica, Miguel Fitzroy, Miss Smile, Mónica, Mordandis, Mundogandano.com, Nandara, Neil, Oneof5, Pablo Panowski, Panza, Paula, Pedri, Pete Vicetown, Pike Bishop, Rafitax, Rosa Macondo, Ruthy la mala pécora, Sebastián Dell, Silvia, Skézenté, Smilysmiles, Stuffen, The Urban Prisoner, Tigre, Tribeca, Tulipa, Txomo, Vale, Ventrilocuo, Vero, Xineff, ya.com y  yahoraquebonita.<br/><br/><br/>Un abrazo, un beso y una flor.<br/><br/><br/>Siempre Coolkiku<br/><br/><br/><b>NOTA: Si algún día vierais que hago un “copia pega” de este blog… ¡¡schhhhh!! ¡¡a callarse todos!! ¡Qué mi imaginación, de vez en cuando, también se resiente…!</b>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_55.htm"><title><![CDATA[QUERIDÍSIMA MAMÁ]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_55.htm]]></link><description><![CDATA[<center> <img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/queridisima_mama.jpg" alt="" border="0" width="302" height="448"/></center><br/><br/><br/><br/>¿Son los padres responsables de nuestra personalidad? ¿o eso es sólo un recurso facilón?. ¿Son nuestros padres los causantes de nuestros miedos, traumas, desasosiegos y ansiedades?. No son ni uno ni dos los estudios que opinan que efectivamente es así… pero hay opiniones para todo.<br/> <br/><br/>No voy a ser yo quien cuestione ciertas teorías, ni me voy a mojar poniéndome del lado de la víctima de una infancia difícil. Tampoco me decantaré por el lado de unos padres que, en su momento, también fueron hijos victimas de sus padres. No voy a debatir nada, sólo dejaré la pregunta en el aire: <b>¿es inevitable que, de alguna manera, acabemos siendo  un espejo de nuestros progenitores?.</b><br/> <br/><br/>Lo que está claro es que esto es la pescadilla que se muerde la cola. <br/> <br/><br/>Piénsenlo señores, recapaciten y háganlo con total sinceridad. No hagan aspavientos diciendo que por nada del mundo podrían llegar a parecerse al cabeza de su familia y analicen este tema de forma objetiva. Estoy segura de que, un alto porcentaje de los lectores, se habrán sorprendido más de una vez diciéndose a si mismos  “<i>¡horror!, me parezco a mi madre/padre</i>…”.<br/> <br/><br/>Mi propia experiencia me dice que sí, que lamentablemente me parezco a mi madre. No sólo porque físicamente soy calco de su persona, sino porque según cumplo años, el parecido es tan asombroso que he decidido dejar de luchar contra lo evidente: <b>sí, me parezco a mi madre y cuanto más empello pongo en no parecerme a ella, la semejanza se convierte en algo terriblemente impactante. </b><br/> <br/><br/>Mi madre no quería tener hijos, pero de todos modos nací un frío y helador día de invierno. Las malas lenguas (exactamente la lengua viperina de mi abuela que era igual o peor que la de mi madre –con lo que se vuelve a ratificar la teoría de los parecidos entre los padres y lo hijos-) cuentan que cuando yo tan sólo contaba con unas horas de vida, alguien se aventuró a decir que era clavadita a la madre que me parió. Mi realista madre sólo pudo responder con un desgarrador “<i>eso es sólo lo que me faltaba</i>”.<br/>  <br/><br/>Mi madre no me dio de mamar para que no se le estropearan sus bonitos y turgentes pechos (cosa que no sirvió para nada ya que las tetas, antes o después, se caen y a día de hoy le llegan más o menos a la altura de la cintura). Mi madre jugaba poco o nada conmigo porque mi energía, literalmente, <i>le producía una jaqueca que tardaba días en remitir</i>. Mi madre nunca me llevó ni me recogió del colegio… porque para eso estaba “<i>la chica</i>”.<br/>  <br/><br/>Mi madre hizo de la puesta en escena, de los modales y del vestir, una forma de vida y yo he seguido sus pasos a píes juntillas, aún habiéndola odiado por haber dedicado todo su tiempo a ello, por hacer de eso su profesión, por dedicarse a algo tan superficial y por no haber sabido hablar de otra cosa.<br/>  <br/><br/>Mi madre le daba al bebercio, empinaba el codo o simplemente era una borrachuza, como ustedes quieran llamarlo, pero mi madre era de la alta sociedad y para esas personas lo adecuado era decir que bebía para “<i>matar el gusanillo</i>” o que simplemente era un “<i>hábito social</i>”. El mismo hábito que le hacía tener resacas tan brutales que en casa no podía oírse ni a una hormiga caminando por la alfombra… o el mismo hábito social que le hacía tomarse, de cuando en cuando y para desayunar, un pelotazo de Chivas.<br/> <br/><br/>El caso es que, para qué negarlo, yo he llegado a odiar a mi madre, y creo que como yo, muchas personas en su época adolescente (aunque no creo que tanto como yo, ya que superarme a mí en cualquier tema relacionado con el odio, es tarea difícil). Verdaderamente era muy complicado hacer comprender ciertos asuntos a nuestros padres, sobre todo en una época tan compleja como es la del pavo, ya que las hormonas y el vello corporal hablaban por nosotros. <br/> <br/><br/>Pero en defensa de ellos he de decir que lamentablemente desconocíamos lo que pasaba por sus cabezas, sólo nos ocupábamos de mirarnos el ombligo, de pretender ampliar la hora de llegada casa y de obtener el último grito en pantalones vaqueros, pero nunca nos paramos a pensar en que podrían estar con el morro torcido porque tenían problemas matrimoniales, de trabajo o porque habían sido victimas de una infidelidad. Ésas cosas también las han vivido nuestros padres… aunque no lo queramos creer. Todo está inventado…<br/> <br/><br/>Sí, lo siento, tu madre pudo ser infiel a tu padre (o viceversa)… no pienses que porque hiciera las mejores tortillas de patatas y las más exquisitas croquetas, porque pasara el aspirador a diario por tu dormitorio o porque te bordara las iniciales en tu ropa interior cuando te ibas de campamento, no fuera capaz de ponerle los cuernos a tu padre. Efectivamente eran otros tiempos, pero estaban hechos de lo mismo que nosotros: de carne y hueso. Sí, ellos también tenían impulsos sexuales y aunque se reprimieran más, a veces también daban rienda suelta a sus instintos animales.<br/> <br/><br/>El caso es que mis padres no eran los padres al uso. Veía como en casa de mis amigas lo normal era tener la foto de boda sobre el mueble del salón y como sus madres prepararan sandwiches de foie gras y piñatas en sus fiestas de cumpleaños. Nada de eso tenía yo… aunque sí tuve otras cosas que no tenían mis compañeras, olvidándonos de lo material, yo disponía de la simpatía y sabiduría de los amantes de mi madre. <br/> <br/><br/>No fueron ni uno ni dos… pero siempre fueron muy amables conmigo. A uno, mi predilecto, le recuerdo con gran ternura: Don Álvaro Ignacio de Irazabal, el gran señor que me regaló, por mi noveno cumpleaños, la colección de libros de Pollyanna, de Eleanor H.  Porter, y al cual le debo mi afición por la lectura. <br/> <br/><br/>Don Álvaro le duro mucho tiempo y se convirtió en uno más de la familia, no sé si mi poderosa imaginación me traiciona, pero juraría que le recuerdo cenando con nosotros y con mi padre presidiendo la mesa. <br/> <br/><br/>Nunca subestimes la curiosidad de un niño, puede llegar a ser brutal: les espié hasta que un día dejó de parecerme gracioso y me di cuenta de que el estar fisgoneando quitaba mucho tiempo a mis estudios y lectura. Al fin y al cabo, ya no veía nada nuevo. Curiosamente, cuando espiaba, lo hacía con mesura, para poder otorgarles algo de intimidad en mi propia casa… llegado un momento puntual de la escena de amor, no sé si por pudor o por no querer ver lo evidente, retiraba la vista y me iba a mi cuarto. <br/> <br/><br/>Eso sí, de vez en cuando y si el aburrimiento se apoderaba de mí, volvía a fisgonear. La última vez que lo hice fue cuando me atreví a cruzar el umbral y  vigilarles desde dentro, desde el lugar en el que tenía totalmente prohibido el paso, desde el cuarto donde mi madre decía que se metían a “trabajar”… <br/> <br/><br/>Desde el interior de un mueble rústico castellano y con la barbilla apoyada en mis rodillas, me llevé una grandísima sorpresa: aquel día tuvieron una terrible discusión, no puedo recordar cual fue el problema y el motivo de tanta bronca, pero sé que mi madre lloraba desconsolada y que Don Álvaro intentaba calmarla mientras ella le pegaba unos buenos manotazos. <br/> <br/><br/>Estuve mucho tiempo pensando que la discusión tuvo que ver conmigo, me parecía demasiada casualidad que el día de la gran bronca yo, sin que ellos lo supieran, hubiera sido la única espectadora. <br/> <br/><br/>Don Álvaro Ignacio de Irazabal desapareció aproximadamente dos meses después… y con los años, la curiosidad volvió a poder conmigo e intenté localizarle. A Don Álvaro se le había tragado la tierra. Supongo que afortunadamente para el sosiego de mi casa natal (¿no será, casualmente, tu padre?).<br/> <br/><br/>A mis 25 años, le confesé todo esto a mi psicólogo y horas después se lo recordé a mi madre. Mi psicólogo guardó silencio y mi madre se limitó a tragar saliva, mirar para otro lado y aguantarse las lágrimas en unos ojos terriblemente colorados, como si hubiera salido de una piscina llena de cloro. No quise preguntar más, estaba claro que fue alguien sumamente importante y se lo dejé para su intimidad y recuerdo. Tampoco yo le cuento el final de mis historias… Hay cosas que es mejor no saber.<br/> <br/><br/>Pero el paso de los años, la madurez y las vivencias te hacen comprender a los que antes eran “los mayores”. Ahora, con más edad con la que mi madre me tuvo, he llegado a perdonarla y hasta a quererla. No puedo vivir con ella, pero tampoco sin ella. Al fin y al cabo le debo grandes cualidades como la obsesión por la limpieza, el enfermizo orden, la afición por las cosas caras y los devaneos con los hombres.<br/> <br/><br/>He comprendido que también ellos tuvieron debilidades y que sus formas no fueron las perfectas. He aceptado que tengo un padre y una madre que, aunque ninguno de los dos sean modelos a seguir, son los que me convirtieron, para bien o para mal, en lo que soy. Al fin y al cabo se tomaron muchas molestias en hacer de mí una mujer de provecho y aunque ambos creamos que no lo han conseguido, <b>yo me siento muy orgullosa de haber tenido a una madre, que en los años de la transición española, este país se le antojaba rancio para unas expectativas demasiado altas para aquel entonces.</b><br/> <br/><br/>Y aunque inevitable y desafortunadamente me parezca a mi madre (de mi padre hablaré otro día porque él también tiene para dar y regalar), acepto gustosa la herencia y, en la medida de lo posible, intentaré evitar la descendencia y si no lo consigo, tal y como no lo consiguió ella, evitaré el llevarme los amantes a casa en presencia de mi hijo/a. <br/> <br/><br/>Es que manda pelotas… mira que llevarte los ligues a casa… ahí te pasaste tres pueblos, mamá, ¿qué no?.<br/> <br/><br/> <br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_54.htm"><title><![CDATA[CERRADAS POR VACACIONES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_54.htm]]></link><description><![CDATA[<center><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/piernas_coolkiku.jpg" alt="" border="0" width="223" height="300"/></center><br/><br/><br/>Cerradas o no (no nos vamos a poner a discutir eso ahora), lo que sí permanecerá cerrado, será este blog hasta el próximo 15 de septiembre. Aunque precisamente no sea yo la más rápida actualizando, no está de más avisar para que sepáis que ¡volveré! (y lo haré renovada).<br/><br/><br/>¡Besos y felices vacaciones!<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_53.htm"><title><![CDATA[SOBRE BODAS Y BODORRIOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_53.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/casados.jpg" alt="" border="0" width="285" height="400"/></CENTER><br/><CENTER><i>¿Dónde va esta señora sin ramo?</CENTER><br/><CENTER>¿Por qué los antiguos eran tan feos?</i></CENTER><br/><br/><br/><br/><br/><b>Casarse es una ordinariez y celebrarlo, aún más.</b><br/> <br/><br/>Lo mismo da que se case Paulina Rubio, Eva Longoria o tu prima Pili la de Cuenca, al final, siempre es más de lo mismo. Da igual lo original que se quiera ser celebrando el bodorrio porque, casarse, hace centenares de años que dejó de ser innovador. Rara será la vez que nos encontremos con algo que no hayamos visto antes.<br/> <br/><br/>Varían los presupuestos, el lugar y los novios (a veces ni eso), pero los denominadores comunes siempre están ahí: las tías, las abuelas, las adolescentes vestidas de mujer y las mujeres vestidas de adolescentes. Los tobillos hinchados, los chales, las gasas y los flecos. El sudor que corre por la doble capa de maquillaje, los tacones insoportables y el dolor de pies. El borracho de siempre, los amigos gritones, las apariencias y el cotilleo. Las flores naturales, los pelos enlacados, los moños de peluquería de barrio y las medias reductoras. <br/> <br/><br/>Los éxitos del verano (del verano del 78, del verano del 85, del verano del 06…)<br/> <br/><br/>No puedo olvidarme de las copas, de las barras libres y de la comida en abundancia. Ni de las perlas, las manicuras, los litros de perfume y los bronceados de última hora. De los ridículos mini-bolsos reventones donde luchan por su espacio el tabaco y el móvil, de los tacones clavados en el césped, de las sandalias de tiras, de los zapatos forrados, del niño que llora en la iglesia y de los padres no son capaces de callarle (y de sacar a la calle, coño, que no es tan difícil).<br/><br/> <br/>Cientos y miles de fotos que quedaran para la posteridad, despliegues de cámaras digitales, de sonrisas falsas, familiares reencontrados y coches recién salidos del auto lavado.<br/> <br/><br/>Puedes hacer una boda multitudinaria o en <i>petit comité</i>, puedes celebrarlo en una masia, en un castillo o en un salón de bodas chapado a la antigua. Puedes creerte innovador y celebrarlo en la playa o en el ático de un hotel. Podrás celebrarlo con vistas a la ciudad, en una casa rural o en un restaurante de lujo. Puedes hacer que salga una tarta del techo llena de bengalas o contratar a un cantante de moda para que amenice la fiesta. <b>Podrás sentirte una persona dichosa, pero la historia se escribe así: ella tendrá sus dudas el día de antes y él tragará saliva en el altar.</b><br/> <br/><br/>Recolectarás dinero o lo perderás, harás un viaje hortera a Cancún o pondrás en peligro tu corto matrimonio yéndoos al Yemen. Pondrás tu foto de boda en un marco de plata o, creyéndote el más moderno, pondrás un montón de ellas en un marco digital. Amargarás a tus colegas enseñándoles las fotos de la ceremonia olvidándote de que ellos también estuvieron allí. <b>Creerás que una larga vida llena de niños, felicidad y domingos por la mañana con tostadas te está esperando pero, hagas lo que hagas, y sientas como te sientas, estarás cometiendo un desacato a tu independencia y libertad. Habrás firmado (en el 99% de los casos) un régimen de bienes gananciales que significa que, en caso de ruptura, tendrás que dividirlo todo entre dos.</b> <br/><br/><br/>Podrás pretender que los invitados te paguen el convite y también el viaje de novios, pero no estarán para pagarte el abogado que llevará tu divorcio. Podrás darles los mejores langostinos y el menú más elaborado, pero cenarás solo el día que descubras el móvil de tu pareja llenito de mensajes cariñosos que no iba dirigidos precisamente a ti. <br/> <br/><br/>A mí, personalmente, no me gustan las bodas, me gustan más los divorcios.  He vivido más divorcios que bodas y, estos últimos, me resultan mucho más alentadores y positivos. A los que se casan, ya saben lo que les espera: una vida (en teoría) juntos. El divorciado no sabe que hacer con su vida y un montón de planes y recomendaciones le rondan por la cabeza. La persona casada ya sabe (también en teoría) con quien se va a despertar sea cual sea el día de la semana. El divorciado no lo sabe ni lo quiere saber.<br/> <br/><br/>Reconozco que para nosotras es muy tentadora la idea de vestirse de princesita y de ser el centro de atención, pero no es buena la idea de pasar por eso a cualquier precio. Aunque os suene a loca de atar, os recomiendo lo que yo hice hará cosa de un par de años: me compré mí propio vestido de novia sin ningún ánimo de casarme.<br/> <br/><br/>Me enteré de que una tienda de alta costura ponía en venta, a muy buen precio, vestidos de novia de la temporada anterior de, nada más y nada menos, Victorio y Lucchino y allí me planté, con mi santa impaciencia, a probarme todo lo que me pusieran por delante. <b>¿Por qué renunciar a tener mi propio vestido de novia sólo porque no quiero casarme?.</b><br/> <br/><br/>Me hice tres pruebas (sí, tres) como cualquier novia que se preste y me gasté mi dinerito que pagué con sumo placer. La dependienta me decía que la siguiente visita la hiciera con mi madre, con mi suegra, con una hermana o con una amiga, pero que me llevara a alguien para que diera su opinión. Yo, le hice creer que iba sola porque nadie aprobaba mi matrimonio con una persona que era de otra religión, cultura y de modales muy diferentes a la hora de tratar a una dama.<br/> <br/><br/>Ha sido de las mejores adquisiciones que he hecho en mi vida: me satisfizo todo lo que yo pretendía y fue uno de mis grandes caprichos. De tarde en tarde me lo planto y me estoy un rato con el: me miro al espejo, me recojo el vestido a lo Sissi y puede que hasta haga alguna reverencia gratuita a alguno de mis gatos cuando me los cruzo en el pasillo. Si tengo que hacerme la cena, pues me la hago con el vestido puesto, porque el día que decido ponérmelo, me cuesta mucho quitármelo. A veces me pongo a ver la tele con el o puede que hasta ponga una lavadora. Hago todas esas tareas coñazo que se tienen que hacer pero que, hechas vestida de blanco y de largo, se vuelven algo más divertidas y se tornan de un ligero color púrpura.<br/> <br/><br/>Puestos a confesar, revelaré que el vestido de marras no sólo me ha servido para hacer tareas domésticas: en un par de ocasiones ha sido partícipe de divertidos jueguecitos sexuales que pocas novias, el día de su noche de bodas y con un marido borracho en la cama, habrán podido disfrutar.<br/><br/><br/>Con todo esto te digo, a ti, mujer, que no te cases por vestirte de blanco o en su defecto para comprarte un gran trapo. Si es eso lo que quieres, cómpralo, póntelo y disfrútalo. Siempre y en cualquier caso, te saldrá más barato.<br/><br/><br/>Con todo esto te digo, a ti, hombre, que no te cases porque tengas beneficios fiscales, a la larga, esos beneficios se volverán contra ti y se convertirán en horribles monstruos que no te dejaran salir de casa. <br/><br/><br/><b>Pero que nadie se equivoque, yo estoy a favor de la vida en pareja, del compromiso y de las tostadas con mermelada de fresa los domingos por la mañana</b>, pero no de la necesidad de un acto hortera y poco original, ni de la obligación de firmar un contrato, ni de dar a quien no se lo merece y a quien se ha convertido en un agua pasada, lo que siempre ha sido tuyo.<br/><br/><br/><b>Y el gustito que da decir que NO a la pregunta <i>¿quieres casarte conmigo?. </i>Seamos originales, señores. El NO también existe.</b><br/><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_51.htm"><title><![CDATA[THREE EXTREMES (Living in New York)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_51.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/3extremes.jpg" hspace="5" vspace="5 "></CENTER><br/><br/><br/>A estas alturas de la vendimia y después de 4 meses sin dar señales, quiero pensar que el que entra aquí y se lee éste nuevo artículo, es porque verdaderamente (y sorprendentemente) quiere saber que ha sido de mí en todo este tiempo.<br/><br/><br/>¿Qué contaros, pues?. Me resulta difícil contar la verdad. Aunque para vosotros no sea una novedad, os confesaré que tengo una caprichosa inclinación a contar la versión falsa de la historia. A mí no me gusta decir que miento, prefiero decir que disfruto adornando, exagerando y distorsionando la realidad. Me gusta hacer de ella algo simplemente semejante si se la mira de refilón. Suele resultar más divertido e interesante. <br/><br/><br/>Si has aguantado todo este tiempo en leer un nuevo artículo, entonces te has merecido tres versiones diferentes de la historia. Sólo una es la real. Quédate con la que más te guste (o con la que prefieras que me haya pasado).<br/><br/><br/>Para los que desearon que me encontrara con una “Gran Manzana” podrida y llena de gusanos, podréis regocijaros con la Historia # 1: disfrutareis de lo lindo viendo como las pasé canutas. <br/><br/><br/>Para los que en el fondo me tenéis estima y me deseasteis suerte. Para los que, como yo, sufren en silencio la falta de estilo y cultura, sólo para ellos está la Historia # 2. Espero que la disfrutéis.<br/><br/><br/>Y para los incrédulos, sola y exclusivamente para ellos, os he dedicado con sumo placer la Historia # 3: Corta y concisa.<br/><br/><br/><br/><b>Historia # 1. El infierno:</b> Mis últimos cuatro meses en NY fueron los meses más infames de mi vida. Si existieron otros peores, no cabe duda de que éstos han borrado su estela para tomar la deshonrosa posición. <br/><br/><br/>He de confesar que el día anterior a irme de viaje, tuve procesos fugaces de arrepentimiento: eran varias las cosas que me tenían escamada. Acordé “alquilar” mi casa por el tiempo que yo estuviera fuera, al amigo de la prima que es amiga de un amigo de mi amiga… y el tipo no me terminaba de convencer. En teoría él me ingresaría el dinero del alquiler (supuestamente era de fiar) y yo le hacía un considerable descuento por dejar que mis gatos se quedaran dentro y él cuidara de ellos. En teoría (todo en teoría) era un amante de los animales y estaba encantado de volver a tener, textualmente, <i>bichitos en casa</i>. El caso es que me pareció demasiado amable, demasiado socialista, demasiado fashion y hasta demasiado maricón, que todo hay que decirlo. Todo en él era DEMASIADO, hasta sus palabras eran demasiadas. No sé como me dejé convencer de que ambos nos hacíamos un favor. <br/><br/><br/>Lo que estaba más claro que el agua es que, el día que yo volviera, él tenía que estar fuera de mí casa y sin un solo rastro de su estancia en mi dulce hogar.<br/><br/><br/>Por otro lado, los acuerdos con la agencia americana que me había prometido el oro y el moro, variaron considerablemente. El apartamento prometido fue cambiando de lugar hasta que finalmente acabó siendo uno ni tan céntrico, ni tan grande, ni tan mono, ni tan cerca de la oficina, como en un principio iba a ser. Los horarios tampoco iban a ser los previstos… y lo peor de todo: <b>los honorarios </b>tampoco parecía que iban a ser los pactados.  <br/><br/><br/>En cualquier caso, aunque escamada y desconfiada, me volví loca aceptando condiciones y en <i>New York </i>me planté. Un mundo lleno de glamour, pasión, lujuria, fiestas, dinero y reportajes me estaba esperando.<br/><br/><br/>Y una mierda.<br/><br/><br/>Y una mierda como un piano fue la que me comí. La primera en los morros fue a mí llegada al aeropuerto de JFK: mis 426 maletas había sido extraviadas. Al menos una me podía haber llegado, aunque sólo hubiera sido por casualidad, ¿no?. Esa fue la primera señal de que mí mala suerte sólo había hecho más que comenzar.  <br/><br/><br/>Por otro lado, el tipo que me iba a venir a buscar, nunca apareció. Su móvil estaba desconectado, en la agencia no sabían nada de él y yo me resistía a irme de allí sin mi equipaje y por mi propio píe. Pero me tuve que marchar, claro… y tuve que hacerlo en un apestoso taxi que manchó mis pantalones blancos de <a target="_blank" href="http://www.armandbasi.com/basi.html">Armand Basi</a> de un sospechoso, maloliente y desagradable líquido marrón. Maldito paquistaní cabrón.<br/><br/><br/>El apartamento, aunque más lejos de lo previsto, no parecía estar tan mal. Al menos tenía un par de ventanas que daban a una calle bastante mona. El resto, daba a unos extraños callejones en donde, por un instante, me pareció ver pasar a una gallina. Sí, una gallina.<br/><br/><br/>Desde el momento de mi llegada al apartamento, todo comenzó a ser un baile de despropósitos. La dichosa casa emitía unos sonidos totalmente insoportables. Al principio parecía que me hablaba, al final, la hija de puta, juraría que me insultaba. La nevera tenía un continuo <i>truuu truuu</i> imposible de aplacar, la cisterna del agua no paraba de caer emitiendo un <i>tssssssss </i>constante. Sin olvidarme (imposible hacerlo) del <i>plop-plop</i> del grifo de la cocina y el <i>clonch clonch </i>del aire acondicionado del vecino de arriba. La primera noche que pasé con el <i>truuu tssssssss clonch plop-plop clonch tssssssss truuu</i> fue bastante insoportable, pero creía que al día siguiente iba a poder a superarlo con unos tapones para los oídos que comprara nada más levantarme. No fue así: ni aunque me hubiera metido dos chorizos de cantimpalo por las orejas, hubiera suavizado esos ruidos tan repetitivos e insufribles.<br/><br/><br/>A pesar de todo, me planté en cuanto pude en la agencia: duchada, pintada y feliz. Bien es verdad que mi llegada no fue como me la había imaginado, entre otras cosas porque yo no vestía según el plan previsto: mis maletas aún no habían aparecido y llevaba puesto lo que me pude comprar de urgencia en un <i>mall</i>. Dos horas después de esperar SOLA a que alguien me recibiera, comencé a desesperarme. Me entraron unas terribles ganas de echarme a llorar (luego ya tuve tiempo de cansarme de hacerlo).<br/><br/><br/>Cuando por fin se me recibió, me dieron la gran noticia: no había sitio físico en la oficina para mí, así que tendría que trabajar desde el apartamento, reunirme un día a la semana con ellos, estar localizable todo el día y mandar diariamente mis trabajos por e-mail. <br/><br/><br/>En un afán de ponerme optimista pensé que no era tan grave, de ese modo podría organizarme para tener mi propio horario e ir a correr por Central Park (teniendo en cuenta que yo sólo he corrido para coger el autobús y a veces ni eso, ese plan era bastante improbable de que se hiciera realidad). También tendría tiempo para ir de compras, visitar todas las galerías de arte del Soho, desayunar fuera y hacer un montón de cosas maravillosas que no se me permitiría hacer si anduviera encerrada en una oficina.  <br/><br/><br/>¡¡¿¿Alguien puede imaginar lo que es intentar trabajar con el <i>truuu tssssssss clonch plop-plop clonch tssssssss truuu</i> y la hija de puta de la gallina que vivía debajo de mi casa???!!, es algo imposible…. Si a eso se le suma que me llamaban cada 5 minutos para darme instrucciones que sustituían la anterior orden, pues la jornada se convertía en un infierno lleno de dudas, estrés y de ofuscación total. Mi musa se estaba marchando a la misma velocidad que mí ilusión.<br/><br/><br/>En las fiestas a las que asistía nadie me hablaba, y si lo hacían eran octogenarios a los que tenía que acabar ayudando para ir al lavabo. Me sentía como una aldeana con bigote y refajo en una fiesta de <a target="_blank" href="http://esp.dolcegabbana.it/">Dolce & Gabbana</a>. Aunque me costara reconocerlo: me encontraba totalmente fuera de lugar. <br/><br/><br/>¿Qué hacer en una fiesta en casos así? Pues cualquier cosa menos lo que yo me dediqué a hacer en todas y cada una de ellas: beber sola con la ilusión de que algo cambiara por completo y de una forma rápida y mágica.<br/><br/><br/>Hoy por hoy, gracias a la experiencia adquirida en ese tiempo, puedo asegurar que cuando me emborracho entre un montón de gente guapa que se lo pasa muy bien, en un país y en una ciudad que no es la mía y sintiéndome <a target="_blank" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carrie">Carrie</a>, el alcohol me sube aún más rápido de lo normal. El resultado final era que acababa pillándome un pedo enorme que me hacía tardar tres horas en llegar al apartamento (cuando por lo general estaba a 15 min en taxi) y, por supuesto, haciendo llamadas a España (si estoy  pedo se me olvida el pequeño detalle de diferencia horaria) llorando, con hipo y diciendo cosas que al día siguiente y durante el resto de mi vida, me arrepentiré.<br/><br/><br/>Las resacas neoyorquinas han sido las peores con diferencia. No sólo porque me encontrara fatal, si no porque sentía como en cada una de ellas, mi autoestima se iba por la cloaca junto con mi vómito. De la noche a la mañana pasé de la tener la autoestima 100 sobre 10, a tenerla -587 sobre 10.<br/><br/><br/>Los días se me hacían eternos, mis relaciones sociales eran más que limitadas y las que tenía sólo eran para darme un trabajo infernal. Me pasaba el día encerrada en el apartamento rugidor, frente a un ordenador que venía sin la inspiración instalada. Mis días se resumían en trabajar, comer, comprar comida en la tienda de la vuelta de la esquina, seguir comiendo, seguir trabajando y dedicar un tiempo diario al llanto y a las lamentaciones. Si me quedaba algo de tiempo libre, entonces lo de dedicaba a rezar y rogar a todos los santos para que no me mandaran a otra fiesta en la que, en el mejor de los casos, acababa bebiendo sola en la barra y tomando nota de lo imbécil que es la gente allí. <br/><br/><br/>Mandaba mails diarios de auxilio que, para mi gusto, tardaban mucho en ser contestados. Mi madre dejó de aceptar mis conferencias y mi amiga no sólo hizo oídos sordos a mis llamadas de atención, sino que además me escribió para contarme que se había acostado con mi <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_28.htm">ex por excelencia </a>(añadiendo, la muy zorra, “…<i>te lo cuento porque creo que debo hacerlo, aunque no creo que te importe demasiado, tú sólo te ríes de él  y además te recuerdo que te tiraste a dos de mis tres ex importantes</i>…”).<br/><br/><br/>A todo esto no hay que olvidar que por un momento tuve serios problemas económicos. Mi inquilino me ingresaba el dinero tarde y mal (sólo pagaba después coaccionarle con mails y llamadas amenazadoras) y cuando acoquinaba, lo hacía siempre por menos dinero de lo pactado.<br/><br/><br/>Y así transcurrieron mis cuatro meses en NY. Cada día más deprimida, cada día más sola y cada día más GORDA. Creerme si os digo que conseguí engordar 13 kilos en 4 meses. Si alguien cree que eso no es posible, que venga a verme, le enseñaré mis carnes y luego me comeré sus ojos con cuchillo y tenedor.<br/><br/><br/>Mi depresión hizo que mi trabajo allí no fuera sublime (como todos, incluso yo, veníamos esperando), tampoco se puede decir que fuera pésimo, por lo que lo dejaremos por incalificable… Así que mi plan de salir de los Estados Unidos llena de gloria, con una carrera imparable, con una cartera llena de ofertas y con la mejor de la mejor de las recomendaciones, también se fue al traste. <br/><br/><br/>Para finalizar sólo comentaros, como pequeño detalles anecdótico, que el día que por fin llegué a Madrid, nadie, lo que se dice nadie, vino a buscarme. Mis maletas volvieron a ser extraviadas y sin saber que lo mejor estaba por llegar, cuando abrí la puerta de mí casa (a pesar de haber avisado por activa y por pasiva que llegaba ese día a esa hora) me encontré con mis pobres gatos famélicos (y sospecho que sodomizados) mirándome con cara lánguida y al demasiado amable, demasiado socialista, demasiado fashion y hasta demasiado maricón, sentado en MÍ sofá, con los pies encima de MÍ mesa, en calzoncillos y con poca intención de moverse.<br/><br/><br/>Fue entonces cuando la ira que contuve durante cuatros meses salió por cada poro de mis 13 kilos de más. Mi yugular a punto de reventar, roja, envenenada y con los ojos inyectados en sangre, agarré una lámpara y amenazándole con estampársela en la cabeza,  le dije a gritos que se marchara de mí casa inmediatamente. El me acusó de loca (resultó que la <i>loca </i>en esa situación era yo, manda cojones) y creo que una citación en los juzgados me llegará dentro de poco, pero eso sí, yo ya estoy en Madrid, en mí casa, con mi trabajo de siempre y en la ciudad de la que nunca debí de haber salido.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><b>Historia # 2. El cielo: </b>Mis últimos cuatro meses en NY han sido los mejores meses de mi vida. Ni en mis mejores sueños pensé que algo tan bueno estaba esperándome.<br/><br/><br/>A sólo un día de marcharme a “hacer las Américas” me di cuenta de que si tenía alguna pequeña duda de si estaba haciendo bien o no, se me disipó por completo: tuve una gran fiesta de despedida, me sentí arropada, querida y envidiada (¿a quién no le gusta ser envidiado?, ¿acaso ese no es motivo suficiente?). Aunque tenía los nervios destrozados (lo cual es bastante normal en mí), sentía que mis ganas de marcharme de Madrid por una temporadita y respirar aire contaminado nuevo, era lo único que me apetecía y debía de hacerlo.<br/><br/><br/>Gracias a una buena recomendación, conseguí “alquilar” mi casa a un gay estupendo, lleno de glamour, de cordura, de serenidad y de buen gusto. Llegamos a un pacto entre damas: Él necesitaba una casa en Madrid por una corta temporada y evitar la frialdad de los hoteles, y yo necesitaba seguir pagando mi hipoteca. Él me pagaría la cantidad suficiente para afrontar la letra y algún que otro gasto, yo le dejaba mis gatos para que le hicieran compañía y para que me los cuidara. Él los mimaría, yo le haría un considerable descuento en el alquiler. Él dejaría mi casa el día que yo regresara tal y como se la encontró: totalmente impecable. Yo le llevaría unos encarguitos que me hizo.<br/><br/><br/>Después de numerosas llamadas, faxes, papeleos y correos electrónicos, la agencia americana que me contrataba por ese tiempo y yo, también conseguimos llegar a un acuerdo. No quería dejar ni un solo cabo suelo, yo ya estoy mayor para ir a los sitios a la aventura y con un petate en el espalda. Sólo me faltó pedirles por escrito el color de las sábanas en las que iba a dormir, aunque pude entreverlas en las fotos que me habían mandado y que examiné con lupa y con sumo detenimiento. ¡Parecía tan divino!.<br/><br/><br/>Llegué al aeropuerto de JFK a la hora esperada y lo hice totalmente expectante de lo que iba a encontrarme. Quedaron conmigo en que una persona de la agencia irá a recogerme y me llevaría hasta el apartamento. Esa misma noche ya tenía que asistir a mi primera fiesta en NY y me presentarían a las personas indicadas para poder comenzar cuanto antes, mi tarea allí.<br/><br/><br/>Cuando vi al americanazo sosteniendo el cartel donde había escrito a mano “Coolkiku”, pensé que mi avión se había caído como un plomo, que había muerto y que estaba en el cielo. Algo tan hermoso no podía ser real. Esa fue la primera señal de que mi buena suerte acababa de comenzar. Estuve a punto de soltarle un morreo y contarle después que los españoles tenemos la costumbre de saludarnos así cuando llegamos a un país que no es el nuestro, pero contuve mis ganas… ¡era una profesional y lo iba a demostrar!.<br/><br/><br/>Mis nervios seguían destrozados, pero una vez en su coche y de camino a lo que iba a ser mi hogar durante cuatro meses, sentí como el americanazo tenía ese poder que tiene una de cada doscientas personas: el de saber tranquilizarme y sosegarme. Era <b>El Americanazo Valeriana </b>y yo estaba feliz.<br/><br/><br/>Me subió las maletas y me enseñó todos y cada uno de los trucos de la casa: lo que tenía que hacer para que no sonara la nevera, qué hacer si el grifo goteaba, como funcionaba cada aparato y hasta me conectó y configuró el portátil. Mis piernas seguían temblando y sólo podía pensar en echarle encima de la cama y que me contara los verdaderos trucos que escondía, pero seguí aguantándome sólo un poco más (bien sabía yo que no podría hacerlo durante mucho tiempo si iba a tener que verle a menudo).<br/><br/><br/>Mientras me contaba los detalles de la agencia, algún que otro intríngulis y lo que esperaban de mí, yo pensaba que en que acababa de decidir, sin ayuda de nadie, que lo que verdaderamente quería era quedarme con él el resto de mi vida y plancharle todas las camisas que me pidiera: en esa casa, en Sebastopol o en Alconbendas. Estaba a punto de llorar de la emoción.<br/><br/><br/>Dejó que descansara, me recuperara como pudiera del <i>jet lag </i>y quedó en recogerme por la noche para ir a la primera de nuestras fiestas.  <br/><br/><br/>Dormí poco y mal, estaba tan emocionada que no podía descansar, así que me puse a preparar hasta el último detalle para la noche, me pegué un baño y más tarde conseguí dormir algo.<br/><br/><br/>Esa noche sentí que el mundo era maravilloso, que la vida me sonreía y que estaba rodeada de lo que a mí más me gustaba. Que el lujo se palpaba hasta en los palillos de los aperitivos, que nada era mediocre, que todo era perfecto, que me sentía preciosa y admirada. Que la gente esperaba mi llegada, que querían conocerme, que todo era un sueño que acababa de comenzar y que, teniendo al americanazo al lado, todo se veía aún más bonito.<br/><br/><br/>En tres días ya estaba totalmente organizada. Había redistribuido los muebles del apartamento y había preparado el espacio de trabajo a mi medida. Me sentí tan feliz que compré el ramo de flores más grande que encontré. La inspiración me venía sola, no tenía que usar trucos para que apareciera. Mi musa se había instalado en mi casa y se había quedado a vivir conmigo, estábamos las dos muy contentas. <br/><br/><br/>Mi americanazo me venía a visitar a diario y yo controlé mis instintos hasta el quinto día: el sexto, amanecimos juntos. Él endulzaba mi vida, yo no sé que hacía con la suya, pero estaba claro que le gustaba.<br/><br/><br/>Me pasé cuatro meses sintiéndome dentro de una película, con una sonrisa en la cara imposible de borrar. Practicando sexo a la americana de día y de noche; de frente y de lado, boca arriba y bocabajo. Durante 4 meses me sentí con total inspiración, gastando dinero de día y de noche; de frente y de lado, boca arriba y bocabajo... Me sentía magnifica, lumbreras y ocurrente. Me pasaba el día llamando <i>gilipollas </i>a todo lo que se meneaba y es que a mi americanazo le hacía mucha gracia la pronunciación y mi énfasis al decirlo y como, por una extraña razón, a los españoles nos encanta enseñar palabrotas cuando salimos al extranjero, pues me pasaba el día descargando adrenalina llamando <i>perro judio </i>al primero que tosía.<br/><br/><br/>Por otra parte, en la agencia confiaban plenamente en mi criterio y me daban rienda suelta a todo lo que yo hacía. No tenía plazo para entregar mis trabajos y, sin embargo, en todo ese tiempo nunca hizo falta que me reclamaran nada. Conseguí ser puntual en mis entregas y el orgullo que no me corrigieran ni una sola nimiedad de lo que había hecho. <br/><br/><br/>Conseguí el punto glorioso y perfecto que puede tener una relación temporal: mi americanazo y yo estábamos encantados, hacíamos todo juntos, nos divertíamos y a la vez trabajábamos y, sin embargo, no habíamos llegado al terrible y consabido estado del enamoramiento (un par de años con él y seguro que acabo odiándole, descuartizándole y echándole al río Hudson). Tan sólo nos poníamos románticos cuando llevábamos dos copas de más y después de haber ido a alguna fiesta de obligatoria asistencia. Teníamos tan claro que lo nuestro tenía una fecha de caducidad, que no nos molestamos en hacer planes imposibles. Yo, para bien o para mal, en Madrid tenía mi vida y lo más lejos que podía irme con él, era a Washington a pasar un fin de semana.<br/><br/><br/>En resumen: mis cuatros meses en Nueva York fueron idílicos, algo que contaré a los nietos que nunca tendré. Fueron 4 meses llenos de vida y que los pasé disfrutando, enriqueciéndome y dignificándome. Lo miré todo, absolutamente todo, no quería que nada se me fuera de la retina, quería retenerlo todo y de por vida, lo apunté todo, lo escribí todo, lo fotografié todo, para que todo, sin excepción, quedara perenne.<br/><br/><br/>Cuando llegó el momento del regreso lo hice tal y como lo había vislumbrado en mis mejores sueños: con una gran carta de recomendación, un par de ofertas en las que tendré que pensar y el dulce sabor de boca que te deja un americanazo que ha dedicado 4 meses de su vida, en hacerme la mujer más dichosa del planeta (amén de que me he traído los modelos más exquisitos y los zapatos más sublimes que nadie puede llegar a imaginar).<br/><br/><br/>He vuelto a Madrid renovada, con algo de pena pero con mucha gloria. He entrado por la puerta grande, encantada de haberme conocido y de haberme encontrado mi casa tal y como la dejé; con mis gatos en perfecto estado, con mi familia, mi gente y mi trabajo de siempre, esperando mi llegada y con nuevas y estupendas ideas para los próximos 4 meses. <br/><br/><br/>Madrid sigue estando como lo dejé y eso me reconforta.<br/><br/><br/><br/><b>Historia # 3. El purgatorio: </b>Nunca me fui a Nueva York, he estado estos cuatro meses en Madrid sin saber que escribir en el blog.<br/><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_50.htm"><title><![CDATA[ADIÓS, MADRID (o démonos un tiempo)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_50.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/madrid.jpg" hspace="5" vspace="5 "></CENTER><br/><br/>Si estas pensando en venir a Madrid y pasar aquí unos días de vacaciones, una nueva temporada laboral, comenzar aquí el 2007, hacer una visita fortuita a un amigo, o, en el peor de los casos, quieres venir hasta la capital para ver el horrible musical de “Hoy no me puedo levantar”, no lo hagas: no sólo porque dicho musical es lo más repulsivo que verás jamás, sino porque aquí ya somos muchos y no necesitamos más gente.<br/><br/><br/>Si estas pensando en venir a dar largos y tranquilos paseos por alguna de sus calles o por el Parque del Buen Retiro, olvídalo, aquí no encontrarás tranquilidad, silencio ni descanso como ocurrió antaño; sólo hallarás una aglomeración de gente fea que habla muy alto. Si piensas que en el centro de Madrid vas a encontrar un sinfín de estupendas tiendas en las que dejarte el sueldo, vas listo: sólo encontrarás gente que sigue hablando muy alto, que no sabe lo que busca y que quiere ser original a base de ser ridículo. <br/><br/><br/>Aquí ya está todo inventado: a los creativos se les han acabado las ideas y los diseñadores no encuentran a las personas adecuadas para lucir sus modelos. Entre paletos y pueblerinos se ha corrido la voz de que existen locales en los que no se pincha a Bisbal y ponen algo que dice ser “música alternativa”. Husmean incansablemente hasta encontrar estos lugares para después, dejar estos sitios infectados con sus terribles camisas de Rottweiler (ellos), y sus tatuajes tribales (ellas). Se taladran los labios, las orejas, las cejas y hasta el cogote para ponerse piercings de oro (o dorados, aún peor si cabe) demostrando así su supuesto poderío. <br/><br/><br/>Los más disimulados y menos desvergonzados, se molestan muy mucho en ocultar sus raíces y camuflar sus verdaderos gustos. Compran su ropa en mercadillos y en tiendas de segunda mano y piensan que con ponerse unas All Star, unos pantalones de pitillo y cuatro chapas en la solapa, ya son lo más <i>in</i>.  Sólo hace falta rascarles un poquito para que salga a relucir el verdadero personajillo sin personalidad ninguna, que va donde va la gente y a donde va Vicente: que sale por Chueca porque cree que con estar presente ahí, es estar en la moda, pero que no puede evitar hacer estúpidos comentarios homófobos mientras en el fondo y sin que nadie se entere, está deseando que alguno le roce la costura de su pantalón. <br/><br/><br/>Más tarde, regresa a su casa del extrarradio, de noche y en un búho, al piso que comparte con el extremeño, el segoviano y el mañico y se encierra en su habitación a chatear con alguna que diga llamarse “Asturiana_669” y escribir como le gusta hacerlo a él: tecleando continuamente, aunque no venga a cuento, la letra “k”.<br/><br/><br/>Mira absolutamente todos los conciertos que hay entre semana y asiste a todos los que puede sólo para poder decir que él es un noctámbulo, que tiene resaca (sí queridos, hay gente que presume de eso), que sale todos los días y que escucha música en directo (aunque sea mala). Se coge tremendas borracheras y no puede controlar sus asquerosos vómitos ni su vejiga cuyo líquidos riegan las calles de esta ciudad. Cuando llega a su casa, se tumba en su sofá de terciopelo verde y piensa en lo que daría por volver a escuchar sin pudor ese CD de El Canto del Loco que tanto le gusta y bailotearlo en una discoteca con las chicas que verdaderamente le ponen: las estilistas (que no peluqueras) con el pelo a capas, zapatos de mercadillo barato, aros en las orejas y camisetas con mucha purpurina donde se resaltan palabras como “Sexy”, “Boom” o “Kiss Me”.<br/><br/><br/>Madrid ya no es lo que era. No hace demasiado, podía asistir a una fiesta donde con sólo calzar unos <a target="_blank" href="http://www.style.com/manolo/home_flash.html">Manolos</a> me convertía en la reina del mambo.  Ahora, tengo que dar gracias a los dioses si algún mentecato se percata de que ni mi bolso, ni mi cartera ni mi perfume, son burdas falsificaciones. La vulgaridad, la falta de personalidad y de estilo, han contaminado a mí querida ciudad y eso es algo que me llena de desapego y repulsión.<br/><br/><br/>Nos sobra gentuza, imitadores, impostores y bufones. Nos sobra gente fea, mediocre e inculta. La capital de España (sí, de España, a pesar de lo que digan ciertos catalanes, vascos, gallegos y hasta andaluces) se ha convertido en algo vulgar, anodino y pueril.<br/><br/><br/><b>Como nada de lo anteriormente expuesto va conmigo y aprovechando una estupenda oferta, los próximo meses los pasaré en Nueva York, donde, por ahora, en las fiestas aún saben reconocer mis <a target="_blank" href="http://www.style.com/manolo/home_flash.html">Manolos Blahnik</a> (al cual han beatificado), donde el sexo sabe a brownie y donde, hasta el olor a curry, tiene glamour.</b><br/><br/><br/>Os seguiré contando desde allí. Mientras, y hasta mi regreso, dejo mi vacante para quien la sepa aprovechar.<br/><br/><br/>Besos. Nos vemos en Manhattan.<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_49.htm"><title><![CDATA[DESDOBLAMIENTO DE PERSONALIDAD]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_49.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/personalidad.jpg" hspace="5" vspace="5 " align="left" border="1"> Estoy llevando una vida sosegada y libre de sobresaltos. Ando por la vida bucólica y pastoril. Todo me marcha sobre ruedas e, incluso, he disfrutado de unas maravillosas vacaciones invernales de sol, playa y mojitos. <br/><br/><br/>Aunque algo me ronda en el estómago: compro turrones para compartir con los demás pero de vez en cuando no puedo evitar sentir a Satán latir dentro de mí. Por las noches, de madrugada y mientras duermo placidamente, me despierto sobresaltada con la sensación de que mi vida últimamente está siendo demasiado serena. <br/><br/><br/>En cualquier caso, mi actitud, de un tiempo a esta parte, ha sufrido importantes variaciones. Diferentes comportamientos en diferentes situaciones me han dado la voz de alarma. Me sorprendió mi respuesta cuando, en un vuelo que se las prometía eterno, a unas horas en las que sólo puede apetecer dormir y acurrucarse bajo una fina manta de Iberia, un crío se desgañitaba llorando y se tomaba muy en serio el dejarse las cuerdas vocales atrofiadas para el resto de su larga vida. Algo realmente insoportable, unos gritos y un llanto seriamente ensordecedores.<br/><br/><br/>La frustración de la tripulación por no poder calmar a la fiera, el estremecimiento de la madre que no conseguía dominar a la criatura, y la crispación de todos los viajeros que no lográbamos aplacar el terrible sonido con ayudas externas como iPods o tapones para los oídos; hacía que la tensión se pudiera masticar dentro del avión. Tarde o temprano, alguien iba a pegar un grito diciendo algo así como “¡Qué alguien calle a ese puto niño de una vez!” y esa no fui yo. No, no fui yo.<br/><br/><br/><b>En otro momento de mi vida, me hubiera levantado con paso firme, me hubiera acercado al niño y le hubiera metido un tacón de aguja por la garganta </b>o, en el mejor de los casos, hubiera abierto la salida de emergencia y le hubiera sacado de allí de una patada en el culo. Pero me sorprendí a mí misma diciendo al tipo que tenía sentado al lado y que se encontraba al borde del asesinato:  “por favor, un poco de paciencia, ¿no ve que es un bebé?. Algo le pasará a la criatura que le hace llorar tan desconsoladamente”.<br/><br/><br/>¿¡Qué?!. ¡¿Yo diciendo eso?! ¡¿YO?!. Esas palabras habían salido de mí y según las solté, no di crédito a lo que había dicho. Inmediatamente tapé mi boca como si hubiera dicho la más malsonante de las palabrotas y me dije a mí misma “¡No!, eso no se dice Coolkiku, ¡Eso no es propio de ti!”. <br/><br/><br/>¿Qué extraña enfermedad me estaba atacando?<br/><br/><br/>Otro día me vi observando a una pareja de ancianos. Él agarraba del brazo a su viejita mientras ella, se ayudaba de un bastón. Entre los dos sumaban más de doscientos años y sus arrugas, al igual que su edad, eran incontables. En otro momento de mi vida <b>me hubiera dado una náusea que me hubiera hecho girar la cara y retirar mi plato con desprecio haciendo un gesto de “Ya se me jodió la comida”</b> y, sin embargo, me asombré mirándoles con ternura mientras decía “¿No te parece realmente emotivo?”.<br/><br/><br/>No contenta con esas asombrosas actuaciones, me sorprendí dando benévolos consejos a mis amigas: ya no recomendaba la infidelidad como salida de escape a sus problemas sentimentales. Repartí bombones entras las octogenarias y antipáticas secretarias de mi departamento y, llamé a mi madre sólo porque me apetecía charlar con ella. <br/><br/><br/>En lo que al plano amoroso/sentimental/sexual (todo en uno para ahorrar) se refiere, fui yo la primera extrañada cuando me di cuenta de que era ya mucho el tiempo el que llevaba acostándome con el mismo enlacado. Estaban siendo ya muchas las noches en las que me quedaba a dormir en su casa y demasiadas en las que se quedaba a dormir él en la mía. En mi móvil sólo había mensajes y llamadas de él y <b>mis ganas de acostarme con otros, se habían reducido considerablemente.</b><br/><br/><br/>¿Me habría pegado el enlacado alguna enfermedad de transmisión sexual que me producía una extraña fidelidad hacia él? ¿o era simplemente una falta de opciones?<br/><br/><br/>El claro detonante de que mi personalidad había sufrido una metamorfosis  fue cuando, el pasado martes, saliendo del cine de la mano (sí, de la mano) del enlacado en cuestión: nos encontramos con su madre (sí, su madre).<br/><br/><br/>Y yo la salude. Y yo fui amable. Y yo dije “me alegro muchísimo de conocerte”. Y yo comenté la película con ella. <b>Y fui yo quien propuso seguir la conversación tomándonos un café</b>. Y encima, para colmo de males, me pareció una mujer encantadora (si la llego a llamar suegra, os juro por todos los dioses del olimpo, que me arranco la lengua y me la pisoteo en mitad de la calle).<br/><br/><br/>A todo esto, he puesto adornos navideños hasta en el cuarto de baño y sugiero a mis invitados que no se vayan de casa sin probar el suave papel higiénico con la cara Papa Nöel. He dado el aguinaldo a los niños que llamaron a mi puerta (más bien eran adolescentes que buscaban dinero para canutos) e, incluso, no he criticado hasta la saciedad (sólo un poco), a <b>todos esos paletos que van al centro de Madrid a comprarse pelucas, ver Cortilandia y pasear para ver las lucecitas de la Gran Vía.</b><br/><br/><br/>Esto, aunque no lo parezca, es una bonita historia de Navidad. Ficticia, claro está, porque Coolkiku, no toma café.<br/><br/><br/><b>Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos.</b><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_48.htm"><title><![CDATA[PERDÓN, ANDABA OCUPADA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_48.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/mulherocupada.jpg" hspace="5" vspace="5 " align="left" border="1"> No he podido actualizar el blog porque mi gato tiró una Coca Cola Light encima de mi portátil y se estropeó. Soy consciente de que esto suena igual a “mi perro se comió los deberes” o “mi casa se quemó con mi abuela dentro”, pero os juro que es una verdad como un templo... y si no, preguntar al cabrón de mi gato.<br/><br/><br/>Yo escribía en mi casa con un portátil que me prestó mi ex cuando ya éramos ex. La vedad es que nunca tuve la menor intención de devolvérselo: siempre acepté el portátil como un estupendo regalo que me hizo como recompensa de la tortura sentimental que le había hecho pasar, y por todos mis esfuerzos en hacerle un desgraciado (creerme si os digo que ése es un trabajo realmente duro y al que hay que dedicar mucho tiempo y esfuerzo). Él siempre tuvo la esperanza de que se lo devolviera. Lo que no sabía, es que iba a recuperar el dichoso portátil en estado vegetativo.<br/><br/><br/>A los dos días mi ex me llamó:<br/><br/><br/>-&#9;El portátil no funciona<br/><br/><br/>-&#9;¿¡Cómo que no funciona?! ¿¡Ya te lo has cargado?!. Dos años conmigo y nunca le pasó nada; tú lo tienes dos días y ya lo estropeas. Siempre fuiste un manazas<br/><br/><br/>-&#9;Yo no lo he roto<br/><br/><br/>-&#9;¡¿Me estás queriendo decir que lo he roto yo?!<br/><br/><br/>-&#9;Quiero decir que el portátil funcionaba cuando te lo presté y que ahora ni si quiera se enciende<br/><br/><br/>-&#9;Sé leer entre líneas querido, y me está dando toda la impresión de que me estás acusando de haberte estropeado el dichoso portátil…<br/><br/><br/>-&#9;No te ofendas, pero es que…<br/><br/><br/>-&#9;¡¡Pero es que nada!! –dije gritando-. Te devolví el portátil porque no quería seguir abusando de tu generoso préstamo, pero ya veo que sigues siendo el acusador y malpensado de siempre. Si crees de verdad que yo te estropeé el portátil, mándalo arreglar y te pagaré ipso facto la factura –en este momento, un sudor frío recorre mi espalda con el miedo de que diga que sí-… yo no estoy para chiquilladas ni miserias. <br/><br/><br/>-&#9;No mujer, no hay que llegar a eso… supongo que habrá sido el traslado o quizá le he dado algún golpe sin querer. De todos modos el portátil ya estaba algo viejo y…<br/><br/><br/>Afortunadamente no me ha mandado la factura… y más vale que no lo haga, por su propia salud mental.<br/><br/><br/>El caso es que también he andando fatal de tiempo gracias a mi maravilloso trabajo. Alguien que me quiere mucho mandó mi artículo “<a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_42.htm">Chupar o no chupar, esa es la cuestión</a>” a mi querido y amado jefe y he tenido que demostrar una y otra vez que lo que me ocurre es que tengo la boca como un buzón, que nada de lo que digo aquí lo pienso de verdad y que yo lo que quiero es trabajar a destajo, seguir haciendo horas extras, malcomer en mi despacho, chuparme todos los viajes que haga falta y no chupar nada más que no sea eso y que, ante todo, soy una profesional que esta encantada con su maravilloso sueldo.<br/><br/><br/>Por otro lado, volverse mística (es lo que tiene dedicar las vacaciones a irse <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_46.htm">a un lugar espiritual</a>) también roba mucho tiempo: no puedo ver la tele (es que los místicos no ven nada de tele), he de pensar continuamente como se viste, como se peina y que lugares frecuenta una mística. También me he vuelto una intelectual y eso sí que roba tiempo. Todo el día en seminarios, jornadas, conferencias… En fin, que queréis que os diga, me he adentrado en un infierno terrible de misticismo e intelectualidad del que es difícil salir y, lo peor, es que aún no tengo claro como se viste, peina y camina una mística que a la vez es una intelectual.  Que esto no salga de aquí, pero en este mundillo hay mucha progre catalana que no se tiñe las canas y a mí eso no me gusta ni un poquito. <br/><br/><br/>A todo esto mi nuevo (o no tan nuevo) amante me está durando más de lo habitual y me roba un montón de tiempo. Mejor dicho: me roba el poco tiempo libre que tengo. Como también es un místico-intelectual pues tampoco ve la tele, así que dedica su tiempo libre y el mío a otros menesteres: el sexo. Y es que la gente se cree que los místicos-intelectuales no practican el sexo… ¡ja!, es prácticamente lo único que hacen. Yo os aseguro que esa gente son como mandriles.<br/><br/><br/>Cuando me deja las manos y la boca libre, yo aprovecho para volverme un poco loca y me dedico a registrar los cajones de su cuarto de baño. Por una extraña razón me fastidia soberanamente que haya tenido otras relaciones y que alguna que otra cerda haya estado instalada en su casa y usado su cuarto de baño. ¿Qué me trae toda esta locura? Pues nada bueno y una absoluta perdida de tiempo.<br/><br/><br/>Encontré:<br/><br/><br/>-&#9;Un támpax súper<br/>-&#9;Un támpax regular<br/>-&#9;Un caja de salva slips<br/>-&#9;Una goma del pelo<br/>-&#9;Dos horquillas<br/>-&#9;Una lima de uñas<br/><br/><br/>Lo cogí todo y lo tiré a la basura…. No contenta con eso quise buscarme algún que otro problema más y seguí inspeccionando y registrando. Aproveché los pequeños ratos que me quedaba sola en su casa para ponerla patas arriba. Abrí cada uno de sus libros para encontrar alguna nota de amor, miré todos sus álbumes de fotos, revisé todos sus cajones, armarios, etc. Abrí todas las cajas que me encontré y hasta miré dentro de sus maletas….¿y qué encontré? Nada digno de mención… salvo un “pequeño” problema laboral con su asistenta.<br/><br/><br/>-&#9;¿Por qué estará toda la librería descolocada?<br/><br/><br/>-&#9;Sí tesoro, justo iba a decírtelo yo ahora mismo… yo también lo he notado. Creo que deberías hablar muy seriamente con tu asistenta.<br/><br/><br/>-&#9;¿Con Gloria?, ¿qué tiene que ver Gloria?<br/><br/><br/>-&#9;Creo que te registra todo. El otro día la pillé mirando entre tus libros<br/><br/><br/>-&#9;Estaría limpiando<br/><br/><br/>-&#9;Sí, sí… limpiando… ¿entonces por qué miraba como una desaforada entre tus cajones?<br/><br/><br/>-&#9;¡Gloria lleva conmigo cinco años! Nunca he tenido un solo problema con ella… además, es muy discreta<br/><br/><br/>-&#9;Ya cariño, pero la gente cambia… No quería decirte nada, pero el otro día olía a alcohol que casi me caigo de culo<br/><br/><br/>-&#9;¿A alcohol? ¡pero si es abstemia!<br/><br/><br/>-&#9;Ya, ya… la gente es abstemia hasta que deja de serlo… Yo no digo nada  mi niño, pero yo que tú me andaba con ojo… ¿es que acaso no notas como últimamente no deja nada en su sitio?.. y esto tampoco quería decírtelo: pero me han desaparecido unas horquillas y unos tampax que dejé en tu baño… <br/><br/><br/>-&#9;¿En serio? Tendré que hablar con ella.<br/><br/><br/>La siguiente mañana que me topé con Gloria, los buenos días me los dio soltándome una frase en rumano que no me gustó ni un poquito. Yo, por si las moscas, me fui a una santería a comprarme un amuleto contra el mal de ojo… Nunca se sabe.<br/><br/><br/>Ha sido muy duro para mí compaginar todas estas cosas y la falta de tiempo me crea una ansiedad tremenda. Buscar un hueco para ver a escondidas la tele, grabarme el Diario de Patricia sin que nadie se entere y verlo de madrugada cuando todos duermen, es mucho más estresante de lo que nadie se puede imaginar. Amén de que tengo que idear algo para que mi ex se sienta culpable por la acusación que me hizo y me devuelva el portátil arreglado… eso, o que me de uno nuevo.<br/><br/><br/>¿Son o no son motivos más que suficientes para no actualizar?<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_47.htm"><title><![CDATA[EJERCICIO DE SINCERIDAD]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_47.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/Divan.jpg" hspace="5" vspace="5 " align="left" border="1"> Mi psicoanalista me ha dicho que después de usar absolutamente todo los métodos de introspección y de exploración del inconsciente conmigo, ahora le toca usar una nueva técnica terapéutica para el tratamiento de mi enfermedad mental. Es un método de análisis crítico en el que voy a tener que trabajar duro.<br/><br/><br/>Yo no estoy del todo de acuerdo con él, primero porque no le pago para hacerme trabajar (y mucho menos, para hacerme trabajar duro), segundo porque me toca las narices que me ponga tareas cuando salgo de la consulta y tercero, porque ya le he advertido que, quizá, mi sinceridad no le va a gustar especialmente. Pero él insiste en que debo hacerlo si quiero curarme. <br/><br/><br/>En fin, si eso es lo que quiere: eso haré.<br/><br/><br/><br/><br/>Mi psicoanalista es conocedor de este blog y los deberes que me ha puesto son los siguientes:<br/><br/><br/>-&#9;Quiere que me sincere con todos vosotros<br/>-&#9;Quiere que os diga quién hay detrás de Coolkiku<br/>-&#9;Quiere que os hable de mí (su autora)<br/>-&#9;Quiere que os cuente mi problema <br/>-&#9;Quiere que me enfrente a mi problema reconociéndolo y haciéndolo público.<br/><br/><br/><b>Pues bien, queridos: mi psicoanalista me diagnosticó (con las pistas que yo le di) un problema típicamente masculino en nuestra sociedad (y no, no soy un tío) y ese no es otro que “El miedo al compromiso”.</b><br/><br/><br/>Como imagino que ya sabéis o sospecháis, el miedo al compromiso no es otra cosa que ser incapaz de compartir gustos, aficiones e intenciones sobre la vida con, en mi caso, una pareja sentimental. Según él soy incapaz de establecer una relación formal, me asusto ante una expectativa de cambio en mi independiente vida y no tolero la idea de “compartir”. Dice que espero más de lo que doy, que soy demandante y que en el momento que la relación no sigue el curso esperado, me frustro y rompo con ella sin dar posibilidad de cambio. Absolutamente siempre, culparé a la pareja por lo sucedido.<br/><br/><br/>Dice que mantengo expectativas muy altas, lo cual me sirve para que ninguna pareja consiga alcanzarlas. Nunca estoy segura de si esa persona, es la indicada.<br/><br/><br/>Como, según él, no se estoy preparada para comprometerme, busco los fallos para lograr comprobar que la causa del fracaso es que la otra persona no es la adecuada: de esta manera consigo evadir mis responsabilidades fácilmente.<br/><br/><br/>Esto es brevemente lo que mi psicoanalista define como mi problema. Esto es lo que él dice. Lo realidad, dista bastante de esa teoría:<br/><br/><br/><b>Efectivamente tengo un relativo miedo al compromiso pero es simple y llanamente porque no quiero tenerlo.</b> Ya sé lo que es el compromiso y es algo que no me asusta siempre y cuando sea con la persona adecuada. No fue por ese “miedo” por lo que fui a su consulta. La autentica y truculenta historia, queridos míos y querido psicoanalista, es otra bien distinta.<br/><br/><br/>Mi psicoanalista se llama Rafael Aramburu Sabater, le conocí en una fiesta hará aproximadamente año y medio. Le vi y me gustó. Le vi y me fascinó. Le vi y sólo vi en él maravillas de la naturaleza… le escuché y pensé que sólo le faltaba el acento argentino para que mi fantasía fuera perfecta. En cualquier caso, pensé que los dioses volvían a ser generosos conmigo, les di las gracias por ello y me puse manos a la obra.<br/><br/><br/>Después de una caída de ojos, de mostrarme como la más divina, la más inteligente e intentar hacerle ver que yo para él era un exquisito regalo que no podía dejar pasar, sólo conseguí su tarjeta de visita para que fuera a su consulta si algún día tenía algún “problema”.<br/><br/><br/>Pues sí, fui a su consulta. Mi problema entonces era que quería tirármelo y no sabía como.<br/><br/><br/>Tener un lío con un psicoanalista sin acento argentino me costó un verdadero pastizal (80 € de nada por consulta) y una hora a la semana de charla todos los jueves. Que este dato os sirva para haceros una idea de hasta donde llega mi “enfermedad”.<br/><br/><br/>Sí, conseguí tirármelo una y varias veces y conseguí hacerlo de tal modo que pareciera que fuera él el que se lo quería montar. Yo me dediqué a hacerme la avergonzada diciendo que estaba muy feo que un profesional se acostara con su paciente. Él se echaba las manos a la cabeza dándome la razón pero, al rato, se olvidaba de su profesionalidad y volvía a tenerle encima de mí en su diván mientras yo le recibía con los brazos abiertos. Al menos conseguí que, después de sucumbir una y otra vez, no me cobrara las consultas y tratara mi supuesto problema de una manera <i>objetiva</i>.<br/><br/><br/>Pero la rutina mata todo y tirarte a tu psicoanalista una vez a la semana, también puede llegar a ser algo mecánico. Sin embargo, yo no quería prescindir de mi dosis semanal, por lo que seguí fingiendo algo que no padecía y seguí viéndole a pesar de su falta de acento. <br/><br/><br/>Me aburría soberanamente cuando, poniendo todo su empeño, intentaba averiguar el por qué de mi comportamiento y de mis desplantes. A su vez, me hacía gracia cuando me preguntaba sobre mi infancia, por mi familia, por cada una de mis parejas importantes, por mis sueños, por mis pesadillas. Lo supo absolutamente todo de mí y hasta el día de hoy, no ha conseguido dar con el por qué. He esperado paciente a que se diera cuenta por él mismo que no hay un por qué, porque sencillamente no hay una patología… o al menos no existe la que él cree que es. <br/><br/><br/>Nos ponía a nosotros como ejemplo cuando yo le contestaba que no quería cenar, comer o quedarme a dormir en su casa. Sin embargo, nunca he podido dejar de ir una vez por semana a verle. Sólo los dioses y yo sabemos lo que disfrutaba cuando él simulaba asesinarme agarrándome del pescuezo mientras lo hacíamos.<br/><br/><br/>Mi psicoanalista sigue en sus trece de curarme algo que no padezco y que, en caso de padecer, no me preocupa en absoluto tenerlo. Él me pide sinceridad para con vosotros y yo aprovecho la coyuntura y me sincero con él: No, no es esa la enfermedad que tengo, querido, es otra bien distinta que, por cierto, no creo que puedas curarme si no te percatas de que la tengo.  <br/><br/><br/>Te propongo un trato: tú no me pidas más de lo que yo te doy; deja que tenga los compromisos que yo quiera tener y a cambio, seguiré dejándome asfixiar y volveré a perdonarte ese acento que te falta para ser perfecto.<br/><br/><br/><i>“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”.</i> Sigmund Freud (Fundador del Psicoanálisis).<br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_46.htm"><title><![CDATA[<CENTER>EL OTRO LADO DE COOLKIKU</CENTER>]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elhombrelaca/c_46.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><img src="http://blogs.ya.com/elhombrelaca/files/namaste.jpg" hspace="5" vspace="5 "></CENTER><br/><br/><br/>Este año decidí que, para bien o para mal, mis vacaciones estivales las iba a pasar en un lugar, que nada tiene que ver con la ciudad donde vivo. Un lugar donde el lujo brilla por su ausencia, un destino en el que la diferencia cultural es abismal, donde todo lo que iba a ver, no lo había visto con anterioridad… y me marché, acompañada por mi habitual compañera de viaje, a un país donde me pasé más tiempo del que me podía permitir.<br/><br/><br/>Jugué a disfrazarme y a convertirme en una burda copia de una modelo de Coronel Tapioca, no me llevé uno sólo de mis perfumes (entre otras cosas para que los mosquitos no me comieran), ni un solo calzado que tuvieran algo de tacón. Hice una gran maleta de prendas de algodón y de colores claros, me llevé sólo los cosméticos que entonces creía imprescindibles y quise jugar a ser una samaritana con los que viven en condiciones que mi imaginación, por mucho que lo intentara, no llegaba a vislumbrar. La realidad, por desgracia, supera a la ficción.<br/><br/><br/>Y ahora, después de esta pequeña introducción, toca preguntarse: ¿Puede Coolkiku convertirse en un personaje místico?, ¿puede dejar de lado por un momento todas sus excentricidades?, ¿puede compartir?, ¿puede dejar de ser un ser consumista y convertirse en alguien generoso?, ¿sabría dejar de lado su egoísmo y egocentrismo?<br/><br/><br/>La respuesta es que sí puede, claro que puede… Sin embargo, la respuesta a todas esas preguntas, también es que no. Curiosa paradoja. <br/><br/><br/>Sólo me hicieron falta dos días para aclimatarme a ése país…. O quizá fueron dos horas… o lo más probable es que nunca llegara a hacerme a algo así. Acostumbrarse a respirar algo que se puede cortar con un cuchillo o hacerse con un hedor tan profundo que te llega hasta la boca del estómago, es complicado. Habituarse a dormir vestida en una litera, sobre mi equipaje y dando manotazos a las cucarachas que se empeñaban en dormir conmigo, no es sencillo ni agradable para alguien que se ha hecho a dormir en una cama limpia y perfumada donde puede dormir tanto en vertical, como en horizontal. La realidad es que tendría que sacar fuerzas de flaqueza para volverlo a hacer… y lo curioso, es que volvería a intentarlo.<br/><br/><br/>Me encontré en un lugar místico y espiritual que, para alguien tan escéptico como yo, es algo así como un <i>shock</i>… y me sorprendí dando a alguien que no tiene absolutamente nada, ofreciendo lo poco que llevaba encima a quien tenía aún menos que yo. Me sentí el ser más despreciable cuando me di cuenta de que mi tratamiento capilar de dos horas, podría alimentar a una familia entera durante dos meses, Me sentí  ingrata, egoísta y mezquina como no me he sentido en la vida. Me cayeron lágrimas como puños cuando vi a los niños dormir entre, literalmente, la mierda. Se me desgarró el alma cada una de las veces que me pedían y no podía darles más y cuando, entre todo eso, me regalaban una sonrisa tan bella que cualquier intento de descripción, sería un insulto a la verdad.<br/><br/><br/>Comprendí que puede existir armónicamente el polvo, el barro, la basura junto con el oro, la plata, la belleza y un sin fin de colores deslumbrantes… y aunque cueste entenderlo, uno puede comprobar que la miseria puede vivir con la generosidad de quien la vive… y que alguien puede vivir feliz teniendo menos que nada. <br/><br/><br/>Descalza, entre la mugre, me di cuenta de que es repugnante a la vez que placentero... y me sorprendí a mí misma rezando algo que no sabía muy bien que era. Lloré lo que no he llorado nunca en unas vacaciones y sin embargo, han sido unas vacaciones realmente felices.<br/><br/><br/>Eché de menos a quien antes echaba de más, me sentí maternal, recordé a mis muertos, a cada uno de mis amantes, a los amores que se quedaron en nada. Recordé a mi familia y me emocioné al pensar en ellos. Perdoné, sin que me lo pidiera, al que me hirió y me sorprendí a mí misma dando en el clavo de lo que quería a partir de ese momento. Fui consciente de cada uno de mis miedos, de mis defectos y me enfrenté y despedí a los fantasmas que se habían instalado en mí.<br/><br/><br/>No sé si fue la cantidad de horas de trayecto a bordo de una especie de vehículo con ruedas o si es que el lugar invitaba a la meditación, el caso es que conseguí dar con las respuestas a las cuestiones que llevaban tiempo torturándome. Me hice a los olores, a los buenos y a los malos; envidié la fe del necesitado y puse en duda algunas formas de vida. Me estremecí cada día con algo nuevo y comprendí, que en un mismo planeta, existen mundos diferentes… y que siempre va a ser así y justamente eso, es lo que le hace ser melódico. <br/><br/><br/>Regresé con la pena del que le quitan la oportunidad de volver a ver lo más bello, del que le arrancan de los ojos los colores más impresionantes, pero volví añorando cada rincón de mi casa, apreciando cada objeto que poseo, abrazando a dos gatos alimentados mejor que un sin fin de seres humanos y necesitando fervientemente el abrazo y el beso del que me quiere.<br/><br/><br/>Sin embargo, Coolkiku poco o nada a cambiado y si he de ser sincera, lejos de hacer una generosa donación a una ONG o hacerme socia de una Asociación que ayude a los más desfavorecidos, en el mismo momento que pisé mi país natal, invertí mi dinero en un tratamiento para hidratar mi pelo, en un exfoliante para sacar la mugre y  en un vestido y dos pares de sandalias aún rebajadas. Volví a mi restaurante preferido, me fui de copas, y tan solo dos días después, me marché con el me añoró y al que eché en falta, a un retiro rural con piscina, spa, bodega, gastronomía delicatessen y sexo, mucho sexo mientras respiraba un aire puro y me protegía con mis gafas de sol de Dolce y Gabbana.<br/><br/><br/>Seguramente para estas Navidades y para tener mi conciencia tranquila, compraré los christmas de UNICEF y para el próximo huracán, terremoto o tsunami, mandaré un sms con la palabra AYUDA al 7755 y esa noche dormiré respirando hondo y creyéndome mejor persona, y lo haré en mi camita con mis sábanas de algodón, libre de insectos, caminaré descalza por mi suelo de madera limpio y sin ratas. Compraré regalos inútiles e innecesarios y recordaré y suspiraré por ese niño de futuro incierto con una terrible malformación: el que me regaló la más bellas de las sonrisas, el que, con un harapo, descalzo, con hambre y totalmente deformado, me azotó en todo el corazón cuando me miró directo a los ojos. El niño que se quedó en mi retina y por el que lloré desconsoladamente sin él saberlo.<br/><br/><br/>Me alegro de volver a estar aquí con todos vosotros y de que me hayáis permitido la licencia de ponerme trascendental. Esta ha sido la redacción de la vuelta al cole. Este blog continuará con las historias de siempre en breve… <br/><br/><br/><i>A ese niño, con todo mi amor y todo mi egoísmo…</i><br/>]]></description></item></rdf:RDF>
